Hi- Gracias por pasarse por aquí y darle una oportunidad a este fic, (prometo que no se arrepentirán) y además falta prumano y FrUk en el mundo XD.

Azmine Junet, Kira-writer, NadeshikoHokage, kaname lin-chan y solmysan

Gracias por sus reviews, favs y folows.

Por cierto, este fic NO tendrá lemon, es T por lenguaje e.e

Hetalia no me pertenece.

Despertó desparramado en su cama, habría seguido durmiendo de no ser por las sabanas que estaban a punto de asfixiarlo enrolladas alrededor de su cuello. Después de zafarse del complicado nudo y por fin respirar con tranquilidad, su cabeza comenzó a palpitarle de manera dolorosa y molesta.

-¿Esta es la jaqueca de la que tanto me hablaban Antonio y Francis?- se preguntó a sí mismo. ¿Cómo era eso posible? Él, el grandioso Gilbert Beilchmidt, ¿con jaqueca? ¿Él, el más asombroso bebedor del mundo, que después de ir a innumerables fiestas y beber como loco no había experimentado la borrachera ni el más mínimo dolor de cabeza?- Debe ser una broma.- pensó.

El día anterior se había acabado las reservas de alcohol de su bar favorito desde la preparatoria, todo por la invitación de la maldita boda de la machorra de Elizabeta...

-La boda...-suspiró.

Al pensar en eso la angustia regreso a su lugar ocupando un espacio en su pecho que solo le prohibía respirar correctamente. ¿Qué pasó ayer? eso era solo algo que quería olvidar. Hizo un esfuerzo por obligarse a recordar, únicamente por el hecho de que la idea de haberse emborrachado aun no le entraba en la cabeza.

...

-Espera un maldito segundo- dijo saltando de la cama y mirando la habitación de su departamento como si estuviera en el país de las maravillas- ¿cómo carajo llegue aquí?- si, se suponía que había estado bebiendo hasta que lo echaron del bar, luego, como no quería regresar a casa, fue a dar una vuelta por el parque; después se encontró con ese italiano chiflado que le dijo que era su hada madrina y...

Casi se le va su grandiosa alma al cielo cuando la vio. Ahí, sobre la estantería donde guardaba sus videojuegos y sus asombrosos discos de música, estaba una botella de cerveza intacta. La misma que el chico del parque había hecho aparecer.

-Kesese, seguro me emborraché y empecé a alucinar.

Pues claro, lo más probable era que al salir del bar se llevó una botella consigo y que de una u otra manera había regresado a su apartamento, después se había tirado en la cama y se había dormido. Era difícil aceptarlo pero era lo más lógico.

- Si, eso debió ser.

Ya más tranquilo, se quitó la ropa que llevaba puesta desde ayer y caminó en bóxers hasta la cocina, abrió el refrigerador y saco un bote de leche al cual le dio un gran trago; en seguida el líquido fresco hizo que su mente se despejara. Tomó de su ordenada estantería una camisa y un pantalón al azar y se dirigió al baño.

Tan metido estaba en sus pensamientos que no se percató del sonido de la regadera abierta, simplemente entró al baño y...

-¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!- gritó un italiano cubriéndose con la cortina del baño.

Una borrachera, bodas malditas y un italiano desnudo, sólo eso bastó para que por segunda vez en menos de veinticuatro horas, Gilbert se desmayara.


Flashback de Francis

-Francis- le llamó la joven de hermosos ojos azules y cabello azabache a unos centímetros de su oído..

-¿Oui mon amour?- contestó el mayor de cabellos rubios atados en una elegante moño y ojos azules con matiz violeta. No paraba en su acción de depositar pequeños besos en la comisura de los labios de su acompañante que guardó silencio antes de mirarlo a los ojos con seriedad.

-¿Me amas?

Fin del Flashback

-No es posible- se quejó el inglés frotándose el puente de la nariz- Ya es la quinta desde que empezamos.

-Pero Arty, ami- lloró el francés- no es mi culpa que...

-Shut your fucking mouth, frog.-le ordenó con severidad y dándole otro sorbo a su taza de té.

Si. Él, el hada más poderosa del mundo, Arthur Kirkland; llevaba no uno, ni dos, sino tres meses ayudando al francés más estúpido de la existencia, Francis Boneffoy, a conseguirse una novia. ¿Por qué? ¡Pues porque ese era su trabajo, maldita sea! Él no podía escoger a quién ayudar, simplemente tenía que acatar las órdenes. La mayoría de sus funciones acababan en un par de semanas, lo único que hacía era dar un par de empujones a sus "clientes" y ya estaba.

Pero no, con "ese" tipo era diferente.

Él no tenía la culpa, su magia era perfecta e impecable, como siempre; no, el problema era que esa rana pervertida no podía...

-Arty, - le sorprendió el galo a unos centímetros de su rostro. El inglés casi podía sentir el aliento del oji violeta, atontándolo y nublando su mente.

-¡¿Q-qué mierda c-crees que es-estás haciendo?!- exclamó al salir de su estupor, girando su cabeza para alejarse del francés y de paso ocultar su terrible sonrojo.

-Preo ami, te hablé muchas veces y no me respondiste- dijo con sencillez el otro y luego sonrió pícaro- no me digas que...¿te enamoraste de mi con una simple mirada?

-¡P-por supuesto que no!- respondió inmediatamente- ¿quién se enamoraría de un s-salido como tú por algo cono eso?

-Honhonhon solo bromeaba, peu grincheux.

-En ése caso deja de hacer bromas tan absurdas y piensa en otro objetivo.- indicó mirando los alrededores ansioso por cambiar de tema- Hey, ¿qué tal esa castaña de lentes? No hemos probado con ninguna de ese tipo, ¿te gustan las morenas? o prefieres...

-Arthur- le dijo serio el mayor- tú sabes mejor que yo que va a terminar en lo mismo de siempre- guardó silencio un momento-Tal vez, simplemente no me va bien con las mujeres...

-Ni con los hombres- le recordó el inglés por la vez en la que habían probado con un chico de universidad, el experimento no resulto mejor que los anteriores.

-Exiger, ma petite fée.- corroboró con algo de sarcasmo por la ofensa.- Eres tan sisero...¿por qué no he intentado salir contigo? Si no me va bien con los hombres ni con las mujeres, tal vez me valla mejor con las hadas.- esto último lo dijo con tono perdido, casi para sí mismo. Esa conducta sorprendió a Arthur, ¿dónde estaba la rana pervertida y burlona de siempre?

-Francis...

- Voy a caminar un rato, te veo en casa mon amour.- le cortó el aludido, alejándose a grandes zancadas. El inglés lo miró alejarse al mismo tiempo que un extraño sentimiento de dolor se expandía en su pecho.

Si, él se había enamorado de aquel rubio de mirada violeta, ¿cuándo pasó? ni el mismo lo sabía. Solo había pasado. Tan naturalmente como cuando él apareció y le dijo "Soy Arthur Kirkland y seré tu hada madrina"

-Pero ese no es el problema- dijo en susurro- porque no importa si soy yo o alguien más, tú nunca has podido ni podrás amar.

Fin!

Recibo reviews, follows, favs, críticas y tomatazos.

Hasta el próximo cap.