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Cáp. 2:Humillaciones…
Pego un respingo y cerro los ojos fuertemente al escuchar la puerta cerrarse fuertemente detrás de ella. Los abrió y se encontró a su madre frente a ella, furiosa y respirando fuertemente haciendo ruido por su nariz.
La miro asustada, en realidad, si le daba miedo ver a su madre en ese estado, era como un toro encerrado que esperaba impaciente que lo largaran para correr y pincharte el trasero con los cuernos…
– Kagome –aspiro y suspiro -¿Qué les hiciste? –pregunto sin rodeos. Kagome se cruzo de brazos.
– Yo –se apunto así misma e hizo cara de sorprendida –Nada –respondió desviando la mirada.
– ¿Entonces por que te pegaron? –le pregunto molesta.
– Por que… eran un grupo de matones y yo invadí su territorio –respondió inteligentemente. Aunque su madre no le creyó.
– Kagomeee –suspiro ya cansada.
– Bien, le hice una bromita a la capitana de las porritas –admitió por fin.
– ¿Y eso te parece bonito? –le pregunto enarcando una ceja. Kagome sonrió ampliamente.
– Si –respondió dejando a su madre para comenzar a subir las escaleras.
O.o
¿Saldremos igual el sábado?
El dudo.
Si no quieres… yo…
-Si, nos veremos el sábado, te paso a buscar a las ocho –contesto.
Bien, adiós…
Corto la llamada y lanzo el celular contra su cama.
Su emoción, su alegría y sus preparaciones para la noche del sábado se esfumo, hizo ¡PAF! y desapareció y todo gracias, con sarcasmo claro, a la niñata, mocosa y estupida mujercita que le había echo la broma a Kikio. Bufo al recordar el panfleto que le había dado. No entendía a las mujeres, si Kagome o como se llamara, quería acostarse con el, simplemente debía de decírselo y ya, no tenia que hacer esa escena de celos que hacen todas las mujeres para defender lo suyo. El no era de nadie y no pretendía ser de nadie tampoco. Las mujeres para el era como un trapo, lo usas y lo tiras…
Aahh… como amaba esa frase. La usas y la tiras. Era una noche rápida o lenta, depende, mucha lujuria, pasión y ritmo, infaltable la música cursi de fondo y las malditas rosas, que por cierto le salían caro… tendría que ponerse una florería, por que eso de conseguir mujeres para los sábados y llevarle rosas le estaba costando millones y por cierto el no era rico.
Eh… creo que nos fuimos del tema. El era como un don Juan, todas las mujeres caían a sus pies con solo lanzarles una mirada o una simple sonrisa. Era tan atractivo, el no necesitaba mujeres que lo amen, con amarse el mismo para toda la eternidad le bastaba…
Esa chica Kagome seguramente estaba loca por el, y como no estarlo si el era una maravilla de dios, con un cuerpo esplendoroso y… no, bueno. Nos fuimos nuevamente de tema; se vengaría de Kagome por haberle predestinado la humillación. Le enseñaría lo que se siente ser humillado, jugaría con ella, con su frágil alma, la enamoraría y luego la dejaría, la pisotearía y reiría de ella como nunca…
Eso si es ser malo…
O.o
– ¿Qué te paso en la cara? –le pregunto su amiga Sango viendo el moretón que se encontraba en su mejilla cerca del ojo derecho.
– Las amigas de Kikio –respondió secamente, mirando de reojo a Kikio, odiándola en silencio…
– Bueno –suspiro -¿Qué le hiciste?
No escucho las preguntas de su amiga, estaba mas interesada en pensar una forma humillar a Kikio. Estaban en clase de natación, todas las chicas con maya de colores raros y sombreros en sus cabezas, tapando sus cabellos. Kikio se encontraba cerca de la orilla, mirando atentamente el agua, según sus contactos, ella le tenía miedo al agua, a las arañas y a subir de peso.
Sonrió emocionada, ¿Qué pasaría si…
Se acerco a ella lentamente, mirando a la profesora, vigilando que no la mirara, entonces, se paro detrás de Kikio. Ella se dio cuenta de su cercanía y la miro interesada, a lo que Kagome, le dedico una sonrisa.
– Hola –le saludo sonriente. Kikio enarco una ceja.
– ¿No te basto lo que te hicieron mis amigas? –le pregunto molesta en susurro. Kagome hizo una mueca y pasó sus manos entrezaladas a su nuca.
– Uhm no fue nada de otro mundo –contesto como si nada.
Aunque debía admitir, que estaba asustada, por que una cosa es uno contra uno, que por supuesto no temería, pero seis contra una… digamos que da miedito a salir paralítica de allí.
– Eso no es nada comparado con lo que vendrá –amenazo mirándola con odio. Kagome sonrió burlona.
– Una cosa debes saber, querida Kikio, yo nunca me dejo vencer, ni mucho menos me rindo… -le aclaro firme y orgullosa.
– Eso lo veremos –devolvió mirando nuevamente a la profesora. Kagome carcajeo por lo bajo, haciendo que Kikio apretara sus puños conteniendo su furia.
– Sabes –comenzó nuevamente –Me entere por ahí que le tienes miedo al agua –afirmo. Kikio la miro rápidamente –Ah es verdad –carcajeo.
– ¿Qué sucede allí? –pregunto la profesora interesada.
– Nada profe, le estaba contando un chiste a Kikio –contesto Kagome sonriente.
– Traten de no interrumpir mas mis clases –replico.
– Si, lo sentimos profe –se disculpo Kagome.
– ¿Qué es lo que quieres? –le pregunto Kikio asustada y ya cansada.
– Divertirme –respondió, entonces Kagome poso una mano en su hombro, ella la miro extrañada –Te devuelvo el favor que me hicieron tus amigos –le susurro en el oído.
– ¿De que…
– ¡Patito al agua! –grito empujándola con fuerza.
Todas las chicas comenzaron a reír divertidas, al igual que Kagome.
– ¡¡Himura!! –exclamo la profesora horrorizada.
– ¡Auxilio! –exclamo en sollozos Kikio, quien movía sus brazos para cualquier lado.
– Esto es demasiado bueno para ser verdad –murmuro Kagome emocionada –Voy a presenciar la muerte de Kikio –prosiguió. Sango se paro aun lado de ella y miro la escena asombrada -¡Yeah! –exclamo levantando su mano derecha, Sango la imito y ella le pego en señal de victoria.
– Creo que te pasaste –opino Sango al ver la profesora saltar al agua y tomar a Kikio en brazos.
– Yo creo que no –devolvió.
– Si, creo que si –dijo nuevamente ella, al salir, la profesora aventó suavemente a Kikio en el suelo, quien se encontraba desmayada.
– No esta muerta, ¿No? –le pregunto fingiendo estar preocupada a la profesora.
– No, respira –tranquilizo sonriente – ¡Kikio! –le llamo pegando pequeñas palmaditas en la mejilla.
– Ves, no fue tan malo –le dijo a Sango quien la miraba dudosa.
O.o
Miro a la profesora con los ojos entre abiertos. Tenia sueño y todo por andar pensando en toda la noche en como enamorar a la bruja y luego abandonarla, rió como loco, hasta su padre fue a ver si se encontraba bien ya que lo escuchaba reír e Inuyasha no tenia televisión en su habitación, por lo que su padre se asusto al ver a su hijo loco y lo dejo solo con su risa paranoica.
– Esto será maravilloso –murmuro una vez más. Su amigo lo miro de reojo.
– ¿Qué cosa? –pregunto interesado.
– Enamorare a Kagome Higurashi –contesto orgulloso. Miroku enarco una ceja interesado.
– ¿Quién es? –Le pregunto –No la conozco… ¿Una de tus conquistas? –le pregunto. El negó.
– Es la que le hizo la broma a Kikio –respondió.
– Aah –emitió Miroku -¿La morocha? ¿La que repartió el panfleto? –fue mas que una afirmación que una pregunta. El asintió.
– La misma
– Aaahh… Te gusta –afirmo. Inuyasha lo miro.
– No, solamente me vengare –corrigió.
– Pero te enamoraras de verdad –opino sabiamente.
– No, solamente es una broma –devolvió el nuevamente, mientras tomaba un lápiz y comenzaba a dibujar en la mesa…
– Si, pero terminaras sufriendo por amor –insistió. Inuyasha suspiro y lo miro de mala gana a Miroku.
– Ya cállate –pidió fastidiado dejando el lápiz. Miroku miro interesado el garabato de Inuyasha.
– ¡Ah! –Exclamo -¡Ves! –Señalo la mesa -¡Te gusta!
– ¿Eh? –Lo miro sin entender y luego lo que señalaba en la mesa -¿Quién escribió eso?
– Tu idiota –respondió.
Miro la mesa donde había escrito, no se dio cuenta de lo que hacia y el no tenia la culpa de haber escrito accidentalmente el nombre de la bruja, o sea, Kagome.
Encogió los hombros sin importancia. El no se enamoraría, por que esa mujer no le gustaba es mas, sabia que no iba a ser fácil comportarse dulcemente y tiernamente con ella, aunque estaba seguro que no seria nada difícil, después de todo, esa mujer moría por el, ¿Y quien no?
La puerta se abrió de repente, dejando ver a una joven de cabello negro con mechas fucsias y ojos grandes azules.
– ¡Inuyasha! –llamo desesperada, acercándose a el -¡Kikio murió! –contó horrorizada.
El quedo en shock, mientras que el coro de fondo murmuraba un… oh y se tapaban la boca asombrados.
– M-mu-murio –balbuceo.
La morena rolo los ojos.
– No, bueno, no murió –corrigió en un suspiro –Exagere, lo siento –se disculpo con una sonrisa, el enarco una ceja –Una chica la tiro al agua y ella casi se ahoga, es necesario que vayas a verla para que le hagas respiración de boca a boca –explico.
– ¡Yo voy! –se ofreció Miroku.
– Miroku –reprocho Inuyasha. El no dijo mas -¿Dónde esta? –le pregunto.
– En natación –respondió.
– Bien, vamos –dijo levantándose.
– ¿A dónde cree que va, Taisho? –le pregunto la profesora molesta.
– No es de su incumbencia –le contesto fríamente.
O.o
– Bah –suspiro –Alegro a la gente y me mandan por un reporte –comento fastidiada -¿Quién demonios los entiende?
Hizo una mueca y siguió su recorrido. Su ropa estaba empapada y sucia. Todo, por que Kikio apenas se levanto fue directo a ella, pegándole, pero mas que pegarle –que por cierto no le dolió por que Kikio no tenia fuerzas –le humedeció la ropa.
Quedo echo un asco.
Paro en seco, ya que la puerta de un curso se abrió de repente y el que salía, casi la choco. Kagome lo miro frunciendo el ceño, mientras que el muchacho lo miraba molesto.
– ¡Tu fuiste quien empujo a Kikio! –señalo la chica que lo acompañaba, Kagome frunció aun mas el ceño.
– Así que tu fuiste… -murmuro el. Ella lo miro y asintió orgullosa.
– No pensé que me saldría tan bien –comento sonriente.
– Acompáñame a ver a Kikio –pidió conteniendo la furia. Ella negó.
– Debo ir a detención…
– ¡Te tendrían que suspender! –intervino la chica.
– Ya vez que no –le devolvió burlona. La chica apretó sus puños.
– ¡Te dije que me acompañes! –estallo tomándola de por abajo del trasero y levantándola.
– ¡¡No!! –Grito -¿¡Que haces idiota!? –pataleo, pero el la había puesto sobre su hombro y comenzó a caminar -¡Bájame ñoño! –siguió gritando pero el la ignoro.
Siguieron así, el tranquilamente y ella gritando como loca, tratando de pegarle, pero el parecía inmune a sus insultos. La chica iba detrás de el, sonriéndole y burlándose cada tanto de ella.
Juraría que esa chica estaría en su lista de victimas.
Llegaron a la sala de natación y se encontraba Kikio aun tirada en el suelo.
– ¡Bájame! –grito nuevamente Kagome. Inuyasha camino un par de pasos más y se detuvo.
– Como órdenes –asintió aventándola al agua.
Ella salio poco rato después, encontrándose con las caras burlonas de los pocos presentes y entonces odio por primera vez verdaderamente. Odio a ese chico con pelo raro plateado y a su noviecita.
Los miro fulminante, mientras subía las escaleras. Se planto frente a ambos, quienes reían.
– Tienes el rimel corrido –se burlo Kikio, queriendo tocarle el rostro a Kagome, pero ella se alejo asqueada.
– ¿Qué se siente ser humillada? –le pregunto el burlonamente. Ella lo miro.
– Lo mismo que tu sientes siendo idiota –devolvió de mala gana. El tenso la mandíbula –Luego no pregunten el por que –replico dándose vuelta y yéndose.
– ¡Higurashi le dije que vaya a detención! –le grito la profesora. Ella gruño y pateo la puerta antes de salir del lugar…
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