No estoy muy contenta con el resultado de este capítulo. No es lo mejor que he escrito. Aún así, gracias a ustedes por leerme.
Los personajes no me pertenecen, la historia sí.
¡Disfruten!
La mañana siguiente despertó con un dolor de cabeza enorme. Isabella suspiró con algo de cansancio mientras se miraba frente al espejo con ropa interior. Sus muslos estaban con algunos moretones, y sus piernas, delgadas. Ella en sí estaba delgada. Su cuerpo no se veía para nada bien.
Dio un suspiro agotado y triste, mientras miraba su cuerpo fijamente. La enfermedad día a día iba deteriorándola más.
Y Edward... Edward ni siquiera se había preocupado...
Había recibido el resultado de sus exámenes en su mismo escritorio hace ya unos tres meses, y aún así, el muy imbécil no había dicho absolutamente nada.
Pero Isabella tampoco había pronunciado palabra alguna. Sabía... ella, aunque le doliera, sabía que algo andaba mal. Qué era, no sabía. Pero sí había notado muy extraño a su marido hace tiempo.
De ser insaciable, pasó a dejarla en abstinencia. De dulces besos, pasaron a solo picos por día. Ya... algo andaba mal...
Isabella se miró al espejo una vez más, alzando una ceja con algo de escepticismo. ¿Edward, tal vez, tenía problemas financieros?
¿Había malgastado dinero? ¿Estaba en drogas...? ¿Qué era?
Se sentó suavemente en la cama, para luego acostarse sobre ella, agradeciendo la suavidad de la tela de sus sábanas.
El sonido de su celular la desconcentró. Lo halló cerca de su mesita de luz, y lo tomó.
—¿Hola?—preguntó, la voz sonándole un poco ronca por el cansancio físico.
—¿Isabella? Soy Alice. ¿Cómo estás?—la voz preocupada de su prima sonó algo lejana para su mente agotada, e Isabella se deslizó por completo en la cama, mirando el techo.
—Estoy muy cansada. Los medicamentos me dejan media idiota. Alice... esto es difícil—sollozó un poco, colocando una mano sobre su rostro.
—Voy para tu casa—Alice le colgó, e Isabella se enjuagó las lágrimas, agradeciendo a su prima por estar tan pendiente de ella.
No pasaron ni quince minutos cuando Alice ya estaba dentro de su cuarto y abrazándola con fuerzas mientras ella misma lloraba.
—Voy a morir, Alice...—dijo con impotencia, mirándose las manos pálidas y delgadas. —Voy a morir—repitió, sollozando con fuerzas mientras sus manos y sus hombros temblaban por la desesperación interna.
—Oh, Bella querida...—susurró Alice, acariciándole los cabellos y colocando sus manos por detrás de su espalda. —Eres como una hermana para mí... no llores—le dijo algo impotente también por no poder decir nada de consuelo.
Isabella se secó las lágrimas y la miró.
—Edward no lo sabe—dijo de repente, apretando las manos.
—¿Por qué no se lo has dicho?—preguntó Alice, mirándola con ojos interrogantes.
—Le envié el resultado de mi exámen. Pero él... pero él no me dijo nada. Ya no le importa, Alice. Soy una... una paciente terminal. Voy a morir, y a Edward no le importa—gimió con dolor, los sollozos nuevamente apoderándose de ela.
—Shhh... está bien... sí le importas... tal vez sólo no le llegó—dijo tentativamente Alice, mirándola confusa.
Isabella se puso a reír con ironía. —¡No le importo! Me está engañando... puedo saberlo en su forma de mirarme—dijo Isabella, llevando sus manos a su cabeza y jalándose levemente los cabellos. Estaba desesperada.
—Oh... Bella... quisiera... quisiera ayudarte...—susurró su amiga, de forma casi inaudible.
—No puedes, Alice. Ni tú, ni nadie—en una sentencia muda, Isabella se cruzó de brazos y se tiró a la cama, para taparse con las mantas.
—Tal vez Jessica, que convive con él... pueda... no lo sé—titubeó la muchacha de cabello corto, mordiéndose los labios con indecisión.
Isabella frunció el ceño, mientras apretaba los puños. Jessica era la secretaria de Edward, y a su vez, su abogada. A ella no le hacía ninguna gracia eso, pues si Jessica era abogada no tenía necesidad de ser la secretaria personal de Edward.
Isabella misma tenía un título en profesora profesional de Química, Física, y Matemáticas e incluso había hecho un curso de Literatura Clásica y Psicoanálisis. No ejercía ya, debido a su enfermedad, pero si pudiera ejercer lo haría... Claro que no lo necesitaba puesto que su trabajo arduo le había asegurado una buena suma de dinero, y la empresa familiar de su esposo también suministraba buenas cantidades de dinero.
Aún así... aún así, si Jessica tenía una profesión buena y una base respetable, como ser la notaría de sus abuelos... ¿Por qué trabajaba en la empresa de Edward?
Isabella no era ninguna tonta a la que le pondrían los cuernos así nomas porque sí.
—Si, tal vez Jessica conviva lo suficiente con mi marido como para que yo pueda saber más o menos qué le sucede—susurró Isabella, sonriendo con algo de maldad. Si Jessica tenía algo que ver con Edward, o sabía algo, Bella lo averiguaría. No hizo su curso de Psicoanálisis por nada.
Al día siguiente, Isabella despertó con el aroma del café inundando toda la casa, y ronroneando por el placer de poder sentir ese dulce néctar en su paladar, Isabella se levantó de su mullida cama y se encaminó hacia la cocina, en donde Edward tomaba su café y se mensajeaba con alguien por su celular. Isabella sonrió sin poder evitarlo al verlo.
Se preparó su café y se sentó frente a él. Notó que Edward se puso un traje esta vez, e incluso percibió el aroma de su perfume favorito.
Después de tantos años de casados, Bella podía diferenciar cada detalle en su marido.
—Buenos días, cariño—susurró su esposo, tomándole de la mano. Isabella hizo una mueca. Ni un beso, ni un nada.
Estúpido Edward.
—Buenos días—un susurro apenas audible salió en respuesta, cosa que hizo que Edward la mirara. Isabella le mantuvo la mirada.
Esos ojos verdes hermosos suyos no harían que Isabella cayera otra vez. Claro que no, señor.
—¿Hoy debes trabajar, cariño?—preguntó de repente Bella, parándose y acariciando el cabello color oro/café de su esposo, mientras baja su boca hasta su cuello y comienza a dar besitos suaves desde su oreja hasta su hombro, sintiendo bajo su boca el estremecimiento de Edward.
Isabella posa una mano sobre el pecho de su esposo, metiéndola por debajo de su camisa y acariciándole los pectorales mientras se apodera con su boca del lóbulo de su oreja, mordiéndolo y lamiéndolo.
—Isabella...—escucha suspirar a Edward, y ella sonríe internamente, algo complacida por ver que aún podía tener bajo la palma de su mano a su marido. Porque ese hombre era suyo.
Bella se alejó de Edward y se volvió a sentar en frente de él, para seguir con su desayuno.
—Ten suerte en el trabajo—le guiñó un ojo, atrevida, y se paró para ir en busca de sus llaves y cambiarse rápido de ropa. Antes de entrar a su cuarto, Isabella volteó y le tiró un beso a Edward. —Yo saldré hoy, cariño, así que si no estoy cuando regreses no te preocupes—le dio una sonrisa de lado y al voltearse, se puso a reír sola, algo consciente de la mirada de su esposo detrás de ella.
Se puso una falda ajustada y fina, y luego una camisa escotada y ajustada, quería verse sexy. Es decir, Edward debía aprender a no burlarse de ella a sus espaldas.
Isabella, aunque quisiera hacerse a la idea de que estaba juzgando mal a su esposo, sabía que él no estaba así por nada. Edward tenía una amante. ¡Podía apostar todo su dinero a ello! Estaba segura.
Edward andaba en cosas raras. No por nada lo conocía desde la secundaria. Era estúpido si creía que podía engañarla, a ella que pasó muchísimos años a su lado y conoce todas sus mañas.
Suspiró un poco deprimida ante la idea de su esposo estando con otra mujer, y no puede evitar correr directamente a su coche, trabar todas las puertas y golpear con fuerzas el volante.
Sabía que tal vez se estaba imaginando todo, y en realidad Edward no estaba con ninguna mujer. Tal vez y hasta las pruebas de los exámenes médicos no le llegaron, y por eso no había dicho nada acerca de su enfermedad. Aún así...
Isabella no quería pensar mucho en ello, porque... realmente amaba a su marido y no quería que se divorciaran. Aún así, Bella sabía que lo mejor para su esposo sería irse de su lado pronto. Después de todo, Isabella iba a morir.
Tarde o temprano, moriría...
Lo mejor era que Edward encontrara a otra mujer y se olvidara de ella, pronto. Tal vez por eso no había dicho nada. Porque sabía que lo mejor era alejarse de ella.
Esa idea sonaba más razonable que todas las otras, e Isabella, enjuagándose las lágrimas, aceptó la realidad.
Poseía una enfermedad terminal. Morir, muerte, iba a caer. Isabella Swan dejaría de existir en cualquier momento...
El pecho comenzó a dolerle, y entonces su vista se nubló cuando los sollozos comenzaron de nuevo y las lágrimas se abrieron paso por sus ojos cafés mientras que sus manos, hechas un puño, golpearon el asiento del conductor del coche algo fuerte.
—¡Estúpida enfermedad!—gritó Isabella, llorando mientras su mente evocaba miles de hermosos recuerdos.
Edward pidiéndole la primera cita, cuando se casaron, su primera vez... aunque también, otros recuerdos oscuros vinieron a su mente.
La muerte de su hija cuando tenía apenas un año de vida. Renesmeé había sido un rayo de luz en sus vidas, aunque pronto le había dado un paro cardiorespiratorio que acabó con su vida, justo cuando su hija dormía en sus brazos.
Isabella dejó que las lágrimas y el dolor se apoderaran de ella, y los sollozos no se hicieron sino más fuertes cuando Isabella sacó de su cartera una foto de ella, Edward y su hija Renesmeé.
Y ahora, la que moriría sería ella...
Al menos se encontraría con su hija... o esa era su esperanza.
Al llegar al hospital para hacerse los chequeos semanales, Isabella se encontró con el mismo médico de siempre, el cual le hizo las mismas preguntas de todas las semanas.
—¿Se ha medido la presión como se lo ordené? —la voz del médico sonaba como si la regañara. Isabella rodó internamente los ojos.
—Sí, doctor. —Su tono sonó monótono.
—¿Ha tomado todos los medicamentos que le mandé? —el médico se paseó por el consultorio con una libreta en mano, anotando cada cosa que ella le decía. Ante su consentimiento, el doctor paró de repente y miró con el ceño fruncido uno de sus exámenes de sangre.
Isabella lo miró fjamente.
—La enfermedad está avanzando más rápido de lo que creíamos, señora Cullen—el doctor se sentó frente a ella y comenzó a garabatear algunas cosas en un papel. —El sistema nervioso se encuentra algo alterado y ya algunas neuronas de su cuerpo han sido exterminadas. El área de su brazo izquierdo está más afectado por lo que probablemente será una de las primeras zonas en quedarse sin movimiento. No se puede saber con exactitud en cuánto tiempo pasará, pero no es demasiado lejano. Le recomiendo algo de ejercicio, pero con supervisión—el médico entonces terminó de escribir, alzando la vista y mirándola a los ojos. Isabella asintió fríamente.
—¿Algo más, doctor?—las palabras se le hacían algo difíciles de pronunciar debido a lo afectada que se encontraba. Tragó saliva y se miró las manos, que reposaban tranquilamente sobre su regazo.
El médico suspiró.
—El corazón también está afectado ligeramente. Como sabrá, es usted más propensa a cualquier paro cardiorespiratorio. Debería mantenerse en calma, tranquila y dejar el estrés a un lado, porque podría cobrarle malas facturas dentro de unos meses. Eso es todo. —Acto seguido, el médico le dio las recetas y demás cosas que debía seguir, y, despidiéndose de él, Isabella salió del consultorio, casi llevándose por delante a su padre, quien estaba detrás de la puerta del consultorio y la miraba con ojos demandantes.
Isabella tragó saliva.
—¿Qué fue eso, Bella?—fue lo primero que salió de los labios de su padre, quien la miraba a los ojos con intensidad.
Isabella suspiró.
¿Cómo le decía a su padre que iba a morir?
Hey, papá, voy a morir. Si, chao, nos vemos.
—Vamos a un lugar más cómodo—aconsejó Isabella, suspirando con algo de nerviosismo.
—Pasaba para hacerme el chequeo de rutina. Lo escuché todo, Bella. ¿Qué pasa?—preguntó su padre, caminando a su lado mientras se dirigían a un restaurante cercano y conseguían mesas para sentarse.
—Yo...—Bella tragó saliva, impotente. —Tengo ELA. Voy a morir.
Voy a morir.
Voy a morir.
La verdad le cayó como balde de agua fría.
Este fic no tiene todas las descripciones que me gustarían ponerle. Pero como estoy algo... bueno, pues, como estoy algo mal emocional y físicamente, es todo lo que haré. Me gusta escribir, y hago esto por gusto.
Si hay algún error, no duden en avisarme y lo corregiré inmediatamente.
Muchas gracias por leer.
¬_¬ motívenme con reviews, que si yo puedo escribir el fic, ustedes pueden escribir un comentario -.-
¡Suerte a todas!
