Wow. Sueno como un marica total. Estaba pidiéndomelo, y yo ahora me niego a dárselo? Por que no pude haber llegado a esta conclusión después de metérsela adentro?? Por qué siempre tengo que dejar que mi corazón piense antes q mi pija? Soy un marica.

Le di la espalda, avergonzado.

La incomodidad de este momento no podía ser peor. Aquí estoy, en un saco de dormir con el cuerpo desnudo de Bells al lado mío, mi pija tan dura como una roca, su ***** tan dulce… tan húmeda sólo esperando por mí y ahora simplemente tenemos que "irnos a dormir."

Su manito fría comenzó a recorrer la extensión de mi brazo y luego alrededor para tocar la firmeza de mi estómago desnudo. Se movió sobre mis pezones y luego fue bajando deteniéndose justo antes de alcanzar mi polla. Pude sentir un dolor en mi estómago. No había forma de que con ella tocándome así… reuniera bastante fuerza para apartarla otra vez. El cuerpo de Bella entonces se escabulló en el mío y susurró en la voz más confianzuda, menos de Bella que había oído: "Jake, tienes razón. Nadie nunca tocará mi cuerpo de la forma en que acabas de hacerlo. ¿Cómo puedes negarme eso?" Su mano entonces encontró su camino a mi pene y estrujó. Mi longitud solo se acentuó por lo pequeña que parecía su mano agarrándome y me daba cuenta por como empujaba sus caderas en mi espalda mientras me masturbaba, que lo deseaba tanto. Su lengua lamió detrás de mi oído bombeando mi pene y podía sentir la bajada y caida de su pecho con la respiración casi infundida en pánico, necesitada.

"Por favor, te necesito" me rogó. Parecía una niña berrinchuda y era tan jodidamente caliente. La estaba dejando completamente indefensa por mi porfiado rechazo de meterme en ella y me encantaba decirle que no. Me encantaba rechazarla. Pero igual… tenía mis propias necesidades. Quería que mi pene supiera cuán estrecha y húmeda estaba también.

"Por favor, Jake." siguió ella.

Quería tan desesperadamente negarme. Castigarla por su propio egoísmo, dándome por sentado todos estos años, pero estaba tan excitado que tenía sólo un pensamiento en mi mente….castigarla sexualmente por portarse mal. Giré antes de que ella supiera lo que hacia y monte su diminuta figura.

Moví mi pene entre sus piernas, humedeciéndolo con su vagina, deslizándolo sobre su clítoris.

"¿Quieres esto? ¿O me quieres a mí?" Le pregunté, exigiendo una respuesta.

"A ti." Suplicó ella.

"Dime cuanto lo deseas," no pude evitar sonar insensible mientras frotaba continuamente su clítoris con mi pene. Sus caderas empujaron hacia arriba en las mías, tratando de alinear la entrada de su vagina con mi pene en la esperanza de que accidentalmente lo metiera y le diera aquello por lo que estaba claramente desesperada. Procuré negarle tanto como pude, aunque tomara cada pedacito de voluntad dentro de mí.

"Por favor…" sonaba derrotada… yo me quitaba tener el poder ahora. Me incliné hacia arriba y metí mi pene en su boca suave, mojada, abierta.

"Si no puedes decirme cuánto me deseas, entonces cállate y chúpala." Y cómo la chupó. Podía probarse a sí misma en mí, y se estaba retorciendo debajo mío… rogando por lo que tan fácilmente le daría si tan solo decía las palabras que quería escuchar. Su lengua corrió toda sobre mí… sus brazos se liberaron de mi agarre y me alcanzaron, acercándome más a su boca para poder lamer mis testículos por un rato. Podía ser virgen, pero su comodidad y libertad con mi cuerpo no dejaba misterio de lo jodidamente increíble que sería cojérmela toda.

Mis caderas comenzaron a empujar en su boca, todas esas imágenes de coger su vagina hacían que mi pene deseara embestir en algo húmedo y caliente, y si ella no iba a darme su corazón, entonces su boquita tendría que ser. Me moví más rápido, dándole un poco de arcadas, pero a ella no pareció importarle. De hecho, cuando podía sentir la parte trasera de su garganta, ella se inclinaría hacia adelante intentando tragar más. Era impresionante… Y estaba preocupado de que podría acabar justo ahí en su cara… pero algo me dijo que resistiera. Quería acabar dentro de ella, no en su cara, no en su boca. Después de todo, amaba a esta chica.

Salí lentamente de su boca, una pequeña cuerda de saliva colgaba de su labio a mi pene. Era la vista más hermosa que había visto en toda mi vida.

"¿Hay algo que quieras decirme?" –exigí.

Cuando estaba a punto de responder, oí un chillido agudo a la distancia. Era Seth. Estaba aullando. Claramente, el peligro estaba cerca.