Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, lo que verán aquí narrado es invención personal de fans.
Advertencia: No apto para menores de 18 o personas sensibles, Lemmon fuerte y explícito. Conoceremos a un Edward vampiro y dominante posesivo y totalmente oscuro y a una Bella tan perversa como él.
Este fic es Dedicado en su totalidad a mi Beta Jo, Gracias nena Por estar siempre allí y ser muy especial. Este fic y el premio son tuyos. Es mi regalo.
Gracias a Daniela por permitirme dártelo sin su colaboración esto no sería posible
A todas las que votaron por la Concubina en el Lemon-Sutra Mil gracias.
Y las chicas del staff de Ffda
Jocelynne, Cariño Feliz cumpleaños…!
Las Sorpresas no terminan Jo aquí tienes otro regalito watch?v=9V-17geGKWQ&feature=
Capitulo Beteado por Eve Runner
La Concubina
Capítulo 1: El comienzo
Toda mi vida he pensado que estoy en el lugar equivocado, que no pertenezco aquí; ni los colores, ni lo sabores, ni el aire que aquí se respira me hace sentir bienvenida. Me siento atrapada, sin hallar forma alguna de escapar; desearía hacerlo, ser libre, encontrar ese lugar al que pueda llamar hogar. En ocasiones pienso que esta no es mi vida, que soy alguien más, una persona más que esta, pero en cambio me encuentro en esta taberna atendiendo mesas todo el día, aguantando las insinuaciones de viejos mal olientes y asquerosos.
Cuando murió mi pobre madre –la que me acobijó, no la biológica, de hecho no sé donde está o quién es– pensé que podría irme lejos e iniciar desde cero. ¿Pero a dónde huiría? Sin dinero y sin ningún modo de saber dónde está mi familia, sin ayuda de ningún tipo. Estaba perdida, no había remedio, no había esperanza de algo más, solo aguardar a que llegara el momento apropiado para hacerlo. Siempre pensaba que las cosas llegaban a tu vida en el lugar y en el momento indicado.
Mi vida continuó como usualmente: corriendo en la asquerosa taberna, viviendo la vida que odiaba, sintiendo que en cualquier momento no podría más y todo terminaría allí, pero no lo hizo y lo odié, y amé. Somos seres extraños pujando entre ese deseo latente de muerte y vida. Unas veces anhelando que llegue el fin para acabar con el dolor y otras necesitando con desesperación la vida.
En mi calendario se fijó una fecha.
Mañana en el equinoccio la tierra estará en su punto medio, es raro saber que solo dos veces al año la tierra tiene en todos los lugares la misma cantidad de horas de día que de noche. Parece curioso que me interese tanto esa fecha, pero me llama como si de una especie de imán se tratase; hay algo en ese día, un presentimiento que me aterra, y a la vez me deslumbra. Me siento plena pero a la vez incompleta, mi corazón se acelera al punto que la ansiedad carcome mi alma mortal, sé que algo me falta pero desde que tengo en mi cabeza el equinoccio siento que es mi llamado, que algo grande me espera y aunque me aterre, pues no es propio de mí tener la certeza que hay algo más allá, un lugar donde me llaman.
Mañana también es el sorteo, una fecha importante donde seleccionarán a una doncella virgen, ella tendrá el honor de ser una iniciada, su vida cambiará por completo; alguien que no seré yo por supuesto, ese privilegio de salir de aquí lo tendrá una con mejor suerte que la mía, alguien más hermosa, con un cuerpo más bonito, alguien perfecta y una familia, con un pasado.
Un hada del deseo y la lujuria hará la selección, y esa doncella podrá cambiar su vida.
Yo en cambio continuaré aquí, padeciendo este destino cruel, viviendo en esta ratonera, en este mugroso pueblo donde nunca pasa nada, donde ninguna criatura mágica vive, donde somos todos un poco más de ese desecho, solo escoria, solo perdición, un lugar donde no existe hogar, ni familia, donde ni siquiera el tener un nombre me da algo.
¿Quién querría vivir aquí? Yo daría mi alma por probar un poco de lo que hay fuera de esas murallas; sin familia o dinero solo terminaría siendo la amante de cualquier nomo o algún sátiro libidinoso. ¡Oh! Ni soñar con un vampiro o un sexy hombre lobo, esas especies solo se aparean con los más puros linajes, si tan solo supiera el mío… tendría esperanza.
Así no pasaría otro cumpleaños sola, aunque si me dejaron tiene que ser por algo, siempre he pensado que me querían y les dolió dejarme, de otra forma no justifico su abandono.
Hoy hace 20 años que me encontraron en la puerta de la taberna. Úrsula, la mujer que me crió, me contó que nunca se había visto una tormenta como aquella; parecía que el mismo Zeus estaba enojado por la cantidad de rayos y relámpagos que surcaban el cielo, era una noche negra sin luna; en una noche de tormenta el viento se escuchaba silbar pero ella decía que sonaba como si alguien aullara un gran dolor. Después de esa noche comenzó el otoño más frío que nunca se había sentido, el helado viento calaba hasta los huesos y por primera vez la primavera tardó en llegar; no florecieron los campos, la lluvia no permitió que sol saliera en todo su esplendor desde ese invierno este pueblo y en todo sus alrededores se convirtió en uno lluvioso, con un clima hostil, donde llueve la mayor parte del año y sus tierras a pesar de verse verdes no tienen flores, solo verde, tanto, que hace que la vista se canse, parecía como si Deméter se olvidara de nosotros. Sin embargo, Úrsula, también decía que nunca sintió más cálida la taberna y jamás tuvo tantos clientes como desde que yo llegué a su vida. ¡Oh! Ella fue siempre tan buena, jamás me negó nada, nunca me maltrató y siempre me protegió de todo, a pesar de que solía meterme en líos por culpa de mi lengua afilada.
20 años ya, el tiempo se me acaba, pronto estaré seca por dentro y no podré tener hijos. ¡Qué suerte tan desgraciada la mía! A esta edad ya tendría que estar casada y con al menos un hijo y otro en camino, en cambio sigo soltera; gracias a los dioses, es por voluntad propia, no me han faltado ofertas: el herrero, el panadero, el carnicero y un leñador, ¿es que acaso es mucho pedir querer otro tipo de hombre para mí? ¿Uno bello? ¡Por los dioses! Si tan solo algún de esos brutos fuera hermoso o algo amable pero son una bola de mugrientos, que creen que con tomar un baño dos veces al año es suficiente, ¿qué futuro podrían ellos ofrecerme? ¿Una cabaña llena de hijos, un marido borracho y barrigón poco agraciado, como guinda que huele a estiércol de caballo? No, gracias, paso, prefiero quedarme solterona… y morir seca.
Ya dejando de divagar, no supe a qué horas mis ojos terminaron por cerrarse y pronto caí en la inconsciencia.
…
Las calles estaban completamente desoladas, todo el mundo estaba reunido esperando la selección.
Las mejores familias con hijas doncellas y otras que no se sentaron a esperar que escogieran a la elegida, jamás habían escogido nuestro pueblo para tal honor. Todas estaban ansiosas de que su nombre saliera para poder bañarse de gloria.
Sí, era bien conocida la belleza sobre natural del príncipe, tener el honor que él sea quien te desflore no es ningún juego, pero ser uno de sus regalos de cumpleaños es aún mejor, eso sin duda hace que subas en la escala evolutiva directo al primer eslabón de la cadena.
Allí podrías escoger un marido guapo, rico y poderoso, y no un simple humano.
Un vampiro sería el mejor premio gordo, guapo, inmortal e insaciablemente lujurioso, además como guinda, increíblemente ricos. El sueño de toda mujer y si te concede el don de la vida inmortal y la belleza eterna: la gloria.
Los minutos pasaron para mí en un abrir y cerrar de ojos, tan perdida estaba en mis pensamientos que no me di cuenta en qué momento se estacionaron tres carruajes, dos negros alados por corceles negros también y en el medio un inmenso carruaje blanco con bordes de oro alado por seis hermosos unicornios; un suspiro involuntario salió de mis labios, el cochero era un hombre que solo lo cubría una hoja de parra, cuando se bajó y se giró a abrir la puerta pude ver el trasero descubierto. ¡Oh! Era un hombre hermoso, blanco como la nieve y el cabello de un extraño tono azulado con las orejas ligeramente puntiagudas; estaba claro, era un hada, su cuerpo estaba perfectamente tonificado, de espalda ancha y un abdomen que podrías usar para lavar en él. Al mismo tiempo de los otros carruajes se bajaron dos hombres de cada uno, vampiros, estaba claro por su belleza y la rapidez con la que se movieron y llegaron en un parpadeo justo en el instante en que la puerta se abría y una mano nívea se asomaba para que el chico del trasero al aire la tomara. De él descendió una hermosa hada con los rasgos más angelicales que mis ojos hallan contemplado, su cabello verde, al igual que su ropa, estaba cortado en puntas desiguales y peinado a los lados, le llegaba justo a la barbilla. Su cuerpo era menudo, pero extremadamente curvilíneo. ¡Por Afrodita! Esa mujer era más sexy que las mismísimas pinturas de la diosa del amor; una especie de falda de tul, de seda verde alrededor de sus caderas, dejaba su ombligo al descubierto, al igual que su pecho y su espalda, sus senos solo eran cubiertos por una especie de enredadera de flores de diferente colores y una especie de algún tipo de zapatillas de cristal extremadamente altas. Su rostro perfecto con labios rojos como fresas maduras y pestañas tupidas, y un par de ojos más verdes que par de esmeraldas. A medida que se movía hacia la improvisada tarima, hecha por el carpintero, pude darme cuenta que su cuerpo brillaba como millones de piedras preciosas diminutas, con sexualidad, sus caderas iban en un andar seductor pude ver la mandíbula de casi todos los hombres del pueblo desencajarse y regresar a su puesto por la mirada intimidante de los vampiros que la acompañaban, allí pude verlos bien, sí era cierto que se veían hermosos, también eran extremadamente peligrosos.
Se paró en medio de la tarima y allí llegó uno de los vampiros que no estaba antes, eso me dio escalofríos, se movió tan rápido que no fue perceptible, solo apareció de la nada sosteniendo un cofre de cristal.
—Buenos días tengan ustedes. Estamos aquí para leer el nombre de la afortunada doncella que tendrá el honor de ser parte de los regalos de cumpleaños de nuestro príncipe y futuro rey. —Su voz era melodiosa y parecían campanillas, la sonrisa adornaba su rostro y la emoción era palpable en sus palabras.
—Es un honor para mí venir aquí en este hermoso día que el sol decidió acompañarnos para seleccionar personalmente a la iniciada, este acontecimiento es muy importante para mí porque es parte de mis regalos para mi cuñado y futuro rey. Quiero que recuerden que solo los nombres de las doncellas vírgenes, completamente sin mácula, solo aquellas, las que no han sido tocadas por nadie y no han profanado su pureza desde antes de su concepción, aquellas que fueron concebidas en un acto de amor y no por ambición o solo lujuria; sus nombres fueron puestos en este cofre, sellado por los mismos oráculos del pasado, presente y futuro; solo ellos tres saben quiénes están aquí y obviamente quién será la elegida, así que sin más preámbulos, damas y caballeros…
Podía ver el terror escrito en la cara que las chicas, la esperanza en la de las madres de las mismas y el terror en tal y cual novio que no quería quedarse sin su futura.
Se movió con gracia e introdujo la mano de manera mágica en el cofre, agitando los nombres. Mientras sonreía tomó uno de los papeles de dentro y sacó la mano.
Un jadeo colectivo resonó en el ambiente.
—Permítanme recordarles que la ganadora se irá de forma inmediata, llevando consigo solo lo que tiene puesto, sin ataduras de ningún otro tipo o maletas de viaje, nada en absoluto, también puede negarse, si es su deseo pero claro quién renunciaría a tal honor. —Ella continuaba dándole vueltas al asunto sin siquiera abrir el papel. No pude evitar sonreír al ver la cara de zozobra de la gran mayoría de los presentes; pero claro, yo solo podía reírme, a mí no me importa quién sea la escogida, total, yo tengo que seguir aquí… jodida.
—La seleccionada para ser iniciada es… ¡Isabella Swan! Mejor conocida como la hija de la tabernera. —Mi mente era un caos, no podía creer que mi nombre saliera de sus labios. Cuando todo el mundo volteó a verme no supe más, mi corazón golpeaba como loco y mis oídos me zumbaban. De forma rápida un par de vampiros se pusieron cada uno a mis lados, llevándome prácticamente volando hasta la tarima, no sabía qué hacer o decir, no tenía idea de qué estaba pasando.
— ¡Isabella, felicidades! ¿Qué se siente ser la escogida por los dioses para ser iniciada?
—Yo… —No supe qué decir, mi mente quedó en blanco y sentí como si el piso se moviera bajo mis pies…
…
1521 años antes…
Perséfone vivía en un bosque lejano, en cuyos lindes se abría la espesura, rodeada de otras ninfas como ella, hijas de dioses o de dios y mortal. Con ellas jugaba y se crió, siempre bajo la vigilancia de su madre, que era toda ternura con su pequeña hija.
Nuestra Perséfone creció feliz entre juegos, risas, cantos y bailes, pero no todo podía ser hermoso. ¿Qué historia no tiene mezcla de risas y lágrimas?
Un día se encontraba juntando flores en un prado, bajo un cielo primaveral en compañía de su madre –Deméter–, la diosa de la naturaleza. Ella solía hacerlo todas las tardes de otoño, paseaba tarareando y danzando al son de la flauta que se escuchaba a lo lejos del bosque encantado. Era hermosa, la ninfa más bella, la misma afrodita la envidiaba, porque ella atraía las miradas de todos los dioses y semidioses del Olimpo; Adonis estaba obsesionado con ella, Hermes también, todos querían cortejarla por su belleza, pero ella no hacía caso a ninguno, ella solo esperaba el momento que su madre la dejara sola para correr a la orilla del río a encontrarse con su amor… su amor prohibido.
Hades se acercó demasiado a esa espesura en la que acababa el bosque, hogar de Perséfone. La vio, teniendo todo lo que él no tenía, esa gracia, esa vitalidad… y se enamoró, insistiendo en casarse con ella. La vigiló con sigilo desde hacía un buen tiempo y de tanto observarla había encontrado en ella los atributos de mujer perfecta; por fin su helado corazón latía por una sola sonrisa de su amada. Pero no era un simple enamoramiento de su parte, él no quería mancillar su belleza, amaba la pureza de su alma y atesoró cada palabra en su corazón. Sabía que su hermana Deméter y su hermano Zeus jamás dejarían que desposara a su hija, antes preferían humillarla, a semejante criatura inocente, haciéndola otra más de las queridas de cualquier otro dios.
Él jamás la humillaría de esa forma, él solo la tomaría a ella, ya incluso no frecuentaba a ninguna demonio y había dejado de aparearse alguna fémina, diosa o de cualquier especie; llevaba una vida de celibato, desde que contempló a Perséfone por primera vez su mente solo era ocupada por ella, su vida giraba en torno a ella. Él estaba dispuesto a hacerla su esposa, su única compañera, su reina.
Así que ideó un plan, decidido a poseerla en cuerpo y alma, sin importarle que tuviese que raptarla.
Una tarde mientras Perséfone y otras ninfas recogían flores Deméter se alejó su hija porque divisó un roble que necesitaba su ayuda. Mientras la joven Ninfa seguía recolectando sus flores y se acercaba al mar a recoger unas cáscaras, la tierra se abrió y por una grieta salió un fuego incandescente, mucho calor y un carro con cuatro caballos, escoltando a Hades, quien la tomó por sorpresa entre sus brazos, la subió al carruaje; las ninfas corrían a auxiliarla atacando a Hades con hiedras y enredaderas, él se enfureció y las convirtió en sirenas, y las envió al fondo del mar para que así no pudieran contarle a Deméter que se la llevaba al fondo del inframundo.
Hades nunca había sido más feliz en toda su vida inmortal, ya había dispuesto todo para su matrimonio. Perséfone cuando vio el inframundo lloró a mares, pero eso no hizo desistir a Hades.
Fueron días muy duros para Perséfone, que vio desaparecer todo aquello que amaba: las flores, el verdor del césped, las gotas de rocío con las que lavaba su cara al salir el sol… Al principio se mostró reticente, incluso a entablar conversación con Hades y se escondió en su mundo de recuerdos, pero según pasaban los días el enfado y la negación dieron paso a una resignación y al amor que sentía por él. Al tercer día el hambre y los tratos amables de Hades hicieron que ella aceptara su boda; si bien seguía molesta con él, era consciente que era la única manera de estar juntos, teniendo ya dispuesto todo para su boda y llegado el día, Perséfone, ya sin lágrimas por todo lo que había llorado, dio el "sí, quiero", a su raptor. Con un beso, su primer beso, selló su pacto. Tanta fue la pasión recién descubierta, que ella misma atacó los labios de Hades y se negaba soltarse del cuello de él, jamás la habían besado, de hecho, ella era completamente sin mácula. Esa misma noche Hades la hizo suya y ella sucumbió a los placeres carnales que él le ofreció, desde ese momento comió todos los manjares que él le presentaba y recorrió el cuerpo de su amado como una experta. Tal fue su pasión que no volvió a dormir, solo se aferraba a él y él le daba de la granada sagrada para que no necesitase descanso.
Mientras tanto Deméter buscaba a su hija desesperadamente. Durante 9 días y 9 noches recorrió cada rincón de la tierra buscándola, hasta que el décimo día, Apolo, dios del Sol, que todo lo ve, decidió contarle lo que había visto, la joven recogiendo flores y la tierra engulléndola. Deméter enfureció y dejó la tierra, que sin su presencia se quedó estéril y vacía, nada crecía ya en ella; marchó a hablar con Zeus para que le exigiese a Hades que devolviera a su hija, pero cuando Zeus iba a tomar cartas en el asunto era demasiado tarde y ya Perséfone se había casado con Hades, llevaba 6 días comiendo perlas de granada desde el pequeño banquete que hubo tras la boda, sin saber que la granada es la fruta del inframundo, que la retendría allí para siempre.
Pero todo esto no arredró a Deméter, que acabó bajando por su propio pie al mismo Infierno, tras cruzar la laguna Estigia y sin temer al perro Cancerbero, fiel seguidor de Hades y guardián de las puertas infernales. Y allí, frente a frente con Hades, repitió su intención de recuperar a su hija y de permanecer en el infierno hasta que ella regresara a la tierra con ella.
Viendo Zeus que la tierra agonizaba sin Deméter en ella, que las flores se negaban a crecer, los pastos amarilleaban y hasta los animales dejaban de tener crías, se puso esta vez de parte de Deméter y se dispuso a llevarse a Perséfone; pero no contaron con que ella amaba a Hades y al recién descubierto placer sexual que él le ofrecía, no estaba dispuesta a dejarlo, alegando que era su esposa, dijo que no podía abandonarlo faltándole a sus votos matrimoniales. Zeus se dio cuenta enseguida que su hija había sucumbido a los encantos muy bien escondidos de su hermano, no quería que ella sufriera pero tampoco podía ignorar a Deméter, ella no regresaría a la tierra y todo perecería y así acabaron llegando a un acuerdo con Hades, alegando un mes del año por cada día que ella había comido granada: la fruta prohibida.
Perséfone pasaría medio año con él en el mundo de los muertos y el otro medio con su madre, bajo el sol y esa solución intermedia fue la que finalmente aceptaron todos. Llegando Perséfone a reinar junto a Hades la mitad del año en que vivían juntos.
Es por esto por lo que la mitad del año todo florece y llega la primavera, personificada en Perséfone y la otra mitad, aquella en que vuelve al hogar de Hades, llega el frío, las lluvias y las nieves, porque ella ha marchado y su madre la extraña y llora, regando los campos con nieve y hielo.
…
1500 años y 3 meses después, Deméter está cansada de perder a su hija por 6 meses todos los años. Cansada de llorar, los dioses se han retirado y el mundo es gobernado por sus descendientes: los vampiros, sin embargo ella sigue su pena y a nadie le importa, ahora para completar el cuadro su amada hija está embarazada, espera un vástago de ese monstruo, y esto no es fácil asimilarlo. Sabe que cuando su hija dé a luz ella la perderá por completo, ella no abandonará a su niña en el inframundo por 6 meses y Hades no dejará que su hija salga de sus dominios. Él querrá alimentarla con ambrosía y granadas de los dioses, si lo conoce tan bien, ella sabe que no dará la más mínima oportunidad con su bebé, ella perderá a su hija para siempre.
De nada sirvió la ruda que le daba todos los días a escondidas con su té a Perséfone mientras estaba con ella, para secar su matriz. La semilla de ese maldito había germinado anunciando su derrota.
El plan tenía que ser perfecto y no podía siquiera pensarlo, tendría que improvisarlo así los oráculos no podrían avisarle nada a ese monstruo, lo único malo era que si sus cálculos no fallaban Perséfone daría a luz justo al día siguiente de su descenso al infierno.
…
Con el pasar de los días se le ocurrió celebrar un día especial, integrar un día cada cinco años al calendario, específicamente al mes de febrero, lo llamaron año bisiesto. Ese sería perfecto, lo diseñó con la excusa de corregir la falla de los días en el equinoccio, pero no, detrás ella tenía una intención oscura y despiadada.
9 meses después…
Perséfone paseaba por el cuarto, ya tenía sus cosas listas solo faltaban pocas horas para las 12:00, por fin estaría en su hogar con su amado; los últimos meses habían sido un infierno, ella misma había tenido que servirse a sí para poder quitarse la calentura, muchas veces producto a las hormonas y las noches en desvelo por el anhelo de sentir la lanza palpitante de su esposo.
…
—Vamos mi niña, tú puedes, puja.
—No madre, ella no puede nacer hoy, tiene que nacer en Inframundo.
— ¡Por Cronos, hija! No hay duda tu hija ya viene.
—Madre, duele mucho.
—Una más…
— ¡Maldición! ¡Hades Charlie! ¡No volverás a ponerme un dedo encima! ¡Como que me llamo Perséfone Renée!
Con un grito atronador llegó al mundo una niña bañada en sangre. Perséfone se desmayó y Deméter tomó a su nieta en brazos.
Hades paseaba como león enjaulado al escuchar el llanto de su hija, su hermosa niña había nacido y él no podía cargarla.
Deméter al ver a Perséfone desmayada y que la niña no para de llorar manda a un sátiro a buscar a una mujer para amamantar a la niña, ignorando el sumo de perla de granada que Hades había enviado con Hermes para ser el primer alimento de su hija.
En cuanto la primera gota de leche materna tocó los labios de la pequeña niña el cielo se estremeció y los relámpagos resonaron en un estruendo ensordecedor.
Perséfone despertó en ese preciso momento que el reloj marcaba las 12:01 minutos, la tierra se abrió y el carruaje de Hades salió.
Perséfone gritó pero era muy tarde, su niña se aferraba a la humana. Zeus apareció en medio impidiendo así que Hades condenara a Deméter a vagar por la eternidad en el río de La Pena.
— ¡¿Qué has hecho Mujer?! ¿Cómo has podido hacer semejante sacrilegio? Condenaste a esa pequeña a estar atada a una corta vida mortal.
Deméter no entendía, ella solo quería que su nieta se quedara con ella, pero olvidó darle primero ambrosía, en medio de la angustia porque las manecillas del reloj corrían aprisa dejó que la niña ingiriera sustento mortal condenándola a vivir con los mortales, sin poder estar ni en el Olimpo o el Inframundo; la pobre niña no podría tener contacto con sus padres, pues ese era el acto en que desterraban a un dios.
Perséfone acunaba a su hija con los ojos rojos por lágrimas que emanaban de ellos. Odiar a su madre no era suficiente, debía abandonar ese mismo día a su pequeña, ella no podía criarla.
Hades lloraba en silencio, sentía que era su castigo, jamás pensó que su hermana lo odiara tanto como para dejar a su nena desamparada.
Zeus había anulado el pacto, Perséfone era libre y Deméter había sido condenada a no abandonar nunca jamás la tierra, como castigo vagaría la mitad de año en un lugar y la otra en la otra punta del mundo, de esta forma la tierra siempre estaría próspera, dando frutos.
No podían abandonar a su hija a su suerte pero ellos no podían darle ningún don, eso tenían que hacerlo sus madrinas.
Afrodita conmovida por la pena, pues ella misma sabía lo que era perder un hijo, su adorada semidiosa, la más hermosa de sus hijas, Rosalie, siempre vivió con su padre. Hizo su aparición y soplando polvo de estrellas le concedió el don de la belleza y la seducción, haciéndola irresistible ante todas las criaturas de cualquier especie.
Atenea al ver a su hermana conceder semejante don sin control, decidió aparecer y darle equilibrio y sabiduría, como diosa estratega le dio la razón y el entendimiento para usar todas sus armas femeninas con inteligencia y sabiduría.
Lilit hizo su aparición, si bien ella no era una diosa sí era una demonio, una de las favoritas de Hades, sintiendo propio el dolor de Perséfone, pues sabía que la pequeña estaba destinada a ser una súcubo inmortal –hermosa con un toque de diosa, ella era la legítima Princesa del Inframundo– así que le dio una maldición, pues los demonios no dan dones, la condenó a ser adictiva para sus amantes, la criatura mortal o inmortal que yaciera con ella jamás podría olvidarla y solo se saciaría con ella, hombre o mujer, cualquiera perdería la cabeza y cordura por ella.
Cupido al ver tantos dones egoístas y vanos, le dio la bendición con una fecha de amor verdadero. Cuando su corazón latiera por primera vez y se enamorara de una criatura lo haría en cuerpo y alma, y esa creatura le correspondería por igual, su amor sería recíproco y duraría hasta que la última estrella del firmamento deje de brillar.
Zeus en silencio le otorgó un don, desde los cielos su pequeña nieta siempre estaría protegida por él, por sus rayos. Esa sería su forma de velar por ella y saber dónde está siempre, también la hacía libre, ella soñaría y viviría sin el peso de su familia inmortal acuesta, tendría una voluntad de hierro.
Las cartas estaban echadas. Hermes como mensajero de los dioses fue el indicado para dejarla en el pueblo más cercano, en la puerta de la única mujer que no tenía hijos, una de corazón puro, allí dejó a la niña, tocó la puerta y huyó.
Hades la cuidó de lejos, manteniendo cálida su cabaña, pese al hielo y a las fuertes lluvias los clientes abundaron y el dinero para esa mujer nunca fue problema, su hija tuvo una madre que la cuidó y la protegió; pero su esposa se marchitó y se convirtió en una mujer fría y despiadada; jamás volvió a tener compasión con nadie y nunca volvió a serle fiel. Él perdió a su hija y a su mujer esa misma noche, Perséfone jamás volvió a yacer con él, nunca abandonó el infierno pero siempre encontraba la forma de meter a sus amantes mientras él pasaba las noches velando el sueño de su hija, negociando con Morfeo favores por sueños llenos de color y esperanza, manteniendo a las quimeras encerradas y eliminando pretendientes. Isabella.
Él mismo había escrito su nombre dentro del envoltorio donde había metido una bolsa llena de dracmas de oro.
…
20 años después ya todo estaba listo, su hija había sido elegida, pronto, muy pronto la pesadilla terminaría y ella regresaría al lugar que le correspondía en el inframundo como su princesa. El vampiro sería pasajero, Solo un daño colateral, ella estaba destinada a ser la ofrenda para despertar a su padre: Cronos que despertaría de su eterno letargo en la cueva del Nix, así regresaría a la tierra, él sucumbiría ante los encantos de su hija, ella haría de él lo que quisiera y con su padre de su parte podría por fin vengarse de su hermano y recuperar el control de la tierra. Basta de un mundo gobernado por esos idiotas vampiros, el Olimpo temblaría y el caos se desataría, solo un poco de paciencia y su plan sería perfecto.
