Hola! Bueno como dije en el otro fic de Naruto aun que solo tenga un Review seguiré subiendo... así que gracias hermana por tu comentario. Aquí te dejo el primer capitulo, me alegra saber que te gustó. Aquí Naruto aún es un niño muy pequeño, pero ya se van destapando algunas cosas...Nos vemos pronto en el segundo capitulo. Kiss. Desam.


Historia registada en Safe Creative. No al plagio.


Sin ti: Sus ojos azules observaban a la gente. Una vez más estaba solo. Una vez más aquel columpio era su único compañero ¿Que había hecho para estar en aquella situación? Naruto jamás entendería el porque. Sin embargo, nunca perdería su sonrisa.


Disclaymer: La historia original de este fic es mio. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, el gran creador del manga de Naruto. Otros personajes son de invención mía, así como lugares, armas y otras cosas.


1.Lágrimas.

Sarutobi estaba sentado ante los cuerpos de Minato y Kushina. Las lágrimas caían sin cesar, por sus rojas mejillas. Aquello era un desastre ¿Que iba a hacer ahora con el niño? Negó una vez más antes de levantarse y acariciar la roja cabellera de Kushina Uzumaki. Instantes después, se giró y miró al más grande de los hombres, al más grande ninja, al mejor y más fuerte Hokage que jamás tendría de nuevo el país del fuego.

-Minato.- Susurró el anciano mientras miraba la sonrisa que aún permanecía en el rostro del Yondaime.- Cuidaré de Naruto e intentaré darle aquello que necesite. Prometo que será un buen ninja.

Tras aquellas palabras, se despidió de aquellos jovenes que habían dado la vida por la villa y salió de la sala para dejar que preparasen el funeral. Dos horas después, los ninjas de la villa estaban vestidos de negro diciendole el último adiós a aquella joven pareja.

El corazón de Sarutobi se detubo en aquel mismo instante que los nombres de aquellos dos ninjas, fueron grabados en la piedra. Cada vez que un ninja moría en servicio de honor, su nombre era grabado en memoria de aquellos que luchaban por la villa de Konoha y el país del fuego.

El anciano tuvo que retomar el cargo de ser de nuevo el Sandaime. El protegería la villa hasta que encontraran a alguien que lo relevara en sus funciones, convirtiendose en el Godaime de la villa de Konoha.

El tiempo pasaba rápidamente. La gente poco a poco volvía a la normalidad. La aldea ya había sido reconstruida. Muchos de los ninjas habían perecido en aquel vil ataque y muchos jovenes habían perdido a su familia.

Un niño de cabellos rubios corría hacía el anciano. Sarutobi sonrió al ver al pequeño Naruto. Cada vez que observaba al joven niño, las lágrimas luchaban por salir. No había podido manter su promesa. Minato siempre deseó que su hijo fuera el heroe de la villa. Sin embargo la gente que vivió aquel horrible día, solo lo miraban como el mounstruo que llevaba en su interior.

-Sautoi.- Naruto sonrió con sus únicos ocho dientes.-Ida.- El pequeño le enseñaba una piruleta de caramelo.

-Naruto.- El Sandaime se agachó y cogió al pequeño entre sus brazos.- El caramelo no es bueno para tus pequeños dientes.

-A vieja.- Y señaló a la mujer que lo cuidaba.

La mujer traía unas bolsas después de comprar verduras y pesacado en el pueblo. Sarotubi pudo ver que la mujer estaba manchada de sangre. En su rostro ya no había felicidad. Solo una enorme tristeza que la invadía por completo.

-Esto tiene que acabar.- Pidió la mujer anciana.- Cualquier día de estos moriré y no habrá nadie que cuide al niño.

-Anciana.- Sarutobi miró con tristeza al niño.- Lo he cuidado desde que me lo trajiste con poco más de una semana de vida.- La mujer abrió la puerta de un pequeño apartamento.- Pero mi marido murió la semana pasada y no he tenido más remedio que sacarlo de casa.

-¿Lo han reconocido?- Preguntó el anciano.

-Es muy fácil.- La mujer suspiró limpiando la sangre de su rostro.- Solo hay un niño en la villa con marcas de bigotes y con el cabello del mismo color que el Yondaime.- La anciana miró los rostros de los Hokages de la montaña.

-No creo que esto acabe bien.- El Sandaime miró al niño mientras jugaba con una caja sentado en el suelo.

-Un chico de unos veinte años le tiró una piedra.- La mujer miró el bracito lastimado de Naruto.- Lo recogí del suelo y la siguiente piedra me dio en la frente.

-Di la orden de que nadie hablara del suceso.- Sarutobi miró el rostro de piedra de Minato.- Pero los adultos no olvidan.

-Tampoco me queda mucho de vida.- La anciana tosió.- ¿Que hará después?- La mujer miró con cara de duda al viejo Sarutobi.

-No lo he pensado.- El Sandaime miró al niño.- Naruto no es un niño normal. Creo que lo mejor es ponerle el apellido de su difunta madre. Creo que así será lo mejor.

-¿Para el niño o para la aldea?- La anciana le dio una galleta a Naruto.

-Para ambos.- Sarutobi suspiró y se sentó en la silla más cercana, cogiendo al pequeño entre sus brazos.- Si los jovenes no saben que el Kyubi está en su interior, cuando entre en la academia no lo rechazarán.

-¿Y para la aldea?- La mujer acarició los cabellos rubios del niño.- ¿En que veneficia a la aldea que no sepan que es hijo de Minato?

-No estará condicionado por su pasado.- Sarutobi dio un suave beso en la mejilla sonrojada de Naruto.- Nadie lo querrá por ser el hijo de Minato, ni se verá forzado a aceptarlo por tal hecho.

-Creo que los ninjas de esta aldea...- La mujer observó sus manos.- No creo que le dieran privilegios por ser el hijo de...

-La gente es extraña.- Sarutobi señaló la herida de la anciana.- Nunca sabes como van a reaccionar.

-Sautoi.- Naruto miró al anciano.- Ira.- Le enseñó sus manos y su cara sucias por la galleta.- Puaj.

Sarutobi observó sus profundos y grandiosos ojos azules. Aquel niño debía ser aceptado de alguna forma u otra. El anciano solo esperaba no fallar en su toma de decisiones, el futuro de Naruto estaba en sus manos.

-Cuando se enfada...- La mujer tembló.- Cuando el pequeño se enfada, sus ojos se enrojecen. La mirada es de un asesino. Aún no tiene un año y tiene una fuerza brutal. Naruto nunca será un niño normal.

-Gracias.- Sarutobi le tendió un sobre a la mujer y tras darle un beso en la frente al niño salió de la casa.

Dos golpes en la puerta sacaron al Sandaime de sus pensamientos. El hombre se sentó correctamente y dio paso a la persona que lo buscaba.

-Padre.- Asuma entró por la puerta de su despacho.- El señor Feudal...

-El señor Feudal aún esta preocupado...- Dijo Sarutobi mirando a su hijo con indiferencia.- No debes preocuparte por esas cosas.

-Dice que quiere conocer al niño.- Asuma miró la espalda de su padre.- No creo que...

-Naruto no es un objeto.- El hombre miró a su hijo.- Tan solo hace dos días que has entrado a formar parte de su guardia y ya te esta comiendo la cabeza.

-No creo que eso...- Asuma miró confundido a su padre.

-Solo tienes dieciseis años.- Sarutobi miró a su hijo y le sonrió.- Dejame el asunto de Naruto a mi.

-El señor feudal manda una carta.- Asuma le tendió la carta a su padre.

Sarutobi la leyó en silencio y asintió con la cabeza un par de veces.

-Dice que vendrá en una semana.- Sarutobi frunció el ceño.- Lo esperaremos.

Siete días después, el señor feudal hizo acto de presencia en la torre del Hokage. La reunión sería larga. Sarutobi sonrió a su hijo al verlo como guardia del señor Feudal. Nunca le había hecho mucha gracia aquello, pero confiaba en su hijo y en sus criterios.

-Bienvenido.- Sarutobi dio la bienvenida al señor feudal del país del fuego.- Tome asiento.- Le indicó mientras señalaba unos sofás oscuros en medio de la sala.

Homura Mitokado y Koharu Utatane entraron en ese instante en la sala. Los dos eran Jonins retirados y amigos del tercer Hokage. Ahora era el consejo de Konoha.

-Buenas tardes.- Los dos hombres y la mujer se sentaron frente al señor feudal.

-Quiero saber la situación de esta aldea.- El señor feudal observó a Sarutobi.- Y sobretodo saber sobre el hijo del Yondaime y el demonio que lleva dentro.

-La aldea esta totalmente recuperada del ataque.- Koharu Utatane observó al señor feudal.- Y el muchacho está en buenas manos. El Jinchuriki está a buen recaudo.

-¿Cuales han sido las últimas decisiones?- El señor feudal miró a la anciana mujer que le había respondido antes.

-El niño crece sano.- La mujer miró al hombre.- Las nuevas generaciones no sabran nada. Ni ellos sabrán que es hijo del difunto Yondaime, ni que lleva sellado al Kyubi en su interior.

-El niño tampoco lo sabrá.- Dijo apresuradamente el otro hombre anciano.- Ni se veneficiará de ser hijo de...ni...

-¡Basta!- Sarutobi miró a los allí presentes con cara de enfado.- No es un objeto, ni un animal. Es un niño.

-Es nuestra arma de guerra, así como lo fue Kushina.- La mujer miró al tercer Hokage- Y nuestro deber es protegerla para futuros enfrentamientos.

-Traelo.- Ordenó el señor feudal.

-Si, señor.- La anciana se levantó de su asiento y abrió la puerta.- Pase.- Le ordenó a la otra anciana que llevaba al niño entre sus brazos.

-Buenas tardes.- Dijo la cansada anciana.- Naruto está durmiendo.- Entre sus brazos traía a un bebé de poco más de un año.

-Acercalo.- El señor feudal se levantó impaciente de su asiento.- Quiero comprobar lo sano que esta.

Tras aquellas duras palabras, la anciana se acercó a los allí presentes y destapó la cabecita del niño. El señor feudal observó detenidamente al pequeño Naruto. Tras diez largos minutos de espera al fin pareció satisfecho.

-Como ve, el niño está en perfecto estado.- Dijo la anciana Koharu.

-Bien.- El señor feudal se dirigió hacía la puerta de salida seguido de sus escoltas.- Tengo cosas más importantes que hacer.

Tras aquellas palabras, salió de la sala y partió de Konoha. Los cuatro ancianos se miraron unos a otros. Aquella visita había sido muy extraña.

-¿Puedo volver a casa?- Dijo la anciana cansada de portar al niño dormido entre sus brazos.- Naruto despertará y querrá su cena.

-La acompaño.- Sarutobi sonrió a la anciana.

-No olvide que solo es un arma.- Le recordó el otro anciano.- No podemos permitir que ande por ahí.

Sarutobi miró con mal gesto a sus dos ancianos amigos y salió de allí acompañando a la vieja. Tras despedirse de ella, decidió que lo mejor era tomar precauciones. La mirada del feudal al niño no le había gustado en absoluto.

Los días pasaban deprisa y el tiempo cambiaba de estación casi sin darse cuenta. Pronto llegó el verano y Naruto corría por el pequeño apartamento de la anciana. La mujer ya casi no podía moverse de la cama y aquello preocupaba a la anciana.

Sarutobi hacía llegar mensualmente un sobre con la asignación del mes. Cada primer día del mes, un Anbu se presentaba en la puerta de la casa y se lo daba a la anciana. Esa soleada mañana, mientras Naruto recorría cada rincón de la casa, dieron tres suaves golpes a la puerta.

La anciana trató de levantarse de la cama, pero el dolor del pecho la hizo caer al suelo. Naruto corrió a su lado y trató de despertarla.

-Abuela.- El niño acarició su rostro.- ¿Que pasa, abuela?- Naruto empezó a llorar la ver qu eno abría sus ojos.- Despierta.

Las pequeñas manitas del niño movían a la anciana despacio. Al no ver respuesta, el niño lloró más fuerte. La puerta del apartamento se abrió despacio y por ella entró un hombre vestido de ninja con una mascara tapando su rostro. El niño al verlo, se asustó y su llanto cambió a uno de pánico.

-¿Que ocurre, pequeño?- La voz sonaba preocupada.- ¿Que le pasa a tu abuela?

El Anbu se acercó a la anciana despacio y le dio la vuelta. Tras observarla detenidamente, se dio cuenta que había fallecido.

-¡Abuela!- Naruto trató de levantarse del suelo, pero sus pequeñas piernas no se lo permitieron.- Miedo, abuela. Tengo miedo.

El Anbu al ver al niño en ese estado, decidió cerrar la puerta para que no pudiera salir de allí.

-Tranquilo, pequeño.- El Anbu se arrodilló delante de Naruto.- No voy a hacerte daño.

-Despierta, abuela.- Naruto tiró de las ropas de la anciana.

-No va a despertar.- El Anbu sintió que su propia voz se rompía de dolor ante semejante imagen.- No tengas miedo.- Le tendió su mano en son de paz.- Ahora vuelvo.

Tras aquellas plabras, desapareció en una nube de humo. Los ojos del pequeño se abrieron como platos y las lágrimas volvieron a formarse en sus pequeños y hermosos ojos azules.

Sarutobi caminaba de un lado a otro de la sala. Hacía meses que el señor feudal había visitado la villa y sin embargo, no había vuelto a nombrar nada respecto a Naruto. El anciano sonrió, tenía muchas ganas de ver a aquel pequeño y nervioso niño.

Caminó hasta la cristalera de su despacho y observó una vez más, como cada día, el rostro del Yondaime. Negó con la cabeza maldiciendo aquel día en que Minato salvó a la villa. Aquel día no debió existir. Jamás un padre y una madre, deben de dar su vida dejando a una criatura sola. Sin embargo, él hubiera echo lo mismo por su adorada villa.

-Sandaime.- Sarutobi dio un salto al escuchar la voz del Anbu que acababa de aparecer tras él con mucho sigilo.- Tengo malas noticias.

-Perro.- Sarutobi se giró para ver a su subordinado.- No me des esos sustos, ya no soy un chaval.

-Lo siento, Sandaime.- El Anbu con mascara de perro inclinó su cabeza hacía abajo en forma de disculpa.- Pero como ya le he dicho, no traigo buenas noticias.

-¿Que ocurre?- Sarutobi miró dudoso a Perro.

-La anciana que cuidaba al Jinchuriki.- Perro caminó hasta ponerse delante de la mesa.- Acaba de fallecer.

Tras aquellas palabras, unas lágrimas traicioneras salieron de los ojos del Sandaime.

-Esta bien, gracias.- Sarutobi se encaminó hacía la puerta.- Queda libre, puede ir a hacer sus misiones.

Sarutobi caminaba despacio, aquello era un gran problema ¿Que haría ahora con un niño tan pequeño? Al llegar a la puerta del apartamento la abrió observando la escena que había en su interior. El pequeño Naruto abrazaba a la anciana y lloraba desconsoladamente.

-Viejo.- Naruto se levantó y corrió a abrazar las piernas del Sandaime.- No se despierta.

-Esta bien, Naruto.- El anciano levantó al pequeño entre sus brazos.- La abuela a pasado a mejor vida. Ahora te observará desde el cielo.

Naruto no supo a lo que se refería el anciano. Frunciendo su pequeño entrecejo, apoyó su cabecita en el hombro de Sarutobi y sintiendose protegido sucumbió al sueño. Sarurobi abandonó la casa y se dirigió a su despacho con el pequeño dormido entre sus brazos ¿Que iba ahacer ahora con el niño? Aquello era algo que no podía esperar.