En lo que me puedo convertir

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Hola lectores y lectoras, aquí les traigo un nuevo capítulo de esta bella historia, perdón por la tardanza. Vuelvo a aclarar que este fic ya lo publique con el nombre de "Lo último que quería ser" y el Nick "TsukiTai". Espero que les guste.

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The Prince of Tennis y sus personajes pertenecen a Takeshi Konomi. Por otra parte esta historia es completamente de mi autoría y sin fines de lucro.

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Capítulo 2

Rehabilitación

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La joven cobriza escuchaba música con sus auriculares y la capucha de su campera escondía su ahora cabello no tan largo suelto. Toda vestida de colores oscuros y con su sombrío rostro. El automóvil que la llevaba comenzaba a disminuir la velocidad. Sakuno miró por la ventanilla. Habían llegado. No había nada malo en el lugar, se mostraba igual que en el folleto. Detrás de un gran portón de rejas negras con las iniciales H.P.O, se dejaba ver lo que parecía un pequeñísimo terreno lleno de diferentes árboles muy hermosos y antiguos. Había algunas personas allí sentadas en bonitos bancos de plaza, obviamente observados muy de cerca por algún enfermero.

A medida que avanzaban, Sakuno miraba todo, algo nerviosa. El paisaje era hermoso, debía admitirlo. Por un momento los árboles le llamaron mucho la atención, los conocía, eran árboles de magnolia Kobushi, uno de los árboles más antiguos de Japón. Tenían flores pequeñas y blancas que hacían una lluvia de pétalos demasiado hermosa. El camino terminó y la cobriza bajó del auto, se dirigió a la parte trasera del automóvil y también bajó su equipaje. Dos valijas rojas. El auto se fue y la dejó ahí, parada frente a un simple pero gran edificio.

Subió unos escalones y abrió la puerta transparente. Al entrar vio a su madre esperando para que la recepcionista la atienda. La mujer de unos veinte o veinticinco años hablaba por teléfono y escribía en unos papeles, lucía atareada y no dejaba de atender llamados y anotar mensajes. Sakuno se paró al lado de su madre esperando que aquella mujer las atendiera.

- Buenos días, Hospital Psiquiátrico de Osaka, ¿Quién habla?- Dijo y esperó la respuesta del otro lado del teléfono.- Lo lamento el director no se encuentra, ¿Quiere dejarle un mensaje?- Otra pausa.- De acuerdo.- Anotó todo en un papel, lo pegó en una pizarra detrás de ella y volvió a atender otro llamado.

Un muchacho de cabello color azabache y unos profundos ojos verdes entró a la sala con un estuche de guitarra en su espalda. Tenía una camisa blanca y un pantalón ajustado color negro que combinaba con sus gafas también negras. Él fue directo al lado de Sakuno y le sonrió a la recepcionista. La mujer finalizó la llamada y llamó a la madre de Sakuno, ignorando al peli negro.

- ¿Es usted Sakura Ryuzaki? ¿Ella es su hija?- Sin darle tiempo a responder, le acercó un papel.- Estas son las formas que tiene que llenar, en un momento vendrá su doctora, ella les mostrará las instalaciones del lugar, todos los horarios y el número de habitación.- Tras decirle esto sonrió y siguió con sus papeles.

El joven miró a Sakuno y le sonrió, esta sin embargo, solo volteó su rostro al celular para cambiar de canción.

- Oh Hana, ¿Por qué me ignoras?- Preguntó escandalizado.

- No tengo tiempo para juegos, hoy tengo mucho trabajo, tu padre desapareció y me dejó a cargo del hospital.- Exclamó la mujer volviendo a revisar la agenda por enésima vez.

- ¿Mi papá no está aquí? Lo estoy buscando por todas partes pero no lo encuentro, pensé que podría estar aquí.

- No, se fue esta mañana.- La mujer revisó un cuaderno y agregó.- Tienes sesión con la niña del último piso.

- ¡Tsuki! No puede ser.- Bramó tomándose la cabeza entre las manos.- ¿Estás completamente segura que es hoy? Tengo ensayo con la banda, si falto otra vez van a matarme...

- No puedes decepcionar a una niña de cinco años, sabes cuánto le gustan tus clases.

- Lo sé, lo sé...

Sakuno no podía evitar escuchar la conversación, a pesar del ruido que provenía de sus auriculares, todo se escuchaba a la perfección.

- No está tan mal, ¿Verdad?- Preguntó Sakura en un intento de cordialidad con Sakuno.

Simplemente la ignoró y olvidó la conversación que escuchaba tan atentamente, con un fuerte dolor en su pecho y ganas de llorar, salió del lugar para sentarse en uno de los escalones de la entrada. No le gustaba pensar en quedarse allí. Detestaba el color blanco y el olor a medicamento, le hacía recordar a los hospitales. Suspiró y rió ante aquel pensamiento. Ese lugar era un verdadero hospital. En la recepción, su madre la miraba a través de la puerta de vidrio.

- Buenos días, soy la doctora Naomi Takahashi, ¿Su hija?

Sakura, hizo una seña mirando hacia los escalones. Se llevó una mano a la cabeza mientras miraba las planillas que le había entregado la recepcionista.

- Entiendo.- Dijo secamente.- Acompáñeme a mi oficina.

Una vez allí la mujer se sentó tras un gran escritorio y ofreció a la madre de Sakuno sentarse frente a ella.

- Bueno.- Exclamó la doctora mientras juntaba las manos sobre el escritorio.- Según el informe que me entregaron las autoridades del Seishun Gakuen, hubo un ataque de pánico acompañado por un intento de suicidio.

- Sí, esta mañana intentó...- La mujer se quedó muda por un instante al tiempo que comenzaba a llorar.- Intentó saltar desde la azotea de su escuela.- Dijo finalmente entre sollozos.

- ¿Está enterada de qué es lo que la pudo motivar a hacer esto?- Siguió cuestionando la doctora.- Los adolescentes son demasiado propensos a ver un pequeño problema como uno gigante.

- Hace dos días murió mi marido.

La doctora se puso sus lentes y empezó a ojear nuevamente el informe que le había sido entregado por la recepcionista.

- Lo lamento.- Dijo la doctora.- El fallecimiento de un ser querido marca mucho la conducta pero la muerte es parte de la vida, Sakuno tendrá que entenderlo.

- ¿Cuánto tiempo estará aquí?

- Su tratamiento es muy simple, se basa en terapia. Quizás en tres meses ya esté del todo sana.

La demacrada mujer había empezado a decaer con la idea de dejar allí a su pequeña niña, pero era por su bien.

- ¿Qué sucederá con su escuela? No puedo dejar que se atrase, tres meses es demasiado tiempo.

- Este es uno de los pocos hospitales psiquiátricos al que asisten profesores particulares, quizás su hija sobrepase el nivel de sus demás compañeros en el tiempo que esté aquí. Por lo demás no se preocupe, he lidiado con casos mucho peores y después de un tiempo todos son solucionados, esto solo será un mal recuerdo para ella.

Ambas mujeres salieron del consultorio. Sakura tomó su bolso, saludó a Sakuno y se fue en su auto. En cambio la doctora se quedó hablando un momento con la recepcionista.

- Hana, necesito que llames al Seishun Gakuen, necesito una reunión con el psicopedagogo que atendió a esa niña.

- Lo lamento señora Naomi.- Expresó el joven azabache que aún estaba apoyado en el escritorio de la rubia que atendía la recepción.- Hana está ocupada tratando de contactar a mi papá, lo suyo tendrá que esperar.

- Eso es demasiada confianza niño, que tu padre sea el director del hospital no significa que puedas mandar a Hana.

Mientras discutían la mujer rubia sonreía tratando de que su cabeza no explotara.

- Por cierto...- Dijo el azabache mirando a los escalones a través del cristal.- ¿Quién es ella?

- Quita los ojos de "ella", Ryou.- Respondió la mujer mayor.- Es mi nueva paciente, no creo que tengas oportunidad, ignora a todo el que se le cruza.

- Siempre hay una excepción a la regla doc.- Dijo mientras reía y volvía la mirada a la doctora.- Es un buen reto, además no me molesta que ella esté loca.

Sakuno había entrado a la sala y se dirigía a la doctora, pero solo quedó tras el azabache.

- ¿Qué dijiste de la nueva chica?- Preguntó inocente la doctora mientras la miraba fijo, justo tras él.

- Que no me molesta que la chica nueva esté loca, debería revisar su oído doc., creo que la edad comienza a afectarle.

La cobriza carraspeó tras él para llamarle la atención. Este se dio vuelta quedando frente a ella.

- Antes de hablar de alguien deberías fijarte que no esté cerca.- Expresó dolida ante el comentario.

Ryou quedó mudo frente ella.

- Ven Sakuno, te mostraré el lugar.- Dijo la doctora.

La cobriza avanzó por un largo y ancho pasillo, pasando por las habitaciones de otros pacientes, con ambas valijas tras ella y siguiendo a aquella doctora. ¿Loca? ¿Todos pensaban eso de ella? Estaba considerando aquella posibilidad. A su paso se cruzaba con algún que otro paciente, diciéndole cosas que ella no entendía. Comenzaba a sentir miedo. ¿Qué pasaba si alguno se escapaba del cuidado de las enfermeras? ¿Si intentaban atacarla? Una joven que la vio pasar por el frente de su habitación, salió al ver a Sakuno. Estaba vestida con una bata celeste, el cabello desordenado y los ojos más oscuros que vio en toda su vida. Sus manos temblaban ligeramente y se notaba ida en sus pensamientos. Con los ojos cerrados acariciaba el cabello de una muñeca antigua que llevaba en sus brazos.

- Mira Hatsu.- Dijo la castaña señalando a Sakuno.- Tendrás una nueva amiga.

- Vuelve a tu habitación, Mikomi.- Dijo la doctora mientras se acercaba a ella.- Ya es tarde y tienes que descansar.

- Pero mi madre aún no ha llegado a visitarme, no puedo dormirme sin su beso de las buenas noches.

- Cuando llegue, la enviaré directamente a tu habitación, ve a acostarte.

La joven saludó a Sakuno con la mano de la muñeca y entró a la habitación bailando y tarareando una bonita canción. Sintió el frío recorrer su nuca. Tenía miedo. No quería estar rodeada de esas personas.

- ¿Qué dices Sakuno? No está tan mal, ¿No es cierto?

Sakuno simplemente no habló. Claro que estaba mal, pero prefería callar. No podía estar allí ni un día, mucho menos unos meses. Era demasiado.

- Esta será tu habitación, tendrás que compartirla con Ann Tachibana, es una chica agradable, no creo que tengas problemas. Tus horarios están colgados en la pared. Que descanses.

La doctora se fue y dejó allí a una muy confundida Sakuno observando todo, asustada. Era una habitación grande con dos camas, una en cada extremo. En el medio una ventana que apuntaba directamente al patio. También había una puerta que dirigía a un baño. Una mitad toda decorada con posters y fotos, la otra totalmente blanca. De seguro era su mitad. Dejó las maletas a un lado de la cama y se recostó en ella mirando el techo.

- No está tan mal, ¿Verdad?- Sonó una voz desde otra habitación acercándose.

Sakuno instintivamente se sentó en la cama buscando la voz. Allí vio a aquella chica salir del baño con una toalla en la cabeza. Saciada su intriga, volvió a acostarse, dándole la espalda a la muchacha sin muchas ganas de hablar.

- Deberás acostumbrarte a esa pregunta, todos la harán...- Se sacó la toalla y se tiró a la cama.- No esta tan mal, ¿Cierto? No está tan mal, ¿Verdad? No es tan malo, ¿O sí?- Siguió con un tono de voz cada vez más enojado.- ¿Qué podrían saber ellos? Después de todo no son quienes están encerrados aquí por quién sabe cuánto tiempo.- Dijo ya más calmada.

Suspiró.

- ¿Nunca te dijeron que es de mala educación darle la espalda a la gente?

Sakuno volteó, después de todo, aquella chica no tenía la culpa de nada.

- ¿Por qué estás aquí?- Le preguntó Ann a Sakuno.

- No... No lo sé.- Mintió la muchacha.

- Ohh no.- Ann rió mientras se sentaba en la cama.- Si algo aprendí aquí es que todos sabemos por qué llegamos a este lugar.

- Quizás tengas razón.- La cobriza volvió a darse vuelta. Estaba cansada, solo quería dormir.

Ann la vio dormirse y, con mucho cuidado de no despertarla, se levantó a apagar las luces. También la cubrió con una manta y corrió una cortina que dividía la habitación en dos partes. Después de todo ya era algo tarde y la noche comenzaba a caer sobre la ciudad. Sakuno necesitaba descansar, Ann lo había visto en la sombra grisácea bajo los ojos de la cobriza. Se notaba que algo la perturbaba y quizás cuando dormía, ese algo desaparecía. Una vez cumplido su trabajo también se recostó y se durmió pensando en cómo ella se había sentido aquel día que llegó.

La noche pasó lenta, dándole a Sakuno el tiempo necesario para que dejara a su cuerpo descansara. Al otro día la cobriza no logró recordar más que la imagen de Ryoma en su habitación. No podía recordar si era un sueño o algo real. Así que decidió tomar un pequeño paseo entre los árboles, mientras esperaba la visita de su madre. Estuvo unos minutos allí, hasta que se encontró con un bonito puente. Era un hermoso lugar, un pequeño canal de agua cristalina lo dividía y un puente antiguo lo volvía a unir. En Japón no había muchos lugares así, casi todo era ciudad y ella nunca pensó estar en un lugar tan tranquilo y hermoso. Al llegar al puente se detuvo, comenzó a inspeccionar todo detalladamente, sin que el mínimo detalle se le escapara. Ann tenía razón, la tranquilidad y el aburrimiento la obligaban a pensar. No quería pensar. Sacudió su cabeza y volvió a encaminarse a su habitación. Había estado un rato largo y nadie había llegado. Allí se encontró con la peli anaranjada pegando una foto en la pared.

- ¿Vino?

- No.- Respondió Sakuno.- Quizás se presentó algo más importante.

- Debo irme a mi sesión de terapia, espero no te moleste quedarte sola un rato.

Sakuno sonrió triste y negó con la cabeza mientras se dirigía a su cama. La peli anaranjada se sintió mal por Sakuno, pero no podía evitar su hora de charla, así que solo se fue. La cobriza por otra parte se sintió tranquila. Al menos por unos minutos.

- Pov Sakuno -

- Hola Ryuzaki.

En ese momento mi mente se puso en blanco. Esa voz, era "su" voz. Lo único que pude hacer fue sonreír como una idiota mientras me sentaba en la cama, para verlo ahí, apoyado en el marco de la puerta con esa sonrisa arrogante que tanto amaba.

- Ryo- Ryoma- kun... ¿Qué ha- haces aquí?

Mis ojos estaban vidriosos, no podía creer que él estuviera allí. Con la manga de mi saco limpié cualquier rastro de lágrimas de mis ojos y volví a sonreír aún más que antes. Lentamente Ryoma se acercó a mí hasta quedar sentado justo a centímetros de mi rostro. Se sacó la gorra y apoyó su frente en la mía. Sentí como la piel se me erizaba ante el leve contacto y cerré los ojos. El roce de sus labios con los míos llegó más rápido de lo que me hubiera imaginado, pero también fue el momento en que todo terminó. Abrí los ojos esperando encontrarme con esos orbes color miel frente a mí, pero ya no estaban. Otra vez sentí mi corazón quebrarse y el mundo caerse justo bajo mis pies. ¿Qué fue eso? ¿Otro producto de mi imaginación?

- Fin de Pov Sakuno -

- ¡¿Por qué?!- Gritó Sakuno buscando en su bolso una fotografía.- ¡¿Por qué me haces esto?! ¡Te odio!

Los gritos invadían todo el piso y en solo unos minutos, dos enfermeras y un doctor estaban en su habitación tratando de no exaltarla más de lo que ya estaba.

- ¡Váyanse! ¡Quiero estar sola!- Volvió a gritar mientras le arrojaba al doctor con un zapato.- ¡¿Qué es lo que no entienden?! ¡Váyanse!

- Tranquila...- Dijo suavemente el doctor.- Todo estará bien...

En solo un movimiento aquel doctor corrió y tomó a Sakuno de los brazos. Una enfermera llegó tras él con una jeringa en su mano lista para ser introducida en su brazo. La muchacha estaba empezando a marearse y sentir su boca reseca, los gritos empezaron a cesar poco a poco, hasta quedar en un completo silencio. Sakuno quedó totalmente desvanecida en los brazos del doctor, quien la depositó en su cama y se llevó las dos valijas. Tendrían que revisar su equipaje y no dejar que nada peligroso se filtrara.

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El ambiente se tornaba tenso. Sakuno estaba recostada en un diván de brazos cruzados y un hombre de unos cuarenta años estaba sentado frente a ella. Tenía una chaqueta de gamuza grisácea con parches negros en los codos y unos lentes gruesos. Sakuno sonrió ante la imagen que se formaba en su mente, era similar a muchas películas que había visto sobre adolescentes conflictivas. Cliché. Otra vez rió y el joven doctor la miraba perplejo.

- Tus ataques siguen empeorando Sakuno... No puedo ayudarte si no me dejas.

La muchacha lo miró. No le estaba diciendo nada que no supiera.

- No quiero hablar con usted...- Respondió sin poder mirarlo a los ojos.

- Todo lo que digas aquí, es confidencial, nadie sabrá nada.

Sakuno miró el reloj que se hallaba sobre la cabeza del doctor.

- No quiero hablar de mis cosas con un extraño, ya pasaron tres meses desde que estoy aquí... Creí... Creí que me entendería.- Dijo Sakuno mientras se levantaba del diván.

El golpe de la puerta al cerrarse fue fuerte. Afuera de la oficina se encontraba Ann esperando su turno.

- ¿Cómo te fue con él?- Preguntó.

- Igual que siempre. ¿Tienes sesión ahora?

- Sí, la doctora Naomi dijo que quizás me den el alta.- Dijo Ann con una gran sonrisa.

- Me alegro por ti.- Respondió Sakuno con una falsa sonrisa.

La expresión de Ann cambió drásticamente cuando vio a la anciana mujer peli roja acercarse. Rápido dirigió una mirada de advertencia a Sakuno quién no era capaz de entender lo que pasaba.

- Sakuno Ryuzaki, tu madre llegó y necesito verlas a ambas juntas en mi oficina.- Dijo con un tono de voz realmente duro.

- Pero no quiero verla.- Dijo a la vez que se volteaba.

- Ahora.- Volvió a decir seca.

Ambas fueron a la oficina de la doctora. Sakuno estaba realmente furiosa con su madre, no quería verla ni hablarle y mucho menos en ese momento que sabía que lo que la doctora Naomi diría no iba a ser nada bueno. Entraron a la oficina y cada una tomó asiento. Sakuno miraba hacia otro lado. La doctora no tenía más que una fuerte expresión de dureza. Por último la señora Ryuzaki estaba tensa, era la única en la habitación que no se esperaba la charla que tendrían a continuación.

- Siéntese por favor.

- ¿Qué sucede doctora?- Dijo con real preocupación.

- No le tengo buenas noticias.- Respondió la doctora a lo que Sakuno volteó los ojos y se cruzó de brazos.- Sakuno no solo no está avanzando, está empeorando.

- ¿Có- Cómo? ¿Por qué empeora?

- Porque quiere, se niega a hablar con los diferentes psiquiatras del hospital, no quiere comer y se la pasa en su habitación.

La madre de Sakuno se tapó la boca con la mano y miró a la doctora, luego otra vez a su hija.

- ¿Por qué lo haces?- Dijo en modo de respuesta la mayor de las Ryuzaki.

- Solo no quiero estar aquí.- Dijo y miró hacia la doctora.- ¿Sabía que Mikomi le roba medicina a la enfermera y por eso está todo el día alucinando? ¿Que el señor del piso de arriba se pasa toda la noche caminando por los pasillos?

- ¿Es cierto?- Preguntó Sakura, realmente asustada.

- Claro que no es cierto.- Respondió furiosa la doctora.- Los pacientes tienen libertad, pero no de ese tipo.

- ¿Por qué no viniste a visitarme? Llevo más de tres meses aquí.- Bramó Sakuno con desprecio.- Estoy cansada de doctores... De inyecciones... De pastillas... Revisaron mi equipaje, me sacaron mis cosas.- Sakuno comenzó a enumerar a su madre.

- Todo lo que hacemos aquí es por tu bien Sakuno.- Trató de decir en tono comprensivo la doctora.

- ¿Por mi bien? Paso todo el día sedada o tomando anti depresivos, yo no quiero vivir así.

- Estás diagnosticada con esquizofrenia, depresión y trastornos de ansiedad. No es algo que se tome a la ligera. Toda medicación que tomes está estudiada por los mejores doctores, ellos saben lo que hacen.

Lo único que Sakuno hizo fue levantarse de la silla y llegar a la puerta. Allí se dio la vuelta para mirar a su madre.

- Adiós mamá.- Dijo con una extraña mueca a la que nadie podría llamar sonrisa.

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Sakuno sentía que estaba en una cápsula de tiempo, suspendida. Pero el mundo giraba, aun cuando ella ya no era parte de él. Ann había sido dada de alta, su trastorno de bipolaridad se había desvanecido al punto de ya no mostrar rastros. La madre de Sakuno había fallecido, o más bien, no había soportado con el peso de la muerte de su marido en aquel accidente y con el hecho de que su única hija estaba en un hospital psiquiátrico. Esto no sorprendió a la adolescente, que había quedado a cargo de su abuela. Por lo demás todo estaba igual, ya habían pasado siete meses y Sakuno no mostraba señales de mejora. Su cumpleaños estaba más cerca solo cuatro meses para sus diecisiete.

- No tendrías que estar aquí.- Dijo una voz al tiempo que se apoyaba en el barandal del puente junto a Sakuno.- Van a regañarte.

- ¿Y dónde tendría que estar?- Le preguntó.

- No lo sé, quizás en tu habitación, cumpliendo lo que dice tu horario, terapia, no lo sé.

- No es tu problema.- Respondió y lo miró directamente a los ojos.

Sus ojos la impactaron, eran color verde. Pero no por eso, sino por el hecho de que le parecían familiares. Él también se sintió maravillado por sus orbes color rubí. A pesar de la actitud firme de la chica, ellos mostraban miedo, las ganas que la chica tenía de salir corriendo.

- Adiós.

Dicho esto Sakuno dio un último vistazo al paisaje y empezó a caminar hacia su habitación. El chico negó con la cabeza y la alcanzó trotando.

- ¿A dónde vas?

- No querías que vaya a mi habitación, bueno es lo que hago.- Respondió la chica.

- Podrías decirme tu nombre.- Dijo el peli negro.

- Podría...- Exclamó a modo de respuesta.- Pero no quiero.

- ¿Por qué me tratas así? Solo quiero ser bueno contigo.

- No me gusta la gente entrometida, y no es necesario que seas bueno conmigo.- Dijo y aceleró el paso.- No creas que no sé quién eres.

- Uhmm... Y, ¿Quién soy?- Preguntó asombrado por su memoria.

- Deberías irte, no creo que sea bueno que te acerques a chicas "locas", aunque a ti no te importe.

La cobriza era seguida de cerca por el peli negro, quien la obligaba a apurar más el paso.

- Lo lamento, no quise ofenderte.

- Pues lo hiciste. ¿Puedes dejar de seguirme?- Empezó a decir irritada.

Caminaban uno tras otro, pasando por muchas habitaciones, hasta que la puerta de la habitación los frenó.

- ¿Qué haces aquí? Vete.- Lo echó mientras entraba a su habitación.

- Quizás esto no te guste demasiado pero...- Ryou dudó en decírselo.

- Dilo de una vez.- Expresó con fuego en su mirada.

- Tú eres una paciente... especial.- Dijo remarcando la última palabra.- Yo estoy estudiando psicología alternativa y tengo mi pasantía en este hospital.

Sakuno cerró los ojos y se golpeó cabeza con la mano. No podía creerlo.

- Ohh dios, dime que no es cierto...- Rogó.

- Ryou Mora, para servirte.- El pelinegro no la dejó terminar de hablar.- Seré tu nuevo psicólogo.

- ¿O sea que vas a volverme loca del todo?

- Se supone que si estás aquí ya estás loca del todo.- Agregó insolentemente mientras se sentaba en la cama desocupada.

Sakuno simplemente se recostó en su cama mirando hacia arriba. No sabía que pensar, que decir o que hacer. Quería estar en su casa, o al menos, en un lugar familiar, que sintiera como su casa. Extrañaba a Ryoga. No solo Ryoma se había ido, sino toda la familia. No tenía forma de contactarse. Los Hechizen habían desaparecido del mapa y a ella le habían quitado su celular antes de llegar al hospital.

Ryou la miraba atraído, quería saber más de aquella misteriosa chica. Solo sabía su nombre, y ni siquiera era ella quién se lo dijo. El muchacho se acercó a la ventana. Entendía que no era fácil estar en esa situación. Su padre era el director de aquel hospital, también lo había metido a él, para poder ocuparse de otros niños, pero sobre todo para ayudar a los casos especiales. Aun así, Ryou era un chico alegre y positivo, entendía que eran las responsabilidades de su padre y que él no podía hacer nada más que ayudarlo.

- Lo lamento...- Dijo la cobriza.- Estoy algo aturdida.

- Descuida.

Ambos se quedaron en silencio pero la cobriza se moría de la culpa. Aquel chico había querido ayudarla y ella lo había tratado como basura, aunque la llamara loca.

- No es por ti, solo estoy cansada de estar aquí.

Ryou lanzó una risa muda, más parecida a un suspiro que a otra cosa. Sakuno se levantó de la cama y se paró para mirar por la ventana.

- ¿Hace cuánto estás aquí?

- Seis o siete meses...- Risa triste.- Creo que perdí la cuenta.

- Yo puedo ayudarte a salir de aquí, pero necesito que me dejes ayudarte.- Dijo mientras dejaba la guitarra en la cama.- Enseño música a los más pequeños, ¿Quieres acompañarme?

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Era la hora gris en Japón, Sakuno la contemplaba desde la ventana... Estaba sola. Que feo se sentía. El otoño había llegado y ya estaba por terminar para darle inicio al invierno, todos los árboles del hermoso jardín zen, estaban ya sin sus hojas. Menos uno. Uno que se encontraba en los límites del internado. A lo lejos, Sakuno lo contemplaba maravillada. Durante todo el año, mostraba hojas verdes, pero en invierno las hojas se volvían de un tono rojizo. Era un árbol chino de fuego. El único del lugar. Realmente hermoso. El sol amenazaba con desaparecer del todo y la primera estrella había aparecido en el cielo.

- Pide un deseo.- Escuchó detrás de ella.

- Hola...- Dijo después de voltearse y saludarlo con un beso en la mejilla.- ¿Crees en eso?- Preguntó al peli negro.

- Es mejor que no creer en nada...- Expresó el chico sonriendo.

- Tienes razón.- Respondió de igual forma.- ¿Vinieron a visitarte?

- No, parece que mi padre se olvidó de mí... Otra vez.- Rió.- ¿Y tus padres?

- Mi padre falleció en un accidente de automóviles y mi madre...- Hizo una pausa.- No lo soportó.

- Lo lamento.

- No te preocupes Ryou, aunque estuvieran con vida no hubieran venido.

Más estrellas inundaban el cielo. Sakuno y Ryou casi no se conocían, pero solo con una mirada eran capaces de entender cualquier cosa. El silencio nunca era incómodo entre ellos.

- Te oí cantar.- Comentó Ryou riendo.

- Yo te oí tocar y cantar.- Respondió igual Sakuno.- Dilo. ¿Qué haces aquí?

Por un segundo a Sakuno no le importó si era un doctor, un loco o un chico normal.

- Debo ir a ver a una pequeña paciente, ¿Qué dices?

- ¿Cuándo te he dicho que no?- Sakuno miró al azabache.- Vamos.

Ryou la miró embobado. Cada día le gustaba más esa chica. Quería ayudarla, ser su amigo, habían pasado tres meses desde que la conocía y ya no podía separarse de ella.

Empezaron a caminar hasta llegar al último piso, el ala infantil. Lo primero que se oyeron fueron las pequeñas risas ante el gracioso acto de los payasos. Al llegar a la oficina de recepción del último piso una enfermera los recibió con una sonrisa y una nariz de plástico para cada uno.

Después de ponérselas fueron a la última habitación del pasillo. Allí una pequeña niña de seis años estaba acostada en su cama esperando ansiosa.

- Hola Tsuki, quiero presentarte a alguien.- Dijo y tomó de la mano a la cobriza para acercarla a ella.- Ella es Sakuno.

- ¿También es doctora?- Dijo mientras se sentaba en la cama.

- No, ella es una paciente, como tú.

Sakuno miró a Ryou con una sonrisa. Algo raro le estaba pasando, algo en su estómago se revolvía y la obligaba a sonreír. En el primer momento que consiguió quedarse a solas con Ryou le confesó lo que le había dicho la doctora Naomi esa mañana.

- Mañana me dan de alta...

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Tras salir del hospital la cobriza quiso atar todos los cabos sueltos de su vida y dejar a la antigua Sakuno en el pasado. Cambió su nombre al de Tsuki Mora, en honor a la bonita niña del hospital. No quería dejar rastros de su vida. No quería contacto con nadie. No quería que nadie la encontrara. No quería nada más que no fuera un nuevo comienzo.

Continuará...

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¿Qué les ha parecido? Me costó mucho encontrar un Oc ideal, personalmente detesto las historias en las que los oc's son perfectos. Ryou es algo especial, un chico carismático, bueno, amable, lo que cualquier chica diría "el chico de sus sueños", pero con el tiempo los defectos comienzan a notarse... No voy a spoilearle la historia, añado que la última parte fue una especie de resumen del próximo capítulo, así que dicho esto me despido. Saben que cualquier review es bienvenido y les pido por favor que si creen que pueda mejorar en algo me lo digan, estaré gustosa de recibir su ayuda y apoyo. Empezaré a publicar todos los sábados. Nos leemos luego...

Kou Ghost Writer