Ok, aquí les caigo con el segundo capítulo de este multichapter, en esta ocasión conociendo el punto de vista de la hermana de Craig, Ruby. XD.

Me inspiré mucho en la rola "Uninvited" de Alanis Morissette e incluso me imaginé la escena que describí más o menos en este capítulo. Si quieren musicalizar este capítulo, les sugiero que escuchen la canción antes señalada.

Un abrazo!

Vicka.


Uninvited:

Primera vez.

Mirando desde la ventana del departamento, mi corazón empieza a encogerse cuando vi que bajaba Butters de un taxi. No podía evitar suspirar de puro alivio al ver que nadie le había seguido; hacía una semana que no lo veía a solas y de manera íntima desde aquél día en la cafetería de los Tweak.

¡Dios! ¡Realmente lo extrañaba!

Extrañaba estar en sus brazos; extrañaba sentir esas dulces y tiernas caricias que él y sólo él sabía prodigar sin reservas. Extrañaba sus besos y sus susurros en mi oído; extrañaba sentir ese agradable olor que lo caracterizaba como hombre… Incluso extrañaba sentirlo dentro de mí…

Lo extrañaba todo.

Lo extrañaba porque yo he sido la única mujer hasta ahora que lo conoce de pies a cabeza como amigo, como tutor y como hombre.

Sabía que estaba arriesgando muchas cosas al verle; de hecho, siempre he sabido que lo que hay entre los dos podría terminar para mal o, si Dios lo dispusiera así, para bien… Aunque teniendo como novios a Ike Broflovski y a Kenny McCormick, esto podría ser de ambos lados.

Oh… Olvidé presentarme…

Me llamo Ruby Tucker y tengo 18 años de edad. Soy alta, delgada, de cabello rubio cenizo, tengo 18 años de edad y llevo cuatro años de relación con Ike, el hermano de Kyle Broflovski, quien a su vez es la pareja sentimental del detestable Eric Cartman.

Sin embargo, debo admitir que soy muy infeliz con Ike; más que infeliz, me siento morir en esa relación de tediosa rutina. Todo el mundo ve a Ike como un chico guapo, inteligente y carismático, aunque yo debería agregar que también es un reverendo pervertido y todo un casanova como Kenny, la pareja de Butters.

Respecto a Butters, pues, a él lo conozco desde siempre.

Él siempre estaba en la clase de Craig, el cabrón de mi hermano, y ha hecho varios trabajos en equipo con él, a pesar de que el pobre terminara por hacer todo el jodido trabajo y mi hermano simplemente se la pasara huevoneando como Dios manda cuando iba a su casa. No obstante, yo siempre estaba ahí, parada junto a él y observándole. Aunque les parezca un poco extraño lo que voy a decir, siempre que me pedía alguno que otro favor pequeño estando allá, yo lo ayudaba con gusto.

Lo hacía porque Butters me parecía un chico adorable y cálido, y no detestable como Clyde, presumido como Token o paranoico como Tweek. Es más, él debería de ser mi hermano y no Craig, ya que se tomaba la molestia de ayudarme con la tarea cada vez que visitaba a mi hermano por asuntos escolares.

Conforme los años pasaban, nosotros estrechábamos un fuerte lazo de amistad; él sabía mis cosas y yo sabía las suyas. Él me contaba los pormenores de su familia y de su relación con Kenny y yo le contaba lo mismo al respecto, descubriendo que ambos éramos infelices con nuestras vidas, que ambos anhelamos buscar el modo de terminar con nuestras parejas sin ganarnos una enemistad por parte de ellas y que ambos soñamos con largarnos de esa mierda de pueblo y no regresar nunca más.

No obstante, hubo un momento en mi vida en donde mi promedio escolar bajó de manera crítica debido a que había iniciado en ese entonces mi tormentosa relación con Ike. Mis padres, preocupados, decidieron contratar a Butters para que me asesore en las materias en donde andaba muy baja.

Yo estaba feliz porque mi amigo iba a tener tiempo para ayudarme a reforzar todas las materias, especialmente matemáticas y química. Todos los días iba a mi casa y nos sentábamos en la sala a estudiar juntos muy a pesar de las protestas de Craig y de Ike, a quien no le gustaba mucho la idea de quedarme en casa a estudiar con la ayuda de Butters.

Bueno, él no tenía nada en contra del chico Stotch, sino que tenía miedo de que yo me fijara en él; lo curioso era que Kenny tenía ese mismo miedo, motivo por el cual ambos peleaban de manera brutal.

Honestamente le doy la razón a Butters de pelearse con Kenny; es decir, el hermano pendejo de Karen, mi mejor amiga, hace todo su desmadre con media población de South Park, ¿y encima de eso le exige fidelidad a Butters? El tipo no tenía ningún jodido derecho de exigirle eso, realmente no lo tenía.

¿Cómo quería que lefuera fiel si él mismo le era infiel con cuanta vieja o cabrón se le cruzaba? Butters le era fiel hasta ese momento; le era fiel como un perro faldero, le aguantaba sus deslices "ocasionales" y hasta tenía que guardar silencio al respecto.

No obstante, esa clase de cosas tenían un alto precio que Kenny y Ike, sin saberlo, lo estaban pagando my caro, y tal vez nosotros también lo paguemos caro si ellos se enteraran de lo nuestro.

De nuestra relación.

Bueno, Butters y yo no somos novios… Al menos aún no hemos decidido si dar o no ese paso.

Más bien somos amantes o amigovios; somos dos personas infelices que hallaron una especie de consuelo en los brazos del otro. Somos dos amigos que se hartaron de la misma rutina de siempre, de no ser escuchados o de no ser valorados.

¿Cómo surgió esto? Sinceramente… Surgió esto cuando yo tenía los 15 años.

Demasiado joven, lo sé, pero esto surgió como un pequeño favor, como una pequeña búsqueda de consejo por parte de él, de la persona a quien he apreciado tanto y la única que me ha apoyado de forma incondicional.

Fue justamente en un día como este: gris, con amenaza de lluvia... Bueno, ya estaba lloviendo ese día que yo recuerde.


::Flashback:

Ruby, de 15 años, no podía estar quieta; Butters, de 20 años, un tanto preocupado, observaba cómo la joven tenía los labios temblorosos y los ojos a punto de estallar de lágrimas. Afuera de la casa de los Stotch, la lluvia caía a raudales, ya que era la temporada de lluvias en South Park.

Era una suerte para Butters que sus padres no estuvieran en casa, ni siquiera en South Park. Habían ido a Denver a buscar a una tía en el aeropuerto, dejándolo solo en casa con sus tareas de la universidad. No obstante, dichas tareas fueron interrumpidas por la llegada de Ruby, quien estaba empapada de agua debido a que había estado corriendo bajo la lluvia.

- Ruby… ¿Estás bien? – inquirió Butters mientras le servía una taza de café.

Ruby negó con la cabeza.

- ¿Qué es lo que pasa?

Con los labios aún temblorosos, la jovencita respondió:

- Lo vi.

- ¿A quién?

- A Ike… Lo v-vi… Lo vi…

Ruby se puso a llorar.

Butters, conmocionado, se acercó a la adolescente y, abrazándola, le susurró:

- Ya, ya, ya, Ruby. Tranquila… Tranquila… Shhh…

- ¡Es un maldito infeliz!

- ¿Quién, Ike?

- ¡Sí!

- ¿Por qué?

- ¡¿Por qué? ¡¿Por qué? ¡Porque lo vi besándose con Shelly Marsh, la hermana de Stan!

Butters se quedó sorprendido y añadió:

- ¿Qué? ¡¿Hablas en serio?

- ¡¿Acaso crees que bromeo?

- Hey… Tranquila… Toma tu café y hablemos bien claro, ¿ok?

- ¡Dios!

Ruby bebía su café por sorbos mientras que Butters se servía uno para beberlo con ella.

Al sentarse frente a la joven Tucker, le preguntó:

- ¿Dónde viste a Ike besándose con Shelly?

- En las puertas de la casa de Stan – respondió Ruby.

- ¡¿Cómo? ¡¿Ahí, en las meras narices de los Marsh?

- Sí.

- ¡¿Qué coño le pasa al hermano de Kyle? Digo, ya ni Kenny es así de descarado… O…

Butters cerró la boca violentamente.

¿Para qué mentirse? Kenny también le había hecho lo mismo en infinidad de ocasiones, y toda esa infinidad se lo había perdonado, no porque lo amara, sino porque él no quería estar solo ni convertirse en el hazme reír de todo South Park.

Había intentado cortar con él por lo sano y quedar como amigos, pero fue inútil; sus padres le habían cantado los 40 sobre ese punto al respecto. De hecho, el cabrón tenía a sus padres comiendo de su mano gracias a uno que otro favorcito de… Cierta índole.

Ruby lo observaba detenidamente y con comprensión.

De todos modos, ella sabía que Butters tenía por novio a un verdadero putón, por no decir la verdadera reencarnación de Mesalina, la emperatriz romana famosa por su legendaria insaciedad sexual.

Asentando la taza con delicadeza, Ruby miró a Butters a los ojos y le dijo:

- Necesito un favor, Butters.

- ¡Claro! Pídeme lo que quieras, Ruby.

La aludida se sonrojó y, respirando hondamente, le dijo estas palabras:

- Quiero que seas el primero en desvirgarme.

Butters escupió el café por la sorpresa de aquella frase.

Miró a Ruby con nerviosismo y sorpresa, y exclamó:

- ¡¿Q-qué t-tú quieres q- qué?

- Quiero perder mi virginidad contigo.

- S-salchichas… Ruby… Y-yo… Yo… Yo no puedo…

- ¿Por qué?

- R-Ruby… Y-yo… Y-yo...Yo no tengo experiencia en ese asunto.

- ¿Qué?

Apenado, Butters le respondió:

- Y-yo no he estado nunca con ninguna mujer en ese plan, ¿sabes? He besado a dos en mi vida, pero nunca he tenido relaciones sexuales en forma…

Ruby se quedó en shock mientras que Butters añadía:

- Lo siento…

De repente, una mano selló la boca de Butters.

Ruby lo miró fijamente; sus ojos denotaban un brillo sumamente extraño para Butters, un brillo que parecía transmitir la seguridad y confianza de una mujer en las manos de un hombre experimentado.

Al retirar su mano de la boca del rubio, la adolescente se levantó y lo levantó al mismo tiempo, puso sus manos en la camisa y empezó a desabotonarlos con lentitud.

- R-Ruby… No…

La jovencita desoía los ruegos de Butters, ya que estaba muy concentrada en desabrochar la camisa. Sus manos, suaves y delicadas, extendieron la camisa para dejar al descubierto un torso bien formado, el cual maravilló mucho a la menor de los Tucker, quien acercó rostro para poder aspirar el olor que podría emitir el rubio.

Butters se sentía un poco incómodo al respecto.

¡Ruby era una chiquilla, por Dios santo! Una chiquilla que apenas estaba saliendo del cascarón, no una mujer que quiere vengarse del marido infiel. De hecho, parecía ser que Ruby buscaba justamente eso: Vengarse de Ike…

Y qué mejor venganza que devolverle la pedrada.

- Ruby – decía el rubio mientras apartaba delicadamente a la adolescente y añadió:- . Esto no puede ser. ¡No debe ser! E-es decir… T-tú y yo s-somos distintos… Tú eres una niña y yo ya soy un hombre grande. Nos meteríamos en un enorme problema si alguien lo descubriera… Además, esta no es la mejor forma de vengarse de Ike.

Ruby lo miró fijamente y añadió:

- ¿Quién dijo que quería vengarme de Ike?

- Ruby… E-esto que estás haciendo es el inicio de una venganza que te lastimará más…

- Pero si no voy a vengarme de Ike, Butters… De hecho… Yo… Yo quiero saber qué es sentir un hombre… Un verdadero hombre. Dentro de mí. Ha-haciéndome sentir bien… N-no es una venganza contra Ike. Tengo una cosa mejor en mente para vengarme de él. Esto… Esto es lo que he querido pedirte desde hace unos meses.

Butters se sorprendió.

Ruby, con pena, comentó:

- Conforme crecíamos, sentía la curiosidad de saber qué era el estar en los brazos de un hombre. Más bien, del hombre que amas. Podría pedírselo a Ike, pero eso sería permitirle que él ganara, ya que me cortaría y se iría con otra. Por eso… Por eso hasta ahora lo mantengo a raya… Y por eso pensé en recurrir a ti, Butters.

- Ruby…

La jovencita le plantó un beso tierno en los labios y, al separarse del rubio, esbozó una sonrisa y añadió:

- Nadie sabrá si ninguno de los dos no habla.

Dicho esto, la jovencita se quitó la toalla, la blusa y los pantalones, quedando solamente en ropa interior; Butters estaba sumamente nervioso y extrañamente emocionado ante aquella seductora imagen que le ofrecía la adolescente.

De hecho, sintió una fuerte y familiar opresión en sus pantalones, opresión que hacía tiempo que una mujer no le provocaba, aunque en su caso, la mujer no era una mujer al cien por ciento, sino una chiquilla de 15 años.

Ruby, por su parte, se sentía un poco nerviosa.

Sabía que estaba cometiendo un acto desesperado y una estupidez; de hecho, rogaba que Butters siempre la rechazara y le obligara a ponerse la ropa… Pero la situación fue otra para su sorpresa: Butters la rodeó gentilmente de los brazos y, con delicadeza y suavidad, le devolvió aquél beso que le había dado con anterioridad.

Mientras se entretenían con aquél beso que evolucionaba de uno tierno a uno apasionado, Butters le quitaba el brasier y metía sus manos en las bragas de la adolescente mientras que ésta desabrochaba el cinturón y le bajaba los pantalones y los bóxers, dejando al descubierto un miembro erecto de cierto grosor y tamaño.

Aquello asustó un poco a la adolescente, pero Butters puso una mano en su barbilla y le dijo:

- No tengas miedo… T-trataré de ser lo más delicado posible…

Dicho esto, apartó las tazas y el frutero de la mesa, y le señaló a la adolescente que se quitara el panty y se acomodara boca arriba.

La chiquilla obedeció y, una vez estando boca arriba, le pregunó a Butters:

- ¿Dolerá?

- Uhmmm… Bueno… Dicen que sí… Pero según escuché, el dolor pasará muy pronto… ¿Estás segura de que aún quieres que hagamos esto? Aún puedes echarte para atrás…

Ruby sonrió y replicó:

- Te tengo confianza, Butters. Sé… que no me lastimarás.

El aludido sonrió.

Luego, posicionándose entre las piernas de la chiquilla, estuvo a punto de penetrarla, mas se detuvo al acordarse de que primero había que estimular a la compañera para que ésta no esté un tanto traumatizada por la violencia de las embestidas y para que lo pudiera recibir con mayor disposición.

Se inclinó encima de Ruby, quien respiraba nerviosamente, y empezó a besarle el cuello con suavidad; la jovencita jadeó ante semejante caricia, cosa que agradó mucho al rubio. Del cuello pasó entonces a los pequeños pechos de la chava, a los cuales llenó de besos y los succionaba como un bebé.

La rubia ceniza no podía evitar arquearse ante aquél tierno contacto; sentía que su cuerpo empezaba a arder ante esa caricia experta. Empezó a gemir quedamente, dándole a entender a su compañero que se sentía bien con aquella caricia. Butters decía no tener experiencia, mas sus acciones decían todo lo contrario, ya que se notaba mucho el esfuerzo por tratarla con delicadeza y no lastimarla. En pocas palabras, el tipo, a pesar de su inexperiencia, sabía cómo tratar a una dama, y ese trato era de su agrado.

Butters, mientras tanto, se esforzaba sobrehumanamente por no ceder a su instinto de cópula y terminar por follarla como animal; se recordaba a sí mismo que ella era virgen, que merecía un trato especial durante las primeras dos veces que tuviera relaciones y, sobre todo, que era una chica cinco años más joven que él.

No obstante, tuvo que reconocer que su miembro ya clamaba por desahogarse; el olor a rosas que emitía la chica lo embriagaba de tal forma que rogaba poder desahogarse pronto y terminar con aquella locura antes de que lleguen sus padres y lo encontraran en semejante acto.

Aprovechando aquella degustación de pechos como distracción, metió un dedo en la cavidad de la chica; ésta abrió los ojos de par en par al sentir aquella intrusión dolorosa.

- Tranquila… Relájate… El dolor pasará – decía Butters mientras metía y sacaba primero uno y luego dos dedos en la entrada de Ruby.

- Duele.

- Shhh… Tranquila… Vas a ver que lo disfrutarás dentro de pocos momentos… Lo prometo.

La jovencita, confiando en las palabras del rubio, abrazó el cuello del aludido y empezó a mordisquear su oreja con ternura; Butters, por su parte, decidió que era el momento de poder penetrarla como era debido al sentir la humedad de la chica en su punto máximo. Se acomodó entonces entre las piernas de la chica y, colocando bien la punta de su erección en la entrada de la chiquilla, alzó su vista hacia ella, como si quisiera pedirle permiso para entrar en ella.

Ruby asintió mientras se aferraba a las orillas de la mesa… Y se mordió el labio en un intento de acallar el grito al sentir el grueso glande dentro de ella y romper así el himen que simbolizaba su castidad corporal.

Butters se quedó quieto unos minutos para asegurarse de que el interior de Ruby se acostumbrara a su miembro; mientras tanto, como una distracción, le besaba los labios y el cuello. Minutos más tarde, Ruby empezó a mover instintivamente las caderas, dándole a Butters la señal para que él pudiera moverse dentro de ella.

Con lentitud tortuosa, Butters entraba y salía de Ruby. Ésta rodeaba las caderas de Butters con sus piernas para poder sentirlo más adentro de sí misma y poder darle a su cuerpo un gusto que no le daría a Ike ni aunque se arrastrara a sus pies. De repente, el rubio mayor cambió de posición con la chica, estando la chiquilla encima de él y éste boca arriba.

Con Butters sosteniendo sus caderas con firmeza, Ruby empezó a moverse al ritmo que su cuerpo le pedía que llevase, gimiendo y sosteniéndose de las piernas del Stotch.

Se sentía bien, se sentía plena, se sentía como una mujer… Se sentía feliz de ser desvirgada por un hombre de su entera y absoluta confianza, y no por su novio casanova. Butters, por su parte, sentía gozo y satisfacción al experimentar esa nueva sensación de placer que emanaba del cuerpo de la adolescente. Estar dentro de ella lo liberaba de toda tensión y le hacía olvidar todos sus malos ratos con Kenny; estar dentro de ella le causaba una poderosa sensación de confianza y seguridad.

En un impulso repentino, se incorporó y atrapó los labios de la menor, quien lo correspondía con avidez; al separarse de sus labios, se recostó nuevamente y la ayudó a moverse de arriba abajo con mayor rapidez, ya que sintió que el clímax estaba cerca.

- B-Butters… - susurraba la sudorosa adolescente.

- R-Ruby – gemía el hombre -… ¡R-Ruby!

- ¡Ah!

El clímax había llegado. Y había llegado parejo para ambos.

Butters derramó su semilla en el interior de la jovencita, quien sonrió al sentir la calidez del líquido seminal inundar sus paredes.

Sacándose el falo de Butters, se acomodó a lado del rubio y, abrazándolo, susurró con la respiración entrecortada:

- G-gracias, Butters. Estuviste magnífico.

- No hay de qué, Ruby… Y gracias. Tú también estuviste magnífica. Digo… Para ser nuestra primera vez… ¡Oh, carajo!

- ¿Eh? ¿Qué pasa?

- ¡Ruby, el condón! ¡No hemos usado protección!

- Uhmmm…

- ¡Salchichas!

Butters se levantó y, sin importar su desnudez, se dirigió al baño, en donde sacó de la vitrina una caja de pastillas anticonceptivas para entregárselas a Ruby diciéndole:

- Tómate una ahora, Ruby. No quisiéramos que salieras embarazada, bueno, al menos no ahora.

- Ok. Gracias.

- De nada…

Ambos esbozaron una sonrisa mientras que el rubio mayor ayudaba a la menor a bajarse de la mesa para que pudiera tomarse la pastilla. Luego, ambos se tomaron una ducha por separado, se vistieron y arreglaron la mesa para ocultar cualquier evidencia.

::Flashback::


Luego de esa primera vez, ambos nos juramos no decir nada a nadie. Incluso en los días siguientes asistí con él al ginecólogo para hacerme un chequeo y asegurarse de que no haya salido embarazada o con alguna enfermedad venérea.

Me volví hacia la puerta del departamento y mi corazón se encogió cuando lo vi a él de pie con una mirada serena. De repente, él cerró la puerta detrás de sí…