"Yo tan solo quería no formar parte de esa larga lista de nombres olvidados". Cuando Alexander se fue despidiéndose con aquel fuerte portazo Magnus decidió volver a la fiesta y seguir pasándoselo bien, pero a medida que avanzaba la noche esa frase se le iba repitiendo una y otra vez al igual que la cara de pena del Alec. No podía sacarse esa imagen de la cabeza pero como buen anfitrión que era de esa extraordinaria fiesta no le quedó otro remedio que quedarse allí y aguantar el tipo, aunque no dejaba de ver a su novio por todas partes: cada vez que veía a un chico vestido de negro el corazón le daba un salto pensando que era él.
-Ya nos vamos. Ha sido una pasada-. Le dijo Simon sacándole de sus pensamientos.
-Me alegro que te gustase – le sonrió forzadamente el brujo-. "Al menos alguien se lo ha pasado bien esta noche" pensó para si.
Uno a uno el grupo se fue despidiendo de él quedando Issy la última.
-¿Dónde está mi hermano?- Pensé que estaría contigo os vi entrar a escondidas en el almacén-. Ella era la única que conocía su secreto.
-Se ha ido- le contestó con sequedad.
-Os habéis peleado ¿Verdad?-.
-Sí- no tenía ganas de hablar del tema.
-Oh ¡Por el Ángel! ¿Qué ha hecho ya? Mi hermano puede ser un poco cabezón y cascarrabias pero no se lo tengas en cuenta, es buena persona y le gustas mucho. Espero que lo arregléis pronto-. Y se fue cogida de la mano de un licántropo.
Podría haber pensado que ojala Alec fuera tan liberal como su hermana pero no lo hizo porque ya le gustaba tal y como era, no cambiaría nada de él porque ya era perfecto así. Vio como se iban los amigos de su novio y sintió una punzada de tirria al ver a Jace, y el único motivo era porque a Alec le había gustado ese rubio prepotente. Si él, un hombre experimentado en el campo del amor y con más de 400 años de edad, podía sentir un poco celos ¿Cómo no le iba afectar todo aquello al nefilim? Un pobre chico con un montón de miedos e inseguridades descubriendo todavía su sexualidad, siendo esa su primera experiencia amorosa. Durante la pelea estaba convencido de que él estaba en lo cierto pero ahora pensándolo fríamente, con menos alcohol en sangre y empatizando con Alec empezó a valorar que quizá el chico tenía un poco de razón.
Miró el reloj: eran las cinco de la mañana y no pudo evitar pensar en lo que tendría que haber pasado esa noche. El plan era el siguiente: Alec se hubiese ido ahora con sus amigos, una vez en su habitación se hubiese escapado por la ventana como solía hacer aprovechando que los demás dormían y hubiese regresado al loft de Magnus que estaba pegado al "Pandemónium". Una vez en casa hubiesen desayunado chocolate caliente y melindros (el desayuno preferido del ojiazul) que el brujo había comprado ya que el chico no se sentía cómodo comiendo cosas que según él eran robadas. Después hubiesen hecho el amor tórridamente para posteriormente quedarse dormidos abrazados el uno al otro convirtiéndose en un solo cuerpo. Pero nada de esto iba a suceder: hoy dormiría solo. Odiaba esa idea ya que últimamente su ángel se estaba quedando a pasar la noche junto a él con frecuencia. Al brujo siempre le había gustado dormir en compañía pero desde que conoció al nefilim ya no le servía dormir con alguien cualquiera, ese alguien debía ser Alec.
Aunque para los mundanos la fiesta duraría aún un par de horas más, la gran mayoría de subterráneos, en especial los vampiros por el tema del amanecer, empezaban abandonar la zona V.I.P para irse a sus respectivas casas, así que los camareros empezaron a recoger y a cargar las neveras para la siguiente noche. El Gran Brujo vio como una pobre empleada tenía problemas para trasladar las cajas de botellas de cerveza y se ofreció voluntario para ayudarla. Cogió las cajas y las entró en el almacén. Una vez dentro empezó a limpiar con la esperanza de distraerse con algo para dejar de pensar en Alec. Abrió la puerta de emergencia debido al calor que tenía y siguió limpiando cuando de repente alguien entró por la puerta. Se giró murmurado y al ver esa figura vestida de negro el corazón le dio un salto: esta vez si que era Alexander. Se quedaron mirando unos segundos en completo silencio.
-Lo siento mucho- se disculpó el nefilim con un hilo de voz y sin levantar la vista del suelo.
-Oh… Alec- El cazador estaba visiblemente afectado – Ven aquí pequeño-.
Alexander se tiró rápidamente a los brazos del brujo que lo abrazó con fuerza dejando que el chico escondiera la cara en su cuello. Le dio un beso en su sedoso pelo azabache y aflojo el abrazo para separase pero Alec no se despegó ni un milímetro de Magnus, seguía aferrado a él. El brujo le abrazó de nuevo sintiendo que su ángel lo necesitaba. Notaba como temblaba y el corazón le latía con fuerza.
-Chsss, ya pasó cariño, ya pasó- acariciándole suavemente el pelo. Obligó al chico a separarse de su cuerpo empujándole por los hombros, le cogió el pálido rostro con sus grandes manos y le hizo subir la cara para mirarle a los ojos y besarle tiernamente en los labios. –Estas temblando ¿Tienes frío? ¿Te ha pasado algo?- preocupado. El nefilim negó con un contundente movimiento de cabeza y se abrazó de nuevo al brujo.
-Ven, vamos a casa. Te prepararé una infusión que te relajará y hablamos tranquilamente ¿Te parece bien?- Preguntó Magnus agachando la cabeza para besarle la frente protectoramente.
-Sí- contestó con miedo. Esa oferta parecía haberle puesto más nervioso.
Con su largo brazo Bane rodeó los hombros de su chico y le guió hasta una puerta que a través de unas viejas escaleras conducía directamente a su loft. Ahora apenas la usaba pero años atrás solía llevarse a la cama a sus ligues por allí. Deseó con todas sus fuerzas que Alec no se imaginara la verdadera finalidad de ese oscuro caminito. Lo hiciera o no estuvo todo el trayecto en absoluto silencio. Al final de esas escaleras había otra puerta que daba al salón de Magnus. Alec entendía ahora porque su novio tenía esas cortinas en la pared: para no destapar ese pequeño secreto.
El brujo indicó al nefilim que tomara asiento en su cómodo sofá y se fue a la cocina a prepararle el brebaje.
-Esto te relajará- le explicó mientras se lo daba.
-Gracias-agradeció sin levantar la vista de la moqueta. Le dio un sorbo a la bebida.
-¿Te gusta?-
-Sí, está muy buena. Es dulce. Muchas gracias… lo siento mucho Magnus- prosiguió- yo…yo no debí actuar así….-
-Deja ya de disculparte Alexander, con una vez que lo hagas ya es suficiente- le sonrió cariñosamente.
-Pero todo esto es culpa mía. No debí comportarme así… lo siento tanto… y estoy tan avergonzado-.
-Eh, deja ya de torturarte solo cometiste un error, todo el mundo se equivoca. Deja ya de castigarte. Mírame – y cogiéndole por el mentón obligó al chico a levantar la cabeza pero éste estaba tan avergonzado que no podía aguantarle la mirada. Esto dolió al brujo. –Ya te he perdonado ¿Entendido?-
-Pero no me lo merezco. Te he defraudado-.
-¿Qué dices?- frunciendo el ceño.
-Sí. Como bien has dicho tú nunca me has dado ni un solo motivo para desconfiar de ti y no tenía derecho a acusarte de nada. Ya sé que todo el mundo tiene ex parejas y tú que has vivido cientos de años, en comparación con otra persona pues es normal que tengas más. Tenías razón: yo no tengo amigos ni soy el alma de las fiestas, así que no sé como se comporta uno con sus amistades cuando va a fiestas porque nunca voy, simplemente me quedo en casa porque, en fin… supongo que soy un muermo. No debí hablar de temas que no conozco: amor, amistad y diversión-.
-Alexander no me gusta que pienses eso de ti mismo – le dijo afligido mientras le acariciaba la mejilla – no eres un muermo ni mucho menos. Eres maravilloso. Simplemente la vida te ha puesto en situaciones que los demás chicos de tu edad no han tenido que vivir y eso te ha hecho madurar más rápido. Quizá tienes otra manera de ver las cosas y divertirte pero eso no significa que seas mejor o peor que los demás, simplemente eres diferente y eso es algo que me gusta de ti. Todas las parejas tienen discusiones alguna vez pero eso no significa que me hayas decepcionado, sino por la misma regla de tres yo también puedo pensar que te he decepcionado-.
-¡No, no!- se apresuró a negar- tú eres perfecto. ¿Significa esto…que a…aún somos novios?- Con miedo a la respuesta del subterráneo.
-¡Claro que sí! Mi amor ¿Creías que…?- Alec afirmó con la cabeza al mismo tiempo que parecía haberse quitado un gran peso de encima.
-Pensé que te habías enfado conmigo… y como me echaste de tu fiesta…- se le quebró la voz.
-Porque yo también me equivoco, chiquitín. Sí que es verdad que estaba enfadado pero ya no lo estoy. Tú también lo estabas eh…-
-Sí- sonrió al fin el nefilim tímidamente.
-Ven aquí- y de nuevo abrazó con fuerza al joven Lightwood- ¿Cómo voy a dejarte escapar con la cantidad de años que llevó esperándote? Pareces más tranquilo, la poción ya está haciendo efecto. Estabas tan nervioso… ahora te sentirás mejor ya verás-.
-Me daba miedo que rompieras conmigo, perderte… y me asusta la idea de ser solo uno más para ti, que de aquí a mil años ya ni te acuerdes de mí…porque para mí eres muy importante…- se sinceró el cazador de demonios.
-Pero esto no pasará. Puede que con el tiempo haya olvidado algunos nombres, pero no los importantes Alec. A ti jamás te olvidaré porque me importas mucho también-. Ahora era él quien se asustaba ante la idea de perderle.
A Alec le empezaban a pesar los ojos debido a la infusión. Con sumo cuidado Magnus le colocó la cabeza encima de su regazo y le acarició el pelo.
-Mira Alexander, quizá he estado con muchas personas pero ahora estoy contigo, solo contigo y no hay nada de mi pasado que pueda afectar eso, así que saber cosas de mis anteriores años lo único que puede hacer es herirte más porque hay cosas de las cuales incluso yo me avergüenzo. No es necesario recordar nada de todo esto. Te juro que nada de mi pasado se interpondrá entre nosotros-.
El nefilim ya estaba completamente relajado y entregado a las caricias del brujo.
-Te prometo que se lo contaré todos a mis padres y familia, que ya nunca más tendremos que escondernos-.
-No te preocupes ya lo harás más adelante- Magnus sabía que la gente de Alec no lo aceptaría y ahora que había visto lo fácil que era herirle no quería volver a ver sufrir a su novio nunca más. Pero el nefilim ya no contestó: estaba completamente dormido.
-Cariño- le despertó – vamos a dormir-.
-Sí- fregándose los ojos- me tendría que ir ya-.
-No. No te vayas por favor. Quédate-.
-¿Y la fiesta? ¿No tienes que volver?-
-No importa, lo más importante es que estás aquí conmigo. Quédate esta noche-.
La pareja se dirigió al dormitorio y se metieron en la cama. En menos de un minuto Alec se durmió siendo unas palabras susurradas al oído en el idioma natal de Magnus lo último que escuchó.
Fue con esa discusión cuando Magnus descubrió lo sensible que llegaba a ser Alec. Ya le sorprendió que el chico fuera tan dulce y cariñoso pero jamás se imaginó que alguien con ese aspecto serio e inquebrantable se pudiera herir tan fácilmente: hicieron falta un par de días para que se le pasara del todo el disgusto. A partir de ese momento el brujo hizo todo lo posible para no tener que ver a su novio sufrir de esa manera. Por su parte, parecía que Alec había aparcado todo aquel asunto de los amantes y pasado de su novio hasta que llegó Camille Belcourt. A partir de aquí ya todos sabemos la historia de lo que pasó.
FIN
