"—¿Hay algo que no sea una broma para ti?
—Nada que se me ocurra.
—¿Sabes? —dijo Gabriel—, hubo un tiempo en que pensé que podríamos ser amigos, Will.
—Hubo un tiempo en que pensé que era un hurón —soltó Will—, pero resultó que sólo eran los vapores del opio. ¿Sabías que tiene ese efecto? Porque yo no."
Gabriel y Will, Ángel Mecánico -Cassandra Clare.
Capítulo I
Port Idris.
Esa mañana, desde lejos, Port Idris no era más que la silueta de una ciudad fantasmal oculta entre el mar y la lluvia. La niebla flotaba sobre ella, creando un velo blancuzco y denso, como si las etéreas alas de un ángel envolvieran la ciudad y la protegieran de los peligros del tormentoso océano. Solo las torres Demonio sobresalían, alzándose por encima de todo en una oscura y silenciosa amenaza. Porque no importaba que tan oscuro estuviera el día o la noche, siempre podías verlas —brillantes e imponentes— punteando el cielo negro y recordándote que aquélla era una ciudad de ángeles.
Ángeles negros y peligrosos.
Los ojos verdes de Clarissa Fairchild estaban perdidos en la distancia. De esa manera en qué, pensó Simon, siempre hacía sin pensarlo.
—Y entonces, te decía, que ayer probé carne humana —dijo, aunque ya sabía que ella no le haría caso. Y así fue. La chica siguió perdida en sus pensamientos. —Estaba buena.
Un mechón rojo salió de su lugar y cayó sobre el rostro de la chica, haciéndola reaccionar. Ella parpadeó y miró a Simon, como si volviera a acordarse de que él estaba ahí.
—¿Decías algo?
Simon suspiró.
—Siempre te quedas mirando de esa manera hacia al mar. Como si esperaras que un barco fantasma apareciera de la nada o algo así.
Clary se encogió de hombros.
—¿Qué tal que sí, eh?
Simon rodó los ojos.
—Sabes bien que nadie puede entrar aquí —dijo, echándole un vistazo a las Torres Demonio—. Nadie, sin permiso, claro.
—Ya una vez lo hicieron —hizo notar Clary.
—Oh, claro, se me olvidaba que tu esplendoroso padre intentó matarnos a todos. Qué lástima que falló.
Clary arrugó el ceño.
—Él no es mi padre —gruñó—. Mi padre es Luke.
—Cierto. Luke, quién destrozó el barco de tu otro padre. Se nota que se llevaban bien.
—Simon.
—¿Qué?
—¿Puedes dejar de ser sarcástico?
—¿Por qué? ¿Estás de mal humor hoy?
—No, pero tengo ganas de golpearte.
—Ah, a veces eres tan dulce que dan ganas de chuparte.
Clary sonrió. Ella traía un ajustado y esponjado vestido verde de encaje que hacía que sus ojos destacaran más, viéndose brillantes y penetrantes. Su cabello rojo estaba recogido en un elegante moño que al mismo tiempo afilaba su pálido y pecoso rostro, haciéndolo ver austero y altivo.
Simon sabía que probablemente muchos chicos encontraran a Clary bonita, pero para él, más que su amiga, era prácticamente su hermana. Habían pasado muchas cosas juntos, habían reído y llorado juntos, habían hecho tantas cosas que él simplemente no se imagina su vida sin Clary. Y también era demasiado para arriesgarlo en una relación que probablemente nunca funcionaría.
—Estaba pensando en él—dijo entonces Clary, y por un momento, Simon no comprendió sus palabras—. En Luke, quiero decir. Hace mucho tiempo que no ha vuelto.
—¿Con Jace Herondale y los Lightwood rondando por ahí? —Simon negó con la cabeza—. Si Luke no estuviera allá fuera, probablemente medio mundo estaría en llamas a causa de esos piratas.
—Sigo sin entender —dijo Clary, ceñuda—. Que es lo que se supone que traman.
Simon se encogió de hombros.
—Todo el mundo sabe que Jace era hijo de Valentine. Probablemente trate de vengarlo. En cierto modo, es tu hermano.
Clary sintió un escalofrío. Ella nunca había conocido a ninguno de los dos hijos de Valentine. Lo único que sabía era que su padre —ella nunca aceptaría llamarlo así— se había alzado, junto a sus aliados, contra la Clave durante los Acuerdos, provocando el Levantamiento y con ello, la guerra.
Sin embargo, gracias a Luke y varios aliados que se había separado del Círculo, Valentine no había logrado su objetivo y había tenido que huir, llevándose a sus dos pequeños hijos con él. En ese tiempo, su madre apenas estaba embarazada de ella y escapó de él, refugiándose en la casa de sus padres, los Fairchild.
Clary sabía que su padre había intentado llevársela, pero Luke la había puesto a salvo y después había ido tras Valentine.
A partir de ahí fueron largos, largos años de darle caza a Valentine sin éxito. Nadie sabía dónde se escondía. Nadie sabía cuál sería su siguiente paso.
Clary había nacido entonces y uno de sus recuerdos más tempranos era el de ella y su madre, siempre el día nueve de cada mes, esperando en el muelle hasta que, punteando el horizonte, aparecía el barco de Luke rompiendo las olas.
Clary amaba esos días, porque significaban salir de casa. Significaban mar, viento y libertad. Ella también sabía que la Clave había perdonado a su madre sólo por Luke, que —como héroe que había sido al detener a Valentine— lo había pedido. Eso, y porque el Cónsul era su propio abuelo, Granville Fairchild. Sin embargo, Clary siempre supo que había algo más entre Luke y su madre, algo que ninguno de los dos se atrevía a decir.
Lo sabía por la forma en cuando Luke bajaba del barco, con su uniforme todo negro y Jocelyn sonreía de una manera que Clary nunca le había visto hecho antes. Y también por la forma en que él la veía y sus ojos azules se iluminaban como si estuviera viendo al sol mismo.
Después Clary corría hacia él y Luke la recibía con los brazos abiertos, como siempre había sido. Solo era un día. Un día en el que Luke venía a avisar a la Clave de sus avances en la búsqueda de Valentine, y luego volvía a marchar.
Clary disfrutaba siempre esos días, porque eran de los pocos de los que salía de casa.
Para Jocelyn, estar encerrada en casa era símbolo de protección y alegría. Para Clary, no. Clary ansiaba aventura, ansiaba subirse a un barco y perderse en la distancia y el olvido.
Pero todos sus sueños se destrozaron esa noche que cambió todo.
La noche en que el barco de Luke había llegado antes de lo previsto, anunciando un ataque inmediato. Pero nadie lo había escuchado, porque Luke se había convertido en un hombre lobo.
Solo su madre le había creído.
Clary recordaba como Luke les había gritado que se fueran, que escaparan, y Jocelyn —siempre fuerte por fuera, y siempre destrozada en el interior— la había tomado de la mano y había corrido con ella hacia su casa, hacia al casa de sus abuelos, los Fairchild.
Recordaba no haber llegado si quiera a la Plaza del Ángel antes de que comenzaran los gritos, el fuego y —de la nada— miles de demonios aparecieran desde el mar, sumergiendo la ciudad en el caos y la locura.
Valentine había regresado y —burlando las torres que habían protegido a la Ciudad de Cristal durante más de mil años— había puesto bajo ataque a la ciudad, infestándola de demonios.
Clary tenía quince años entonces y recordaría muy bien aquélla noche de pesadillas. Noche de humo, fuego, sangre, gritos, dolor.
Recordaría haber corrido como nunca en su vida, sus ojos llenos de lágrimas, llamando a gritos a su madre en medio del humo y el fuego. Recordaría haber escuchado los cañones retumbar en el suelo como si la tierra gritara. Recordaría haber corrido hasta el muelle. Recordaría haber estado a punto de resbalar y caer al mar de no ser porque un Cazador de Sombras que pasaba por ahí la había jalado. Recordaría haber querido ver su rostro, pero entonces había sonado un estallido horrible y ella había visto como el barco de Valentine estallaba en mil pedazos, vencido por Luke y los Submundos.
Los meses siguientes habían sido como un sueño; las calles reconstruyéndose, los daños arreglándose, y —lentamente— todo fue quedando en el olvido.
Sin embargo, algunas cosas habían cambiado con respecto a los Submundos. Ese era el porqué del que Simon vivía ahí, en Idris. Había sido un mundano convertido en vampiro durante la guerra y Luke lo había encontrado moribundo en la playa. Lo había llevado entonces a su casa, dónde desde entonces había vivido.
Si eras un Submundo, ahora podías vivir en Idris, siempre y cuando estuvieras en paz y no participaras en el gobierno.
Muchos decían que era un cambio bueno. Otros decían que era una forma de mantener 'contentos' a los submundos, para tenerlos allí cuando se necesitara.
A Clary no le impor…
—¡Clary a tierra! —dijo entonces Simon en su cara—. ¿Me copias?
Clary sacudió su cabeza. Estaba segura de que Simon la había llamado más de una vez.
—Lo siento —dijo, sin darle mucha importancia—. Me he perdido por un momento.
—No me había dado cuenta —dijo Simon—. Solo parecía que ya casi se te iba a caer la baba…
—Oh, cállate Simon —sonrió Clary.
—Déjame adivinar —dijo el vampiro—. Estabas pensando en tu asombroso pasado. Ya sabes, el que está lleno de bonitos recuerdos.
Clary rodó los ojo.
—Estaba pensando —dijo, meditabunda—, que en realidad nunca conocí a mis supuestos hermanos. Nunca los vi. Jamás llegué a conocerlos.
Simon la miró. Él sabía que ella siempre había deseado tener un hermano.
—Pues por lo que cuentan, eran increíbles —dijo, tratando de hacerla sonreír—. Ya sabes, todos unos delincuentes profesionales.
Clary rió.
—Bueno, técnicamente, Jace no era mi hermano —el sólo decir su nombre produjo en Clary una especie de frío. Muchas cosas se decían de él y no eran buenas. Lo único que Jocelyn le había dicho era que él no era hijo de ella, que todo lo que sabía era que Valentine se lo había llevado después de que su verdadero padre, Stephen, muriera durante la guerra.
Aunque lo que nadie sabía era porqué Valentine había regresado a su hijo, fingiendo que era hijo del desaparecido Michael Wayland y lo había enviado a los Lightwood. Los rumores decían que lo había mandado como espía y que él había sido la clave a la hora de descubrir cómo hacer caer las protecciones.
De igual manera, él había desaparecido después de la guerra y los Lightwood habían sido acusados de traición, por lo cual Robert y Maryse Lightwood habían sido ejecutados y sus dos hijos —Alec e Isabelle— habían sido desterrados.
Nadie supo nada de ellos durante mucho tiempo.
No, hasta que quemaron tres aldeas enteras y las sabotearon.
Muchos cuentan que Jace Herondale estaba con ellos. Nadie sabe la verdad.
Sobre Jonathan, el verdadero hermano de Clary, todos lo daban por muerto.
El barco había estallado y había encontrado cuerpos, sí, pero demasiado irreconocibles para saber quiénes eran.
Clary tenía sus dudas.
—Eh —dijo Simon entonces y Clary respingó, maldiciéndose por dentro por ser tan distraída. Pero su amigo no estaba mirándola a ella, sino hacia el mar. Los dos estaban sobre la terraza de la casa de sus abuelos, los Fairchild, que Clary siempre había considerado como suya. Por debajo de ellos se veía todo Port Idris, oscuro y cubierto de niebla, y más allá —apenas visible— una débil raya azul que debía de ser mar, hacia dónde Simon parecía estar buscando algo—. ¿No es muy pronto para que Luke vuelva?
—¿Luke? —dijo Clary, frunciendo el ceño—. ¿De qué hablas?
Estaban a mediados de octubre, lo cual quería decir que Luke no volvería hasta el nueve de Noviembre. Se suponía que estaba allá fuera, navegando los mares en busca de Jace Herondale y los Lightwood.
Simon enfocó su vista. Por un momento, le había parecido ver la silueta de un barco entre la niebla que cubría el mar.
Todo estaba silencioso. Muy silencioso.
Y cuando entraba un barco, siempre se daba una señal. Simon lo sabía.
—Clary… —comenzó, alarmado, y entonces —como si hubieran salido de la nada— se escucharon varios gritos y empezaron a soñar los cañonazos.
Jace bajó del barco de un salto y sonrió, aspirando el dulce olor a casa. Los piratas de su tripulación salían corriendo a sus espaldas; gritando, riendo y destrozando todo a su paso.
—¡Tomad lo que querías! —bramó, abriendo los brazos—. ¡Mujeres, vino, oro! ¡Todo!
Jace soltó una carcajada demente y Alec, a su lado, lo miró asustado. Las personas salían de sus casas gritando, aterrorizadas, mientras el caos se desataba en Port Idris.
—¿Qué? —dijo Jace, mirando a su parabatai con fingida inocencia.
Alec negó con la cabeza.
—Sigo pensando que ésta no fue la mejor idea.
—Oh, vamos Alec, disfruta del momento —Jace le palmeó la espalda—. Incluso podrías buscar a un lindo chico por ahí…
Alec lo miró, sus ojos azules cargados de indignación.
—O una chica —Jace se encogió de hombros—. O un animal.
Alec abrió la boca, asqueado.
—¡Jace! —logró decir, escandalizado.
—Bueno, conozco varios miembros de la tripulación que tienen gustos exóticos.
—Jace.
—¿Qué?
—Cállate.
—¿Espera, dijiste algo? ¿Por qué mejor no vuelves a decir mi nombre? Suena tan musical…
Alec cerró los ojos, armándose de paciencia.
—Jace, no tenemos mucho tiempo —le recordó—. Luke y Sebastian…
—Bueno —dijo entonces Isabelle, apareciendo por detrás de ellos. La chica iba vestida con ajustados pantalones y corsé negros. —¡Esto será divertido!
Jace rodó los ojos y miró a Alec.
—Ellos están comiendo nuestro polvo —le cortó—. Los dejamos muy ocupados allá atrás.
—No me importa —siseó Alec—. Nosotros vamos por los mapas y luego nos largamos. Esto no me gusta nada.
—¿Por los mapas? —Jace arrugó la cara—. ¿Por qué siempre nos toca la parte aburrida?
—Vamos, chicos, no peleen —Isabelle los tomó a los dos por los hombros y comenzó a jalarlos—. Podemos divertirnos de camino allá.
—Oh por el ángel —Clary comenzó a retroceder—. Oh por el ángel, dime que esto no está pasando otra vez.
Simon a su lado, tragó saliva.
—No puede ser —dijo, con voz seca—. Nadie puede atravesar las protecciones…
—¿Estás ciego? —Clary señaló hacia el barco—. ¡Por que yo veo un barco gigante ahí! ¡Eso o es un cepillo de dientes gigante!
—Pero… pero… —balbuceó Simon y entonces se giró de repente hacia Clary, todo seriedad—. Ve a tu habitación y no salgas. Iré a buscar a tu madre.
—¡No iré a nin…! —comenzó Clary, pero Simon la tomó por los hombros y comenzó a jalarla fuera de ahí.
Él sabía muy decirle que decirle 'no' a Clary era como decirle 've, corre y mátate'.
—¡Eh, alto ahí! —rugió un Cazador de Sombras, viendo pasar a los tres chicos. Iba seguido por todo un escuadrón de nefilim, todos vestidos de negro al igual que ellos—. ¡Dije que alto!
Jace ni lo miró. Solo sacó su espada en una clara amenaza.
—Si no quieres terminar llorando —advirtió—. Déjanos en paz.
El Cazador de Sombras gritó, furioso, y se lanzó hacia ellos.
—¡Atáquenlos! —gritó. Los demás Cazadores de Sombras se lanzaron hacia ellos entonces.
Jace, suspirando, frenó al primero de una patada y enseguida derrumbó a otros dos de un solo golpe. Luego se giró y lanzó dos cuchillos al aire, dándole exactamente al cuello de dos tipos que iban tras Alec.
—¡No muertes, Jace! —le recordó Alec, furioso—. ¡Creí que lo habíamos acordado!
—Oh, claro, entonces hubiera dejado que te hicieran puré de Lightwood —dijo Jace con sorna—. Aunque, si puedo opinar, no sería un puré nada bueno. Demasiado amargado.
—¿Podemos irnos ya? —Isabelle estaba sentada sobre dos Cazadores de Sombras que había dejado inconscientes y ahora se miraba en su mini espejo—. Oh, rayos, creo que se me ha regado la pintura.
Alec los miró, molesto y luego se dio la media vuelta.
—Ahora está molesto —se quejó Jace, yendo tras él—. ¡Y yo no hice nada!
—¡No estoy molesto!
—No puedo creerlo —dijo Jace con falsa ofensa—. ¡Salvé tu vida, bastardo desleal!
—¡Eres mi parabatai! —rugió Alec—. ¡Si no me salvaras la vida, serías el peor parabatai de todos los tiempos!
—Ah, ya te pusiste dramático —Jace rodó los ojos—. Me encanta.
—¡Haz lo que te digo, Clary! —rugió Jocelyn y entonces le cerró la puerta en las narices.
Simon, consternado, casi pudo escuchar a Clary rechinando los dientes al otro lado.
—Simon —Jocelyn se giró hacia él, sus ojos brillando—. Ve a buscar a Magnus y dile que haga un Portal de inmediato. Yo iré por mis padres.
Jocelyn se dio la vuelta, golpeando con su cabello el rostro de Simon, y comenzó a deslizarse pasillo abajo a paso firme.
—Pero… pero —balbuceó Simon—. ¡No puedo dejar a Clary aquí!
—¡Ve a buscar a Magnus! —bramó Jocelyn, sin mirarlo—. ¡Ahora!
Simon libró una batalla en su interior. Si se iba, estaba seguro de que Clary haría alguna clase de tontería. Si no iba, Magnus no haría el Portal y entonces no podían escapar de ahí y…
—Ve a buscar a Magnus —se dijo Simon, hablando consigo mismo y al mismo tiempo, comenzando a caminar apresuradamente hacia el lado contrario de donde Jocelyn había marchado—. Encuéntralo y vuelve antes de que Clary derrumbe la puerta.
Nada está pasando, se dijo a sí mismo, todo está muy bien.
Jace subió al caballo de un salto y sonrió. A sus lados las personas corrían despavoridas, saliendo de todos lados mientras los piratas saqueaban todo y llenaban el aire de gritos, risas y cantos alocados. Sobre sus cabezas, el cielo era negro.
—Tenía mucho que no me subía a uno —comentó el chico, admirando al hermoso semental, todo negro. Lo había encontrado en el camino y, dado que la casa de los Fairchild estaba bastante retirada, había decidido tomarlo prestado—. Casi había olvidado lo bien que se sentía.
—¿Te refieres al dolor en el trasero? —dijo Alec, a su lado, quién tenía dificultades para subir a otro caballo de pelaje caoba.
—Sí, algo así —Jace se encogió de hombros.
—¿Puedes apresurarte? —le gruñó Isabelle a Alec—. Si quieres, puedo tomar las riendas yo.
—Tú no sabes montar —objetó Alec y logró subirse por fin al caballo, casi cayéndose en el trayecto.
—¿Y qué? —Isabelle, haciendo halago de su gracia nefilim, subió al caballo en un ágil salto—. Apuesto a que puedo hacerlo mejor que tú.
—No, gracias —respondió Alec, lacónico.
—Él quiere decir —dijo Jace—. Que no tiene ganas de estamparse contra un árbol en el camino.
Isabelle rodó los ojos. —Yo jamás me estamparía contra un árbol. Es decir, puede que sí, porque sería divertido, pero hoy estoy estrenando este corsé y...
—Suficiente —la cortó Jace, alzando una mano—. Maravilloso discurso. Mis orejas sangran, por cierto.
—Chicos —murmuró Izzy en voz baja.
—Me pregunto —dijo Alec, mirando pensativo a sus riendas—. Como se hace para que esta cosa camine.
—¿Camine? —Jace arrugó la cara—. Te refieres a 'cabalgar' ¿no?
—Lo que sea.
—No sé —Jace sonrió—. Probemos con ¡Ahré, unicornio!
Jace espoleó a su caballo y éste salió despedido. Por detrás de él, y un poco más torpemente, Alec hizo lo mismo. Isabelle chilló de emoción y alzó las manos.
—¿¡Quieres callarte, Isabelle?! —rugió Alec.
—¡Que divertidoooo!
Jace, aburrido, jaló las riendas de su caballo y frenó frente a la casa de los Fairchild con expresión aburrida.
El caserón, como todos en Idris, era colosal —todo columnas y mármol— como el castillo perdido de un cuento mágico.
A sus lados, el bosque bordeaba todo el camino y se alzaba sobre sus cabezas, oscuro y tenebroso. A esa distancia, los sonidos de la batalla del puerto se habían amortiguado, siendo apenas unos débiles susurros a lo lejos.
—Tenemos que hacer un plan —dijo Alec a su lado.
Isabelle, detrás de su hermano, asintió.
—Jocelyn Fairchild debe saber por lo que hemos venido, ella intentará escapar.
—Si no es que ya lo hizo —recalcó Alec.
—No me interesa Jocelyn Fairchild —dijo Jace—. Me interesa el brujo.
—Si ella se fue —dijo Isabelle, con cansancio—. Él también, Jace.
—Entonces seamos positivos —replicó Jace y bajó del caballo.
—¡Eh! —Alec bajó, tropezando. Isabelle hizo lo mismo al tiempo que desenrollaba su látigo—. ¿Cuál es el plan?
—Yo te diré nuestro plan —comenzó Jace—: Entramos ahí, hacemos mucho ruido, buscamos los mapas, matamos a todos los que se interpongan en nuestro camino y luego salimos. Fin.
—Jace… —comenzó Alec, molesto—. No pode…
—Vale —Io interrumpió Isabelle, alzando las manos—. Yo provocaré una distracción mientras ustedes van a buscar los mapas.
Alec la miró, ahora más molesto.
—No voy a dejar q…
—Oh, cállate Alec, sabes que es una idea genial —Isabelle hizo restallar su látigo y antes de que Alec pudiera objetar, salió caminando por delante de él, sus tacones resonando en el suelo, y comenzó a destruir todas las macetas del patio, directo hacia la puerta principal.
Jace, por otro lado, ya había comenzado a caminar hacia la parte trasera de la casa. Alec, gruñendo en voz baja, lo siguió.
La parte trasera de la casa era un inmenso patio dónde, además de inmensos árboles, también había rosas y flores por todos lados. Alec incluso creyó escuchar a una fuente gotear a lo lejos.
—Oh, mira eso —Jace se detuvo a medio camino, observando hacia arriba. Por un momento, Alec creyó que había encontrado una entrada—. ¡Son mangos!
Alec reprimió las ganas de darle una patada. Jace sonreía como estúpido mientras observaba el árbol lleno de las jugosas frutas.
—Jace, no tenemos tiempo para tonterías.
—Me gustan los mangos —siguió Jace, como si no lo hubiera escuchado—. Subiré por uno.
—¡Jace! —rugió Alec, pero el otro chico ya había comenzado a subir—. Te voy a matar, por el ángel que sí.
Alec, gruñendo, comenzó a subir tras su parabatai.
Clary, hastiada, comenzó a caminar de un lado a otro en su habitación. Afuera el cielo había comenzado a retumbar y ella, más que nerviosa, estaba furiosa.
¿Qué se creía su madre? ¿Qué podía encerrarla ahí hasta que ella arreglara su escape? Clary no quería escapar, estaba cansada de escapar.
Y además, Valentine estaba muerto. ¿De qué temía su madre? Cualesquiera que fueran los piratas que atacaban Port Idris, no tenían por qué molestarlos a ellos.
Clary se derrumbó sobre su cama con los ojos llenos de lágrimas. Odiaba todo aquello. Solo quería tener una vida normal, salir con amigos… Oh, espera, ella no tenía amigos. Cortesía de su madre.
Exceptuando a Simon, claro. Y solo porque Luke lo había traído y Jocelyn había dado su 'aproba…'
El sonido de cristales rotos la sobresaltó. Clary se puso de pie, con el corazón restallando en su pecho. ¿Qué había sido eso?
Se acercó hasta la puerta, tratando de escuchar algo al otro lado.
—¿Simon? —llamó— ¿Mamá? —no hubo respuesta—. ¿Abuelos, son ustedes?
Clary intentó abrir la puerta, pero como ya se esperaba, su madre la había cerrado con llave.
Otro estruendo. Más sonidos de cristales rotos. Una voz —que Clary identificó como una de las criadas— comenzó a gritar.
Clary retrocedió.
No puedo quedarme aquí, se dijo de inmediato. Tengo que salir y buscar a los demás.
Clary se giró entonces y corrió hacia el ventanal que cubría casi toda una pared de su cuarto. La chica retiró las cortinas rojas de un jalón y comenzó a abrir la ventana. Podía bajar por el árbol y buscar a Simon y luego…
Clary gritó. Ahí, justo al otro lado de la ventana —a unos centímetros de ella y sobre una rama del árbol— estaba plácidamente sentado un chico de cabello dorado que la miraba sorprendido, su mano sosteniendo un mango a medio comer.
Un poco más debajo de él, otro chico —de cabello negro— también gritó cuando Clary lo hizo y, tomado por sorpresa, cayó del árbol.
El chico rubio miró al otro chico caer, ahora ligeramente divertido, y luego volvió a mirar a Clary con una sonrisa traviesa en su rostro.
—Déjeme decirle, mi dama—dijo, como si nada—. Que tiene los mangos más ricos de toda el mun…
Clary —con otro grito— le cerró la ventana, golpeándole toda la cara. Comenzó a cerrarla pero entonces se dio cuenta de que el chico había metido la punta de su bota, impidiéndole cerrarla.
Clary soltó un gemido e intentó golpearlo, pero, antes de que pudiera evitarlo, el chico se coló rápidamente dentro de su habitación.
—Me has golpeado —dijo el chico, ofendido—. Que horrible forma de agradecer a una persona cuando le hace un cumplido a sus mangos.
¿Dónde demonios se había metido Magnus? Simon ya lo había buscado en su despacho, y no estaba ahí. Lo había buscado en la biblioteca, y tampoco estaba ahí. Ahora caminaba por el amplio y solitario pasillo de la casa de los Fairchild, yendo hacia la única opción que le quedaba: el sótano. Magnus solía encerrarse ahí cuando tenía cosas raras que hacer.
Cosas en las que a Simon no le gustaba entrometerse desde que había terminado convertido en rata una vez. No, definitivamente Simon no estaba feliz de ir a buscar a Magnus. Aunque, a pesar de todo, le caía bien el brujo. Cuando él había llegado, Magnus ya estaba ahí. Clary le comentó una vez que Jocelyn le pagaba al brujo por sus servicios y protección en caso de que Valentine volviera por ella.
O, en casos como estos, necesitaran escapar.
Simon frenó de golpe cuando escuchó vidrios romperse y varios gritos de los criados.
—¡PIRATAS! —gritó una chica entonces, saliendo en la esquina del pasillo y pasando al lado de él sin apenas mirarlo—. ¡PIRATAAAS!
Simon estaba a punto de dar media vuelta y regresar por donde había venido cuando escuchó otros gritos.
Con un suspiro, caminó hacia allá.
Clary comenzó a retroceder.
—¡Salga de mi cuarto! —chilló.
—¿Siempre eres tan dramática? —dijo el chico mientras miraba alrededor con desinterés—. ¿O solo es porque mi hermosa persona te ha alterado hasta el punto de la locura?
—No me tuteé —gruñó Clary—. Y, para su información, no suelo ponerme dramática siempre. Claro, a excepción de las veces que un pirata entra por mi ventana comiendo mango y dispuesto a hacerme quién sabe qué.
Jace miró su mango, confundido.
—¿Y qué tiene de malo mi mango?
Clary, exasperada, señaló la ventana.
—¡Salga ahora!
—Ah, ya entiendo —el chico la miró entonces, estrechando sus ojos. Iba vestido con una holgada camisa negra medio abotonada, un pedazo de piel dorada asomándose al otro lado. Sus pantalones y botas también eran negros. El negro, pensó Clary, representaba oscuridad y peligro, como la noche misma. Y ella estaba segura de que ese chico era peligroso. Sin embargo, no podía evitar sentir nada sino más que fascinación—. Tú eres la hija de Jocelyn Morgenstern.
Clary parpadeó.
—¿Y quién es usted? —se escuchó decir, su tono molesto—. ¿Y qué hace aquí?
—Soy Jace —se presentó el chico, con una burlona reverencia—. El mejor Pirata y Cazador de Sombras del mundo. Pero tú puedes llamarme simplemente 'cosa sexy'. En cuanto a tu segunda pregunta, la respuesta es que he venido a iluminar tu día.
Clary no respondió. Por un momento, sólo se quedó observando —por primera vez— sus intensos ojos dorados.
Y supo que le había mentido a Simon.
Porque sí había visto a Jace Herondale antes.
Fue uno de esos días en que Luke había llegado y con él había llegado otro barco desconocido con una bandera en la que brillaba el escudo de los Wayland.
Clary recordaba aquél día como si fuera ayer. La lluvia caía sin cesar, el mar rugía. Recordaba haber gritado cuando su paraguas había salido volando y entonces lo había visto caminando bajo la lluvia, de la mano de una mujer de cabello negro como la noche y unos fríos ojos azules.
—Maryse —había susurrado su madre, con una mirada sombría. De esa manera cuando recordaba su pasado—. Vámonos, Clary.
Jocelyn la había tomado de la mano y la había jalado fuera de ahí, pero Clary se había quedado hechizada, observando como el pequeño niño de rizos dorados caminaba, firme como un soldado. Y entonces, como si advirtiera su mirada, el niño se había girado.
Por un momento, ambos se miraron, como dos niños curiosos. Entonces él había sonreído, de una manera traviesa y alocada.
Esa fue la primera y la última vez que lo vio. Su madre evitaba cualquier acto público y más si cualquier ex-miembro del círculo tenía razones para estar ahí. Y después de eso, sucedió el ataque de Valentine y entonces ese chico, su supuesto hijo adoptivo, había desaparecido.
Pero Clary nunca olvidó esa sonrisa que pareció iluminar aquél día gris. Ni siquiera cuando..
Clary parpadeó cuando alguien pasó una mano por sus ojos.
—¿Hola? —dijo Jace, por enfrente de ella—. ¿Hay alguien ahí dentro?
Clary arrugó la cara.
—Ah, ya veo, te he dejado sin habla —siguió el chico—. Suele pasarme con las chicas, no te sientas avergonzada.
—¡Aléjate de mí! —chilló Clary, retrocediendo y olvidando completamente su intento de no tutearlo—. ¡Y sal de mi habitación!
Jace rodó los ojos.
—Y volvemos a lo de siempre…
Clary topó con la pared y entonces, actuando por impulso, tomó el jarrón de rosas que estaba en la mesita de noche y se la arrojó al chico.
—¡Fuera! —gritó. Jace desapareció de repente y el jarrón se estrelló en la ventana vacía. El chico volvió a aparecer, esta vez más cerca de ella, mirándola con fingido dolor.
—Eso —dijo—. Fue extraño. Las chicas acostumbran a arrojarme rosas, sabes, pero sin el jarrón.
Clary tomó un portarretrato y se lo arrojó. Esta vez Jace lo atrapó en el aire y —totalmente despreocupado— observó la foto.
—Eras muy bonita de pequeña —dijo y luego, sonriendo como un león, alzó la vista—. ¿Qué te paso?
Clary estrechó sus ojos verdes. ¿Qué quería decir con…?
—¡Maldito! —Clary buscó algo que arrojarle, pero ya no había nada. Impotente, lo señaló con un dedo tembloroso—. Sal de aquí o yo… o yo…
Jace alzó las cejas.
—¿Si?
—O yo…
—¿Tienes problemas de tartamudeo?
Clary chilló, furiosa y se le lanzó encima. Jace, soltando una risa sarcástica, la esquivó y luego le lanzó una mirada calculadora.
—¿Quieres tranquilizarte? —dijo, indiferente—. No tengo ningún interés en ti mientras no te interpongas en mi camino.
Los ojos de Clary chispeaban, como si quisiera carbonizarlo. Jace parecía muy divertido.
—No sé qué haces aquí —dijo la chica entre dientes—, o que quieres. Y la verdad, no me importa. Pero te advierto que no dejaré que le hagas daño a mi ma..
Jace la interrumpió con un gesto aburrido de la mano.
—Nadie tiene interés en tu madre la sobreprotectora, solo para aclarar.
Clary parpadeó.
—¿Cómo sabes que mi…?
—¿..que tu madre es una loca psicópata con complejo de secuestradora?
Clary alzó la cara.
—Mi madre no es…
—Oh, sí que lo es —la cortó Jace—. Ahora hazte a un lado, pequeña niña, y déjame seguir con mis cosas.
—No me llamo pequeña niña —siseó Clary.
—¿Ah, no? ¿Entonces que eres? ¿Una duenda pelirroja?
Las mejillas de Clary se encendieron.
—Eres un….
Jace la hizo a un lado, sin hacerle caso.
—Oh, sigue hablando —dijo mientras caminaba hacia la puerta—. No dejes que mi ignoración te moleste.
A esas alturas, Clary quería colgarlo del árbol de mango.
—¡No dejaré que vayas a ningún lado! —chilló y se le fue encima, sin saber exactamente que se supone que le haría.
De todas formas, no importó, porque Jace se giró en un abrir y cerrar de ojos y tomó sus pequeñas mano entre las suyas.
—Suéltame —jadeó Clary—. ¡Me estás lastimando!
Jace aflojó su agarre, pero no la soltó.
—Eres molesta —dijo, irritado—. Bastante. Creo que sería un bonito castigo llevarte conmigo.
Clary sintió como si la hubiera pateado. Él no podía hablar en serio…
—Tendrías que arrastrarme por todo el camino —le espetó—. Y te lo haría muy difícil, créeme.
Los ojos de Jace destellaron y Clary se maldijo por abrir la boca. Jace era la clase de personas que no debías retar a nada.
Él la miró de forma elocuente. De arriba abajo, sin pena alguna.
—Pequeña, pelirroja y pecosa. No mucha cosa la verdad…
Clary comenzó a sentirse aliviada de que el no tuviera interés en ella y entonces él se agacho y la cargó sobre su hombro.
—…Pero seguro a uno de mis hombres les gustarás.
Clary abrió la boca, escandalizada.
—¿Qué? ¡Suéltame! ¡SUÉLTAME!
—Ah, el típico 'suéltame, suéltame' —dijo Jace, imitándola con voz chillona—. No sé porque haces eso, de todas formas, no es como si yo te fuera a bajar y decirte 'oh, mil perdones, te confundí con un saco de frijoles.'
—¡SUÉLTAME!
Jace comenzó a caminar.
—¿Puedes callarte? Para ser tan chiquita eres extremadamente molesta. Pensándolo bien, será todo un placer ver cómo te doman.
Clary estaba horrorizada. Estaba a punto de gritar de nuevo cuando la puerta se abrió de golpe, justo cuando Jace estaba a punto de patearla, y su madre apareció al otro lado.
—¿Qué —dijo Jocelyn lenta y peligrosamente— está pasando aquí?
Simon se paró justo al frente de la cocina. Al otro lado se escuchaba sonidos de golpes, cosas rompiéndose y… una chica riendo. Confundido, alzó la mano y abrió la puerta.
En cuanto lo hizo, un cuchillo voló hacia su cabeza. Si no fuera por los reflejos de vampiro, probablemente Simon hubiera terminado crucificado.
—Oh, buen movimiento, guapo —sonrió una hermosa chica por delante de él. Era alta y esbelta, de curvas peligrosas y piel blanca que acentuaba el negro de su cabello y ojos, al igual que el rojo sangre de sus labios. Llevaba botas hasta la rodilla y un ajustado corsé que resaltaba su diminuta cintura y otros encantos naturales.
Simon sintió la boca seca.
—Una chica —dijo, torpemente—. Pirata.
Eso era jodidamente sexy.
—Mi nombre es Isabelle —sonrió ella con falsa dulzura—. Y te daré algo para que nunca me olvides.
—¿Ah, sí? —dijo Simon.
—Por supuesto —ronroneó ella, y entonces le arrojó una cazuela a la cabeza.
—¿Qué está pasando aquí? —repitió Jace, inocente—. No lo sé, ¿usted lo sabe? Porque yo no.
—¿Qué haces tú aquí? —rugió Jocelyn—. ¡Fuera de mi casa!
—Ya veo de dónde sacó su hija lo fiera —sonrió Jace—. Pero no se preocupe, me iré. Con su hija, por cierto.
—¡No! —chilló Clary, retorciéndose en sus brazos. Pero no importaba que tanta fuerza hiciera, Jace la superaba por mucho—. ¡Suéltame, maldita sea!
El rostro de Jocelyn se tensó.
—Suelta a mi hija —dijo amenazadoramente—. Ahora.
—Sabes a lo que venido —replicó Jace, como si no la hubiera escuchado—. Vengo por los mapas.
—No sé de qué hablas.
—Ah, otra buena razón para llevarme a su hija.
Jocelyn miró a Clary, quién seguía tratando de liberarse de los brazos del chico. Luego volvió a mirar a Jace, quién sonreía encantadoramente.
—Los mapas —insistió el chico—. Y puede que le devuelva a su hija.
Jocelyn abrió la boca, lista para replicar, y entonces otra voz la interrumpió.
—¡Jace! —dijo Alec, por detrás de él. El chico se acercaba desde la ventana, con el cabello lleno de ramas y la cara sucia—. ¿Qué es esto?
—Una reunión familiar —respondió Jace—. ¿Qué no vez lo felices que estamos todos? Incluso la señora Fairchild me ha ofrecido quedarme a comer pastelillos mientras vemos la tarde caer.
—Haz llegado muy lejos, hijo de Valentine —siseó Jocelyn, ignorando los comentarios de ambos chicos—. ¿Cómo.. como has podido atacar a Port Idris? De Jonathan lo hubiera esperado, pero tú…
Algo se endureció detrás de los ojos de Jace. Sin embargo, fue Alec quién contestó:
—Usted —escupió—, no sabe nada. Debería cerrar su horrible boca de vez en cuando.
—Los mapas —dijo Jace, con dureza—. Si quiere a su hija sana y salva, dígame ahora antes de que considere necesario tirarla por el balcón para obligarla.
Jocelyn apretó la mandíbula.
—Los tiene Magnus. Aunque supongo que ya lo saben, por eso es que están aquí ¿no?
—Muy inteligente —dijo Alec con desprecio.
—Está en el sótano —dijo la madre de Clary—. Todo derecho hasta llegar la cocina, de ahí doblan a la derecha y encontraran unas escaleras, bajen por ahí y enseguida llegarán. Ahora vayan por él y dejen a mi hija en paz.
Jace rió.
—No tan rápido, m' lady —el chico miró a Alec, quién también lo miraba—. Ve a buscar a ese brujo. Si él tiene los mapas, tómalos y vuelve aquí. Mientras tanto, nuestra pequeña Clary, su madre y yo estaremos conversando alegremente.
Alec pareció dudar.
—¡Ve, Alec! —Insistió Jace—. Y busca a Isabelle en el camino.
Eso pareció convencer al otro chico, que, a largas zancadas, se alejó por el pasillo. Jace se giró de nuevo hacia Jocelyn, que lo miraba, furiosa.
—¿En qué estábamos? —dijo, ufano—. ¿Ya le conté lo bueno que están sus mangos?
El camino hacia el sótano estaba oscuro y húmedo. Alec estuvo a punto de resbalar varias veces mientras descendía corriendo las escurridizas y diminutas escaleras. Cuando por fin llegó al fondo, apenas podía ver nada.
Solo había una antorcha situada al lado de la vieja y desvencijada puerta de madera podrida, la cual proyectaba una luz azulada por todo el lugar y hacia que su sombra se alargara hasta parecer la de un monstruo.
Alec, nervioso, se acercó hasta la puerta. Alargó la mano, dispuesto a abrirla y entonces sintió como algo esponjoso rosaba su pantalón y casi soltó un grito.
Miró hacia abajo, sobresaltado, y se encontró con dos grandes ojos amarillos. El gato volvió a ronronear y volvió a acariciarlo. Alec no sabía si quería ahorcarlo y quería reír.
Súbitamente, sintió una presencia detrás de él.
—¿Me buscabas —dijo una voz en su oído, el cálido aliento rozándole el cuello— nefilim?
*I'm a sucker.
Jaja, ¡Buenas! Me he pasado por aquí para subir el primer capítulo gracias a Raven Beth Herondale Salvatore, Annie Ligthwood, Haiskell xD, yocel, Guest, Sara Wells y Abby Herondale Kanoe por sus maravillosos reviews. Planeaba subirlo la próxima semana, pero sus reviews me hicieron inmesamente feliz y decidi subirlo antes. Eso sí, para los que ya me han leído, saben que actualizo seguido, así que mínimo, siempre habrá un cap por semana. Cuando la escuela no esté tan pesada, subiré dos o tres, tal vez.
Haiskell xD : Hola! todo un placer encontrarte por aquí de nuevo, jaja, muchas gracias :) Espero que este cap (que apenas entra en la historia) también te haya gustado. Las cosas apenas se están cociendo en estos primeros capítulos y ya sabes, prepararse para los siguentes xD De algún modo, la trama es más complicada que Fade in Dark y (en mi caso) me gusta más. Lo del Siglo XVI fue porque -según mis estudios jaja- fue una época donde hubo muchos piratas y además esta la cosa de los vestidos y así que a todo el mundo nos encantan. Y bueno, ¿A QUIEN NO LE GUSTA PIRATAS DEL CARIBE? Joder, es épico. Y bueno, ya sabes que Sebastian es mi personaje favorito junto con Jace. Ellos definitivamente tendrán mucho protagonismo en la historia.
Por cierto, creo que te confundiste en una parte, Luke no es padre de los dos chicos D: me refería a Valentine. Es decir, Sebastian recuerda como Lucian (Luke) destrozó el barco de su padre (Valentine). Espero que quede claro y perdón si no me supe expresar bien u.u, saludos :)
Guest : Me alegra mucho que te haya gustado y espero que este cap igual, gracias por el review, me hacen feliz :D
*Los que tienen cuenta, les contesté por ahí :)
Ave atque vale y nos leemos pronto!
