Home for christmas.

Celestina Warbeck estaba sonando en la radio, siendo un pequeño murmullo al fondo de las conversaciones y risas. Alrededor del hogar se podía distinguir un inconfundible olor a canela. En la habitación principal se hallaba un gran pino, con cientos de regalos bajo él, aguardando a ser abiertos. En una de las paredes, colgaba un gran reloj, con cinco de las siete flechas apuntando al norte, donde en vez de las doce, descansaba la palabra "casa".

Una gran familia, con pequeños niños corriendo de un lado a otro, estaba empezando a movilizar la comida hacia el patio cuando el sonido de las llamas cortó con la atmosfera. Una pequeña mujer regordeta, cuyo pelirrojo cabello contrastaba con ciertos mechones blancos, soltó un gritito a la vez que dejaba caer la cesta de panecillos que llevaba, ante la visión del nuevo visitante de pie en la chimenea. El resto de personas que quedaba en la casa, se mantuvo en silencio, pero tan sorprendidos como la mujer.

Con el ruido de la conmoción, fue cuestión de segundos hasta que un hombre alto, pelirrojo y con la misma cantidad de arrugas que su mujer, ingresara corriendo a la casa, seguido de otros dos hombres igual a él, pero mucho más jóvenes.

– ¡Molly! ¡¿Estás bien?! ¡¿Qué pasó?! –Los gritos se escucharon junto a la puerta, pero se detuvieron al mismo tiempo que veían la causa del alboroto. Uno de los muchachos que había entrado tras el hombre mayor, fue el primero que habló, sus ojos creciendo tras el marco de unos lentes cuadrados:

– ¿Charlie? –Fue lo único que dijo, la confusión embriagando su voz.

–Hola, Perce.

El hombre frente a ellos era más alto que los demás en la sala, con un cuerpo grande y fornido, lleno de arañazos y bandas en todos los brazos, al igual que en su rostro. Su cabello estaba arreglado en una larga coleta que llegaba casi hasta el fin de su espalda. Era el mismo Charlie Weasley que todos en la sala conocían… a excepción que llevaba colgado al hombro un bolso rosado, y entre sus brazos cargaba la pequeña figura de lo que parecía ser una niña de al menos un años, con cabello pelirrojo y aferrándose fuertemente al hombre y un animal de felpa cuya identidad no se podía apreciar.

– ¿Eso es todo lo que van a hacer? ¿Sentarse ahí y verme? No saben todo lo que tuve que hacer para encontrar un traslador en la víspera de navidad. –El hombre se quejó y como pudo se sacó el hollín de la ropa y dio un paso dentro de la casa. Dejó el bolso en uno de los sofás y siguió caminando hasta que llegó a su madre, sonriente. El resto veía en silencio –Mamá, quiero que conozcas a alguien… Minna, saluda a Nana.

Los ojos de muchos en la sala se acrecentaron, pero Charlie solo tenía vista para los de Molly, que no solo doblaron su tamaño, sino que también se aguaron. Veía de Charlie a la niña y devuelta, sin poder formar palabras para describir su sorpresa, o siquiera para saludar a los ojos azules que dejaron el calor del pecho de Charlie para verla a ella. Luego de unos minutos en silencio, con mucho cuidado Molly Weasley alzó sus brazos en dirección a su segundo hijo, y adivinando rápidamente, Charlie pasó a Minna al agarre de su abuela. Una vez esto fue hecho, todo el mundo pudo escuchar el suave sollozo de Molly mientras acariciaba la corta cabellera de la pequeña. Charlie sonrió y, con movimientos suaves, sacó una larga vara de madera de su cinturón y, con un solo movimiento, regresó los panecillos del suelo a la cesta que antes los sostenía.

– Entonces, feliz navidad, familia.

Esas simples palabras parecieron despertar al resto de los espectadores, que pronto se abalanzaron al hombre, abrazándolo y arrastrándolo hacia el patio trasero, donde la comida ya de seguro estaba enfriándose. Dentro de la sala solo quedaron Molly y Arthur Weasley, con una pequeña niña en los brazos de ella y una cesta de panecillos sobre la mesa de la cocina. Arthur se acercó a su esposa, completamente en shock. Molly fue la primera en hablar.

– ¿Eso…eso es…? ¿Esto es real? – Fue un pequeño susurró, pero que sacó una sonrisa de su esposo.

–Eso parece. –Respondió él antes de ver a su nueva nieta con ojos resplandecientes.

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Varias horas después, cuando ya la estación de radio no transmitía y todos los sonidos en la casa habían desaparecido para ser remplazados con la suave respiración de los cuerpos durmientes –y uno que otro ronquido–, alguien abrió la puerta.

No muy lejos de la casa, en el cobertizo donde centenares de curiosos objetos descansaban, tres figuras se sentaron con mantas alrededor de sus hombros.

–Kallena murió hace un año y un mes– Dijo el que se veía más joven, rompiendo con la calma de la noche. Se escuchó el jadeó de Molly, junto a sus manos cortando la sombra mientras cubrían su boca–. Habíamos estado juntos por más de un año y Minna tenía seis meses con nosotros… Planeábamos venir en Diciembre de ese año, y yo les presentaría a mi familia, pero.. –Explicó, y Arthur no tuvo que escuchar con cuidado para reconocer el nudo en la garganta de su hijo–… Era un dragón de alto riesgo, quizás uno de los más peligrosos en la villa. Traté de que me transfiriera la tarea, de que ella hiciera el trabajo administrativo que me tocaba, y yo hacerme cargo de ese maldito dragón pero… pero ella era tan testaruda como Ginny –Soltó una risita, aprovechando para limpiar las lágrimas que salían de su rostro mientras revivía aquel fatídico día–, así que la dejé hacer lo suyo, y yo hice lo mío. Dejamos a Minna en la guardería de la villa. Yo fui a mi oficina y ella a prepararse. Recuerdo estar haciendo cuentas hasta eso de las nueve, cuando la alarma sonó –Tragó en seco– y solo supe que algo había pasado. Salí corriendo. Ni siquiera me detuve a ponerme los trajes especiales…

No pude hacer el hechizo pacificador a tiempo. Para cuando logré acertarlo era… era muy tarde, ya la habían lastimado y la pérdida de sangre era demasiado.

–Lo sentimos mucho, Charlie. –Dijo Arthur, mientras hacía círculos en la espalda de Molly, que no dejaba de asentir entre lágrimas. Charlie sonrió como pudo, pero la tristeza no se borraba de su rostro.

–Estuve a punto de volverme loco –Confesó–, yo no dejaba de beber y Minna de llorar. Pero no podía verla… no podía, papá. Ella… ella tiene los ojos de Kallena y cada vez que los veía yo solo… el dolor regresaba –Pasó unos minutos en silencio, llorando, hasta que pudo volver a hablar–. No fue hasta que mi vecina llamó a una amiga, la hermana de Kallie, Ménica, que reaccioné. Ella me tiró un aguamenti –Charlie se sintió afortunado de ahora poder reír ante el recuerdo–, y me hizo ver que no había perdido a Kallie del todo, pues aún tenía a Minna.

Pensé en venir esas navidades… ¿Qué mejor que los dulces y el abrazo de mamá para lidiar con el dolor, no? –Molly sonrió con tristeza, viendo a su hijo abrirle su corazón y transfiriendo todo el dolor que aún sentía–, pero luego recordaba todos los planes que habíamos hecho, los lugares que íbamos a visitar… Iba a llevarla a lo más alto de la colina, ¿saben? Donde ustedes se casaron, e iba a proponerle que iniciáramos los planes de la boda. Y cuando todo eso venía a mi mente… Ya no quería volver. Además, aquí entre nos, no creo que hubiera sido capaz de soportar a tantas parejas felices a mi alrededor.

Así que lo aplacé, junto a la sorpresa de Minna, hasta que hoy en la mañana decidí volver. Y sé que quizás no fue lo mejor que pude haber hecho –ocultarles a Minna y eso– pero yo… Necesitaba que fuera solo mía por un tiempo.

Charlie vio en silencio a sus padres, mientras dejaba que toda la historia se asentara en sus mentes. No vio venir el momento en que Molly lo metió entre sus brazos y lloró contra su pecho. Tampoco pensó que ante esta reacción de su madre, él también se pondría a llorar. Ni siquiera sintió cuando su padre se unió al abrazo. Lo que si supo, es que, por centésima vez en su vida, se sintió aliviado de formar parte de los Weasley.

–Siempre nos tendrás aquí para ti, Charlie. No importa si ya somos demasiado viejos para cuidarte, haremos lo posible para hacerte sentir seguro. –Le dijo su padre con sinceridad, dedicándole esa sonrisa bonachona que tanto lo caracterizaba.

–Quiero verla todos los veranos– Soltó Molly de la nada, causando la risa de ambos hombres– ¡No estoy bromeando, es en serio! Ya la ocultaste de mi por más de un año, Charlie Arthur Weasley, vas a tener que compensarme todo el tiempo perdido.

Charlie rió y abrazó una vez más a su madre– Aquí nos tendrás todos los años, mamá. Verano y navidad. Lo prometo.