Este fic esta inspirado en el fic Luna azul. También participa en el reto 7 del grupo de facebook Caldo de Toothcup para el alma

Al final, hacemos lo que nuestro corazón dicta mi amor, nuestro fiero y frágil corazón. Hicca.

Todos los personajes son de Cressidia Crowel y la pelicula de DreamWorks.


Y al final, hacemos lo que queremos.

Y al final, hacemos lo que queremos

Aclaraciones:

Narración

— diálogos —

diálogos en idioma de dragones

— "pensamientos de un personaje"

Quiero dar mis agradecimientos a quienes me dejaron sus reviews:

Abel Lacie Kiryu:

Por lo mismo que no hay muchas historias de Hiccup como Hicca, es que me llamaba tanto la atención, ¿Cómo hubiera sido si…? Una cosa llevo a la otra, y es por eso que empecé a escribirla, pienso hacerla no muy larga, aprecio tu comentario.

Yusefan halackti fanni:

Me alegra que te guste, a mí también me gusta el clásico Hiccup, pero es solo que quise darle un enfoque diferente, pero sin salirme demasiado de su esencia aunque sé que está bastante lejos del Hiccup original que todos conocemos, sin embargo tanto el original y la que plasmo no son personajes simplones, pero tienes su sarcasmo y bien definido a quienes aprecian más. Otra cosa es que no lo digan tan abiertamente obvio, como que por ejemplo en una situación de vida o muerte, fácilmente elegirían a Tooth antes que a Patán por ejemplo, ni se diga alguien como Mildew.

LaRojas09:

Qué bueno que te gustara, la continuare según pueda, ya que no siempre puedo.

Si más que disfruten el capítulo.

Cap.2

Hicca se concentró en una emoción en específico, cerró los ojos, inhaló y exhaló, se concentró en las sensaciones de su cuerpo, la calidez, el sentimiento de seguridad y confort que la llenaba, y el amor que quemaba como fuego intenso dentro de su corazón.

Chimuelo ronroneo conmovido, sintió las emociones de Hicca, las que ella deseo mostrarle, y no pudo ser más sincero.

Por ella y solo por ella, iría a donde fuese necesario por hacerla feliz.

— También te amo— dijo Hicca.

Con la anterior conversación, quedo en claro que cada uno tenía sus propios deberes. Con el mayor cuidado que pudo tener, el furia nocturna salió al fin de su amada, procurando ser gentil, y también no excitarse de nuevo, no aún al menos.

Tendría que esperar hasta la noche, pero justo ahora que su pareja ya había desayunado, aseado y vestido, debía llevarla a la fragua, encargar de nuevo a esas pesadillas que la cuidaran mientras cumplía su misión a con los demás dragones y su pareja. Tenía mucho trabajo por delante y debía hacerlo lo más perfecto posible, no duba que cuando llegara el momento de su partida, varios se dieran cuenta y preguntaran por ello. Y peor aún sería si descubrían la naturaleza de su unión.

De nuevo, se lavó el cuerpo con el agua que había en la cala, que para su fortuna estaba no muy fría, o al menos ya no sentía tanto el frio, suponía que se debería a su unión con Toothless la resistencia al frio. Sentía su cuerpo cansado más no adolorido. Gracias a los dioses que aun con semejante mole negra de músculos fuertes, Tooth, supo tratarla con cuidado. Aunque tenía algunas molestias en su parte baja y en la cintura, se sentía algo así como entumecida, como cuando se golpeaba con algo pero no sentía el dolor en el momento, sino hasta mucho rato después, cuando dicho golpe se enfriaba y se le entumecían los músculos. Eran ligeras molestias en la espalda baja y una extraña sensación de vacío entre sus muslos.

Enrojeció ante ese último pensamiento de "vacío" pues bien sabía que era lo que quería, pero eso mismo la avergonzaba.

¿sucede algo? — le pregunto Tooth a su pareja, pues estaba muy callada, de repente enrojeció su rostro, y tenía expresión de estar entre avergonzada y preocupada.

— ¿eh? — fue la elocuente respuesta de la maestra dragón.

¿Qué si te sucede algo? — pregunto de nueva cuenta el furia hacia su amada, estaba preocupado por ella.

— eh, pues no, no, no me pasa nada de nada de nada. De verdad. Estoy bien. Todo está bien — trataba de sonar convincente mientras se aseaba y era asistida por su dragón. Lo cual por cierto no funciono en lo más mínimo recibiendo una mirada de reproche por parte de su interrogador.

Dime — con voz firme pero suave se dirigió a su amada.

— bueno, es que, pues… — inspiro y exhalo — es que siento extraño entre mis piernas, como un vacío. Como si algo me faltara. Y se bien que ese "algo" eres tú. Y eso me da pena, me da vergüenza — lo último casi lo susurro mirando hacia otro lado, pero estando tan cerca de un reptil con iodo súper desarrollado fue escuchada perfectamente.

No tienes de que avergonzarte. Somos pareja, somos uno. — le explico con calma, con voz suave entre ronroneos, acariciando su pecoso rostro contra el propio.

aunque a muchos no les pueda parecer, lo que sucedió entre nosotros es correcto. Está bien, porque ambos nos amamos y vamos a estar juntos, así que no te avergüence. Créeme, cuando te digo que quiero repetir lo que sucedió anoche una y mil veces, pero justo ahora sé que no debo, que ambos tenemos cosas por hacer. Pero una vez que pueda, no te escapas de mí. — aseguro él, causando que su pequeña pareja enrojeciera hasta dejar en vergüenza la roja barba del jefe.

Ella se le quedo viendo por un momento con los ojos muy abiertos y totalmente roja de la cara y hasta las orejas, tratando de articular alguna palabra, pero nada más que balbuceos incoherentes era lo que medio salían de sus labios.

será mejor que termines de asearte y te vistas. O terminaras por mandar mi auto control al carajo y tendrás a un urgido dragón dándote tan duro que quizá te rompa esta vez. — le medio recrimino a Hicca, que casi le estaba restregando en la cara su dulce y apetecible figura para violarla ahí mismo. Según la opinión del furia.

Si se podía estar más roja, pues ahora comprobaba que sí, si se podía. Y todo por las indiscreciones de su arrogante y seductor novio quien por cierto demostró que sabía ser un endemoniado y fantástico buen amante en el lecho. Maldecía en sus adentros el que su mejor amigo disfrutara tanto el hacerla perder los estribos en más de un sentido.

— Jodido reptil inútil. — mascullo entre dientes mientras terminaba de asearse y tomaba una toalla para secarse y de nuevo volver a la cueva donde estaba su ropa. Mientras le seguía de cerca un muy feliz y campante dragón bien pagado de sí mismo.

¿Entonces negaras que te gusto? — como le encantaba picar a su niña. Hacerla renegar, memorizar sus facciones y expresiones. Era un deleite. Su pasatiempo favorito.

— ¿Es que no sabes hacer otra cosa para divertirte que incordiarme? — pregunto exasperada la jinete de dragón.

bueno. Ahora que lo mencionas, disfruto mucho cuando rascas mis escamas. Bien, también esta eso que hicimos anoche, de ser por mí lo haría todo el día y toda la noche hasta que ninguno de nosotros dos pueda más.

— Jodido reptil pervertido — mascullo entre dientes mientras terminaba de vestirse.

La joven chica se dirigió al pueblo en el lomo de su dragón, pues apenas amanecía, y casi nadie estaba despierto a esa hora, salvo ellos dos, por lo que ella se apresuró a hacerse un desayuno rápido y le dio sus pescados a Chimuelo quien los devoro con entusiasmo. Luego de la nochecita que paso, necesitaba recuperar fuerzas para lo que venía.

Hicca llevo a cabo sus deberes en la fragua, los cuales no eran muchos, por lo que termino rápido, así que se dedicó a recoger todos sus planos y herramientas, dejando los elementos básicos en la forja. Se llevó las escamas de dragón que recolecto por meses, las herramientas que ella modifico y armó, las armas que ella misma diseño. También fabrico otras más herramientas como para hacer una nueva forja, pero solo las más indispensables, termino una cola para Chimuelo que el solo pudiera volar y todo lo llevo a su casa.

Mientras que estaba en la forja haciendo sus trabajos, se percató que tenía mucha más fuerza de la que recordaba, sus sentidos se agudizaron un poco, alcanzando a escuchar incluso lo que sucedía a unos cuantos metros a la redonda de donde se encontraba. Con sus nuevos y desarrollados sentidos pudo hacer su trabajo de tal forma que nadie sospechara nada, cuando alguien se le acercaba o algo por el estilo, disimulaba bastante bien por lo que todo fue dando viento en popa. Sonrió para sus adentros.

—"Estoico no estará por más de tres semanas, pero será mejor que le mantenga vigilado aún en alta mar". — Pensó para si la chica.

Se dirigió a una pesadilla monstruosa que ella misma entreno desde hace algún tiempo, le indico el camino de debía llevar hacia las naves de los Berkianos y que le avisara a ella o Chimuelo en caso de que regresaran antes de lo previsto. Le explico la fuga de dragones que se armaría al terminar la semana de la luna azul, para que se mantuviera alerta y preparada en caso de emergencia.

La pesadilla monstruosa obedeció sin chistar, ella bien sabia de los sentimientos de la última furia nocturna hacia su jinete, por lo que dedujo que si le fue bien con la adorable chica, la prueba de ello es que se preparaban para irse. También el claro olor mezclado que le dejo sobre Hicca. Esa pesadilla de nombre Lía, seguiría a Hicca donde fuera, porque sin Hicca en Berk, lo más seguro es que ningún dragón duraría vivo.

Curiosamente, nadie se le acerco a Chimuelo, pues parecía molesto, y este mismo iba donde hubiera un dragón y gruñía cosas. A todos los vikingos que veían ese comportamiento raro en el dragón más amigable de la isla le preguntaba a Hicca, que respondía semejante a: "esta de mal humor" y "estará así todo el día, así que ni se le acerquen" o "esta de malas, por lo que es mejor dejarle todo el espacio posible" añadía "si no quieres terminar con una bola de plasma quemándote, algún golpe por su parte, un miembro menos o algo por el estilo, mejor ni lo molestes ni te entrometas en su camino" pero lo decía con tal tranquilidad que asustaba en demasía hasta los que fueron los más orgullosos cazadores de dragones.

Pues en batallas anteriores en las que participo Chimuelo como apoyo de la chica, demostró que nadie debía ganarse ni su rencor ni su odio. Ni mucho menos tocar un solo cabello de la sagrada cabeza de su niña, como prueba de ello, fue Dagur, quien le dio una cachetada mientras ella estaba atada de pies y manos.

Chimuelo enfureció tanto que ambos bandos temblaron de miedo ante su rugido colérico seguido de que su columna brillara en tonos azules y le salieran aletas móviles de la espalda hasta la cola, comenzando a arrancar y desmembrar a todo aquel que se interpusiera entre salvar a su niña y él. Dagur impresionado y ansioso, creyó que esa sería su oportunidad para apoderarse del majestuoso e imponente dragón, pero para su desgracia volvió a golpear a Hicca mas fuerte cuando ella intento liberarse.

Grave error.

El resultado.

Solo quedo su casco luego de la llamarada que le fue disparada a dos centímetros de su cabeza. Tanto los Berserker como hooligans se cagaron del miedo, mientras Chimuelo se dirigía a los hombres que aun apresaban a su nenita. Estos presurosos la desataron tiraron sus armas a los lados en señal de rendición y se largaron hacia sus botes tratando de salvar el pellejo.

Patético.

Desde entonces, nadie se atrevió a tocarle un pelo a Hicca, cuestionarla ni mucho menos mirarla mal o hacer un comentario en desprestigio de la chica, estuvieran ella o su dragón presente, pues cuando estaba este último presente y hacían amago de querer hablar mal de ella. Bueno. No terminaba bien la cosa para los pobres desgraciados.

Esos comentarios de Hicca bastaban para que el vástago del rayo hiciera su trabajo en paz sin que ningún vikingo torpe lo jalara a hacer alguna actividad tonta. Era muy común que otros que no fueran Hicca se le acercaran para pedirle cosas como que ayude a reparar un techo, separar a un par de dragones o de vikingos en una pelea tonta, o que le prenda fuego a la fogata del gran comedor o alguna antorcha. Cosas que normalmente aunque no le hacía demasiada gracia, ayudaba, y a quienes ayudaba le respondían con pagos como pescado en ese mismo momento, o le daban una canasta de cosas que ellos le decían servían como pago, y él a su vez se los llevaba a Hicca, como muestra de que también cooperaba en la comunidad. Sin duda alguna él era el ser más productivo en toda la isla, pues también mantenía a raya a los demás dragones y les indicaba como hacer las cosas.

Hicca seguido comentaba, que el que más apoyaba en la isla, era su dragón, y los demás vikingos, pues ni cómo defenderse, pues casi todo el día si ese furia nocturna no estaba con Hicca ayudándola y cuidándola, estaba con algún otro vikingo haciendo quien sabe que en apoyo del pueblo. Toothless Chimuelo furia nocturna, era el dragón más productivo y entrenado que pudiera existir sin duda, cualquiera podía hablarle como si le hablara a cualquier persona y no una bestia tonta (como Patán o los gemelos Tilda y Tacio, que no entendían nada y se confundían con todo) sin duda Hicca era si no la primera jinete de dragón, si la mejor entrenadora de todos los tiempos. O por lo menos hasta ahora, quien sabe y a lo mejor es superada por algún sucesor, un descendiente suyo. Lo cual creían todos aquellos que tuvieran cerebro, tal como Patapez, Bocón, Aster, o Astrid (estos últimos tenían apenas un poco más de inteligencia que los Thorson, eran solo buenos en batalla, pero muy orgullosos y egocéntricos)

Chimuelo como buen líder dragón, estuvo por todo el pueblo dando aviso a los dragones a que se reunieran en el bosque dos horas antes del anochecer, no muy lejos de la cala, pues tenía algo de suma importancia que decirles y de eso dependía si vivían o no.

Ningún reptil chisto. Todos estuvieron a la hora acordada en el lugar de reunión justo a tiempo y sin ningún otro humano que no fuera Hicca. Salvo uno que otro Nader que vigilaba que nadie interrumpiera la reunión, ya que luego los centinelas se enterarían del aviso, pero por ahora que nadie se acercara, nadie que no fuera reptil escupe fuego.

Cuando Hicca llego al punto de encuentro, todos, y eso es todos los dragones bajaron la cabeza ante su reina. Era bien sabido por la entrenadora que todos los nidos tenían su reina, si es que vivían en comunidad, como hacía años en el volcán de la anterior reina, la muerte roja. Pues bien, ella era ahora la reina del nido de Berk, y era bien sabido que esa cría de humano es hija del jefe de esos humanos, y por tanto, sería también jefe en algún momento cuando el no estuviera. Pero sus respetos y obediencia pertenecían a Hicca y su dragón Toothless.

Todo ese respeto y obediencia se debía no solo a una o dos razones no. No. Se debía a más. A mucho más. Desde que fue asesinada la reina tirana, apenas se había quemado en su propio fuego, se acercaron para saber cómo se encontraban sus salvadores y cuando supieron que seguían con vida le prometieron a Toothless obediencia y respeto basándose en la ley del más fuerte. Tiempo después, cuando Hicca se recuperó del casi coma en el que cayo los demás dragones llegaron volando y pusieron. Como en ese entonces apenas sucedía el cambio, todos los vikingos tomaron sus armas, pero todos los reptiles pasaron de los guerreros dirigiéndose a Hicca y Chimuelo dejando a sus pies toda clase de presentes, desde presas grandes, medianas o incluso varios pescados, trofeos de guerra como cascos chamuscados o algún arma rota, pero lo que la extraño fueron las exóticas flores, que más tarde se enteraría eran como dulces para ellos.

Ella se les acerco un poco y estos bajaron la cabeza ante ella en señal de respeto, ella sonriente, les acaricio la nariz y acariño a cuanto dragón tuviera cerca, dándoles las gracias por tan generosos regalos. Así que tomo sus ofrendas con gusto y los invito a comer de esas mismas, dándoles a entender que ya no necesitaban robar para vivir.

En adelante, los estudio, cuido, curo, acogió, desde crías hasta los viejos y heridos, incluso entreno, les brindo un hogar, establos cómodos, alimento suficiente, no dejaba que nadie los lastimara ni cazara. Hicca no solo se ganó su respeto, se ganó su lealtad y obediencia, su cariño y confianza. Un dragón podría tener un jinete cualquiera o no tenerlo, pero si debía elegir entre su humano o ella, sin duda la elegían a ella para salvarla del peligro. Si no tenía jinete y era "salvaje" pero conocía o había escuchado de ella bastaba llegaba a percibir su olor mezclado con demás dragones, para saber que debía ayudarla en caso de que lo necesitara.

Una vez que Hicca pasara entre ellos hasta alcanzar a su pareja, fue que comenzó el discurso del negro dragón líder.

-—Hermanos dragones, los he llamado porque tengo que decirles, finalmente me he unido a mi todo, a Hicca, que ahora es mi amada, mi pareja. Todos sabemos que si no fuera por ella, aun seriamos cazados sin compasión, nadie nunca antes se había enfrentado a la reina que nos exigía comida o nos comía.

Cambio nuestro destino, que antaño, en ambos casos, tanto en nido como fuera de él nos esperaba la muerte.

Pero ahora hermanos, la muerte nos vuelve a amenazar, si los humanos de Berk descubren nuestra unión, de nuevo comenzara la guerra, porque es algo a lo que no están dispuestos a aceptar, la unión de un dragón y su amada humana. Es por eso que nos iremos de Berk Hicca y yo. Si alguien quiere seguirnos será bienvenido, quien no, puede quedarse o hacer lo que le plazca, mientras no afecte el bienestar de otros. Cualquier dragón que se quede, y nos traicione llevando consigo a otro humano que no fuera Hicca, o alguien aprobado por ella será tomado traidor, y asesinado por ello, ya que puede matar a todos los dragones que se encuentre a su paso —dijo Chimuelo en el idioma de los dragones, para que nadie que no fuera reptil o Hicca se enterase de toda la información ni por error.

-No los amenaces tanto. —le reclamo la chica en idioma de dragones, es decir con gruñidos propios de esas criaturas.

Sin embargo—dijo Hicca. — es cierto, me he unido a mi dragón, y el ritual de unión se llevara a cabo hasta el final de la semana de la luna azul, es decir la luna de los deseos, al término de esta misma es que planeo irme con mi pareja lejos de Berk, pues si antes renegaban de tan solo no matar dragones a penas los vieran, con nuestra unión seria el mismo Estoico quien me destriparía a mí y a todo reptil. Es por eso que ningún otro humano debe enterarse, no solo por el bien de Toothless y el mío, sino también el de ustedes y sus crías. Cualquier dragón que quiera ir con nosotros será bienvenido. Mientras tanto, les suplico que guarden apariencias y actúen como normalmente, de lo contrario, los vikingos que aún quedan aquí podrían sospechar y matarnos a todos, incluyendo a sus crías sin nacer.

No hizo falta decir más, todos los dragones se irían con ellos al nido del salvajibestia del que habían escuchado hace algún tiempo.

Muchos de ellos se ofrecieron a ir llevando algunas cosas que creían les seria útiles a la pareja, como las herramientas que recogió en la fragua esa mañana. Esa misma noche, todos los dragones les desearon una vida llena de amor y buena fortuna a la singular pareja.

En cuanto cayo la noche, ya muchos reptiles volaban bajo la luz de la luna hacia el nido del alfa de hielo, llevando consigo cosas que la muchacha necesitaría cuando llegara, así fue como el plan migración dragón dio inicio.

Mientras tanto, de nuevo él furia y la vikinga se encontraban en la cueva de la cala. Y Tooth sin la silla ni la prótesis.

Esta vez, la comida de ambos consistió en pescado, cada quien a su gusto, Hicca lo asó en las brasas de la fogata mientras Tooth se lo comía crudo.

Luego de la comida, Hicca se desvistió entre torpes movimientos casi con desespero pero aun algo avergonzada, apenas sintió que la comida se le había bajado al estómago tiro a un lado sus botas, pantalón, camisa, quedando aún la ropa íntima, tanto baja como alta.

Tooth gruño complacido ante el nerviosismo de su pareja, relamiéndose el hocico, de nuevo estaba la luna para bendecir su unión. Esta vez el color era entre violeta verdoso y verde opaco. Ahora podía apreciarlo mejor debido a que sus sentidos se habían ido desarrollando y acostumbrando durante el día.

Del cuerpo de Tooth, empezaron a modificar sus músculos y figura haciéndose del tamaño y forma de un hombre de uno noventa y cinco de alto. Cambió las escamas por suave y tersa piel entre acanelada y blanca, su cráneo se fue moldeando a una forma más humana, sin embargo conservando rasgos salvajes y fieros. Cabello negro y alborotado, desgrafilado hasta un poco más debajo de la nuca y en los hombros. Nariz recta y perfilada. Su mandíbula era afilada y recta, sus labios eran finos; a la vista, parecían ser suaves y apetecibles al tacto. Su cuello no era ni demasiado angosto ni grueso, se marcaban las líneas de sus músculos en él. Sus hombros y brazos eran fuertes y fibrosos, de espalda recta y ancha, sus pectorales marcados pero no grotescos, los cuadros que le seguían en su camino a la cintura y abdomen, marcados y trabajados mas no exagerados. La "V" de su cintura perfectamente definida. Sus piernas fuertes y fibrosas, hasta los pies parecían fuertes, con dedos un poco alargados y rectos. Más aún conservaba sus alas a su espalda nudosa, cola de dragón al final de su columna vertebral de la cual se alzaban desde la nuca hasta media cola las aletas pequeñas en forma escamas negras redondeadas como almendras, pero suaves y lisas.

Todo el cuerpo de su amado llamaba a Hicca, la hipnotizaba con su elegancia y poderío, era desgarbado y fuerte mas no asemejaba tosquedad. Pero lo que termino de hacerla caer en sus redes fue su rostro. Sus ojos.

Él, al acercarse le permitió una mejor perspectiva de sus ojos. Seguían siendo casi los mismos ojos de color verde toxico, una mezcla de amarillo y verde en el iris, el cual, por cierto era un poco más grande que los de cualquier otra persona. Su pupila un poco ovalada (expresión que Hicca reconocía de felicidad, pues en sus ojos veía sus emociones) y con esclerótica blanca. No amarilla como la gran mayoría de los dragones que conocía. Eran ojos muy grandes y llamativos.

— "hermosos ojos" — pensó ella.

Él sonrió, pues escucho el pensamiento de SU Hicca.

— ¿Te gusta? — pregunto él.

— Tú siempre me gustaras, no importa cuál sea la forma que tengas. Tú siempre me cuidas — respondió ella con ternura.

La actitud de la chica le encantaba, lo conmovía, así que no demoro más en acercarse al lecho donde ya reposaba ansiosa su pareja.

Él se acercó de nuevo a su boca, ya le había quedado claro que tanto él como ella disfrutaban ese contacto entre sus lenguas, por lo que se dejó ir a por su boca y como había cambiado a una forma más humana tuvo mucha más confianza en su axial, terminando de desnudarla.

Junto sus rostros con más confianza, la besaba con ternura, con amor, mientras que ella aun tímida y algo torpe buscaba corresponder con todos sus sentimientos. Se concentró en las sensaciones que recibía, en la seguridad y confort que era el lecho donde reposaba, siendo amada.

Él recibió esas sensaciones gustoso, el hecho de saber a todo ciencia cierta que su pareja le amaba con la misma intensidad que lo hacia él. Saber que entre sus brazos ella se sabía segura, cómoda, feliz. Los brazos de uno eran el hogar del otro.

Las ahora manos de él, se repartían entre las tareas de recorrer las suaves hebras de su semi pelirrojo cabello del cual se había desecho la larga trenza, el rostro pecoso delinear la suave curva de la delicada cintura, incluso con sus piernas rozaba las de ella, dándole mimos y caricias, sus labios finos probaban la nueva experiencia de besar la piel de su rostro labios cuello hombros y clavícula, incluso su negro pelo se unía al coctel de mimos y caricias dando ligeras cosquillas por donde este pasaba.

Ella abrazo el cuello de su pareja con un brazo y con el otro fue dando caricias en sus hombros y el inicio de sus alas, bajo las manos a su pecho, el que le pareció fuerte, buscando el latir de su corazón, y cuando lo encontró, quito sus propios labios y bajo hasta donde se encontraba perceptible el latir. Justo en ese punto, dio caricias y besos suaves.

Extasiado, abrumado, conmovido, feliz, es como se sentía él vástago del rayo al sentir justo a la altura de su corazón las dulces caricias de su niña. Entendió perfectamente el mensaje que esas caricias querían transmitir.

— Te amo — escucho él en el apéndice de su oreja la gentil voz de su todo.

— También te amo — le respondió él de vuelta juntando de nuevo sus bocas.

Como en la ocasión anterior, Tooth delineo con su lengua la clavícula, le ronroneo en el cuello, lamio y masajeo sus senos, el valle entre ellos, el vientre y finalmente llego a su intimidad.

Ella entendió y abrió sus piernas a los lados de la cabeza de su amante, este se dejó ir entre los muslos de ella con su ágil lengua ávida, deseosa de saborear de nuevo el néctar de su pareja.

Con la lengua jugueteo sobre el botón de placer de la fémina, con nuevos brazos humanos acaricio las piernas suaves y delgadas hasta donde tuviera alcance llegando de nuevo a sus senos los cuales acariciaba alternamente.

Ella respiraba agitada, pero cuando sintió el asalto a su botón no logro contener los gemidos, ni pudo evitar retorcerse de placer por las satisfactorias caricias que le dedicaba su pareja. Elevo un poco su cabeza para ver a Tooth, pero lo que vio la excito aún más de lo que ya estaba. Su amante entre sus muslos, mirándola fijamente a los ojos de verde toxico oscurecido por el deseo bajo perfectas y rectas cejas negras, con una mano sujetando uno de sus muslos con firmeza pero suavidad, una salvaje cabellera negra pero brillante, como la más fina de las sedas. De su espalda salían bellas y majestuosas alas, las cuales no estaban del todo plegadas, sino que estaban un poco abiertas a los lados moviéndose un poco según cambiara la postura el furia nocturna semi-humano. Justo como ver a una hermosa criatura, imponente y fuerte, dándose un festín con su persona.

Un llamativo color carmín se apodero de las facciones femeninas

Toothless no tardo más. Se dispuso a tomar a su pareja, siendo bienvenido por los pecosos brazos que le acogían con amor. Con cuidado, se introdujo de a poco, pendiente a las reacciones y los gestos de su doncella. Mientras que ella cerró los ojos y estiro su cuello, susurrando el nombre de su amado, con un simple movimiento de caderas por parte de ella fue suficiente para él.

Comenzó a moverse, con ligeros movimientos de su pelvis, pegando su piel acanelada a la piel crema clara.

— más rápido… por, por favor…— suplico entre gemidos la maestra de dragones, siendo complacida por su amante, cual obediente siervo a su ama. Este sonreía ante el placer que le dedicaba su amada. El disfrutaba solo si ella lo hacía.

— Disfruta querida. — la voz cargada de deseo hizo estremecer a su amante femenina.

Disfrutaba de la cálida sensación que le proporcionaba el delicado cuerpo bajo el suyo, como era acogido entre sus suaves muslos, sol suaves y esponjosos senos de su amada restregándose en cada movimiento en su firme torso, las caricias en su cuello, en su pelo, los delicados brazos que se aferraban con vehemencia a su espalda, el cálido aliento cargado de placer chocando con su rostro y cuello, los estremecimientos de su mujer bajo sus brazos. Su rostro salpicado de pecas, con un sonrojo escarlata en la nariz mejillas y orejas, sus labios hinchados y húmedos entreabiertos jadeando su nombre, nombre que ella le puso, sus bellísimos ojos verde bosque mirando los suyos con adoración, placer, amor, se veían más brillantes que de costumbre; era todo un deleite la expresión en su rostro, una que solo era de él. De él y de nadie más.

— ¡MIA! — exclamo en un gruñido gutural, para de nuevo asaltar su boca introduciendo su propia lengua en un beso demandante, fiero. Ella gimió en el beso. Y él, aumento el ritmo. Cambio de ser uno suave y paciente a uno fuerte y firme.

Este acto hizo estremecer a la joven doncella, que sin proponérselo estrecho las paredes internas de su sexo. Ahora fue el turno de Tooth de gemir en el beso ante el placer recibido que le brindaba su amada pareja. Aumento el ritmo a uno más frenético cada vez más y más, ambos se estaban dejando llevar por sus impulsos y sus deseos.

Para ella todo esto le parecía un sueño, uno del que no quería despertar jamás, pero al mismo tiempo tan real e intenso. Por instinto elevo sus piernas para enredarlas en la cintura de él, engancho sus delgados tobillos justo donde terminaba la columna vertebral de él y lo atrajo más hacia sí misma. Esto provocó un apretón considerable al sexo de su amante, pues le había dejado todavía mas acceso permitiéndole llegar más profundo en ella. Los movimientos se hacían cada vez más rápidos, en un momento de lucidez entre el placer que sentía Tooth, recordó ese botón rosa que coronaba la intimidad de Hicca, así que bajo una de sus manos y lo tomo entre sus dedos pulgar e índice, dándole caricias en círculos suaves, lo jalaba un poco, incluso lo presiono lo suficiente para hacerla sentir, mas no lastimar.

Hicca no pudo aguantar más, el calor en su bajo vientre se expandió causando que llegase al delicioso clímax en un sonoro grito con el nombre de su amante. Él sintió como las ya de por si estrecha intimidad de su Hicca se apretaba aún más. Dio unas cuantas estocadas más, alargando el orgasmo de su mujer para también llegar él a su propio orgasmo dejando salir su esencia dentro de ella, abrió sus enormes y negras alas a los lados dejándole ver a Hicca su imponente y poderosa figura, mientras que escapaba de sus labios el nombre de Hicca mezclado con un gruñido de satisfacción para finalmente caer rendido, temblando un poco por el esfuerzo y los vestigios del placer que aun colmaban su cuerpo luego de correrse.

Tooth e Hicca se quedaron dormidos en esa postura, él todavía dentro de ella. Aun eran inexpertos, por lo que el cansancio les embargaba rápidamente, sin embargo ambos lo disfrutaban bastante. Entre sueños, el furia nocturna se movió hasta quedar entre sus alas a su pequeña pareja, las cuales fácilmente tapaban por completo la figura femenina

A la mañana siguiente, de nuevo Toothless despertó primero, esta vez más temprano de lo usual, tres horas antes del amanecer. Aun él estaba dentro de ella, mientras que su mujer estaba totalmente envuelta entre sus negras alas brindándole seguridad, calor y confort. La cabeza de ella reposaba en su amplio y acanelado pecho de piel humana, siendo arrullada por los suaves latidos del corazón de Tooth.

Él simplemente no quería despertarla, se veía tan cómoda, tan pacifica, durmiendo como si la maldad en el mundo no existiera. Deseaba darle por siempre todo el amor que su fiero corazón es capaz de sentir.

¡Que irónica podía ser la vida!

Esa cría de humano, tan aparentemente débil y enclenque fue quien le derribo hace unos años, años que él ha aprendido a vivir.

Hace cinco años, antes de conocer a Hicca, estaba solo, y eso no le importaba, había visto ocasionalmente a otros como él antes, pero ninguno se quedó a su lado. No sabía nada de sus progenitores, un día sabía que existía y algo en su interior llamado instinto le decía que debía de seguir siendo así.

Estaba solo.

Solo existió.

Solo sobrevivió.

Solo aprendió.

Solo vivió.

Por mucho tiempo estuvo solo, no había existido compañía alguna en lo que llevaba de "vida" y no le había importado en lo más mínimo, pues estuvo acostumbrado a eso desde que nació. Ninguno de los nidos en los que estuvo era totalmente recibido al ser tan diferente de los demás.

El colmo fue cuando llego a parar al volcán donde la muerte roja, ya que había hembras que apenas podían pagar por ellas y sus crías, así que como buen tipo que era, pues con nadie se metía mientras no se metieran con él, se quedó para ayudarlas a cumplir con la cuota para no ser devoradas ni ellas o sus crías.

Grave error.

Grave error, del que no se arrepentiría jamás. Pues a pesar de que sin importar que hiciera, una que otra vez la masa glotona inútil se comía a algún pobre e incauto dragón. Más no se arrepentía, por que fue gracias a que estuvo allí, que conoció a la criatura que ahora reposaba entre sus alas.

Desde que le permitió a esa cría de humano acercarse a su escamosa existencia, los días de su vida se veían de distinta forma, ya no solo vivía por y para sí mismo. Ahora tenían color. Ahora tenían una chispa verde de luz.

Y esa luz, no eran sino sus ojos que brillaban de emoción y jubilo cuando se enfocaban sobre su existencia. Ahora se sentía necesario para alguien. Y esa sensación le agradaba.

Pero cuando esa chispa verde se apagaba, solo lo hacía por el dolor o la pena. El dolor que le causaban sus propios congéneres humanos. Su propio padre.

¡Vaya que la vida podía ser muy irónica!

Esa cría de humano se ganó su corazón, su lealtad, su cariño, su confianza. Ella le derribo.

Ella lo iba a matar, pero lo libero.

Ella lo curo.

Ella lo alimento cuando el solo no podía, e incluso cuando ya podía lo seguía alimentando.

Lo escondió para que nadie le lastimara.

Le hacía compañía.

Le hablaba y pasaba tiempo con él como si fuera la mejor cosa que pudiera existir en el mundo que permanecer a su lado.

La soledad dejo de ser atractiva para él. Desde ese momento la esperaba todas las tardes para poder verla, escucharla, sentir su aroma y sus caricias, escuchar ese dulce sonido que salía de sus labios cuando algo le divertía, tiempo después supo que se llamaba risa, y que el mismo podía emitir algo similar, pero solo con ella es que le salía el impulso de demostrar su propia alegría.

Sin duda, lo mejor que le pudo haber ocurrido en su existencia, fue encontrarse con esa cría de humano tan singular y única. Y quería compartir su existencia con la de ella, para hacerla feliz todos los días, ver cada día ese hermoso brillo esmeralda en su mirar.

Pero. Por ahora, debía levantarla. Aun había mucho por hacer si querían irse esa misma semana al finalizar la luna azul.

— Hicca — susurro entreabriendo un poco sus alas para despertarla, sin embargo ella no se movió, parecía tener un muy buen sueño. Pero por desgracia, debía de despertar. Suspiro. Realmente no quería despertarla.

— Vamos Hicca, despierta — dijo esta vez en voz alta, sin susurros. Esta vez pareció funcionar, ya que se comenzó a mover, dando señales de despertar de su tan relajante y cómodo sueño.

— Vamos, dormilonsita, hay que levantarse — le dijo con cariño, mientras acariciaba con amor su espalda y cuello, que más que despertarla hacia que se quisiera dormir de nuevo.

— Anda mi amor, que ya es de mañana, es sol ya salió — eso era mentira, pero tenía que hacer que se levantara. Y funciono.

— ¡Mierda es tardísimo! — se alarmo la joven, pues aún tenía muchas cosas por hacer, mucho que empacar. (Que de ropa no mucho, más lo eran sus libros y otro tipo de pertenencias)

— Que bueno que ya despertaste. Y no te preocupes. Aun no sale el sol — le dijo para tranquilizarla, lo bueno que le funciono sin tener represalias.

Hicca intento moverse, pero por desgracia (o fortuna, según se vea) ocasiono darle un fuerte apretón al miembro dormido de Toothless, el cual aún se encontraba dentro suyo.

Tooth gruño.

Más no era un gruñido de queja o protesta.

Fue un gruñido de placer.

— No debiste haces eso — dijo él.

Ella gimió.

Él muy condenado se había puesto duro de repente estando dentro de ella. Por un momento pensó en cómo salirse del asunto, pero no tuvo oportunidad de nada, ni de pensar en una queja.

Él termino de abrir sus alas a los lados y se sentó con las piernas estiradas, quedando Hicca sentada sobre el regazo Tooth y con sus piernas flexionadas a los lados de las caderas de él.

— Vas a tener que ayudarme — le dijo al oído de la muchacha con voz ronca cargada de deseo.

No tuvo tiempo ni de contestar. Él la tomo de los glúteos la elevo lo suficiente para luego dejarla caer, enrollo su cola en la delgada cintura para ayudarse a dar las envestidas y hacerlo más rápido. Conforme pasaba el tiempo Hicca fue tomando iniciativa, siendo ella la que llevaba el mando, sujetándose de los hombros de Tooth y saltando un poco apenas. A diferencia de las veces anteriores, esta vez tuvieron que ser rápidos, por tal motivo Tooth se encargaba de sus senos y clítoris. Esta vez ambos se corrieron rápido.

— ¿Ya estarás satisfecho cierto? — pregunto aun jadeando la chica.

— Por ahora — sonrió complacido.