En el país de los sueños (y de las pesadillas)

por arklance XIV (rextechan para los amigos)

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Segundo capítulo. Quizás sea un pelín largo pero es que la ocasión lo merece. Os recuerdo que una historia sobre Haruka y Michiru (vamos, que si a ti el shoujo ai / yuri / las relaciones amorosas entre dos mujeres te revuelve las tripas, no sé que haces leyendo esto). Por cierto, quizás hayan ciertos cambios en sus respectivas personalidades pero espero que no os moleste en absoluto. Tengo que añadir que me he tomado la libertad de utilizar expresiones japonesas que veréis traducidas entre unos paréntesis algo "especiales". ¡Disfrutad de la lectura!

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*** Cap. 2 - ¿A quién no le gusta el mar? ***

Pasaron un par de semanas antes de que los rumores dejaran de circular. Durante ese tiempo mi humor empeoró lo suficiente como para que participara en alguna que otra pelea tonta contra algunos chicos de mi instituto. Los pobres recibieron su merecido y yo fui expulsada una semana por "muy mala conducta". Otras vacaciones forzadas y de paso, una visible mancha en mi hasta entonces limpio expediente académico.

Por lo que respecta a las carreras, mi equipo decidió suspenderme temporalmente hasta nuevo aviso. Teniendo en cuenta que en la sociedad en la que vivimos las apariencias lo son todo, el escándalo en el que estaba involucrada sin querer era algo que no les hacía mucha gracia a mis "jefes".

En resumen, estaba fuera de circulación tanto en el aspecto académico como en el aspecto profesional. Mis presentimientos estaban tomando forma ante mis narices sin que yo pudiese hacer nada al respecto.

Entonces decidí que lo mejor era pasar el "exilio" en la costa, muy cerca de la playa, la brisa marina y las olas del mar. Sentía como si me llamaran.

Antes de nada creí conveniente llamar por teléfono a Hayato, para pedir disculpas por los posibles problemas que ella podría tener. Seguramente los periodistas la habrían acosado del mismo modo que a mí (o peor aún, ya que a los tres días los mismos periodistas desistieron cuando yo me encaré a ellos y les rompí las cámaras, micrófonos y algunas caras. Eso no mejoró mi imagen pública, por supuesto).

Marqué el teléfono que la chica me había dado. Me contó que vivía en una residencia de estudiantes. Entonces sonaron los tonos que indicaban que la llamada se estaba realizando y deseé que fuese la misma Hayato la que cogiera el aparato.

-¿Moshi moshi (*Diga*)? Al habla Yamaguchi Fuu -oí decir cuando cogieron el teléfono. Maldije mi mala suerte.

-Hola. ¿Está Hayato? -dije un poco nerviosa.

-Hai (*Sí*). ¿De parte de quién?

-Uhm... Esto... Pues... De una amiga -me sentí como una idiota tras darme cuenta de que tartamudeaba como tal.

-Un momento, por favor. ¡Ryokoooooooo! -gritó la voz de forma escandalosa. Una gota (ya sabes a qué me refiero) se formó en mi cabeza.

Suspiré. Hayato-san tardó un poco en ponerse al aparato. Mi mente comenzó a imaginarse los tipos de conversación que podríamos llegar a tener. Una voz familiar me sacó de mi mundo de las fantasías.

-Aquí Hayato Ryoko. ¿Quién es?

-Hola, Hayato. Soy Tenoh -dije con cierto temor a que la chica colgara de golpe el teléfono. Era una posibilidad que no acababa de gustar en absoluto.

Pero por suerte eso no sucedió.

-Hola, Tenoh. Cuánto tiempo...

-N-no ha pasado tanto... -dije, un poco desconcertada por los ánimos de la muchacha; parecía que se alegrase por la llamada-. ¿Qué tal van las cosas por allí?

-Gracias a Dios que ahora todo está más calmado -dijo Hayato con voz algo enfadada -. Debiste haberme dicho "quién" eras en realidad. El otro día descubrí que eras "uno" de "los" mejores pilotos del circuito de Fórmula 1.

Tragué saliva. Había dicho "unos" y "los" con una entonación... La verdad era que me no me gustó nada el modo en que lo dijo.

-Y no veas cómo se enfadó mi novio -prosiguió-. Tuve que convencerle para que no fuera a por tí.

"Bien. Ya tengo al novio de otra chica con ganas de romperme la cara. Buen trabajo, Haruka.", pensé mientras no sabía qué demonios podía decir.

-¿Tenoh? ¿Tenoh, estás allí? -preguntó Hayato mientras intentaba disimular una risita.

-¿De qué te ríes?

-De nada importante.

-Esto... Hayato... yo... Gomen nasai (*lo siento*) -conseguí decir no sin dificultad.

-Tranquila, "mujer", que no ha pasado realmente nada -dijo esta vez riendo abiertamente-. Aunque creo que tú sí que lo has pasado mal, o eso es lo que dicen los periódicos últimamente.

-¿Eh...? Quiero decir...

Estaba sin habla. No me esperaba que Hayato fuera tan comprensiva. Y yo que temía cualquier tipo de rechazo...

***

Mis tíos tienen una bonita casa al lado de la playa. No es muy grande ni lujosa, pero al menos tiene un gran garaje y un bonito piano. Allí fue donde aprendí a tocarlo con gran maestría (lo admito, la modestia no es una de mis virtudes ^_^u).

Así que, ni corta ni perezosa, decidí ir allí. Necesitaba alejarme de todo y de todos. La verdad es que no está muy lejos de la ciudad, quizás a media hora en coche. ¿Sabes una cosa? En esa casa crecí yo (más o menos). Mis padres murieron cuando yo tenía diez años, así que los Morita, los propietarios de la casa, se hicieron cargo de mi. Tía Aya me enseñó a tocar el piano, mientras Morita Tarô (su marido) se encargaba de... Bueno, eso es algo que prefiero no recordar. En realidad no es nada agradable.

Los Morita se habían trasladado a los Estados Unidos hacía unos seis meses y por suerte tía Aya, que era a hermana mayor de mi difunto padre, había convencido a su marido de no vender la casa, ya que yo echaría de menos el vivir allí y no sé que más historias; ella siempre se preocupó por mi y por eso sentí mucho que se marchara. Así que la casa estaba toda a mi disposición, era toda mía.

Pues eso; hice el equipaje por segunda vez en menos de un mes y con mi precioso coche (ya sé que soy menor de edad pero, ¿acaso tiene mucha importancia? ^_~) me dirigí hacia la casa. Tenía muchas ganas de tocar el piano, ya que eso me relajaba mucho y teniendo en cuenta cómo se encontraban mis nervios últimamente... Vamos, que de veras lo necesitaba.

Cuando llegué, la música de un violín me sorprendió; venía de dentro de la casa. ¿Cómo era posible? Supuestamente no había nadie en su interior, con lo que esa música me intrigaba. Rápidamente abrí la puerta principal y corrí hasta la fuente de ese agradable sonido; fuera quién fuera quien tocase, debía de ser un virtuoso del violín.

Y realmente lo es.

Allí estaba ella, en medio de la sala de estar, con un vestido veraniego sin mangas que bailaba al son impuesto por el viento. Era una muchacha de aspecto frágil, de piel pálida y cabello verde aguamarina. Sus ojos estaban cerrados y su expresión era idéntica a la de un ángel. Estaba tocando el violín como si su vida dependiese de ello. Noté la fuerza, la pasión, el sentimiento que ella transmitía; me sentí cautivada por tal espectáculo. Y entonces la música cesó, ella abrió los ojos y una mirada azulada se percató de mi presencia. Tragué saliva; el resto es algo fácilmente imaginable.

Hubo un grito agudo, surgido desde lo más profundo de su garganta. Yo me acerqué a ella para intentar explicarle porqué me encontraba allí y lo último que recuerdo es que todo se volvió oscuro de repente. Aquella chica "frágil" acababa de realizar una precisa y efectiva llave de judo que hizo que mis huesos dieran contra el duro suelo, causando una lógica pérdida de consciencia por parte mía. Eso fue lo más humillante que me había sucedido hasta aquel momento; noqueada por una dulce damisela -_-u..

***

Cuando abrí de nuevo los ojos me encontré echada en el sofá. Noté como los intensos ojos azules que antes me miraban con sorpresa esta vez lo hacía con un sentimiento de culpabilidad.

-Veo que te encuentras bien -dijo la chica con un tono dulce-. Siento lo de antes; fue algo que hice sin querer.

Un cúmulo de preguntas (un pelín) estúpidas se abalanzaron sobre mi cabeza. Preguntas del tipo:

"¿No será que la chica es marciana, cosa que explicaría su gran belleza, talento para la música y extraordinaria fuerza física?" (sí, lo admito, mi cerebro no estaba a pleno rendimiento),

o:

"¿Cómo es que estoy en el sofá de la sala de estar si me dejó K.O. en la biblioteca, que está en la otra punta de la casa?" (pregunta bastante interesante si pensamos en el hecho de que yo debía pesar como mínimo diez kilos más que ella),

o:

"¿Estará mi cerebro realmente en condiciones y dejaré de pensar en idioteces?". (traducción: ¿no me habré vuelto loca? -_-*)

Y lo más importante:

"¿QUÉ DEMONIOS LE DIGO?"

Y de la nada surgió la inspiración.

-Pues la verdad, no tengo muchas ganas de saber qué puedes llegar a hacer "queriendo" -bromeé mientras acariciaba mi cuello. Una mueca de dolor se formó en mi rostro.

-¡Oh! ¿Te has hecho daño en el cuello? Lo siento, lo siento muchísimo. De verdad, yo no pretendía...

-Tranquila, mujer, en realidad no ha sido nada; la próxima vez dejaré que la curiosidad por saber de dónde viene música tan celestial se vaya a freír espárragos. Eso, creo que la próxima vez (si es que la hay) tocaré el timbre.

Por lo que se veía, mi capacidad de inventiva sí que había resultado dañada (o eso o que había perdido totalmente la cabeza, a juzgar por mis "afortunados" comentarios).

Acababa de equilibrar la balanza (ella me había ganado en combate cuerpo a cuerpo, yo ganaría en el terreno "intelectual"). Además, no iba a perder la oportunidad de utilizar mis encantos ante tal apetecible dama...

Por suerte, mis tonterías le hicieron gracia. Una sincera sonrisa se dibujó en sus labios y murmuró un "gracias" con una voz apenas audible. Me sonrojé de forma violenta y desvié la mirada; aquella joven estaba produciendo un extraño, pero a la vez agradable, efecto sobre mi. Era como estar en el cielo acompañado un verdadero ángel.

Traté de incorporarme pero mi cuerpo todavía estaba un poco magullado por la aparatosa caída. Ella trató de evitar que yo volviera a caer al suelo pero sus esfuerzos fueron inútiles y, tras alguna que otra tentativa de recuperar el equilibrio, ambas aterrizamos violentamente en el suelo. Yo encima suyo, por supuesto, tal y como mandan los cánones de todas las películas románticas que se precien. Estuvimos mirándonos durante un buen rato, me parece recordar. Yo quería ahogarme en aquellos bellos ojos azules, tan profundos como los mismísimos océanos...

-Uhmmm... por cierto... ¿serías tan amable de salir de encima, por favor? Si no te importa, claro está -dijo finalmente, rompiendo el encanto del momento.

-¿Eh? ¡Sí, por supuesto que sí! No faltaba más...

"No faltaba más... aunque, sinceramente, esta postura me parece muy interesante...", pensé.

Esta vez sí que conseguí levantarme; ofreciéndole después la mano a aquella misteriosa belleza para que pudiera ponerse de pie. Entonces me miró divertida, como si acabara de hacer una travesura y estuviera ocultándola. Levanté una ceja, esa chica era realmente sorprendente.

-¿Qué es lo que te parece tan divertido? Si no te importa, me gustaría que me informaras -comenté. ¿Había hecho yo algo fuera de lo normal? ¿Quizás me olía el aliento? -_-uuu

-No es nada, de verdad, lo que pasa es que no me había dado cuenta de un pequeño detalle, eso es todo -respondió con una amplia sonrisa-. Por cierto, encantada de conocerte, Tenoh Haruka. Mi nombre es Kaioh Michiru.

Me sorprendió que aquella hermosa sirena supiese mi nombre, ya que no parecía el tipo de persona a la que le interesase el mundo del motor. Pero logré mantener la compostura y una pícara sonrisa se dibujó en mis labios.

-Vaya, vaya... No pareces el tipo de chicas a las que les interese ver carreras de coches...

-Acertaste; el automovilismo no me interesa en absoluto -respondió, un poco sorprendida-. Aunque no sé a qué viene ese comentario...

Mi mandíbula se estrelló estrepitosamente contra el suelo. Entonces, ¿cómo era posible que aquella maravillosa sirena supiese mi nombre? Mil y una hipótesis sobrevolaron mi confusa mente, tal y como sobrevuelan los aviones los aeropuertos de todo el mundo. Pero ella, tras ver mi cara de absoluto y sincero asombro, tomó las riendas del asunto.

-No es tan sorprendente que yo te conozca; Morita Aya me habló de ti -comentó. Yo diría que mi sorpresa era claramente visible.

Un momento, ¿mi tremenda y merecida fama no había llegado a los oídos de aquella preciosa, deslumbrante, y a la vez despampanante chica? ¡Qué desilusión! Y yo que pensaba... Quiero decir... Ahhh (suspiro)... lo que quería decir era: ¿Tía Aya? ¿De qué conocía ella a mi tía Aya?

-¿Conoces a mi tía Aya? -mis ojos se salían de las órbitas (de la sorpresa); cada vez estaba más y más confundida.

-Así es. Ella es muy amiga de mi madre. Precisamente no hace mucho que fui a visitarla, en San Francisco. Ella fue la que me dijo que podía instalarme "aquí" cuando volviera al Japón. Y, 'voilà!', aquí estoy.

-Ahhhhh –dije una vez que ella resolviera parte del misterio que la rodeaba-. Pero... ¿cómo has sabido que yo era Tenoh Haruka? -pregunté nuevamente.

-Bueno... Al principio pensé que eras un chico; un chico guapo y muy atractivo, por cierto, que había entrado en esta casa con no muy buenas intenciones -contestó con sinceridad-; pero luego me dí cuenta de mi error. Además, eres tal y como la sra. Morita me comentó.

Noté cómo mis orejas se ponían al rojo vivo. Aguanté la respiración, tratando así de asimilar la situación, por surrealista que me pareciese.

La balanza se había vuelto a desequilibrar. Primero había estrellado mis huesos contra el duro suelo y ahora se dedicaba a sacarme los colores. Demasiado increíble como para ser cierto...

Momentos después conseguí tranquilizarme y esbozar una sonrisa. Debía contraatacar.

-Pues... Encantada de conocerte, Kaioh –dije. La sonrisa se dibujó finalmente en mi rostro con ciertos tintes seductores-. ¿Sabes? Cuando te vi, pensé que eras un ángel...

Noté como ella se sonrojaba levemente ante mi inesperado comentario. No se podía dudar que yo era una verdadera experta en el arte del flirteo...

Ella recuperó la compostura y se dirigió a la puerta. Inmediatamente pensé que mi comentario le había molestado.

Me equivoqué. Por lo que se veía, ella también lo era (otra experta en el antiguo y complicado arte del flirteo, quiero decir)...

Antes de salir de la habitación, se giró para mirarme del mismo modo que el lobo mira al corderito antes de comérselo.

-Quizás lo sea...-comenzó a decir-, pero eso lo tienes que descubrir por ti misma, Tenoh –dijo con voz traviesa y mirada pícara.

Y dicho esto, se marchó.

Una vez más, la sirena conseguía descolocarme. ¿Resultado? La adorable Sirena Violinista: 3 – La IDIOTA de Haruka: 2.

En fin... seguramente lo pasaría muy bien en compañía de esa chica tan impredecible (y a la vez tan atractiva ^____^). Una cosa era evidente: mi segundo "exilio" había comenzado con muy bien pie.

*** continuará... ***