2. Día 1
El día había sido muy largo y muy cansador. Sin embargo, la Princesa Leia Organa presentía que nole sería posible dormir esa noche.
Había habido una batalla y una evacuación ese día. Una persecución y un escondite. Unamaniobra inédita. Y un beso.
La batalla no había sido librada para ser ganada, algo que los líderes de la Alianza sabían imposible, sino para demorar la invasión. Gracias al sacrificio de muchos, la evacuación de la base de Hoth había sido tan exitosa como habían esperado. Por supuesto, su parte en el asunto había sido un típico escape Solo, apenas por unos milímetros. No solo el Halcón se había rehusado a saltar al hiperespacio, sino que hasta habían tenido que esconderse en el estómago de un gusano espacial! Habían escapado de allí por pura suerte. Ciertamente, la huida a través del campo de asteroides la había impresionado, pero había sido su última acción la que la había sorprendido realmente. Por un momento había creído que Han se había vuelto loco, pero el maldito tenía razón. Los Destructores de Estrellas tenían un punto ciego.
Su beso también la había sorprendido. Un minuto antes, lo hubiera matado y luego… Había sido tan encantador, su voz y sus ojos tan hipnóticos que no había podido resistirse. El temblor que la había invadido cuando Han tomó su mano no la había abandonado aún. Pero lo más impactante de todo era que ella había disfrutado enormemente ese beso. Había sido todo aquello que él había medio prometido, medio amenazado por años y algo más también. Por un breve momento toda la suficiencia y las constantes bromas habían desaparecido y había sentido una conexión real con el hombre detrás del mercenario. Se había sentido viva.
Por supuesto, había demasiadas cuestiones que considerar en este asunto. ¿El apuesto sinvergüenza y una chica como ella? No era posible. Simplemente no eran compatibes. No había manera. Ni futuro. No es que nadie tuviera asegurado el futuro en estos días. Pero él… estaba tan lleno de vida, a pesar de no tener nada más que el Halcón y a Chewie. En cuanto a ella, su futuro había muerto el día que Alderaan había sido destruido. No deseaba nada para sí desde ese día. Combatir al Imperio era lo único que le importaba. Tenía que encontrar una forma de explicárselo. Y cuanto antes, mejor.
S*S*S*S
Cuando la flota imperial hubo partido, Chewie había comenzado a correr secuencias de diagnóstico en todos los sistemas y ella había tratado de ayudarle, pero la barrera idiomática se lo hizo bastante complicado. Mientras tanto, Han se afanaba sobre el navicomputador. Leia se había reunido con él en la cabina de mando con un plato de sandwiches y dos vasos de jugo.
El Capitán del Halcón Milenario le comunicó las noticias: - Once semanas. Setenta y seis días y medio hasta Bespin, es lo mejor que puedo hacer. – Había que reservar algo de combustible para maniobras de emergencia. Las provisiones y el oxígeno alcanzarían, apenas.
- Me alegro de que Rieekan estuviera corto de efectivo – agregó Han con ironía. El general había completado el último pago con raciones en barra y otros suministros – y de que no tengas el tamaño de Chewie – terminó con un guiño.
Luego, Leia había buscado algo de tranquilidad. Tenía muchas cosas en que pensar. Pero en el pequeño carguero, no había muchos lugares donde encontrarse a solas, salvo por la bodega, que era bastante poco atractiva y helada. Las únicas dos cabinas estaban obviamente fuera de límites. Finalmente se escurrió hacia una de las torretas de artillería. Se acurrucó en la burbuja transparente, bajo el arma, mirando hacia las estrellas.
S*S*S*S
Un rato después, Han Solo trepó por la escalera. – Tu cabina está lista – anunció. Leia lo miró sin entender. – Te quedarás en mi cabina – siguió – ya cambié la ropa de cama.
La Princesa lo atravesó con la mirada, arquendo una ceja. ¿Cómo se le ocurría? UN beso y…
- Yo me quedaré en la bodega – agregó Han sin la menor nota de sarcasmo.
Habían viajado juntos muchas veces a lo largo de los años, pero ella siempre había llevado su propio equipamiento con ella. Tienda de campaña, catre desmontable y demás, solía instalar su búnker en un rincón de esa bodega. Pero esta vez esa opción no estaba disponible.
- Gracias – respondió sonrojándose levemente.
Han no se retiró. Sólo la miró, expectante. Finalmente, Leia entendió.
- Ven – le dijo, haciéndole lugar en la burbuja.
Han gateó hacia ella y finalmente se sentó a su lado, doblando sus largas piernas en una posición que sería altamente incómoda más temprano que tarde. Leia había pretendido mantener cierta distancia y tener con él la conversación que había diagramado en su mente. Pero luego de algo de forcejeo y un par de intentos fallidos se encontró reclinada sobre su pecho. Han le deslizó sus brazos alrededor de la cintura y apoyó la barbilla sobre su hombro. La calidez del cuerpo masculino contra el propio le hizo notar súbitamente a Leia el frío que la había invadido.
Maldición. Se sentía tan bien. Se sentía… correcto. Aunque no lo fuera.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó Han.
- Apenas – bromeó a medias y a medias confesó la Princesa. ¿Qué podía decir a continuación?
Tenían un largo viaje por delante. Y esta noche se sentía demasiado cansada, demasiado agotada para mantener una discusión con Solo. Además, algo había cambiado entre ellos, aunque no podía precisar qué… más allá del hecho de que sus cuerpos estaban en contacto y las barreras físicas habían caído. Ella no había permitido que nadie se acercara tanto desde… Pero no quería pensar en eso ahora. Eligió un tema seguro. - ¿Crees que Luke y los Desacatados están a salvo?
- ¿El chico? - ¿Por qué tenía que mencionar siempre a Luke? ¿Cuál era el tema con el chico? ¿Había pasado algo más que ese beso en la enfermería? Estaba casi seguro que no. Casi. Sin embargo, este no era el momento para investigar el asunto. – Seguro – respondió – no hay wampas en el espacio.
Ambos se rieron. Al escuchar su risa, Han sintió un súbito deseo de besarla. ¿Huiría nuevamente, luego? Había una sola forma de averiguarlo. Como antes, sintió el leve temblor en sus miembros mientras giraba suavemente su cuerpo y la besaba con lentitud. Pero Leia no escapó esta vez. De hecho, ni bien sus labios se separaron, ella reinició el contacto, y lo profundizó más aún. Luego, se acomodó en sus brazos y volvió su vista hacia las estrellas. Y Han descubrió que quien temblaba ahora era él.
S*S*S*S
Las piernas de Han habían dejado de dolerle hacía rato para pasar a un estado de completo entumecimiento. Estaba a punto de cambiar de posición cuando escuchó un sonido sorprendente. Esperó unos segundos, preguntándose si se repetiría. Si, ahí estaba. Una sonrisa torcida iluminó su rostro.
Claro, pensó el contrabandista. Leia no había dicho palabra por un largo rato y había sentido como su cuerpo se relajaba lentamente.
- Gané la apuesta, Luke – murmuró – las princesas también roncan.
NdA: Desacatados=Rogues
