Muchas gracias a todos por sus comentarios, realmente me hacen feliz. Espero que estén disfrutando de la historia y continúen disfrutando en un futuro. Aquí les dejo el segundo capítulo, léanlo y déjenme sus comentarios. Gracias de nuevo a todos. Y este capítulo va dedicado a las cuatro personitas que me dejaron un review, pero en especial a Dakota Boticcelli (amo tus historias, en especial Posdata: Te amo, me muero, y jamás creí que comentarías en una de mis historias y me muero de nuevo).

Bel's.


Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto


Del Matrimonio y Otros Demonios

-2-

Buenas noches, les saluda Takaoka Rin desde el Hilton Tokio Hotel, en Shinjuku ─saludó la atractiva reportera mirando directamente a la cámara─. Como pueden ver tras de mí, varios de los invitados a la sexta gala anual del Grupo Médico Haruno comienzan a hacer su aparición. Entre las figuras más esperadas tenemos a Uzumaki Naruto, el abogado favorito de la nación, junto con su esposo, el reconocido pintor Matsuda Sai; también esperamos a la famosa modelo Yamanaka Ino, quién en los últimos seis meses ha realizado varias donaciones al fondo del grupo médico, mostrando su apoyo total al avance de la salud en nuestro país.

En ese momento la cámara enfocó a un enorme grupo de gente vestido de gala, atravesando las gigantescas puertas del hotel, rumbo a uno de sus salones de conferencias.

Por último esperamos a nada más y nada menos que a Uchiha Sasuke, el esposo de Haruno Sakura y uno de los empresarios más influyentes de toda Asia ─la reportera sonrió a la lente─. Mientras nosotros aguardamos aquí en la puerta principal, pasamos con nuestra corresponsal interna, Shimatani Hirose, quien está cubriendo el evento desde el interior del hotel.

Naruto apagó el televisor con el mando a distancia y soltó un pesado suspiro. Tenía media hora clavado frente a la pantalla, intercambiando los canales de noticias que estaban cubriendo el evento en vivo. Tenía media hora vestido, tenía media hora respirando el penetrante olor del incienso y tenía media hora esperando a que Sai se dignase a aparecer. Y lo que no entendía era por qué carajo seguía allí, aferrado a la esperanza de que ese pintor miserable llegase. Sacó el móvil y contempló la pantalla, con la esperanza de recibir la llamada que tanto esperaba. Un instante después el maldito aparato se puso a chillar. El corazón comenzó a latirle deprisa, pero al comprobar el remitente lo invadió una extraña sensación. No era Sai quien llamaba, sino Sasuke. Contestó con dedos temblorosos.

─¿No deberías estar en la gala con tu mujer? ─espetó, amargo, a su interlocutor.

"Cierra la boca y sal, te estoy esperando abajo."

El rubio se guardó el móvil en el bolsillo y de inmediato se puso de pie. ¿Por qué carajo Sasuke habría ido a verlo? Eso no tenía ningún sentido. Se echó un último vistazo en el espejo junto a la puerta y salió del departamento. Una vez abajo vio el auto privado del moreno estacionado frente al edificio. Como siempre, Sasuke iba al volante. Era el único empresario que conocía que no tenía un arsenal de choferes a su disposición. Cruzó la concurrida avenida y se metió en el caldeado interior del auto. El moreno ni siquiera lo miró, simplemente arrancó el auto y se mezcló con el pulsante tráfico.

─¿Qué haces aquí, Sasuke?

El moreno se tomó su tiempo para responder.

─Me dio la impresión de que necesitarías de alguien que te lleve a la gala ─repuso el aludido sin despegar la mirada del camino─. Eso, y además vi la motocicleta de Sai estacionada en un bar mientras iba a la gala. Puedes asumir que se le olvidó que tenía que llevarte.

─Ya me imaginaba ─no quería admitirlo, pero aquello le había dolido─. ¿Y entonces tú decidiste hacer la buena acción del día y fuiste a recogerme?

Sasuke asintió.

─Sakura te mataría si no llegabas ─dijo por toda respuesta.

El resto del camino rumbo al hotel lo hicieron en silencio. Las calles del Shinjuku estaban abarrotadas de personas, camarógrafos y autos. Por espacio de media hora estuvieron atrapados en una marea de autos hasta que por fin uno de los policías que tenían acordonada la zona reconoció a Sasuke tras el volante y le permitió colarse por el cerco. El moreno detuvo el auto frente a la entrada principal del hotel, dónde ya se había congregado un enorme grupo de reporteros que les tomaban fotografías a velocidades vertiginosas. Antes de bajarse, Naruto reconoció a Takaoka Rin en lo alto de la escalera, contemplándolos con avidez. Tal parecía que no iban a escaparse de la típica entrevista antes de entrar al evento.

─Buenas noches, Uchiha-san ─saludó educadamente un valet que se había materializado junto a ellos─. Si me permite las llaves de su auto, por favor.

Sasuke le entregó el llavero sin decir nada y echó a andar con paso resuelto hacia la entrada. Naruto lo siguió al instante, imitando la expresión de cordial indiferencia que proyectaba su amigo. Los dos estaban ya tan acostumbrados a esa clase de situaciones que apenas se ponían nerviosos cuando las cámaras de televisión los enfocaban a gusto.

─Uzumaki-san, Uchiha-san, bienvenidos ─Rin se les había acercado, toda sonrisa, dispuesta a entrevistarlos─. La verdad es que no esperábamos verlos llegar juntos ─les dedicó una pícara mirada─. Uzumaki-san, ¿dónde está su esposo?

Rin era la reportera más directa de todas las que habían criado los canales de televisión. Naruto le sonrió como solo él sabía y entonces dejó caer los ojos, repentinamente entristecido. Sasuke, a su lado, lo miraba con cierto interés.

─Sai ha tenido que quedarse en casa trabajando, ya sabes cómo son los artistas, Rin ─soltó una pequeña risita─. Cuando la inspiración los ataca, es mejor no meterse en el camino.

La muchacha, satisfecha con la respuesta, dirigió su atención a Sasuke.

─¿Y usted, Uchiha-san? Debo confesarle que todos nos sorprendimos un poco al ver llegar a su esposa sola, creímos que le había sucedido algo ─le puso el micrófono cerca de los labios─. ¿Algo que comentar?

Sasuke utilizó la misma estrategia que el rubio y le sonrió. Las mejillas de Rin se enrojecieron de inmediato.

─Sakura decidió adelantarse, dice que soy peor que una mujer a la hora de arreglarme ─dijo sin dejar de sonreír─, además, Naruto y yo ya habíamos quedado en que vendríamos juntos, así que estaba quemando algo de tiempo.

Y antes de que Rin pudiese preguntarles algo más, los recién llegados echaron a andar hacia la puerta. Antes de perderse entre el gentío que poblaba el vestíbulo, escucharon a Rin decirle a la cámara: "…una de las amistades más duraderas de la farándula japonesa. Si, señores, Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto son el ejemplo más grande de que las amistades verdaderas son para siempre."


─¡Ahí estás! ─exclamó Sakura al ver a su marido aparecerse en el salón. Lo saludó con un contundente beso en los labios y le dio un breve abrazo─. Pensé que ya no ibas a venir, estabas tardando demasiado.

─Me desvié del camino ─dijo al tiempo que señalaba a Naruto, quien se les acercó rápidamente─. Éste no tenía con quien venir.

Sakura contempló a Naruto con los ojos vidriosos y un ligero rubor esparcido por sus mejillas. Naruto la abrazó con fuerza y le plantó un beso en la frente.

─Estás preciosa, Sakura, como siempre ─la alagó el muchacho.

─Muchas gracias. ¿Dónde está Sai? Pensé que vendría con ustedes.

La sonrisa del rubio flaqueó un poco.

─Se ha quedado en casa trabajando, tiene un contrato bastante importante que cumplir ─un mesero se les acercó en ese instante a ofrecerles algo de beber. Los tres cazaron copas de vino y se las bebieron de un sorbo─. Ya sabes cómo es, el trabajo primero.

Sakura frunció el ceño.

─Aun así debería darse un descanso de vez en cuando. Bueno, vamos ─se aferró con fuerza de su marido─, todos están esperando para verlos.

Atravesaron el abarrotado salón para reunirse con un pequeño grupo de personas que conversaba discretamente junto a la mesa de bocaditos. Naruto los reconoció a todos de inmediato. Al menos la mitad del grupo estaba allí, entre ellos Hinata y Neji. Cuando se les unieron Sasuke y Naruto se transformaron automáticamente en el centro de atención.

─Dios santo, Naruto, has crecido un montón ─comentó Ino, tomándolo del brazo─, ya eres más alto que yo.

─Gracias al cielo, estaba cansado de que me llamaras 'chaparrito' ─le rio la broma─. Tú no has cambiado en nada, sigues igual de guapa que siempre.

─Mentiroso ─gruñó una voz a su lado. Kiba le ofreció su mano, la cual el rubio apretó enseguida─. Ya sabes que no deberías decirle esas cosas o va a terminar creyéndolas. Sólo porque es modelo… ─chasqueó la lengua─. ¿Qué ha sido de tu vida, amigo?

─Nada de interesante, trabajo y más trabajo.

─Lo que significa que se la pasa vagando en la oficina ─Shikamaru le puso una mano en el hombro y le sonrió─. Has resucitado de entre los muertos, Naruto, ya ni siquiera nos contestas el teléfono.

El rubio se sonrojó y se llevó una mano a la nuca.

─Eso es porque tiene una asistente para que conteste todas las llamadas ─ofreció Hinata acercándose a ellos─. ¿Dónde está Sai?

─Déjalo, Hinata, debe tener algún motivo para no estar aquí ─Neji le dio un breve abrazo─. Hinata me lo contó todo ─le susurró al oído.

Naruto asintió casi imperceptiblemente y sonrió.

─¿Y tú, Sasuke, cuál es tu excusa para haberte desaparecido?

Ino había arrastrado al moreno hacia el grupo. Los presentes saltaron a saludarlo y a acribillarlo a preguntas al igual que al rubio. Sasuke, menos comunicativo, respondía con cortantes monosílabos. Todos estaban acostumbrados a eso, Sasuke siempre había sido así.

─Es una lástima que los demás no pudieran venir ─comentó Sakura con tristeza─. Realmente quería que nos reuniéramos todos. Ya nos hacía falta.

─Sabes muy bien que nuestros ritmos de vida se han complicado, Sakura ─repuso Shikamaru echando un vistazo a su alrededor─, pero descuida, Temari llegará luego.

─¿Y ustedes para cuando se casan? ─preguntó el rubio, recordando de repente que Shikamaru y Temari salían juntos desde secundaria.

Shikamaru se encogió de hombros.

─Ya le di el anillo, pero no hemos escogido una fecha.

Todos estallaron en carcajadas ante el visible bochorno de su amigo y decidieron dejar el tema para luego. Habían entablado ya una conversación cuando una de las empleadas de Sakura se acercó a ella con un micrófono en la mano.

─Ya llegaron todos los miembros de la junta, Haruno-san, dicen que ya puede comenzar ─le entregó el micrófono a su jefa y se fue tras dedicarles a todos una sobria reverencia.

─Buenos, chicos, el deber llama. Nos vemos luego de la presentación.

Besó a Sasuke en los labios, se despidió del resto y se perdió entre el gentío; unos minutos después reapareció encima de la tarima construida al otro extremo de la sala. Un pequeño grupo de hombres y mujeres habían ocupado ya sus lugares en la mesa principal. Lentamente los presentes fueron cesando sus conversaciones hasta que el silencio reinó por completo en la estancia.

─Buenas noches y bienvenidos a la sexta gala anual del Grupo Médico Haruno ─el público aplaudió estruendosamente─. Quisiera comenzar por agradecerles a todos por haber venido y quisiera agradecerles también por las numerosas donaciones que hemos recibido a lo largo de la velada. Es una tranquilidad para mí el saber que todos nosotros estamos tan comprometidos con el desarrollo de la medicina en nuestro país ─nuevamente aplausos─. Ahora quisiera que todos presten especial atención, puesto que vamos a exponer el plan de trabajo para el presente año.

Las luces de la sala se apagaron y se encendió un proyector. Un video comenzó a correr, proyectado en la pared tras la mesa principal. El silencio se hizo más denso.

─Te está brillando el bolsillo ─le susurró Sasuke al rubio quince minutos después de iniciada la presentación.

Naruto sacó el móvil del bolsillo del saco y contempló la pantalla con gesto inexpresivo. Sin pensarlo dos veces presionó el botón de colgar. No pensaba contestarle, no después de lo que le había hecho.

─Enciendan las luces ─resonó entonces la voz de Sakura. Se encendieron nuevamente las lámparas al tiempo que se apagaba el proyector. La audiencia le dedicó a la pelirosa un breve aplauso─. Para que les dé una explicación más detallada de lo que trata nuestro proyecto, le cedo el escenario a Yamamoto Keichi, vicepresidente del Grupo Haruno y el hombre que desarrolló la maravillosa medicina que acabamos de ver en la presentación. Yamamoto-san, por favor ─le entregó el micrófono a un hombre robusto, de cabello canoso y gafas de montura metálica.

Aprovechando que la atención de todos, incluyendo la de Sasuke, estaba en el hombre sobre el escenario, Naruto se escabulló del salón. El vestíbulo estaba vacío, salvo por dos guardias de seguridad armados hasta los dientes que custodiaban la puerta de entrada.

─Naruto, espera ─la agitada voz de Hinata lo hizo detenerse en seco─. ¿A dónde vas?

─A casa ─repuso con amargura─. No debí venir.

La pelinegra soltó un pesado suspiro y le puso una mano en el hombro a su amigo.

─Escucha, no puedes irte ahora. Ya sabes que después de que Yamamoto termine de hablar comenzará la ronda de donaciones, lo que significa que todos esos reporteros que están esperando afuera van a entrar a tomar fotografías y a transmitir en vivo esa parte del evento ─se acercó un poco más al rubio─. ¿Por qué no vino Sai?

Naruto enterró el rostro entre las manos. De lo que menos quería hablar era de Sai.

─No quiso venir, pero acordamos en que vendría a dejarme para que los reporteros nos tomaran unas cuantas fotografías y que la excusa de siempre fuese más creíble, pero resulta que el imbécil se largó a beber. Sasuke reconoció su motocicleta cuando venía hacia acá y se tomó la molestia de ir a recogerme.

Hinata maldijo por lo bajo.

─¿Cuándo vas a hacerle firmar esos papeles? ─bajó la voz hasta convertirla en un susurro casi inaudible─. Estás torturándote junto a él. Tente un poquito de respeto y amor propio. Divórciate de Sai antes de que termine matándote.

─No es cuestión de hacerle firmar los papeles y ya, tú lo sabes mejor que nadie. Estamos hablando de casi siete años de matrimonio, Hinata, y no sólo eso, sino que mi reputación y la de Sai están en juego también. Nadie en su sano juicio va a creerse que nos divorciamos porque se nos acabó el amor. No mientras las revistas sigan sacando fotos de nosotros como dos tortolos enamorados, pero tampoco estoy dispuesto a hacer público el hecho de que ese idiota lleva poniéndome los cuernos quien sabe por cuánto tiempo.

─Baja la voz ─le advirtió la muchacha, echando una nerviosa mirada a su alrededor─. Realmente no pensé que fueses tan cobarde, Naruto. Te da miedo divorciarte de Sai y creo que es porque temes quedarte solo. Estás tan acostumbrado a la compañía de ese pintor de segunda que no eres capaz de ver que un poco de soledad es precisamente lo que te hace falta. De todas formas tienes un mes para entregarme esos papeles firmados. Así sea que yo tenga que amenazarlos, pistola en mano, para que firmen, me los vas a entregar.

─¿Qué está pasando aquí?

Sakura se había materializado en el vestíbulo y los miraba con curiosidad.

─Nada, Sakura-chan ─repuso Hinata con una sonrisa─. Naruto y yo estábamos tratando unos asuntos del trabajo, ya sabes.

La muchacha no parecía muy convencida, pero dejó ir el tema.

─Va a comenzar la ronda de donaciones, los necesito adentro a los dos ─les dijo y se acercó a los guardias─. Dejen pasar a los reporteros.


─¿Estás seguro de que no quieres que te llevemos, Naruto-kun? ─le preguntó Sakura por tercera vez en menos de diez minutos.

Eran más de las dos de la mañana cuando el evento dio por finalizado. La mayoría de los asistentes ya se habían marchado muy pocos pululaban todavía por el vestíbulo trabados en interesantes conversaciones. Uno de esos pequeños grupos estaba compuesto por Sakura, Sasuke y Naruto.

─Sí, Sakura, no te preocupes ─le regaló una alegre sonrisa─. Ya tomaré un taxi, no va a pasarme nada.

─Es demasiado tarde para eso ─objetó la pelirosa, cruzándose de brazos─. Ven con nosotros, tu departamento está de paso.

Eso era mentira. Sakura y Sasuke vivían en los límites del Shinjuku, mientras que su departamento quedaba en pleno corazón de Shibuya, al otro extremo de la ciudad, aun así le agradeció el ofrecimiento.

─Al menos deja que te llevemos a la estación de taxis.

─Está bien, eso sí te acepto.

Contenta, Sakura los precedió a la salida. Afuera ya no quedaba nadie, ni siquiera el cerco policial. De todas formas las calles continuaban abarrotadas de gente. Tokio era una ciudad que nunca dormía.

─Naruto ─Sasuke le puso de repente una mano en el hombro─. Mira.

Estacionado al pie de la escalera, en una motocicleta de gran cilindrada, estaba Sai. Tenía el rostro inexpresivo y la mirada ida, lo que le hizo suponer al rubio que estaba bastante bebido. Despidiéndose apresuradamente de sus amigos, bajó los escalones de dos en dos.

─¿Qué estás haciendo aquí? ─le gruñó el rubio en voz baja al tiempo que le arrebataba las llaves de la motocicleta─. Apestas a tequila.

─Estaba bebiendo, sí ─arrastraba las palabras y una sonrisa boba afloraba cada cierto tiempo a sus labios─. Pensé que debía venir a recogerte.

Naruto chasqueó la lengua.

─Muévete, conduzco yo ─empujó a Sai de malos modos y se montó en la motocicleta delate de él─. Ponte el casco y agárrate, si es que puedes.

Consciente de que Sasuke y Sakura los miraban con atención desde lo alto de la escalera, el rubio se esforzaba por pretender que todo estaba bien. Volvió a despedirse de ellos con un gesto de la mano y encendió la motocicleta. Sai reaccionó ante el rugido del motor y se aferró con fuerza a la cintura de Naruto. Sintiendo una extraña satisfacción, el muchacho arrancó y se perdió entre el gentío. Casi una hora después estacionaba la motocicleta en el subterráneo del edificio. Se bajó de un salto y echó a andar hacia el ascensor. Sai lo seguía a trompicones.

─No vas a meterte en la cama así, ve a bañarte ─ordenó el rubio ni bien estuvieron dentro del departamento─. Es eso o duermes en el sofá, escoge.

Sai se había recostado contra una pared y contemplaba a Naruto con intensidad. El rubio se sintió incómodo bajo el peso de esos ojos negros. No podía negar que todavía sentía algo por Sai, tampoco podía negar que albergara todavía la estúpida esperanza de que éste dejase de engañarlo y que las cosas volvieran a ser como antes. Era un idiota y un masoquista. No, era un cobarde. Hinata tenía razón. Era cobarde, idiota y masoquista, no precisamente en ese orden. Soltó un pesado suspiro y se pellizcó el puente de la nariz. Le dolía la cabeza y lo único que quería era acostarse a dormir y olvidarse de todo por un rato.

─Lo siento, Naruto ─susurró Sai entonces.

Al rubio se le cerró la garganta y se le llenaron los ojos de lágrimas. Era una nena llorona encima de todo.

─Sé un poco más específico, Sai. ¿Te estás disculpando por haberme dejado plantado hoy o te estás disculpando por haberme puesto el cuerno en mi propia casa? Ya no llevo la cuenta de las estupideces que haces hoy en día.

─Por todo.

Naruto soltó una risita a medio camino de un grito de desesperación. ¿Cómo podía pedirle disculpas con tanta calma después de todo el daño que le había hecho? Tenía suficientes motivos para sacar en ese mismo instante los papeles del divorcio del cajón de su velador y obligarlo a firmar. Sabía que en ese estado de ebriedad Sai no se negaría a nada, pero no podía hacerlo. La sola idea de separarse de él le provocaba un dolor tremendo. Todavía lo amaba, a pesar de todo.

─Ve a dormir, Sai ─le dijo con voz cansina─. Ya hablaremos mañana.

Y como el pelinegro no se movía, Naruto lo agarró de un brazo, lo llevó casi a rastras a la habitación, le quitó la ropa y lo metió bajo las cobijas. En menos de un minuto Sai se había quedado profundamente dormido. Todavía recordaba con claridad el día que conoció al excéntrico estudiante de arte, Matsuda Sai, en el patio de la universidad. Hacía un día soleado, de esos en los que no había nubes en el cielo. Estaba sentado bajo un árbol, junto con Hinata, Neji, Sasuke y Sakura. Sus demás compañeros del grupo estaban desperdigados por el lugar.

Disculpa, ¿eres Uzumaki Naruto? ─preguntó una voz carente de emoción. Sai estaba de pie a su lado, embozado en negro y con un pincel detrás de la oreja─. Me han pedido que te entregue esto ─sacó una carpeta de su mochila y se la dio.

Gracias ─repuso el rubio algo nervioso. El muchacho era estúpidamente atractivo. Por un instante se preguntó si era gay─. ¿Cómo te llamas?

Matsuda Sai ─sin ser invitado se sentó junto al rubio─. Uchiha, Sakura ─saludó a los otros dos presentes.

Hola, Sai ─saludó Sakura con una sonrisa. Sasuke, a su lado, se limitó a gruñir. Naruto interpretó eso como una señal de que el pintor no le caía nada bien─. Bueno, de lo que les hablaba, vamos a ir a la fiesta de Ino, sí o no. Me está jodiendo para que le dé una respuesta ya…

Desde ese día Sai se unió al grupo, a los tres meses le había pedido a Naruto salir y él había dicho que sí, después de haber confesado su homosexualidad frente a sus amigos. Por ese entonces Sakura y Sasuke no eran novios, pero dos meses después de que Naruto entrase con Sai, Sasuke le pidió a Sakura entrar también y se volvieron las dos parejas más envidiables del grupo. Por momentos el rubio moría por regresar a la época de universidad, porque durante esos años su relación había sido el sinónimo de un cuento de hadas. Se casaron al año de noviazgo y ya habían pasado casi siete desde entonces.

─¿Qué voy a hacer contigo, idiota? ─preguntó el rubio en voz baja, contemplando el rostro de Sai.

Sintiendo otra vez las lágrimas agolparse en sus ojos, abandonó rápidamente la habitación. En el pasillo, pegó la espalda a la pared y resbaló hasta el suelo. Las lágrimas ya le corrían libres por las mejillas. Por primera vez en más de tres meses dejó salir todo el dolor que lo carcomía por dentro.


Al llegar a su oficina al día siguiente, Naruto se encontró con Sasuke esperándolo allí, sentado cómodamente en una de las butacas, con una taza de café en la mano. Haciendo un esfuerzo por ignorarlo, el rubio dejó su maletín junto al escritorio, colgó su abrigo del perchero y se sirvió una taza de café para él.

─Es la primera vez desde hace mucho que nos vemos dos días seguidos ─comentó el rubio tras diez minutos de silencio─. Tengo dos teorías al respecto.

Sasuke se encogió de hombros. Naruto lo tomó como un permiso para seguir hablando.

─La primera teoría es que me estás siguiendo, la segunda teoría es que me extrañas demasiado ─Sasuke se atoró con un trago de café y un rubor cubrió sus mejillas─. ¿A cuál le atiné?

─A ninguna, dobe ─repuso el moreno, dejando la taza de café vacía sobre el escritorio─. Necesito un abogado y se me ocurrió que tú me cobrarías barato por el trabajo, pero si no te interesa puedo pedírselo a alguien más.

Naruto rio a carcajadas y apuró su café de un trago.

─A ver, explícame.

─Estoy a punto de cerrar un trato con una compañía europea y necesito asesoría legal por el tema del contrato, hay cláusulas que no me cuadran y quiero asegurarme de que todo está en regla antes de firmar.

─Consígueme una copia de ese contrato con cualquier excusa, la revisamos y listo. No creo que sea muy problemático.

─Pasa esta noche por mi casa a recogerlo, es el único lugar dónde la incompetente de mi asistente no puede meter las narices. Y a ver si te quedas a cenar, Sakura va a hacer lasaña.

─Gracias, Sasuke-kun ─le sonrió.

Sasuke frunció ligeramente el ceño.

─¿Cómo te fue ayer? ─la sonrisa del rubio se borró de un plumazo─. Así de bien, ¿eh?

─Me pidió disculpas ─dijo con voz ahogada─. No lo recuerda.

─Estaba borracho, es natural ─comentó con fingida indiferencia. No quería aceptarlo, pero le alegraba un poco el saber que el matrimonio de Naruto estaba terminándose. Y no sabía que era más preocupante: el hecho de regodearse en el sufrimiento de su amigo, o buscar las oportunidades para consolarlo por ello─. ¿Por qué no firmas esos papeles?

─No es tan sencillo ─repitió las palabras que le había dicho a Hinata la noche anterior─. Hay demasiadas cosas de por medio.

Sasuke no hizo ningún comentario y se puso de pie.

─Nos vemos esta noche.

─¿Puedes pasar recogiéndome por aquí? Estoy sin el auto ─añadió.

─Hn.

Y sin decir nada más, se marchó.

Naruto pasó el resto del día enfrascado en los problemas de la oficina. El tiempo pasó volando y antes de darse cuenta el reloj ya marcaba las siete de la noche. Se levantó lentamente y se estiró con el desparpajo de un niño pequeño. Rápidamente recogió sus cosas y salió de su oficina. Todas las luces del lugar estaban apagadas; para variar se había quedado solo.

─La seguridad de tu oficina es deplorable ─comentó una voz desde las sombras. Naruto dio un respingo y soltó un improperio─. Cuida tus modales, dobe.

─Deberías dejar de hacer eso, vas a matarme de un susto un día de estos ─echó a andar con paso decidido hacia la salida─. Además, no es mi culpa que tengas habilidades que cualquier ladrón envidiaría.

─ ¿Es eso un halago? ─Sasuke caminaba tranquilamente a su lado.

─Es una observación ─lo corrigió el rubio─. ¿Por qué estás tan contento?

Así que se había dado cuenta. Definitivamente Naruto era la única persona que podía leerlo con tanta facilidad.

─No es nada ─repuso con el tono indiferente de siempre─. No iremos a mi casa ─dijo entonces y le entregó una carpeta─. Ahí tienes el contrato, vamos a la tuya.

Naruto se detuvo en medio de la acera, confundido.

─ ¿Cómo que vamos a mi casa? ¿Qué pasó con Sakura?

─Emergencia en el hospital.

─Sai está en el departamento, si quieres verlo, pues vamos allá.

Aquello lo disuadió.

─Al bar de siempre, ¿entonces? ─Naruto asintió─. Mi auto está en la otra cuadra, aquí no había dónde estacionar.

El rubio lo siguió en silencio por la calle, pensativo. Era la primera vez que veía a Sasuke tan contento; se le notaba en la forma de caminar, en la forma de hablar, incluso en la forma en la se arreglaba distraídamente el cabello. Tenía la ligera sospecha de que su alegría tenía mucho que ver con el hecho de que Sakura estaba de guardia esa noche. Aun así no hizo ningún comentario. Sasuke era bastante temperamental, mucho más cuando alguien invadía su espacio personal.

─¿Ya leíste las noticias de la gala? ─preguntó Sasuke tras quince minutos de silencioso recorrido en auto.

─Aquí tengo uno de los artículos ─sacó un recorte de su maletín y lo estiró─, mi asistente me lo dio esta tarde. Es bastante… interesante.

─ ¿Qué dice?

─Las mismas tonterías de siempre: los asistentes donaron varias cantidades de dinero, la comida y la organización estuvieron perfectos, Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto son un ejemplo de amistad, Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto parecen más que amigos ─soltó un suspiro─. Ya sabes que a Takaoka Rin le fascina inventarse relaciones amorosas dónde no las hay. El artículo lo escribió ella.

─Típico. ¿Recuerdas cuando se inventó que Sakura me engañaba contigo?

Naruto rio a carcajadas.

─Fue el mejor mes de mi vida, con todas esas cartas de mujeres ofendidas por mi falta de respeto hacia Sai y hacia a ti.

─Me enviaron bastantes flores ─estacionó el auto frente a un pequeño bar, aparentemente vacío─. Y me hicieron algunas propuestas de matrimonio.

Se bajaron del auto y entraron en el local. El hombre apostado tras la barra, de largo cabello blanco y socarrona sonrisa, los reconoció de inmediato. Sasuke lo saludó con un apretón de manos, mientras que Naruto saltó al otro lado de la barra y lo atrapó en un abrazo. Al moreno le constaba que ese vejete era amigo eterno de los Uzumaki y conocía a Naruto desde que era un niño.

─No envejeces, Ero-Senin ─soltó Naruto entre risas─. ¿Por qué no has ido a visitarme?

─Jiraiya para ti, maleducado ─le espetó, fingiéndose ofendido─. Tu padre que no me invita ni para darme la hora. Ya llamaré a tu madre uno de estos días. ¿Qué tal, Sasuke?

─Todo bien ─se sentó a la barra. Naruto se sentó junto a él unos momentos después─. La misma dosis de siempre, Jiraiya-san.

─Estamos de buen humor, ¿eh? ─comentó con malicia mientras sacaba dos botellas de tequila y las ponía sobre la barra; cada botella iba acompañada por su respectivo vaso─. Yo me voy a la oficina, si viene otro cliente y no están borrachos, me van a buscar, sino ya se las arreglarán.

Los chicos se despidieron de Jiraiya y sin pensarlo mucho cada uno abrió su botella y se sirvió un shot. La tradición de emborracharse con tequila puro se había iniciado en la secundaria, justo después de que los dos fallasen un importante examen. Deprimidos, habían terminado en la casa de Sasuke, dónde robaron un par de botellas del armario privado de su padre, y se encerraron con ellas en la habitación del moreno. Desde entonces, pasaran cosas malas o buenas, bebían en su honor hasta perder la consciencia.

─¿Por qué estamos bebiendo, Sasuke? ─preguntó el rubio, contemplando el líquido transparente removerse en su vaso.

─Por los divorcios ─repuso con voz queda y clavó los ojos negros en el rubio─. Salud, dobe.

─Salud, Sasuke.

Y se bebieron todo de un trago.


Nos vemos en el siguiente capítulo!