Este es la segunda mitad del primer capítulo, espero les guste.

Como siempre nada me pertenece, yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.

Capitulo II. La otra mitad.

Jade, fue hizo su propio reino a las sombras de los ojos comunes, ella misma se encargó de matar a todo el ejército del sultán, su pueblo y todos los que creían en el. A los niños que habían sido entregados por su padre los liberó y los puso a su lado, ella los cuidaría, no sabía cómo, pero igual como supo lo que debía hacer para recibir la ayuda de la mujer que le ayudo, supo como convertir a los niños en algo como ella, solo debía probar un poco de su sangre y darles un poco de la suya en la boca. Solo fue cuestión de dos días para que supiera que ya no era humana, sus sentidos eran mucho más agudos, los animales de la noche le obedecían, y la única vez que intento salir cuando hubo luz sintió como le quemaba la piel.

Vio al ejército de su padre caer, y no hizo nada. Vio como la cabeza de su padre fue colgada en la iglesia y no pudo sentir empatía.

Pasaron décadas y su reino era tan fuerte y temible, que sabía que muchos solo pensaban que era una leyenda, por ella mejor, siempre y cuando le pagarán el tributo, por ella podían pensar que era una hada.

Un día, uno de sus hombres de confianza se acercó a ella, mientras estaba en su jardín viendo un rosal.

- Mi señora. - el hombre llamo su atención, igual que la mayoría de su reino y ella misma, iba vestido con un traje de piel negra, con una espada de plata en su cintura. - Los reyes católicos, dicen no poder pagar en oro y plata el tributo completo.

- ¿Y? - ella volteó a verlo, su mirada fría hizo estremecer al hombre. - Ya sabes que hacer.

- Pero mi señora, los reyes dicen poder pagar el doble del tributo en hombres.

- Sabes que no acepto esclavos. - Ella agarro la espada de su cintura como advertencia.

El hombre al ver esa simple acción se arrodilló ante ella. - Mi señora, perdone mi atrevimiento, pero creo que sería buena idea aceptar.

Ella se sorprendió de la valentía del hombre frente suyo. - Explícate.

- Nuestro territorio tiene muchas minas que no han sido explotadas, varios reinos han entrado en ellas para pagarnos solo una mínima parte como tributo. - Dijo el hombre aún con su cabeza contra el suelo. - Y nos dijeron que no eran simples hombres, todos son del nuevo mundo.

- ¿Nuevo mundo?

- Mi señora, hace unos años se empezó a colonizar un nuevo continente, se dice que estos salvajes, son inteligentes en la minería y la artesanía, aparte de ser más fuertes que una persona normal.

- ¿Y cómo es que lograron colonizar a estos hombres?

- Cuando llegaron los colonizadores, varios pueblos se unieron en contra del que tenía el poder, y además parece que enfermaron con viruela y sus fuerzas armadas cayeron.

- No sé de qué nos sirvan enfermos.

- Los que nos quieren dar no están enfermos y son traídos desde allá.

Jade lo pensó unos minutos. Y al contrario de lo que pensó no se sentía en lo más mínimo culpable de considerar aceptar.

- Diles que se acepta, pero que quiero el doble de lo que nos ofrecen.

El hombre se levantó y asintió, termino por retirárse.

Jade tocó una rosa y siguió caminando por su jardín.

- Cambio de escena -

Victoria, así había sido bautizada a la fuerza, ella a diferencia de su madre y hermana había nacido esclava, su madre por las noches le contaba como era la vida antes de que fueran arrancadas de su tierra.

Le contaba como era su padre, como el lucho hasta su último aliento por proteger a su pueblo y a ellas.

Estaban en una tierra que no era la suya, fueron traídas por la fuerza, y obligados a trabajar la tierra de sus captores.

Victoria de quince años, ya solo eran ella y su hermana, habían pasado dos años desde que su madre murió por una infección.

Una noche después de trabajar la tierra como todos los días, ella y su hermana estaban durmiendo junto a treinta personas más, fueron despertadas por el capataz.

- ¡Despierten Bestias!

Ella tomo el brazo de su hermana y salió del cuarto en el que dormían, sus pasos eran lentos, y provocó que uno de los guardias que las cuidaban la diera una patada para que avanzará más rápido.

Cuando estuvo fuera le pusieron cadenas en las manos y los pies, a la luz de la luna las metieron en una carreta que era jalada por caballos, estuvieron adentro de ella durante diez días y once noches, cuando estaba a punto de amanecer nuevamente llegaron a un castillo diferente a lo que había visto, todo estaba cubierto de piedra, ni una sola ventana.

A todos los tiraron de la cadena haciendo que bajarán de la carreta, y pese a que sabía que era de día, no había ni un solo rayo de luz.

Victoria vio a su capataz hablando con otro hombre, después de un par de palabras, todos fueron guiados a un calabozo, las paredes húmedas, y los constantes chirridos de rata, hacían el lugar más desagradable que el anterior.

Con Trina, su hermana, tenían la costumbre que mientras una dormía la otra vigilaba. Pero a pesar de no haber dormido casi nada durante la trayectoria, no pudieron dormir.

Estuvieron durante todo el día en la celda, y cuando por fin Victoria estaba a punto de dormir, fue sorprendida por un hombre que abrió la celda en la que estaban. Con gritos y jalando las cadenas las sacaron del calabozo, y después las guiaron fuera del castillo.

Mientras avanzaban vio a hacia donde la dirigían, era a una montaña, los guardias que ahora las cuidaban solo las veían y sentía que lo que veían no merecía su atención.

Cuando por fin llegaron a la falda de la montaña, delante de ellos había una cueva, a todos les dieron picos y mazos de hierro, uno de los guardias apunto hacia adentro de la cueva.

Victoria estaba apunto de avanzar cuando vio salir de la cueva a una rata, esto no era algo nuevo, pero lo que hizo que se detuviera fue que a los pocos pasos la rata se detuvo y con chillido cayó de costado. Victoria tiró el pico que le habían dado y tomo del brazo a su hermana, detediendola. Un guardia con bajo de su caballo y le dió dos paradas para que avanzará, pero Victoria no avanzo ni un paso.

El guardia vio como todos los esclavos empezaban a alterarse por las acciones de dos, así que alzó su puño y de un solo golpee en el rostro noqueó a la revoltosa.

Trina fue empujada hacia adentro de la cueva mientras que dos guardias tomaron de las manos a su hermana y empezaron a caminar por dónde habían llegado.

- Cambio de escena -

Victoria despertó, delante de ella estaban encadenados todos los hombres y mujeres con los que había llegado, trato de levantarse, pero no pudo, miro hacia el frente y delante de ella había un tronco, sus manos y pies estaban atados y enmedio de ellos estaba el tronco.

Un sonido y la expresión de los esclavos hizo que voltear hacia atrás. Un guardia tenía en sus manos una especie de cuerda de piel, que mientras más se alejaba de la punta, se iba dividendo, al terminar eran nueve pequeñas cuerdas, y en las puntas de estas había navajas de hierro que eran las que hacían el ruido.

Apenas pudo procesar lo que estaba pasando, cuando escucho como era cortado el aire, y casi enseguida un ardor insoportable nació en su espalda, trato de estirar sus brazos y piernas, pero por las cadenas no pudo hacerlo, el ardor era tanto que por poco grita, las lágrimas en cambio no pudieron ser guardadas. Un segundo y tercer azote le llegó, sentía como su piel era arrancada de su cuerpo, el aire a su alrededor solo lo hacía más doloroso.

- ¡Grita!

Otro azote, y por poco les da el gusto, pero no...

Uno más, y ahora sentía el dolor en sus huesos.

Cuando creyó que su castigo había acabado, fue cuando paso.

A un lado de ella fue puesta su hermana, su rostro estaba cubierto de tierra, y de sus manos y pies salía sangre, con las pocas fuerzas que tenía trato de acercarse a ella, pero las cadenas nuevamente se lo impidieron.

Vio como el guardia preparó otro azote, pero ella sabía que ese no era destinado para ella.

- ¡No! ¡A ella, no!

Y de pronto todo se volvió lento.

Veía como la cuerda estaba atravesando el aire hacia su hermana, y ella no podía hacer nada.

"Pobre niña, quién diría que en estas circunstancias te conocería" escuchó decir a una voz, era una mujer. "Dime, ¿quieres mi ayuda?"

Victoria solo pudo asentir.

"Solo te digo que es un precio alto a pagar"

Y Victoria sintió como el dolor se hacía insoportable, de pronto lo sentía en todo su cuerpo, era como si le rompieran cada uno de los huesos y después se le volvieran a unir. Con pura fuerza rompió las cadenas que la apricionaban, y vio a los guardias, todos habían desenfundado sus espadas, y le apuntaban con ellas, pero lo que más le sorprendió fue la mirada de terror con la que la veían.

Pero no tenía tiempo para ello, con un par de zancadas se acercó a él guardia que le dió castigo y estaba a punto de lastimar a su hermana.

Alzó su mano y dió un golpe al guardia, se sorprendió un poco de ver en vez de su brazo, una pata de pelaje negro, con garras. Pero no tenía tiempo para pensar en ello, y de un simple zarpazo mató al guardia.

Todos los demás guardias se lanzaron en contra de ella, pero todos conocían el mismo destino, ya se por sus garras o por sus dientes.

"Eso es niña... un camino más se abre... Aún no es tiempo... Pero se aquella que camine a un lado de la condesa de la noche... Se su protectora... Se su guardián"