hola! muchas gracias a todos quienes me dejaron reviews, a Guest (se te olvido poner un nombre xD), Extraestelar, Angela, Yessi-chibi, Fuck Yeah lml, Megumi007, Roxas y a Mi Catalana Sexy :D tb por supuesto gracias a quienes agregaron a favoritos y follows pues eso me motiva a continuar el fic mas rapido. De nuevo gracias y espero que les guste este capitulo, poco a poco comienzo a esbozar que sucedera con Bra ';..;'


Infierno de Sangre, Segundo Capítulo.


La joven Brief se tomó toda la tarde para reflexionar antes de volver a su hogar. Necesitaba hacerlo después de disfrutar el horror que presenció. Así, deambuló por las calles de la ciudad a la vez que meditaba que cosa había sucedido con ella misma en el accidente. La soledad sería la fiel consejera de sus pensamientos.

Sí, detestaba a Vanina, realmente lo hacía, pero nunca pensó que disfrutaría su muerte. ¿Qué clase de persona era realmente entonces?

Lo acontecido la tenía consternada, aunque también entendía que la sed de venganza fuera normal. Ella sólo le había deseado un mal a su víctima, nunca pensó ni imaginó que sus palabras se convertirían en una cruenta realidad. Además, después de todo, ella no tenía culpa de nada. La culpa fue de su compañera y la descuidada forma que tuvo de cruzar la calle, además del conductor de automóvil que, en forma imprudente, iba a exceso de velocidad.

Ella no tuvo nada que ver en su muerte. La coincidencia de sus palabras con el desgraciado accidente fue sólo una mala jugarreta del destino.

Sí, definitamente no tenía por qué sentirse culpable de lo sucedido. Vanina no era su amiga, no era un familiar, ni mucho menos un ser querido. Era simplemente una chica a la cual detestaba. Solamente eso. ¿Entonces por qué no podría alegrarse por su muerte? Al fin y al cabo ella no la había matado.

Por suerte la lluvia ya había cesado, así que continuó caminando sin rumbo entre las mojadas calles, ensimismada como nunca lo había estado antes. El mundo circundante simplemente había dejado de existir. Así pasaron unas horas que ella no supo contar, pues entre las divagaciones el tiempo se hizo relativo.

Pero el hecho de estar sola con sus pensamientos, le había servido para tranquilizarse. Prueba de ello fue que al pasar por una vitrina de una tienda comercial no pudo evitar observar un lindo vestido de matrimonio que exhibía su belleza a través del límpido vidrio. Era blanco y con incontables detalles que harían la delicia de cualquier mujer, destacando una preciosa rosa lucía en la unión del escote.

De pronto, absorta en lo maravilloso de aquel vestido, su atención se fue de allí. Su vanidad siempre la empujaba a verse en el cristal de las vitrinas para comprobar si se veía linda y glamorosa, como tanto le gustaba presumir. Fue entonces que en la vitrina de la tienda decidió mirar su reflejo.

Sin embargo, la visión devuelta no fue la que esperaba. Completamente sorprendida, sus pupilas se abrieron como los de un gato en la noche al ver dos pequeñas esferas rojas muy brillantes...

Eran ojos, perversos orbes que la miraban a ella.

Un gélido escalofrío la recorrió de pies a cabeza, dando un paso hacia atrás en forma inconsciente. Pero todavía no llegaba lo peor...

De improviso una grotesca faz apareció como dueña de esos ojos, propinándole otro severo escalofrío por toda su espina dorsal. Esa terrorífica visión la congeló de pies a cabeza. El reflejo era atroz, hórrido, espeluznante. Era una chica con una macabra sonrisa en su rostro, mientras un rojo fulgor desprendían sus endemoniados ojos. Brillantes como los de un gato en la oscuridad. Diabólicos como los de un maligno demonio. Pero eso no era lo peor de todo, su ropa estaba completamente empapada con sangre y en sus manos, sostenía un cadáver indistinguible. Una figura difusa que no se podía reconocer.

¿Era Vanina acaso? ¿o alguien más?

Bra no tardó en comprender algo atroz... esa demoníaca figura era ella, en una versión espantosa y diabólica de sí misma. Como si eso no fuera suficientemente impactante, en sus manos sostenía ese cuerpo muerto irreconocible.

Era una verdadera pesadilla en el mundo tangible.

Cerró los ojos totalmente asustada e intentó irse del lugar a toda velocidad, pero su desobediente cuerpo no le respondió. Quiso gritar como si eso pudiera servir de algo, pero su intento de socorro se estancó en su garganta. Sus cuerdas vocales no fueron capaces de provocar ni siquiera un chillido. Estaba paralizada de miedo. En medio de la vereda, el terror la había poseído.

Sin más opción, como única defensa, abrió los ojos nuevamente intentando evitar que esa endemoniada criatura le hiciera daño. Sin embargo, esta vez su reflejo no devolvió nada extraño. Era ella, con su blusa azul, su vestido negro y sus botas de siempre. En el trasfondo, el vestido de novia seguía igual que siempre.

La horrible visión se había ido tan rápido como había llegado. ¡Pero qué rayos le estaba pasando a su mente!

Tragó saliva asustada; sabía que algo no andaba bien con ella. El accidente la había perturbado más allá de lo normal, pues su imaginación le estaba haciendo imaginar cosas que no existían en ese preciso instante.

Sin embargo algo llamó su curiosidad como nieve cayendo en verano. Ese cadáver en los brazos de esa criatura que simulaba ser ella no era Vanina... ¿de quién se trataba entonces? ¿Quién era el occiso?

No pudo seguir sus cavilaciones porque de pronto, el piropo de un joven que pasaba por allí la sacó de sus reflexiones.

—¡Qué linda sonrisa eh! — le dijo un muchacho dándole otra, mientras seguía su camino.

Fue entonces, con ese halago, que entendió que seguía sonriendo. Que a pesar de todos sus cuestionamientos, en el fondo de su alma, seguía disfrutando la muerte de Vanina...

Tal como cuando ocurrió...


"¡Hija! Ya me estabas preocupando, has llegado muy tarde hoy".

Esas fueron las palabras que su madre dio al verla llegar poco después del crepúsculo. Le dio un abrazo y un beso como saludo; luego se alejó para observarla y comprobar que todo anduviese bien pues esa tardanza ya la tenía preocupada. Sabía que era mitad saiyajin y que nada le podía suceder pero no por eso la preocupación se esfumaba.

—Te llamé a tu celular pero no respondías, ¿pasó algo? — al analizar su semblante dio cuenta de que esa mirada estaba apagada, algo muy poco usual en Bra pues si algo la caracterizaba era estar siempre llena de energía.

—Nada mamá, sólo me quedé estudiando un rato — mintió sin culpa alguna. No quería hablar del accidente así que se lo contaría mañana. De hecho, no quería decirle nada del asunto pero sabía que más temprano que tarde su madre se enteraría pues la difunta era su compañera de curso.

—Ah, bueno — comprendió ella, recordando que se trataba de un día lunes —, pero para la próxima me avisas eh. Menos mal que tu padre entrena todo el día en su cámara porque de otra forma se habría enterado y créeme que no le gustaría verte llegar a estas horas.

—Sí — asintió sin más.

Bulma frunció un poco su ceño, demostrando de esa forma su extrañeza.

—¿Te preparo la cena? — preguntó en forma solícita.

—No voy a cenar hoy mamá, me duele un poco el estómago — rechazó la oferta de bocado, mientras llevaba una mano a su panza como si ésta le doliese.

—¿En serio? — cuestionó muy sorprendida. Algo así era muy extraño en alguien que llevaba sangre saiya en sus venas.

—Sí, en serio — confirmó sin esperar un segundo a la vez que le clavaba sus ojos.

Bulma frunció todavía más su ceño. Algo extraño había en Bra pero no sabía qué. Quiso suponer que era sólo cansancio así que lo dejó pasar sin más cuestionamientos. Después de todo, era normal que anduviese así cuando la semana de intensos estudios recién iniciaba.

—Me dijiste que papá sigue en la cámara de gravedad, ¿cierto? — la pregunta era muy obvia pero quiso formularla de todas formas.

—Sí, como siempre — confirmó su madre, a la vez que no perdía la oportunidad de refunfuñar contra su esposo como de costumbre. Sin pensarlo lanzó varios reclamos como complemento a su respuesta. No le gustaba que pasara todo el día encerrado allí, aunque después de tantos años no tuvo más alternativa que acostumbrarse a ello.

Su hija apenas escuchó sus descargos. Estaba tan perdida en sus pensamientos que andaba sumamente distraída.

—Vale.

Sin pensarlo mucho y ya fuera de la vista de su progenitora, la chiquilla fue hacia la cámara para hablar con su arisco padre. Tenía una duda que le estaba comiendo la cabeza y no se quedaría tranquila hasta saciar su curiosidad.

Avanzó por el patio de su hogar, cobijada por la bella bóveda del cielo nocturno. Ahí, como si fuera la hermana menor de la Corporación, lucía su redonda simpleza la cámara de gravedad que tanto amaba su padre. Sin duda alguna ese era su templo y los entrenamientos allí su sagrado mantra.

Sabía que a él no le agradaba ser molestado cuando entrenaba, pero Bra tenía una duda que necesitaba saciar cuanto antes o le seguiría carcomiendo la mente sin cesar. Además, ella tenía el privilegio de ser la consentida de Vegeta. No es que fuera blando con ella ni mucho menos, pero si le permitía cosas que a nadie más le permitiría. Ni siquiera a su madre Bulma.

Cuando por fin se acercó a la plateada cámara, la semisaiya pulsó el intercomunicador para hablar con su progenitor. Pero tras esperar un tiempo prudente nadie contestó. Ante esto, la chica no vaciló en gritar a todo volumen:

—¡Papá! ¡Necesito hablar contigo!

Unos cuantos segundos después un fuerte grito se escuchó a través de las paredes del templo.

—¿Qué rayos quieres? — preguntó malhumorado como siempre.

—¡Hablar contigo, ya te dije! — aumentó aún más su volumen de voz, el cual salió más agudo de lo que ya era.

—¡Lárgate!

—¡No me iré hasta hablar contigo! —insistió muy decidida.

—¡Demonios! — seguido de aquel grito, pudo escuchar de su adorado padre unas cuantas blasfemias más, las cuales hicieron eco por dentro de la cámara.

Finalmente, tras una breve espera, la puerta de la Cámara se abrió, dejando ver al saiya con su ropa destrozada y algunas heridas con sangre seca en su cuerpo. Nada grave tratándose de él, pues era lo normal después de sus brutales entrenamientos.

—¿Qué rayos quieres mocosa? — no por ser su hija su voz salía menos agresiva.

La chica no respondió inmediatamente, en lugar de eso avanzó y se introdujo en la cámara de gravedad. Luego clavó sus azulados ojos en los azabaches que la observaban.

—Quiero preguntarte algo de tu pasado papá y quiero que me contestes como lo harías con mi mamá. Ya no soy una niña — expuso su punto de vista sin ninguna vacilación en su voz, dejando ver como la determinación que poseían Bulma y Vegeta corría claramente a través de sus venas también.

El saiya de pura cepa frunció el ceño, exhalando extrañeza a través de sus poros. Bra tenía vagos conocimientos de su pasado como mercenario espacial, pues Bulma se había encargado de contarle ciertas cosas. Pero nunca padre e hija habían hablado el tema. El príncipe sin reino quedó en silencio un par de segundos, meditando el por qué de su cuestionamiento. Luego respondió con una clara exigencia:

—Habla de una vez entonces — dijo haciendo uso de su tosquedad habitual.

La chica hizo viajar una mano por entre sus turquesas cabellos. La pregunta que haría no era fácil, pero tampoco quería darse rodeos inútiles que sólo alargarían el asunto más de la cuenta.

—Papá... — se dio una pequeña pausa antes de proseguir — ¿qué se siente matar a alguien? — preguntó en forma clara y directa, tal como solía hacerlo él.

El guerrero ni siquiera pareció sorprenderse por la pregunta, pues no dio reacción o mueca alguna.

—¿Has matado moscas?

—Sí.

—Es lo mismo.

Silencio absoluto. Bra entrecerró sus ojos; luego añadió un par de rápidos parpadeos. Y aunque su mirada no perdió el semblante de seriedad que la gobernaba, también destellaba evidentes brillos de curiosidad.

—¿Entonces no se siente nada matar a alguien?

Vegeta se llevó una mano a su barbilla antes de responder. Gesto poco común en él pero la complejidad de la pregunta hecha, lo conminó a hacerlo.

—A ver mocosa, cuando tu profesión es ser un guerrero, cuando toda tu vida se basa en matar o morir, entonces lo haces sin más. Tal como tú no dudas en matar una mosca. Los demás son insectos, sólo eso. No están a tu altura, son simplemente basura que no merecen vivir. Matar es tan fácil como respirar, así de simple. Pero a pesar de ello, llegó un momento en el cual, gracias a la bruja de tu madre, decidí no matar a nadie más. Por todo ese cuento de que las vidas son valiosas y esa mierda de moralidad que tienen los humanos.

La adolescente quedó en silencio meditando las palabras recién escuchadas. Bajó su cabeza un poco, mientras sus azulados ojos declaraban el brillo que sólo la abstracción podía brindar. Luego, volvió a alzar su mentón.

—Entiendo... dejaste de ser un asesino por amor a mamá — expuso la conclusión que había deducido.

Al escuchar la palabra amor Vegeta sintió genuina repulsión. Odiaba escuchar esa palabra.

—Amor... — formó una mueca de repulsión en su faz — esa palabra me da asco, no la repitas — le ordenó a su hija seriamente.

Bra no pudo reprimir una sonrisa divertida. Había cosas que su padre definitivamente jamás cambiaría.

—Entonces — quiso continuar ella — es esa moralidad humana lo que impide que matemos, ¿verdad? — sus ojos realmente ansiaron una respuesta —. Si no la tuvieramos nos daría igual, porque matar está en el instinto saiyajin. Y creo que en el humano también.

El cien por ciento saiya abrió sus ojos con sorpresa. Era casi un milagro que su hija estuviera hablando de otro tema que no fuera ropa, zapatos y centros comerciales. Aunque sabía que Bra, dejando su vanidad de lado, también era muy inteligente. Al igual que su madre, de hecho.

—¿A qué diablos vienen estas preguntas? — preguntó con explícita suspicacia. Si cuestionaba cosas así debía haber una razón importante de trasfondo. Y esa razón era lo que él quería saber.

Ella formó una mueca con sus labios a la vez que sus ojos viajaron de un extremo a otro del globo ocular, demostrando de esa manera que meditaba la respuesta. Más bien dicho, reflexionaba en si decirle la verdad o no.

—Papá, ¿puedo confiar en ti verdad? — preguntó finalmente.

—¿Qué clase de pregunta es esa? — señaló irritado, previendo que su hija saldría con alguna tontería.

—Es que no quiero que mamá se entere de esto, porque se puede preocupar o pensar mal de mí — aclaró a la vez que suavizaba su voz, para poder lidiar con la reticencia que mostraba su progenitor.

—Bah, ¿tú crees que me gusta chismorrear como las vulgares humanas, mocosa?

—Sé que no papá, pero necesito que me lo prometas — insistió sólo por terquedad, más que por otra cosa.

—No lo haré, no me rebajaré a hacer estupideces humanas — espetó con suma vehemencia, a la vez que parecía cruzar aún más sus brazos a la altura del pecho.

—Papá, házlo por mí, ¿si? — sus ojos se transformaron en los de un ángel, algo que había ensayado millones de veces para poder vulnerar ese duro corazón saiyanesco — ¿Me lo prometes por favor?

—Promesas, ¡bah! — puso cara de total repugnancia — como si los inmundos humanos cumplieran su palabra alguna vez.

—No despotriques tanto contra los humanos papá, recuerda que yo soy mitad humana también — su voz tan suave parecía querer imitar el de un canto celestial. Tenía que ser así o su padre seguiría negándose a rajatabla.

—¡Rayos! — farfulló muy molesto —. Está bien maldición, sólo porque eres tú haré esta mierda... te lo prometo. ¿Contenta ahora, sabandija? — preguntó verdaderamente asqueado consigo por ceder, pero su hija, aunque lo negara un millón de veces, era su adoración.

—¡Sí, estoy contenta! ¡Gracias papá! — exclamó completamente feliz. Como le encantaba que su fiero padre dejara su orgullo de lado por ella. No era un padre cariñoso ni tampoco uno preocupado, pero cuanto le encantaba cada vez que le demostraba de esa manera todo lo que en realidad la quería.

De hecho, Bra estaba tan feliz que se acercaría a darle un abrazo pero su padre puso una feroz mano por delante.

—Cursilerías no — la detuvo en forma implacable. Ineludible.

—Está bien, está bien — dio un suspiro resignado. Sí, a veces ella lograba mermar ese inmenso orgullo, pero tampoco podía obrar milagros.

—Y bien niñata, ¿qué es eso que debo mantener en secreto? — cuestionó sin esperar, haciendo gala de su habitual impaciencia.

Ella dio unas vueltas por la cámara antes de responder. El tema realmente le preocupaba, de allí su declarado nerviosismo. Le dio la espalda a su padre unos cuantos segundos y luego se giró para mirarlo fijamente. Finalmente soltó aquello que tanto quería liberar:

—Hoy me alegré al ver morir a alguien.

Vegeta ni siquiera se inmutó. Su faz permaneció recta y fría, sin dar atisbos de nada más.

—Explícate — pidió más detalles sin emoción alguna. Sus brazos seguían perfectamente cruzados.

—Una compañera mía que era mi rival en todo, murió atropellada hoy. Un vehículo la chocó y la dejó gravemente herida en el suelo... — tragó saliva para poder continuar, pues su voz comenzó a tambalear como una gelatina en un sismo — murió delante de mis ojos, pero a pesar de eso... yo disfruté verla morir — finalizó expresando dolor tanto en su cara como en la voz. Sus ojos también imitaron a los anteriores.

El príncipe analizó a su retoño, dándose cuenta que realmente sentía sus palabras. Todo su ser demostraba el arrepentimiento que la estaba poseyendo. Ella se sentía mal y ni siquiera la persona más incrédula del mundo podría poner en duda eso. Quizás si ella no hubiera heredado su orgullo, en ese preciso instante estaría lagrimando.

Después de todo, la conciencia era el peor de los castigos. Bra lo estaba comprobando en carne propia en ese preciso instante.

—Querías venganza, eso es completamente normal — habló tranquilamente —. Tú no tuviste culpa de nada así que no tienes por qué sentirte culpable por una estupidez así. ¿O quieres ser santa? ¿Quieres ser beatificada acaso? — usó su irónico tono burlón sin dudarlo.

—No, por supuesto que no — rechazó enseguida —, es sólo que me sentí mal por disfrutar algo así. Es ruin, papá — la pesadumbre seguía esmerándose para convertirse en su fiel aliada.

—¡Bah! No seas hipócrita. Si lo disfrutaste está bien, no tienes porque disimular lo que realmente sientes por la estúpida moralidad de los humanos. Así que no te preocupes por bobadas — concluyó muy seguro.

La mini Bulma parpadeó un par de veces, queriendo asimilar a cabalidad las palabras de su padre. Tal como lo había pensado antes, en realidad ella no había tenido culpa de nada. Entonces, ¿para qué sentirse mal por algo que era lo que realmente sintió en ese momento? Sólo dejó fluir las verdaderas emociones que tenía contra su enemiga. Después de todo, las emociones no debían ser controladas ni mucho menos engañadas. Esa alegría era lo que realmente sintió y punto. No había nada que reprochar.

—Está bien papá, concuerdo con lo que dices — aseveró finalmente con seguridad. Las dudas que sus ojos antes exponían, ahora se habían disipado —. De todas formas quiero preguntarte algo que espero no te moleste — dijo preparando el camino para hacerle ver que no era una pregunta común y corriente, sino todo lo contrario.

—Hazlo de una vez — fue su vehemente exigencia.

Bra tragó un poco de saliva antes de proseguir.

—¿Tú te arrepientes de todos los crímenes que cometiste?

Vegeta no pudo evitar que asomara un brillo de sorpresa en su faz. Nunca esperó que su niña le preguntara algo como eso. Quizás era una señal de que comenzaba a madurar, aunque ello no le hacía mucha gracia precisamente.

—Arrepentirse no tiene ningún sentido — su faz se volvió más grave cuando lo dijo —. No saco nada con lamentarme con lo que ya está hecho. El pasado no se puede volver atrás, así que ahora sólo me toca cuidar bien a mi familia.

El saiya podía ser un cabronazo, pero cuando hablaba un tema así de serio la solemnidad que desprendía resultaba sorprendente. Palabras más hieráticas que esas eran difíciles de escuchar.

La fémina adolescente esbozó una sonrisa emocionada. Realmente estaba orgullosa de su padre y del cambio radical que había dado su vida. Cambiar debía ser el desafío más grande que podía enfrentar alguien y él había superado ese reto con creces.

—Entiendo papá y sé que no necesitas escuchar esto, pero te lo diré de todos modos — dio un intenso suspiro debido a la emoción—: a mí no me importa quien hayas sido en el pasado, sino quien eres ahora. Eso es lo único que me importa. Nunca te juzgaré ni te criticaré por ese pasado que casi te condena.

¿Realmente era Bra quien le estaba hablando? Si no fuera porque la tenía en frente no hubiera creído la madurez que estaba desplegando.

—Cállate y no sigas diciendo bobadas — cuando se quedaba sin palabras y una intensa emoción brotaba en su corazón, hacer callar era la mejor solución.

Bra se permitió sonreír nuevamente. Si de emociones se trataba, su padre era el número uno en querer rechazarlas.

—De todas formas gracias, muchas gracias papá. Ahora me siento mejor gracias a ti.

Si Vegeta se permitiera sonreír lo habría hecho. Sin embargo, a pesar de no hacerlo, su mirada brilló sin poder evitarlo. Lamentablemente para él, el príncipe no podía controlar sus ojos como si podía hacerlo con sus labios.

—Bien, ahora seguiré con mi entrenamiento. Vete a dormir que ya es tarde, mocosa — ordenó a la vez que señalaba con el dorso de su mano que se fuera.

—Sí papá, y gracias de nuevo — no fue ella, sino su corazón el que habló.

—¡Lárgate de una vez antes que me enfade! — vociferó como un demonio.

—Ya, ¡ya me voy maldición! ¡pero qué genio del culo! — terminó alegando contra su progenitor.

Así, a pesar de la fiera bravata de su padre, Bra dejó la cámara de gravedad con una sonrisa en la cara. Parecía increíble, pero la conversación con él la hizo sentirse mucho mejor.

Ahora, ya mucho más tranquila, iría a su habitación para dormir más temprano de lo habitual; lo necesitaba para poder apagar toda la vorágine de emociones que había vivido este día teñido de muerte.


La adolescente forjó una faz de alivio al avistar su cuarto. Lo único que quería era dormir para así poder descansar de este fatigoso y sombrío día. Pero apenas entró en su aposento sintió algo atacando sus fosas nasales. Un extraño aroma la hizo fruncir el ceño y arrugar la nariz. El aire estaba enrarecido y pesado, como si su cuarto hubiese estado encerrado por muchos días, sin ventilación alguna. Cosa muy rara pues siempre dejaba puerta y ventanas abiertas. Existía un hedor que nunca había sentido antes, por lo mismo no supo deducir de qué se trataba. Pero si sabía que resultaba desagradable, como si algo estuviera pútrido.

Por inercia, su mirada se dirigió a los rincones para intentar hallar qué causaba ese mal olor y fue entonces que algo le llamó la atención. Su guardarropa, hecho por el mejor artesano de la ciudad, tenía todas las puertas abiertas. Algo que ella nunca hacía pues siempre se aseguraba de dejarlas cerradas. Frunció el ceño ante la extraña situación, mientras una corriente de intranquilidad comenzaba a poseer sus nervios.

Sin perder más tiempo se dirigió al armario con la idea de encontrar qué era lo que causaba ese fétido aroma. Sin embargo, algo la volvió a sorprender: ese desagradable hedor se había ido tan rápido como había llegado. Aspiró tres o cuatro veces y comprobó empíricamente que así era.

Pensó en lo curioso que era, aunque dedujo que quizás Trunks en una infantil y mala broma, le había sacado su vestido favorito o le puso alguna cosa que desprendiera ese nauseabundo olor. Revisó minuciosamente el armario pero no encontró nada. Luego sus vestidos se deslizaron a través de sus dedos, pero todos estaban allí.

—Qué raro — musitó sin más, sin querer darle más importancia de la que tenía.

No obstante, un murmullo celular enervó los vellos de su piel. Lo curioso es que no era el frío lo que que provocó tal cosa, sino la extraña sensación de sentirse observada desde algún rincón.

La escopaesthesia, o efecto de mirada en la nuca, es el supuesto fenómeno que afirma que los seres humanos son capaces de detectar si alguien los está mirando. Y aunque científicamente no estuviera comprobado, Bra precisamente en este momento vivía esa inquietante sensación.

Tragó saliva con temor sin poder evitarlo. Dio un par de intensos suspiros, buscando calmar la respiración que comenzaba a agitarse al punto de volverse ruidosa. Finalmente consiguió su propósito de tranquilizarse. Lo logró repitiéndose que su mente, gracias a ese desafortunado accidente, seguía estando vulnerable a imaginar cosas espantosas.

La muerte misma era tenebrosa. Era casi normal que su mente comenzara a sugestionarse de mala manera.

Convencida de ello, decidió apagar las luces antes de desvestirse... sin saber la sorpresa que la oscuridad le aguardaba.

En su habitación, acompañando fielmente el lado derecho de su cama, había un gran espejo que usaba para arreglarse y vestirse todas las mañanas.

Un frío tullido afectó sus músculos sin saber el por qué. Algo pasaría, su cuerpo se lo avisaba claramente. Su mirada, antes calmada, se trastornó completamente. El no saber qué sucedía era lo que le causaba un temor grande. Su caprichosa vista se posó en el gran espejo, esperando verse a sí misma... pero la visión del reflejo fue lo que la terminó de atemorizar completamente. Era espeluznante. Hórrida. Absolutamente tormentosa.

Entre las sombras de la sinuosa oscuridad, esa horrible faz dueña de una grotesca sonrisa sangrienta apareció una vez más. El mismo cadáver enigmático yacía entre sus manos llenas de sangre. Ese líquido vital escurría como un frenético río.

Dio unos pasos hacia atrás, totalmente inyectada en miedo que se había colado a través de su dermis y epidermis por igual.

¿Quién era ese cadáver? ¿Quién demonios era? Parecía un cadáver de mujer por la larga cabellera que usaba, pero no podía asegurarlo a ciencia cierta.

Retrocedió asustada varios pasos más a un tris de gritar de miedo. Pero milagrosamente, logró contenerse. Tragó saliva llena de nerviosismo, pero recordando su sangre saiyajin logró vencer al miedo y acercarse una vez al más espejo. Ya de más cerca, con ayuda de la luz de la luna, esta vez vio su reflejo real en él.

Dio un suspiro aliviado, a la vez que ponía sus manos en el pecho para calmar su agitado corazón. Definitivamente necesitaba descansar. Su intranquila imaginación le estaba jugando muy malas pasadas.

De su pecho surgió otro profundo suspiro, tan grande que pareció que un pulmón saldría a través de él. No quería ver nunca más una visión de sí misma tan espantosa. Pero de todas formas mañana sería otro día; por eso quiso pensar que al despertar nunca más vería esa horripilante alucinación...

Pero se equivocaba rotundamente.

Esa visión no era sólo un producto de su imaginación como ella tanto deseaba.

No.

Esa horrible imagen con un cadáver en sus manos era una real premonición de su futuro. Un terrorífico futuro que cada vez se acercaba más y más.

Tarde o temprano Bra comprobará en carne propia, con sumo horror, que ese cadáver en sus manos será el de una mujer de cabellos turquesas...


Continuará.