Saa! Cómo andan n.n? (Muchas miradas asesinas) TT.TT Bien, no los culpo, sé que me tardé bastante... OK! Mucho, pero simplemente no podía, lo explico al final, esta vez la nota no será tan larga (Todos: SIIII!!!!) Gracias ¬¬ Antes de olvidarlo, lean el sumary, puesto que los sumary de cada capítulo son diferentes, da un poco de información sobre el contenido de cada uno y son interesantes a mi ver. Sin más preámbulos...

Disfrútenlo!!!

Título: The open door

Autora: Hikaru no Yami

Género: Romance, psicológico, "trhiller" (?).

Advertencias: Yaoi.

Sumary: Un destello de emoción se percibió en su mirada, ínfima pero significativa a la vez. La sombra de un recuerdo, el fantasma del pasado se niega a mostrarse, confundiéndose con la lluvia y los truenos, cuyos rugidos eran una siniestra orquesta al fondo.

Nota importante:La mayoría de los capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. R&R contestados en mi profile, gracias a todos lo que leen, pero más a los que dejan R&R, siempre muy agradecida (haciendo una reverencia con lagrimitas en los ojos).

Nombres: Yuriy Ivanov: Tala

Disclaimer: BB no es mío, le pertenece a Aoki Takao-san, agradeciéndole por ser tan poco profundo en cuanto a la vida de los personajes para que yo y muchísimos otros juguemos con sus personalidades.

-bla, bla, bla- Diálogo.

"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.

Bla, bla, bla Pensamientos.

Aquí está!!!

Capitulo 2: "Óleo"

Tecleó un par de cosas más, con su inigualable velocidad. Sus dedos se movían ágiles sobre las teclas, presionándolas con rapidez y suavidad. Bajó la pantalla de cristal líquido de su computadora (ordenador) portátil, escondiendo de la vista los mensajes y ventanas abiertos, en distintos idiomas. Un "clic" se escuchó cuando las partes de la máquina entraron en contacto, asegurándolo.

–Muy bien, ya tengo la información restante: la hora, el lugar, todo está listo –dijo, levantándose de la silla donde escribía–. Acaban de enviarme los últimos datos para la operación, salimos en diez minutos. Abrígate bien –aquella frase, que fingía sonar de preocupación, fue pronunciada con sarcasmo, cruel y crudo sarcasmo.

Unas orbes grises, altivas, indiferentes y vacías, se posaron sobre su persona. El dueño de aquellos ojos tan sólo lo observaron abandonar la estancia con dirección a otra habitación. No le dio mayor importancia y siguió con su labor: terminar de preparar y cargar un arma de fuego. Las balas desperdigadas sobre la mesa brillaban de manera inocente con la luz de la lámpara del techo, como joyas, en una siniestra apariencia inofensiva.

Cargó el cartucho y lo introdujo, produciendo el clásico sonido al cual estaba tan acostumbrado. Dejó el arma sobre la mesa y se levantó para ir a su propia alcoba, donde cambió la camisa de mangas largas que llevaba por un jersey más abrigador, sacó una chamarra gruesa, para cubrir su cuerpo. De la cama sin tender asió una bufanda larga y blanca, que envolvió en su cuello. Sólo faltaba el último toque para estar listo.

Enfundó sus manos en unos guantes de cuero con terciopelo por dentro, cerró y abrió sus dedos para comprobar que todo estaba en orden. Guardó el arma en su cinto, escondiéndola con la cazadora larga que usaba. Levantó la mirada para ver salir a un estoico muchacho, cuyo rostro estaba pintado con marcas de color azul, abarcando un gran espacio de sus mejillas. Aunándole a esto la bufanda, que escondía parcialmente su rostro, era difícil identificarlo como el chico de siempre.

Tomó la llave del departamento, abrió la puerta y esperó a que el otro saliera. Echó el pestillo, asegurando que nadie tuviera tan fácil acceso a la morada. En total silencio bajaron las escaleras hasta la planta baja, cruzaron el hall con paso rápido, el eco de sus pisadas era tan bajo que costaría creer que ahí había alguien, pero esa era una de sus habilidades.

Salieron al intempestivo frío de la noche, cuya bóveda oscura estaba cubierta por densas nubes, posiblemente llovería. Bajaron con tranquilidad las escaleras del pórtico hasta la acera, las calles estaban desiertas para esa hora. Las doce y cuarenta y seis, exactamente, debían estar en su destino a la una en punto, sin faltas ni retrasos.

Las luces nocturnas de la ciudad les permitían caminar sin tropiezos, el ruido de las discotecas, los bares y otros tantos lugares semejantes les acompañó hasta el final de su recorrido, dejando atrás a Moscú y llegando a una zona boscosa y silvestre. Levantaron la mirada hacia una imponente edificación de tres pisos, rodeada de frondosos, nudosos y viejos árboles.

La mansión de Pavel Bagautov, un alto funcionario de gobierno y socio activo de uno de los bancos más importantes del país, era una bella muestra de arquitectura bizantina, algunas de las altas ventanas despedían una opaca luz amarillenta, otras tenían las cortinas corridas, las restantes estaban a oscuras.

Lastimosamente para el señor Bagautov, ellos no estaban ahí para hacer ninguna visita formal. El hombre era acusado por el delito de lavado de dinero en conjunto con uno de los gerentes de la sede principal en Moscú, y se les había encargado eliminarlo esa misma noche. Yuriy apartó la vista del jardín delantero, donde unos cinco guardias se paseaban, cuando Kai señaló con el brazo hacia un grupo de árboles. Se dirigieron hacia allí con paso silencioso.

La metodología que usaban a la hora de hacer los tratos era simple: consistía en contactarlos de manera discreta ya fuera por correo electrónico, postal o citaciones (de las cuales aceptaban muy pocas); les estregaban los datos correspondientes y el 50 por adelantado, cuyo límite era el mismo día de la misión. La segunda paga tenía un plazo de cinco días, o se cobraría de otro modo. Hasta la fecha jamás se vieron obligados a llegar a esos extremos.

Un hombrecito de aspecto nervioso, con ojos y calva brillantes los esperaba. Les entregó un cheque como primera parte de la paga y se retiró haciendo exageradas reverencias. Su actitud fue completamente estoica hasta que desapareció de su vista. Yuriy guardó el primer depósito y se acercaron sigilosamente a las rejas de entrada de la propiedad, donde dos guardias apostados vigilaban con sendas armas.

Parecía relativamente fácil.

Quizás demasiado fácil...

Yuriy Ivanov, un joven ruso de diecinueve años, era un atractivo pelirrojo, de más de un metro ochenta, cuyos fríos ojos azul cielo parecían una ventana a un mundo helado. Su estrecha cintura, amplia espalda y largas extremidades haber sido moldeadas en su época adolescente por la mano de un escultor. Sus dedos, largos, de uñas brillantes, eran perfectos para tocar piano, aunque los usara para otras... cosas. El increíble contraste entre su nívea piel, su flamante cabello y sus brillantes ojos lo hacían resaltar entre la multitud con una facilidad increíble.

Junto a él, en silencio, caminaba un chico más bajito pero de su misma edad. Cuyo rostro, de textura de seda, era de los rasgos más finos y exquisitos, perfectamente proporcionados, el único problema en ese bello rostro... eran los fríos ojos grises que poseía, incapaces de demostrar sentimientos. El viento sopló, revolviendo sus ya desordenados cabellos, en dos tonalidades: gris y azul oscuro, todo un reto a la naturaleza. La característica bufanda blanca que siempre llevaba se agitó, y sus ropas se apegaron a su cuerpo, menudo pero fuerte, torneado pero delicado.

Sacaron sus armas, dos preciosos revólveres, con chapa de plata, diez municiones por cartucho, livianos, manejables, rápidos... en fin, hermosos y sumamente efectivos.

La razón para tener esos objetos no era otra que las necesitaban para su trabajo. Y la manera de ganarse la vida, la forma que eligieron para ganarse el pan de cada día no era otra que...

–El objetivo está adentro, el plazo es de tres horas –habló Yuriy.

–Es mucho tiempo para lo que necesitamos –comentó Kai, inexpresivamente. El pelirrojo contuvo una sonrisa. Eso era tan típico de Kai: subestimar absolutamente todo.

–Bien, vamos ya. No nos están pagando para que demos un paseo, sino para que acabemos con ese corrupto.

–Si, ya lo sé –dijo avanzando primero.

...no era otra que la de asesinos a sueldo.

"Susaku"

–Cinco en el patio delantero, dos en la entrada, presumiblemente otros dos en la puerta de entrada.

–Hn.

–¿Tiempo estimado para avanzar?

–Cinco minutos de intervalo, usa silenciador –susurró de espaldas a un gran árbol.

Escondidos detrás de unos árboles a diez metros de distancia de la mansión, podían ver perfectamente la cantidad de guardias apostados por los terrenos. Según su experiencia, ese hombre o era un descuidado o un presumido. Incluso podría decirse que las dos. Pero eso no les importaba, si su objetivo no tenía buena seguridad solo facilitaba las cosas, lo que significaba regresar al cálido interior de su departamento.

–Su... –murmuró el taheño–. sa... ku.

A una envidiable velocidad abandonaron sus escondites y corrieron colina abajo, sin hacer el menor ruido. Con una distancia de tres metro de distancia, la primera bala de la noche se disparó, dando justo en la cabeza a el guardia más cercano. Su compañero no tuvo el tiempo para reaccionar, pues otra detonación, amortiguada, indicó que estaba muerto. Se cubrieron a cada lado de la reja de entrada, con la ayuda de Kai, Yuriy saltó hacia el jardín, tomando impulso en el borde de los muros de tres metros, aterrizando limpiamente. Unos segundos después Kai le acompañaba.

–El primero a la derecha, cuatro metros.

Siguiendo las indicaciones, Kai levantó prestamente su arma y de un solo disparo eliminó al sujeto. Las árticas orbes de Yuriy giraron hasta toparse con otra figura, a cinco metros de distancia, muy cerca del muro. No tardó en disparar, con la misma efectividad de su compañero. Escuchó un tercer disparo, resto tres personas. Dos más y podrían ir sin problemas al patio trasero.

–No, espera a que la sombra de ese árbol lo cubra –aproximadamente siete segundos después cayó el cuarto, Kai bajó el arma, con la mirada inexpresiva–. Sigamos, ¿tiempo?

–Seis minutos. Te dije que tres horas era demasiado tiempo –rezongó el más bajo.

–Ya lo sé, pero qué quieres que haga, fue el cliente que estipuló eso –se defendió, empezando a caminar.

–Te apuesto a que eso disminuye la paga.

–¿Quieres comprar ese nuevo libro de Dan Bronw? –no recibió respuesta, eso no le molestó. Un quinto disparo–. Patio delantero despejado, revisemos el trasero, quiero terminar con esto rápido.

Esperando tras unos arbustos, contó al personal de seguridad de ese lado: otros cinco. Muy poco para ese espacio tan amplio. De verdad que ese hombre era todo un creído. Casi simultáneamente, su arma y la de Kai aniquilaron a dos de los guardias. De un salto, Kai bajó del carbol que le servía de escondite, se deslizó silenciosamente y mató a dos más. Tomándose su tiempo, apuntó al que estaba más lejos, dándole justo en la nuca. Cada vez se sorprendía más de su increíble puntería, pero luego pensaba que no era para tanto, nueve metros... ¡por favor!

Salió de entre los arbustos, observando la silueta de Kai agacharse sobre uno de los cuerpos y tomar algo con su mano libre. Era una tarjeta y un grupo de llaves. Asintió y siguió a Hiwatari hasta una discreta puerta, esta tenía una ranura delgada, donde Kai pasó la tarjeta, se escuchó un rápido "click" y entraron sin el menor problema. No había nadie en esa habitación, bien. Empuñó con fuerza el mango de su arma, acercándose a una puerta y abriéndola con sigilo, apenas unos centímetros para poder ver por ese espacio.

A la señal del pelirrojo, Kai avanzó detrás de él hasta un largo pasillo. Bastó una mirada para comunicarse algo de suma importancia, luego de un asentimiento partieron en direcciones diferentes, el plano de la mansión había sido estudiado y memorizado por los dos previamente, sabían exactamente a donde debían ir.

Encontró un centinela en el primer rellano, tomándose su tiempo, se agachó para tomar el arma y darle un vistazo, nunca estaba de más comprobar que clase de armas usaba el enemigo. Mmm, una Uzi con balas de nueve milímetros de casquillos de plata. Bien, ese explicaba la decadencia de personal. Sacó su móvil del bolsillo y marcó sin ver y por inercia un número que sabía de memoria, unos segundos después se escuchó una respiración pausada.

–Susaku, tienen Uzis, balas de nieve milímetros con casquillos de plata –se interrumpió para revisar algo más, asegurando el móvil entre su mejilla y su hombro–. Tres cartuchos de respaldo, una lluvia de plomo asegurada.

–Eso explica la seguridad.

–Sí, eso pensé... Sin silenciador, es decir, no se permiten fallos que puedan darles tiempo a responder. También radio-comunicador y tarjetas llave. Secuencias de números iguales en todas, eso es bueno.

–Hmpf –prorrumpió el otro.

–Cada vez me decepcionan más estos "gángsters modernos" y sus rudimentarios sistemas de prevención.

–Déjate de tonterías Tala, ¿eso era lo que querías? –susurró con un deje de molestia Hiwatari.

–¿Ocupado? –el sonido de dos disparos le respondieron–. No te quitaré más tiempo –dijo, usando su típico tono sarcástico y satírico de voz–. ¿Tiempo?

–¿Tienes que despertarte temprano o algo así? Pareces impaciente por terminar esto.

–Para nada, sólo quería asegurarme.

–Quince minutos.

–Bien, nos encontraremos en el segundo piso, yo seguiré avanzando.

–Hn –se cortó la comunicación. Yuriy cerró la tapa de su teléfono celular y lo guardó de nuevo. Se irguió con los ojos cerrados y una sonrisa maliciosa en los labios. "Que elocuente". Subió por las escaleras de mármol pulido hasta el segundo piso, escudándose con las sombras.

Acababa con cuanto ser se movía, por algún motivo no encontró ninguna criada. Quizás fuera lo mejor. No quería perder el tiempo, planeaba salir lo más pronto posible. Cada guardia o agente de seguridad que encontró en su camino fue silenciado rápidamente y sin miramientos, contó unos siete antes de llegar al tercer piso. Kai estaba haciendo un buen trabajo.

Por su parte, Hiwatari, atraía a los guardias a una trampa mortal, haciendo un pequeño sonido, que los espantaba, ponía nerviosos y los dejaba a su merced. En diez minutos, cambió el cartucho de diez balas dos veces. O se estaba haciendo muy bueno o la seguridad era pésima... Quizá ambas, para que engañarse.

Contó veinte minutos más luego de despejar los primeros dos pisos para Yuriy, que debía estarse encargando personalmente del tercer piso, el cual le correspondía. Habían acordado dividir sus esfuerzos: Kai se ocuparía de la seguridad de los primeros dos pisos y Yuriy del último y el pez gordo. Las detonaciones eran amortiguadas por el silenciador, no querían hacer ruido. Sus trabajos se caracterizaban por ser limpios, rápidos, eficientes y silenciosos. No recordaba cuando fue la última vez que activó una alarma por accidente, sólo lo hacía en caso de que los planes lo dictaran.

Tres hombres lo rodeaban, apuntó a uno, pero en vez de disparar se apartó para que la bala que debía perforarle los pulmones lastimara a uno de sus atacantes, que cayó muerto al instante. Al siguiente segundo otro había caído. Luego el tercero, dando por terminada la "limpieza".

Bajó el brazo y volteó hacia su izquierda, para mirar por el alto ventanal en el cual caían pesadas gotas de lluvia, con demandante fuerza, el rítmico golpeteo aumentaba el ímpetu e intensidad por momentos, las nubes de lluvia que había visto en un principio por fin descargaban su furia sobre varios kilómetros a la redonda. Un rayo atravesó el cielo, iluminándolo todo con su luz espectral, vislumbró los cuidados jardines de la propiedad, donde yacían varios cuerpos tirados, muestra de su muda presencia en ese lugar.

La sombra que proyectó de su cuerpo se alargó por el piso, antes de desaparecer. Escuchó un murmullo de pasos, pero aguardó sin apartar la vista del paisaje lluvioso. Conciente de que era observado, giró su cuerpo pretendiendo avanzar, en ese momento surgió otro rayo, pudo captar la gama de colores en el pasillo: los candelabros de oro tallados en alto relieve en las paredes, el color de las cortinas de seda, que combinaban con la alfombra que cubría todo el piso del pasillo, uno que otro jarrón antiguo de distintas procedencias y una pintura. Abrió los ojos desmesuradamente, siendo esta la primera prueba que daba de sentimientos ese día.

Con un movimiento brusco se giró hacia la izquierda, encontrándose directamente con el enorme lienzo de colores brillantes, pero escasos. En la pintura estaba representado un magnífico paisaje nevado, con un enorme lago congelado en la distancia, reflejando las grises y esponjosas nubes que cubrían el firmamento. Podían apreciarse gran cantidad de pinos, cuyo follaje verde estaba cubierto por una gruesa capa de nieve, igual a los tejados de suntuosas construcciones, hecho con pinceladas precisas, al óleo.

Pasó las yemas de sus dedos sobre el enorme lienzo, apenas rozándolo, sintiendo la desigual textura y los ligeros relieves que tenía por el volumen de pintura. Rodó sus orbes por todo el cuadro, apreciando cada perfecto detalle, pincelada y sombra.

Yuriy alzó elegantemente una de sus cejas, extrañado por la inusual actitud del otro. Que él supiera, o en su defecto recordara, a Hiwatari nunca le había interesado el arte a menos que la descripción estuviera dentro de un libro. Por lo cual no encontraba una explicación lógica para el ensimismamiento con el que apreciaba esa pintura, era bastante buena, sí, no tenía por qué negarlo; pero tampoco era de Miguel Ángel...

Abrió la boca para decirle que se iban cuando Hiwatari habló, sorprendiéndolo todavía más.

–¿Este lugar existe?

–Ese es el Lago Ilmen, en la ciudad de Nóvgorod –respondió con una mano en la cintura y el ceño fruncido. ¿Por qué Kai le preguntaba eso?

–Este lugar... –murmuró, lo suficientemente alto como para ser escuchado–. Ya lo había visto.

–Seguramente en alguna postal –dijo sin darle real importancia, quería regresar a su departamento para dormir un poco, sino descontrolaría aún más su horario de sueño.

–No –negó con vehemencia, sin apartar ni un segundo la vista de la pintura–. Con esta vista, desde este punto... Ya había visto antes este mismo cuadro... Ese paisaje...

El silencio que se había colado entre ellos, luego de esas palabras, empezaba a despertar algo en Yuriy, muy parecido a la ansiedad. Dejó de ver a Kai para mirar por la ventana, comprobando que seguía lloviendo, obviando el hecho de que el constante golpeteo de las gotas era lo único que se escuchaba. Ya Pavel Bagautov estaba muerto, se había encargado de eso personalmente mientras Kai acababa con sus subordinados y numerosos guardaespaldas, dispersos por toda la propiedad. Inconscientemente empezó a mover el pie, sus orbes se movían a todas partes, como buscando algo en especial, aunque lo único que ansiara en esos momentos era salir de ahí.

–Kai... –empezó.

–Solía venir aquí con mis padres... en invierno, antes de... –no fue necesario continuar. Yuriy escuchó con un escalofrío y los ojos grandemente abiertos, sin terminar de asimilar esas palabras–. Este cuadro... estaba en la estancia del piano –murmuró, viendo claramente imágenes de tiempos pasados, escasas pero reales.

El ensordecedor rugido de un trueno lo sacó de sus cavilaciones, devolviéndolo a la realidad, debían irse, antes de meterse en algún problema y para avisar que la misión había sido completada. Su semblante se volvió adusto, enderezó su espalda y avanzó un paso, carraspeó, obligando al otro a verlo.

–Debemos irnos, ahora –completó rotundamente, no dando espacio para reproches.

Kai dirigió una última mirada al cuadro, antes de cerrar sus ojos y caminar al lado de Yuriy, que fue directo a las escaleras para bajar al primer piso. Cuando llegaron al rellano del primer piso salieron directamente por la puerta principal. Ahora que no habían obstáculos no tenían de que preocuparse. Ambos permanecían mudos, sumidos en sus propios pensamientos.

La vida de Kai, francamente, le tenía sin cuidado. Pensó en eso mientras caminaba a su lado por el jardín de la residencia, cuando miró la carencia de emociones en sus orbes. Kai mostraba tal indiferencia en su vida misma que él no veía motivos para preocuparse. Sin embargo, no era un total desconocido, después de todo vivían juntos desde niños.

Su vida no había sido nada fácil y, aunque odiara admitirlo, Kai la hizo más llevadera. Sin embargo, la comunicación que existía entre ambos era tan... escasa, que bien podrían decir que no se dirigían la palabra, como si no se soportaran. Pero eso no era así, tan sólo... Volvió a ver a Kai, cuyos ojos miraban las oscuras nubes del cielo distraídamente, algunos cabellos eran mecidos por la brisa, su boca ligeramente abierta, a Yuriy se le antojó tierno. ¡Un momento! ¡¿Tierno?! Definitivamente esos últimos días no eran los más idóneos para su salud mental. Sacudió esas extrañas ideas de su mente, concentrándose en el camino que transitaban en silencio.

Ese idiota de Kai... puede que nada o poco tuviera que ver, para él era muy sencillo culparlo de sus desgracias. Omitió una sonrisa maliciosa que pugnaba por aparecer, no le pareció adecuado mostrar ese gesto justo ahora, demostraría que estaba al pendiente de Kai, y su orgullo no le permitía aceptar semejante disparate.

Al escuchar la escandalosa música de un antro por el que pasaban le indicó que estaban de vuelta a Moscú, regresándolo de golpe a la realidad. Desde que había visto esa pintura había estado absorto y dejó de prestarle atención alguna a su alrededor, de todas formas habían terminado su trabajo y si ocurría algún problema Yuriy se encargaría. Miró de soslayo al pelirrojo, cuyos árticos ojos parecían tener una nebulosa gama de sentimientos, como si tuviera una especie de debate interno o algo así. Devolvió su vista al frente, no tenía porque preocuparse por eso, mejor seguir con sus propios asuntos.

La pintura... Ese mísero objeto consiguió regresarle un fragmento de su pasado, un pasado en el que aún podía decir que estaba vivo, cosa que no recordaba sin esforzarse duramente y ganarse un fuerte dolor de cabeza, que, por supuesto, lograba ocultar a la perfección. ¿Cuándo olvidó la mitad de su vida, en qué momento perdió sus recuerdos? No estaba seguro, pero parecía que cada vez encontraba una nueva pista, como ese cuadro, que le permitió revivir momentos de su infancia, junto a su familia... Su madre adoraba ese cuadro... al menos, eso creía.

Levantó sorprendido la cabeza al percatarse de donde se encontraba. Tan inmerso en esos pensamientos fútiles no se había dado cuenta de que ya había llegado al edificio departamental en el cual vivía. Mientras subían las escaleras pensó que quería dormir pronto, su cama se le antojó deliciosa en demasía, sin saber porqué. Yuriy abrió la puerta y le cedió el paso, él se hizo a un lado para que Ivanov pasara, quedando uno junto al otro.

En ese momento la mirada de Ivanov adquirió un nuevo "tinte", frío, retador, casi fiero. Kai rodó los ojos en una clara muestra de fastidio y aburrimiento, pasó de largo a su lado y palmeó delicadamente la peluda cabeza de quien le devolvía la mirada a Yuriy, igual o más retadota y fría que la del pelirrojo. Éste sonrió, relajó los músculos faciales y caminó unos pasos hasta quedar frente al único, además de Kai, que podía aguantar su penetrante y fría mirada. Se agachó hasta quedar en cuclillas y acarició el lomo de su mascota: un magnífico ejemplar de perro siberiano, con los ojos tan azules como su dueño, un pelaje sumamente brillante y el porte altivo, orgulloso y solitario de un lobo. Permitió que el pelirrojo actuara a sus anchas, aceptando las escasas pero agradables caricias que recibía.

–Hola Wolfborg, ¿todo bien? –el perro asintió, dando muestra de su aguda inteligencia.

Para Yuriy ese animal representaba un recordatorio muy importante de una parte de su vida y alma mismas, algo que apreciaba y atesoraba casi hasta rayar en lo celoso. Incluso había llegado a pensar en varias ocasiones que Woflbor era más comprensivo, intuitivo, agradable y conversador que Kai, y eso que ni ladraba (el perro). Únicamente aullaba a la luna tres veces las noches de luna llena y luego guardaba silencio. Ese rasgo lobezno y particular le recordaba a Yuriy lo especial que era su perro y lo cercano que se había vuelto.

No hablaba como un humano, pero entendía casi tan bien como uno. Sin embargo no le gustaba compararlo tanto... Wolfborg era más que un sucio y cruel ser humano.

A lo largo de su vida había visto de cerca y de primera mano la corrupción del hombre en muchísimos e innumerables sentidos. Presenciar la nula valoración por vidas humanas, humillaciones constantes y violaciones a los derechos como personas se había convertido en algo muy común a los siente años, y no le dolía admitirlo, sólo aborrecía recordarlo, podía sentir como bullía su sangre y los deseos de perforarle los sesos a todos esos desgraciados corruptos que mirarlos tan sólo era insoportable.

Siguiendo si fiel costumbre encendió la cafetera apenas entró a la cocina, sacó una taza de la despensa y un cartón de leche a medio acabar del refrigerador. Vertió su contenido en una olla y la encendió, mientras la leche se calentaba se encargó de la cafetera y sacó el azúcar, con enredados pensamientos inundando su cerebro.

Esa pintura... Su mente estaba así de dispersa a causa de esa estúpida pintura. Era (o fue) de su familia, no cabía duda, pero si pudiera recordar un poco más de eso...

–Kai, ¿estás en la cocina? –escuchó preguntar a Yuriy desde la estancia.

Abrió el grifo con fuerza unos segundos y lo cerró, el ruido debía de bastar. Cuando Ivanov entró, ya estaba endulzando su café. Sus miradas se encontraron y eso le bastó a Yuriy para confirmar sus sospechas acerca de Kai. Estaba inquieto, disperso y confuso, y la obvia razón no era otra que lo visto en la mansión del ex-funcionario. Esa expresividad en su mirada, esa lucha interna que se percibía con sólo observar sus orbes eran suficientes delatores. Hiwatari nunca demostraba sus emociones, lo cual significaba el gran impacto que aquello había causado.

Alzó una ceja al sentirse analizado por esa filosa y penetrante mirada, que bien podría intimidar a cualquiera. Eso regresó a Yuriy a la realidad, se aclaró la garganta y habló:

–Acabo de avisar que ya la misión está completa, incluyendo, por supuesto, el tiempo que nos tardamos. La segunda parte será depositada en la cuenta mañana y el monto –entornó los ojos, con un brillo de superioridad en la mirada–, será duplicado.

Kai parpadeó. Hubo una pausa donde el azote del viento contra las ventanas fue lo único audible. Yuriy reparó en la taza humeante entre las tersas y blancas manos de Kai, se encogió de hombros y salió de la cocina sin decir nada. Igual, no era necesario, o por lo menos, no lo consideraba así. El siberiano fue a su encuentro y entraron juntos a la habitación del taheño, que cerró la puerta para no salir hasta el día siguiendo... o mejor dicho, hasta después de varias horas. Un mínimo e imperceptible suspiro abandonó sus finos labios, acercó el borde de la taza a estos y apuró el contenido antes de que se enfriara.

Cálido y suave, pero con un reconocible sabor a almendras, que siempre le ponía para agregarle sabor. Fue hasta la sala y se dejó caer en el sofá, que se hundió bajo su peso. Permaneció quieto y callado sin soltar la taza, admirando la luna creciente brillar entre un grupo de densas nubes oscuras, vestigios de la lluvia de horas atrás. No comprendía. que era esa extraña sensación... se preguntó si Yuriy lo sabría, pero mejor lo dejó de lado, ocultando nuevamente sus sentimientos y emociones... igual que siempre.

Do dai? (que tal?) Ya saben, con un R&R basta n.n ... n.ñ ... Vamos, dejen uno chiquitico al menos TT-TT nada les cuesta... creo ñ.ñ

Me tardé, y no, no es una pregunta. Lo sé, pero es que la inspiración no llegaba, sin mencionar que fue gracias al trhiller "Polítika", parte de la saga de "Juegos de poder" del gran Tom Clancy que pude escribir las escenas de su... ejem, honrado trabajo ñ.ñU

God! Lean sus libros, el tipo es escritor de puros best seller, sin mentir ni exagerar. Bien, el siguiente cap viene la próxima semana, esta vez es verdad.

Cualquier duda pregúntenme con toda confianza y dejen sus preciosos comentarios aunque sea para amenazarme o algo así, se los agradecería mucho. Les dejo mis msn: luchi(barra abajo)1692(arroba)hot... y hikaru(barra abajo)no(barra abajo)yami55(arroba)hot... ya se saben el resto, agréguenme y los aceptaré en seguida, lo juro.

Al no tener internet no puedo apresurarme mucho por lo cual disfruten lo poquito que les traigo.

Sayounara!