CAPITULO 1.
La residencia era muy grande, Candy parada sobre la acera, miraba con interés esa amplia y colonial fachada en tono salmón, la vivienda se veía muy anticuada para la época, pero quizás las personas allí dentro eran muy conservadores, al menos en ese aspecto.
Su primer día de trabajo como mucama de los Grandchester había llegado, nunca antes había laborado, pero su madre ya se encontraba muy enferma, el cáncer que tenía estaba avanzado, las quimioterapias frecuentes no le eran suficientes para amenizar su malestar, cada día decaía más y más, los anhelos de Candy por mantener con bien a su madre, la hacían gastar dinero sin cesar, los ahorros que durante toda la vida su madre había guardado, fruto de su trabajo, ya no existían.
La rubia recordaba lo difícil que había sido para su madre hacerse cargo de dos hijas sin el apoyo de un hombre, el padre de las niñas había desaparecido, huyo con otra mujer, dejando a su familia al abandono, Candice sentía mucho rencor hacia él y lo culpaba de la enfermedad de su madre, pero ella bien sabía que de nada le servía buscar culpables, su madre quizás pronto moriría.
Pese a que la señora Jennifer White, le insistió a su hija que debía continuar estudiando y realizar sus sueños, Candice no quiso hacerlo, al verla enfermar más, decidió que era su turno de hacerse cargo de la casa, de cuidar de ella y de su hermanita pequeña, Beth de doce años, aparte de que no le alcanzaría el dinero para asistir a la universidad.
Por eso ahora estaba allí, ocupando el lugar de su madre como mucama de los Grandchester, esa familia rica y poderosa, dueños de una afamada empresa de modas en la zona. Candice aun parada frente a la casa, lanzó un suspiro al viento y toco a la puerta, al llegar fue recibida por otra de las mucamas, quien al verla solo le sonrió y la invito a pasar, diciéndole que en un minuto la atendería la señora Margaret Grandchester.
- Buenos días – exclamo Margaret, la dueña de la casa, asustando a Candy quien miraba asombrada cada detalle lujoso de la casa, en la sala de estar habían muchos que observar, cuadros de pintores famosos, además de retratos familiares, mismos en los que le causo interés ver a ese chico de ojos azul zafiro – ese es mi hijo – dijo la mujer al ver a Candy con el retrato de Terry en su mano.
- Hola, ¡buenos días señora Grandchester!, disculpe solo... – replico la rubia, girándose de inmediato para verla de frente, haciéndole un gesto de respeto con la cabeza.
- No te preocupes, tú debes ser la hija de Jennifer, ¿no es así? – cuestionó Margaret.
- Si señora, mi madre es Jennifer White, yo soy Candice, ella ya no podrá seguir laborando para ustedes, está muy enferma y...
- Si, si, entiendo – dijo Margaret, interrumpiendo a la chica mientras hacia un gesto agitando su mano – no me hables de enfermedades, vienes a trabajar y eso es lo importante, así que creo que debes empezar, dirígete a la cocina y pregúntale Mary por donde comenzar ¿estamos?
- Si señora claro – fue su respuesta.
Desde ese momento Candy se percató del grado de superficialidad de esa mujer, porque pareció no importarle en lo más mínimo la salud de una de sus empleadas, quien había entregado su vida al trabajo durante veinte años aparentando ahora ser para ella como un objeto que es fácil reemplazar.
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Candy sintió impotencia y reprimió su enojo, sabía que necesitaba el dinero y no podía darse el lujo de renunciar e irse, por lo cual trago en seco y se encamino a la cocina, allí conoció a Mary.
- Hola, ¿Qué tal?, mi nombre es Candice White, la señora Grandchester me...
- Si, si, yo soy Mary, hola, que bueno que llegas hay mucho que hacer – la interrumpió Mary, poniendo una pila de platos en sus manos – estos debes llevarlos a la mesa, los señores pronto desayunaran así que empieza.
- Si claro, lo haré en seguida – respondió la rubia.
Candice se dirigió al comedor y allí colocó los platos blancos de porcelana, tal y como se lo indico Mary, pero justo cuando lo estaba haciendo comenzó a escuchar unas risas tras de ella, eran voces de la señora Grandchester y de un joven, así que supuso que debía tratarse del hijo.
- Hola mamá, ¿Qué tal? – dijo el chico.
- Hijo, ¿Pero a donde andabas tan temprano?, creí que estabas durmiendo – sonreía su madre.
- No, ayer no me desvele así que no tenía por qué seguir durmiendo, quede con Archie de ir temprano a jugar tenis, y pues aquí estoy, de regreso, el juego se término – dijo Terry.
- ¿Así?, me alegro y ¿Quién gano? – cuestiono su madre.
- ¡Yo!, obviamente que yo, ¿Quién más? – respondió él con una sonrisa.
Candy al escucharlo hizo un gesto de desespero en el rostro, sin que la notaran, aún sin ver a ese joven en persona y de frente, solo escuchando su voz, supo que era un tipo arrogante y en extremo egocéntrico, así que se apuró a poner los platos sobre la mesa y cuando estaba dirigiéndose a la cocina, pasando la puerta de esta, se topó con el chico ahora sí de frente, haciéndolo que tirara un emparedado que llevaba en la mano, al suelo.
- ¡Lo lamento! – dijo la rubia al percatarse de su error, Terry aun no la había visto a la cara por que ella se agacho a remediar su error, de modo que él le dijo.
- ¡Debes tener cuidado! – exclamo con enfado, mientras veía a la chica vestida de mucama y con el cabello recogido limpiar el desorden que dejo el emparedado.
- Lo siento señor, no vuelve a suceder, se lo aseguro, es que soy nueva, lo lamento – para cuando dijo esto, levanto su mirada encontrándose con los azules zafiros del joven frente a ella, él al distinguir bien su rostro se la quedo viendo con firmeza sin reprenderla de nuevo, es más no dijo nada y siguió su camino.
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Candice luego de esos breves segundos de mirar a ese apuesto joven de ojos azules y cabello castaño largo por arriba de los hombros, vestido con su uniforme deportivo blanco, comenzó a sentir que las manos le sudaban, ese chico era muy apuesto, no solo en foto, en persona era aún más guapo, de modo que su nerviosismo, se hizo visible.
- ¿Te ocurre algo Candy? – cuestiono Mary al verla tan nerviosa, llegando a dejar los restos de emparedado al contenedor de basura.
- No... estoy... ¡Bien! – exclamo la rubia.
- Ah, ya veo, ese emparedado que acabas de arrojar a la basura, lo vino a buscar el joven Terry, ¿acaso chocaste con él? – cuestiono Mary.
- Sí, estoy tan apenada, jamás pensé que ese chico viniera a la cocina, y con mi torpeza ¡Como siempre! – se reprendió Candy.
- No te angusties Candy, ¿te puedo decir así, verdad? – la rubia asentó con la cabeza – él siempre viene por las mañana por un emparedado de maní, le gustan mucho, tu que ibas a saber que estaba aquí, solo estabas distraída ¿Te dijo algo? ¿Te regaño?
- No, solo me dijo que tuviera cuidado – respondió Candy.
- Uhm, ¿sabes?, yo creo que te gustó ¿no es así?
- ¡Para nada! – respondió Candy con sobresalto.
- Tranquila, no tiene nada de malo, a todas las que aquí laboramos, nos gusta él, es muy guapo, pero es inalcanzable para nosotras, sería como un sueño si algún día pusiera sus ojos en alguna – suspiro Mary – aunque debo decirte que es un mujeriego, tiene novia, pero eso parece no importarle, nosotras hemos concluido que no la ama, pero la joven Susana, se cree dueña de su corazón, pobre ilusa – sonrió Mary.
- ¡Pues que descarado! – desaprobó Candy – teniendo novia y andando con cualquier chica que se le ponga enfrente, no es correcto.
- Si, tú y yo lo sabemos porque somos pobres, pero él es rico y puede conseguir a las mujeres que quiera, que por lo regular son puras modelos que trabajan en la agencia de su padre, porque déjame decirte que también tienen una agencia de modelos, exclusivas para su marca – dijo Mary, mientras Candy solo se quedó escuchándola.
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En el despacho principal se encontraba Margaret Grandchester, haciendo unas llamadas telefónicas, de repente su hijo Terrence irrumpió en el lugar y ella solo lo miró con una sonrisa, haciéndole una señal con la mano de que se sentará y aguardara a que ella terminara de hablar por teléfono.
- ¡Terry! ¿Qué necesitas hijo? – cuestiono Margaret.
- Mamá, ¿Quién es esa muchacha rubia con pecas que estaba en la cocina? – cuestionó Terrence con interés.
- Ah, esa, ¡es una sirvienta! – respondió Margaret.
- ¿Sirvienta?, pero si no necesitabas a nadie más, estábamos bien ¿para qué contrataste a alguien nuevo?
- No es alguien nuevo hijo, es la hija de Jennifer, ella al parecer está muy enferma y no podrá seguir trabajando con nosotros, así que como no quiso perder el empleo, me pidió que le diera la oportunidad a su hija – respondió Margaret.
- Nunca antes la había visto, jamás imagine que Jennifer tuviera hijos, ni siquiera se parece a ella – dijo Terrence desconcertado.
- Sí, pero ya sabes cómo era Jennifer de reservada, dudo mucho que le hubiera gustado andar divulgando su vida, pero ya, ¡qué más da la vida de unas sirvientas!, mejor cuéntame ¿Cómo vas con Susana? ¿Ya estas decidido a comprometerte con ella? – cuestionó Margaret a su hijo con una sonrisa.
- ¡No mamá!, te he dicho muchas veces que no, aun no estoy preparado para formar una familia, ¡ni siquiera he terminado la universidad! – reclamo Terry.
- Si, lo sé a la perfección, pero debes asentar cabeza hijo, no me gusta que andes de aquí de allá con muchas mujeres, además Susana es una buena chica, te quiere – respondió su madre.
- Si, si, lo sé, toda la vida lo he sabido, pero Susana a veces es muy asfixiante, ¡es extremadamente celosa!, no imagino mi vida a lado de una mujer como ella, pero en fin, es mi novia y me casaré, pero a su debido tiempo mamá, no insistas – replico Terry.
- Está bien hijo, lo comprendo y lo único que quiero es llegar a ser abuela algún día, me harías tan feliz – sonrió la mujer.
- Si claro – exclamo Terry con ironía levantándose de su asiento y dirigiéndose a la puerta – te espero en el comedor, iré a ducharme primero.
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De nuevo al regresar al comedor, Terry vio a la chica rubia frente a él, así que solo le sonrió y ella se ruborizó bajando la mirada, el aspecto del joven era más apuesto, ahora ya no andaba en traje deportivo, portaba un atuendo casual y parecía recién afeitado, su mirada era cautivadora.
- Con permiso – exclamo Candice luego de acomodar el último bol de comida en la mesa.
- ¡Espera! ¿Cómo te llamas? – la cuestiono Terry deteniéndola de continuar.
- Candice – añadió la chica – debo irme, con permiso.
- ¡No aguarda!, ¿En verdad eres una sirvienta? – la cuestionó.
- ¿Qué? ¿Le molesta que trabaje para ustedes?, entonces lo siento mucho joven, porque su madre acepto y yo...
- ¡No!, tranquila no seas agresiva – la detuvo y ella solo lo miro intrigada.
- Es que ¿sabes?, eres bonita – replico Terry y Candy se sintió aún más sorprendida, de pronto su corazón comenzó a acelerarse, "ese guapo joven le decía bonita – pensó – no, debo olvidarme de sus palabras, él solo es un seductor, seguro a todas les dice lo mismo".
- Lo siento, debo irme, tengo mucho trabajo – tras esto Candy avanzo a la cocina.
"Que chica – pensó Terry – pero es bonita, sin duda", sus ensoñaciones fueron interrumpidas por la presencia de Susana en su casa, la rubia lacia de ojos azules, hasta hace unos meses había logrado atraparlo como novio, durante muchos años se mantuvo tras él, se conocían desde pequeños y ella siempre tuvo un interés por él, pero para él era distinto, sin embargo Susana soportó verlo con muchas mujeres y aún así se mantuvo firme en su propósito y ahora que era su novio, también seguía soportando sus infidelidades, pero a ella no le importaba siempre lo perdonaba, lo amaba.
- Terry ¿adivina quién soy? – le dijo Susana tapándole los ojos con ambas de sus manos a su novio.
- Supongo que una hermosa mujer - dijo sonriendo y volteándose de repente sujetándola por la cintura, al tiempo en que la inclinaba hacia atrás y le daba un apasionado beso en los labios, mismo que fue presenciado por Candy quien se dirigía de nuevo al comedor a dejar más objetos para el desayuno.
"Vaya que es cierto lo que dice Mary – pensó Candy mirando a la pareja – ese chico es un descarado"- con permiso – añadió Candy pidiéndoles paso, porque obstruían su camino, Susana la miró despectivamente de pie a cabeza.
- ¿Quién te crees?, no te das cuenta que mi novio y yo nos estábamos besando – argumentó Susana.
- Lo siento, yo solo necesito que me dejen pasar, debo terminar de poner la mesa para el desayuno – dijo Candy.
- Si, Susana, dejemos que pase, adelante Candy – le dijo Terry con una sonrisa y ella se sorprendió de que la llamará Candy, cuando ella estaba acostumbrada a que solo las personas más cercanas o amistades la llamarán así, de modo que le pareció incomodo escucharlo, pero no dijo nada, la pareja se hizo a un lado y la pecosa joven, pasó a terminar su trabajo, mientras escuchaba a la pareja hablar y seguirse besando.
- Terry, ¿Pero quién es esa? – replico Susana a su novio.
- Es la nueva mucama, Jennifer ya no trabajará para nosotros y ella se quedará en su lugar, no le des mucha importancia, solo quería hacer su trabajo – sonrió Terry – ven, mejor vamos al comedor, creo que todo está listo ya.
- Si mi amor, vamos – le respondió Susana.
Estando en el comedor, todos juntos para comenzar con el desayuno, comenzaron a conversar...
- Susana, pero que agradable que vinieras a visitarnos, me da tanto gusto que hayas regresado bien de tu viaje a Madrid – le dijo Margaret.
- Si Margaret, estoy tan feliz de haber regresado, en Europa tenía mucho por hacer, tú sabes que a diario crecen mis diseños, pero también necesito descanso, últimamente solo es trabajar y trabajar – sonrió Susana.
- Si querida, Terrence ya fuera un administrador importante en nuestra compañía, pero su empeño de ser fotógrafo, lo tiene aún en la universidad – replico Margaret.
- Mamá bien sabes que a mí no me gusta estar encerrado en una oficina todos los días, disfruto del arte y las fotografías, esa es mi verdadera vocación y si ustedes no se vieran empeñado al principio en hacerme estudiar administración, ahora mismo fuera un famoso fotógrafo, que anduviera viajando alrededor del mundo por Paris, Londres, Madrid, entre otros lugares ¿no te parece? – replico Terry.
- Mi amor, pero lo importante es que estás aquí, conmigo, de ser así no estaríamos juntos, por eso tu madre siempre será inteligente y sabrá hacer bien las cosas – intervino Susana.
- Si claro así es – añadió Terry, anhelando aún más para sus adentros haber estudiado desde un principio fotografía.
- Pero hijo, ¿de qué te quejas?, si solo te dedicas a tomarle fotos a las mujeres más hermosas de este país, cualquiera en tu lugar se sentiría orgulloso – irrumpió Richard Grandchester, que recién llegaba de su empresa, entrando de improviso al cuarto donde estaba el comedor.
- ¡Richard! – exclamo Margaret, parándose a darle un abrazo y beso a su esposo – siéntate, en seguida mando a llamar que te traigan un plato, debes estar exhausto.
- Hola señor Grandchester – sonrió Susana.
- Papá pensé que no vendrías, yo te hacía en Alaska, ¿no se supone que habría un embarque de mercancía? – cuestionó Terrence con sorpresa.
- Sí, pero ya no se hizo, hubo unos inconvenientes con los aranceles y ya sabes... es todo un lío, pero me alegra estar aquí, ¿Cómo va todo?...
Ellos comenzaron a charlar de asuntos cotidianos, mientras lo hacían, Margaret se dirigió a la cocina y le sugirió a Candy que debía llevar un plato más para su esposo que recién había llegado, la rubia hizo lo que se le indicó, estando allá coloco el lugar del señor Grandchester.
- Oyes, ¡sirvienta! – exclamo en tono despectivo Susana y todos la miraron – perdón, es que no se su nombre.
- Si señorita ¿Qué necesita? – replico la rubia.
- Necesito que me sirvas más jugo – solicito Susana.
- Claro, en seguida – fue la respuesta de Candy.
Al dirigirse hacia donde estaba Susana, esta misma la miró de nuevo con despreció, le había caído mal, no le parecía alguien agradable a su perspectiva, y aun no se explicaba el porqué, presentía que no la toleraría, no obstante como no era su mucama, no podía hacer algo por correrla.
- Gracias Candy – respondió Terry, al ver que termino de servirle el jugo a su novia.
- De nada – dijo Candy con la cabeza agachada sin mirarlo a los ojos.
Susana al notar que Terry se comportaba tan amistosamente con ella, se sintió celosa e intencionalmente tiró el vaso con jugo sobre su regazo, culpando a Candy.
- ¡Estúpida! – exclamo Susana sorprendiendo a Candy quien solo la miró con desconcierto – Me has manchado, pero qué horror, este vestido es muy costoso ¿no te das cuenta que ni con toda tu vida trabajando podrías pagarlo?, ¡debería hacer que lo pagues en verdad! – decía exasperada, parándose frente a Candy.
- Lo lamento yo...- decía Candy intentando remediar el daño, con una servilleta.
- ¡Aléjate de mí! – grito Susana
- Tranquila Susana, fue solo un accidente, ella no pretendía que ocurriera, no fue intencional – dijo Terry – Candy, mejor regresa a la cocina por favor – la rubia asentó con la cabeza y se marchó.
- Pero Terry ¿no te das cuenta? ¿Ustedes lo vieron? – se refirió a los demás.
- Tranquila Susi – dijo el señor Grandchester – fue un accidente como dice mi hijo, seguro esa chica es nueva ¿verdad Margaret?
- Sí, es nueva, pero torpe al parecer – tras decir esto Margaret se paró y se dirigió a ayudar a Susana – Disculpa Susana, no vuelve a pasar, que pena contigo, ven vamos a mi habitación, te daré uno de los vestidos de nuestra última colección, me parece que tengo unos que aún no he llevado.
- Gracias Margaret – replico Susana.
Terry se quedó desconcertado, la actitud de Susana no le había parecido, pero dentro se cuestionaba ¿si en verdad Candy lo había hecho adrede?, pero aun así seguía gustándole no solo como para mucama de la casa.
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Luego de unos minutos, de que el desayuno termino y las aguas se tranquilizaron, a Candy la enviaron a sacudir el polvo de la chimenea, estando allí, observo los retratos de nuevo, poniendo énfasis en ese particular retrato que yacía en medio de los demás, en donde Terry estaba solo, vestido con una toga de graduación, al parecer del instituto porque lucía más joven.
- ¿Te parezco atractivo? – exclamo Terry, entrando de pronto al recibidor donde estaba Candy limpiando, sorprendiéndola ya que mantenía su mirada fija en el retrato de él.
- Que susto me dio, ¿es usted?, pues...no, no me parece atractivo – respondió Candy.
- Uhm, no lo creo, estoy seguro que sí, te gusto tanto que te pusiste tan nerviosa en el comedor cuando te mire, que incluso derramaste el jugo en el vestido de Susana – sonrió Terry.
- ¡Eso no es así!, yo no derrame nada, no me di cuenta, es más no recuerdo haberlo hecho – respondió Candy.
- Ah, bueno, no importa, Susana tiene muchos vestidos como ese, seguro lo reemplazará, no pienses que lo pagarás, ella así es de impulsiva – añadió Terrence.
- No tiene por qué darme explicaciones, recuerde que yo soy solo la mucama, es más ni debería estar aquí, lo que debe hacer es dejarme trabajar, no me distraiga...
- ¿Así que te distraigo? Y si hago esto... también te distraeré – al decirlo se acercó a ella, tomándola por cintura y acercándola a sus labios, robándole un beso desprevenido, pero tal fue su sorpresa al sentir una pesada mano sobre su mejilla luego de hacerlo.
- ¡¿Qué le pasa?! – replico la rubia con enfado - ¿Cómo se atreve?
En lo que Terry se hizo hacia atrás y soltó a Candy, alguien presenció esa escena frente a sus ojos, era Susana Marlowe, que solo vio cuando Candy lo abofeteaba.
- ¡Terry! – grito con enfado - ¿Por qué dejas que esa mujer te golpeé?
- Susana – exclamo sorprendido.
Candy solo se quedó anonadada, no sabía cómo reaccionar, temía que Susana los hubiera visto besarse, ella no sabía que más iba a suceder, estaba muy apenada, no hubiera imaginado que su primer día como mucama de los Grandchester se transformara en toda una odisea.
