Capítulo II: La Fuga

Harry dejó de mirar el lugar por donde había desaparecido el tren para dirigirse de nuevo a su familia. Su rostro aún estaba tenso, pero lo confortaba el hecho de saber que Hogwarts era el lugar más seguro del mundo, era imposible que les sucediera algo a su hijos… a menos que fueran accidentes escolares, que eran comunes, así que debía dejar de preocuparse. Y, ya cuando tenía una sonrisa dibujada en el rostro y estaba dispuesto a decirle algo a Ginny, su rostro volvió a turbarse al ver que un hombre de porte magnánimo, de cabellos negros y crespos y mirada oscura se acercaba a paso rápido siendo seguido por un hombrecillo de cabellos color ceniza.

-¿Qué sucede Hockman?-preguntó cuando estuvo a su lado. Los Weasley miraron extrañados a los recién llegados-¿ha pasado algo?-

-algo grave, Señor Potter-contestó con su grave voz. Harry hizo una mueca cuando volvió a sentir aquella opresión en el pecho.

-dilo-dijo con tono serio.

-hubo una fuga en azkaban y la mayoría de los fugitivos son mortífagos-soltó lo más bajo posible para que solo ellos dos, mas el hombrecito, supieran de lo que se hablaba-el Señor Ministro solicita su presencia-dijo ahora más alto.

-entiendo-musitó. Luego dirigió su vista a su pelirroja, quien lo miraba desconcertada, y le dijo-debo ir al Ministerio…-

-debe ser una emergencia para que te llamen en tu día libre… no te preocupes-contestó suavemente y con sonrisa conciliadora.

-Ginny vendrá con nosotros, Harry, ve tranquilo-agregó Hermione mientras posaba una mano sobre el hombro derecho de su amiga y cuñada.

-gracias, trataré de regresar temprano para aclarar sus dudas-dijo antes de ir en busca de su mujer y darle un delicado y fugaz beso-regreso pronto-le dijo. Harry dio media vuelta y su rostro se ensombreció antes de desaparecer, junto a los otros dos hombres, del andén nueve y tres cuartos.

Ginny arqueó su boca hacia abajo y mordió su labio inferior.

-no me agrada nada esto-comentó a los demás después de unos segundos.

-a nosotros tampoco, Ginny-contestaron Ron y George al unísono.

-mamá… ¿Qué pasa? ¿Por qué Tío Harry se fue así?-preguntó Roxanne de repente.

-cuestiones de trabajo, cariño, nada más-susurró Angelina.

Harry entró al despacho del Ministro de Magia siendo seguido por Hockman y el hombrecillo. Kingsley se levantó de su asiento al verlos y guardó los papeles que había estado revisando segundos antes. El paso del tiempo casi no había marcado su rostro, pues si bien tenía arrugas producto de la edad, aún mantenía su imagen jovial y el aro de oro donde siempre.

-lamento interrumpirte en tu día libre, Harry-

-no te preocupes, el tren ya había partido cuando llegaron-contestó.

-de todas formas, lo lamento-dijo él-pasando al tema que nos compete realmente... ¿Hockman y el joven River te pusieron al tanto de la situación?-

-solo lo esencial-contestó. Kingsley señaló un asiento frente a su escritorio y Harry avanzó rápido a él para sentarse sin despegar la vista del Ministro mientras él acercaba un par de sillas para los otros dos hombres-¿Cómo es que ocurrió? Se suponía que las protecciones mágicas hacían imposible una nueva fuga-

-debo admitir que no lo tengo claro-se sentó-los carceleros tampoco se explican cómo ocurrió, no había nada anormal anoche-

-¿anoche?-repitió-¿a qué hora ocurrió la fuga?-

-se estima que alrededor de las cuatro de la mañana, Señor-habló River con mirada emocionada-nadie se explica cómo ocurrió, puesto que todos ellos estaban en halas diferentes de la prisión y no tenían contacto con los otros-

-además, los demás reos dicen que no oyeron nada sospechoso en toda la noche-agregó Hockman.

-¿y los carceleros que custodiaban sus celdas?-

-nada, no hubo ningún movimiento extraño que los hiciera sospechar de que algo pasaba-

-pero eso es imposible…-musitó Harry para sí.

-mandamos a un equipo para investigar las celdas de cada uno de ellos… nos intriga el hecho de que hayan escapado sin poseer varita-

-debieron haberlos ayudado desde afuera-

-eso suponemos, pero no nos explicamos cómo es que no se detectó a nadie a las afueras de la prisión-

-si alguien los hubiera estado ayudando desde el exterior, lo hubieran detectado en el momento-agregó River.

-¿y quiénes son los que lograron huir de azkaban?-

- son ocho sujetos, dos mujeres y seis hombres-contestó River mientras hacía aparecer ocho archivos en sus manos.-Isaac Wringley, asesinó a varias familias Muggles durante la segunda guerra, era mortífago. Randolf Besterman, condenado por torturas a hijos de Muggles y sangre mestiza, también era mortífago. Regina Cobham, condenada por el asesinato de dos familias Muggles y la tortura y asesinato de toda la familia Cavendish junto a su hermana Melina Cobham a quien también se le sumó condena por el secuestro y mutilamiento de Francis Phillpotts, ambas mortífagos. Walter Guilley, condenado por utilización de objetos mágicos para torturar a Muggles, criaturas mágicas y a Squibs. Fernand Arrowsmith, por cacería y asesinato de hijos de Muggles y sangre mestiza. Kurt Seymour, por el asesinato de cuatro Aurors y Nikolai Lantiere por el asesinato de Ted Tonks-

Las ocho carpetas estaban abiertas sobre el escritorio. Harry reconocía cinco de los ocho rostros que lo miraban furiosos y desquiciados desde las fotografías, puesto que el mismo los había atrapado después de meses de seguimiento. Principalmente recordaba a Nikolai Lantiere… él era el asesino del padre de Tonks, recordaba que lo que lo movió a buscar al culpable del asesinato del Señor Tonks era el hecho de que su viuda, Andrómeda (Gran amiga y confidente de Harry durante los años siguientes), llorase amargamente por no encontrar a los culpables de que sus seres queridos se hubieran ido. Él se lo había prometido, que encontraría al o a los culpables, y lo había hecho. Se había enfrentado contra Lantiere en Febrero de 2000, había sido de noche, lo tenía acorralado en un callejón y el sujeto soltó con total orgullo que había sido él el que había acabado con Ted Tonks y que si lo hicieran retroceder hasta el momento exacto en el que se enfrentó a él, volvería a matarlo, eso lo enfureció y atacó con todo hasta que Lantiere cayó inconsciente en la acera.

Ya habían pasado veintiún años desde ese entonces, pero estaba seguro de que, teniendo la oportunidad, tratarían de matarlo… por lo menos los cinco a quienes reconocía, él los metió en Azkaban, él les hizo de la vida un infierno (aunque no se arrepentía en absoluto), por tanto, buscarían la forma de vengarse, eso era obvio y no estaba paranoico, esos largos años llevando su carrera de Auror le habían dejado una que otra cicatriz más en el cuerpo, la experiencia le decía todo aquello, debía ser precavido… especialmente con su familia. No debía demostrar debilidad frente a otros que no fueran sus más cercanos.

-te pediré algo, Kingsley-dijo al fin.

-dime, Harry-contestó él.

-quiero que me dejes mandar a un equipo al tren que va camino a Hogwarts-Hockman y River lo miraron extrañados mientras Kingsley sonreía.

-a ellos no les pasará nada, Harry-contestó el Ministro.

-lo sé, pero es solo precaución… ¿entiendes mi punto, verdad?-

-claro que te entiendo-entrelazó los dedos de sus manos-¿a quién quieres enviar?-

-quiero enviar a Hockman y a otro par de Aurors, creo que Alexanders y Maris estarán bien-

-bien… sí, creo que tu elección es buena, tres de los mejores… por si acaso-agregó al final-Hockman, reúnete con los demás y alístense, saldrán en un par de horas, cuando sepamos en qué parte está el tren-

-con su permiso-respondió el Auror e hizo señas al más joven y se marcharon.

Tan pronto la puerta se cerró, un clima tenso se cernió entre el Ministro y el Jefe de Aurors.

-a ver, Harry-dijo con un tono más ronco de lo habitual-te conozco lo suficiente para saber que 'algo' te inquieta, así que te pediré que me cuentes ese 'algo' que te tiene así de tenso… solo si lo deseas-agregó.

-créeme que quisiera contártelo, pero ni siquiera yo sé porqué estoy tan nervioso-contestó de igual forma.

-entiendo-

Harry estaba sentado tras su escritorio, su cabeza hacia atrás y los brazos tras ella, sus ojos estaban cerrados, aún no dominaba la angustia de toda la mañana.

-estás muy preocupado, Harry-el Auror se sobresaltó y volvió a su postura habitual (bien derecho en la silla) girando el asiento para ver a un hombre de cabello blanco y barba larga, con chispeantes ojos azules tras sus anteojos de media luna.

-es usted la tercera persona que se percata de ello-contestó-no me había dado cuenta de su presencia, Dumbledore-

-acabo de llegar-el anciano sonrió-cuéntame, Harry ¿Qué es lo que te preocupa?-

-no lo sé, Dumbledore-contestó-desde hace un par de días que no estoy tranquilo, cada vez que veo a Al me da una especie de dolor aquí-señalo su corazón-a veces pienso que le pasará algo si está fuera de mi vista…-

-¿piensas que es un presentimiento?-

-no lo sé, pero en todo caso estoy tomando precauciones-

-una vez te comenté… cuando Albus tenía cuatro años y lo trajiste de visita, que él era muy especial-Dumbledore captó su atención.

-sí, lo recuerdo… pero no me explicaste porqué-

-Albus tiene algo especial Harry, no sé qué exactamente… pero tan solo verle los ojos me recuerda a cierto muchacho que estuvo bajo mi tutela por bastante tiempo-

-ojalá que no siga mis pasos-comentó-no creo poder soportar que año tras año se meta en líos-

-pero él es muy tranquilo comparado con James… pero no puedo dejar de pensar, sin querer que tu preocupación aumente, que si el tiempo fuera distinto, quiero decir que si no estuviéramos en tiempos de paz, él sería igual que un guerrero… o algo muy parecido, creo que sabría enfrentarse a ese tipo de cosas perfectamente-

-valla… no sé si tomarlo como un cumplido realmente-comentó-lo único que quiero es que ellos vivan tranquilos, no deseo que pasen lo mismo que tuvimos que pasar nosotros hace veintitrés años-

-Harry, hay algo que debes tener muy en claro-uso un tono excesivamente serio-la paz no dura para siempre-

Harry le miró firme.

-quiero decirte que, si bien hemos logrado un alto grado de armonía en esta época, en algún punto de la historia por venir surgirá otro mago o bruja con intensiones oscuras. Eso es un hecho, como ya te dije, nada dura para siempre. Por tanto, no te ciegues, si tu hijo debe luchar en algún momento de su vida por justicia o por sus seres queridos, debes dejarlo hacer, pero no olvides estar a su lado porque el hecho de que lo dejes luchar no significa que lo dejarás solo-finalizó.

Harry asintió, sus manos se convirtieron en puños.

Era de noche, Harry estaba de vuelta en el despacho del Ministro. Ambos hombres sin dirigirse palabra.

-¿llamaste a la prensa?-preguntó Harry para romper el silencio. La larga espera se hacía tortuosa.

-los convoqué para las nueve y treinta-contestó-es mejor que el pueblo esté enterado-

-será más fácil atraparlos si la comunidad mágica está alerta a por si los ve-

-correcto-

Tocaron la puerta.

Harry se levantó por inercia del asiento.

-pase-dijo Kingsley. La puerta se abrió y en la estancia entraron tres sujetos, Hockman, Alexanders y Maris.

-¿Cómo les fue?-preguntó Kingsley después de invitar a sentarse a los tres. Harry, por su parte, se mantuvo en pie.

-el tren está asegurado, no hubo problemas-contestó una mujer bajita de ojos saltones y cabello corto, Maris-y por la hora, ya deben haber llegado a destino-dijo mirando el reloj.

-vi personalmente a su hijo-agregó Hockman.

-¿a James o a Al?-preguntó nervioso.

-a Albus, Señor-respondió Hockman-estaba sacando la cabeza del compartimiento junto a una chica, estaban preocupados por el corte de luz-dijo tranquilo-nada de qué preocuparse, fue solo un desperfecto, se arregló en unos cuantos minutos-agregó.

-Lily y James también estaban husmeando, pero estaban en buenas condiciones-dijo el hombre de piel pálida.

Harry dejó escapar un suspiro de alivio, por lo menos ya estaban en Hogwarts, sanos y salvos.

-perdonen las molestias, muchachos, pero necesitaba saber si estaban bien-contestó ya más tranquilo. Los tres Aurors sonrieron.

-no hay problema, Señor-contestó Maris.

-ahora, vallan a descansar, mañana será un día pesado-Kingsley les dio un apretón de manos a cada uno y, tras despedirse cordialmente de Harry, salieron dejando a los dos hombres solos-nueve y treinta-dijo luego-¿listo para enfrentarse a la prensa?-

Harry respiró hondo. La puerta se abrió de nuevo, una gran masa de magos y brujas con cámaras, plumas y pergaminos en las manos llegó ansiosa.

Un flash y ya había quedado medio encandilado.

-¿Harry?-vestida con una bata abrigadora, apareció Ginny en el vestíbulo.

-lamento haber llegado tarde, Ginny-se excusó, dejando su abrigo en un perchero más decente que el anterior-debía asegurar algunas cosas-

-no te preocupes, Harry, pero ¿Qué pasó?-preguntó mientras se acercaba y tomaba su mano para guiarlo a la cocina.

-hubo una fuga en Azkaban-dijo suavemente mientras el rostro de su esposa palidecía.

-¿estás bromeando?-preguntó sin creerlo-pensé que las nuevas medidas de seguridad hacían imposible una nueva fuga-

-eso pensábamos, aún no entendemos cómo es que huyeron. Nadie se dio cuenta de nada-agregó al final mientras se sentaba a la mesa. Ginny buscó una taza y vertió en ella agua caliente y un poco de café.

-¿son muy peligrosos?-preguntó ella al servirle la taza y sentarse a su lado.

-sí, cinco de ellos son mortífagos y los otros tres son igual de peligrosos-su rostro estaba tenso.

-¿de esto se trataba?-

-¿Qué cosa?-la taza se detuvo a medio camino de su rostro.

-yo lo sé, Harry, desde hace un par de días que estás tenso, sé que tuviste un presentimiento… te conozco-

-me conoces como la palma de tu mano, pelirroja-sonrió antes de sorber un poco de su café-no sé si es un presentimiento, pero tengo miedo de que le ocurra algo malo a Al-confesó algo turbado.

-¿a Albus?-repitió con temor-¿a qué te refieres?-

-no lo sé… simplemente, no lo sé-musitó-no puedo decirte con exactitud lo que me pasa porque ni yo mismo lo tengo muy claro-dijo antes de tomar otro sorbo.

La pelirroja buscó una de las manos de su marido, entrelazando sus dedos y, trasmitiéndole con esa simple caricia, un poco de su fuerza y determinación.

Harry apretó el agarre y sonrió mientras dejaba la taza vacía sobre la mesa. Ahora, más que nunca, debía mantenerse firme porque ahora no eran ni Hermione ni Ron… era su familia, la mujer que ama y sus hijos, los que estaban en relativo peligro. Y ahora, con más certeza, sabía que podía sostenerse, siempre y cuando su mujer estuviera ahí para apoyarlo.

Albus estaba comiendo a un lado de su hermano y frente a su hermana, ignorando todo el barullo que había en el Gran Comedor, esa mañana había despertado con un agujero negro en el estómago y lo único que había tenido en mente era el desayuno.

Un fuerte golpe hiso sobresaltar a Albus, desconcentrándolo, su vista se dirigió hacia su lado izquierdo donde una mano estaba puesta sobre el periódico del día.

-están demasiado calmados ¿ya leyeron El Profeta?-preguntó Rose con expresión seria.

-¿Por qué, hay alguna novedad?... ¿hay algo de interés mundial?-bromeó James.

-ja, ja-rió con sorna, Rose-creo que es de interés para todos-contestó ella.

-saca la mano-dijo Lily, quien se había arrimado a la mesa para ver el contenido del diario.

Rose hizo caso y sacó la mano.

Fue entonces que Albus se dio cuenta del porqué de la seriedad de su prima. Tomó el diario y leyó en voz alta el encabezado.

FUGA DE AZKABAN

Lily y James palidecieron, Rose, por su parte, se sentó al lado izquierdo de Al, quién abría el periódico en busca de la primicia.

Noche del lunes, son las nueve y treinta, el señor Ministro (Señor Kingsley Shacklebot) nos ha convocado por un tema de preocupación social. Estamos ya en su despacho, junto al Ministro se encuentra el Jefe de la Oficina de Aurors (Harry Potter) quién, algo tenso, nos pide que nos ordenemos.

Se estima (Puesto que aún no hay hora concreta) que alrededor de las cuatro de la madrugada del presente día (Lunes) cincos mortífagos y tres magos más, igual de peligrosos, lograron fugarse de Azkaban, que, durante veintitrés años, no había presentado ningún inconveniente de ésta índole. Ni el Señor Ministro ni el Jefe de Aurors se explica cómo ocurrió esto, pero afirman que ya se está investigando el caso y que se ha enviado un grupo constituidos por Inefables y Aurors a la cárcel mágica para investigar cómo es que pudieron huir y cómo (si es que los ayudaron desde el exterior) los encantamientos que rodean la fortaleza no lo detectaron y también cómo los guardias no se dieron cuenta de lo que ocurría en las celdas.

Agregan, que les intriga esta fuga puesto que los reos estaban en halas distintas de la prisión y no tenían contacto entre sí y no se pueden explicar el cómo se pudieron fugar el mismo día y con tanta precisión.

-pedimos a la comunidad mágica que se mantenga alerta, cualquier pista sobre sus paraderos serán bien recibidas. Pero más que todo, mantengan la calma. Necesitamos estar organizados y para ello se necesita la mente fría si queremos atraparlos pronto-dice Harry Potter con tono serio.

Los fugitivos, actualmente, no tienen varitas por ello es necesario que mantengan las suyas a su alcance y donde no las pierdan de vista, además, no se descarta que busquen fabricantes de varitas para asirse una nueva, así que se pide que tengan sumo cuidado en este punto porque, por ahora, son más inofensivos que cualquiera de nosotros, pero si logran conseguir una varita la situación podría empeorar.

También…

Albus saltó a la página siguiente, donde se habían publicado las fotos de los prófugos y sus nombres.

Había un hombre de cabello negro canoso, tenía ahuecadas las mejillas y una expresión que producía escalofríos. No era como los demás, que se retorcían y gritaban, él estaba estático, con una sonrisa maquiavélica. Él era Nikolai Lantiere, según el pie de foto.

Después seguían dos mujeres, ambas eran más jóvenes que los demás, rubias y de ojos oscuros y grandes ojeras. Albus leyó el pie de foto de la que parecía mayor, Regina Cobham (piel blanca y los ojos abiertos hasta los extremos), la otra era Melina Cobham, parecía menos desquiciada que la anterior, pero eso no significaba que fuera menos aterradora.

Luego seguían un hombre de expresión osca, Isaac Wringley, otro de cabello blanco enmarañado, Randolf Besterman y, por último, Walter Guilley, un hombre de rostro desfigurado con la nariz medio aplastada.

-son aterradores-musitó Lily luego de que se hubiera sentado bien de nuevo.

-¿Cómo habrán escapado?-preguntó Albus.

-papá los atrapará pronto, Al, no te preocupes más de la cuenta-dijo, por primera vez en dos días, en tono serio-ya sabes cómo es él, en un dos por tres van estar de vuelta en Azkaban-

-tienes razón, papá los meterá en Azkaban muy pronto-dijo Al, Lily sonrió algo nerviosa-Lily, tranquilízate, estamos en Hogwarts… aquí no pasará nada-agregó Al.

Lily asintió levemente después de comerse una tostada.

-¡Lilú!-Albus, que estaba tomando jugo de calabaza, escupió la bebida y manchó parte de la mesa y su ropa.

-¡pero qué…!-James se había levantado al instante mismo en que un chico rubio y de ojos color miel se paraba a un lado de Lily, que empezaba a sonreírle embobada.

-hola, Chris-saludó algo sonrojada.

-¿Quién te dio permiso para llamar a mi hermana de esa manera?-James estaba molesto y hasta cierto punto parecía estar celoso (típico caso de los hermanos sobre protectores y que encuentran a cualquier otro chico menos de lo que se merece su 'hermanita'… o son simples celos de hermanos)

-lo siento… no era con mala intención-el chico tragó duro.

-pues yo te diré lo que… ¡Rose!-Albus estaba tratando de levantarse pero su prima había elegido ese mismo momento para limpiarle la camisa y de paso también limpiar la mesa.

-¡están peor que papá!-exclamó Lily con el ceño fruncido- Chris es mi amigo y yo le di permiso para que me llamara así-agregó en tono severo. Luego se levantó dando un manotazo a la mesa y dijo-ni que tuviera siete años-luego tomó a Chris de la mano y se alejó con la frente en alto.

-¡le tomó la mano!-chilló James.

-ese idiota…-agregó Albus al levantarse por fin para ver como su hermana y aquel chico salían del gran comedor.

-¡por Merlín, Lily tiene trece años, está en todo su derecho de tener amigos o novios y ustedes no deberían meterse en eso a menos que ella se los pida!-había levantado su varita y apuntaba sin darse cuenta a ambos chicos.

-no sabes lo que podrían hacerle y…-

-no todos los chicos que se acercan a Lils son psicópatas, Al-

-¿Lils?-Hugo había llegado, cargando su mochila y con un panecillo a medio comer en su mano.

-empezaron con sus celos-dijo, como si fuera lo más habitual del mundo, Rose.

-¡Ah, conocieron a Chris!-rió el pelirrojo- a mi me agrada, es realmente divertido y creo que… le gusta Lils-agregó al final con la intención de echar más leña al fuego.

James y Albus se horrorizaron al escuchar aquello.

-¡Go, lo estás empeorando!-se resignó a decir Rose.

-esa era la idea-sonrió su hermano-la verdad, no tengo idea si le gusta pero de que hay algo, hay algo-afirmó con suficiencia-bueno, yo los voy siguiendo, tengo Encantamientos y quiero practicar un poco con Stabler-dijo en tono malicioso-y si veo algo entre Chris y Lilú… se los informaré-rió un poquito antes de irse campante.

-¡ay, Dios!-dijo Rose para sí-¡calmados los dos!-exclamó exasperada, prácticamente estaban gritando cómo iban a hacer añicos al chico rubio-¡apenas es el primer día y ya quieren meterse en la vida de su hermana!-agregó con enojo-será mejor que terminen de desayunar… solo quedan diez minutos antes de que inicien las clases-

Albus bufó y James soltó un par de improperios por lo bajo antes de volver a centrarse en lo que les quedaba de desayuno.

-déjala ser…-volvió a decir Scorpius mientras habría un tubérculo.

-para ti es fácil decirlo, no tienes hermanas-gruñó él mientras arrancaba con fuerza un manojo de ramas de una planta bastante rebelde y violenta.

-teniéndola o no-le contestó Scorpius con aire superior-no te metas en su vida, que cometa sus errores-agregó.

-y si esos errores son 'ERRORES'-hizo énfasis-¿y si ellos la obligan a algo?-se distrajo y por consecuencia la planta le pegó con una de sus ramas en la cara.

-que negro vez el mundo-suspiró el rubio. Albus se sobaba el rostro con cuidado, dándose cuenta de un par de rasmillones que le había dejado la rama en la nariz y en la mejilla izquierda.

-señor Potter, debe tener más cuidado no le quite la vista-el profesor Longbottom se había acercado-no puede bajar la guardia y tampoco debe ser tan brusco con ellas recuerde que es un Arbusto Sensitivo-agregó mientras le hacía cosquillas a la planta, que se quedó tranquila a su contacto-siente sus emociones. No se le olvide-

-lo siento, profesor Longbottom-sonrió de medio lado-ando algo turbado-

-su discusión se escucha hasta el otro lado del invernadero, Albus-dijo suavemente con una sonrisa.

-¿tan alto hablas?-atinó a decir Scorpius mientras dejaba el cuchillo a un lado.

-eso parece-dijo en tono más bajito. El profesor rió levemente y, tras darle unas palmadas en el hombro izquierdo a Albus, se alejó para revisar los demás grupos.

-cambiando el tema, ¿qué es eso de que hubo una fuga en Azkaban?-el rubio se puso los visores sobre los ojos e hizo un par de señas para que intercambiaran tareas.

-yo tampoco me lo pude creer-Albus tomó el cuchillo-desde que yo nací, lo único que salía en El Profeta era de la gente que enviaban a la prisión-

-es poco común ¿verdad?-Albus asintió-de todas formas, los Aurors los atraparán, quiero decir… son sujetos sin varita, no tiene posibilidad contra ellos-

-papá dice que no hay que confiarse-partió otro tubérculo-es una mala opción y podría costarte la vida-señaló con solemnidad.

Scorpius rió y le pegó un par de palmadas en la espalda. Tampoco era que se lo tomara a la ligera, era el hecho simple de sentirse seguro, Hogwarts era el lugar más seguro e importante sobre la tierra.

Hizo una mueca al sacarse una pequeña astilla de la nariz, le ardía un poco pero no era algo de qué preocuparse.

-tienes otra en la mejilla-avisó el rubio mientras, en vez de sacarle con delicadeza la supuesta astilla, le presionaba con un dedo, en la mejilla, la otra herida.

Gruñó por lo bajo.

-te agradecería que dejaras de mentir y me sacaras el dedo de encima-gruñó.

-lo siento, linda-se mofó antes de sacar el travieso dedo y mojarlo en el lavabo-¿vas a pedir un poco de díctamo en la enfermería?-

-no lo creo, no son tan grandes-contestó luego de quitarse una última astilla de su nariz.

-entonces vamos, me toca Transformaciones y tu sabes cómo es el profesor Dawson si no llego a tiempo. "Soy un muchacho irresponsable que solo piensa en chicas y no es capaz de ver más allá de su nariz"-imitó. Albus rió.

-te tacharon porque estabas coqueteándole a Samantha Brithwood y a Thea Porter mientras Dawson daba las instrucciones de la clase-se mofó al salir del baño de chicos.

-solo les estaba contando sobre mi viaje a Arabia-contestó con naturalidad mientras pasaba su mano por su cabello rubio. Varias chicas menores le miraron con las mejillas rosadas y la boca medio abierta y otras cuchicheaban al verlo pasar.

-¿contándoles o presumiéndoles? Voy por la segunda opción, mi querido amigo-

-quizás ensalcé un poco el asunto-sonrió.

-y quizás se te está pasando la mano-acotó Albus-quiero decir, sé que quieres que… Rosie…-lo dijo en voz baja-…no sepa que te gusta, pero no lo sé, al final ella dejará de tomarte en cuenta-

-qué manera de bajar de la nube a una persona-bufó.

-que te lo diga un amigo es mejor-

-¡Esc, Al!-Rose venía corriendo con un enorme libro entre los brazos y la mochila colgando de las dos tiras en el hombro derecho. Llegó hasta ellos con la respiración entrecortada el cabello revuelto, algo que hizo sobresaltar a los dos-los andaba buscando-dijo cuando su respiración se calmó.

-¿Por qué estás tan desordenada?-preguntó Albus-¡por Merlín, tienes el brillo de labios corrido!-señaló sin la más mínima precaución. A Rose se le tiñeron las mejillas de un rojo intenso-¿Qué anduviste haciendo, primita?-siguió preguntando en voz alta.

-¡por Dios, Albus, cállate!-dijo por sobre la voz de él. Con las manos arreglo su cabello y, tras sacar un pañuelo, se limpió los labios.

-¿vas a responder?-preguntó Scorpius con fingida naturalidad. Los ojos verdes del chico Potter se fijaron en los de su mejor amigo. Obviar el ataque de celos que se estaba gestando al interior de Esc no estaba en sus planes así que, simplemente, carraspeó un par de veces para atraer la atención de ambos.

-se te hace tarde, Esc-le dio una palmada fuerte en la espalda-vamos galán, que Dawson te va ha fichar de nuevo-insistió al ver que no reaccionaba a sus palabras-¡ESC!-gritó.

-ya voy-gruñó-nos vemos más tarde-se despidió sin volver a mirar a Rose.

-¿a él que le pasa?-preguntó Rose mientras se arreglaba la mochila.

-no tengo idea-mintió Albus-te toca Encantamientos ¿verdad?-cambió el tema con una velocidad impresionante.

-sí, después pociones y luego el almuerzo-agregó-¿sigo muy desordenada?-

-no, ya estás bien-contestó naturalmente-Rosie, tú sabes que eres mi prima favorita y que te quiero mucho ¿verdad?-decía mientras avanzaba por los pasillos.

-¿a qué viene todo eso, Al?-preguntó extrañada.

-a que quiero saber porqué…-

-¡Rose!-Albus comenzó a sudar de inmediato y sin control. Se detuvo junto a su pelirroja primita y dieron media vuelta al mismo tiempo como si de robots se trataran. Allí venía, trotando con un bolso cruzado, Gwyn… siendo seguida de cerca por sus amigas.

-hola, Gwyn-saludó la pelirroja a la otra cuando estuvieron frente a frente.

-tienes un mechón levantado-susurró mientras acomodaba un poco el cabello de Rosie-hola, Al-saludó con más suavidad de lo acostumbrado.

Y como no podía articular palabra en ese momento saludó con una mano aparentando tranquilidad.

-¿Qué te pasó en la cara?-señaló.

-hola-venían llegando otras tres chicas con aspecto altivo… poco quedaba de las niñas modestas y tranquilas que Albus había conocido hace unos cuantos años.

-¿Cómo han estado?-preguntó Rosie por cortesía.

-bien, gracias, Weasley-contestó una de las chicas, de cabello negro y corto y ojos bastante oscuros. Ella era Leila Eastwood.

-de nada…-hizo una mueca disimulada.

-¿tú no saludas, Albus?-pregunto otra de las chicas. Cabello castaño claro con bucles y ojos azules. Shirley Rodson.

-Lo siento Ley…-

-Albus, ya no soy una niña… no me llames Ley-Ley-dijo ésta con molestia.

-de acuerdo…-susurró incómodo.

-como sea… vamos tarde. Gwyn, te esperamos en el aula-Fiona Carrigan había sido una chica dulce y tímida, no le gustaba ser el centro de atención en ninguna parte, pero ahora todo había cambiado. Su cabello rubio platinado y sus ojos celestes cristalinos buscaron los de Gwyn antes de dar media vuelta y hacer señas con su mano derecha para que el resto la siguiera.

-olvidas que me mando sola, Fiona-espetó con molestia, Gwyn-creo que deberían ser un poco menos arrogantes… es molesto-les gruñó.

-como sea… Gwinnie, solo apúrate-dijo como respuesta sin siquiera voltear a verla.

-lo siento, no era mi intención-se disculpó luego de ver que las otras tres chicas habían desaparecido entre el ir y venir de los estudiantes.

-no te preocupes, ahora creo con más fuerza que van a terminar muy pero muy mal-Rose acomodó un poco el libro entre sus brazos. Gwyn hizo una mueca.

-aún pienso que puedo salvar esto, pero creo que a ellas no les interesa-se encogió de hombros.

-pero ya no te preocupes por eso… lo que tenga que ser, será-

-eso creo-sonrió-me vas a decir qué te pasó-preguntó a Al.

-el Arbusto Sensitivo me dio un golpe-resumió con tranquilidad.

-¿fuiste brusco con él?-preguntó con media sonrisa.

-no, pero yo estaba molesto-dijo sin importancia.

-entiendo, esa planta es demasiado susceptible a los cambios de ánimo-arregló su bolso sin darse cuenta. Él asintió, había olvidado el hecho de que a ella le encantaban el tema de Herbología… y de cuidado de criaturas mágicas. Ésta última materia le erizaba la piel por un solo motivo, a Hagrid siempre se le ocurría traer animales extraños y a veces peligrosos para sus clases.

Había olvidado muchas cosas en estas últimas vacaciones. De hecho había pasado todo el tiempo aburrido, paseando por las calles de Londres hasta las ocho de la noche, sin encontrar nada interesante, olvidando la existencia de todo el mundo. Había recorrido muchas veces esa parte del mundo muggle y ya se le hacía demasiado monótono. Ni las reprimendas de su madre por llegar tarde para la cena le devolvían la diversión a su vida.

La verdad es que siempre fue muy calmado a comparación de su hermano, no le gustaba meterse en problemas aunque era bastante impulsivo a veces, nunca le atrajeron las bromas (a no ser que se tratara de aniquilar a uno de los pretendientes de su hermana). No sabía cómo describirse realmente.

Era amable, eso lo sabía, a veces era celoso e impulsivo y también algo indiscreto… ¿Cómo describirse? Se supone que debería conocerse, pero parecía que no… cada día pensaba que no era él mismo, que le faltaba algo importante… algo que necesitaba con ansia para completarse. Algo que ansiaba desde hace bastantes semanas.

Su rostro miraba en dirección al fuego que ardía en el pilar. Su respiración se apaciguaba y su nerviosismo había desaparecido, estaba tranquilo aunque escuchaba el borde del acantilado derrumbarse poco a poco. No sentía la claustrofobia que le había producido el lugar las primeras veces que estuvo en él. Quizá se había acostumbrado, algo peligroso ciertamente.

Ya no sentía la curiosidad ni el ansia de llegar a tocar el fuego, en primer lugar ¿para qué necesitaba ir por ella? Podía esperar tranquilamente, observarla nada más hasta que debería moverse o ella misma viniera hacía él, eso era completamente absurdo.

Entonces escuchó pasos, fuertes y claros. Venían hacia él. Sabía que estaba dentro de aquella cámara oculta. Su rostro ladeó hacia un lado para ver la figura de lo que parecía un hombre acercarse lentamente a él. Sintió curiosidad y no temor. Esa persona le daba confianza aunque no sabía quién era.

Se levantó para ir a su encuentro, pero antes de dar un paso o siquiera verle el rostro al hombre…

Sus se abrieron, miró hacia al lado solo para ver las cortinas de su cama. Alzó una mano y las apartó para luego salir de su abrigado lecho.

Aún era temprano, se fijó, el cielo recién comenzaba a clarear. Suspiró. ¿Por qué debía ser él el que terminaba levantándose antes que los demás? El sueño se había ido, no tenía más opción que levantarse y hacer cualquier cosa. Fin de semana… se suponía que debía dormir hasta las diez, no hasta las seis.

Tomó entonces la cadena que le había dado Gwyn y su varita de su mesita de noche, y buscó en el baúl ropa para ponerse ese día. Y se dirigió al baño para darse una larga ducha.

Sus músculos se soltaron lentamente con el contacto del agua caliente y el vapor, tenía la sensación de que había olvidado algo importante en el periodo entre el que se levantó de la cama hasta que abrió el agua de la ducha, pero no sabía exactamente qué era. Bueno, si era algo importante lo sabría y sino… también lo sabría con el pasar de las horas.

Al bajar, lo que encontró fue una fría sala que reproducía sus pasos en una escala amplificada. Se acercó a las ventanas y vio como el sol comenzaba a salir tras las montañas, por fin estaba amaneciendo.

Parpadeó varias veces antes de dirigirse a una butaca. Iba a sentarse cuando notó un diario olvidado con un titular que decía: Fuga de Azkaban.

Hizo una mueca, una sensación de ahogo llegó a su cuerpo. ¿Por qué? No lo sabía.

Continuará...

Esta es la segunda parte, ojalá les guste. Reviews plis!