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Ahora, procedo con el capítulo dos (retocado), que es más extenso que el anterior y de mejor calidad que en un principio.

Regreso

Un joven de cabellera rubia junto con un hombre de pelo blanco, miraban la entrada de la villa con nostalgia.

- Que recuerdos... - susurró el chico.

- ¿Entramos, Naruto?

- Si, ero sennin.

Ambos siguieron con su camino, pero entonces el muchacho recordó algo que había deseado hacer desde hacía tiempo. Sin duda era de lo que más había echado de menos de Konoha. Su aroma, su tacto, su belleza...

- Ero sennin - dijo de pronto.

- ¿Qué pasa Naruto?

- Verás, hay algo que quería hacer...- comenzó. - ¿Te importaría si vamos a ver a alguien?

- Claro, ¿a quién? - preguntó intrigado.

- ¡Al cocinero de Ichiraku! ¡No he podido olvidar ni un solo segundo el delicioso ramen que prepara! ¡Tan sabroso, tan hermoso...! ¡Y qué decir de su textura, tan agradable! He probado mucho ramen durante el viaje, pero sin duda no hay ninguno como el de ese viejo*. ¡No puedo esperar más!

Naruto lo dijo tan entusiasmado, que Jiraiya no pudo evitar reírse. ¡Hasta estaba llorando de felicidad! ¿Cómo podía ser tan apasionado del ramen?

- En ese caso, tendremos que darnos prisa. La verdad es que mi estómago empezaba a quejarse...

Y así, el alumno y el discípulo se dirigieron al lugar. Por supuesto, ninguno recordó el reglamento de Konoha, que exigía estrictamente visitar a la Hokage con la llegada de ciudadanos, independientemente del motivo

- ¡Ero-sennin, si quieres comer tendrás que invitarme!

- ¿Y se puede saber por qué? - preguntó Jiraiya irritado.

- Porque eres mi sensei, Jiraiya-sensei.

- ¿A quién pretendes engañar? Ni siquiera me llamas sama**.

- ¡Tacaño! ¡Después de todo eres un viejo pervertido!

Los gritos de los dos recién llegados resonaban por toda la Villa de la Hoja, siendo innecesario que se registrasen para anunciar su regreso. La gente les miraba al pasar, sorprendidos por tal discusión, y es que no sabían que la amistad de esos dos residía precisamente en lo bien que lo pasaban juntos.

Mientras tanto, en la caseta del bosque Hinata se econtraba atemorizada. Sentada en el suelo y aún con las manos atadas, le preguntaba con insistencia:

- ¿Cuánto tiempo más me tendrás secuestrada?

- El que considere necesario - respondió secamente.

La chica dirigió sus ojos llorosos al suelo, temiendo que sus peores miedos se hiciesen realidad. ¿Y si en verdad aún no hubiesen notado su ausencia? Quizás no la irían a buscar. Era egoísta por su parte querer que la rescatasen, y lo sabía, pero no podía evitarlo. Volver a sentirse querida, apreciada, era un anhelo para ella. Deseaba que esos sentimientos de gratitud regresasen.

- Siempre has estado pasando desapercibida por tu timidez. Escondida por ahí observándo a los demás - dijo de pronto su secuestrador. - Tal vez nadie descubre que no estás, aunque espero que sí. Necesitamos que vengan a buscarte, así que más te vale ser importante.

Hinata miró de pronto al rubio, encontrándose con sus ojos azules. Fácilmente, él leyó el miedo y la inseguridad de la chica. Esbozó una media sonrisa. Sería divertido jugar con ella.

- Aunque por otro lado, la más débil del clan no es que merezca tanto la pena como para malgastar tiempo en ella, ¿no crees?

La maldad evidente de aquellas palabras le dolió a la pelinegra. Aún sabiendo que no era necesaria, y que no la querían, ella tenía esperanzas. No era justo que las rompiesen lentamente de ese modo. Le estaba haciendo mucho daño, pero lo peor era el hecho de no poder desmentir esas afirmaciones.

- Bueno, no lo debes creer tú, sino los que te rodean. Dime, ¿qué piensas? ¿Crees que estarán preocupados por tí? - su sonrisa era cada vez más amplia.

Sabía que era despreciable por su parte sentirse feliz atacándo a la chica, que no tenía culpa. Era una persona horrible, pero tras perderlo todo y ver cómo se esfumaba, sólo le quedaba el sufrimiento. Y para calmar su agonía tenía que torturar a los que se encontraban a su alrededor. Una gran injusticia, pero reconfortante al fin y al cabo.

- No te molestes en contestar, sería muy ególatra por tu parte decir que sí. Es una lástima que hayamos capturado a la presa equivocada. Pero es que era tán fácil - enfatizó éstas últimas palabras. - Una niña débil como tú es tentador, ¿sabes?

Hinata permaneció callada tragando toda esa humillación. En cualquier caso, no era tan diferente de la que soportaba constantemente. Todo el clan se sentía deshonrado por su culpa, la que se suponía que tenía que ser la heredera. Pero al menos ellos ya la conocían, y sabían que era así e intentaba cambiar. ¿Por qué no intentaban apoyarla en su progreso? ¿Por qué insistían en hundirla más y más en la miseria? ¿Es que acaso no se sentían satisfechos con que hubiese tocado fondo?

Y él pudo ver cómo se sumergía en sus pensamientos y se ahogaba en ellos lentamente. -Supongo que es inevitable que seas tan patética - concluyó.

Sus venenosos dardos se clavaron en Hinata como si de flechas se tratasen. La habían atravesado por completo, y su derrota era más que evidente. Sin embargo, no toleraría que la juzgase él.

- ¿Y tú qué sabes de mí? ¡No me conoces! ¿Qué sabes de mi vida? ¿Vienes a secuestrarme y te consideras con derecho de aplastarme como si fuese una hormiga? ¡Pues no lo tienes! - gritó.

Ni ella misma creyó haber dicho aquello. ¡Estaba gritándo! ¡Y había faltado el respeto a una persona! Sin duda no había recibido educación para aquello, pero no se sintió arrepentida. Por fin había podido decir lo que pensaba. Lo que su corazón había tenido guardado dentro de si. No podía evitar sentirse satisfecha, pero algo culpable. Aunque considerase que lo que había hecho estaba bien, no debía ser su secuestrador quién pagase las consecuencias. ¡Tenía que revelarse ante su familia! Exigir un cambio. ¿Pero tendría valor? El hecho de haber actuado así no era propio de ella, ni de su personalidad. Ésto había ocurrido por la situación en la que se encontraba. Con todo ya perdido, ¿qué más daban los modales? ¡Tenía que luchar antes de rendirse! ¡Esforzarse por conseguir sus objetivos! No podia dar por finalizada una batalla que aún no había comenzado. Ése era su lema. Su camino del ninja.

- ¿Eso crees? - el hombre no pudo evitar soltar una carcajada. - Entonces dime, ¿por qué cojones hablas como si me conocieses? ¡Tú no sabes lo que yo he vivido, ni lo que he visto. ¡No sabes por lo que he pasado, así que cierra la boca!

En ese momento Hinata sintió miedo por su vida. Era un tío muy fuerte, y le había enfadado. La situación se le estaba escapando de las manos, y había tomado límites insospechados.

- ¿Y justifica eso tu comportamiento? - le dijo mirándole desafiante a los ojos.

Él se levantó de la silla con ferocidad y se arrodilló frente a Hinata. Su mano se acercó lentamente a ella, hasta que se colocó alrededor de su cuello, pero para sorpresa de Hinata, no la apretó.

- No me obligues a matarte, por favor - su tono de voz había cambiado.

Ahora parecía suplicánte con la mirada perdida en el suelo. ¿A qué se debían esos cambios de humor? Las palabras de Hinata habían conseguido calmarle. ¿Sería algo de su pasado que le atormentaba? ¿Culpabilidad? ¿Rencor? No sabía con certeza el origen de aquello, pero se sintió mucho más tranquila. Incluso calmada. Ya no le temía, pero por si acaso decidió no tentar más a la suerte y no decir nada más.

En Konoha, sin embargo, la felicidad y la alegría irradiaban en el aire. En la pequeña oficina de la Hokage, se encontraba Tsunade, Shizune, Jiraiya y Naruto, cuyos dos últimos estaban recibiendo una reprimenda por parte de la rubia.

- ¿¡Es que acaso os parece lógico que tenga que enterarme de vuestra llegada por otras personas!? - dijo gritándo como era costumbre.

- ¡Vieja Tsunade no nos regañes tanto! Quería saborear la deliciosa y suave textura del ramen recién hecho. ¡Tan delicada, tan...!

- ¿Qué has dicho, Naruto? - le interrumpió.

- Que quería probar el ramen.

- ¡Antes de eso! - exigió.

- ¡No he dicho nada vieja Tsunade! - reprochó Naruto con desconcierto.

- ¡Te he dicho montones de veces que no me llames vieja! - chilló enfadada.

- ¿Cómo que no? ¡En estos dos años te han salido arru...! - el chico se calló ante el codazo que recibió por parte de Jiraiya.

- Tsunade, estás perfecta, de verdad. Ahora procedamos a lo importante - pidió Jiraiya mientras rezaba por que el ambiente se calmase.

- Tsuna... - dijo entonces una chica desde la puerta, más su voz se detuvo al ver al chico que tenía en frente. - ¡Naruto! - exclamó mientras se acercaba a él.

- ¡¡Sakura-chan!!

Naruto vio a Sakura detenidamente. Estaba igual que cuando se marchó. Su pelo rosado seguía tan brillante como siempre, y sus ojos jades alegres y vivaces.

- Cuánto has cambiado, Naruto - le halagó.

- Sakura... ¿dónde están todos? - preguntó Naruto al fin.

- ¿Todos?

- Me refiero al estúpido de Shikamaru, Kiba y su estúpido perro, el estúpido de Neji...

- ¡Naruto! Si de verdad quieres verles deberías aprender a no insultarles - le rependió la muchacha.

Ambos siguieron conversando unos minutos más, mientras que a su vez Jiraiya y Tsunade hablaban sobre ellos.

- En el fondo quiere ver a sus amigos - dijo la mujer.

- Son dos años, ¿qué esperabas?

- Si... ¿no habrás sido muy duro con él? - preguntó severamente.

- ¡Vieja Tsunade! - gritó Naruto interrumpiéndoles.

- Dime, Naruto.

- ¿Podrías hacerme un favor?

- Depende - respondió seriamente.

Shikamaru estaba mirando las nubes pensándo lo problemática que era la vida de un ninja. En ese momento vio un pájaro sobre la mansión de la Quinta, lo que indicaba que tenía una misión. Al entrar, se encontró con Kiba, Shino, Lee, Neji, Chouji, Sakura, Ino y Tenten.

- Chicos, tenéis una misión - anunció la Hokage sonriente.

Y como si de un héroe se tratase, una leyenda o un famoso, Naruto entró con orgullo y majestuosidad por la puerta.

- Tenéis que presumir ante este fanfarrón sobre vuestras habilidades en estos dos años sentenció Tsunade.

La mayoría de los presentes sonrieron y gritaron a Naruto. Y mientras con alegría se alejaban, Naruto se giró y con el símbolo de la vitoria se despidió de la Hokage.

Menudo ególatra esta hecho pensó.

Una vez en la zona de entrenamiento, comenzó la verdadera diversión. Uno por uno, con timidez pero decisión, exhibieron sus técnicas nuevas y la lucha cuerpo a cuerpo con mucha más precisión. Todos reían y bromeaban. La mayoría de las carcajadas eran debidas a Lee, que con el 'Espíritu de la Juventud' afirmaba poder realizar cinco Omote Renges, lo que le produjo un mareo abismal (finalizándo por vómitos y desmayos).

Sin darse cuenta, el día había pasado volando. Ya era de noche y todos se despidieron y se alejaron hacia sus casas. En ese momento, Naruto se percartó de la ausencia de la introvertida Hinata, que esperaba ver escondida y sonrojada quién-sabe-por-qué como siempre. Pero se equivocaba. ¿Dónde se habría metido? Rápidamente corrió hacia Shino, y le preguntó:

- Shino, ¿le pasa algo a Hinata?

- No - respondió el moreno instantaneamente. - ¿Por qué?

- Es que no ha venido. ¿No es raro?

- Esta mañana dijo que no había podido dormir, seguramente esté en su casa descansando.

¡Qué directo era Shino! A veces su sinceridad devastaba. Le había hecho un corte increíble. ¿Estaría preocupado por Hinata? Sin duda lo parecía, aunque Shino tenía una forma extraña de preocuparse por sus amigos. De hecho, Shino nunca había sido de los más normales, así que no se preocupó. Seguramente no era nada.

Sakura y Naruto vagaban por las calles de la villa regresando a sus casas.

- Naruto... ¿pasa algo? Estás muy callado.

- Sakura-chan...si yo voy en busca de Sasuke, ¿vendrías conmigo? - inquirió.

Esa idea le había estado rondando la mente hacía días. Quería traer de vuelta a Sasuke, pero no estaba seguro de si Sakura le apoyaría en el propósito.

- La verdad es que no puedo responderte. Naruto, Sasuke-kun es importante para mí pero nos ha traicionado. No creo que pueda volver a confiar en él - su voz sonaba apagada.

Hasta ella se dio cuenta. Pero era la verdad. Se había esforzado por confiar en Sasuke y creer que él volvería, o que lo habría hecho por algo más que la venganza. Que no era como una máquina que sólo hacía lo que tenía programado, pero conforme el tiempo pasaba su esperanza disminuía, quedándo solo polvos sin rumbo que vagaban por su mente. Al principio soñaba todas las noches con su regreso, lloraba de alegría al despertarse de los sueños, y al encontrarse con la realidad, seguía llorando de pena. Cuando se marchó sólo vio una opción: encontrarle. A partir de entonces le detendrían y le harían volver, pero ahora, con la madurez había visto la otra opción: renunciar a él. Le dejaría ir, aunque le doliese. Aunque le partiese el alma, ella no podía hacer más por él. Ni siquiera creía que se lo mereciese. Así que había decidido dejar de perseguir un imposible. Sin embargo, ¿por qué a la hora de la verdad tenía tantas dudas?

- Naruto, gracias por acompañarme. ¡Hasta mañana!

Y con una amplia pero falsa sonrisa, Sakura corrió hacia la entrada de su casa, abriendo la puerta para ponerse a llorar en soledad bajo la oscuridad de la noche. Sólo la luna iluminaba esa triste habitación, testigo de su pena.

Al llegar a su apartamento, Naruto miró detenidamente aquella foto.

- Te traeré de vuelta, Sasuke. Te encontraré - juró.

Aclaraciones:

* Naruto tanto en el manga como en el anime, llava al cocinero del Ichiraku viejo, de ahí la traducción literal (así como ero sennin y vieja Tsunade)

** En japón se ponen sufijos al final como pueden ser -kun, -san, -chan, -dono, -sama...y muchísimos más. En éste se refiere a -sama como un superior (literalmente traducido como Dios), al igual que con Hokage-sama, dándose importancia a sí mismo.

Pobre Hinata...pero tranquilos, que mañana hay más (para quien quiera leerlo). Por favor poned comentarios con las críticas y opiniones que tengáis, si os gusta más esta versión o la anterior. Besos, ¡¡y gracias por pasaros!!

Los personajes de esta historia no me pertenecen, pertenecen a Masashi Kishimoto, pero la idea es originalmente mía.