Capítulo II
En un día libre
Quité la venda de mis ojos con cuidado, a pesar de que habían pasado unos días de recuperación para mi cuerpo, mis músculos aún estaban tensos y reticentes a cooperar. Phantomhive lucía cada vez más irritado e impaciente, y a juzgar por las reacciones del mayordomo, no era común, sin embargo, el muchacho no dejaba entrever sus jugadas. Ciertamente la venda en mis ojos había generado que bajase la guardia cerca mío, pero muy pronto comenzó a controlar los tonos de su voz tan bien como controlaba las muecas de su cara de poker, no dejaba ver nada que él no decidiese mostrar. No obstante durante la cena con lady Elizabeth pareció movilizar sus piezas descaradamente al planificar una mascarada abarrotada de nobles ocultos en disfraces venecianos, donde era de esperar que terminacen comportándose inusualmente, después de todo, esas reuniones se caracterizan por el abandono de la etiqueta y el decoro que usualmente se amarran al cuello tan ajustadamente; aun así se abalanzan desesperados por la más mínima oportunidad de deshacerse de tan ridículas ataduras. Ya lo decía Lewis Carroll, aquí, especialmente en Londres, nadie quiere estar cuerdo realmente.
Caminé hasta la ventana, el jardín era realmente enorme, era interesante ver como las sombras de la noche devoraban el fondo de este, dando la impresión de ser infinito, un jardín tan extenso que podría llegar hasta el mismo Tártaro. La lluvia comenzó a caer nuevamente, la habitación se mantenía tibia gracias al fuego, sin embargo su brillo resultaba considerablemente molesto, mucho más que un poco de frío, por lo que resolví intentar apagarlo removiendo torpemente su contenido con el atizador; no obstante tan pronto me había acercado un par de pasos mis ojos comenzaron a lagrimear, y el calor emanante nublo mi cabeza, desistí de utilizar la herramienta y me aventuré entre los pasillos de la mansión en busca de agua, y quizás un poco de leche. En la completa oscuridad pude distinguir vívidamente el empapelado de las paredes y los corredores alfombrados, aún cuando no habían demasiados cuadros -más bien ninguno- la mansión tenía un aspecto siniestro, y muy solitario, me pregunté por un segundo, cuantos secretos escondían aquellas paredes.
Escuché voces y, por un momento, creí que había encontrado mi camino a la cocina; sin embargo la conversación que percibí delató mi error inicial, sin saber muy bien porqué me detuve en seco, el mayordomo había probado poseer más de una cualidad sobrehumana por lo que no tenía la certeza de haber sido encontrada.
-ciertamente posee un aspecto bastante peculiar por decir lo menos, no obstante, confundirla por una víctima de la histeria sería un error garrafal.-
-El joven conde tiende a atraer ese tipo de personas, yo mismo incluido, por supuesto- la segunda era una voz nueva, suave y apacible, tenía un acento que delataba su origen asiático, chino, mientras que el leve aroma que se percibía en el aire de la mansión denotaba su relación con el consumo de opio, aunque, claramente, el conde Phantomhive no se reuniría con un mero consumidor en su oficina, no, lo más razonable es que fuese un contacto del bajo mundo humano. -Pero me temo que jamás he visto ni oído acerca de esta persona. Tendrá que continuar investigando en otros sectores.- parecía divertido, el conde soltó un gruñido de irritación.
-Creo que solo resta preguntarle a undertaker- un silencio se sostuvo en el aire por unos segundos, tenso, como si la sola mención significase algo
-Mi querido conde, eso significa que esa persona está relacionada con…- El hombre asiático volvió a dar pie a un silencio, permitiendo al conde terminar su oración.
-Si, es justo lo que piensas- afirmó el conde, la irritación desaparecida de su voz y sustituida por un tono serio y maduro.- Nuestro invitado podría estar relacionado con el mundo de los muertos-
-¡Vaya! No tenía idea- El comentario pareció descolocar a su interlocutor quien comenzó a gruñir algo sobre su mala costumbre. El alboroto causado logró enmascarar mis pies avanzando lo más rápido y silenciosamente que podía, la alfombra suave ayudó también en mi huida de vuelta a la habitación que me había sido asignada.
Aún no conseguía llegar a mi destino, entre tantas puertas y pasillos, no lograba encontrar mi camino y la huida de hace poco comenzaba a pasarme la cuenta, mi pecho se sentía presionado y mi garganta atravesada por agujas una vez más. Me apoye en la pared para recuperar el aliento, frente a mí se hallaba un enorme espejo colgado de la pared, contemplé mi reflejo por primera vez sin la venda en mis ojos, observé un cuerpo diminuto, no debía pasar los 10 años, me acerqué al espejo con curiosidad, el cabello corto caía en mechones irregulares sobre mi frente hasta rozar mis pestañas, guié mi mano por debajo de las mechas dispares hacia la cicatriz ubicada sobre mis cejas, sentí piel lisa, sin comprender comencé a levantar los cabellos entrecortados.
-Me temo, joven Arden, que ya es muy tarde para deambular por una mansión desconocida, ¿no le parece?- voz elegante y aterciopelada, tono sugerente burlón, aun cuando Sebastian parecía no reflejarse en el espejo su voz acarició mi oído, con mi mano aún rozando la piel suave oculta bajo mi cabello. ¿Qué era lo que buscaba mi mano?
-Señor demonio de mayordomo, es una lástima que de día mis ojos no puedan contemplar tan magnífico hogar. Lamentablemente sólo puedo quitarme la venda de noche por lo que quise recorrer un poco, me disculpo por mi atrevimiento-
-Me intriga saber el porqué de su mala visión, joven arden- Tras el mayordomo de negro, parado junto a la ventana se encontraba el joven conde Phantomhive, su rostro apenas iluminado por Lilith, la luna negra, uno de sus ojos siendo cubierto por un parche, el otro iris descubierto era de un color azul profundo, oscuro, su voz sonaba cortés aunque desafiante. Aquel rostro lo había visto, en mi accidente, fue el primer recuerdo que pude encontrar en mi mente.
-Consecuencia del tiempo vivido en la oscuridad, quizás. Lo cierto es, que la luz ha llegado a dañar la sensibilidad de mis ojos, conde phantomhive- sus cejas se contrajeron en una mueca de duda por apenas un segundo antes de cerrar su ojo visible, al abrirlo me sonrió con cortesía.
-Bueno, sea como sea, los niños habemos de dormir tan pronto como la noche cae, y desafortunadamente, Lilith lleva observandonos desde hace ya un tiempo- Sonrió, esta vez no fue con cortesía, sino, más bien, malicia. -Sebastian, guiale a su cuarto, no queremos que se pierda en la mansión en una noche tan oscura.
-Sí, mi señor. Joven Arden, sígame por favor- El mayordomo comenzó a avanzar por el pasillo en dirección opuesta a la oficina del conde.
-Que tenga dulces sueños, joven conde. Espero que en alguna ocasión pueda contarme la historia tras ese parche tan intrigante que lleva puesto.- Ambos detuvieron sus pasos, el conde no se giró para observarme, sin embargo añadió -Buenas noches, joven Arden, le deseo que pase una espléndida noche en mi mansión-
Sebastian me condujo de regreso a la habitación, tomé la iniciativa de pedirle que apagara el fuego y me trajera una taza de leche caliente. Él pareció divertido ante mi pedido y pronto regresó con el carrito que utilizaban para transportar los alimentos, me ofreció miel ante lo que asentí con entusiasmo. -Parece ser un tentempié nocturno muy popular entre los niños- comentó él, su voz nuevamente sonaba burlona, pero está vez resultaba un tanto más inocente, como si no hubiese completa malicia tras sus palabras sino genuina diversión y sorpresa. Definitivamente no pegaba con su esencia. Se despidió una vez hube acabado el contenido de la taza y se marchó cerrando la puerta.
La noche se había vuelto tan oscura una vez que Sebastian abandonó la habitación que ya no lograba distinguir absolutamente nada, ni siquiera la palma de mi mano frente a mi cara, por un momento dudé si quizás habria vuelto a colocar la tela negra en mis ojos, mas al tocar la piel de mis párpados comprobé que no era así. Intenté darme vuelta en la cama con cuidado, sin embargo tuve que contentarme con cubrir mis rostro con las mantas de la cama, el dolor en mi espalda aún no se desvanecía por completo. Estaba muy cálido allí dentro, en mi capullo improvisado, las finas sábanas hechas de los mejores materiales ciertamente eran muy suaves, parecían enredarse a mi alrededor como una segunda piel, me hundí un poco más en la comodidad de la cama, hasta estar completamente envuelta en los ropajes suaves y acolchados, me mantuve así, más profundo, mientras la comodidad me sostuvo, continue hundiendome en la deliciosa sensación un poco más, solo un poco más. Buscaba algo, mi piel ansiaba algo más, no estaba completo, necesitaba otra cosa, el calor, no la tibieza de una manta, sino el calor humano, rodeándome protectoramente, su aroma dulce y delicado inundó mis fosas nasales, comencé a llorar y casi pude sentir su voz susurrando que me calmara, su largo cabello rozando mi cara, haciendo cosquillas en mis mejillas. El calor pareció alejarse de a poco, como si me estuviera soltando y dejando ir, busqué perseguirle, cuanto fuese necesario hasta alcanzarla, pero lo único que conseguía era soltarme cada vez más, hasta que me sentí colgar de apenas un trozo de tela desgarrado, su mano rozó mi cara, pude ver su rostro a unos metros de donde me sostenía, y solté el único hilo que me mantenía al borde de la caída; esperando sentir sus brazos en cualquier momento, caí.
El suelo era frío, liso, duro, aun cuando el lugar era lo suficientemente oscuro para poder abrir mis ojos decidí no hacerlo, el aire olía a sangre, y yo me encontraba justo en el centro de la habitación, con mis manos atadas tras mi espalda y mis pies cruzados rodeados por una cuerda demasiado grande. Intenté respirar por la boca para no sentir el olor oxidado de la sangre, sin embargo fue recibida con el sabor de aquel líquido desgraciado inundando mis dientes y lengua, mi mejilla se apoyó en el suelo viscoso, pero aún helado. No sentía la mayor parte de mi cuerpo por lo que tampoco conseguía moverme demasiado, cualquier mínimo intento desencadenaba un millón de insectos hurgando bajo mi piel, mis extremidades totalmente inútiles, mi cabeza daba vueltas por el fuerte aroma que contenía la habitación, una mano áspera y grande rozó mi frente inmaculada, mi nariz, mis mejillas y mi boca, donde se detuvo, metió dos dedos por las comisuras de mis labios obligándome a abrir mi mandíbula, sentí algo frio entrar a mi boca y pronto ser ahogada por el sabor metálico una vez más. Atragantandome en sangre comencé a toser, el material frío fue arrancado de mi boca y acto seguido sonó el violento quebrar del vidrio, unos brazos rodearon mis piernas y me elevaron, mi cuerpo adormecido fue cargado unos cuantos pasos hasta un contenedor frío y duro, aunque suave, se hallaba viscoso en las orillas. Ahora todo mi cuerpo se hallaba sumergido en aquel líquido grasoso, las tenues luces se evaporaron.- cariño, ¿podrías por favor abrir tus ojos para mí?- sonó una voz aterciopelada, elegante, tranquila, casi era capaz de transmitir calma. Mis párpados se mantuvieron cerrados- vamos, bebé, quisiera ver tus hermosos ojos mirándome cuando lo haga ¿si?, nos hemos preparado mucho tiempo para esto, no quieres arruinarlo a último minuto, mamá se pondrá muy triste- mis ojos comenzaron a abrirse, pese a que no había mucho que observar- He procurado que esté todo muy oscuro para no perturbarte, ¿te gusta así?, se parece mucho a tu habitación, ¿no es verdad?- Su voz se fue alejando un poco mientras removía algunas cosas. Cuando se volteó tenía entre sus manos un libro muy viejo, una capa negra manchada de sangre y una única vela, al encenderla mis ojos volvieron a cegarse. Su voz se escuchaba cada vez más lejana mientras tarareaba una canción de cuna, mis oídos parecían estar tapados, mis ojos parpadeantes no me permitían ver con claridad, su mano se acercó a mi frente y con un leve ademán hundió mi cabeza en la bañera.
Estaba flotando una vez más, y el ojo mecánico desprovisto de párpados me observaba nuevamente, sosteniéndome allí, mi mente atrapada como un insecto congelado, mi alma se encontraba detenida, en algún espacio ínfimo entre un segundo y otro, o incluso más efímero, no podía mover nada, no sentía nada y tampoco tenía la seguridad de que hubiese algo más allá de mi consciencia que comenzaba a desvanecerse, quizás habia abandonado mi cuerpo en alguna parte, sin embargo no era algo que pudiese procesar en aquel momento, todo lo que existía era aquella presencia que evaluaba, perpetuamente, sin descanso alguno. Pero el ojo tenía una cuenca, y aún si yo no era capaz de sentir o percibir nada fuera de aquel iris siniestro, las partes metálicas llevaban a un rostro del cual provenian los engranajes, y ese rostro parecía sonreír, con dificultad, como si fuese la primera vez que lo hacía dentro de toda su infinita existencia- Bienvenidx- fue lo único que salió de sus labios, en un susurro, voz carraspeada, oxidada, digna de un ser que nunca antes había hablado.
Pestañee un par de veces y antes que mis ojos, mis oídos fueron bienvenidos con el murmullo de una lluvia incesante. Todo seguía oscuro a mi alrededor, busque acomodarme una vez más en la cama, sin embargo me encontraba en un pasillo muy largo, el empapelado de color borgoña contrastaba con la alfombra escarlata a mis pies aún viscosos por la sangre, los rostros enmarcados en los cuadros colgantes daban la impresión de continuar observando mis movimientos, a cada paso que daba sus ojos me seguían. El corredor continuaba, exhibiendo una multitud de caras arrugadas, horrendas, desagradables, sin reparar en ninguna aceleré el paso, la sangre en mis pies parecía haberse extendido hasta mis tobillos, mis manos acartonadas se movían con dificultad y mi pecho comenzaba a dificultar mi respiración, tropecé torpemente sin percatarme del escalón que había pasado por alto, ante este parecían haber varios más, formando una escalera que guiaba hacia algún lugar subterráneo, mas la vista era bloqueada por una pesada cortina escarlata. Sentí como mi garganta se cerraba impidiendo el paso al aire, mis pulmones doloridos parecían chocarse con mis costillas en un vano intento por traer algo de oxigeno a mi cuerpo, muy pronto comencé a marearme y pensé en volver, dando un paso atrás caí de rodillas sobre la alfombra empapada intentando recuperar el aliento. Un extraño pitido nubló mis oídos, miles de susurros interpuestos aplacaban mis pensamientos, mis manos fueron a mi cabeza, jalando mi largo cabello desde las raíces. Fue en ese momento que me percaté de otro par de manos sujetando mi pelo.-quemando esto conseguiremos un adorable incienso, ¿No te parece, mi pequeña?- la voz resonó en mi espalda a tiempo que sentía mi cabello tensarse bajo sus manos, escuché el filo del cuchillo cortando mi melena, una vez que mi cabeza se hubo liberado de su agarre y los cabellos que aún sostenía entre mis manos caían al suelo, me giré. Lo primero y último que alcancé a divisar fueron ojos escarlata, brillando y quemando mis retinas, unas pupilas verticales totalmente contraídas observandome desde lo alto. Lo cierto es, que no fui capaz de descifrar aquella mirada.
Al despertar mi cabeza aún tronaba, el pitido en mis oídos había desaparecido no obstante los sonidos permanecían lejanos. Tres toques en la puerta resonaron por sobre el gruñido de la lluvia, mantuve los ojos cerrados pese a ser un día particularmente oscuro, la puerta protestó al abrirse, los engranajes soltando un sonido agudo que contrastó con la voz del mayordomo dandome los buenos días, se percató de mi estado alterado, incluso, su voz sonaba como si lo hubiese estado esperando, dada la completa ausencia de sorpresa en el tono empleado, estaba perfectamente calculado en el momento en que preguntó- ¿No ha tenido una noche de buen descanso, joven Arden?- la sonrisa presentada en su rostro tenía el tinte de ser más bien irónica, sin embargo continuó- quizás la taza de leche caliente no ayudó a calmar sus nervios del todo. ¿Existe algo que pueda hacer por usted?-
-De hecho si existe un asunto en que requiero de su asistencia- entre la pequeña pausa que hice para aclarar mi garganta con el agua fresca, que había sido traída por el mayordomo, este dió un par de pasos invisibles dentro de la habitación, pude sentir que se inclinó hacia mí como muestra de estar escuchando atentamente- ¿Seria posible que cortara mi cabello? solo para emparejar las puntas, y porfavor, no se preocupe por arreglar los mechones de mi frente, basta con cortar solo la nuca- proseguí con las instrucciones exactas -bajo ninguna cirscunstancia debes tocar el cabello de mi frente.
Tan pronto como May rin terminó de arreglarme comencé a recorrer la mansión intentando encontrar algún corredor que se asemejara al que había contemplado la noche anterior. Recorrí las miles de habitaciones que constituían la enorme mansión Phantomhive sin éxito, a pesar de que el empapelado que había visto en el pasillo con el espejo durante la noche no coincidía con el lugar que yo buscaba, me preguntaba si existiría un corredor similar aquí, con los antiguos cuadros decorando solemnemente las paredes y la pesada cortina cortando el paso misteriosamente a la escalera subterránea.
-Es cierto que Sebastian no nos dejó ninguna otra tarea, pero aún así creo que deberíamos esperarlo, no quiero que vuelva a enfadarse y a gritarnos- una voz medio aguda y jovial se quejó a unos cuantos metros de donde me encontraba, se oían los pasos de dos personas, entre ellas reconocí las torpes pisadas de May rin, su voz no tardó en abrirse paso entre los gruñidos de la lluvia renuente -El señor Sebastian seguro se molesta rápidamente cada vez que intentamos hacer algo por nuestra cuenta, pero Baldroy ha dicho que llevaramos estas cosas a la cocina de todas formas, luego podremos decidir qué hacer- al terminar la oración ya se encontraban mucho más cerca. Me dí media vuelta en dirección a los pasos- ¡Joven Arden! ¿Qué hace aquí? ¿Se ha vuelto a perder?-
-Estaba recorriendo la mansión- dije simplemente, sin saber exactamente porqué, sentía que quizás comentarles sobre mis divagaciones podía ser algo peligroso.
-Pero joven invitado, estamos cerca de la cocina, ¡usted no debería bajar aquí! Si necesita algo solo tiene que llamarme- May rin pareció acomodar algo en el suelo, acto seguido sus manos tocaron mis hombros- Le guiaré devuelta a su habitación, Finny lleva eso a Baldroy por favor- Antes de que pudiésemos avanzar me detuve en seco, el pensar en que tenía que volver allí me angustiaba.
-¿Por qué no puedo bajar a la cocina? No quiero volver a la habitación, es muy aburrida, por favor, permitan que me quede aquí- ambas personas frente a mí soltaron murmullos de duda, luego de un par de minutos, accedieron.
-Joven Arden, le presento a Finny, nuestro jardinero- May rin presentó al muchacho que la acompañaba mientras caminábamos.
-Es un honor conocerle al fin- su voz se agudizó un par de tonos, sonaba como una persona muy enérgica.
-El honor es todo mío Finny, debo decir que las rosas del jardín me han maravillado con su pureza.- la charla brotó naturalmente a medida que avanzamos por el pasillo.
La cocina olía a leña, a lluvia fresca, a especias y algo más que no conseguí descifrar, parecía envolverme en un ambiente cálido y acogedor, o quizás esto fuera efecto de las risas de Finny y las anécdotas de May rin, miles de historias sobre los errores que cometen a diario, muy pronto comprendí que este era el refugio de estas personas. Finny comenzaba a narrar un recuerdo acerca de una explosión en la cocina cuando una pisadas fuertes se hicieron oír seguidas de una voz ronca y carraspeada, común en alguien que llevaba toda su vida fumando, coincidentemente el aroma a cigarrillo flotó desde la puerta hasta mi nariz.
-Aquella ocasión no fue mi culpa, el problema fue que el horno no servía para lo que yo tenía en mente, por lo que naturalmente utilicé algo más conveniente- pude percatarme en el pesado acento americano que empleaba al hablar.
-Baldroy, ¿planeas hacer la cena tú?- La voz de la mucama escondía preocupación
-¡Por supuesto! Soy el cocinero de esta casa, no. Lo más razonable es que me encargue de la cena-
-Además, Sebastian no se encuentra y no sabemos si el joven maestro llegará de su viaje a Londres hoy- argumentó Finny
-Así es, así es. Sin importar qué, debemos atender a nuestro invitado con la reconocida hospitalidad de los Phantomhive, ¿no es así?- finalizó el hombre aún parado en la puerta
-Ah es cierto, joven arden a dicho que quiere acompañarnos mientras preparamos la comida- comentó la joven, pude sentir su mirada posarse en mí desde la mesa, me acurruque aún más en el rincón en que estaba. Sin saber porqué mi piel se erizó al oír las fuertes pisadas del hombre entrando en la cocina, pude percibir a lo lejos la voz de Finny explicando la situación, el hombre a quien llamaban Baldroy comentó algo no obstante todo sonido se percibía distante, mi corazón latía deprisa presionando en mi garganta que comenzó a cerrarse y en mis sentidos todo era inundado por el asficciante aroma a tabaco quemándose lentamente, el humo, el fuego, materia chamuscandose y perdiendo forma. De pronto la cocina ya no traía un aire acogedor, se inundaba del amargo aroma oxidado de la sangre, recordé mi sueño, sin entender la coneccion entre los acontecimientos y la reacción que manifestaba en ese momento, sentí un pitido en mi oído al tiempo que mi respiración se hacía más fuerte y lenta. Las botas medio lodosas volvieron a resonar en el suelo, acercándose, una mano grande y callosa tocó mi cabello, el aroma a cigarros que expelía aquel hombre inundó mi cabeza por completo, y por un momento sentí que ya ni siquiera me encontraba en la cocina de la mansión Phantomhive, aun cuando el aire era similar, húmedo y mohoso, digno de un lugar oculto bajo tierra. Mi corazón simuló detenerse al tiempo que un frío recorrió toda mi piel, una sensación que escapa a mi palabra, lo único que pude descifrar, suficiente para poder describir a grandes y vagos rasgos, era que se sentía de alguna forma extremadamente antiguo, acompañado de una nostalgia profunda, de la inquietud de estar olvidando algo, pero por sobre todo en ese instante tuve mucho miedo. tanto que me era imposible pensar en nada.
Mi cuerpo estaba pegajoso, se sentía viscoso y apretado, como si me hallara dentro de un capullo muy ajustado; también sentía mucho calor, mis pulmones parecían estar inhalando fuego. Unas manos heladas tocaron mis mejillas, y subieron lentamente hasta los cabellos que cubrían mi frente, mi mano se cerró alrededor de la muñeca de May rin. Incluso antes de que mi cerebro procesara lo que ocurría, la voz de Finny irrumpió en mis oídos -¡Ya ha despertado!- resonó con alegría en la habitación.
La joven mucama ayudó a lavar mi cuerpo, el agua fresca ayudó a desaparecer mi fiebre, una vez terminado eso me impidieron salir de la cama, no obstante lxs tres sirvientes de la familia Phantomhive se quedaron a hacerme compañía, contando más anécdotas divertidas, y discutiendo sobre qué deberían preparar para la cena.
Cuando el momento de comer hubo llegado me presentaron su maravillosa invención, ciertamente no llegué, por desgracia, a degustar aquel plato tan peculiar ya que el demonio de mayordomo se había adelantado a los hechos, -como parecía ser su costumbre- resguardando de la labor de cocinar a Baldroy y preparando con antelación la comida, al parecer el mensaje había sido entregado a otro mayordomo, a pesar de que aún no he tenido la suerte de conocerle.
Una vez que la noche cayó, y el fuego de la chimenea se mantuvo al mínimo, deshice el nudo que ataba las vendas negras que cubrían mis párpados; al abrirlos me recibieron tres genuinas sonrisas, en sus manos Baldroy sostenía una taza de leche caliente que acomodó en la mesita junto a mi cama. Las voces de lxs tres sirvientes inundaron mi habitacion de vida hasta bien entrada la noche, y una vez que mis ojos comenzaron a arder y mis párpados a batallar contra el sueño hicieron un ademán de marcharse, la angustia volvió a cerrar mi garganta que soltó un sonido de protesta antes de que el orgullo fuese capaz de aplacarlo, entre tartamudeos vergonzosos logré pedirles, no sin una buena dosis de rodeos, que me acompañaran hasta que conciliara el sueño.
No sabría decir si aquella noche soñé con los mismos personajes bizarros de mis pesadillas anteriores, no obstante por la mañana no poseía ningún recuerdo perturbador, aún cuando sentía el doble de cansancio que el día anterior, pero, nuevamente, eso podía deberse a los energéticos sirvientes que con tanto cuidado me habían acompañado. Durante aquel maravilloso día sentí como si, después de sobrevivir incontables crepúsculos sostenidos en el tiempo, un amanecer efímero deleitara a mi vista con su cálida luz, no obstante fue en esta misma reflexión que una pequeña y cruel voz susurró en el fondo de los desiertos de mi mente, recordandome que para una criatura de la oscuridad no existen tenues luces cálidas, sino abrasadores fuegos que todo lo devoran, incluyendo mi alma.
Aquella mañana cuando Sebastian fue a despertarme pude notar un mínimo cambio en su expresión, como de pronto las señales que antes entregaba deliberadamente, jugando a confundirme, se habían evaporado abriendo paso a una bóveda vestida con traje de cola, incluso su cordialidad parecía absolutamente indescifrable. Tal parecía que el conde Ciel Phantomhive comenzaba a impacientarse, y yo continuaba dudando respecto a mi rol en este juego.
