CAPITULO 1

2 meses antes…

El calendario por fin marcaba primero de septiembre, y no deseaba otra cosa más en el mundo que llegara ese día, odiaba Hogwarts de eso no había duda, pero no soportaba estar ni un minuto más en Malfoy Manor, sino fuera porque dejaría a su Madre sola en esa casa llena de mortífagos.

Se había levantado de su cama con un dolor de cabeza inmenso, así que decidió ir al cuarto de baño con la intención de tomar una buena ducha. Al cabo de unos minutos se secó, eligió algo de ropa y se vistió.

Con un bufido se acercó hacia el baúl que se encontraba a un costado de su cama para terminar de ordenarlo, agradeciéndose a sí mismo por haber organizado la mayor parte la noche anterior.

Una vez que hubo terminado, comenzó a impacientarse al saber que iba retrasado. Él era Draco Malfoy, él nunca llegaba tarde a ninguna parte, él era tan perfeccionista y tan magníficamente impecable como ella, y sin poder evitarlo la recordó, sabía que en menos de una hora la vería de nuevo, después los dos más largos y tediosos años de su vida.

Fue inevitable memorar los recuerdos del día en que la vio por primera vez. Esos momentos se habían quedado grabados en su memoria casi como un tatuaje que nunca podría borrarse.

Era el primer día para ellos en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, él había llegado a las 10:00 diez de la mañana a la plataforma 9 y ¾, se despidió de sus padres y entró al vagón con el fin de encontrar un compartimiento vacío, después de pasar por varios de ellos encontró uno solo y entro en él, tomo el asiento que se encontraba justo de lado de la ventana con la finalidad de observar los paisajes durante todo el trayecto, observó hacia la plataforma para ver si sus padres por fin se habían marchado, y entonces la vio a ella, estaba sonriendo felizmente despidiéndose de un hombre y una mujer que probablemente serían sus padres, abrazo primero a la mujer quien en esos momentos lloraba de la emoción, y luego al hombre quien le devolvió el gesto con un beso en la frente, finalmente les dedico una hermosa sonrisa a ambos y se dirigió al tren. Trató de seguirla con sus ojos cuando un ruido lo hizo voltear, eran Theodore Nott y Blaise Zabini entrando al compartimento, ellos eran hijos de sangre pura cuyos padres eran amigos exmortifagos de su padre Lucius Malfoy.

Increíblemente la primera vez que habló con ella fue ese mismo día durante el viaje a Hogwarts, ella llegó a su compartimiento de manera estrepitosa preguntando si de casualidad habían visto a un sapo llamado Trevor, puesto que un niño llamado Neville lo había perdido. Él seguido de sus compañeros negaron con la cabeza, y antes de salir Draco le pregunto su nombre.

Soltó una sonrisa ladeada al recordar como sus ojos color avellana se habían abierto un poco más de lo normal y sus mejillas se habían ruborizado ante su pregunta, respondiéndole con un leve susurro que apenas había alcanzado a oír.

¡Sí!, acababa de acordarse de la perfecta e insufrible sabelotodo Hermione Jean Granger, de la cual estaba jodidamente enamorado; y como no estarlo si ella era una sangre pura, única hija de los Señores Granger, quienes se dedicaban a trabajar con cargos de alto rango en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional del Ministerio.

Pero para su mala fortuna Hermione Granger no había sido criada bajo la ideología de la pureza de la sangre, y por lo tanto le gustaba relacionarse con todos aquellos hijos nacidos de muggles, y mestizos. En cambio, la educación que había tenido Draco Malfoy durante su infancia era totalmente distinta a la de ella, había crecido odiando a los hijos de muggles y mestizos, inclusive a los traidores a la sangre como lo era ella, ir en contra de dichas creencias traería como consecuencia el ser desheredado de la enorme fortuna que sería suya al cumplir los dieciocho año.

A la mierda la fortuna-pensó.

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Se sentía como aquella ocasión en la que recibió por primera vez su carta de Hogwarts, al repasar la lista de libros que llevaría en su Séptimo y último año de preparación básica.

Las vacaciones le habían sentado muy bien luego de su intercambio académico el cual había durado dos años en la Academia Mágica de Beauxbatons, ubicada al sur de Francia. El Palacio de Beauxbatons tenía más de setecientos años de antigüedad, y era un hermoso castillo rodeado de majestuosos jardines con una enorme fuente ubicada en el centro del parque de la escuela, de la cual se rumoraba que tenía poderes curativos y embellecedores. Rodó los ojos solo de recodar que la fuente siempre se encontraba repleta de estudiantes que pretendían embellecerse, así que su único lugar favorito en aquel lugar era la biblioteca.

Agradeció a Merlín que hubiere llegado su último día en aquella escuela, y deseaba tanto regresar a Hogwarts, anhelaba ver de nuevo a sus mejores amigos Harry Potter y Ron Weasley, y no era para menos, había pasado dos largos años en otra escuela a miles de kilómetros de Londres.

Había terminado de empacar su equipaje desde hace una semana, soltó una risa al imaginarse a Harry y Ron batallando con los suyos por arreglarlos a última hora. Tomó su varita de la cama, y con ella apuntó hacia el baúl que se encontraba descansando en el piso, pronunció un "Wingardium Leviosa" y lo hizo volar hasta el recibidor.

La Señora Granger se encontraba en la cocina terminando hacer las galletas favoritas de Hermione para el camino, y el Señor Granger estaba sentado en la Biblioteca leyendo la primera plana del Profeta.

"Desaparecen misteriosamente dos familias de Muggles durante las vacaciones de verano"

Hermione reconoció el olor que salía de la cocina y se dirigió hasta ahí.

–Mamá no puedo resistir la tentación, tengo que comer una galleta ahora o moriré- le dijo Hermione poniendo cara de puchero.

–Cariño es hora de partir– le respondió la Señora Granger –ya tendrás tiempo de sobra para comer cuando vayas camino a Hogwarts.– (Como era costumbre cada año los Padres de Granger la acompañaban a la estación King Cross, con excepción de los últimos dos).

–Está bien tu ganas – señaló Hermione depositando un beso en la mejilla de su Madre, – pero vámonos ya, no quiero perder el tren.

–Hermione Jean Granger, por el amor de Merlín aún falta una hora para eso, mientras ve a por tu Padre que desde temprano ha estado en la biblioteca – contestó su Madre mientras guardaba las galletas en una pequeña bolsa.

Hermione llamó a la puerta de la gran biblioteca que se encontraba abierta.

–Pasé-asintió el Señor Granger dejando sobre la mesa la edición matutina del Profeta.

–Papá ya estoy lista, debemos irnos ahora o perderé el Tren– dijó Hermione frunciendo el ceño.

–Está bien hija, tranquilízate, aún falta una hora para que el tren parta, en unos momentos estaré con ustedes- respondió su Padre esbozando una sonrisa.

–Bien, pero no tardes por favor–señaló Hermione depositando un beso en su mejilla al igual que con su Madre.

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- Draco cariño estás listo? - preguntó su Madre tocando la puerta antes de entrar –tenemos que irnos ahora si quieres llegar a tiempo - añadió buscando la mirada de él.

- Ahora bajo Madre - respondió evadiendo su mirada en un intento de que sus palabras sonaran sinceras. -Podrías por favor esperarme en el recibidor, en un momento te alcanzo. –

Una vez que Narcissa abandonó la habitación, Draco se dispuso a cerrar su baúl no sin antes meter en él una cajita de cuero negro, tomó la varita que se encontraba en su cama y convocó un encantamiento levitatorio para dirigir su equipaje hacia la salida.

Bajó las escaleras a pasos agrandados y vio que su Madre lo esperaba en el recibidor, la cual al sentir su presencia se giró para mirarlo, dedicándole una sonrisa le extendió su mano la cual sujetaba una insignia que él conocía muy bien, era la insignia de Premio Anual.

–Felicidades cariño, haz sido elegido como Premio Anual este año– le dijo Narcissa besándole una de sus pálidas mejillas.

Después de darle a Draco unos segundos para procesar lo ocurrido, lo tomó del brazo y entonces él supo que había llegado el momento de aparecerse en la Estación King Cross.

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NOTAS.

Esta historia se desarrolla a partir del séptimo, aquí si existe Voldemort pero aún no se desarrolla la Segunda Guerra Mágica. Hermione Granger es una bruja de sangre pura, pero considerada "traidora a la sangre" por relacionarse con hijos nacidos de muggles, mestizos y otros de su misma clase. Además dada su gran capacidad académica tuvo el privilegio de irse a estudiar de intercambio a la Academia de Beauxbatons a partir del quinto año de Hogwarts, regresando para el último año.