Hola de nuevo!
Aki esta el segundo capítulo, los primeros los subire de manera regular, tal ves uno cada día hasta el capítulo 6 mas o menos, son los que tengo medio listos solo esperando revisión, después de ahí tratare de seguir constante y actualizar como mínimo dos veces por semana ^^
Uuuuu... en mi primer caítulo tengo 3 follows jaja... enserio me emociona, jamás habia subido nada a FF y me alegra que alguien se tome el tiempo de leer... Mirylion, muchas gracias por las palabras de aliento y las observaciones nena fue muy importante para mi :)
En la parte de abajo algunos datos históricos para que puedan ubicarse mejor en tiempo y espacio... enjoy it!
CAPITULO 2
"Caminando entre las Sombras"
El cabello rojizo y desaliñado lucían como un conjunto de llamas hermosas gracias a los rayos de sol que llegaban a él, le daban un aura mágica y misterios, cabello de oro y fuego que caía casi hasta los hombros que casi llenaban la anchura de la puerta, de sus estrechas caderas colgaban unos pantalones de ante gis que marcaban los músculos de sus visiblemente fuertes piernas, su mandíbula estaba ensombrecida por una barba entre rubia y roja de hacia varios días que le daba aire de pirata, si hubiera tenido un machete entre los dientes, Bella habría huido de ahí temiendo por su virtud.
Llevaba calcetines pero sin botas, alrededor de su cuello un pañuelo de la tela mas fina que ella hubiera visto antes a pesar de estar flojo y arrugado, como si alguien hubiera intentado anudarlo varias veces y al no poder se hubiera dado por vencido, su camisa de lino estaba a medio abotonar, revelando un trozo de pecho bien musculado, de piel nívea y firme con un apenas visible vello dorado. Allí plantado en el umbral de la puerta, inclino la cabeza en un ángulo extraño, como si estuviera escuchando algo que solo él podía oír aleteando su nariz de aristócrata.
Bella sintió un hormigueo en la nuca, no podía librarse de la sensación de que lo que estaba buscando era su olor, cuando casi se había convencido de que era ridículo, empezó a caminar hacia adelante con la gracia de un depredador natural, directo hacia ella.
Un banco abarrotado de cosas se interpuso en su camino, y aunque ella intento lanzar un grito de advertencia, él se tropezó con el banco y cayó al suelo. Mucho peor que la caída, fue ver como aquel hombre enorme e intimidante se quedaba ahí tumbado, como si no tuviera ningún sentido levantarse…. Nunca.
Bella se quedo paralizada mientras que el señor Hightower corría a su lado.
-¡Señor!, pensamos que estaba tomando una siesta.
-Siento haberlo decepcionado- dijo el conde Cullen con la voz amortiguada por la alfombra-. A alguien se le olvido arroparme.
Mientras se libraba de su sirviente y se levantaba dando tumbos, el sol que entraba por la ventana abierta le dio de lleno en la cara, Bella se quedo boquiabierta.
Una cicatriz reciente, aun enrojecida dividía en dos su hermoso rostro, desde la esquina de su ojo izquierdo, bajaba por su mejilla como un rayo tensando la piel a su alrededor, había sido la cara de un ángel, con esa belleza masculina reservada solo a los príncipes y a los serafines, Bella no se había percatado de semejante rastro cuando lo vio entrar por la puerta, aquel rostro hermoso ahora y para siempre estaba marcado con el sello del diablo. Bella pensó que quizá no fuese el diablo, sino Dios que tenia celos de que un simple humano pudiera ser tan perfecto y hermoso. Sabía que debería parecerle repulsivo, pero no podía apartar la vista, su belleza truncada y melancólica era más irresistible que su perfección.
Llevaba su desfiguración como una mascara, escondiendo detrás de ella cualquier signo de vulnerabilidad, pero no podía hacer nada para ocultar el persistente desconcierto de los ojos verdes con los que atravesaba a Bella.
Aleteo de nuevo las ventanillas de su nariz.
-Aquí hay una mujer- anuncio totalmente convencido.
-Si señor- dijo animadamente el mayordomo-. El señor Hightower y yo estábamos tomando él te en un pequeño descanso.- interrumpió la señora Hotch.
El ama de llaves volvió a tirar a Bella del brazo, suplicándole en silencio que escapara, pero la mirada ciega de Edward Cullen la había dejado atornillada al suelo, el empezó a moverse hacia ella, ahora mas despacio pero con la misma determinación que antes; en ese momento Bella se dio cuenta que era una tontería interpretar su prudencia como un signo de debilidad, su desesperación le hacia aun mas peligroso, sobre todo con ella.
Continuó avanzando con tanta resolución que incluso la señora Hotch se refugio en las sombras dejando a Bella sola frente a él. Aunque su primer impulso fue irse de allí, se obligo a quedarse con la cabeza alta, el temor inicial de que podría abalanzarse sobre ella estaba infundado.
Con una misteriosa percepción se paro a tan solo un metro de ella olfateando el aire con cautela, Bella no podía imaginar que la fresca fragancia de fresas que se había puesto detrás de las orejas pudiera atraer tanto a un hombre, pero la expresión de su cara mientras el llenaba los pulmones con su perfume, hizo que se sintiera como en un harén lleno de mujeres que solo esperan el placer del sultán, su piel se estremeció como si estuviera tocándola por todas partes sin siquiera haber levantado un dedo. Cuando empezó a rodearla ella giró con el, siguiendo un instinto primitivo que le decía que no lo perdiera de vista, esa sensación de no confiar en que estuviera detrás de ella no la dejaba; por fin se detuvo, tan cerca que pudo sentir el calor animal que irradiaba de su piel, tan cerca que casi podía contar las pestañas de punta dorada que bordeaban esos ojos extraordinarios.
-¿Quién es ella?- pregunto mirando justo por encima de su hombro izquierdo con un dejo de arrogancia.- ¿Qué es lo que quiere?
Antes de que alguno de los sirvientes pudiera articular una respuesta Bella se adelanto y dijo con firmeza: -Ella, señor, soy yo; Isabella Swan, y eh venido a solicitar el puesto de enfermera.
El conde desvió su mirada vacía hacia el piso frunciendo los labios como si le pareciera divertido que su presa fuera tan pequeña, tal como si al escuchar su voz, pudiera divisar con exactitud las dimensiones del pequeño cuerpo del que había salido aquel comentario.
-Quiere decir una niñera… ¿Alguien que pueda cantarme antes de dormir, que me de comer en la boca y me limpie….- vacilo el tiempo suficiente para que los criados se encogieran de miedo-… la barbilla si se me cae la baba? – continuó.
-No tengo voz para cantar nanas, y estoy segura de que es perfectamente capaz de limpiarse solo la barbilla- respondió Bella tranquilamente-. Mi trabajo consistirá en ayudarle a adaptarse a sus nuevas circunstancias.
Él se acercó aun más.
-¿Y si no quiero adaptarme? ¿Y si quiero que me dejen solo para que pueda pudrirme en paz?
La señora Hotch se quedo boquiabierta, pero Bella se negó a escandalizarse –No tiene que ruborizarse por mi señora Hotch, puedo asegurarle que estoy acostumbrada a los arrebatos infantiles, cuando trabajaba como institutriz a mis pupilos les gustaba probar los límites de mi paciencia haciendo rabietas cuando no se salían con la suya.
Al ser comparado con un niño de tres años, el conde bajo la voz hasta que se convirtió en un gruñido amenazador.
-¿Y debo suponer que les quito ese habito?
-Se trabaja sobre ello con el tiempo adecuado y paciencia, y parece que en estas circunstancias tenemos de sobra ambas cosas.
-¿Qué les hace pensar que esta será distinta de las otras?- bufo dirigiéndose a sus sirvientes.
-¿Las otras?- repitió Bella arqueando una ceja, el mayordomo y el ama de llaves intercambiaron una mirada de culpabilidad.
-Supongo que no le han hablado de sus predecesoras- dijo en tono sarcástico, para lo cual el conde tenía un talento natural-. Veamos… la primera fue la vieja Allen Carr, estaba casi tan sorda como yo ciego, hacíamos una buena pareja, me pasaba la mayor parte del tiempo buscando a tientas su trompetilla para poder hablarle a través de ella, si no me falla la memoria creo que duro menos de quince días- se paso la blanca y hermosa mano por el cabello despeinado-.
Empezó a pasearse de un lado a otro frente a Bella dando exactamente cuatro pasos hacia adelante y cuatro hacia atrás con sus largas zancadas, resultaba fácil imaginarle paseando por la cubierta de un barco con ese dominio, su pelo dorado rojizo al viento, y su mirada penetrante fija en el horizonte.
-Luego vino esa muchacha de Greenwich, era tan tímida que apenas la oía entre susurros, ni siquiera se molestó en cobrar su sueldo o en recoger sus cosas cuando se marcho, se fue gritando en mita de la noche como si la persiguiera un loco.
-Me lo imagino- murmuro Bella; tras una breve pausa el continuo paseándose.
-Y la semana pasada perdimos a nuestra querida viuda Claremont, parecía más fuerte y más inteligente que las otras, antes de salir de aquí muy enfadada le recomendó a Thomas que contratara un cuidador de animales, según ella es evidente que su amo debe estar en una jaula.
Bella se alegró de que no pudiera ver que estaba mordiéndose los labios.
-Ahí tiene señorita Swan, soy lo que sin temor al error podríamos diagnosticar como un caso perdido, así que puede volver a la escuela o a la guardería de donde vino, no hace falta que pierda mas su precioso tiempo… y que no me haga perder el mio.
-¡Señor!- protesto el mayordomo.- No es necesario que sea rudo con la joven dama.
-¿Joven dama? ¡Ja!- y agito los brazos-. Puedo decir por su particular tono de voz que es una criatura avinagrada sin una pizca de dulzura femenina, si lo que quieren es buscarme una mujer, en Whitechapel(1) hay muchas y mejores. ¡No necesito una enfermera! Lo que necesito es un buen…
-¡Señor!- grito la señora Hotch en un acento reprobatorio y notablemente escandalizado.
Puede que su amo fuese ciego, pero no estaba sordo y mucho menos era idiota, la suplica escandalizada de Sivil le hizo callarse al instante y con el fantasma de la encantadora educación y fineza londinense que debía haber sido su segunda naturaleza, giro sobre un talón e hizo una reverencia.
-Le ruego que perdone mi arrebato infantil señorita, le deseo un buen día y una buena vida- lo oyó decir en el tono mas educado y dulce del que hasta ese momento había sido testigo.
Reorientándose hacia las puertas del salón, avanzo hacia adelante con paso firme negándose a andar más despacio o a ir tanteando su camino, podría haber alcanzado el umbral de las puertas si no se hubiera golpeado la rodilla con la esquina de una mesa de caoba con tanta fuerza que Bella hizo un gesto de dolor, lanzando una maldición mas, dio a la mesa una violenta patada y la estrelló contra la pared, le costó tres intentos mas encontrar los pomos de marfil que adornaban de manera exquisita las hermosas puertas doradas, pero por fin consiguió abrirse paso a través de ellas y cerrarlas detrás de él con un golpe impresionante.
Mientras el imperioso conde Cullen se retiraba a las profundidades de la casa, los ruidos y las maldiciones esporádicas se iban desvaneciendo poco a poco, tras cerrar suavemente la ventana, la señora Hotch guardo un poco la calma, dio un suspiro profundo y se sirvió un poco de te, luego se sentó en el borde del sofá como su fuera una invitada mas entrechocando ruidosamente la taza contra el platito.
El señor Hightower saco un pañuelo del bolsillo de su chaleco y se seco el sudor de la frente antes de lanzar a Bella una mirada pacifica.
-Me temo que le debemos una disculpa señorita Swan, no hemos sido del todo sinceros con usted.
Bella se incorporo sacudiendo apenas visiblemente la cabeza – ¿que había sido todo aquello? Dijo para si misma – se sentó de nuevo y acomodó sus manos entrelazándolas sobre su regazo sorprendiéndose al instante al descubrir que ella también estaba temblando, un poco mas cómoda por la seguridad que le daban las sombras que de nuevo reinaban en la habitación dijo con firmeza:
-Bueno, el conde no es el pobre inválido que describen en su anuncio si me permite decirlo.
-No ha sido el mismo desde que volvió de esa maldita batalla, si le hubiera conocido antes… - la señora Hotch trago saliva y sus hermosos ojos grises se llenaron de lágrimas, el mayordomo le ofreció su pañuelo.
-Sivil tiene razón, él era todo un caballero, un autentico príncipe, a veces pienso que el golpe que le dejo ciego también le afecto la mente.
-Le afecto los modales, eso es seguro- dijo Bella secamente-. Su ingenio no parece haber sufrido daño alguno.
El ama de llaves se paso el pañuelo por su fina nariz.
-Era un chico brillante, siempre tan apasionado y alegre, rápido con los números y las respuestas, y la música…. Él amaba la música… era raro verle sin un libro debajo del brazo, cuando era pequeño, tenia que quitarle la vela a la hora de acostarse por miedo a que metiera un libro en la cama y quemara las mantas.
Bella se estremeció al darse cuenta de otro de los muchos placeres que también le había privado su condición actual, era difícil imaginar una vida sin el consuelo que podían proporcionar los libros.
El mayordomo asintió con los ojos brillantes por los recuerdos de tiempos pasados, tiempos felices.
-Él era la alegría y el orgullo de sus padres, cuando se le ocurrió la absurda idea de alistarse a la Marina Real su madre y hermana se pusieron histéricas y le suplicaron que no fuera, y su padre incluso le amenazó con desheredarle, pero cuando llego el momento de embarcar se reunieron todos en el muelle para darle la bendición y despedirse de él.
-No es muy frecuente que un noble, y sobre todo siendo el heredero decida hacer carrera naval ¿verdad? Pensaba que el ejército atraía a los ricos y los que tenían títulos nobiliarios, mientras que la marina era el refugio de los pobres y los ambiciosos.
-No dio ninguna explicación- intervino el ama de llaves.- Solo dijo que tenía que seguir a su corazón dondequiera que éste le llevara, se negó a comprar un rango como lo hace la mayoría de la gente de su posición, incluso insistió en llegar ahí por sus propios méritos, cuando llego a la familia la noticia de que le habían ascendido a teniente a bordo del Victory(2), su madre lloro de alegría y su padre estaba tan orgulloso que estuvo a punto de reventar los botones de su chaleco.
-El Victory- dijo Bella en lo que pareció ser solo un susurro. El nombre de ese barco había sido profético, el navío mas importante de la armada inglesa, con la ayuda de otras naves derrotó a Napoleón a través del Cabo Trafalgar destruyendo el sueño del emperador de dominar los mares, pero el precio de la victoria había sido muy elevado, el almirante Nelson ganó la batalla, pero perdió la vida como muchos de los jóvenes que lucharon valerosamente a su lado.
Tal como Edward Cullen, que seguiría pagando por el resto de su vida el precio de la valerosa hazaña, Bella sintió un arrebato de ira.
-Si tiene una familia tan fiel, que lo ama y se preocupa tanto, ¿en donde están todos ahora?
-Viajando por el extranjero.
-En su residencia de Londres.
Respondieron los empleados al mismo tiempo, ambos intercambiaron una mirada de vergüenza, la señora Hotch suspiró.
-El conde paso la mayor parte de su juventud aquí en la Abadía Cullen, de todas las propiedades de su padre, siempre fue su favorita, tiene una casa en Londres por supuesto, pero teniendo en cuenta la crueldad de sus heridas, su familia pensó que seria mas fácil que se recuperara en el hogar de su infancia, el lugar que le había traído tanta felicidad, en donde había pasado sus momentos mas felices, esto le permitiría sanar alejado de la curiosidad de la sociedad.
-¿Mas fácil para quien?... ¿Para él o para ellos?- Dijo Bella en un tono de insultante incredulidad. -el mayordomo aparto la vista.
-En su defensa puedo decir que la ultima ves que vinieron a verlo el los echó de la finca, por un momento temí que ordenaría al guardia que les soltara los perros.
-Muy fácil.- Bella cerró un momento los ojos e hizo un esfuerzo por recuperar la compostura, no tenía ningún derecho de juzgar a su familia o de acusarlos de falta de lealtad-. Han pasado varios meses desde que resulto herido, ¿le ha dado el medico alguna esperanza de que pueda recuperar la vista con el tiempo? Tal ves algún tratamiento, ¿alguna operación?
El mayordomo movió la cabeza con tristeza.
-Muy pocas, solo hay uno o dos casos documentados en los que se ha logrado subsanar una perdida tan grande-. Bella inclino la cabeza. El señor Hightower se levanto con sus mejillas carnosas y con una expresión abatida, parecía un bulldog melancólico.
-Espero que nos perdone el haber malgastado su tiempo señorita Swan, sé que ha tenido que alquilar un coche para venir aquí, estaré encantado de pagar de mi bolsillo su regreso a la ciudad.
Bella se puso de pie.
-Eso no será necesario señor Hightower, de momento no planeo volver a Londres.
El mayordomo intercambio una mirada de desconcierto con la señora Hotch.
-¿Disculpe?- dijo acomodándose las gafas con el dedo índice.
Bella se acercó a la silla que había ocupado en un principio y cogió su bolso.
-Me quedare aquí, acepto el puesto de enfermera del conde; ahora, si son tan amables de pedir a uno de los criados que recoja mi baúl del coche y mostrarme mi habitación, me preparare para comenzar con mis obligaciones lo antes posible.
1 Whitechapel: uno de los barrios más pobres del East End. Pero también se encontraban cerca de teatros y establecimientos de ocio masculino, desde burdeles hasta locales donde los hombres bebían y disfrutaban de espectáculos eróticos que muchas veces estaban protagonizados por menores de edad.
2 Victory: Referencia historica real, Este barco estuvo en el Cabo Trafalgar en 1805 y al frente estuvo el capitán Nelson quien perdió la vida en su enfrentamiento contra los navíos de Napoleón, este barco hoy en día se conserva.
El conflicto de Trafalgar, en el cual Edward resulta herido y pierde la vista, forma parte de los eventos historicamente conocidos como "Guerras Napoleónicas", las cuales contraponian a las dos principales potencias dominantes alrededor de 1800, Reino Unido y Francia, recordemos que en esta época se encontraba en su apogeo la Revolución Indisrtial, esta batalla tuvo lugar el 21 de Octubre de 1805, para entonces se formó una Coalición entre Reino Unido, Austria, Rusia, Nápoles y Suecia para intentar derrocar a Napoleón Bonaparte y tuvo lugar cerca del cabo Trafalgar en la provincia de Cádiz, donde se enfrentaron los aliados Francia y España (al mando del vicealmirante francés Pierre Villeneuve, bajo cuyo mando estaba por parte española el teniente general del mar Federico Gravina) contra la armada británica al mando del vicealmirante Horatio Nelson, Edward sirvió a este personaje a bordo del Victory en esta batalla.
Han pasado aproximadamente 6 meses de la batalla cuando Bella llega a la Abadía Cullen para ser enfermera de Edward, es decir a mediados del mes de Abril de 1806.
