Les recuerdo que Saint Seiya y sus personajes pertenecen a Masami Kurumada.

CAPITULO II: Las cosas cambian

Bien, aquí esta el 2do capitulo que espero que también les guste, lo he corregido sin embargo no ha cambiado la historian en sí. Aquí como que ya empiezan a haber algunos problemitas…

Frases de desamor hay hoy en mi mente, se desprenden de mi árbol de hojas secas.

Colaboración de Autor desconocido.

Momentos después, ubicamos la escena en una pequeña sala con hermosos sillones de elegantes tapices, una mesa de centro acabada en fina madera de caoba y finos cortinales cubriendo la ventana.

Sentada en uno de los sillones estaba la mujer que se decía ser perfecta para el trabajo, alta y de cabello corto y pelirrojo, tez blanca, en realidad no era bonita pero su porte serio y a la vez cordial le daban cierto atractivo, al fin, después de un poco de espera entro Flare calmadamente luciendo bella y jovial, el mozo ya la esperaba en la habitación.

—Señorita Ive, ella es la princesa de Asgard—la presentó éste con formalidad.

La mujer que se levantó e hizo una reverencia

—Estoy aquí para servirle, Señorita Flare— respondió.

A decir verdad muchos de los habitantes del palacio, así como los guardias estaban ya acostumbrados a seguirle llamando "señorita" aun cuando ya casi tenía medio año de casada, así que no lo tomaba a mal.

—Gracias, es un gusto conocerte—dijo Flare amablemente.

—Puede llamarme Ive si así lo desea, el placer es todo mío— contestó.

Mientras tanto Hyoga se encontró con Hagen, quien le dijo:

"¿Piensas ayudarme esta vez con el entrenamiento de los guardias nuevos o no?"

—Sí, en un momento estaré ahí tengo que atender otro asunto — respondió Hyoga.

Hagen lo miró con desdén, pues ese "otro asunto" quizá, sería ir a acompañar a Flare, pero ¿Qué mas daba ya? si estaban todo el tiempo juntos…así que sin decir palabra se dirigió hacía el exterior.

Hyoga, por su parte, entró a la habitación donde se hallaba Flare con el suéter que ésta le había tejido y un confortable pantalón café.

—Disculpen no quería interrumpirlas— les decía Hyoga a ambas

—Ive, él es mi esposo—

Ive no pudo evitar mirarlo fijamente, era tal como le recordaba, sin embargo, él no parecía mostrar más… así que ella se levantó para llamar su atención e hizo una leve reverencia sujetando los bordes del vestido, pensando "de verdad que on la pareja perfecta" tal y como me lo habían dicho…

—Mucho gusto señor, estoy para servirle… —dijo Ive

—El gusto es mío — sonrió Hyoga levemente, después se acercó a la rubia y dándole un suave beso en la tersa mejilla le murmuró,—Te veo en la comida—después salió de la habitación en dirección a buscar a Hagen.

—Se les ve muy felices a ambos—decía Ive sonriéndole a Flare

—Gracias, sí, soy muy feliz, pero... cuéntame de ti— respondió la princesa

Pasó un rato y las dos mujeres conversaron hasta cansarse, hablaban del pasado de Ive, y así ella también podía enterarse de un poco de la situación de los que habitaban en el palacio

—Bien Ive, me parece que estas contratada, ¿puedes empezar hoy mismo? — dijo la princesa.

—Claro señorita— respondió Ive haciéndole una pequeña reverencia a modo de obediencia.

-Haré que acomoden tu equipaje en la habitación de servidumbre…—añadió Flare

—Gracias Señora— alcanzó a decir la mujer antes que Flare se retirara.

Mientras Flare caminaba hacia el comedor donde ya la esperaban, Ive aprovechó para ir a su habitación, y una vez encontrándose sola se acercó a la ventana cerrando las cortinas asegurándose de que nadie la pudiera ver puso sus maletas sobre la cama, abrió una pequeña valija y saco un libro de pasta gruesa, seguido de un misterioso artefacto que mas bien parecía un espejo.

—Fue buen comienzo todo saldrá como yo quiero — dijo ella mirándose en el espejo sonriendo sospechosamente. Pasado un momento abrió el libro y de este comenzó a salir un tenue resplandor cambiante color dorado, sin embargo a pesar del color se veía bastante extraño.

Mientras tanto en el comedor la pareja al fin terminó de comer.

—¿Vendrás a acompañarme un rato? — Preguntó Hyoga — quiero relajarme un rato después del entrenamiento de hoy.

—Sí, iré enseguida— contestó Flare levantando algunos platos pero Ive interrumpió.

—Permítame por favor— le pidió Ive amablemente juntando los platos y tomando también los que Flare ya había recogido.

—Gracias Ive— respondió la princesa amablemente antes de avanzar hasta el jardín, era una de las pocas ocasiones en los que el frío no era tan despiadado e increíblemente podían crecer algunas flores obviamente de plantas características del lugar, se acercó hasta los rosales blancos y los miró, parecía acariciarlos con cuidado, pues no había otra cosa que mas le gustara que las flores, estando tan entretenida no sintió la presencia de su acompañante hasta que este puso suavemente una flor en su largo y sedoso cabello con cuidado.

—Veo que me esperaste— respondió la mujer sin alterarse esbozando una leve sonrisa.

—Sí, por cierto te queda muy bien esa flor— sonrió también él

Mientras disfrutaban su rato de descanso, Ive buscó la recamara de Flare, lo cual no le fue fácil en la inmensidad de aquel lugar, pero cuando lo logró inmediatamente entró tratando de no hacer mucho ruido. Sonrió al observar aquel amplio cuarto y después con pasos ligeros se acercó al guardarropa inspeccionando todo después de abrirlo, viendo los vestidos de Flare tan delicados y elegantes que hasta pasaba su mano por la tela de estos; cuando se cansó se le ocurrió mirar por la ventana pero al momento los esposos se aproximaron a la entrada, temiendo ser descubierta salió de ahí apresuradamente.

A partir de esa semana curiosamente algunas cosas para Flare y Hyoga no funcionaban tan bien, sobre todo porque ella estaba muy irritable debido a un dolor de cabeza recurrente, se había vuelto torpe como por arte de magia, al grado de que casi todos los floreros u objetos de cristal a los que ella se acercaba se resbalaban, era algo misterioso y extraño. Por esto su malhumor se hacia cada día mas frecuente.

Precisamente en esta ocasión los encontramos en medio de una acalorada discusión.

—No puedo creer que seas tan obstinada casi no te reconozco Flare — le reclamaba Hyoga.

—No me hables así— sollozó Flare.

-Claro, como no me has dado motivos para hacerlo – contestó enojado Hyoga.

—Entonces si te molesto tanto ¿Por qué sigues aquí? — le dijo ella dejándolo incrédulo.

—Tal vez debería irme— murmuró Hyoga con una expresión de coraje y tristeza.

—Si, tal vez así no aguantaría tu expresión cada vez que se rompe algo en esta casa —dijo Flare muy molesta mientras el color de sus mejillas enrojecía un poco…

—Bien, si así lo quieres— dijo Hyoga finalmente sintiendo como la lucha interna entre el amor de su esposa y su enojo contra la misma se hallaba enardecida en su interior.

—Anda, y mira quien lo diría, hasta te dejo que busques a otra— Agregó ella con despecho

El salió de la habitación no sin antes agarrar su abrigo y después bajo por las escaleras, estaba dispuesto a salir de ahí, cuando encontró a Hagen que se había dado cuenta de todo y se puso frente a la puerta.

—Si sales por ahí… nunca volverás a entrar— le dijo un serio Hagen— no te volvería a permitir entrar si quiera a Asgard

—Ah… ¿y tú cómo vas a impedírmelo? — respondió Hyoga

—De verdad que solo un tonto como tu dejaría a la Señorita Flare no te preocupes yo la protegeré siempre — agregó Hagen

Hyoga lo miro desafiante como respuesta, tratando de aguantar la vergüenza pues lo que decía era cierto.

Mientras tanto en la habitación, Flare se encontraba recostada en la cama boca abajo llorando amargamente, lentamente Ive se adentro en la alcoba y se acercó a la joven.

—No debe llorar así por un hombre…— dijo Ive tranquilamente

—Pero es mi esposo… y me va a dejar… ni siquiera sé por qué comenzamos a pelear—respondió Flare entre sollozos

—No diga eso, claro que no la va a dejar— decía para tranquilizarla, pero pensaba "Aún no me conviene que te deje… no sin antes ver tu muerte" para luego acercarse lo suficiente para aspirar el aroma de su cabello extrañamente llevando su mano al bolsillo de su delantal sacando lentamente una pequeña e inusual daga confiando en que Flare estaba demasiado triste como para voltear a verla, se atrevió a acercarla hasta su espalda y ágil y sigilosa corto un mechón del cabello de la princesa…

La situación entre Hagen y Hyoga se había calmado un poco

—No me iré, porque estoy seguro de que si lo hago eres capaz de rondarla— decía Hyoga

—Precisamente es… que no tengo que dar explicaciones a un idiota como tú— murmuró Hagen — Solo a un imbécil como tú se le ocurre tal cosa — agregó alzando la voz.

—Ya no la entiendo… se culpa por todo — dijo Hyoga suspirando

—No soy terapeuta marital infeliz, no se para que te estoy diciendo esto debería matarte ahora mismo y dejarte salir libremente de aquí — respondió Merack

Lo que pasaba por su cabeza lo hacía sentir tan culpable como dichoso: por fin la dejaría, por fin sería para el, pero ¿Qué estaba diciendo? No quería verla triste, no quería verla sufrir, sabía que si ella se había decidido por él era porque no amaba a nadie más, y aunque la abandonará ella no dejaría de amarlo… y que sería entonces otra vez ¿Un amigo? ¿Un paño de lagrimas? Es por eso que se atrevió a contestarle :

"Ha estado torpe, muy rara en fin a mi no me incumben sus problemas, pero, sinceramente nunca la había visto así "

— ¿Torpe? … bueno la verdad solo la he visto diferente —respondió Hyoga mientras apoyaba su brazo en la pared con la mirada fija en nada.

—Vaya, que si han sido diferentes los accidentes con la cristalería— sonrió irónicamente Hagen y agregó—ahora ve a pedirle un disculpa

—Yo le pediré la disculpa cuando lo considere – le dijo un poco agresivo viéndolo alejarse

Flare se había quedado dormida en la habitación cansada de tanto sollozar, e Ive había salido de ahí cerrando la puerta por fuera con llave. Fue hasta su habitación y sacó el libro de su maleta, de un momento a otro su apariencia fue cambiando, su cabello se encrespó volviéndose rubio y una sonrisa maligna se dibujo en sus labios los cuales cambiaron su color apacible por un dorado extraño, se envolvió en la oscuridad de una túnica negra, tomo el mechón de cabellos que había cortado y lo paso entre sus dedos

-Ahora es diferente, tengo lo que se me arrebató una vez, pero mas fuerte, ahora sin esa chiquilla para intervenir… soy toda maldad – dicho esto la figura en la habitación sacó de extraño envoltorio una manzana que resplandecía con extrañeza, la tomo y la puso en una pequeña bandeja de porcelana sobre la cama cuidadosamente y en otra bandeja coloco el mechón de cabellos de Flare

—Bien princesita veamos ahora si eres tan dulce — sonrió maliciosamente la mujer, tomando una pequeña botella de cristal con un liquido rojo de olor enrarecido, vertiéndolo en la pequeña capsula donde estaban los mechones, remojándolos una y otra vez. Miró la manzana tomándola entre sus manos —Vaya que aun sin fuerzas tu sola presencia logra causar discordias….no te preocupes pronto seremos mas fuertes….y volveremos a tomar posesión de nuestro lugar, yo como Diosa y tú como mi fiel herramienta—

En el bordecito de la maleta asomaba el espejo pero en el reflejo solo se observaban sombras grises y tristes penumbras, envuelta en todas ellas una chica angustiada gritaba sin emitir sonido alguno…. Era Irina (O Eris… o Ellis como le dicen algunos la chica que trabaja como maestra en el orfanato), al ver esto la mujer idéntica a ella de apariencia pero de alma malvada tomo el espejo y dijo en tono burlón:

"Ay querida, ¿quieres salir?, lo lamento pero arruinarías mi plan, espero no estés molesta conmigo por tomar tu cuerpo nuevamente, tu parte humana sigue siendo un estorbo, por tu culpa estoy aquí tratando de destruir a la Señorita Perfecta para poder recuperar a nuestro hombre"

CONTINUARÁ

¡Sí! Efectivamente como lo imaginaron desde que vieron la manzana, la malvada es Irina, pido a sus fans paciencia porque no lo hago para ofenderlos simplemente es para darle un giro interesante a la historia, solo espero que sigan leyendo para que vean como termina.