Pues llegó el segundo capítulo. Muchas muchas gracias a los que me dejaron un review, para mí son como regalos de navidad. Debido a las diferencias horarias, tras subir los capítulos me voy a dormir y cuando me despierto... ¡sorpresa! XDD
En fin, en este capítulo aparecen Rima y Yaya. Y Ami, la renovada hermana mayor de Amu que me he sacado de la manga, jaja.
Me cuesta un poco adaptar las personalidades de los dos chicos porque Ikuto me queda demasiado frío de lo que en realidad es, y Kukai demasiado amable y alegre. Soy consciente de lo OOC así que seguiré trabajando en ello.
—Sí, nuestros padres son hermanos, aunque tenemos distinto apellido. Como el negocio familiar se está expandiendo, se fueron a China con nuestras madres. —explicó el chico de cabello castaño con una gran sonrisa.
El que al parecer respondía al nombre de Ikuto, permaneció al lado de su primo sin decir una sola palabra. Parecía aburrido, como si todo eso no fuera con él.
Amu se sentó en la silla de la cocina mientras escuchaba a su madre parlotear a lo lejos.
—Oh... debe de ser duro vivir por vuestra cuenta, ¿qué hay de la escuela?
—Ah, mañana es la ceremonia de entrada de la academia Seiyo.
—Vaya, ¿en serio? —Era la voz de Ami, la hermana mayor de Amu, que parecía una chiquilla emocionada alrededor de dos chicos guapos. "Siempre es así —pensó Amu— a pesar de sus veinte años recién cumplidos ella nunca... Espera, ¿dijo academia Seiyo...?"
—¿Que queeeeeeeé? —gritó una Amu muy sorprendida, camino a la sala de estar.
—Oh, Amu-chan, ahí estás. Estos son los nuevos vecinos; Souma Kukai, y Tsukiyomi Ikuto.
—¿Has oído, onee-chan? Van a la misma escuela que tú.
"No puede ser..." pensó una muy abatida Amu.
—Los tres podéis ir juntos a la escuela. Amu os enseñará el camino —ofreció amablemente la señora Hinamori
—Decidido entonces, onee-chan.
Amu apretó los puños adoptando de nuevo su actitud rebelde y gritó —¡No quiero!
En parte fue porque ya había descuidado mucho su papel de chica dura, y en parte porque, ¿quién querría ir a la escuela con esos dos? Un tempano de hielo maleducado, y un pervertido fetichista de las bragas con flores. No, definitivamente se equivocaban si pensaban que accedería a aquello.
—Vamos, Amu-chan, se acaban de mudar aquí y aún no conocen el barrio...
—Rotúndamente no. —negó cruzando los brazos, ya con más calma.
Sin embargo, el chico de pelo castaño, Kukai, no desistió en su sonrisa, sus ojos seguían siendo amables. Por otro lado Ikuto pareció un poco sorprendido, y Amu hubiera podido jurar que una sonrisa felina se asomó por las comisuras de sus labios durante el leve instante justo antes de volver a su expresión estoica.
Volvió a mirar a Kukai y no había enfado en su rostro, realmente parecía una persona muy amable.
"Uh... quizás haya ido demasiado lejos"
—Está bien —sonrió el castaño— encontraremos el camino.
Amu se sintió algo culpable, no parecían malas personas después de todo. Al menos Kukai, el otro chico... daba miedo.
Mientras tanto los dos jóvenes salieron de la casa, dejando a Amu, su madre, y Ami solas.
—¡KYAAAAA! —gritaron las dos mayores al unísono
—Ah... ese Kukai, es tan guapo... me gustan los chicos como él —suspiró la madre de las chicas
—¿Y que opinas de Ikuto, eh, onee-chan? Personalmente como mangaka shojo le encuentro encanto a los de su tipo... frío, misterioso y sexy, como si escondiera algo —añadió Ami en su ensoñación.
—...
—¡Kyaaaaa!
—Me voy a mi cuarto...
"Me siento un poco deprimida..."
Amu arrastró la silla de su pupitre sin muchas ganas. El primer día de clase había llegado.
"Vaya... pues sí que será deprimente..." pensó observando al chico de pelo y ojos azules.
No solo estaban en la misma clase... sino que sus asientos estaban el uno al lado del otro. Genial.
—Ehm... disculpa —comenzó la chica, con su tono de "soy cool and spicy" —¿En qué clase está Kukai?
El chico la miró sin mucho interés
—Clase F.
—Ah... ¿en serio? Estáis muy alejados —añadió la pelirrosa. Para empezar no sabía ni por qué le había hablado, así que se reprendió mentalmente y se acomodó en su asiento, suspirando. Parecía un chico difícil con el que tratar...
De pronto la culpa la invadió completamente. —Sobre lo de ayer... la taza se rompió, ¿no? Anoche estuve pensando que, si tú mismo descargaste esa caja, sería porque contenía algo importante para ti...
—...
—Así que me disculpo —dijo de manera algo obstinada, realmente no tenía la necesidad de hacer todo aquello.
Ella le miró esperando un comentario, un simple gesto al menos, algo. Al no recibir señales de respuesta desistió, dejando caer su cuerpo sobre el pupitre. De pronto sonó un golpe y toda la mesa tembló, Amu se incorporó sobresaltada... el chico había dado una patada a una de las patas de la mesa de Amu, y la miraba de reojo con expresión divertida.
—De todos modos planeaba tirarla —dijo, y de la misma manera volvió a su estado de aislamiento.
—Mentira. —sentenció Amu. El joven tan solo le lanzó una mirada molesta y volvió a ignorarla.
—¡Oh, qué bonito! A Yaya le gusta tu pelo —exclamó una chica aproximándose a Amu, unos pupitres mas atrás ¿acaso se estaba refiriendo a ella misma en tercera persona...? La chica en cuestión tenía el pelo castaño anaranjado, recogido en dos coletas anudadas en unos lazos color rojo, y los ojos achocolatados. La miró como emocionada.
—Es muy bonito, tu pelo —sonrió.
—Ah... gracias —respondió Amu algo sonrojada ¿sería verdad? ¿podría hacer amigos esta vez?
—Yaya... deja de hablar con desconocidos —le reprendió una chica de pequeña estatura. Parecía una alumna de primaria; era pequeñita, mona, parecía una muñeca de ojos color ámbar... y su pelo, de un color rubio oscuro, caía ondulado hasta por debajo de su cintura, sujetado por una diadema negra.
—Jooo, Rima-tan, no seas tan estricta, ¿vale?
La conversación siguió su curso y Amu sonrió. "Quizas estos chicos... no sean cien por ciento imbéciles"
Las clases terminaron pero el diluvio no había hecho más que empezar. Aquel día Amu había olvidado su paraguas en casa. "Genial... —pensó— ni siquiera parece que vaya a parar pronto"
Justo entonces se le ocurrió la idea de ir a buscar a Kukai para disculparse, ya que ya lo había hecho con Ikuto. "Quizá él tenga un paraguas..."
Y con ese pensamiento se dirigió a la zona de los casilleros de zapatos. Amu pensó que podía empezar buscando por ahí... pero cuando dobló la esquina, paró en seco. Efectivamente ahí se encontraba el joven... con, ahm, una chica. Besándose.
Amu no podía creerlo, ¡era el primer día de clases y él ya...!
Justo entonces, detrás de la chica con la que se encontraba, Kukai abrió un ojo y vio a Amu petrificada unos pasos más atrás. Sin dejar de besarla, lentamente levantó un brazo y en un rápido movimiento movió la mano hacia arriba y hacia abajo.
"¿Me... me está pidiendo que me acerque?" pensó Amu confundida.
El chico no desistió en aquel gesto, y agitó la mano con más ímpetu. Sus señas decían claramente "fuera, vete de aquí"
"¡Quie... quiere que me aleje! —comprendió la chica, atónita— ¡No soy un perro al que echar así!" gritó furiosa en su interior, y salió corriendo, muerta de vergüenza.
"¡Vaya imbécil!"
Enfadada, recorrió los pasillos con los puños apretados, ¿quién se creía que era?
Fue entonces cuando topó con el peliazul, que junto a la puerta de salida, contemplaba la lluvia indeciso.
Amu se acercó a él.
—Está lloviendo... —comentó el chico con sus ojos fijos en el cielo
—¡Qué bien que estés aquí! ¿has traído paraguas, Ikuto?
—No...
—Oh... — "Tendré que volver a casa lloviendo"
Entonces Ikuto miró a Amu y dejó su mochila el suelo. Empezó a quitarse la chaqueta...
—O-oh, Ikuto, no tienes por qué, yo estaré bien aún si me mojo, de verdad...
—¿Eh? —El chico la miró confundido mientras alzaba la chaqueta sobre su propia cabeza. Acto seguido volvió a mirar el cielo y, con un suspiro, salió corriéndo con la chaqueta cubriéndole, aventurándose al temporal.
La mandíbula de Amu cayó en picado... ¡qué poco caballeroso!
Definitivamente había sido un día deprimente, como aquel clima. Y es que... ¡menudo par de idiotas esos dos!
—A... ¡CHÚUUUU! —estornudó la chica. Había pasado una noche horrible y a penas había logrado dormir por la gripe.
Se incorporó de la cama con una compresa fría sobre la frente y su pijama largo a cuadros cubriéndole hasta los dedos de los pies.
"Qué refrescante y agradable mañana."
—¡Aaaaachú! Sniff, sniff, me cabreo cada vez que pienso el ello... —murmuró mientras se sonaba los mocos.
"Ese gesto decía claramente "márchate, márchate" Y por otro lado, en la lluvia, Ikuto me dejó allí, sin piedad, como diciendo "Me voy, no me importa lo que te pase..." ¡qué poco tacto!"
Y hablando de cierto peliazul irrespetuoso, Amu vio por la ventana pasar al chico, que se dirigía a la escuela. Rápidamente se asomó y se apoyó en el marco de la ventana.
—Oh... Ikuto, ¿vas a clase lleno de energía? Qué encantador.
El chico la miró y automáticamente dijo —Tu cara es lamentable.
Frío, directo, sin piedad, al grano. Muy convencido, lo decía todo con naturalidad y sin inmutarse un ápice.
—... ¡De quién crees que es la culpa!
—¿Qué he hecho?
—¡Cómo...!
"Olvidalo, Olvidalo. Fue culpa tuya por poner esperanzas en alguien que ni siquiera conoces, Amu"
—¡E-EH! ¡Al menos termina de oír lo que tengo que decir! —gritó Amu en dirección al chico, que ya se iba.
—Hay otra persona inservible arriba.
—Joooo —gritó Kukai en tono infantil desde la ventana de arriba de la de Amu —¡Ikuto está hablando mal de mí!
—¡Kukai! ¿estás resfriado también? —preguntó Amu mirando hacia arriba
—Jeje, eso parece. Ah, Ikuto recuerda comprar mi medicina para cuando vuelvas ¿Podrías traerme también algo de pudin de fresas...?
Ikuto le miró con parsimonia —¿Quién te crees que soy?
—¡No me importa, aún así lo quiero!
—... —Ikuto volvió la cabeza y sin mediar palabra emprendió el paso.
"Esos dos... ¿su relación es buena o mala?" se preguntó la chica aún asomada a la ventana.
—¡A-mu-chan!
Entonces miró hacia arriba, Kukai seguía allí asomado.
—Ven a cuidarme.
Pero la joven hizo oídos sordos, cerrando la ventana de un portazo. Se dejó caer en la cama y cerró los ojos, tapándose con la manta hasta la punta de la nariz.
—¡Amu-chan! Hoy es el día de mi entrevista a ese chef famoso. Tienes gachas de avena en la nevera.
Amu abrió los ojos lentamente.
—Vale... —contestó debilmente, mientras volvía a descansar los párpados.
—Amu-chaaaaaaaaaaan —llamó una voz temblorosa.
La chica se levanto pesadamente y abrió la ventana de nuevo. Era Kukai, con los brazos sacados a fuera y cara de exagerada angustia.
—Me voy a morir...
—...
—No puedo... no puedo esperar a que Ikuto llegue con la medicina. Comparte la tuya conmigo, traela aquí.
—¿No puedes venir tu mismo a por ella? Yo también estoy enferma.
—Pero me voy a morir...
—... — Amu suspiró resignada y retirándose de la ventana se puso una chaqueta sobre el pijama, dispuesta a ir a la casa del muchacho.
Cuando pasó por la cocina vio la olla cerrada sobre la mesa. "Gachas..."
Amu llamó al timbre, llevaba la bolsa colgada en el brazo que contenía la medicina, y un recipiente hondo sobre una bandeja en las manos.
—¿Ho... hola?
No hubo respuesta
—Voy a entrar...
Amu recorrió los pasillos con curiosidad. Ciertamente era una casa grande para dos adolescentes como ellos.
"Está desordenado..." pensó al ver todo un sin fin de cajas de mudanza, aun sin desembalar.
Cuando llegó, Kukai estaba tirado en el suelo. Parecía inconsciente.
Amu entró en pánico —Ku... ¿Kukai?
Dejo sus cosas en el suelo y se arrodilló junto a él —¡Kukai! ¿estás bien?
El chico abrió un ojo y sonrió —Bromeaba.
—¡I-Idiota, ahora me iré! — gritó la chica incorporándose enfadada. Pero algo la agarró de su manga.
—Por favor, quédate.
Amu suspiró, era demasiado amable...
Minutos después ambos se encontraban comiendo gachas mientras conversaban.
—¿Tu novia no compartió un paraguas contigo? —preguntó Amu con las mejillas algo sonrojadas, principalmente por la fiebre.
—¿Uhh? ¿novia, dices?
—Sí. Ayer os estabais besando.
—¡Ah! ¿hablas de Rui? ¿o se llamaba Yui?
Amu no podía creerlo.
—Qué grosero por tu parte. No recordar el nombre de tu novia...
—Ella no es mi novia —Contestó rápidamente, antes de que ella pudiera decir nada más. —Nunca he tenido novia.
Amu le miró con curiosidad "¿Puede ser... que nunca antes le haya gustado alguien?" Se quedó un rato pensativa.
—Jaja bueno, como sea, hablemos un rato más. —sonrió amable— Cuando oigo tu voz...
—... siento ganas de abalanzarme sobre ti. Es tan sexy.
—¡Qu-qué! gritó la chica sonrojada, y en un intento de alejarse de Kukai, metió la mano en el plato de avena.
—Ugh...
—¡Jajaja, era broma, era broma! Anda, ve a lavarte eso. Te espero aquí. —sonrió.
Amu se levantó sintiéndose algo humillada, y se dirigió a la cocina. Abrió el grifo y tras quitarse los restos de comida, algo llamó su atención; era la taza de Ikuto. Había pegado los trozos.
"¡Lo sabía! —exclamó interiormente— Así que mintió, dijo que planeaba tirarla... Ese Ikuto no es nada honesto, quizá de verdad fuera un objeto importante para él."
Y con ese pensamiento regresó a la habitación de Kukai.
—Bueeno, yo ya me voy.
—¿Queeé? ¡No, no te vayas! —exclamó él haciendo falsos pucheros.
—¿Qué eres, un niño pequeño? —suspiró la chica, dándose media vuelta.
—Espera —la detuvo, agarrando gentilmente un mechón de su pelo —Al menos quédate hasta que me duerma. —dijo con una amplia y amable sonrisa — ¿vale?
Amu no pudo evitar sonrojarse un poco. Aquel chico era duro de verdad, esa mirada seguramente le hacía conseguir todo lo que quería.
—Ugh...
Al final, acabó tumbándose junto a Kukai, que cerró los ojos y se durmió con el mechón de Amu aún entre sus dedos. Lo último que ella pensó antes de caer dormida a su lado fue que, de alguna manera, sentía como si no pudiera decirle que no.
Tras salir del supermercado Ikuto fue directamente a casa. Aún tenía que darle la medicina al idiota de su primo, si es que no se había muerto de exageración ya...
Cuando abrió la puerta se encontró dos pares de zapatos en la entrada; los primeros, de Kukai, y los otros... los otros parecían unos zapatos femeninos.
Dudó durante un momento, pero al final dejó la bolsa en el suelo y se sentó junto a la puerta.
En el interior, Amu acababa de despertar.
—¡Ya son las siete...! —exclamó. Y rápidamente recogió sus cosas. Echó un último vistazo a Kukai, que seguía dormido, y con cuidado salió de la habitación.
Al llegar a la entrada se calzó los zapatos y abrió la puerta, pero algo se cruzó en su camino. O, más bien, alguien.
—¡Ikuto!
—Eso dolió... —dijo sobándose la cabeza por el golpe. Después alzó la vista hacia la chica —Conque eras tú...
—¿Qué hacías ahí fuera?
—No quería interrumpir el momento.
—¿El momento? ¿qué momento?
—...
—Ese momento.
En ese preciso instante Amu enrojeció hasta el mechón de pelo que sobresalía de su cabeza.
—¡O-oye, no lo malinterpretes! Solo vine a traerle medicina, pero después de comer avena nos quedamos dormidos.
—Como sea. — dijo dándose la vuelta sin mucho interés.
—¡Pero no me ignores! — exclamó ella, agarrándole del brazo.
Tras en contacto, Amu inmediatamente apartó su mano... ¡ese chico tenía el cuerpo helado!
—Eh... ya sabes, es abril, pero no deberías quedarte ahí fuera.
—No seas pesada, sé cómo cuidarme yo solo.
Amu se enfadó, infló los mofletes con indignación, y alejandose, exclamó:
—Crees que soy una pesada, ¿eh? ¡bien! Sigue siendo tan arrogante.
Tras unos segundos caminando escuchó la voz de Ikuto.
—¡Hey!
Amu se dio la vuelta, justo a tiempo para atrapar al vuelo una tarrina de lo que parecía ser pudin de fresa. Estaba a punto de decirle algo pero, con una sonrisa, el peliazul habló.
—Es el pago por la medicina.
Y volvió a lo suyo, como siempre hacía. Acababa de conocerle pero era como si siempre que parecía que le prestaba algo de atención, —lo suficiente como para sacarle de su burbuja— de repente... "¡puff!" desaparecía, se esfumaba y no dejaba rastro.
Al final, un único pensamiento resumió sus cavilaciones;
"Esos dos... son difíciles de entender".
Bueno eso fue todo :33 perdón por lo OOC... hago lo que puedo para adaptar lo mejor posible T_T
Me he dado cuenta que en el capítulo anterior no pedí reviews así que..., ¿por favor? 3
Muchas gracias por leer.
