Aquí esta la segunda parte. Disfrute mucho escribir esta historia, así que espero que ustedes disfruten leyéndola.
Como ya saben, cualquier cosa un Review.
Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
¡Nos leemos pronto!
Han pasado 6 años desde ese momento en el auditorio, y todavía no puedes creer lo feliz que eres desde entonces.
Al principio costó que la gente se acostumbrara a verte junto a Rachel, en especial Finn y tu madre, pero luego de un corto periodo de tiempo la noticia había pasado a ser cosa de todos los días.
Luego de terminar la secundaria tú y la morena se mudaron a la gran manzana en compañía de Santana y de Kurt. Si hace un par de años te hubiesen dicho que la latina se convertiría en la mejor amiga de tu novia y que Kurt se volvería en el padrino de tus futuros hijos, no por iniciativa de Rachel, sino tuya, te hubieses reído y le hubieses dicho que debería ir a hacerse ver con un psiquiatra.
Pero eso sucedió. Rachel fue la madrina de Santana y tú la de Brittany en la boda y Kurt tuvo que hacer un sorteó que ganó Rachel (para ti la morena hizo trampa) para ver quién sería su madrina.
En esto seis años no solo hiciste nuevas amistades, sino que conseguiste graduarte de la Universidad en la carrera de Fotografía, abrir tu propio estudio y, en tu opinión lo más importante, lograste enamorar y enamorarte cada día más de Rachel Barbra Berry.
Y hablando de la morena, hoy sería la segunda función de su primera obra de teatro (Funny Girl por supuesto) lo que significaba que había llegado el momento de la propuesta.
Estás segura que Rachel no se acuerda de todo lo que le has dicho hace ya tantos años, pero tú lo recuerdas como si hubiese sido ayer. Prometiste una propuesta a la altura de tu novia, y eso es lo que vas a hacer.
Santana y Kurt te están ayudando con todo, pero aunque ellos hagan como si no pasara nada los notas más nerviosos de lo normal, crees que se debe a que falta poco tiempo para el nacimiento de la primogénita López-Price y no les das importancia, después de todo, tus amigos siempre han sido un tanto raros.
Ese día pasa demasiado rápido para tu gusto. Entre arreglar todos los detalles del anillo y conseguir el perfecto ramo de gardenias, cuando te quieres dar cuenta estas alzando la cabeza encontrándote con la marquesina del teatro, viendo la cara sonriente de tu novia.
No es la primera vez que ves la obra, has acompañado a Rachel a los ensayos en varias oportunidades y además la noche anterior asististe al estreno, pero aun así no puedes evitar la expectación de ver a la morena sobre el escenario, de verla brillar como la estrella que es.
Caminas a paso lento pero firme por todo el camino que te lleva a tu asiento en la primera fila (ventajas de ser la novia de la protagonista). Cuando llegas ocupas tu lugar y aguardas hasta que la obra inicie, dejando el ramo entre tus piernas y mirándolo cada tanto para asegurarte que todo sigue en su lugar.
La obra dura dos horas, pero a ti te parece demasiado corta. Nunca te cansarás de ver a Rachel en todo su esplendor, cantando, actuando, bailando, haciendo lo que le apasiona.
Cuando todos los actores salen a saludar, los nervios invaden tu cuerpo, estás a menos de 15 minutos de pedirle a tu novia, al amor de tu vida que pase el resto de la eternidad (una vida es demasiado corta) a tu lado.
Y estas aterrada, sabes que no tiene sentido, pero estas asustada de todas formas. O lo estabas, porque una sola sonrisa que te da Rachel desde el escenario hace que todo desaparezca y que su lugar sea ocupado por la certeza de estar haciendo lo correcto, de estar haciendo lo que sabes que te hará feliz y que también la hará feliz a ella.
El telón se cierra y esa es tu señal para dejar tu lugar y dirigirte tras bambalinas. Vas caminando y saludas a las personas que te cruzas, los conoces a todos y te atreverías a decir que algunos son tus amigos, deberías detenerte para felicitarlos por la gran actuacion que llevaron a cabo, pero tu mente esta en otro lado, repasando mentalmente el discurso que ya tienes preparado, aun así no puedes evitar notar las miradas cómplices que todos te lanzan, como si estuvieran felices por ti, como si supieran lo que está a punto de suceder.
Sigues en tu burbuja personal hasta que llegas delante de una puerta blanca con una enorme estrella dorada. Tocas con los nudillos de tu mano derecha y esperas escuchar un "adelante" antes de abrir.
Es en ese momento, cuando tus ojos se adaptan a la escasa luz, que tu corazón se detiene.
Todo el lugar está cubierto por pétalos de rosas y varios ramos de gardenias adornan el camerino. La luces están apagadas, y toda la iluminación proviene de velas rojas y blancas que se extienden por todo el espacio. En la esquina más alejada hay dos globos entrelazados con forma de corazón y una cubeta con hielo y lo que supones es un Champagne.
Buscas con tu mirada a la dueña de tu corazón y la encuentras de espaldas al espejo mirándote intensamente con sus manos escondidas tras su espalda. Intentas hablar, pero ella es más rápida y se adelanta.
-Hace seis años me hiciste la propuesta de matrimonio más tierna, hermosa y simple que haya existido y, aunque no me dejaste responder, la respuesta hubiera sido "Sí". – se aproxima lentamente hacia ti mientras habla. Cuando está a pocos pasos acerca una de sus manos a tu rostro y seca las lagrimas que caen por tus mejillas sin tu conocimiento. – Si me lo preguntaras en este o en cualquier otro momento de mi vida, la respuesta seguiría siendo "Sí". – respira profundamente y se acerca aun más a tu cuerpo. – Pero ahora es mi turno. – tus ojos se abren y llevas tus manos a tu boca soltando el ramo en el camino. Rachel Berry se encuentra arrodillada ante ti mientras sus manos juguetean nerviosamente con una hermosa caja de terciopelo negro. – Amo la forma en que frunces el ceño cuando algo no te gusta, amo tu rostro cuando te concentras intentando encontrar el ángulo perfecto para una fotografía, adoro el sonido de tu risa por las mañanas cuando Beth se queda a dormir con nosotras. – se detiene un momento para tragar y secarse las lagrimas ahora también caen libremente de sus ojos chocolate – Amo la forma en que te pones celosa cuando tengo que besar a Paul, aunque sepas que te amo solo a ti y que el ama a Mary, amo lo exquisita que eres a la hora de comer y adoro ver como separas tus alimentos en el plato evitando a toda costa que se toquen entre sí. Me encanta discutir contigo sobre qué película veremos, aunque sepa que nunca terminaremos de verla – te guiña un ojo y tú no puedes evitar soltar una risa suave. – Te amo. Amo todo de ti. Tú, Quinn Fabray, te has convertido en la dueña de mi cuerpo y de mi alma y no quiero que eso cambie nunca. Entonces, ¿me harías el honor de convertirte en mi esposa? Porque no puedo ni quiero imaginarme una vida lejos de ti. – abre la cajita negra y deja ver un hermoso anillo de oro blanco con pequeños diamantes a su alrededor.
Intentas responder, pero las palabras no salen. Abres y cierras la boca un par de veces, pero al notar que no puedes hablar, simplemente te lanzas a sus brazos haciéndola caer. Ella está de espaldas en el piso y tus estas sobre su pecho. Buscas con tus ojos su mirada y puedes ver el brillo de felicidad que los inunda, el mismo que tienes tú. La abrazas con fuerza y luego de respirar profundamente un par de veces, recuperas tu voz.
-Sí. – susurras en su oído y notas como tiembla. – Acepto casarme contigo. – mueves tu cabeza para quedar frente a frente y la besas. La besas como si no hubiera un mañana. Como hubieras estado caminando en el desierto por horas y los besos de Rachel fuesen los únicos capaces de quitarte la sed.
Están de ese modo hasta que ese gas que se tiene ganado tu odio eterno hace falta. Se separan lentamente y Rachel toma tu mano izquierda para ponerte el anillo. Lo miras fijamente, observando lo hermoso que es hasta que notas que ella no tiene ninguno. Te alejas de ella y bajo su atenta mirada recorres con la vista el lugar buscando el ramo de gardenias que dejaste tirado por ahí. Cuando lo encuentras te acercas y con manos temblorosas quitas el anillo de oro y turquesas que está enganchado a uno de los tallos. Te acercas nuevamente hacia tu ahora prometida y le colocas el anillo.
Notas que la su gesto esta en el camino entre la diversión, al entender la situación, y la emoción. Te mira con lagrimas en los ojos te susurra un "Te amo" antes de echarse encima tuyo y besarte de la misma forma que lo hiciste tu hace unos momentos.
Hace seis años tenias la seguridad de que este momento llegaría, ahora solo queda disfrutar de tu prometida y ponerse a organizar una boda.
