Hola, aquí al siguiente capítulo, me disculpo por la tardanza pero he tenido muchas distracciones últimamente, este es el segundo capítulo de tres, no se pierdan el ultimo capitulo y si les gusta díganme para hacer más adaptaciones de este tipo.

La Llorona

Ya era noche cerrada en la aldea y casi todos los aldeanos se habían ido a dormir, todos menos los tres adulos que pertenecían a grupo de Inuyasha, quien junto con Miroku se paseaban desde hace rato buscando a los niños, y Sango tampoco se quedaba atrás pues entraba y salía de las cabañas en busca de su hermano. Normalmente no solían tardarse tanto en volver, y eso los tenia preocupados, a Miroku por Shippo, pues se había acordado que el kitsune dormiría esa noche en su cabaña y quería demostrar que era un tutor responsable, Inuyasha buscaba a Rin, pues aunque usualmente le daba igual lo que esa mocosa hiciera o dejara de hacer ahora tenía motivos para verificar que no le pasara nada, principalmente porque el día anterior Sesshomaru había ido a visitar a la pequeña cachorra y después de darle un baúl de regalos se pasó a su cabaña para una "visita fraternal" donde "amablemente" le explico que debía hacer un viaje diplomático al norte y que si algo le pasaba a Rin en su ausencia despertaría hecho pedacitos y en el estómago del algún yokai rata.

No hace falta decir porque Sango buscaba a Kohaku. La cual ya había dado cerca de tres vueltas al claro y la aldea buscando a su hermano, encontrándose un par de veces con Miroku e Inuyasha, hasta que finalmente se reunieron los tres en medio del espacio que rodeaban sus respectivas cabañas, aunque no por voluntad propia, más bien porque Sango y Miroku se toparon de frente y en su intención de separarse se produjo un efecto espejo donde se estorbaban mutuamente para avanzar.

- bueno Sanguito ¿bailamos? – sonrió Miroku cuando volvió a repetirse el movimiento simultaneo.

- ¡¿Qué?! – gruño molesta la exterminadora, ahora mismo no estaba de humor para tolerar las tonterías de Miroku.

- oye ¿de casualidad no has visto a…? - dijeron simultáneamente, Sango resoplo enojada

- te preguntaba que… - volvieron a repetir juntos.

- ¿me querías decir algo? – nuevamente, solo que esta vez Inuyasha también se acercó a la pareja.

- ¿no han visto por aquí a…? – preguntaron esta vez los tres juntos.

- ¡YA BASTA! – grito Sango fastidiada.

- par de so burros, deberían ser unos caballeros y dejame hablar a mi ¿no? – gruño cuando ambos hombres por fin cerraron la boca.

- ya tranquila Sanguito, no te molestes – intento consolarla Miroku, tenía que darle buena impresión a su futura prometida.

- si Sango, no te esponjes o quedaras arrugada - ¡PLOC! Resonó en el claro cuando la exterminadora estrello su puño en la cabeza de Inuyasha, justo entre sus orejas.

- bueno como sea… les quería preguntar si no han visto por ahí a Kohaku – gruño Sango frotándose la muñeca, después de todo Inuyasha tenía un cráneo muy duro.

- vaya Sango, de hecho Inuyasha y yo estamos buscando a Rin y Shippo – murmuro Miroku a lo que Sango comenzó a preocuparse.

- oh dios, yo tampoco los he visto – murmuro mientras volteaba a ver un punto indefinido en el pasto.

- me pregunto dónde se habrán podido meter, estas no son horas de salir – negó Miroku con la cabeza.

- tienes razón, esos cachorros ya deberían estar en la cama – asintió Inuyasha sobándose el chichón que le había dejado Sango.

- si ¿verdad? Kami, estoy tan preocupada… - se aquejo Sango con el corazón bombardeándole el pecho, pero entonces Shippo paso dando saltitos.

- ¡oye! ¡Alto ahí tu rata! - le grito Inuyasha haciendo que el kitsune se detuviese en seco.

- Shippo, ven aquí – lo llamo más gentilmente la exterminadora Shippo se acercó a los adultos, y esquivando cuidadosamente a Inuyasha brinco al hombro de Miroku.

- dime Shippo, ¿no has visto a Kohaku? - pregunto Sango preocupada.

- ¿y la mocosa de Rin? – pregunto también Inuyasha pero en un tono mucho más rudo.

- sí, los vi – asintió Shippo sin añadir nada.

- bueno pero ¿Dónde están? – preguntó Miroku.

- ¿Kohaku o Rin? – Inuyasha rodo los ojos por la pregunta.

- Rin mocoso – exigió saber, como algo le pasara a esa mocosa Sesshomaru lo iba a poner como camote checoslovaco.

- Rin está cerca del árbol sagrado – señalo Shippo mirando a Inuyasha.

- ¿y Kohaku? – fue el turno de Sango de preguntar.

- también – sonrió Shippo.

- ¿pero qué están haciendo a esta hora en el árbol sagrado? – se rasco la cabeza Miroku.

- ¿Kohaku ó Rin? - volvió a preguntar Shippo, y esta vez Sango se adelantó al desesperado hanyou.

- Kohaku – gruño la castaña.

- Kohaku está escondido detrás del pozo – explico Shippo mirando a Sango.

- ¿y la señorita Rin? – le pregunto Miroku dándole un par de palmadas en el hombro al kitsune para obtener su atención.

- también - asintió sonriendo Shippo, aquella conversación era divertida.

- ¿pero de que o quien se está escondiendo? – pregunto Sango aquello no tenía ningún sentido.

- ¿Kohaku ó Rin? – volvió a preguntar Shippo, pero para entonces Inuyasha ya estaba desesperado.

- ¡ya basta! Shippo, ¿Qué no se están escondiendo los dos por la misma causa? – gruño Inuyasha molesto haciendo uso de todo su control para no dejar al kitsune en coma a base de coscorrones, Shippo debió adivinarlo porque asintió sin perder un segundo.

- ¿entonces porque preguntas? "¿Kohaku ó Rin?" – lo arremedo mientras ponía voz de niño, o al menos eso intentaba.

- porque los dos se están escondiendo de la abuela Kaede, pero Kohaku lo hace porque de verdad tiene miedo – explico Shippo con calma.

- ¿y Rin? – pregunto Inuyasha un poco más tranquilo.

- ¡también! – sonrió Shippo sacándole la lengua, Inuyasha estaba a solo un paso de pegarle cuando…

- ¡SOCORRO! – se escuchó las voces de los infantes mientras se acercaban corriendo a todo lo que daban sus piernas y diciendo palabras inteligibles entrelazadas con sollozos y jadeos del susto.

- ¡SILENCIO! – grito Inuyasha cuando los gritos y chillidos de los niños fue insoportable para sus orejitas.

- … y nos va a convertir en burros como a Inuyasha – murmuro Shippo cuando por fin Sango y Miroku consiguieron tranquilizar cada uno a un infante, Inuyasha frunció el ceño y lo tomo por la cola.

- ¿Qué dijiste rata? – le gruño mientras lo acercaba a su rostro.

- se me chipoteo – se disculpó Shippo intentando hacerse el loco.

- ¿con que se te chipoteo no? ¡Pues aún más se te va a chipotear el coscorrón que…! - gruño mientras levantaba su puño para darle un golpe al kitsune pero Miroku consiguió pescarle la muñeca a tiempo.

- ya Inuyasha, tranquilo, ahora lo principal es que los niños nos expliquen qué es lo que está pasando – intento conciliar mientras los tres dirigían su mirada a los niños.

- ¡ay señor Inuyasha! Lo que pasa es que la señora Kaede anda por toda la aldea como alma en pena – explico Rin jadeando por el miedo y la carrera mientras se aferraba a la cintura del medio demonio.

- Rin, no debes estar inventando esa clase de cosas sobre la gente – la regaño Sango molesta, no iba a permitir que le faltaran al respeto a la venerable señora Kaede.

- no hermana si es verdad, es más, esta tan fea que se parece a ti cuando te acabas de despertar – explico Kohaku, Sango abrió la boca con indignación, Miroku miro hacia otro lado.

- ¡Kohaku! – lo regaño roja de vergüenza, el exterminador bajo la mirada avergonzado pero Inuyasha se hecho a reír.

- puedo imaginármelo – murmuro entre carcajadas hasta que el peso de la mirada asesina de Sango le cerro la boca.

- ¡Kohaku! No debes decir esas cosas de tu hermana – regaño también al preadolescente Miroku, pero solo consiguió una mirada asesina de la exterminadora.

- pero monje Miroku… - intento hablar Rin aun asustada.

- tú también guardas silencio señorita – la interrumpió Miroku también cansado por la situación y la falta de sueño.

- vergüenza les debería dar decir esas cosas de tan venerable anciana, que no solo es nuestra amiga si no que ha sido como una abuela para… - comenzó a regañarlos molesto, aunque no lo parecía le tenía mucho aprecio a la abuela Kaede, pero se calló cuando vieron una figura blanca, asustados, Shippo, Rin, Kohaku, Miroku e Inuyasha corrieron a esconderse detrás de Sango.

- ya basta, cálmense por dios ¿Qué no ven que es la abuela Kaede que esta sonámbula? – gruño Sango intentando zafarse de los cinco pares de manos que la sujetaban.

- además ¿Qué no les he dicho que es muy peligroso despertar bruscamente a un sonámbulo? – los regaño mientras caminaba con cuidado hasta la anciana Kaede.

- a ver abuelita Kaede, vamos a su cama, venga – le susurro a la vieja sacerdotisa mientras la tomaba de los hombros y suavemente la guiaba de regreso a su cabaña, pero en un segundo la anciana Kaede se escapó de sus manos, camino directo hasta Inuyasha y se prenso a su cuello.

- oh joven Kaoru, ha vuelto por mí – susurro entre sueños la anciana restregando su rostro en el pecho varonil, lo que provocó que el hanyou respingara incómodo, y cuando la anciana hizo un ademan de besarlo su cabello y sos orejas se erizaron mientras intentaba alejar su rostro de los arrugados labios.

- estate quieto Inuyasha ¿Qué no vez que le va a hacer daño? – le ordeno Miroku al ver que se movía bruscamente para zafarse de las garras de la anciana.

- ¿a ella o a mí? – gruño aún con los cabellos erizados, pero entonces Kaede emitió un gemido y su ojo revoloteo mientras despertaba.

- ¿Dónde estoy? – pregunto desorientada mientras volteaba lentamente a ver a su alrededor, fue entonces cuando vio a Inuyasha y noto que estaba en sus brazos.

- ¿pero qué atrevimiento el tuyo Inuyasha? Tenerme en brazos a estas horas y yo en camisón… - lo regaño molesta, pero entonces cayo en cuenta de algo.

- ¿en camisón? – repitió mirándose a sí misma, soltó un chillido y corrió roja de vergüenza a su cabaña mientras se tapaba con los brazos. Sango, Miroku y los niños no pudieron evitar una carcajada mientras que Inuyasha se acudía el cuerpo con las manos mientras brincaba por el repelús que le había producido el abrazo de la mujer mayor.

A la mañana siguiente…

Shippo saltaba contento por el claro, no se había divertido tanto en una noche desde que Kagome viajaba con ellos, y la verdad aquello le hacía sonreír un montón. Feliz decidió jugar con ese juguete que le había traído la azabache, balero creía que se llamaba, así que mientras lo sacaba de su casita para jugar algo le llamo la atención. Volvió a abrir el techo y metió medo cuerpo dentro, cuando sus patitas volvieron a tocar el suelo sostenía un plato en sus garritas.

- …en la montaña o en el bosque de haya, señor Sesshomaru ¿dónde, donde estará se…? - paso Rin canturreando hasta que noto lo que Shippo sujetaba.

- ¡óyeme Shippo!, ese plato se parece a uno que tiene el señor Inuyasha en su cabaña – le gruño mientras se acercaba dando pisoteadas, se había autonombrado defensora de su amo Sesshomaru y todos los que estuviesen relacionados con él, y tal era el caso de Inuyasha por ser medios hermanos.

- ¿estas segura? – pregunto Shippo curioso, ¿Por qué habrá aparecido un plato de ese tonto en su casita?

- bueno… no una cosa que digas "que bruto, que segura esta esta niña" el señor Inuyasha no tiene dos platos iguales, pero como puede que sí puede que quien sabe – explico Rin tranquilamente imitando la postura del señor Jaken cuando le explicaba algo, Shippo por su parte se rasco la cabeza.

- pues sí, pero este plato estaba aquí adentro de mi casita – señalo la cabañita de juguete.

- ¿en la casita? – pregunto Rin intentando asomarse.

- sí, con este ya son siete platos que aparecen aquí adentro – asintió Shippo mientras le daba vuelta al traste.

- ¡ah sí! Ya me habías contado, ¿y has sabido quien los pone ahí? – pregunto después de asentir sonriente.

- la verdad no, pero Miroku dice que son los espíritus choriceros – explico Shippo, pero Rin solo rodo los ojos.

- espíritus chocarreros – explico Rin delineando muy despacio cada letra mientras las pronunciaba.

- ¡eso, eso, eso! – sonrió Shippo, pero de inmediato su semblante cambio a uno más asustado.

- pero… pero no es cierto ¿verdad? – pregunto asustado, a él no le gustaban las cosas de espectros y fantasmas.

- bueno, quien sabe Shippo – suspiro Rin.

- porque ¿sabes? Yo hace tiempo vi a un tío mío que se murió – explico la niña haciendo palidecer al kitsune

- ¿lo viste con tus propios ojos? – pregunto asustado, sus rodillitas temblando mientras hablaba, Rin asintió efusivamente.

- ¿Cuándo lo viste? – se atrevió a preguntar, aunque muy en el fondo le aterraba conocer la respuesta.

- antes de que se muriera – susurro Rin, Shippo estaba a punto de gritar pero entonces comprendió las palabras de Rin.

- ¿y que chiste tiene eso? – pregunto frunciendo el ceño con incredulidad.

- mira, dejame te lo explico, mi tío decía que en su casa, había un cuarto donde se oían ruidos extraños - explico Rin agachándose a la altura del kitsune.

- bueno, si es el cuarto del baño pues… - comenzó a sonreír Shippo con burla pero Rin le jalo una de sus orejas puntiagudas.

- como serás menso, era en su recamara, y me contaba que eran como ruidos de ultratumba – le susurró al oído provocando que Shippo abriera los ojos asustados.

- ay no… - murmuro lleno de temor.

- y eso no es nada, también decía que a veces, veía objetos que volaban – volvió a murmurar Rin a su oído.

- yo aquí en la aldea, también he visto objetos que vuelan – asintió Shippo, esta vez fue el turno de Rin de tener miedo.

- ¿Qué tipo de objetos? – pregunto temerosa, Shippo miro a ambos lados, como buscando a ver si alguien los escuchaba, luego se trepo al hombro de Rin y le susurro al oído "mosquitos", la pequeña cerro sus ojitos un momento peor luego los abrió y miro al kitsune con el ceño fruncido.

- ¡ay no Shippo! Yo me refiero a… - empezó a explicar cuando entonces vio pasar al monje Miroku.

- el monje pervertido – señalo llamando así la atención de Shippo.

- servidor – contesto Miroku inconscientemente, peor entonces callo en cuenta de las palabras de Rin.

- ¿Qué dijiste? – pregunto molesto viendo hacia los niños, ambos permanecieron callados, así que él se les acerco.

- ¿a quién le dijiste niña? – volvió a preguntar, fijando sus azules ojos en la pequeña protegida de Sesshomaru.

- a Shippo - se excusó rápidamente señalando al kitsune, quien de inmediato la miro con los ojos entrecerrados.

- ¿a mí me dijiste pervertido? – gruño molesto, pero Rin no se inmuto.

- sí, a ti te dije que el monje Miroku es un pervertido – negó la pequeña, pero el monje Miroku cruzo los bazos molesto mientras los miraba inquisitivo.

- y dale, tu niña ¿se puede saber porque le vas diciendo a todo el mundo que yo soy un libidinoso? – le pregunto ya cansado de que lo llamaran de ese modo, incluso en la aldea las madres comenzaban a esconder a sus hijas y los hombres lo miraban feo.

- porque usted jamás me pidió que le guardara el secreto – respondió Rin poniendo su típica mirada inocente.

- pues para que lo sepas Rin, no hacía falta que me lo dijeras, yo ya lo sabía – negó Shippo, pero la mirada azul se volvió más fiera y molesta.

- tal para cual – gruño con teniendo sus ganas de darles un buen coscorrón a ambos, en eso Inuyasha salió bostezando se su cabaña mientras se rascaba una oreja.

- Inuyasha, perdoname que te moleste en tu sienta, pero temo informarte que aquí la protegida de tú hermano se la ha pasado diciéndome pervertido – la "acuso" Miroku mientras daba zancadas hasta su amigo, Inuyasha arqueo una ceja ante la mención de Sesshomaru y segundo porque resultaba que por ahora la mocosa era su responsabilidad y el antes nombrado lo descuartizaría si permitía que se le pegaran malas mañas.

- Rin, ¿Cuántas veces debo decirte que a los señores y en especial a los monjes no debes decirles libidinosos? – la regaño dándose el aire de responsable, uno que ninguno de los otros tres presentes se tragó.

-¿y a los libidinosos si puedo decirles "señor"? – pregunto Rin mirándolo con curiosidad, Inuyasha por su parte se rasco la mejilla pensativo.

- bien… yo diría que si – asintió aun pensativo, no veía nada de malo en eso.

- compromiso "señor" – se despidió de Miroku y luego comenzó a saltar lejos del claro, le tocaba clase de historia con la abuela Kaede. Miroku indignado se puso a discutir con Inuyasha, este se defendía alegando que él había hecho lo que el monje le había pedido y Shippo por su parte estaba que se partía de la risa.

Más tarde esa noche…

Shippo y Kohaku estaban boca abajo en el piso de la sala de la cabaña de Sango, estaban leyendo uno de esos libros con imágenes que Kagome le había regalado al kitsune. Estaban entretenidos viendo como una bruja quería engordar a un niño con dulces para comérselo cuando entonces unos pasos se detuvieron junto a ellos.

- muy bien niños, es hora de dormir, así que no mas lectura – apareció Sango quitándoles el libro y apagando la vela con la que se alumbraban.

- ¡oh hermana! En lo más interesante – protesto molesto Kohaku mientras inflaba las mejillas, pero Sango no callo ante el gesto.

- pues lo siento mucho Kohaku, pero los niños de tu edad deben dormir al menos diez horas, además, mañana tienes entrenamiento ¿no? – le recordó mientras lo miraba con severidad.

- no importa, lo que no duerma hoy me lo duermo en el entrenamiento - sonrió Kohaku con confianza, pero la exterminadora entrecerró los ojos.

- Kohaku… - le advirtió con tono inflexible, el niño castaño se encogió en su sitio, podía ser un preadolescente pero su hermana tenía el poder en casa.

- por eso digo que ya me voy a dormir – murmuro derrotado, a veces envidiaba a Shippo, él no tenía que rendirle cuentas a nadie.

- así me gusta, ahora por favor ve a pedirle a Shippo que se vaya con Miroku a dormir – solicito mientras iba a la cocina a guardar los últimos restos de la cena.

- sí, oye Shippo dice mi hermana que te vayas a… - comenzó a indicar mientras caminaba a la sala, pero en su lugar encontró a Shippo dormido sobre el sofá.

- ¡hermanita! Shippo ya se durmió en el sofá – exclamo, Sango se asomó desde el comedor.

- es lógico, ese sofá debe ser más cómodo que el petate que Miroku le ofrece – reflexiono, el pobre kitsune ya había sufrido demasiadas penurias como para de pilón, dormir incómodamente.

- lo mejor será dejarlo dormir aquí por esta noche – concedió guardando algunas piezas de pan en una bolsa de papel.

- pero hermana ¿y si amanece mojado el sofá? – la pregunta de Kohaku tomó por sorpresa a Sango, tanto que al principio no entendió a qué se refería.

- no lo creo Kohaku, después de todo Shippo tiene casi ocho años en tiempo de zorros – negó con la cabeza.

- ¿y qué? Yo tengo doce y… - se sonrojo el preadolescente, Sango lo miro conciliatoriamente.

- bueno Kohaku, pero tú eres un joven muy nervioso, además pasaron muchas cosas el último año – le acaricio la mejilla y el cabello de modo maternal.

- ¿entonces lo dejamos ahí? – pregunto agradeciendo el gesto.

- sí, pobrecillo – asintió Sango mirando a Shippo con ternura.

- bien, buenas noches hermanita – beso a Sango en la mejilla antes de caminar a su cuarto.

- buenas noches Kohaku – sonrió también la exterminadora dejando el pan sobre la mesa. Así ambos hermanos se retiraron a sus respectivos cuartos y las luces de la cabaña se apagaron. Pero Shippo, quien los hermanos había tomado por dormido, abrió uno de sus verdes ojitos, se deslizo fuera del sofá sin hacer ruido, camino un par de pasos por la sala con dirección al comedor cuando…

- ¡hermana! – escucho que grito Kohaku, así que salto y aterrizo de panza sobre el sofá fingiendo dormir.

- oye hermanita ¿no estará incomodo Shippo? – volvió a gritar el exterminador, que aún estaba con su ropa de día puesta.

- puede ser, llevale una almohada – respondió Sango desde su recamara, mientras se cepillaba el cabello.

- sí hermana – asintió Kohaku volviendo a su recamara. Shippo entreabrió su ojito derecho para espiar, cuando se hubo asegurado de que no había nadie volvió a bajar del sofá y de puntitas ando hasta la cocina, pero justo cuando su garrita rozo el papel de la bolsa volvió a escuchar los pasos de Kohaku, corriendo regreso a la sala y se recostó de un brinco en el sofá, solo que en posición invertida a como había estado antes.

- a ver Shippo, ya verás que con esto duermes como nunca, levanta la cabecita – sonreía el castaño mientras traía la almohada más esponjosa que había podido encontrar, pero se sorprendió cuando lo que levanto no fue la cabeza del kitsune, si no sus patitas.

- vaya como se mueve – murmuro después de encogerse de hombros y dejar la alomada bajo los pies de su amigo.

- ¡oye hermana! ¿No crees que pasara frio Shippo? – pregunto desde la sala.

- quizá sí, pobrecillo, ¿Por qué no le llevas una cobijita? – sugirió Sango desde su cuarto terminando de colocarse su pijama.

- a la orden – asintió Kohaku retirándose nuevamente. Shippo levanto la cabeza rápidamente para asegurarse de que Kohaku no lo veía, salto del sofá, dio dos saltos hasta la cocina y ya estaba por tomar uno de los panes de la bolsa cunado la voz de Kohaku lo hizo brincar de regreso al sofá, lamentablemente no cálculo bien, resbalo y cayó al piso donde prosiguió con su mímica de dormir.

- listo Shippo, con esta cobijita, vas a estar calentito, dejame te cubro y… - murmuraba mientras desdoblaba la frazada, pero en eso vio al kitsune en el suelo.

- ¡HERMANA! ¡Shippo ya se cayó! – grito preocupado, Shippo aún era un cachorro y podía lastimarse por caerse de la cama, o el sofá en este caso.

- que bien, ya no es hora de hablar – sonrió Sango desde su recamara provocando que Kohaku rodara los ojos.

- ¡no se cayó de callar! ¡Se cayó de "PLAS"! – explicó a gritos.

- ¿se cayó del sofá? – pregunto la exterminadora atónita, Kohaku le respondió con un escueto "sí"

- ah vaya, bueno, está más acostumbrado a dormir en el suelo – suspiro, pobre Shippo, definitivamente tendría que hablar con ese par de so burros que eran sus amigos sobre la crianza del niño zorro.

- ¿entonces lo dejo ahí? – pregunto curioso Kohaku.

- por el momento si, ya vete a acostar Kohaku – ordeno deseando dormir también.

- sí, bien Shippo, por lo menos voy a arroparte, no te vayas a resfriar – suspiro Kohaku mientras envolvía a Shippo con la cobija, dejándolo como un pequeño capullo de mariposa y así luego alejarse en dirección a su recamara.

Shippo pateo furioso la cobija hasta que logró escaparse del capullo, también empujo a un lado la almohada que le había colocado Kohaku bajo la cabeza, por dios, era más fácil cuando dormía con Miroku o Inuyasha. Levantándose del piso camino hasta la cocina y se trepo a la mesa, estaba por agarrar el pan cuando de reojo vio a Kohaku acercarse a él con un vaso de agua y mirándolo ceñudo, rápidamente cerró sus ojitos y coloco sus brazos estirados al frente haciéndose el sonámbulo. Kohaku lo siguió con la mirada seria, el kitsune camino rodeando la mesita hasta quedar frente al pan, pero cuando extendió sus garritas para alanzarlo Kohaku tomo la bolsa y la puso del otro dalo de la mesa, Shippo, (que miraba atraves de sus pestañitas) se giró e intento de nuevo agarrar la bolsa, pero Kohaku repitió el proceso colocándola en otro extremo. Nuevamente Shippo giro para alcanzarlo y Kohaku la retiro de sus manos, cansado Shippo fue nuevamente por la bolsa pero cuando Kohaku la movió al otro lado Shippo dio un giro sobre su mismo tomo la bolsa de pan, brinco sobre la cabeza de Kohaku, quien intento pescarlo, aterrizo en el suelo y camino aun con los brazos extendidos hasta la salida de la cabaña mientras el exterminador lo miraba marchar con un gesto de molestia e incredulidad.

- ¡hermana! ¡Ya se fueron los dos! – grito cruzándose de brazos.

- ¿Cuáles dos? – pregunto Sango somnolienta, apenas y había conseguido dormirse un minuto.

- Shippo y el pan – murmuro de mal humor Kohaku antes de tomarse su agua e ir a su cuarto.

En la cabaña de Inuyasha…

El medio demonio dormía de la de en su futon, roncando con la boca abierta mientras sus orejitas se movían porque una polilla se subía en ellas y le daba comezón, como las veces anteriores sus ronquidos pararon, se puso de pie con los brazos extendidos, camino a la cocina y fingió servir algo en un plato vacío que tenía en la mesa. Con ambras manos tomo el plato, salió de su cabaña hasta la casita de Shippo, subió el techo pero en vez de inclinarse y colocar el plato dentro lo dejo caer, se escuchó un golpe seco e Inuyasha volvió a su casa a dormir en su futon, Shippo por su parte se sobo la cabeza llorando mientras mordía su pan, el plato le había caído en la cabeza.

Dos días después…

- ¿otro plato? – pregunto Kohaku cruzándose de brazos.

- sí, ya es más de una semana que están apareciendo platos en mi casita – murmuro Shippo, ya le estaba fastidiando encontrar esos trastos en su cacita.

- ay Shippo, pero ¿de dónde los estas robando? – pregunto Kohaku suspirando también.

- ¡YO NO SOY NINGUN LADRON! – rugió Shippo profundamente ofendido, Kagome le había educado para ser buen niño y el honraría la memoria de su madre y sus enseñanzas hasta que regresara.

- bueno, no te enojes, yo quería decir... – intento excusarse Kohaku.

- ¡y te advierto una cosa! Me vuelves a decir ladrón y te voy a quemar con mis poderes hasta dejarte como salchicha ahumada – le amenazo mostrándole una pequeña llama verde en su mano.

- pero yo no quiero decir que te los estés robando a propósito – gruño Kohaku también molesto por la amenaza de su amigo.

- ay si tu ¿entonces? – se negó Shippo mirándolo inquisitivamente.

- como sonámbulo –

- ¡yo no soy sonambulo! – gruño Shippo aún más ofendido.

- ¿Qué no? Y hace dos noches que andabas de sonámbulo y te robaste el pan de mi casa ¿Qué? – exigió Kohaku, le agradaba Shippo pero a veces era desesperante.

- no estaba sonámbulo, me estaba haciendo – Kohaku puso cara de asco.

- cochino – murmuro frunciendo la nariz, Shippo enrojeció de furia.

- ¡NO! Me estaba haciendo de que estaba sonámbulo – explico dejando a un lado el plato.

- ¡aha! Con que estabas todo despierto cuando te robaste el pan ¿eh pequeña sabandija? - gruño Kohaku mirando al niño de manera acusatoria.

- no… no… si estaba despierto, pero no me robe el pan, solo me lo como – explico Shippo un poco colorado por verse descubierto.

- si tu adale – negó el exterminador arqueando una ceja.

- además, los platos tampoco me los estoy robando, porque todos los estoy guardando para devolvérselos a su dueño, y este también lo voy a guardar – mascullo llevándose el plato a un lugar del bosque.

-hmph, este no es más ratero… - gruño Kohaku molesto, entonces miro al monje Miroku que salía de su cabaña con un cuenco de semillas en la mano, vio cómo se acercaba a una jaulita que estaba colgada junto a su puerta.

- ¿es un pajarillo invisible? – pregunto curioso, Miroku se detuvo en seco y lo miro con una ceja alzada.

- claro que no – se negó Miroku algo fastidiado, últimamente esos niños comenzaban a crisparle los nervios.

- ¿entonces porque pone alpiste? – pregunto Kohaku, pues la jaula estaba vaciá.

- para ver si regresa mi gorrión, y también para ver cuál era el primer mocoso que me lo preguntaba – mascullo molesto, solo soportaba a Kohaku porque era su futuro cuñado, pero lo cierto era que podía ponerlo de los nervios con más facilidad de la que le gustaba admitir.

- ¿y yo gane? – pregunto Kohaku, que no había comprendido bien el significado de las palabras del monje.

- pero claro… - suspiro cansado, no tenía tiempo para eso. Kohaku sonrió feliz y corrió a su casa a contarle a su hermana que había ganado la competencia, Miroku negó con la cabeza, en eso vio a Inuyasha que caminaba a su cabaña con un jabalí a cuestas sobre su hombro derecho, parecía algo serio y pensativo, bueno más de lo normal, decidió acercarse a él.

- buenos días Inuyasha – lo saludo afablemente.

- ¡feh! - gruño el medio demonio mirándolo por el rabillo del ojo sin dejar de caminar en dirección a su cabaña.

- amanecimos de buen humor por lo que veo – sonrió Miroku por afán de molestarlo, lo que le gano una mirada ceñuda de parte de Inuyasha.

- ¿Qué no hay alguien más a quien puedas molestar Miroku? – murmuro molesto mientras descargaba el jabalí.

- por hoy no, pero tu cuéntame ¿qué te trae tan de malas a estas horas de la mañana? – le pregunto curioso.

- ¡feh! ¿Y que más va a ser? Se siguen desapareciendo los platos en mi casa – gruño sacudiéndose las manos, pues las tenía llenas de tierra.

- ¿todavía? – pregunto sorprendido Miroku, ya habían paso más de siete días respecto al tema.

- ¿sabes? Sango me conto que anoche, Shippo se metió a su casa como sonámbulo, y le robo el pan – le platico, recordando como una Sango enojada y preocupada le contaba la travesura del kitsune.

- ¿y tú crees que Shippo…? – pregunto Inuyasha sorprendido, ¿sería posible que Shippo se metiera dormido a su cabaña y tomase sus platos?

- bueno Inuyasha, el sonambulismo suele tener sus motivos, yo por ejemplo suelo levantarme buscando… - comenzó a explicar Miroku mientras se rascaba la barbilla pensativo.

- a ver ¿cómo te lo explico?, buscando algo… algo que tenga… - comenzó a meditar, ¿Cómo podía explicarle esa clase de temas a un hombre como Inuyasha?

- ¿algo que tenga falda? – sonrió burlonamente Inuyasha y ganándose una mirada ceñuda del monje.

- no… - gruño Miroku molesto, vaya que se estaba haciendo costumbre hacer alusión a sus viejos hábitos.

- ¿entonces? – pregunto Inuyasha aun conmocionado pro la risa.

- algo… algo que tenga… que tenga plumas – explico intentando clamarse.

- ¡un piel roja! – sonrió Inuyasha recordando cuando Kagome les había explicado una imagen de unos de esos libros que traía para estudiar, esa donde unos hombres en pantalón de gamuza que usaban plumas en la cabeza y peleaban con arcos y hachas de piedra.

- no Inuyasha, yo me refiero a algo que vuela – gruño Miroku, el también recordaba esas imágenes, y aun tenia pesadillas al respecto, no sabía porque.

- Kirara – volvió a sonreír Inuyasha burlonamente, esta vez ganándose un bastonazo por parte de Miroku.

- mira Inuyasha, algo que vuele, y que tenga plumas… ¡no puede ser otra cosa que el gorrioncillo amarillo que se escapó de mi jaula! – le grito desesperado, Inuyasha se froto el chichón y escupió una disculpa.

- ¿no lo has visto por ahí hablando de? – pregunto una vez los ánimos se calmaron.

- ¡feh! ¿Yo que tengo que estarme fijando en pajarracos? – gruño Inuyasha agachándose para comenzar a preparar su jabalí.

- y por si no lo has notado, tengo trabajo que hacer con este animal, así que ¡LARGO! –lo mando a volar con un gesto de la mano, Miroku suspiro y comenzó a alejarse de regreso a su cabaña, pero cuando estaba por entrar vio que Kohaku salía de la suya propia.

- ¡hey Kohaku! Ven aquí un segundo – lo llamo haciendo gestos con la mano.

- dime, ¿de casualidad no has visto por ahí a Shippo? – le pregunto cuando estuvo a su lado el muchacho.

- ¡huy sí! Muchas veces, es un cachorro enanito todo lleno de pecas y… - comenzó a explicar Kohaku sonriente hasta que Miroku le puso una mano en el hombro para acallarlo.

- ¡sí, sí! Ya lo conozco, pregunto si no lo has visto hoy – volvió a formular la pregunta.

- bueno, seguramente ha de estar en su casita – sonrio el preadolescente caminando a la casita de Shippo, se paró junto y dio dos golpes al techo.

- ¡Shippo, aquí te habla el monje libidinoso! – Miroku camino dos zancadas y lo miro furioso.

- ¡¿Cuál libidinoso?! – grito ya exasperado, al próximo que le llamara así lo iba a purificar de algún modo.

- pues usted – sonrió Kohaku pero la cara furiosa de Miroku le borro la sonrisa.

- bueno... parece que ahí no está ¿gusta que lo vaya a buscar? – ofreció intentando relajar los ánimos, Miroku murmuro un escueto y duro "sí" y se alejó para seguir arreglando la jaula de su gorrión.

- oiga ¿y si lo encuentro que le digo? – pregunto curioso el adolecente.

- le dices que venga aquí porque necesito que me haga un favor – respondió más tranquilo el monje poniendo un platito de agua fresca en la jaula.

- ¿y si no lo encuentro que le digo? – la pregunta hizo que la ceja de Miroku comenzara a dar brinquitos en un tic nervioso, de verdad que si ese niño no fuera el adorado hermano de su preciosa Sango.

- ¡pero que bruto eres! – farfullo molesto antes de entrar a su cabaña.

- pero si le digo eso se va a enojar – pensó en voz baja el exterminador mientras se rascaba la cabeza.

Finalmente se encogió de hombros y comenzó a llamar a Shippo mientras caminaba por el bosque rumbo a la aldea, lo que no sabía es que Shippo salía en ese momento al claro de las cabañas llamando también a Kohaku, pero al no encontrarlo se metió a la cabaña de Inuyasha sin dejar de repetir el nombre del exterminador. Kohaku al oir su nombre regreso al claro de las cabañas gritándole a Shippo para que apareciera, al no verlo continuo de largo en dirección al goshimboku, Shippo salió de la cabaña de Inuyasha y camino rumbo a la aldea, Kohaku volvió del goshinboku sin dejar de gritar el nombre del kitsune, a la vez que Shippo regresaba saltando al oírse llamado, finalmente se cruzaron el uno con el otro en el centro del claro.

- ¿tú me andabas buscando? – pregunto el kitsune saltando al techo de su cacita para quedar más a la altura de Kohaku.

- no, yo no, el monje libidinoso – negó el exterminador señalando a la cabaña de Miroku, el cual salía en ese momento con el ceño fruncido.

- y dale niño, ¡yo no soy ningún monje libidinoso! Soy Miroku - gruño molesto mientras se posicionaba frente a los niños.

- eso ya lo sé pero de cariño le decimos libidinoso –sonrió Kohaku.

- ¡¿QUÉ?! – rugió Miroku rojo de ira e indignación.

- ¿el monje pervertido, libidinoso Miroku, simplemente libidinoso…? ¿caliman? – probó Kohaku distintos apodos pero el ceño fruncido de Miroku solo seguía pronunciándose hasta imitar el de Inuyasha cuando Shippo lo fastidiaba.

- ¿sabe qué? Mejor me voy, con su permiso – salió corriendo el castaño en dirección a la aldea, después de todo aún tenía que cumplir el encargo de su hermana.

- uff, oye Shippo, necesito que me hagas un favor – se volvió a mirar al kitsune, saco un saquito de entre su ropaje morado y se lo extendió.

- mira, ve por favor a la aldea vecina y comprame unas cuatro velas – explico mientras Shippo escondía la bolsa de monedas en su ropita.

- ¿te quedaste sin lámparas de aceite otra vez Miroku? – consulto Shippo luego de poner a resguardo el dinero.

- no Shippo, son para la sección espiritista de esta noche – explico Miroku, feliz de que no le mencionaste el otro motivo por el que necesitaría velas, en especial porque Sango lo colgaría de cabeza de la rama más alta del Goshimboku.

- ¿Qué es eso? – pregunto Shippo curioso, pero el monje solo le pidió que no se tardara y se retiró, pero Rin, que había escuchado todo desde su cabaña salió corriendo y alcanzo a Shippo antes de que saliera del claro.

- Shippo ¿quieres saber que es una sección espiritista? – pregunto Rin caminando al lado del kitsune, quien asintió sonriente contento por poder satisfacer un poco de su curiosidad.

- es un ritual donde se invocan a los fantasmas – murmuro la niña.

- no… - rogo Shippo negando con la cabeza, no quería parecer débil frente a Rin, pero la verdad es que sus patitas no dejaban de temblar.

- sí, y si queremos saber que pasa, no podemos perdernos el siguiente capítulo, por este mismo canal y a la misma hora… -

Si quieren saber que ocurre con el misterio de los platos aparecidos en la cabaña, no dejen de leernos la próxima semana, en este mismo canal y a la misma hora…