Hola!!! Primero que todo, disculparme por la demora del capítulo dos. De verdad lo siento, pero estuve depresiva por un buen rato. Espero que les guste.

Disclaimer: nada de esto me pertenece

Tenía sueño, eso fue lo primero que pensó al salir de la casa. La noche anterior no había podido dormir, pesadillas de la batalla y de Ginny lo asechaban, toda esa sangre y sufrimiento lo perseguían aún estando en el lugar más cómodo que jamás haya estado. Pensó en Hogwarts, su primer hogar y en Albus, el director que de un minuto para otro se había convertido en alguien mucho más importante que el rol social que cumplía, ¿qué estaría haciendo ahora? Lo más probable estar sentado documentando y respondiendo cartas y boletines del Ministerio, el cual no había cambiado demasiado desde que Voldemort había sido derrotado. De hecho, seguían la mayoría de los incompetentes de antaño, tramando y hablando sobre temas que en realidad no importaba, pero en fin, Harry ya no vivía en Inglaterra, por lo tanto esos temas ya no le preocupaban.

Sabía que le había dicho a la señora María que se iban a encontrar a las doce del día en la panadería, pero la comida había sido exquisita y aunque ya había tomando desayuno con las sobras de la noche anterior, la tentación de algo recién horneado lo llamaba.

Feliz porque hoy empezaba una vida nueva, y un poco nervioso porque nunca había ido a una entrevista de trabajo, salió de su casa. Como tenía tiempo y el clima no estaba en su contra, aprovechó de caminar para conocer el lugar. Horas de haber arribado a Forks, Harry no podía detener su fascinación por el lugar, ¡era todo tan puro! Por dondequiera que dirigiese la mirada se encontraba con verde, verde pasto, verde árboles e incluso ¡casas verdes! Nunca había visto algo así, casas que, por la humedad, tuvieran musgo en sus techos. Brevemente, recordó un pasaje del "Señor de los Anillos" cuando describían las viviendas de los hobbies y rió porque por primera vez en su existencia sentía que estaba en un mundo mágico que lo instaba a descubrir todo lo que tenía por ofrecer y eso que él era mago por profesión.

Antes de lo esperado, se encontró con el aviso de la panadería. Al igual que ayer, humo salía de su chimenea, sólo de sentir el olor a pan recién horneado se le hizo agua la boca y, como un náufrago viendo agua después de mucho tiempo, entró. Detrás del mostrador María arreglaba los productos.

"¡Harry! ¿Cómo estamos para la entrevista de hoy?"

"Buenos días señora María. Bien, pero un poco nervioso"

"No te preocupes, cariño, el entrenado es un hombre que no le importa si has trabajo antes o no, lo que él quiere es a alguien que le ayude con las tareas porque la edad y el accidente, ¡pobre Roberto!, se me había olvidado. Ay, si ese caballero no ha tenido una vida fácil"

"Si no es indiscreción, ¿qué le pasó?"

"¡Oh!, no es indiscreto que preguntes, corazón. En realidad, todos ya lo saben y tu, por sobre todas las cosas, si es que quieres trabajar con él, debes saberlo. El año pasado hubo una seguidilla de ataques de osos a los habitantes de Forks. Al principio pensamos que era normal, porque ya sabes que en pueblos de cacería es habitual que ataquen a uno dos personas…"

"Pero fueron más, ¿verdad?"

"Muchos más. Fue terrible y lo peor de todo es que nunca encontraron al animal. Charlie Swan, ¿te acuerdas que te hablé de su hija ayer?"

"¿La muchacha que se va a casar?"

"Sí, sí. Ella misma. Bueno, pobre Charlie, perdió a uno de sus mejores amigos en uno de esos ataques. No se sabe mucho, sólo que lo encontraron desangrado cerca de su trabajo. Lamentablemente, todo es especulación porque la policía nunca habló el tema y cada vez que le preguntaban al jefe Swan al respecto, él respondía lo mismo 'se está investigando'"

"¿Desangrado? ¿Qué animal pudo hacer eso?" Harry no sabía qué pensar, el relato de la tragedia se asemejaba mucho al actuar de un vampiro y, si es que el número de víctimas era como decía la señora María, entonces eran más de uno y eso era problemático. No quería estar en un pueblo que fuera territorio de cacería y menos que tuviera presencia mágica.

"¡Dios santo! Ya es la hora. Harry, toma aquí tienes unas galletitas que preparé especialmente para ti"

Rápidamente, la mujer apagó las luces, bajó las cortinas y cambió el cartel de abierto a cerrado. En un abrir y cerrar de ojos, Harry estaba dentro de un auto antiguo camino a Forks High.

"Tranquilo, todo va a salir bien" le aseguró amablemente, pero el mago no podía evitar pasarse rollos, qué pasaba si es que se olvidaba de hablar o si tartamudeaba y decía puras tonteras, de verdad estaba con miedo. Enfrentar a Voldemort era una triquiñuela comparada con esto, porque por último ya conocía el modus operandi del señor oscuro, pero no sabía nada de Roberto Meyers, sólo que había tenido un accidente y que necesitaba un ayudante. ¿Dónde estaba Hermione cuando se la necesitaba? Ah, sí, descansando junto con Ron, pero nadie lo obligó a venir a Norteamérica, de hecho, nadie lo obligaba a trabajar, recordó amargadamente.

"Llegamos"

El primer pensamiento que le cruzó la mente fue que el colegio era chico, de hecho, no era muy bonito. Comparado con Hogwarts, Forks High no tenía ninguna gracia. Para Harry, eran un grupo de casas amontonadas que se parecían a un establecimiento educacional por las letras que indicaban las entradas y por el letrero que decía Forks High, pero aparte de eso, nada hacía pensar que eso era donde iba a trabajar. Sin embargo, al ver la vegetación que la rodeaba hizo que olvidara toda percepción negativa al respecto y lo convenció de que quizás no fuera una mala elección trabajar ahí.

"¿Estás listo?"

"Eso espero"

"No te preocupes, querido. No te va a pasar nada. Mira, al frente está el edificio principal, ahí se encuentra la rectoría y toda el área administrativa incluyendo la sala de profesores. A tu izquierda, ¿ves ese edificio blanco con techo rojo? ¿Si? Bueno, ese es el gimnasio, por fuera no se ve mucho, pero una vez que entres te vas a dar cuenta de que está equipado con lo mejor que este pueblo puede comprar. Al otro lado del edificio principal se encuentran las salas de clases, como ves son un conjunto de edificaciones. Eso es porque los arquitectos consideraron que era mejor para el aprendizaje que cada asignatura o relacionadas tuvieran su propia construcción"

Harry asentía mientras María le explicaba el resto de las instalaciones. Con cada paso que daba hacia el gimnasio menos ansias sentía, poco a poco le iba perdiendo el miedo a algo que ya no era desconocido.

"Otra cosa importante, Harry, eres joven y como tal los estudiantes no te tomarán muy en serio en un principio, es por eso que tienes que marcar la diferencia con ellos desde el primer día, no lo olvides"

"No se preocupe, señora María, no lo haré"

"Lo sé, cariño, confío en ti. Me daría una pena gigantesca verte en problemas si eres un chiquillo tan dulce y bueno. Ya sabes como hablan en este pueblo, ¡cada suspiro se sabe!"

"Sí, señora María"

"Mira, llegamos"

En efecto, la placa con el nombre de Roberto Meyers sobresalía en la puerta café desteñida del lugar. Cautelosamente, Harry tocó. No porque ya no se sintiera incómodo significaba que estaba a gusto en el lugar.

Al tercer toque un hombre de mediana edad apareció en el umbral. No era lo que se esperaba. Cuando María había descrito al entrenador, Harry se había imaginado un hombre regordete y en edad avanzada, sin energías y medio gruñón, con más parecido al tío Vernon. Roberto Meyers era un hombre alto, musculoso y de al menos cincuenta años, sí se le veía cansado, pero no en el extremo que se le había dicho. Por su sonrisa abierta se traslucía un alma alegre y juvenil.

"¡María, qué gusto de verte! Hace tiempo que he deseado pasar tu local, pero como ya sabes no he tenido mucho tiempo entre el hospital y mi esposa, si no fuera por el doctor Cullen no sé que hubiéramos hecho…"

"Roberto, no te preocupes. ¿Ana está bien?"

"Sí, mucho mejor, gracias a quien sea que está arriba, pero en fin… Así que este es Harry Potter, pasen, pasen que tenemos muchas cosas por conversar"

"Lamentablemente, voy a tener que dejarlos, tu sabes que no puedo tener la tienda cerrada por mucho tiempo. Discúlpame cariño"

"No se preocupe" respondió Harry

"Sí, María, anda nomás"

Con una sonrisa, María salió no sin antes decir a Harry que pasara por la panadería después de la entrevista con Meyers.

"Ok. Veamos" dijo mientras revisaba los pocos papeles sobre su posible ayudante. No es que fuera una persona que se guiara por cosas escritas sobre alguien, pero la falta de información sobre este joven era preocupante. Más que mal, si trabajaba junto a él lo iba a estar haciendo en un colegio lleno de niños, no quería tener a un posible psicópata por tener ayuda.

"Sé que no tengo muchos papeles que acrediten mis estudios, pero debe saber que es porque acabo de llegar de Inglaterra"

"Entiendo, pero debes comprender que necesito algún documento que respalde quién eres y a qué te dedicas, ¿cuándo podrán estar listos?"

"Entre ésta y la próxima semana"

"Excelente. Ok, veamos. ¿Cuántos años tienes?"

"18"

"Joven, con edad suficiente para estar en la universidad. ¿Tienes alguna experiencia previa entrenando gente? Porque, déjame decirte que este aunque no lo parezca, es un trabajo duro que requiere de paciencia y disciplina tanto del profesor como los estudiantes."

"A los quince les enseñé a un grupo de amigos que tenían entre 11 y 17 años" dijo Harry, no muy seguro si es que bastaba con eso.

"No te miento, eso es impresionante y María me ha comentado mucho de ti. Yo confío en ella, en su juicio, pero el tema de los papeles me produce conflicto. Sin embargo, no pierdo nada con dejarte a prueba esta semana. Bienvenido, hijo"

"Gracias, entrenador Meyer. No lo defraudaré"

"No creo que lo hagas. Ven, te voy a mostrar las instalaciones"

Meyer le mostró a Harry los camarines y el lugar donde se guardaban los implementos. También, le enseñó cómo funcionan las máquinas que él iba a utilizar en clases. Mientras paseaban, Meyer le iba recordando las reglas de los distintos deportes que se practicaban en Forks High y la importancia de entrenar por separado a los hombres de las mujeres, según Meyer "el nivel de manoseo subía cuando estaban juntos". Pronto llegaron de vuelta a la oficina donde Roberto le entregó a Harry una polera estándar y un pantalón que tenía de reserva. Harry, cuando se fue a cambiar, discretamente sacó su varita y con un simple movimiento de muñeca, achicó la ropa para que le quedara bien.

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En la otra parte del colegio, cientos de estudiantes se lamentaban el que no fuera hora de almuerzo. Al parecer, todos los profesores se habían puesto de acuerdo en impartir latosas horas sin contenido dinámico en clases que, de partida, no tenían cuorum ni materiales suficientes para hacerlas entretenidas. Menos mal que en el último bloque (justo el de después de la colación) tenían los electivos, materias un poco más interesantes. Desde que habían llegado esa mañana, Alice sabía que algo iba a cambiar, no sabía qué era, pero estaba segura que ella iba a estar involucrada. Hace algún tiempo atrás que la relación con Jasper se venía enfriando, ya no sabía qué hacer para remediarlo. Bella y Edward, Rosalie y Emmet, Carlisle y Esme, todos ellos cada día parecían estar más enamorados y unidos como pareja, no como Alice y Jasper que ya ni siquiera tenían sexo. Cuando lo conoció, Alice sabía que él no era su alma gemela, pero el futuro le mostraba una relación hermosa y fructífera, al parecer la buena cosecha ya se había terminado. Con resignación, Alice partió al comedor, sola, a pretender que era un humano. Quizás, un viaje a Alaska no sonaba mal.