-Tienes que impulsarte con las piernas y no solamente forjar la fuerza en los brazos
-Esto es muy difícil, ¿Para qué escalar un árbol?
-Créeme, te ayudará, es necesario que todo tu cuerpo esté en armonía física
-Para ti es fácil porque traes pantaloncillos, intenta hacerlo con un vestido como el mío y te darás cuenta que es más difícil de lo que crees
-Anda, apresúrate en subir
La insistencia de John era incomprendida por Candice, para ella bastaba usar a la perfección la espada, no le convencía la idea de ejercitar de más sus músculos al trepar árboles para blandir en un posible ataque.
-Es hermoso! La vista desde aquí es hermosa… mira el valle… el río… por allá hay más manadas de…
-Concéntrate, no has llegado hasta aquí para admirar el paisaje sino para hacer esto
Lo miró arrojarse y tomar con las manos una rama y mecerse en ella – Yo no haré eso, ¡Estás demente!
-Mecerse no es lo que deseo que hagas, sino esto – Dijo arrojándose de una rama a otra, Candice le siguió con la mirada sin perder ningún detalle de la cabriola que John realizaba – Cuando sientas oportuno te apoyas con los pies
-Me sudan las manos al pensar en hacer eso, estamos en lo alto, imagínate si caigo, el golpe debe doler, podría romperme las piernas… no, no lo haré
-No pienses en caer, sino en llegar… - Le extendió la mano.
John le inspiraba confianza, así que pisó fuerte sobre la rama bajo sus pies y se impulsó, llegó hasta la siguiente… a una más… a otra, le faltaba poco y las manos le ardían por los nervios de estar en las alturas, -un impulso más y te alcanzaré
-Vas muy bien, una más y te prometo descender
Quiso hacer lo mismo y al momento de impulsarse y su píe resbaló aturdiéndola, John se dio cuenta del miedo en su mirada y actuó prontamente. Le alcanzó a sujetar de la coyuntura de su mano – No me sueltes… te lo ruego
-No mires para abajo
-Me voy a caer
-Voy a moverte un poco y trata de alcanzar la siguiente rama
-Está bien
Con algunos raspones y los nervios destrozados bajó de aquél enorme roble.
Candice, estás sangrando de la rodilla
-No tiene importancia, ahora me lavaré
-Parece de cuidado, soy un imbécil, no debí exponerte a tal peligro
-Sí, eres un imbécil… y sigo sin comprender para qué me ayudará esto al momento de blandir la espada
-Necesitas la mayor fuerza en tus extremidades
-La espada no me pesa para nada, puedo con ella
-Imagínate en un combate, llegará el momento en que los brazos se te cansen
-¿Y qué? ¿Usaré las piernas?
Rieron – No, tonta, podrás usar tus piernas para impulsarte y tener fuerza… mi padre dice que habrá algunos momentos en los que tendrás que saltar, o correr…
-No me imagino a tu padre en los árboles –Le miró a los ojos
-Mi padre – Respondió sin ganas – No me ha enseñado esta manera de ejercitar los músculos, esto es algo que yo he descubierto
-Ah! Pues no le veo mucho beneficio, en realidad noto que es mucho riesgo y está por demás mencionar que ese árbol es sagrado.
-Claro que no, mañana no te podrás mover, todos tus músculos te dolerán y eso te enseñará que no los habías ejercitado; y por eso quise que nos trepáramos a ése, para que nos brinde su fuerza y protección
-Claro que sí, todos mis músculos han sido ejercitados, desde que éramos unos niños hemos estado en constante ejercicio… y basta aferrarnos a él para que nos prodigue su sabiduría y protección
-Pero era fuerza de niños, todo era a ese nivel… ahora ya somos grandes y por lo tanto no podemos seguir haciendo cosas de niños.
-John, ¿Recuerdas cuando tomábamos a los cabritos por los cuernos y les empujábamos con toda nuestra fuerza?
-Sí, cuando nos ganaban y corrían tras de nosotros…
-¿Sabes qué es lo que más extraño de cuando éramos críos? Las veces que nos metíamos al río y caminábamos en contra de la corriente
-Recuerdo cuando las piedras nos cortaban las plantas de los pies.
El cuerpo esbelto y ejercitado cuerpo de Candice difería en mucho de la fisonomía de las demás mujeres del Clan, su madre y su abuela le retaban diciendo que no comía lo suficiente por pasar demasiado tiempo en compañía con John.
-Ya no somos unos niños, pronto encontrarás alguien a quien desposar
-Si tu padre me dejara casar contigo, lo haría hoy mismo
-John, sabes que somos como hermanos… a demás he notado cuando miras a Grettel
Su mejor amigo se ruborizó ante la confesión de Candice -¿Se me nota mucho lo que siento por ella?
-Sí.
-Quiero desposarla pronto
-Eso significa que dejaremos nuestras aventuras
-Candice, siempre podrás contar conmigo y tú también te enamorarás y me harás un lado de tu vida
-Nunca te haré a un lado de mi vida. Tú y yo somos almas gemelas… por otro lado yo nunca me casaré, no quiero tener hijos… quiero ser libre – Con mucha dificultad se puso sobre sus pies, la sangre de sus raspones se había secado y dolían las contusiones ocasionadas por escalar el padre árbol –Seré un espíritu libre, nadie me tomará jamás…
-Vamos para curarte esas heridas y sí te casarás
-No, no sé qué quieres decir con que me casaré
-Candice, ¿tu madre te ha hablado de la costumbre de las mujeres?
Fue el tiempo de ruborizarse de Candice -¿Qué rayos sabes tú de la costumbre de las mujeres?
-No quiero que te pase estando conmigo, sería vergonzoso para ti.
-Jamás te darías cuenta de que ha pasado – Caminó rengueando para alejarse de él, en dirección a donde pastaban sus caballos ¿Cómo decirle que hacía un año que ya había experimentado la costumbre de las mujeres? ¿Cómo decirle que una mujer druida le explicó y le dio unas hierbas para aminorar el dolor y el sangrado? ¿Cómo explicarle la razón por la cual algunas veces no se metía al río con él? O ¿los cambios de ánimo y temperamento?
-Claro que me daría cuenta… me di cuenta cuando mi hermana…
Candice se enfadó y le plantó cara –Eres un… - Lo vio que miraba fijo en una dirección - ¿Qué pasa? – Viró para observar en la dirección en la cual se perdía la mirada de John
-Vámonos, no estamos solos
-¿A qué te refieres? Seguramente es alguien del Clan – Forzaba su mirada para intentar reconocer aquellas dos figuras que a lo lejos revelaban que observaban en dirección de la pareja de amigos
-Vámonos, no estamos seguros aquí – Hizo un ruido para llamar a los caballos que pastaban
-Alguien inteligente no se metería con los integrantes del Clan Andry – Candice tomó su caballo por la crin mientras éste seguía en movimiento y se impulsó para montarlo, sin importarle que las heridas se abrieran nuevamente y así poderse retirar del lugar.
- No sé quiénes sean, pero no son de nuestra tribu
-¿Serán escarbas enviados por invasores? – No tenía temor en sus palabras sino curiosidad
-No seas tonta, deben ser de algún otro clan. Lo que no entiendo es por qué se acercan demasiado a la colindancia. Debemos avisarle a tu padre
-¡Estás loco!, mi padre cree que nuestro lugar es en la otra orilla del río, no hasta esta parte del bosque… si se entera me matará.
-Esto no pinta nada bien- La miró y se preocupó por ella, no dudaba de su arrojo y valor, así como su destreza en las armas y su agilidad en el caballo. A pesar que la rodilla le sangró nuevamente no manifestó dolor que le impidiera seguir.
Candice podía montar y desmontar de una bestia en movimiento, blandía a la perfección la espada y tenía buena puntería con la lanza, con la honda y la lanceta, y a pesar de tener buena condición física y fuerza no tendría oportunidad delante de los hombres guerreros y robustos. –Es mejor que no volvamos más, cambiaremos nuestro lugar de aventuras, no quiero que nada te pase
-Mientras estemos juntos, nada me pasará, nada te pasará – Dijo para infundirle aliento a su amigo que demostraba preocupación.
-Se lo diré a tu padre. –Espetó mientras se internaban en el bosque
-Se lo diré más tarde- Respondió para evitar una discusión – Ahora acompáñame con la anciana Grey, le pediré que me revise la herida y que me ponga algún ungüento para calmar el dolor.
La anciana Grey era un druida que apreciaba a Candice desde que nació. Reconocía que William era un excelente Padre para el Clan y aunque la honra para los druidas, historiadores y cantores era mayor que los patriarcas, ella honraba el valor que demostraban los grandes y fuertes guerreros, esto hacía que la familia Andry tuviera más valor ya que todos los integrantes eran importantes entre sí.
Pero cada Clan era diferente, Richard Grandchester era más próspero en propiedades y en abundancia de cosechas. A falta de guerra implementó los combates y el apego por la cazaría de animales grandes y salvajes, sus favoritos eran los grandes osos y lobos, también incursionaba en la exportación de metales. –Neil, nos meteremos en problemas, esta es la colindancia con el Clan Andry
-Seguimos en los límites de Grandchester
-No entiendo por qué insistes en venir y observar a esa pareja de enamorados.
-No seas idiota, George, lo que observo es su entrenamiento
-Pero estamos lejos para darnos cuenta de sus secretos
-Él podría usar más fuerza pero se detiene porque su adversario es una mujer
-Yo no creo que él se detenga, lo que vi es que ella tiene igual fuerza que él
-No, no te engañes, ella cree que es igual en fuerza que él pero no es así, es demasiado delgada y baja de estatura…. – Jaló la crin del animal que montaba – Tienes razón, George, es momento de retirarnos.
-¿Comentarás lo que hemos visto?
-Si quieres perder la cabeza, coméntalo
-¿A qué te refieres?
-Sabes bien lo que piensa Richard del Clan Andry… no quiere problemas con ellos, nadie los quiere de enemigos.
-Entonces no volvamos nunca más…
Cabalgaron hasta llegar a la seguridad de la aldea para integrarse a los equipos de entrenamiento. A diferencia de los Andry, los Grandchester tenían rodeos acondicionados para entrenar. – Vamos Terrence, este año tienes que ser el vencedor
-Cállate, Neil… y pon fuerza
-Si eres el vencedor, prometo organizarte una celebración que nunca olvidarás.
-Tengo que derrotar a trece hombres
-Tú puedes, eres el favorito de Eleonor
-Quiero que mi padre se sienta orgulloso de mí – Dijo asestando un fuerte golpe en el escudo de hierro y madera de Neil. – Vamos, pon fuerza.
Neil se sintió acorralado y usó sus piernas para despejar su área de combate – Terrence ¿Podrías montar un caballo estando éste en movimiento?
-Sí, eso lo puede hacer cualquier guerrero
-Y ¿Podrías bajar de él cuando este siga en movimiento?
-Sí
-Dudo que puedas hacerlo tan bien como ella – Terrence pensó que Neil veía a alguien y provocó que se desconcentrara, y Neil mantenía en su mente la figura femenina que había estado observando por casi ocho días.
Bendita coincidencia, perseguía un zorro cuando los descubrió. Fueron las risas de ella las que captaron su atención.
-Terrence, maldita sea, no te desconcentres – Gritó Richard –Dejen las charlas para más tarde… empuña bien y arroja toda tu fuerza.
Terrence odiaba que su padre le gritara corrigiendo sus errores… no comprendía que Richard lo hacía con todos para enseñarles de la mejor manera, arrojó la espada y se dirigía rumbo a la salida
–Neil sal de ahí – Dijo enojado Archiwalt – Markus, ingresa y pelea contra Terrence, no le des oportunidad de nada.
Los ánimos entre ambos hermanos se encendían y mostraban su lado más aguerrido con el fin de satisfacer a su padre y demostrar sus aptitudes ante todos los presentes.
-Eres un imbécil – Terrence le gritó a Mark mientras se dolía de la profunda herida en el brazo
-Es una pelea, ¿Qué esperabas? ¿Qué te acariciara con la pluma de un cisne? –Respondió de manera mordaz
Terrence se aventó contra su hermano con todas sus fuerzas logrando agradar la vista de su padre y de los presentes
-La herida es profunda
-Ahora no mires eso y ven a darme un beso – Como cada tarde de manera religiosa Susana permanecía expectante del progreso de Terrence.
Se posicionó entre sus piernas separadas y dejó que éste le tocase en donde él quisiera.
Ella recompensaría su buen desempeño durante las prácticas.
Metió sus manos entre sus faldones acariciando sus redondos y carnosos glúteos. Su boca se perdía entre sus turgentes senos descubiertos.
Ella metió sus dedos entre los largos cabellos castaños acercándole más hacia su pecho; pero no sería ese día en el que ella se entregara a él aunque cada día las caricias intensificaban más y más. Pasó su mano por el cuello de él provocando que la piel se erizara y se detuvo por un momento en sus pectorales.
Él aflojó las cintas que ceñían sus ropas y acarició el cuerpo de Susana… ella le acarició su virilidad por encima de la ropa…
-Detente, Susana… porque si no lo haces tú yo no podré hacerlo
-No quiero detenerme, pero aún no es tiempo de que sea tu mujer, primero debes anunciar lo nuestro – Dijo besándole el cuello
Cada día le presionaba a hacer pública su relación a la que ya se le habían sumado algunos años. –No, aún no…
-Terrence – Lo separó de ella haciendo que el éxtasis se esfumara por los aires - ¿Qué te impide desposarme?
La miró a los ojos. Él no tenía respuesta a esa pregunta. Nada impedía que él la reclamara como su mujer y brindarle el título de esposa, pero no, no era ella en quien él pensaba… en realidad él no sabía a quién esperaba para desposar. –No digas más, todo tiene su tiempo
-¿No me encuentras atractiva? Es eso, ¿verdad?
-Susana eres bellísima, podrías ser la encarnación de Epona
-¿Entonces?
-Esperemos el próximo torneo. – Sin más, sin comprometerse a nada, tranquilizó los deseos de Susana por ser su mujer, por conseguir que Terrence la desposara.
Aunque Terrence no sabía los planes que Neil tenía en mente.
Neil quería congraciarse con Terrence por la razón de convertirse en su segundo al faltar Richard Grandchester. Él creía que Archiwalt era drástico y no le aceptaría entre sus fieles hombres y Markus no tenía el carácter para adoptar al Clan en caso de faltar su padre.
