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La torre de Gryffindor ya estaba repleta de fuegos y bengalas cuando Sirius carraspeó la contraseña y penetró bruscamente al salón con sus cajas de dulces robados. Desaparecieron inmediatamente gracias a sus excitados compañeros, y estaba demasiado furioso para preocuparse de que ni siquiera se iba a beneficiar de su maldito asalto a la cocina; pasteles y tartas circulaban a la velocidad de la luz y las cajas eran dejadas vacías a sus pies.

"¡Tres hurras por Gryffindor!" alguien de cuarto año gritó desde las escalera, batiendo dos cervezas de manteca y levantándolas abiertas, seguro de los resultados. Su tibio y espumoso contenido se regó sobre el alegre y ruidoso equipo de jugadores de la casa; James echó atrás su negra cabeza con una sonrisa victoriosa, e intentó agarrar un poco de ésta con su boca.

"¿Y que hay de tres hurras por nuestro Buscador? Les presento al señor – James – ¡POTTER!" Peter se paró en el alféizar, lanzando todo un nuevo set de bengalas mientras gritaba, enviando estrellas doradas y escarlata a rebotar desde las piedras a los tapices y a los trajes de Quidditch, iluminando los fulgurantes rostros y la – modesta – sonrisa de James.

Pero Sirius estaba inquieto. Demasiado inquieto, helado, de su encuentro con Snape, para abrir su boca y gritar con los demás. Tenía un mal presentimiento que, desde que había abierto su boca, algo terrible había escapado. Alejó aquel pensamiento lo más que pudo e intentó concentrarse absolutamente en Peter, preguntándose en qué momento se había vuelto tan fanático de la copa de Quidditch cuando ni siquiera se había aparecido a ninguno de los partidos.

Tiró a un lado los paquetes vacíos de bengalas, y encontró su mirada. Sirius intentó poner su acostumbrada sonrisa pero aparentemente no era muy convencedora; Peter saltó del alféizar y fue hacia él.

"¿Qué te pasa?" dijo éste. 

"¿Por qué?" preguntó Sirius, esforzándose por sonar normal. Era la noche de Gryffindor – la noche de James – y no iba a dejar que el asqueroso saco de huesos de Snape se la arruinara.

Peter cruzó sus brazos. "Porque no estás comiendo, no has gritado ni una vez, y te vez si como alguien hubiera orinado en tu cerveza."

Sirius carraspeó "Sólo que," murmuró "la peste de Slytherin—"pero se encontró rápidamente escapando de otra lluvia de espuma." Maldición. En fin, celebremos."

Pero Peter plantó sus pies firmemente en el suelo y apretó más sus brazos cruzados, la postura que siempre tomaba cuando se decidía a o-me-dice-o-te-obligo."¿Qué pasó con Snape?" demandó.

"¿Snape?" la sonrisa de James tan eléctrica como cualquier cosa que hubieran aprendido en estudios Muggles. Era como si hubiera agarrado la Snitch dos segundos antes; la fiesta se había metido completamente en su cabeza. Pasó un brazo alrededor de los hombros de Sirius, prácticamente pavoneándose. "Los vencimos" se golpeó el pecho con su mano libre y luego se inclinó ligeramente y bajó su voz, "No puedo esperar por ver a lunático" susurró antes de dejarse arrastrar por un par de excitados Cazadores para una  'recapitulación'. 

Peter le observó alejarse, y luego miró a Sirius, y su boca formó una 'O' de entendimiento. "Vamos donde Remus esta noche," dijo casi murmurando. "Lo había olvidado."

Sirius miró sobre su hombro, hacia la ventana de la torre, hacia la oscura masa de ramas retorciéndose que era el Sauce Boxeador.

 Espera, no se están retorciendo realmente, Snape no va a ir… no. No, todo está bien. Pura imaginación – Snape nunca lo haría. Nunca. No tiene las agallas para eso.

"No te preocupes," continuó Peter. "Si es por eso que estás preocupado, no podemos ir hasta dos horas más, en todo caso –Lunático me dijo que si nos empeñábamos en dejar la fiesta muy temprano nos iba a morder a todos y a ti más fuerte."

Sirius rió débilmente. Remus estuvo siempre tan seguro de que Gryffindor ganaría. "Dos horas, bien." Finalmente dijo, y esta vez Peter pareció satisfecho.

"Vamos a estar apretando ese nudo en cualquier momento," dijo con una sonrisa y se apresuró hacia un pastel abandonado. Los ojos de Sirius cayeron nuevamente en el Sauce hasta que alguien le empujó con el codo.

"¿Qué pasó con Snape?" James volvió, y lo llevó a una oscura esquina cerca de la escalera de los chicos. "Perdona que no haya preguntado antes, tuve que ir donde Lily un segundo – ¿pero qué hizo esa mierda esta vez?"

"¿Quién, Lily?" dijo Sirius, buscando una distracción sarcástica.

"Ja." James paró el puñetazo justo en frente de la nariz de Sirius. "No me hagas hacerte pedazos. ¿Qué pasó?"

"Mas tarde. No, o sea, te va a arruinar tu noche."

"Mira, si es así de malo, mejor saberlo ahora." La sonrisa de James era amena y su postura simple, pero a diferencia de Peter, no se movía sin antes una verdadera respuesta.

Sirius suspiró. "Está bien. Pero no digas que no te lo advertí. Prepárate." Y seria pero lealmente repitió su conversación con Snape, observando cómo James perdía color y sus ojos tomaban un enfermizo y aterrorizado brillo de pánico.

"Él – ¿tu crees que sabe?" finalmente murmuró, dejando su mano estancada en su cabello.

Sirius ignoró la pregunta y continuó. "Y luego dije que lo mataría."

"Bien."

"y luego él dijo, no lo hagas aquí y ensucies el suelo, por qué no vamos al Sauce Boxeador, y así Lupin pueda pelear sus propias batallas."

"No. – Eso -" Sirius puso su otra mano en su cabeza y lo empezó a tirar sin piedad. "Él sabe. Él en verdad sabe, Sirius."

"Lo sé. ¿Qué...?"

"¡No lo sé!" el pánico de James desapareció. "¿Va a ir donde Dumbledore? Él de nuestro – y que nosotros – MALDICIÓN. ¡Le sirve tal si como nosotros lo hubiéramos enviado allá abajo a luchar contra Lunático! Increíble – asqueroso – entrometido – hijo de –"

Sirius resopló. "Bien, perfecto, me allegro que eso pienses, porque eso es lo que acabo de hacer."

James abrió sus ojos. "¿Q-qué?"

"Le dije que si estaba tan interesado en todo eso, que apretara el nudo del sauce y viera."

Las manos de James salieron de su cabeza y temblaron amenazadoramente ante él; por un segundo Sirius pensó que James lo estrangularía.

"Estas bromeando, seguro," rió secamente James."No le dijiste cómo-"

"Lo hice, y como dices, le sirve perfectamente al bastardo."

James ya no escuchaba; empujó violentamente a Sirius y sacó su varita.

"No significa que haya ido," protestó Sirius en voz alta, siguiéndolo hasta el retrato de la Dama Gorda. "Sabe lo de Remus, sería suicida."

 Giró furioso y sus ojos observaron lo que quedaba de la celebración antes de hablar. "¿Qué hay si quiere probarlo? Qué hay si llevó a más gente, o si –"

"Vamos, cuándo ese murciélago añejo a creído algo que yo haya dicho—"

Pero James agarró asesinamente su camisa, silenciándolo. "Ruega estar en lo cierto, por que si no, probablemente Snape está muerto ahora, y si lo está, es porque Remus lo mató."

De pronto sintió Nauseas, y se quedó modulando sin sonido detrás del retrato de la Señora Gorda mientras James corría ya por los pasillo, sin mirar atrás.

"¿A dónde va?" preguntó Peter, tirando de su brazo. "¿Más pasteles?" preguntó esperanzado.

"No, no más pasteles." Gruñó, empujando a Peter y dando largos pasos hacia las escaleras de los dormitorios. Snape no iría allá abajo, no lo haría. Tomó su cobarde trasero directamente a las mazmorras y está ahí sentado merodeando sobre una sucia poción oscura. No está en ese túnel.

No está en ese túnel.

Dios, será mejor que no esté ahí, ese embustero, tramposo, grasiento, Slytherin –

 "Oye." Lily le bloqueó el paso a las escaleras y rió. "¿Sabes dónde está James? No lo puedo encontrar, y no pienso en revisar el sexto piso de los chicos de nuevo. Ese es su trabajo."

Sirius no pudo pensar en una mentira lo suficientemente rápido, y cayó en cuenta que se debía ver lindamente confuso al ver la preocupada expresión que se formaba en el rostro de Lily.

"¿Sirius? ¿Anda algo mal? ¿Dónde está?

"En ningún lugar."

Puso su mano sobre su abdomen. "¿Y dónde, precisamente, podría estar eso localizado?"

¿Puedes decirle a Snape, pero no puedes decirle a ella? Y no puedes decirle. Y no deberías haberle dicho a nadie.

"No lo sé. Mira, voy a revisar nuestra habitación y ver si está ahí arriba," dijo, tratando de echar su creciente ansiedad. James estaría de vuelta en un segundo, orinado pero satisfecho. Porque Snape no estaba en el túnel.

Lily entrecerró sus ojos. "Bien, donde sea que esté, dile que no me agrada nada hacer sus taras de prefecto, no me importa cuántas Snitchs haya agarrado."

"Está bien."

Se corrió y Sirius subió a su habitación, donde se dejó caer de cara a su cama y sintió su tibio aliento contra las almohadas. "No" murmuró. "¿qué demonios estaba pensando? ¿Qué? ¿Por qué? Mierda." Siguió en esta vena por un buen rato, sin poder creerle a su idiotez. Hubiere o no Snape seguido sus instrucciones – y no lo había hecho, se recordó rápidamente – ahora sabía dónde Remus se transformaba. Obviamente, sabía de antes, ¿o no? Pero sabía bajo la sombra de la duda, y había sido Sirius quien se lo había confirmado – Sirius quien le había revelado la entrada. Nunca más serían libres de usar aquel pasaje. Y si no lo podían usar, no podrían ver a Lunático cada mes – Lunático, quien los necesitaba mucho más de lo que Sirius había necesitado saciar su enojo sólo por la satisfacción de poner a Snape en peligro.  

No que él estuviere en peligro.

"¿Sirius?"

Era Peter. Sirius permaneció quieto.

"Lily me mandó aquí, dice que estás escondiendo a James." No hubo respuesta. "¿Tiene que ver con Remus?" dio unos pasos en el silencio. "¿es… de lo que sea que pasó con Snape?

Sirius se revolcó en su cama y miró desesperado a Peter.

"tenía que preguntártelo," dijo Peter, metiendo sus manos en sus bolsillos, con una mirada determinante en su rostro. "Sólo dilo, no puede ser tan malo."

Lentamente, y desde muy lejos, Sirius se escuchó a si mismo relatándole  la historia, mientras sus ojos se hacían más grandes y redondos con cada palabra.

"¡Bueno, vamos, tenemos que ir allá abajo!" Peter ya estaba medio camino hacia la puerta

 "No," vociferó. "James estará de vuelta en un segundo, estoy seguro que Snape—"

"¡Yo creo que Snape SI va a bajar!" exclamó Peter. "James no ha vuelto, y – ¡espera! ¿No has revisado el mapa para ver?"

Sirius se paró de golpe. El mapa. Esta justamente en su bolsillo – lo había estado, toda la noche. Palpó sus bolsillos, sacándolo y desenrollándolo con dedos temblorosos. Aun estaba activo de antes, y buscó por el borde donde el pequeño Sauce estaba puesto.

"No. No. NO."

Pero ahí estaban. Dos puntos, lado a lado, dos etiquetas inconfundibles. James Potter. Severus Snape.

"Travesura realizada," dijo casi sin aire. Estaba de pie, quitándose la túnica y dejándola junto al mapa en la cama, empujando a Peter y corriendo hacia la salida. No importaba qué tan mal estaba, no había nada más que hacer que ir – ahora – antes que nada malo le pasara a James. A Lunático. Estuvo abajo en segundos, maldiciéndose por no haber revisado el mapa antes, ignorando las desesperadas miradas de Lily, quien en su cara mostraba una expresión verdaderamente alarmada con su repentina aparición; rápidamente salió del grupo de chicas en el otro lado del salón.

"quédate aquí" Sirius le ordenó a Peter, quien estaba a su lado de nuevo, pero Peter lo agarro de los hombros, sin dejarle irse.

"¿Quién va a tocar el nudo si me quedo?" dijo.

Sirius gruñó bajo su respiración y de un golpe abrió el hoyo del retrato, y sus dos pares de pies volaron siete escaleras abajo. Peter corrió hacia el hall de entrada, pero Sirius lo agarró por la espalda.

"¡Nos van a atrapar idiota!" siseó, y lo arrastró hacia otra puerta, una sólo usada por los cuatro Merodeadores cuando andaban en misiones de más secretas. Los llevaba fuera en el lado más alejado del Gran Salón, donde Filch nunca se le ocurriría meter su maldita lámpara, y juntos se perdieron en los patios de Hogwarts.

"¡Apúrate, maldición!

"Eso intento," jadeó Peter. "¿Estaba Remus – en el túnel con –?"

"¡No! ¡No camines, corre!

"Sirius – que te hizo – contarle a Snape – todo sobre – "

"Ya te conté toda la historia, ¡apresúrate!"

"No, me refiero – cómo pudiste – contarle --?"

Sirius giró en sus talones, parando a un increíblemente alarmado Peter. "Cállate" dijo ronco. "Sólo cállate." Y luego se giró y corrió sin detenerse el resto del camino hacia el Sauce Boxeador, sin importarle si Peter seguía tras él. Sentía que era más que un objetivo para las agresivas ramas de lo desesperado que estaba por alcanzar el nudo. Mientras el árbol comenzaba a despertar, batiendo ligeramente sus ramas y luego algo más peligrosamente, Sirius se concentró en una sola cosa.

Sus músculos se contrajeron. Sintió cómo sus huesos se compactaban y su corazón latía cada vez más rápido; sintió cabello aparecer en cada uno de sus poros y se arrodilló, dejando sus manos en el césped mientras eran todavía manos. En cosa de segundos, sus dedos eran reemplazados por otro más pequeños y gordos, terminados en unas fuertes garras cubiertos de una tibia piel. Su lengua yacía lacia en su boca mientras traspiraba de miedo. Sus complicados pensamientos humanos ya no estaban; los instintos de hocicos eran más toscos, menos complejos. Ya no había mapa, culpa, varita, ni duda. Sólo estaban Cornamenta y Lunático, y la barrera entre si y ellos. Se lanzó en busca del nudo.

Hubo un desagradable chillido, y Sirius vio un grueso rayo gris correr por los pastos hacia la base del tronco. Se retrajo para evadir una masiva y furiosa rama, que rozó su espalda como un doloroso latigazo, haciéndole gemir.

Y de pronto el árbol se quedó quieto. Colagusano había terminado su trabajo. Habían entrado. Hocicos saltó dentro, yendo la cabeza primero dentro del túnel. Cayó mal, resbalando en pequeñas rocas y polvo, y brincando descontrolado hasta el final de la escalera de tierra húmeda, donde quedó exhausto y jadeando.

Nadie estaba ahí

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