Todo había empezado cuando le preguntó inocentemente a su padre porqué no tenía la misma marca de nacimiento que él tenía en la nuca, que le parecía raro ya que la familia por parte de su madre tampoco la tenía. No respondió a su pregunta, y además fue castigado sin motivo alguno. Blythey estuvo dos días fuera de casa, John obligó a su hijo a dormir a la intemperie por dos noches, quería que se comportase como un auténtico marine, pero el solamente tenía seis años.
Pensó en esto mientras iba de camino a la playa en busca de Lisa, la pequeña le había dicho que estaría en el mismo lugar que el día anterior a media mañana, y así fue, la observó a lo lejos. Intentaba construir un castillo de arena junto a su padre.
Greg tímidamente se acercó a la familia y se aclaró la garganta antes de hablar.
- Hola.
Lisa no pudo evitar sonreír al verle.
- Hola House.
Arlene miró con curiosidad al chico que tenía frente a ella, era muy delgado y alto, con el cabello claro y los ojos más bonitos que había visto jamás, azules, claros, como el mar que tenía frente a ella.
- ¿Puedo ir a jugar con él mamá?
- Está bien, pero no te alejes demasiado. Nosotros estaremos aquí.
Greg llevó a Lisa a su refugio, una pequeña casa de madera que su madre y un amigo de la familia habían construido para que él pudiera pasar las tardes jugando. La pequeña casa estaba repleta de libros y de algún que otro objeto que había adquirido en sus numerosos viajes al extranjero, su padre había sido destinado a muchas partes del mundo, y su madre y él siempre le habían acompañado.
- Me gusta este sitio.- la pequeña analizó todo detalladamente.
- Es la primera vez que traigo a alguien.- se sentó en el suelo.
- ¿Nunca has traído a un amigo?
- No, todavía no tengo amigos.
- Ahora sí, me tienes a mí.
Greg sonrió.
- Y al no tener amigos, yo me convierto en tu mejor amiga, que es mejor todavía.
Se sentó frente a él en el suelo y le miró.
- ¿Qué quieres ser de mayor?
- El pequeño se encogió de hombros.
- No lo sé.
- ¿No lo sabes? Todas las personas que conozco de mi edad quieren ser algo.
- ¿Tú?
- Quiero ser doctora.- sonrió mostrando sus pequeños dientes.- ¿Qué cosas te gustan?
- Me gusta la música.
- ¿Quieres ser cantante?
- No, me gusta tocar.
- ¿Qué instrumento?
- El piano.
- ¿Sabes tocar el piano? – pronunció sorprendida.
- No, pero me gusta cómo suena y espero algún día poder tocarlo. Los domingos voy a misa con mi madre, pero no escucho, miro atentamente al cura e imagino que toco el piano delante de muchas personas, en un lugar más grande.
- Yo también hago eso en clase, a veces es un poco aburrida.- soltó una risita.
- Algunas tardes he ido a la iglesia cuando estaba cerrada, conozco un sitio por donde se puede entrar. Me siento en la banqueta y toco alguna tecla, así voy aprendiendo cual es cual por si puedo ir a clases dentro de unos años.
- ¿Te han pillado alguna vez?
- No, soy más rápido corriendo que el cura.
Lisa rió y eso provocó que Greg también riera, le encantaba hacerla sonreír.
Tras dejar a Lisa con sus padres, Greg volvió a casa con una sonrisa de oreja a oreja. No solo por haber pasado parte del día con Lisa, también porque mañana la volvería a ver, y ese era un motivo para sonreír.
- ¿Dónde estabas? – preguntó John.
- He estado jugando con un amigo.- mintió, a su padre no le gustaba que jugara con chicas.
- Pues llegas tarde, te has retrasado quince minutos y ya hemos empezado a cenar. Ve a tu habitación.
- Pero tengo hambre…
- John.- protestó Blythey.
- No, en esta casa la disciplina es muy importante. Cuando seas un marine lo entenderás, ahora ve a tu cuarto, la próxima vez te lo pensarás dos veces antes de retrasarte.
Cuando comprobó que su marido dormía fue hasta la habitación de su hijo, entró sentándose en la cama junto a él, acarició su cabello y le hizo incorporarse.
- ¿Tienes hambre?
Había hecho un bizcocho nada más terminar de cenar y le había subido un trozo a su hijo para que comiese. El pequeño asintió y se llevó el bizcocho a la boca, tuvo que ir más despacio cuando se atragantó con el primer pedazo.
- Papá te quiere, solo pretende que seas un chico educado y disciplinado el día de mañana.
House bajó la mirada. Su madre desconocía que su padre le pegaba siempre que tenía ocasión, pensaba que eran unos chicos del barrio. Pero en momentos como ese, en los que tenía intimidad con su madre deseaba contarle la verdad. Pero no podía, tenía miedo de que ella no lo entendiera y se enfadara con él y de que su padre se enfadara aun más. Todavía no era consciente de por qué le golpeaba de esa manera.
Tras comer el pedazo de bizcocho dejó que se tumbara de nuevo en la cama y lo arropó.
- Hasta mañana cariño, que descanses.
Y pensó en Lisa de nuevo, en lo mucho que le gustaba pasar el día con ella.
