Capítulo 2. Escarbando en el pasado.
Nota: A partir de este capítulo hay algo que se va a hacer cada vez más y más obvio, pero no os diré que es. Lo descubriréis vosotros mismos. La historia está terminada, la escribí hace 2 años, pero mucho más infantil, así que la estoy reescribiendo. Espero os guste.
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Una silueta, saltaba ágilmente por los tejados de la aldea. Sus cabellos, algo largos, se mecían al compás de sus movimientos. La oscuridad post anochecer, no dejaba distinguir bien sus rasgos. La luz del atardecer, lo golpeaba, solo dejando ver un contorno rojizo de su cuerpo. La noche ya estaba llegando, y los faroles de la calle, se encendieron automáticamente, ahora dejando ver algo del chico. Unos mechones negros cayendo sobre una piel demasiado blanca, como si nunca hubiera tenido el más mínimo contacto con la luz del sol. Vestía la misma ropa con la que fue abusado ayer. Los mismos pantalones viejos, el mismo saco.
Paró un momento, frente a un farol, donde la luz del mismo le dio de lleno en la cara dejando libre su identidad. Bajó la luminosidad se podía ver claramente, el rostro de un desaparecido personaje. Con una mirada neutral y sin sentimientos, observó el cartel, donde se podían leer las letras parpadeantes, ''Bar Akashio''. Llevó sus manos a la altura de su pecho, realizando lentamente unos sellos, percatándose antes, de que no había nadie a los alrededores. Una nube de humo lo rodeó, y al disiparse ya no estaban presentes los oscuros ojos característicos de su raza. El cabello castaño, dejando al aire una identidad robada.
Se acercó a las puertas y las abrió, entrando para encontrarse con las voces de miles de personas. Miró adelante suyo donde se dispersaban diversas mesas, la mayoría ocupadas. Pero solo una llamó su atención, una donde se asomaba la mitad de una cabellera rosada. Caminó hacia aquella mesa mientras en su cabeza analizaba si debería parar ahora mismo y dar media vuelta para no tener contacto con aquella mujer nunca más, sin embargo no pudo dejar de caminar. Llegó hasta su destino y se sentó, apoyando los codos sobre la madera y mirando, a la chica pelirrosa con desdén. No necesitó hablar, ella enseguida notó su presencia.
-Hola, Tetsu- le saludó Sakura efusivamente mientras dejaba abandonado un vaso de sake-. ¿Cómo estás?
-Bien- respondió vagamente. Sakura le observaba y captó enseguida que ese chico no era muy hablador, por lo que se dignó a examinarle por primera vez. Traía la misma ropa de ayer y pudo notar además que tenía los brazos vendados. Incluso podía notar muchísimas cicatrices en la carne que no estaba tapaba por esas largas vendas.
-¿No eres muy hablador, cierto?- preguntó con una sonrisa, dándolo por obvio. El chico asintió-. ¿Qué pasa con los tíos guapos de hoy en día?- hizo una pregunta retórica con burla-. Nunca dicen nada- terminó sonriendo.
-Conocerás a muchos como yo- habló sin pensar, como si la conversación no fuese de su interés.
-Si… a muchos…- Tetsu observó como la chica había dejado de sonreír y había cogido el vaso de sake. Se lo bebió de un tirón y volvió a llenarlo. El chico, sin predecir el efecto tendrían y las consecuencias que traerían sus palabras, rompió el silencio sin ni siquiera desearlo.
-¿Tú equipo siempre fue el mismo?- preguntó, y Sakura estando a punto de beber paró en seco. Estuvo 10 segundos mirando el vaso y luego se limitó a mirarle por el rabillo del ojo.
-No- nada más observó el cambio drástico del semblante, se dio cuenta que había tocado un punto que era delicado, y lo sabía. Sin embargo, no pudo parar de hacer preguntas.
-Si Sai se unió a vuestro equipo a los 14 años, ¿quién estaba antes?
-Ese no es un tema del que quiera hablar.
-¿Por qué?- frunció el ceño inconscientemente, no estaba al tanto de lo que estaba haciendo.
-No es algo que quiera recordar- dijo, algo irritada.
-¿Por qué?
-Tsk- ella carraspeó la lengua, ahora sin disimular su exasperación-. Malos recuerdos- carraspeó otra vez, mirándolo no muy amigable.
Tetsu decidió callarse, sin embargo sentía una incomodad y una curiosidad desesperada por saber por qué evitaba el tema. Sakura bebía sin parar. No se sabe cuánto tiempo pasó. EL chico se limitaba a observarla con indiferencia mientras ella engullía trago tras trago. Llegados a un extremo, optó por largarse, pero sintió como ella le agarraba del brazo.
-No te vayas- le pidió casi con desesperación-. Te contaré- por el tono en que hablaba Tetsu dio por hecho que estaba borracha. Sintió ganas de largarse, pero la cara de suplica que ella le dirigía le pudo, así que se sentó, preparado para escuchar lo que tuviese que decir.
-Uchiha Sasuke- acabó diciendo con cierto toque de rencor.
Tetsu, no hizo acción alguna. Se limitó a mirarla, buscando que decir a continuación. No necesitaba que le contara la historia, se la sabía de antemano, y mejor que ella. Sakura miró el vaso que aún estaba con ella, y se mantuvo observando el fondo que quedaba. Jugueteó con el vaso, meneándolo haciendo sonar el murmullo del líquido rebotando contra las paredes del recipiente. Estaba nerviosa, el podía notarlo, aunque lo disimulaba bastante bien.
-Uchiha Sasuke fue el cuarto miembro auténtico de mi equipo- comenzó a hablar nuevamente mientras él volvía a mirarla. Hizo una pausa y levantó el rostro, que hace un momento seguía sobre el fondo del vaso de sake-. Pero hubieron complicaciones y se tuvo que ir- concluyó para beber lo que quedaba. Tetsu pudo notar como sus ojos comenzaban a temblar. Hacía unos minutos era lo que esperaba.
-Uchiha Sasuke es el criminal más buscado de hace 4 años.
-Es un asqueroso traidor- dijo y Tetsu vio que sus ojos ya no temblaban, sino que adquirían un brillo diferente, como si a través de sus ojos pudiese leer sus pensamientos, dio por hecho que había rencor en sus palabras.
Durante unos minutos hubo un molesto silencio. Ambos se habían perdido en sus propias palabras. Y dieron por zanjado el tema, al menos ella, lo consideró así. Notando que el encuentro no tomaba el rumbo adecuado se levantó, terminando de una vez, el último sorbo del líquido.
- Menos mal que está muerto- concluyó ganando toda la atención del chico que entrecerró los ojos mirándola sin su normal neutralidad, sino de la misma forma en que se mira a la mosca que te vuela en la oreja.
Sakura se levantó sin decir nada más, y salió por la puerta tambaleándose un poco. Tetsu supo que estaba borracha y por eso había tenido ese comportamiento, sin embargo, le molestó que pensara que estuviese muerto.
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Sakura ya fuera de la estancia, se dejó llevar por sus emociones, y sintió arder sus ojos. Notó como un algo líquido se quería escapar de sus ojos, y sacudió la cabeza, reprimiendo cualquier intento de llorar. Caminó por las estrechas calles. Estaba oscuro. Los faroles no ayudaban mucho, ya que algunos estaban apagados, y otros se encendían y apagaban constantemente. Sin temor alguno, se desplazó entre la opacidad de en medio de las casas. Vagó un buen rato. Con la mente perdida en otro mundo.
Llegó frente a un pequeño apartamento y con desgana abrió la puerta. Penetró en una reducida habitación. En la pared horizontal a la entrada había una encimera de no más de dos metros de espacio. Una alacena encima con dos puertas. Había un refrigerador en un extremo de la habitación, cerca de lo que era una mesa metálica con solo dos sillas, del mismo material. Lejos del empeño de cocina, una cama pegada a la pared y una enorme ventana paralela a la ''cocina''. Caminó hasta la cama y se sentó en esta. Con la mirada posada sobre sus pies, se estremeció.
Unos flotantes ojos rojos la observaban desde la rama de un árbol, cerca de la enorme ventana. Había ocultado su cuerpo, y sus ojos, que brillaban, y daban la impresión, de levitar sin dueño. Durante todos esos años de clandestinidad, se dedicó a entrenarse y lo había logrado. El sujeto la observaba temblar, y aunque fuese ninja, sabía que estaba demasiado perturbada para que sus sentidos estuviesen alertas.
En la habitación Sakura temblaba, y volvía a sentir el ardor en sus mejillas y ojos. Cosa que sabía perfectamente que significaba. Sufrió esos síntomas durante demasiado tiempo. Levantó paulatinamente el rostro, topándose con un trazo cuadrado, encima de lo que parecía ser una cómoda. El ardor se incrementó, al recordar, a qué pertenecía ese trazo. Si, esa fotografía. La miró un momento y se levantó de la cama. Alzó con sus manos hacia la fotografía y retomó hacia la lecho. Esta vez se sentó sobre sus piernas, en medio del colchón. La contemplaba atento, habiendo descifrado el trazo, como una la fotografía haciéndole sentir una extraña sensación. Pero no le prestó mucha atención a eso. Todo su interés estaba centrado en la pelirrosa, que temblaba en la habitación.
La Haruno, contemplaba la foto en sus manos. El marco vibraba junto con ellas. Inevitablemente una lágrima se escurrió por su mejilla. Recorrió pausadamente, cada una de las personas, a través del cristal. Un hombre peligris con el pelo puntiagudo, ocultando su boca bajo una máscara, que a pesar de eso, se podía ver fácilmente, por el único ojo descubierto que estaba sonriendo. Un rubio enfurruñado, cruzado de brazos, con una expresión graciosa. Una pequeña Sakura, ingenua y sonriendo feliz. Y por último un pelinegro, de mirada indiferente, y la boca arqueada con molestia. Reparó en ese último.
Desde su posición, vio como ella levantó una mano, y con un ligero rose, recorrió la figura del pelinegro. Sonrió con amargura y nostalgia. Y más lágrimas se apresuraron a salir de su rostro. Por la forma en que estaba sonriendo, el chico dedujo que estaba recordando, y así era. Recuerdos y más recuerdos invadieron la mente de la pelirrosa, y cuando se vino a dar cuenta, ya era demasiado tarde parar los sollozos. Se dio cuenta que bajo la capa de mujer madura que aparentaba ser, el alcohol obligaba a una niña sensible y llorona que no podía evitar hundirse en sus malos recuerdos. Sintió una sensación extraña, esa fotografía…
-No bebería recordar- murmuró, entre sollozos, solo para ella, en cierto modo, reclamándose a sí misma- No...no debería llorar...pero yo...Sasuke-kun...yo...no pude salvarle.
Siguió ahogándose en su mar de recuerdos, y mordiéndose el labio, en un intento vano de ignorar su propio llanto. Bajo la mirada de los ojos flotantes, que después de tantos años, no había cambiado del todo su forma de ser, pero esta vez también ardían, de algo difícil de entender. Siguió ahí, observándola, velándola, hasta que los gemidos se fueron apagando poco a poco. La ojiverde, se recostó en la cama. Y al cabo de un tiempo, se quedó dormida, abrazando contra su pecho la fotografía. La única evidencia que le quedaba, de la existencia de Uchiha Sasuke en su vida.
Hasta aquí el segundo capítulo. Espero os haya gustado. Muchísimas gracias a mis primeros seguidores :) Subiré un capítulo cada semana. Nos vemos. ^^
