N/A: Quizás vivir con Midoriya tuvo cierta influencia en Shinsou, porque siento que se le da mejor consolar a otros de lo que podría en el canon.
Renuncia: Los personajes pertenecen a Horikoshi.
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DÍA 2: Inseguridades.
Izuku fue golpeado con la realidad de que no siempre podría salvar a todo el mundo.
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Su siesta fue interrumpida cuando la melodía de Nyan Cat taladró sus oídos. Abrió sus ojos con pereza y soltó un gruñido; obviamente no estaba contento de que alguien le fastidiase mientras intentaba conseguir el poco descanso que podía. A regañadientes, Shinsou estiró el brazo y levantó su móvil de la mesita de noche. En la pantalla podía leerse "El idiota egocéntrico 2.0", y en su mente aún adormecida trató de recordar cuál de todos los que conocía era.
Oh, pensó. Monoma. ¿Por qué le llamaba a esa hora?
—¿Qué demonios quieres...?—dijo al descolgar, con una voz ronca.
—Pon el canal de noticias. Ahora.
Frunció el ceño cuando el rubio le dio aquella orden, pero a pesar de todo se levantó y caminó rápidamente hasta la sala de estar, agarrando el mando a distancia y encendiendo la televisión. Las personalidades de ambos no eran muy compatibles y terminaban chocando mucho, así que no estaban en muy buenos términos. No le llamaría a menos que fuese algo importante. Y más le valía que lo fuera.
Puso el canal y se acomodó en el sofá, esperando a que la presentadora diese la siguiente noticia.
—Nuevos detalles nos han llegado del incidente que se produjo hace alrededor de dos horas en la nueva área residencial, donde uno de los edificios ardió en llamas y comenzó a derrumbarse. Se desconoce si fue obra de algún villano, pero conseguimos nuevas imágenes gracias a algún transeúnte que comenzó a grabar en el lugar de los hechos.
La imagen de la presentadora desapareció y en su lugar apareció un vídeo de lo acontecido. Su calidad no era muy buena, pero podía apreciar algunos detalles.
La grabación mostraba el lugar del incidente. En efecto, el edificio se encontraba en llamas, derrumbándose poco a poco. Casi toda la gente que vivía allí había logrado evacuar, excepto una persona. En un momento dado la cámara enfocó hacia una de las ventanas donde se encontraba una mujer pidiendo por auxilio. Bomberos observaban desde abajo incapaces de hacer nada; pronto las llamas se extenderían aún más e intentar rescatar a esa persona sería peligroso.
En su lugar, fue un héroe quien se lanzó a salvarla.
—Izuku...
Pero cuando lo hizo, ocurrió una explosión y su cuerpo salió volando por los aires, golpeando contra el asfalto. Y entonces, la grabación se cortó.
Los ojos de Shinsou se encontraban abiertos como platos. La presentadora había continuado hablando sobre el incidente pero no lograba distinguir sus palabras. En su mente solo se repetían las mismas imágenes que había visto, una y otra vez.
—¡Monoma! ¡¿Cómo está Izuku?!—fue su primera reacción en cuanto salió de aquel trance.
—Está bien, ha sufrido peores heridas. Ahora mismo está en la habitación 228 del hospital...—pareció pensárselo durante unos minutos hasta darse cuenta de que, efectivamente, no sabía dónde se encontraba—. ¿Sabes? Creo que es mejor que te pase la dirección. Si es que te interesa, bella durmiente.
—¡Estamos casados, claro que me interesa saberlo! Estaré ahí en quince minutos.
—Date prisa, si se pone a llorar no podré consolarlo.
Y colgó.
Shinsou chasqueó la lengua, lanzó el móvil sobre la mesa y corrió a su habitación para vestirse. El daño físico no era lo que más le preocupaba.
Parecía ser un día muy ajetreado para aquel hospital, probablemente debido al incidente. Había gente llena de quemaduras de primer o segundo grado, y en un momento dado tuvo que apartar la vista de un brazo que se encontraba a carne viva.
Sintió cierta lástima por las víctimas, pero su preocupación en aquel momento era otra. Sus pies se movían rápidamente. Quería alcanzar la habitación de Izuku en seguida.
Tardó un tiempo en dar con ella, pero supo rápidamente que lo era al ver a Monoma apoyado en la puerta, hurgando en su teléfono. Él no se dio cuenta de su presencia hasta que lo tuvo en frente, intentando abrirse paso para entrar. En su rostro se dibujó una sonrisa satisfactoria.
—Vaya, has tardado un rato, ¿seguro que no te has perdido por el camino?
—¿Tú qué crees?
—Bue-
La mente del rubio se quedó en blanco. Shinsou le había vuelto a engañar para que cayese en su Quirk. Maldita sea.
—Aparta.
Sin rechistar se hizo a un lado, y Hitoshi entró, cerrando la puerta tras de sí.
Sentada en la cama se encontraba la razón por la que estaba ahí. El cuerpo de Izuku estaba totalmente cubierto de vendas, desde los pies hasta el cuello. Probablemente se habría roto muchos huesos, incluso a él le había asustado la fuerza del impacto, pero al peliverde no parecía importarle mucho. Vagamente, recordó su batalla contra Todoroki durante el primer año de Yuuei. Aquello sí que le había asustado.
—¡Hitoshi!—exclamó al verle—. No pensé que vendrías.
—¿A qué viene eso?—cuestionó, aproximándose hasta la cama y sentándose a su izquierda, en una silla vacía que había en la habitación—Siempre te he visitado cada vez que te rompías los huesos.
—Lo sé, lo sé—Izuku sonrió. No era agradable terminar en el hospital con algunas costillas rotas pero siempre era divertido ver entrar a su esposo corriendo en la habitación, con un rostro de mucha preocupación y preguntando qué había pasado—, pero creía que estabas dormido.
—Lo estaba, pero Monoma se encargó de darme los buenos días—bufó—. Pero dime, ¿qué tal te encuentras?
—No es nada serio, logré protegerme antes de la caída, y la explosión no me golpeó de lleno...—su voz se debilitó un poco al mencionar lo último y su vista se clavó en las sábanas a las que se aferraba—. Me darán el alta dentro de varios días.
Shinsou suspiró algo más relajado. No le hacía mucha gracia saber que estarían separados durante unos cuantos días, pero podía quedarse a dormir con él. En su lugar había algo que le preocupaba más. A través de sus gestos podía saber que Izuku no estaba bien, él siempre había sido fácil de leer. Aunque estaba perdiendo la costumbre de murmurar todo lo que pensaba —ahora solo lo hacía en privado—, era obvio que estaba muy concentrado meditando sobre algo.
—Izuku—puso una mano en su hombro, llamando su atención—, ¿estás bien?
—Y-ya te he dicho que lo estoy.
—Sabes que no me refiero a eso.
El peliverde se quedó sin palabras, observándolo en silencio. Luego suspiró, extendiendo sus brazos vendados, y recordó todo lo que había pasado durante las últimas horas. Reprimió las lágrimas; no quería que su voz ser rompiera.
—Estaba tan cerca de poder salvarla, Hitoshi—comenzó a relatar, abriendo y cerrando las palmas—, estaba justo en frente de mí, hasta podía apreciar la expresión de terror en su rostro. Si hubiera llegado antes, yo-
—Habrías volado por los aires junto a ella.
—¡Pero al menos podría haberle alcanzado!—exclamó, siendo incapaz de controlar el volumen de sus palabras—Sé que no puedo salvar a todo el mundo, pero estaba justo en frente de mis narices.
—Solo eres un humano—le aseguró, sujetando su manos entre las suyas—. No podías evitar lo que ocurriría. Esa mujer estaba destinada a morir allí.
Oh, quizás no debió haber dicho aquello último, porque las lágrimas que el peliverde había estado intentando reprimir se derramaron por sus ojos tan pronto como la palabra morir abandonó los labio del mayor. Shinsou no estaba muy seguro de qué podía hacer.
—C-cuando ocurrió la explosión, por un segundo—habló con dificultad debido a los sollozos que escapaban su boca—, vi su cuerpo volar por los aires. A-aquello fue tan horrible, solo quiero borrarlo de mi mente...
Hitoshi le observó con tristeza y acarició sus cabellos. Podía comprender aquella impotencia que sentía al haber visto morir a una persona en frente de sus ojos sin poder hacer nada. Le abrazó, intentando hacer que de ese modo le llegasen sus sentimientos, porque a través de palabras era insuficiente.
—Está bien, somos humanos. Nos equivocamos y aprendemos de nuestros errores—murmuró en su oído—, la próxima vez que haya alguien en apuros cerca de ti, lograrás ayudarle.
Izuku devolvió el abrazo, hundiendo su rostro en el hombro del contrario.
—Quedémonos así un rato.
Hitoshi respondió acariciándole la espalda. Confiaba en que Izuku lo superaría pronto; siempre había sido una persona de gran voluntad. Pero mientras apenas daba los primeros pasos para recuperarse, estaría ahí para ayudarlo, al igual que él siempre había hecho.
—Hitoshi—le llamó, una vez se había calmado.
—¿Hmm?
—Gracias...
—No tienes por qué dármelas—respondió, y antes de besarle, murmuró contra sus labios—Haría cualquier cosa por la persona que amo.
