CAPÍTULO 2.
Habían ido corriendo hasta la torre de Ravenclaw, y en esos momentos se encontraba frente a las puertas de la torre, esperando sin mucha paciencia a que Raven emergiese de ella. No entendía qué era a lo que se refería, pero parecía muy decidida, así que, después de pasar por su habitación y cambiar su ropa totalmente empapada, la acompañó, completamente intrigada por saber de qué se trataba todo aquello.
Es que aún no podía asimilar todo lo que acababa de pasar en el baño. Intentaba no pensarlo demasiado, porque las lágrimas se acumulaban en sus ojos si recordaba la mirada fría que Clarke había mantenido en todo momento. Era como si fuese otra persona, como si su novia, aquella chica increíble que había despertado en ella unos sentimientos que jamás había imaginado, se hubiese esfumado, y aquel pensamiento dolía de una forma insoportable.
Estaba dando vueltas en círculos, claramente nerviosa, cuando su amiga volvió, y su mirada se desvió automáticamente a sus manos, que sujetaban una carta con firmeza. Devolvió la vista a sus ojos y Raven se acercó a ella, apretando suavemente su hombro.
—Raven, ¿qué es esa carta? —quiso saber, porque su amiga no había dicho nada pasados unos segundos.
—Aquí no, Lex —la Ravenclaw comenzó a caminar y ella la siguió a su lado—. Vamos a la Sala de los Menesteres, allí será más seguro.
Ni siquiera asintió, y caminaron rápidamente por los pasillos de la escuela, con cuidado de no encontrarse con ningún profesor, ya que las clases habían empezado ya esa mañana. Y es que era la primera vez que iba a faltar a una, pero Dios, la angustia que sentía en su interior y la necesidad de comprender qué era lo que había pasado con Clarke lo justificaba todo. No había podido perder a su chica para siempre, se negaba a aceptar aquello.
La puerta a la Sala de los Menesteres apareció frente a ellas en el preciso instante que llegaron al muro donde se abría, y se apresuraron a adentrarse en ella, sellando bien la puerta para que nadie pudiese entrar. Se sentó en uno de los dos sillones que allí había y observó su alrededor mientras Raven cogía aire, sentándose también a su lado.
—¿Qué es eso, Raven? —volvió a preguntar como minutos antes, incapaz de esperar más.
—Lo primero, perdóname por no haberte dicho nada de esto antes —comenzó a decir la castaña, conectando sus miradas, y ella negó con la cabeza, haciéndole saber que todo estaba bien—. Clarke vino a mi casa hace unas pocas semanas.
—¿A tu casa? ¿Clarke? —frunció el ceño, porque no entendía nada. ¿Cómo sabía la Slytherin dónde vivía Raven? ¿Y cómo había ido hasta allí?
—Se apareció de repente —contestó la Ravenclaw, aclarándole las dudas—. La cosa es, Lex… Estaba tan extraña, como si supiera que algo le iba a pasar, ¿sabes?
—¿Qué quieres decir? —se enderezó en su asiento, sintiendo su corazón acelerado con lo que le estaba diciendo Raven.
—No sé, Lexa, ahora que sé todo, supongo que tendría alguna misión con los Mortífagos o algo por el estilo, pero ella estaba segura de que algo le iba a pasar —su amiga estiró la mano en la que mantenía aquel sobre y se lo tendió—. Me dio esto para ti, y de verdad, esperaba no tener que dártelo, que Clarke me dijese hoy que no hacía falta, pero visto lo visto…
Suspiró, intercalando su mirada entre su amiga y aquel sobre que mantenía la castaña en la mano, sellado con una C en verde, que le envió escalofríos por todo el organismo. No sabía qué era lo que su novia habría escrito en aquella carta, pero estaba convencida de que no se trataría de nada bueno. Tras unos segundos en los que permaneció dubitativa, tomó por fin la carta de las manos de Raven y la miró fijamente, sintiendo el tacto del papel en sus manos, llevándosela a continuación hasta su rostro para poder olerla, y sintió el escozor en sus ojos cuando, aunque fuera de forma fugaz, reconoció el olor de Clarke.
—Creo que será mejor que te deje sola, Lex —habló la castaña, y levantó la vista para ver cómo se levantaba del asiento y se acercaba a ella, poniendo una mano sobre su hombro, dando un pequeño apretón de forma cariñosa—. Voy a clases, luego hablamos, ¿está bien?
—Vale —contestó simplemente y vio cómo se alejaba hacia la salida—. Raven —la llamó antes de que saliese y la chica se giró para mirarla—, muchas gracias.
—Esperemos que sirva para descubrir qué es lo que le pasa a Clarke —su amiga le dirigió una última sonrisa y la dejó en aquella sala completamente sola.
Sola, frente a aquel papel que podría cambiar el curso de todas las cosas. ¿Qué hacía? ¿Lo abría? Y es que era muy paradójico, porque en cualquier otro momento, habría tardado milésimas de segundo en empezar a leer una carta proveniente de Clarke Griffin, pero en ese instante, el miedo la paralizaba de una forma abismal. Miró el sobre una vez más y lo dejó a su lado, echó la cabeza hacia atrás sobre el sillón y se llevó las manos a la cara, suspirando con fuerza. El miedo que había sentido curso tras curso sufriendo el acoso de los Slytherin no se comparaba, ni lo más mínimo al que sentía en ese instante.
El miedo de poder haber perdido por siempre a quien más quería.
XXX
Le estaba costando prestar atención a las palabras de la profesora. ¿Cómo estaría Lexa? ¿Habría terminado de leer la carta? La incertidumbre y la impotencia de no poder hacer nada la estaban matando, pero tenía claro cuáles eran sus recursos: los libros. Intentaría informarse bien para poder ayudarla, lo malo era no saber por dónde empezar y esperaba que esa carta tuviese una pista, que Clarke supiese cuál era su destino y cómo podían ayudarla.
Justo en ese momento un papel apareció frente a ella, era pequeño y tenía una caligrafía un tanto desordenada, pero sonrió al reconocer de quién era. "Has ido de vacaciones por ahí. Qué envidia de moreno". Las letras desaparecieron nada más lo leyó, y aprovechó para escribir en el mismo papel. "Soy latina, lo llevo incorporado". El papel desapareció, y entonces giró levemente el rostro para ver a Luna, unos asientos más alejada de ella y en la fila de detrás, leyéndolo y sonriendo de forma gradual cuando lo tuvo delante.
Mordió su labio, observando a la bruja que explicaba la primera lección, e intentó apuntarlo todo en su pergamino, porque le hacía también el favor a Lexa, que estaba perdiéndose la lección. Entonces, otra vez apareció frente a ella la nota. "Tienes una letra bonita, Reyes". Y, de nuevo, esa sonrisa de tonta dibujada en los labios. El año anterior había sido igual, también se decían cosas así, pero normalmente nada más allá de esas frases en notas dentro de clases. Era el juego habitual entre ellas. "La tuya es un poco feita, Hilker".
Continuó con sus apuntes, y rodó los ojos divertida cuando vio otra vez aparecer el papel frente a ella. "Al menos es lo único feito". La miró, y la vio sacándole la lengua, cosa que le hizo sonreír. "Te he visto en días mejores, ¿has dormido bien esta noche?". Apuntó rápido lo último que había escuchado de la profesora, pero la respuesta de Luna hizo que su corazón trabajase al doble de potencia y que la explicación quedase en un segundo plano, tercero quizás. "No he dejado de pensar en ti, así que no".
"¿Qué pensabas?"
"Eso es íntimo, Reyes"
"Es para asustarme o no"
"Depende"
"¿De qué?"
"De lo agresiva que me ponga"
"¿A qué te refieres?"
"Tengo que contarte varias cosas"
"Puedes empezar ahora. ¿Por qué estás soltera?"
"Porque no tengo novio"
"Qué graciosa, Hilker"
"Me he fijado en otra"
"¿Otra persona? ¿Algún chico de tu casa?"
"Me refería a una chica"
Su corazón empezó a latir tan rápido que creyó que la profesora la echaría de clase en ese mismo momento. Levantó la mirada, solo para confirmar que no era observada por la bruja, porque probablemente debía estar notando que hiperventilaba con esa nueva información.
"¿Te gustan las chicas?"
"Solo ella"
"¿Has roto tú?"
"Me gustan las cosas más húmedas, ya sabes que adoro el mar"
"¿Cómo de húmedas?"
"Que se deslice bien"
Oh, Dios. Una cosa era ser virgen, o no haber besado a nadie en su vida, pero… Nunca habían hablado de esa forma. ¿Seguía siendo un juego o había algo más? Intentó controlarse, porque sus conversaciones jamás habían tomado aquel rumbo, y no sabía cómo contestar, pero no quería que Luna ganase. Piensa, piensa, ¿qué podría contestar? No debería haberle dicho que no a su amiga del vecindario, Natalie, sobre comprarse aquella novela para adultos, probablemente en esos momentos le habría ayudado.
"Y en tus pensamientos, ¿cómo de húmedas estaban las cosas?"
Por una parte, quería ver la cara de Luna para ver su reacción, pero por otra, no quería girarse porque la Gryffindor iba a ver que estaba completamente roja. Al final, la vergüenza le impidió girarse, pero se tomó como buena señal el que la chica estuviese tardando más en contestarle.
Bien, concéntrate de nuevo en la clase, y deja las cosas húmedas para más adelante. Casi rellenó lo que quedaba de pergamino, cuando recibió una nota nueva.
"¿Luego vas a la biblioteca, empollona?"
Quizás fue una decepción, ¿se habría pasado? Eso le pasaba por haber disfrutado tanto y haberse dejado llevar. No había medido bien sus palabras, ¿y si no se estaba refiriendo a nada de eso? Si era cierto que lo había dejado con su novio, necesitaría tiempo de estabilidad, y obviamente el motivo no habría sido ella. Más quisiera que Luna le dijese que lo había dejado por ella, seguro que estaba con sus tonterías de siempre y luego le decía que sí que seguía con él o que eso de que le gustaban las chicas era para picarla un rato.
"Sí, he quedado con Lexa".
Y era cierto, tendría que contarle qué había encontrado en aquella primera carta.
XXX
No sabía cuántos minutos podría llevar allí, sentada en aquel sillón, observando el sobre. Había intentado abrirlo al menos cuatro o cinco veces ya, pero el temor que se apoderaba de su cuerpo cuando estaba a punto de hacerlo, le impedía conocer el contenido de aquella carta. Sabía que debía abrirla, se lo debía a Clarke, a su Clarke y, además, se estaba saltando las primeras clases del último curso, por primera vez en su vida.
Volvió a tomar el sobre entre sus manos y respiró con fuerza, intentando controlar sus emociones y no ponerse a llorar antes de hora, porque sabía que lo que fuera que su chica hubiese escrito allí dentro le iba a afectar mucho más que la incertidumbre. Vamos, Woods, sé valiente y enfréntate a la realidad. Tomó su varita, apuntando al sobre para abrirlo rápidamente, y sacó con cuidado el pergamino que se encontraba dentro, y otra vez esa oleada del perfume de Clarke, ese que había memorizado a la perfección, y en el que se moría por perderse nuevamente.
En cuanto lo desplegó, la visión de su caligrafía sobre el papel le removió todo su interior, porque, aunque solo hiciese una semana desde la última vez que había leído una carta de las suyas, todo había cambiado. La mirada de Clarke hacia ella había cambiado, así como sus palabras y su comportamiento. Es que aquella chica era incluso peor de lo que había sido en aquellos primeros años, y las lágrimas vinieron solas, nublándole la vista momentáneamente. Se pasó el dorso de la mano por sus ojos, y volvió a respirar con fuerza, esta vez preparándose para comenzar a leer.
Hola, preciosa:
Si estás leyendo estas palabras, ya sabes lo que ha pasado. Siento, siento muchísimo hacerte pasar por esto, y probablemente estés llorando en este momento, pero no quiero que lo hagas. Sonríe, porque no hay nada en el mundo más bonito que tu sonrisa, no quiero que la pierdas ni un segundo.
Te preguntarás el porqué de esta decisión, y es bien fácil: No podía estar a tu lado sabiendo quién era yo. Te mereces mucho más que una persona con esa marca tan horrible en el brazo. Te mereces a alguien tan puro como tú, que te trate como te lo mereces, y que te haga sonreír desde el principio, cosa que yo no pude hacer. No te enfades con Raven por no haberte dicho nada antes, es una gran amiga para ti, Lex, y sé que va a cuidar de ti.
Necesito que me prometas una cosa: No busques responsables de esto, no quiero que te veas involucrada en nada malo, es tan solo una consecuencia de querer hacer lo mejor para ti. Cuando fui a visitarte a tu casa y me dijiste que querías tener hijos, no pude evitar imaginarnos en un futuro juntas, teniendo un hijo juntas, y me pregunté que cómo iba a poder un niño una madre como yo. Sé lo que estarás pensando ahora, pero necesito que lo entiendas, y que sigas hacia delante, es lo todo lo que te pido.
No podré agradecerte nunca lo suficiente por todo lo que me has dado en estos meses. Me has hecho descubrir la felicidad, Lex, algo que jamás había podido experimentar hasta estas navidades pasadas. Y cada minuto a tu lado desde entonces ha sido mejor que el anterior. Cada sonrisa tuya, cada beso, cada noche juntas, han hecho que toda la vida que he tenido y que consideraba miserable, valiese la pena.
Te quiero, te quiero tanto que no podría llegar a explicártelo, pero solo viendo ese brillo en tus ojos durante cada momento que hemos pasado juntas, sé que tú te sientes igual que yo, y me odio por tener que hacerte esto, pero créeme, es la única solución. Solo espero que sigas adelante, y que, cuando ya no esté a tu lado, recuerdes lo feliz que me has hecho.
Para siempre tuya,
Clarke.
Releyó la carta un par de veces entre algunas lágrimas, totalmente encogida sobre aquel sillón, intentando encontrar alguna palabra escondida, alguna pista que le hiciera ver que aquello no era más que una broma, o un malentendido. Pero allí no había más que lo que acaba de leer. Su novia se estaba despidiendo de ella en aquel pergamino, y el dolor no hacía más que aumentar a cada segundo que pasaba.
Quería entenderlo, de verdad que sí, pero Clarke la había abandonado y ese era el único pensamiento que se repetía en su cabeza. Y no sabía si es que lo que la rubia pensaba que pasaría no era lo que había pasado finalmente, pero se negaba a pensar que su plan fuese volver a ser aquella persona por la que llegó a sentir tanto temor en los cursos anteriores en Hogwarts.
No le importó nada en ese momento, y dejó salir todo su dolor, sintiendo sus mejillas empapadas mientras estrujaba la carta sobre su pecho, y comenzó a reproducir en su mente algunos de los momentos increíbles que había compartido con Clarke en los meses anteriores.
"—Lo siento, soy un poco bruta."
"—Igual esta puede ser nuestra oportunidad, Woods."
"—Por favor, no me tengas miedo."
"—Aprovechemos el tiempo, por favor."
"—Puedes agarrarte si tienes miedo, te defenderé de seres peligrosos como es el viento."
"—Yo… Yo te voy a proteger, lo prometo."
"—Eres una ratita de biblioteca."
"—Shh… Te tengo, Lex."
"—Te estaría besando todo el día si pudiera, Lexa."
"—Haría lo que fuera por hacerte feliz."
"—Yo solo quiero ser tuya para siempre."
No iba a volver a vivir aquellos momentos, ni iba a tener a Clarke nunca más, ahora tan solo quedaba una versión de ella, completamente opuesta a lo que había sido su novia. Y, aunque no la volviese a tener jamás, tenía claro que no se iba a quedar con los brazos cruzados, tenía que averiguar qué era lo que le había pasado.
Tras unos minutos, en los que logró recomponerse medianamente, se incorporó en el sillón dispuesta a salir de la sala de los menesteres. Debía encontrar a Raven y ambas buscarían una explicación a todo aquello que estaba pasando.
XXX
Cerró el libro frente a ella, notando un escalofrío al recabar más información sobre el Juramento Inquebrantable. No se arrepentía de haberlo hecho, porque protegería a Lexa de lo que hiciera falta, pero no dejaba de darle algo de terror. Al fin y al cabo, era humana.
Se levantó y paseó por las estanterías para dejar el material del colegio justo donde pertenecía. Entonces su vista se fijó en aquella sección prohibida, y nunca supo por qué habría una parte de la biblioteca que incitaba tanto al alumnado a entrar. Si era prohibida, ¿por qué no estaba más escondida? ¿Y si ahí había algo que daba respuestas a lo que le había pasado a Clarke?
—¿Pensando en colarte? —hablaron a su oído.
—Dios, Tom, qué susto me has dado —giró la cabeza para observar a su primo—. ¿Qué haces en la biblioteca? —se extrañó, y el chico sonrió.
—Trato de conquistar a una chica —ella rodó los ojos al escucharle.
—¿Haciendo como que estudias? Porque no lo estás consiguiendo.
—No, me ha dicho que me cuele ahí —señaló donde miraba antes—. Podemos entrar juntos.
—No voy a entrar ahí —dejó zanjado.
—Menuda cobarde.
—Piensa lo que quieras —lo miró seria—. Como te pillen, tu madre te mata.
—No van a pillarme, además, solo estoy tanteando el terreno. Es para esta noche. Pásatelo bien con la nariz metida en esos libros —le deseó, y ella fue a decirle algo, pero desapareció de su vista.
Comenzó a caminar para salir de aquella zona de libros y sumergirse en otra lectura sobre historia de la magia, queriendo saber más sobre la parte oscura del mundo de los magos y conocerlos mejor; quizá era la mejor base para ayudar con lo de Clarke. Y en ese momento frenó al ver a Lexa aparecer al final de aquel pasillo que formaban las estanterías. La vio con los ojos llorosos, y esperó justo en el mismo sitio, porque la Gryffindor no dejó de andar hacia ella. Acabó envolviéndola en un abrazo cuando llegó donde se encontraba.
—¿Has descubierto algo? —señaló la carta con un movimiento de cabeza cuando se separaron, impaciente por saber lo que sea.
—Sí, sí —en su cara se vio reflejada la angustia y sujetó una de sus manos, que temblaban al estirar el pergamino que formaba la primera carta—. Es una especie de despedida, y habla como si ahora no estuviese en el presente, pero sí que está, aunque diferente.
Lexa le tendió la carta y la leyó rápidamente antes de doblarla y entregársela a Lexa de nuevo mientras lo procesaba todo.
—Es raro, porque, sea lo que sea, esa actitud no puede ser fingida, te habría pedido perdón. Algo habrá pasad...
Sus palabras quedaron olvidadas porque vio a Clarke a lo lejos con esa sonrisa de lado que provocaba escalofríos dibujada en sus labios y mirándolas fijamente, acompañada de Octavia y Echo. Y su mente volvió a analizarlo todo velozmente.
Actuó rápido, porque quería comprobar algo. Necesitaba hacerlo. Agarró a Lexa de la nuca y solo le dio tiempo de ver su rostro sorprendido antes de presionar sus labios con los suyos. Oh, Dios, estaba besando a Lexa por primera vez. O más bien, a cualquier ser humano por primera vez. Movió sus labios algo torpe, intentando que el beso se tomase por real ante los ojos de la rubia, a pesar de que la Gryffindor estaba algo en shock. Atrapó su labio superior en el beso, y no le dio tiempo a mucho más, porque Clarke había aparecido como una furia a su lado, empujándola con una especie de rugido.
—¡¿Qué haces, cara sucia?! —gritó, mirándola con ira mientras se incorporaba del suelo.
—¿Qué haces tú? —se interesó ella, manteniendo la calma; o intentándolo, al menos. Lexa se medio agachó, tendiéndole las manos para que las sujetase y ayudarla así a levantarse.
Entonces Clarke parpadeó varias veces, frunciendo el ceño y miró a Lexa antes de a sus amigas de Slytherin, que también estaban extrañadas. Por culpa del escándalo, Pince apareció frente a ellas, echándolas de la biblioteca y diciéndoles a Lexa y a ella que no podrían entrar en ella lo que quedaba de semana, disculpándose por adelantado y defendiendo que tenía que hacer cumplir las normas de la escuela.
—¿No ibas a por Woods? —preguntó Echo, y Clarke sacudió la cabeza.
La rubia la observó otra vez a ella con la mandíbula apretada y se acercó hasta donde estaba, sujetándola de la túnica y pegándola de forma brusca contra la pared.
—¿Qué mierda hacías, cara sucia? —preguntó entre dientes, y juraría que solo la escuchó ella, por lo cerca que estaba y lo baja que sonó su voz.
—¿Tanto te molesta un simple beso? —alzó una ceja, tentándola, e intentó aguantar el tipo cuando la rubia colocó su varita contra su cuello con bastante fuerza.
—Puedo matarte ahora mismo.
—Hazlo —la retó.
—Clarke, déjala —vio a Lexa, tirando de su túnica, y la rubia giró el rostro, soltándola y agarrando ahora a la Gryffindor.
—No tienes ningún derecho a llamarme por mi nombre, Woods.
—Suéltala —fue a defender a su amiga, empujando a Clarke, pero Octavia apareció frente a ella, colocando el antebrazo contra su pecho de forma horizontal y apretándola contra la pared para que no se moviese.
—No muevas ni un dedo, Reyes, será lo mejor —su voz no sonaba como siempre.
—Frénala, sabes que Clarke no era así.
—Al contrario, era así. Fue el año pasado cuando actuó raro. Así que mantén esa boca sucia cerradita —la chica ladeó su cabeza, observándola directamente, y ella intentó soltarse, pero fue brusca a la hora de colocarla contra la pared de nuevo, mirándola fijamente con sus ojos verdes.
—No te tengo miedo, imbécil.
—Deberías.
—¿Sueltas a Raven, Blake? —escuchó la voz de Luna a su lado, y ambas la miraron. Entonces se percataron de que Lexa estaba en el suelo sentada, y que Clarke y Echo habían desaparecido.
Octavia la soltó, dando un paso hacia atrás, y observando a los lados antes de mirarla fijamente. La vio apretar los dientes, pero, en vez de acercarse de nuevo, como muchas veces había hecho, se fue.
—¿Estás bien? —preguntó la de pelos rizados, acariciando suavemente su mejilla. Se quedó por un momento hipnotizada por el gesto, sintiendo su dedo deslizándose por su piel, pero entonces recordó su propósito de ese año: proteger a Lexa.
—Estoy bien, Luna —murmuró rápidamente, y no tardó en ir donde estaba Lexa, agachándose frente a ella y sujetando sus mejillas, comprobando si le habían hecho daño, pero físicamente, al menos, no tenía nada.
—¿Por qué has hecho eso? —preguntó Lexa, pero no iba con reproche ni con maldad.
Ella también sintió algo de vergüenza, pero tenía que comprobar aquello que leyó, y parecía que tenía sentido por la reacción de ira de Clarke.
—Lo siento —murmuró algo cohibida, viéndola negar con la cabeza, quitándole importancia—. A Clarke le ha pasado algo y… —intentó buscar las palabras para explicar su teoría— Creo que Clarke pensaba que la iban a matar, ya sabemos por qué, y por eso me vino a buscar e hizo estas cartas, pero parece ser que decidieron hacer otra cosa con ella, porque no está fingiendo. Es imposible cambiar el brillo de una mirada —Lexa asintió, y se acercó a abrazarla cuando vio que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Luna, que se acercó a pasar su mano por la espalda de la morena.
—Te lo explicaremos luego, si Lexa quiere —buscó su confirmación, porque tampoco era nadie para contar nada de su amiga.
—Pero… sigues sin decirme por qué me has besado —escuchó que decía la de ojos verdes, y ella mordió su labio, porque Luna estaba allí y cuando la miró, la vio observando el suelo con gesto serio.
—He leído libros científicos muggles, millones —comenzó a explicar, sintiéndose nerviosa, tendría que hablar con Luna luego—, y en uno de ellos hablaban de un cerebro emocional e investigaban su función a partir de personas con daño cerebral.
—¿A dónde quieres llegar, Raven? Me estás poniendo nerviosa. ¿Le han hecho daño? —los ojos verdes y cristalinos de la Gryffindor la enfocaron.
—Creo que a Clarke le han borrado de una forma u otra los recuerdos contigo, Lex.
¡Hola, caracolas!
Gracias a todos y todas por mandarnos teorías sobre qué le ha podido pasar a Clarke, tenéis ideas muy interesantes, ¿quién sabe si alguna será cierta? Ja je ji jo ju.
Qué tensión con Clarke. Parece que la chica tenía muy claro que algo iba a pasar, ya lo vimos en la primera parte. ¿Alguien ha llorado con la carta de Clarke? *Marinsey levanta la mano*
Ralexa will rise. *Ginsey lanza un "Mosmorde" al cielo, pero, en vez de la marca tenebrosa, se ve un "A Raven le gusta el anal"* *Se va dando saltos y riendo*
En fin, ha sido solo un experimento de nuestra morenita, está claro que tiene ahora a alguien en mente, ¿no? Menudo intercambio de notitas en clase, parece que la Ravenclaw es menos tímida que nuestra Lexa. Jujujuju.
Reacción al beso por parte de Clarke: ¿Eso han sido celos? ¿Qué le ha pasado a Clarke? ¿Nuevas teorías?
Nos leemos el próximo miércoles.
PD (otra vez, que he visto que solo lo puse en FFNET): Muchas gracias a Zai por la portada maravillosa que nos ha hecho. *Aplauden Marinsey*
