Capítulo 2: Adiós, Konoha
Ino decidió no comentar el acontecimiento que le ocurrió. Pasaron dos días y la chica estaba entusiasmada con su viaje, pero le daba un poco de tristeza dejar su natal Konoha.
Pero empezó a pensar un poco en lo que tenía que hacer para irse. Primero, debía consultar a sus padres, pero ella ya era mayor de edad, así que sólo debía avisar; segundo, preguntar a la Hokage. También debía aprender a usar los sables como armas normales, ya que no tenía idea de cómo sacar el Shibö No Kösen, no le servirían si no sabe ni siquiera la manera en que se toman. "Bien, piensa Ino ¿Cómo le harás con el permiso?, ¿Qué le dirás a Tsunade?". A la chica no se le ocurría una explicación convincente; ella no quería comentarle a la Godaime sobre su situación en su totalidad. Aunque si fuera algo menos delicado, andaría por las calles exclamando tener poderes nuevos.
"Estoy cerca de la Hokage, le iré a preguntar", Ino se dirigió al despacho de Tsunade, a paso decidido, al llegar tocó la puerta
- Disculpe, señorita Tsunade – La Yamanaka vio que la Godaime no estaba sola
- Hola Ino-cerda, ¿Qué haces aquí? – Preguntó una pelirrosa
- No te importa, Sakura-frentona, sólo vengo a hablar con la Hokage
- ¿De qué quieres hablar conmigo, Ino?
- Ehh… ¿Puede ser a solas? – Dijo la chica mirando a Sakura
- Claro, Sakura, por favor
- Sí - Asintió la aludida, respetuosamente, saliendo de allí
- Ahora sí, Ino, habla rápido
- Bien, lo que pasa es que yo… vengo a pedir un permiso para salir de la aldea por un tiempo indefinido
- ¿Por qué razón?
- Lo que pasa es que me gustaría entrenar afuera, en otras superficies, ya sabe, luego de la fallida misión, sería conveniente conocer más técnicas y otras cosas. Creo que éso sólo lo conseguiré fuera de Konoha – Ino se auto-felicitó mentalmente. Le había salido una explicación concisa de una manera natural
- Es bastante convincente tu argumento, Ino – Contempló Tsunade, haciendo que la chica sonriera, casi prediciendo una victoria – Pero me temo que no puedo aceptar tu petición
- ¿¡Qué!?, ¿Por qué?
- Ino, ninjas de todas partes, desde que se derrotó a la organización Akatsuki, están volviéndose traidores de sus lugares natales, asesinando a todo aquel que se les cruce. Nuestra gente, la mayoría está en misión, de hecho, Sakura estaba aquí porque la mandé a una. Y Konoha no puede quedarse sin ninjas dentro de la aldea. Los alrededores se han vuelto muy peligrosos. Y así también, ganamos dinero para la manutención de nuestra villa – la Hokage se mostraba seria y con un poco de preocupación – Por lo tanto, no puedo dejarte ir
- Entiendo, gracias – Dijo Ino, decepcionada, retirándose del lugar.
Al salir, la Yamanaka, se sumió en sus pensamientos, llegando incluso a ignorar a su amiga pelirrosa, dejándola preocupada.
"No puede ser, ¿Qué haré? Sino salgo de aquí, no obtendré mi objetivo y estos sables me matarán" pensó Ino recordando a la mujer del pergamino
"…si el portador no tiene la experiencia suficiente para las armas, éstas lo matarán y buscarán a alguien nuevo."
"Maldita sea, debo partir. La única opción que queda es: el escape. Pero ¿Soy capaz de traicionar a Konoha por un objetivo?" Dudó Ino de sí misma "No quiero morir por no haber logrado lo que me propuse ¡No, no debe ser así! Me iré, sea como sea, la decisión se tomó en el momento en que tomaste la determinación. Ahora lo que falta es que alguien me enseñe a tomar los sables, ¿Quién usa espadas o ese tipo de cosas aquí? Creo que... no él no usa. ¡Vaya qué difícil! Es que si pensamos que esas armas no son propias de un ninja. Veamos…" a la rubia se le vino una imagen a la cabeza "Sai, él tiene una pequeña espada, pero ¿Cómo le pido sin que sospeche? No creo que deba preocuparme, Sai no se dará cuenta de lo que haré"
La chica se dirigió a la biblioteca, no halló lo que buscaba. Así que caminó y caminó por la aldea, preguntando a veces a algunas personas, sin óptimo resultado y no encontraba al ojinegro. Fue a las afueras de Konoha, ya sin esperanza. Se sentó para descansar un poco, en un pequeño monte que parecía un verdadero jardín, lleno de flores y con vista al cielo. Pensaba en lo difícil que era encontrar a una sola persona entre tantas.
Se recostó en el
suave pasto y miró las nubes "¿Qué gracia tienen? En serio no
entiendo qué les ve Shikamaru"
Suspiró, definitivamente
tendría que marcharse esta noche o a lo más tardar en la madrugada
del día siguiente, lo peor era que partiría sin saber usar un sable
"Tengo mi taijutsu, el ninjutsu y hasta un poco de genjutsu, así
que con algo empezaré, no debo dejar toda mi fuerza depender de un
arma ¿O sí?" Igual lo seguía lamentando
- ¡Oh Sai! ¿Dónde estarás? – Preguntó Ino a la nada, sin ni siquiera darse cuenta de lo que preguntaba
- Aquí estoy – Contestó un chico mirándola arrodillado a su lado
- ¡AH! – Gritó la rubia asustada, pero al reconocer la figura se calmó, pero sintió arder sus mejillas de vergüenza – No me des esos sustos, Sai – Dijo un poco molesta
- Lo siento, pero deberías estar más atenta, en fin, ¿Por qué me llamabas?
- ¿Te llamé?
- Sí, dijiste "Oh Sai ¿Dónde estarás?" y creo que no hay otro Sai en la aldea que no sea yo – Sonrió de forma inerte el pelinegro
- Eh… ¡Ah sí! Es que te estaba buscando, porque… bueno, es que tú usas una espada, tengo entendido
- No mucho, pero sí
- Lo que pasa es que yo quiero aprender a usar un poco ésto – Ino, sacó de los estuches que tenía en su espalda, un solo sable. Sai, miró detenidamente la forma del arma
- ¿Me permites tomarlo, por favor? – La rubia le entregó el objeto al chico, que, a diferencia de ella, no hubo repulsión, por lo que pensó que él tenía suficiente experiencia y/o madurez para ello. "Pero si no siente nada, será la experiencia" – Mira, la forma en que se toma es ésta – Sai agarró firmemente el mango del arma – Te das cuenta que su filo una curvatura, bueno, es porque se usa para hacer cortes rápidamente de forma mortal sin que se quede incrustado en el cuerpo del enemigo – Ino respingó ante el comentario – Debes cuidar bien estos objetos, el sudor o la sangre hacen que la hoja de acero se quiebre o se altere de forma permanente
- ¿Cómo sabes tanto, Sai, si estas armas no son propias de ninjas?
- Uno no sabe si se puede encontrar en una batalla con una de éstas, generalmente, la usan los samuráis, de los cuales quedan pocos, pero sus armas son muy poderosas. Bueno, ¿Era éso?
- Eh, pues sí, gracias – La Yamanaka se sintió ignorante ante el ANBU y eso le molestó de sobremanera, no le gustaba quedar de tonta y menos frente un chico, aunque por otro lado, agradeció la ayuda – Gracias, pero de debo ir
- De nada, adiós, señorita belleza – Ino salió a paso apurado, dejando al pelinegro desconcertado, tratando de explicarse el comportamiento de la rubia tan apresurado "Es raro, no he leído algo que refleje este tipo de situaciones, en fin" Sai se fijó que todavía tenía el sable en su mano "No se lo devolví, se fue muy rápido, deberé buscarla"
Ino, rápidamente se dirigía a su casa, a
preparar sus cosas para irse lo más pronto posible, además ya era
casi de noche. Al llegar, saludó a su madre y padre y se encaminó a
su cuarto.
"Bien, debo elegir qué me llevaré. Por el dinero no
me preocuparé, tengo ahorros de mucho tiempo y no me haría mal,
hacerles favores a otras villas por un poco" Pensaba la chica al
momento en que abría su closet. En él se veía muchísima ropa,
parecida en tipo y en colores, la rubia sacó un montón,
desordenadamente, ordenándola cuidadosamente dentro de una mochila
bastante grande. Estuvo así por mucho tiempo, hasta que la llenó,
no sólo con vestimenta, sino que también con artículos de aseo y
comida, que había ido a buscar con algo de dificultad.
Ya estaba todo preparado, sólo quedaba la espera, no era tanta en todo caso, se la había pasado todo el día buscando a Sai, por ende, no llegó muy temprano a casa. Revisó si todo estaba bien, hasta que notó que faltaba un sable
- ¡Maldición, falta uno! – Exclamó Ino - ¿Dónde está, maldita sea? ¡Justo ahora! – La rubia buscó y rebuscó por todo el lugar "Quizás se cayó en alguna parte, que mala suerte la mía ¿Qué voy a hacer ahora?" Cuando escuchó un rayo caer y la tormenta desencadenarse "Si no encuentro ese sable… no quiero ni pensarlo"
Sai corría bajo la intensa lluvia, mojándose completamente, pero no le importaba, sólo tenía que buscar la casa de la Yamanaka, entregarle el arma y volver a casa, lo tomaba como una pequeña misión. Aunque, haber recorrido mitad de Konoha sin saber dónde está la casa que busca, corriendo, lo estaba agotando, por lo tanto se quiso sentar por un rato en un árbol alto.
Observó la villa detenidamente, desde esa altura y se fijó en que todo estaba oscuro a excepción de una habitación que expedía una luz y en su interior a una rubia mujer, con expresión angustiosa, que inconscientemente, se quedó mirando. El pelinegro sabía que, según lo que una vez, Sakura le había dicho, no era conveniente en una relación interpersonal, espiar a esa persona, pero por alguna extraña razón, le sentaba bien mirar a aquella chica, que, al principio, había pensado que era una superficial y no bonita, ahora, le decía belleza sin mentirle, simplemente se lo decía, tal vez, era superficial, tal vez no, éso lo vería con el tiempo.
El chico, ya revitalizado, dejando de lado sus meditaciones con respecto a Yamanaka Ino, fue a su ventana. A los ANBU se les enseñaba que, en cualquier caso, lo que se tenga que entregar, se le entrega al destinatario en sus propias manos. Fue así que Sai subió al pequeño balcón que daba a la habitación de Ino y golpeó la ventana suavemente.
Ella en medio de su desesperación, esperaba un milagro y cuando escuchó los pequeños toques a la ventana, creyó que su suerte cambiaría y no estaba tan equivocada
- ¿Sai?, ¿Qué haces aquí? ¡Mírate! Estás todo mojado
- No importa, sólo vine a entregarte ésto – Le extendió el sable a la chica, venía en perfectas condiciones. A ella, con el solo hecho de saber que tenía las dos piezas en su poder, no podía estar más feliz
- ¡¡Gracias, Sai!! No sabes el peso que me has sacado de encima – Le sonrió abiertamente, pero cambió radicalmente a una de preocupada, claro está que lo disimuló – No te quedes ahí parado, estás muy empapado, ven aquí – Ino, agarró del brazo al chico y lo tiró hacia adentro – Quédate aquí, voy por unas toallas
- Pero…
- Nada, te puedes resfriar y aquello no te haría apto para las misiones – La ojiazul sonrió triunfante, ya que no había ningún argumento válido contra éso, sobretodo si era para un miembro de la raíz ANBU. Rápidamente bajó a buscar los objetos, se dio cuenta que toda su casa estaba apagada, seguramente sus padres dormían.
El dibujante seguía ahí parado, observando su alrededor, la habitación era bastante normal para una chica, no era algo extravagante. El closet, un espejo, alguno que otro adorno y la cama. Se fijó en este último objeto, estaba bastante desordenado y había una mochila de gran tamaño, de esas que se usan para ir a la montaña y provisiones, ¿Para qué estaban esas cosas?, ¿Acaso Ino se iría?, estas interrogantes retumbaron en la mente de Sai. Le desagradó lo que experimentó en ese momento, era como un sentimiento, éso no podía ser, por más que se quisiera relacionar con la gente y entender sus actitudes, él ya no podía ser como aquellas personas, no, definitivamente, ya no podía.
En ese momento llegó, alegre, una sonrisa que hizo que él dejara de pensar en esas cosas
- Aquí están las toallas
- Gracias – Dijo Sai en el momento que se sacaba la parte de arriba de su vestimenta
- ¿Pe…pero qué estás haciendo? – Preguntó Ino con un leve sonrojo
- Es que ésta es la parte del cuerpo que más tengo mojada – Respondió el chico de forma educada, mientras pasaba la toalla por su torso
- Dame tu…tu…- Titubeó la rubia apuntando el ropaje que él se había sacado, a lo que Sai obedeció, pasándole la prenda. Ella, fue a su baño a secar la ropa mojada con su secador de pelo. Estuvo así por bastante rato, un poco nerviosa, hasta que se podía decir que la prenda estaba lista
- Eh, Sai, toma
- Gracias, otra vez, bueno me debo ir
- ¡Espera! Llévate un paraguas, o sino, no hubiera hecho falta secar nada – Le sonrió – Muchas gracias por el sable, cuídate mucho
- De nada, nos vemos – Se despidió el ANBU, saliendo por la ventana
- Sí…nos vemos – a Ino le dio una pena tremenda, el dejar Konoha no era fácil, pero debía hacerlo, algo la llamaba a descubrir el mundo, pero había mucho que la quería aquí, en su villa, ya no había marcha atrás. Al pasar las horas, era el minuto.
La caminata fue lenta, un poco triste, al igual que la noche que lloraba. Al llegar a las puertas de la villa, cayó en su mejilla, una pequeña lágrima, que quitó inmediatamente. "Por aquí también pasó Sasuke ¿Habrá sentido nostalgia?, quizás, ¿Regresará ahora que ya mató a su hermano?, tal vez. ¿Cuánto tiempo estaré fuera de aquí?, ¿Qué pasará conmigo?, lo que sea, pero volveré, ¡claro que sí!, es una promesa a ti, Konoha" Pensó melancólica, pero con esperanza "No veremos de nuevo"
He aquí el capítulo 2 de mi fic, muchas gracias a la gente que lo leyó y más aún a las que dejaron reviews
Bueno, aquí se supo un poco lo que Sai pensaba de Ino. Me costó bastante hacerlo, ya de por sí, personalidades así, es difícil mantenerlas en el canon.
Lo de los sables es verdad xD, lo investigué todo lo que pude jeje, sino visiten Wikipedia xD
Cuídense mucho
Ojalá les haya
gustado el capítulo
Kta
