Aquí está la segunda parte. Un par de cositas.
-Pokemon no me pertenece, ni ninguno de sus personajes.
-Janis, Antonia Monserrat, Ryan, los profesores, etc etc. Sí me pertenecen.
-Molvania es un país inventado.
To be a Princess… for Dummies
By Maureen
- Segunda parte -
'Quien será esa mujer', pensaba Misty mientras se dirigía a su clase de "Finanzas para Abogados". No era exactamente buena para las matemáticas, pero era un curso obligatorio del quinto nivel. Ojeó su libro por un momento.
- ¡Hola, Misty! –
Era una voz masculina, alguien que Misty no se placía de escuchar. Se volvió a verlo y le dio una pequeña, pero sincera sonrisa.
- Hola, Ryan. - le devolvió el saludo.
- ¿Cómo estas? Así que te diriges a finanzas, ¿eh? – dijo después de leer el título del libro. – Yo tengo "Derecho Penal" hasta las 8 PM. –
- Ese curso me gusta más que este. – comentó sin mirarlo.
- ¿Te acompaño a clases? – se ofreció.
- No tienes qué, en serio. Yo-.-
- Está en el camino, de todos modos. – la interrumpió.
Misty suspiró.
- Está bien. – respondió al fin.
Ryan era un buen chico, y era simpático y guapo. Rubio cenizo, bastante alto, jugador de Tenis, buenos brazos. A muchas chicas les gustaba, pero no a Misty. No era que no le atrajera físicamente, pero…
- ¿Y las clases como van? – le preguntó.
- Van bien, creo. – dijo Misty, y luego rió un poco. – Lucho por obtener esa beca. –
- Entiendo. ¿Se te hace difícil? –
- Bueno, es que las clases me parecen muy aburridas. –
- ¿Tanto así? – preguntó curioso.
- Si, creo que… no estoy cien por ciento satisfecha con los resultados… - dijo desganada.
- Eres una de las primeras de la clase. –
- Tengo que. – suspiró. – Ryan… ¿Alguna vez has sentido que no encajas en algún lado? –
- Pues no, no es mi caso. – dijo sonriente. – Soy muy requerido, como vez. – rió.
- Si, claro… - dijo Misty y fingió una risa. – Como sea. –
- Tú también eres… popular, ¿Cierto? –
Misty lo miró con una ceja arqueada. Esos eran los tipos de comentarios que trataba de evitar. Le molestaba la frivolidad de Ryan, por mas atractivo que sea, no podría sacar alguna idea razonable de esa cabeza. La verdad es que esta conversación no le llamaba en nada la atención, empezaba a aburrirse.
- Tengo amigas, si a eso te refieres. – comenzó. – Tengo una vida social estable, buenas notas... Sin embargo, no se por qué estoy aquí. - suspiró de nuevo.
- Tienes un espíritu rebelde. – dijo Ryan. – Me gusta. –
- No soy rebelde, Ryan. Pero…-
- No te gusta vivir bajo un reglamento. – la interrumpió.
- No es eso.- aclaró Misty. -Pienso que las leyes ayudan al orden de una sociedad, la ayudan a progresar. No obstante…-
-No estas de acuerdo con ellas. – la interrumpió de nuevo.
- No, no es eso.- dijo más cortante esta vez. -No es que me guste infringir las reglas, o leyes, es solo… que derecho tiene una persona a decidir lo que es bueno para la gente, digo, si, hay leyes tontas e inútiles, pero una ley cambia las cosas… cambia la forma de vida y afecta a las personas. Algunas son buenas, otras… ¿Tú podrías hacerles eso a las personas? Controlar parte de sus vidas… con ordenes, reglas… leyes. – suspiró.
El rostro de Ryan estaba en blanco, se podría decir que nada pasaba por su cabeza en esos momentos. Semi abrió la boca, como para decir algo, pero las palabras no salían. Esto terminó con la paciencia de Misty.
- Uhh…- fue todo lo que Ryan llegó a decir.
Misty suspiró de nuevo. El hablar con una persona como Ryan no la ayudaba en lo absoluto.
-Exacto. Avísame cuando lo sepas. –
Y diciendo esto, se volvió y entró a clases. Dejando al pobre chico con las palabras en la boca. Unos pasos más lejos de Ryan, y se encontró con Janis en la clase.
- ¡Misty! – la llamó.
- Hola, Janis. – dijo sin muchas ganas.
- Te vi con Ryan. – dijo sonriente. - Ahora cuéntame todos los detalles sucios. –
Misty estalló en una carcajada.
- Por favor, - le dijo. – Me siento más cómoda hablando con una estatua. -
- No puede ser tan malo. – insistió Janis.
- Como siempre, no entendió ni una palabra de lo que hablo. –
- Dale una oportunidad, me molesta que dejes pasar algo que podría ser bueno para ti.- le pidió su amiga.
- Janis, honestamente, ¿Cómo podría siquiera considerarlo? –
- Pues… - había comenzado Janis.
- Buenas tardes a todos. –
Fue interrumpida por el Sr. Johnson, profesor de Finanzas. Janis gimió de cansancio. Misty sabía que Janis odiaba las matemáticas, o más bien, odiaba al profesor Johnson. Misty le lanzó una mirada de "Hablamos luego" y ella asintió. Ambas se sentaron.
- Hoy quiero presentarles a alguien. Él se quedará un por algunos meses en la universidad, no como estudiante, sino como invitado. Es un egresado de la Universidad de Oxford, hijo del primer ministro de Inglaterra. -
El profesor hizo una seña a la puerta y entró a la clase un chico alto, de piel canela, cabello negro azabache. Vestido con un smoking negro, sin corbata y el cuello desabotonado.
- Es lindo. – comentó Janis a Misty en voz baja.
Misty, quien estaba concentrada en su libro, tratando de ponerse al día de la clase anterior, en la cual se quedó dormida, no le prestó atención al chico nuevo.
- Si, claro. – fue todo lo que dijo. Los ojos clavados en el libro.
- Su nombre es Ash Ketchum. Sean amables. ¿Dónde podrías sentarte? -
- No lo mires tanto. – le dijo Janis a Misty juguetonamente.
- Pero yo n-.-
- Detrás de Williams no hay nadie. – dijo el profesor, interrumpiendo su oración.
- ¿Ah? – fue todo lo que Misty pudo decir.
El invitado inició su ascenso por los escalones, despacio. Al hacerlo sus ojos se cruzaron con los de Misty. 'Si es lindo…', pensó para sí. Antes de llegar a su asiento, se detuvo frente al de Misty, solo por unos segundos, como para contemplarla. Parecía muy confiado, sus ojos parecían arder. Misty tomo aire, se olvidó de respirar, solo lo miraba con la boca semiabierta, sin nada que decir. Le sonrió, y entonces ella selló sus labios y volvió a mirar su libro. Entonces, Ash Ketchum subió el último escalón y se sentó detrás de ella. Janis había contemplado toda la escena y mordía la parte de atrás de su lapicero sonriente, haciendo un esfuerzo de no reír.
El resto de la clase mantuvo a Misty tensa. Aunque trató, no puedo concentrarse de nuevo. Tenía su mirada grabada en su memoria, y sentía sus ojos por detrás. Fue un alivio escuchar la campana, y nunca antes había sido tan rápida en ordenar sus cosas y salir por la puerta.
- ¡Misty, espera! – escuchó a Janis decir.
Pero ella ya había salido de la clase y se recostó al lado de la puerta del salón. Suspiró aliviada. Janis salió por la puerta y la encontró.
- ¿Qué pasa? - le preguntó casi preocupada.
Misty tomó varias bocanadas de aire antes de responderle a su amiga. La tomó del brazo y la llevó lejos del salón donde habían estado recientemente.
- Y... ¿Qué te pasó? – volvió a preguntar Janis.
- Nada… nada, creo que necesitaba aire. – respondió al fin.
- ¿Qué, hacía calor adentro? – le preguntó burlona.
- Cállate. – le respondió sonriente.
Se encaminaron hacia la salida, ya eran más de las ocho de la noche.
- Y entonces, ¿Qué hablaste con Ryan? –
- Nada. – respondió. – Más bien, creo que yo hablaba sola. –
- ¡Ay, Misty! Por favor… - dijo cansada.
- Solo le comenté, que sentía que las leyes y yo… no nos complementábamos, eso es todo… pero debiste verlo, parecía desorbitado. No sabía que decir. – le comentó.
- Pensé que te gustaban las leyes. –
'Si me gustan', pensó Misty. 'Pero… no quiero esto para mí.'
- Pero, es que, ¿No te has puesto a pensar, que ser abogada no sería, en parte, deshonesto? – volvió a empezar.
- Bueno, si hablas de ética… -
- No me gusta cubrir mentiras. Por eso no creo en las superficies. –
Janis comenzó a reír. Misty la miró con sus ojos de '¿Qué tienes?' y Janis solo movió la cabeza de lado, seguía riendo.
- Pues hoy eso no pareció verdad, Mist. Vi como mirabas a ese chico nuevo. – dijo por fin, burlonamente.
Misty se ruborizó por completo, pero no pudo evitar que se formara una pequeña sonrisa en sus labios.
- ¡No es verdad! – le grito.
- ¡Claro que sí! – la acusó Janis. -Te lo comías con los ojos, no lo niegues. –
- No es para tanto, solo lo mire… un par de veces. –
- Solo un par…- dijo Janis irónica.
- Bueno, cuatro. – respondió tímidamente.
- Ajah…- continuó Janis.
- Bueno, lo miré mucho… - dijo al fin, y sonrió. -Pero tú también. –
Janis sonrió, pero no dijo nada más hasta que llegaron casi a la entrada.
- Volviendo al tema, ¿Qué quieres decir con eso de ser deshonesta? –
- No, olvídalo. A veces creo que ya no se que es lo que busco. O que busco en el vacío. No me siento conforme aquí. – le comentó Misty desanimada, otra vez.
- Míralo así, ya casi estamos de vacaciones. Tres meses libres. Tiempo suficiente para pensar. – la animó Janis.
- O echarse para atrás…-
- Con tal de que estés feliz. – dijo y le sonrió.
Misty le devolvió la sonrisa a su amiga, una sonrisa honesta, llena de agradecimiento a su comprensión y todo lo que ella había hecho por Misty alguna vez.
- Gracias, Janis. –
- Para eso estoy. – le respondió sonriente. – ¿Y ese collar? –
El guardapelo de Misty estaba oculto dentro de su blusa, pero al parecer el pequeño medallón de oro se había colado de alguna forma, haciéndolo visible.
- ¡Oh! Bonito, ¿Verdad? Era de mi mamá… -
- Toda una reliquia. – dijo bromista. – Se ve bastante caro.-
- Sí, se podría decir…-
- Ya me contarás luego, tengo que volver a casa o me matarán. –
- Ya ve tranquila. – dijo riendo.
- ¡Nos vemos mañana! –
- ¡Adios! –
Misty caminó hasta el estacionamiento en busca de su auto. Su convertible rojo que tanto le gustaba. La verdad es que no era un "último modelo", era un auto de segunda, pero le había costado el sueldo que gano durante todo el año anterior.
Al volver a su casa, el aire estaba más frío que lo que estaba en la tarde. Las luces estaban prendidas, así que Daisy y Violet deberían estar en casa. Lily estudiaba hasta las once. Entró por la puerta principal, no hizo mucho ruido. Fue a la cocina a tomar una botella de agua fría del refrigerador, y luego subió a su habitación, esta vez para quedarse ahí hasta la mañana siguiente. Encontró otra carta, con la misma letra "M" al frente. Otra carta de la Tía Antonia. Tomó el sobre y lo abrió. Esta vez, no había guardapelo, pero había un anillo de oro, con una piedra roja al medio. No era el tipo de anillo que Misty usaría, era grande y grueso, debía ser de algún hombre. Misty se lo probó en todos sus dedos, pero el anillo no encajaba en ninguno, bailaba en todos. Misty leyó la carta.
Remitente: Srta. Misty Williams
Fecha de Envío: 11 de Septiembre
Mi querida Sobrina,
Te escribo de nuevo para anunciarte que iré un poco antes a visitarte. Verás, estoy teniendo algunos problemas de gobierno aquí en mi querida Molvania. Tus padres me dejaron a cargo, pero la sangre habla, y la mía parece no decir suficiente. Por eso te necesito. Dije que iría como en una o dos semanas, pues eso ya no será. Esta noche sale mi vuelo a California, y luego iré directo a Massachussets donde estás tú. Necesitamos hablar, pero eso ya te lo he dicho. Mirella, estate atenta a mi llegada, es lo único que pido. No viajo a Estados Unidos desde que te dejé con Rose, así que estoy un poco nerviosa. Encontrarás un anillo en este sobre, era de tu padre, al igual que el guardapelo, cuídalo mucho. Estaré llegando mañana o tal vez dos días después… depende del clima, ayer hubo una tormenta, lo que es inusual por estas fechas.
Nos vemos muy pronto.
Antonia Monserrat
'¿Desde que te dejé con Rose?', pensó Misty confundida. Rose era el nombre de su madre… ¿Cómo podría dejarla con Rose? ¿Qué estaba pasando? 'Estaré llegando mañana…'. Era el 12 de Septiembre, y todavía no había llegado. Empezaba a ponerse nerviosa, ¿Quién era esta mujer? ¿Mirella? ¿Por qué la había llamado Mirella al final de la carta? Si estaba dirigida Misty Williams… Todo era muy extraño.
Sin pensar más, tomó el teléfono. Busco el número que Brock le había dado meses atrás, el número de su nueva casa en Inglaterra. Esperaba la diferencia de horarios no le causara problemas.
- Mirella me llamó… - dijo como hipnotizada.
- ¿Diga? – contestó la persona al otro lado de la línea.
- ¿Brock, eres tú? – preguntó ansiosa.
- ¡Hola preciosa! Extrañaba tu voz… - le dijo esa cálida y amigable voz.
- ¿Como has estado? –
- Bien, el trabajo es algo pesado, pero puedo lidiar con él. Cuéntame de ti. –
- Pues las clases van bien. – dijo un poco triste.
- Mmm no me convenció eso, ¿Segura que estás bien? –
- Estoy bien. – dijo en un tono más convincente. -Brock necesito un favor. –
- Lo que quieras. –
- ¿Podrías sacar información de una persona? –
- Uh, ¿De quién? – preguntó un poco alarmado.
- Antonia Monserrat. Y quiero que veas si tiene alguna relación con una tal Mirella. –
- Monserrat… ¿Será Española? –
- No lo sé… mencionó a Molvania… pero nunca había escuchado hablar de ese país.-
Misty se escuchaba muy perturbada. Como inquieta, o asustada. Brock a escuchar el nombre parecio reír. O al menos se escuchaba alegre.
- ¡Molvania! Vaya… ¿Puedes creer que recién me entero que existe un país con ese nombre? Hace dos meses hicieron una conferencia, vino la representante del gobierno. Era una mujer hermosa… pero ya madura para mí. – terminó pícaramente.
- Nunca vas a cambiar, Brock. – dijo Misty cansada.
- Si, bueno no creo que sea difícil ubicarla, Molvania es un país pequeño, como Holanda. Queda cerca de ahí, por los Países Bajos. –
- Bueno, por favor llámame cuando sepas algo, si es posible hoy… o mañana… por correo electrónico o fax… - decía desesperada.
- Trataré de hacerlo lo antes posible, Mist. Pero no te puedo prometer nada tan rápido.-
- No se que haría sin ti. ¿Por qué estas tan lejos? ¿Cuándo vienes? – le preguntó.
- Tengo vacaciones el próximo mes, te prometo que voy a visitarte. –
- Muy bien. Nos vemos Brock. –
- Adios, Mist. Llámame de nuevo. –
- Lo haré. Gracias por todo. –
Colgó. Suspiró. Ahora estaba un poco mas tranquila. Pero la Tía Antonia llegaría esa misma noche o el día siguiente… o el siguiente si tenía suerte. La verdad es que se moría de curiosidad de saber quien era en realidad esa mujer, y quien era Mirella. Pero en parte le aterraba, era todo tan misterioso, tan tentador, pero nunca había sentido un miedo parecido, como si no supiera algo, como si hubiera vivido una mentira por mucho tiempo. ¿Qué era eso? Se recostó en su cama y trató de dormir, mañana sería otro día. Miércoles. Y solo faltarían dos días para salir de vacaciones al fin.
Tocaron a su puerta un par de veces.
- ¿Misty? -
Era Daisy.
- Pasa. – respondió ella.
- ¿Tienes hambre? – le preguntó mientras entraba, con un plato en la mano. – Pedimos pizza para cuando Lily venga, te guarde un par de pedazos antes que las otras dos arrasen con todo. ¿Quieres? –
- Si, gracias. – dijo mientras tomaba el plato.
- ¿Que es eso? – preguntó Daisy, haciendo referencia al guardapelo.
- Me lo mandó la Tía Antonia. –
- ¿Tía? No tenemos tías… ¿Estás segura que no se confundió de dirección? – le preguntó preocupada, mientras examinaba el dije con sus dedos.
- Estaba dirigido a Misty Williams. –
Daisy la miró un poco desconfiada. No era que creyera que su hermanita hubiera podido robar algo tan valioso como lo parecía este collar, pero una tía… le parecía muy sospechoso. Pero no le dio mucha importancia, después de todo siempre hay explicaciones lógicas para todo.
- Bueno, no estoy segura pero, creo que papá tenía una hermana… o algo así… pero murió… - comentó al fin Daisy.
- De cáncer. Lo se, igual que mamá. – dijo Misty, cabizbaja.
El silencio las invadió por unos segundos, pero parecían horas. Y aunque no era de esos silencios incómodos, les destrozaba e corazón a ambas cada vez que pasaba.
- ¿La perdonas? – le preguntó Daisy.
- ¿A mamá? A veces… sí… no es como si lo hubiera planeado, ¿O si? Enfermó después del accidente de papá… - respondió.
Daisy dejó el guardapelo, y tomó la mano de Misty, la apretó fuerte y cariñosamente. Como cuando consuelas a alguien.
- Tenías trece años. – le dijo.
- Y tú diecinueve, y quedaste a cargo de las tres. Si no fuera por el dinero que heredamos nos hubieran separado a todas en orfanatos diferentes. –
- Pero ves que el dinero no dura para siempre. Nos sostuvo apenas tres años. –
La soltó. Daisy suspiró. A Misty le mataba eso. Sabía todo el sacrificio que Daisy había hecho por sus tres hermanas. Dejar de estudiar, trabajar desde pequeña. Perder su juventud solo para mantenerlas.
- Pero nos repusimos, Daisy. – ahora era su turno de consolarla.
- Míranos ahora. –
- No estamos mal. – le dijo Misty.
- Tampoco bien. –
- Trata... de ver el vaso medio lleno, puede que mañana nos llegue una oportunidad. –
- Me voy a dormir, estoy cansada. –
No dijo más. Se dio media vuelta y sin volverla a mirar a la cara se dirigió a la puerta.
- Hasta mañana. – le dijo Misty.
Pero no hubo respuesta de Daisy, cerro la puerta suavemente detrás de ella. Misty suspiró. 'Puede que mañana nos llegue una oportunidad.', 'O puede que mañana llegue la Tía Antonia…' pensó también. Trató del olvidarse del tema. Descansar hoy para estar lista mañana, para lo que se venga. Sea lo que sea.
Continuará
- Maureen
