Disclaimer Aplicado.

A/N: ¡Gente querida, hola! Primero que todo, sé que no tengo excusa que respalde el hecho de haber tardado TANTO en actualizar, duh. Sólo espero que comprendan que estoy pasando por el típico proceso en que me repele todo lo que escribo… y lo que menos quiero es publicar chaps-basura.

Lo cierto es que tampoco tengo definida la cantidad de capítulos —soy un desastre, lo sé xD—, quizás cuatro, cinco o más, pero sepan que la trama la he trabajado muy bien en mi cerebro, lol. De todas maneras, agradezco a TODOS y cada uno de los hermosísimos reviews, ¡se pasaron! :) También tengan ojo con el rated, que extrañamente acaba de subir, ñaña. ¡Saludos y gracias por la paciencia!


Capítulo II


—Sasuke.

—Sakura.

Detrás de aquel llamativo y peculiar antifaz, sus ojos verdes brillaron peligrosamente.

Sólo con ropa interior.

Se arrodilló ante a mí sin dejar de succionar sensual y provocativamente sus dedos, y palpando mi enorme y ahora doloroso bulto, sin hacer demasiada presión, jaló de la correa y se deshizo del botón utilizando únicamente sus dientes. Me miró directamente a los ojos, asomando la lengua e incitándome al placer.

Yo estaba demasiado mareado.

Sujetó el borde de mi pantalón y comenzó a bajarlo sin apuro, tomándose todo el tiempo que fuese necesario. Demasiado quizás. Mordió su labio inferior, deseosa por aventurarse e indagar por mis calzoncillos. Yo, algo flemático y confuso, intenté tocar uno de sus pechos. Uno.

Tan sólo uno, maldición.

Pero tan rápido como me emborraché y sin poder prever su actuar, pegó un brinco que me mandó directo a la cama: una cómoda y enorme cama con cobertor rosado.

¡Rosado!

Ella, aún con el antifaz en su lugar y emanando un aire de total misterio y hermetismo, se posicionó rígida sobre mí. Sus muslos se tensaron alrededor de mi cintura al mismo tiempo que embestía e invocaba un orgasmo, manejando perfectamente la situación. Me aferré a su cintura para profundizar el placer, sintiendo su cuerpo increíblemente pequeño y endeble. Sacudí la cabeza y le dirigí una mirada profunda, o al menos, eso creí yo. La tomé fuertemente de los hombros y la tumbé boca arriba, vencedor. Ahora sería mi turno de gobernar.

Como siempre.

Sin darle tiempo para reaccionar siquiera, estrellé ambas manos contra sus senos, sintiéndolos tan diminutos como un par de limones.

—Pero qué carajo… —me quejé. Estaba seguro de haberlos visto mucho más grandes en el escenario. Grandes, voluptuosos, mayúsculos y colosales, eso era lo que mi mente había atesorado.

Estaba se-gu-ro.

Rauda y con un leve tinte de carmín bañando sus mejillas, se retorció de tal manera que liberó mi agarre, llevándome, inevitablemente, a caer de bruces sobre la cama. La sentí rezongar mientras me frotaba la frente, saltando y cargando todo su peso sobre mi espalda, lo cual, exceptuando las súbitas ganas de querer vomitar y dejarme morir hasta el año entrante, no había significado nada para mí; peso pluma.

—¿Sabes? El tamaño no lo es todo —me habló al oído, deslizando su escurridiza y traviesa lengua por todo el lóbulo —. Deberías saber que las chicas tenemos nuestros métodos para hacerlos crecer mágicamente.

¿Calcetas en el brasier?

Quise sonreír. En serio, realmente quería reír y disfrutar el momento mientras me la cogía, pero el hecho de ver doble y sentirme nauseabundo no ayudaban en absoluto, tsk.

Sakura, quien ahora se dedicaba a palmar y explorar mi blanco e indefenso trasero, me observó con interés — ¿Sucede algo? —inquirió dudosa, debatiéndose en seguir con su tarea.

—No —le atajé enseguida. Sería una deshonra rendirme y fallar con tanto camino recorrido. Además, ella era una prostituta y yo quería sexo, de verdad que lo quería. Pero justo cuando mis labios se habían apoderado de los suyos en un violento y desesperado beso, una repentina y feroz arcada me asaltó sin piedad —. Mierda —le aparté, empujándola y necesitando con urgencia un baño.

Ra-yos.

Salí disparado de la cama, chocando con el velador y enredándome inevitablemente y como un verdadero tarado con las sábanas. Mi tobillo crujió al golpearlo fuertemente contra la marquesa, tumbándome al instante sobre una felpuda y colorida alfombra de suelo. Jamás creí haberme sentido tan patético.

Sakura, tapando su boca impresionada, se crispó y exclamó un mísero "oh". Miré su semblante de reojo, cabreado al pensar en lo impactante que había sido presenciar tan ridícula performance. No sabía por qué, pero su estúpido antifaz ya había comenzado a fastidiarme, sembrándome la fija idea de arrancárselo con furia una vez despojada de toda vestimenta.

Tal vez facialmente no era tan… agraciada.

—Al fondo —sugirió divertida, apuntando en dirección a una blanca y angosta puerta de madera.

A tropezones e ignorando la burla evidente por parte de Sakura, corrí y me introduje en el servicio. Ni siquiera alcancé a levantar la tapa cuando me vi escupiéndolo todo. No podía decir con exactitud cuánto tiempo tardé, pero de igual manera fui capaz de intuir que había sido demasiado.

Oye, ¿estás bien? —oí a través de la puerta. Cerré los ojos y suspiré, no podía creer mi asquerosa suerte.

Me puse de pie con pesar, tallándome los ojos y sosteniendo todo el peso de mi cuerpo sobre el lavamanos. Le eché una ojeada a mi semblante —el cual no podía ser más penoso—, abrí el grifo y regué mi cara, sintiendo el agua tan gélida como la nieve.

De alguna manera tenía que despabilar.

Era cierto que nunca fui un gran tolerante a la bebida, ya que además de faltarme el tiempo y los panoramas, Hikari, mi singular prometida, se encargaba de desechar cada una de las botellas que encontraba, respaldándose en la absurda y estúpida regla impuesta que simplemente no las permitía. Jamás pensé en protestar, ya que además de usar la casa sólo para dormir y a veces comer, el tema no me interesaba ni un ápice. Aunque claro, para Naruto aquello no podía significar más que un excesivo control femenino y brujería. Según él, yo no era más que un sometido que se dejaba amedrentar por su casi-mujer, y aunque se hallase muy lejos de la realidad, nuestra relación nunca había sido víctima de diferencias ni discrepancias.

Lo que ni Naruto ni nadie comprendería, era que nuestra unión estaba consolidada única y exclusivamente por el ámbito monetario. No hacía falta salir a cenar, entablar conversaciones profundas o darle el beso de las buenas noches, tan sólo bastaba con obsequiarle una joya costosa de vez en cuando para reafirmar el compromiso.

—Es en serio, ¿te encuentras bien o necesitas ayuda?

Abrí la puerta y me arrojé contra ella totalmente fuera de mis cabales, tomé salvajemente su rostro y comencé a besarlo con ahínco y fiereza. Sin tardar ni querer esperar a que reaccionara, comencé a fisgonear cada rincón con mi lengua, arrancando uno y que otro gemido.

Llevé la mano derecha hasta su pálido hombro, deslizando rápidamente el arcial de su diminuto sujetador. No quería esperar ni un segundo más para hacerla mía. Pero para mi sorpresa e increíble mala suerte, ella respondió con una negativa, retorciéndose e intentando apartarme sin resultado óptimo.

¿Por qué?

Rodeé firmemente su espalda con mi antebrazo, atrayéndola y profundizando aún más el beso. Quería saciar mi sed y no perder el control de mi cerebro; quería hacerlo, sin importar lo ebrio e idiota que me sintiera, sin importar incluso si ella protestaba.

Tomé impulso y caímos acoplados sobre la cama, produciendo un ruido sordo en el acto —. Tch, rompí una tabla —pensé, al mismo tiempo que, con una sola mano, sujetaba y posicionaba bruscamente ambas muñecas de Sakura por encima de su cabeza. Mi zurda, impaciente, no tardó en actuar, manoseando y aventurándome ampliamente dentro del sector prohibido: sus bragas.

—¡Mmph! —la sentí rezongar, de nuevo.

Solté sus muñecas y la jalé de los cabellos, provocando que se arqueara y su lengua se torciera deliciosamente dentro de mi boca. Introduje mi dedo índice por el borde de su ropa interior, tanteando terreno impaciente, mientras que ella cerraba los ojos con fuerza sin dejar de rechazar mis caricias. Entré, sintiéndola gemir cuando mi ágil dedo apenas rozó su intimidad.

Yo sonreí con malicia.

Infiltré otro dedo, sintiéndola temblar repetitivamente. Mordí su labio ahora hinchado y la penetré con la mirada: Sasuke versus Sakura, lujuria contra… ¿lágrimas? Fue como un balde de agua fría. Me aparté tan rápido que rasgué sus bragas, creyendo dislocar uno de mis rebeldes dedos. Su cuerpo comenzó a quemarme apenas mis ojos chocaron con los suyos cristalinos, a sabiendas, y advirtiendo mi falta de orientación, que aquello no debía estar ocurriendo.

Gemidos, gritos, suspiros, embestidas, calor, deseo y orgasmos… eso era lo que yo quería, no llanto.

Pensé en hablar, pero ni siquiera sabía qué era exactamente lo que debía articular. "¿Te dolió?" aventuré en mi cabeza, sintiéndome un perfecto idiota al instante. ¿Cómo carajo sería posible si apenas estaba entrando en calor? —Demonios, Sasuke, recuerda no tomar más de tres vasos al hilo…

Me llevé mi pobre y perjudicado dedo por inercia hasta la boca. Pude sentir su sabor, tan dulce y placentero que casi me arrepentí. Casi. Clavé los ojos en ella y esperé una señal, por más efímera que fuese, necesitaba una pista. ¿Qué había hecho mal? ¿Es que acaso aún olía a vomito? Ella era una prostituta, no existían muchas opciones…

Con bastante disimulo, intenté oler mi aliento. No es que quisiera darle una buena impresión —mi espectáculo ya había dicho suficiente sobre mí—, sino que solidarizaría con ella si sus lágrimas fuesen a causa de mi hedor; sería simplemente imperdonable. Pero no, definitivamente no era yo. Algo andaba mal y no estaba dispuesto a quedarme con la duda.

Mientras ella frotaba insistentemente sus ojos por debajo del antifaz, me acerqué con cautela. Sakura me atraía y quería cogérmela, eso estaba claro, pero su repentino pudor y delicadeza me estaban abrumando y frustrando enormemente.

—¿Sucede algo? —fue lo único que atiné a preguntar, escudriñándola atento con la mirada.

Ella, sollozando aún, se giró dándome la espalda. Dejó pasar varios segundos mientras se acomodaba el antifaz, ahondando cada vez más en mi curiosidad —. Estoy bien… no es nada.

"No es nada".

Parpadeé aturdido y quise ahorcarla.

¿Acaso fue por nada que interrumpió y jodió mis sabrosos planes? De verdad, lo mínimo que podía hacer era estrangularla. Pero por más segura que estuviese, yo no era ningún imbécil. Nadie se pone a llorar en medio de una situación tan caliente a causa de "nada" —. Jodidas mujeres…

Con ganas de una explicación y harto sexo, toqué su desnudo y blanquecino hombro para hacerla girar y de una vez encararme. Yo estaba pagando por sus servicios, joder, necesitaba respuestas.

¿Vas a dejar de chillar y continuar con lo tuyo? —quise confesarle, pero increíblemente me reprimí. Sería como conducirme al vacío. Si la chica era sensible o primeriza en el asunto, saldría corriendo y me dejaría con las ganas, cosa que obviamente yo no quería.

"Piensa astutamente, Uchiha" —. En serio… ¿hice algo mal? —pregunté afligido, tratando de poner en práctica, aunque a duras penas, todos los consejos bizarros que Naruto me había forzado a escuchar. Sólo me faltaba hacer un puchero, tsk.

—No, por favor, tú no tienes la culpa… soy yo —habló acongojada, aparentemente arrepentida e intentando tranquilizarme —. Es sólo que… —trató de confesarse, mordiéndose la lengua segundo después de arrepentirse.

Yo me acerqué expectante, aún con el deseo latente de ver su rostro completamente al descubierto. Ella me miró contrariada, retrocediendo inquieta y esquivando como fuese mi mirada.

Vale, algo andaba realmente mal.

Me apreté el dedo lastimado para llamar su atención, recurriendo a lo más estúpido que mi cerebro había sugerido en la vida. Quería hacerla sentir estúpidamente culpable; mi dedo sufría y ella no se había dado por enterada, así que algo debía hacer para recompensarme.

Fácil y ridículo.

Sin previo aviso y después de observar detenidamente mi mano, como si se hubiese internado en un trance profundo y sin retorno, se precipitó fortuitamente contra mí, sumergiéndome en un beso hambriento y desesperado.

Oh, sí.

Mientras entrelazaba sus piernas alrededor de mi cintura, haciéndome tambalear levemente, contrajo su vientre y buscó con urgencia mi lengua, profanando exitosamente mi boca. Ágil e impaciente, tomé y apreté sus glúteos, masajeándolos con ahínco y sin mucha sutileza; arrinconándola contra mi dolorosa y crecida erección. Intenté abandonar sus labios para atacar su cuello, pero ella simplemente me lo impidió. Notaba su cuerpo tenso y cauteloso, con un extraño aura de nerviosismo emanando a su alrededor.

Agudicé la mirada. Si bien yo no estaba acostumbrado a ser complaciente ni mucho menos equitativo en las experiencias carnales, me propuse hacerla gozar hasta desfallecer. Aunque claro, sería una utopía que la chica no disfrutase conmigo a su lado.

Hn.

Mi compañera de turno jamás quedaría con gusto a poco. Eso nunca. La haría gritar mi nombre hasta desgarrar su sometería ante mí, deseando hasta el más ínfimo pedazo de mi piel.

Extasiado y hambriento de más, rompí el contacto con sus labios —yo quería inmiscuirme en su cuello—, para saborear y atacar mi blanco preferido. Su exquisito aroma no tardó en hacerse presente, hurgando impetuosamente por mis fosas nasales.

—¡Ah! —la oí gemir, activándome aún más.

Estampé su cuerpo contra un estante lleno de libros, sin importar que éstos se estrellaran contra el suelo o lastimasen su espalda. Además, el por qué de su ubicación y existencia en ese lugar era total y absolutamente ilógica. ¿Quién podría ir a ese cuarto a leer? Incluso si trataban de anatomía y derivados, era muchísimo más provechosa la práctica.

Seguro.

Con vehemencia la desprendí de su pequeño sujetador, adquiriendo una vista privilegiada de su delantera —. Sí, en serio están chicos —pensé. Me habría desanimado si no fuese por el éxtasis que recorría todo mi cuerpo, sin exagerar.

"Detalles Uchiha, sólo detalles". Pero lamentablemente para ella, yo era un detallista y quisquilloso de mierda.

Sin querer esperar ni un segundo más y bajando por su escote, me dispuse a entablar una seria conversación con sus senos. Era increíble la fragancia que desprendía de su cuerpo, demasiado placentera. Tiré de mi bóxer con algo de dificultad; su cuerpo me llamaba a gritos y no estaba dispuesto a hacerla esperar. Demandante, estreché aún más su cintura, tratando de hacerla encajar con mi punzante miembro.

Pero Sakura estaba temblando.

Ambos sudábamos y la temperatura en la habitación estaba muy por encima de lo normal. Mordí mi labio inferior y dudé en continuar.

Sí, lo dudé.

Aunque no sabía si sería el mejor momento para entrar en ella, todo rastro de duda se esfumó al segundo después de desviar una mano a su entrepierna: estaba lista para ser penetrada. Profundicé el agarre a sus glúteos sin querer apartarla un sólo centímetro de mí. Regresé a sus labios y di unos cuantos pasos, tanteando a ciegas en busca de la cama.

Sería mucho más cómodo, aunque fuese rosada.

Caímos estrepitosamente, al mismo tiempo que un fuerte crujir se hacía presente —. Maldición, otra tabla… —pensé. Quizás la cama ya estaba demasiado usada o bien yo podría estar siendo muy exigente. De todas maneras, ya había dejado como nota mental tener que comprar una nueva —y con lo ostentoso que aparentaba ser el lugar—, tsk.

Luego de bufar internamente y estar listo para introducirme en ella, le dirigí una enigmática e indescifrable mirada. Por fin había llegado el momento. Con tranquilidad y bastante enfoque, conduje una de mis manos hasta su rostro; quería quitar de una vez por todas aquel fastidioso y extravagante antifaz. Tragué saliva y lo toqué, sin que sus verdes ojos se despegasen de los míos.

Comencé a subir la mano y descubrir su cara lentamente, expectante y deseoso de ver más —. Se supone que no debes —me bloqueó, posicionando su pequeña y nívea palma por debajo de mi pecho.

Yo la observé furtivamente, queriendo hacer caso omiso a su advertencia. Si bien me caracterizaba por siempre pensar antes de actuar, aquella vez me dejé llevar por completo. No tendría que darle explicaciones por mis actos a nadie, yo hacía, allí y siempre, lo que quería.

Levanté el brazo veloz, sin perderme ni un sólo gesto de su parte. Tenía los ojos apretados y arrugaba la nariz.

Al menos es bonita —razoné, resignándome y perdonándola por ser portadora de unos pechos tan pequeños.

—No debiste hacer— ¡AH!

No, no quise ni pude esperar más. La penetré ágil y de una sola embestida, adentrándome en la gloria. Sonreí satisfecho, sintiéndola arquearse y oyéndola sollozar. Pero yo estaba preparado para más.

Miré su rostro, el cual estaba contraído en una terrible mueca de dolor y sufrimiento. Las lágrimas se habían agolpado en sus ojos, haciéndolos brillar con pesar. Su boca estaba abierta, conjurando un grito fácilmente mal interpretativo. Miré sus manos, las cuales agarraban con fuerza las sábanas, sin darle tregua alguna.

Entonces me confundí.

¿Acaso me había excedido? ¿Acaso me había adelantado y no intuyó que necesitaba entrar en ella sin poder esperar más? Intrigado y con más de mil preguntas hostigándome en la cabeza, la besé. Cerré los ojos y la invité a seguir mi ritmo, pero por alguna extraña razón Sakura no se avivaba.

Volví a enseñar mis ahora profundos y oscuros ojos negros, intentando controlarme y no cabrearme, pero sus lágrimas pasaban de ser un simple gimoteo a un fuerte llanto. Estaba sonrojada, lo cual le daba un aspecto demasiado infantil.

Ligeramente ofuscado, tomé su cara y la forcé a mirarme. Salí de su interior e intenté sonreír, aunque estaba muy molesto.

—¿Mejor? —le pregunté comprensivo, teniendo la urgente necesidad de seguir con mi tarea.

Follarla.

¿Es que acaso esa niña era idiota? ¿Cómo se podía esta mejor y optar por no tener sexo en una situación como esa?

Pero para agregar otra gran sorpresa a la lista, ella negó —: No… me duele, me duele mucho… —mi ceño se arrugó ante su confesión, tratando de armar cabos a toda máquina.

Si el problema recaía en el tamaño, definitivamente Sakura no sería como las demás.

Con una leve sospecha deambulando en mi mente, bajé una mano hasta su intimidad, sintiéndola estremecerse y tensar aún más las piernas. Me bastó tan sólo rozar para caer en cuenta y volver a la realidad.

Aquello no podía estar pasando.

Con los ojos desorbitados y desviando la mirada de sus maltratados labios hasta mi ahora ensangrentada mano, maldije mil veces mi suerte — Tú… ¡Imposible! —me escandalicé. Tenía que ser una broma.

—Bailarina, Sasuke-kun —confesó con pesar, sollozando y tapándose a duras penas el rostro.

Mierda.

No y no. ¿Era posible que ella fuese…?

—Yo no soy prostituta.


TBC…