Inocencia

Inocencia

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Mientras secaba con una toalla su corta cabellera, Akane se acercó lentamente hasta la ventana para observar apesadumbrada como el cielo seguía oculto por un manto de nubes negras.

-Supongo que seguirá lloviendo.- murmuró abriendo la ventana y recibiendo agradecida un poco de aire fresco a la vez que escuchaba a lo lejos el singular sonido de 10 campanadas. – Es tarde- se dijo para luego emprender una maratónica carrera por toda la planta alta. Minutos después ya se encontraba caminando a lo largo de una estrecha calle pensando en como sería recibida por sus antiguos camaradas después de tanto tiempo sin dar señales de vida.

-cuatro largos años…- sonrió divertida mientras echaba un vistazo a su reloj de pulsera y comprobaba como ciertas cosas nunca cambian.- Voy atrasada- se recriminó alegremente y por segunda vez en el día fue invadida por la extraña sensación de que todo marcharía a la perfección.

-Si no me equivocó debe ser por aquí- se dijo parándose en mitad de la acera para poder observar con más detalle los alrededores.- Mierda, como ha cambiado esto en solo tres años-. Y justamente eso era lo que había ocurrido, aquel barrio que recordaba como quitado de bulla se había convertido en el centro nocturno de aquella enorme ciudad, exhibiendo aquí y allá como recordatorio de su nueva condición una serie de letreros de neón que advertían con su variedad de formas y colores el nombre de sus respectivos dominios.

-¡Lo encontré!- exclamó en voz alta causando que más de un transeúnte se le quedara observando. ¿Pero qué importaba? Su aguda vista acababa de dar con su inicial objetivo, la entrada a un subterráneo sobre el cuál se coronaba un pequeño letrero que lucía una simple pero llamativa palabra, REMEDY.

-touché.

Mientras bajaba por la angosta escalinata comprobó gustosa como a pesar de la hora, la fiesta ya había comenzado. El ruido de gritos y el sonido de la fuerte música se podían escuchar incluso desde el exterior.

-Tal y como lo recordaba- rió mientras abría la puerta e ingresaba.-Si tal y como lo recordaba- repitió al comprobar que el característico olor a cerveza y licores permanecía en su lugar. Mientras se abría paso entre una multitud de adolescentes enloquecidos que clamaban por una repetición (bis) Akane dirigió su mirada sistemáticamente hasta el escenario preguntándose si el grupo que acaba de tocar sería lo suficientemente bueno como para provocar semejante estado de histeria.

-Te lo perdiste- oyó que una conocida y querida voz exclamaba a su lado.

-¿De verdad? - dijo ella sin darle mucha importancia al asunto a la vez que de reojo observaba la alegre expresión de su querido amigo.

-Están por allá- apuntó él en dirección a un punto indeterminado entre la multitud.- No te separes de mí o te perderás.- le aclaró extendiéndole su mano.

- Ryoga bobo- dijo ella contradiciendo sus palabras con una luminosa sonrisa y un suave apretón de manos.

La noche les había proporcionado todo aquello que esperaban. Ambos, Ryoga y Akane, habían disfrutado de la compañía de sus antiguos compañeros de instituto y mientras conversaban de los viejos tiempos y brindaban por la nueva reunión se alegraban interiormente al comprobar como la vieja magia volvía aparecer. Después de todo, los años no habían roto aquel fuerte lazo de amistad.

- Nos vemos mañana por la tarde- dijo Akane mientras se despedía de su amiga Yuca con un fuerte abrazo, acto que fue imitado por la otra joven de muy buena gana.

- Supongo que te quedarás en mi casa- sentenció ella luego de ver desaparecer a lo lejos la figura de su reencontrado grupo de amigos.

- Si no te importa…- respondió Ryoga más interesado en observar el cielo que en discutir con su compañera, después de todo ya conocía el resultado de aquellas conversaciones. Quisiera o no debería acatar, ya que hasta él reconocía que había nacido con un pésimo sentido de la orientación, además, de que interiormente agradecía cada segundo extra que le proporcionaba el destino para estar en su compañía.

-Bien, en marcha entonces.- espetó ella alegremente mientras esperaba impacientemente a que un furgón de color plomo, que acababa de doblar la esquina, terminara de pasar.- Vah…por fi…- quiso decir cundo el vehículo paso frente a ellos, pero las palabras murieron en su boca cuando creyó vislumbrar tras una de las ventanillas la clara figura de una guitarra alzada.

- Una telecaster…- murmuró dentro de su propio mundo cuando era inducida a cruzar por el protector abrazo de su amigo del alma.

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- Ya guardé el equipo, deberíamos movernos de aquí lo antes posible- sugirió una voz masculina desde el asiento del copiloto.

- vale, vale…- respondió otra y de inmediato un suave golpe metálico dio a entender que una puerta se había cerrado. Segundos después, el grave ronroneo de un motor quebrantó el silencio, y un vehículo con cinco integrantes daba marcha por una calle poco transitada.

- Deberías haber guardado tu guitarra en la parte trasera- sugirió una voz femenina que fue rápidamente apagada por una risita indiscreta.

- Claro, pero con Kuno durmiendo atrás ya no queda espacio. Además, no me importa tenerla conmigo- dijo un apuesto joven de coleta a la vez que sacaba de su funda su guitarra amarilla y la alzaba para que todos la apreciaran.

- No sé que le encuentras hermano, era más hermosa tu anterior White Falcon.- Agregó con desgana una joven pelirroja desde su asiento junto a la ventana.

- Sí, pero esta la gané con el sudor de mi frente- fueron las últimas palabras que el joven de coleta articuló antes de observar el paisaje exterior y perderse en las sorprendidas iridiscencias de un par de ojos color café.

- Ranma…Ranma ¿estás bien?- escuchó que una lejana voz lo llamaba. –Hey Ranma, responde hombre- un fuerte movimiento lo trajo de nuevo a la realidad, solo para echar una furtiva mirada hacia su costado, donde su querida hermana pequeña lo observaba preocupada.- ¿Estás bien?.

-Mhh..- fue su "ágil" respuesta para luego volver a fijar su vista en el exterior. Pero ya era tarde, el vehículo acaba de doblar por una esquina ocasionando así que perdiera la visión de la vereda.

- ¿Sabes hermano? A veces me preocupas….

- A todos…- corearon otras dos voces que fueron rápidamente apagadas por la tibieza de un trío de risas.