P-chan simplemente no daba crédito a lo que Akane le acababa de confesar, simplemente tuvo que dar unos cuantos pasitos al frente para no caer por la ventana, sus ojos se abrieron desmesuradamente y salió corriendo del lugar. Algunos pueblos más lejos de Nerima, Ryoga Hibiki, pensaba en que la suerte comenzaba a sonreírle después de todo sus plegarias habían sido escuchadas.

Recordaba la voz quebrada de la jovencita que amaba, y las lágrimas cristalinas que nacían en sus ojos y morían al caer sobre el escritorio, pero esperaba que con el tiempo esas heridas pudieran sanar y ella pudiera olvidarse para siempre de este trago amargo.

—P-chan, ya entendí que no le gusto ni un poquito a Ranma, entonces no puedo esperar a que él me ame, creo que debería romper el compromiso para que él pueda ser feliz con quien se le dé la gana.

Durante varios días Ranma no tuvo ninguna señal de P-chan, y estaba comenzando a dudar de él, sin embargo no quería parecer paranoico, aunque la duda cada día se clavaba más en su pecho y Akane seguía más distante. Apenas y si se acercaba ella buscaba cualquier pretexto para no cruzar palabra alguna con él.

—Cerdo, inútil y traidor—sus nudillos crujían— ¿Dónde diablos te metiste?

—Vaya, Saotome, así es como agradeces a los amigos

—Déjate de boberías Ryoga y dime que averiguaste

—Pues, veras…en realidad nada

A Ranma casi le da un infarto al escuchar esas palabras y después de recuperar su ritmo cardiaco normal, tomó a Ryoga de la camisa zarandeándolo para ver si conseguía que ese pobre diablo hablara, pero nada.

—De verdad, Ranma, en estos días ella no ha mencionado ni siquiera tu nombre

—Entonces ¿ha mencionado el nombre de otro hombre?

—Haber déjame hacer memoria—colocando el dedo índice sobre su barbilla—claro que lo ha dicho Saotome, ha dicho el mío, ella ha pensado en darme una oportunidad. No, no ha mencionado a nadie más.

El arte marcialista se dejo caer pesadamente sobre el tejado, las dudas rondaban su mente y su corazón, no podía explicarse el por qué, si ella no estaba enamorada de otra persona se alejaba más y más de él. Su vida había girado bruscamente a más de 360º, llegaba tarde todos los días al Instituto, las locas que andaban tras de él lo agobiaban más al percatarse de la Ausencia de Tendo. Hasta parecía que a sus enemigos tampoco les importaba mucho derrotarlo, como cuando ella estaba a su lado.

Una media sonrisa adorno el rostro de Ryoga, sabía que el enemigo a vencer no era un debilucho cualquiera y menos tratándose de Akane, pero esta vez estaba decidido a no rendirse tan fácilmente, esta vez Saotome tenía que ser destruido.

—En verdad Ryoga, yo…la—dejó caer sus lagrimas y no pudo completar la frase.

—Y entonces ¿Por qué no se lo has dicho? ¿Por qué la lastimas?

—Por imbécil, pero ¿sabes? No soportaría perderla.

El remordimiento es una carga muy pesada, pero Hibiki podía con ella, así es como se sentía él al saber que no tenía oportunidad alguna para conquistarla, pero ahora la vida le había presentado esta oportunidad y no pensaba desperdiciarla por culpa de sus sentimentalismos.

—Bueno, Ranma, regresaré a mi lugar y cualquier cosa que descubra, te la haré saber de inmediato.

—Gracias, Ryoga, no sé qué haría sin ti, P-chan.

—No abuses Saotome y no me digas así.

Ryoga se fue dejando a Ranma pensando en la frialdad de su prometida.

Cerca del estanque, Ranma veía a Akane juguetear con P-chan, le dolía que se comportara como si él no existiera, pues ni siquiera volteaba a verlo, aunque supiera que estaba ahí.

—Ven, P-chan vamos a dar un paseo.

—Cuii, cuii—asintiendo con la cabeza.

El menor de la dinastía Saotome, la vio alejarse poco a poco hasta perder de vista su figura, suspiro melancólicamente y se incorporó dispuesto a irse a su habitación.

—Nihao, Ranma, Shampoo ser muy feliz de ver a airén.

—Ah, ¿sí?, me da gusto por ti, ahora si me disculpas, voy a darme un baño.

—Podríamos bañarnos juntos—una sonrisa seductora apareció— ¿necesitas ayuda?

—Muchas gracias por el ofrecimiento, pero es algo que acostumbro a hacer solo y sin la ayuda de nadie.

—Airén, ¿estar enfermo?, te comportas muy raro

Ranma ni siquiera se molestó en contestarle a la amazona que se quedó parada a mitad del tejado, él ya se había percatado que sin Akane a su lado, todas las cosas no tenían sentido, era un campeón en artes marciales, tenía el titulo en su poder, no valía la pena seguir entrenando, antes se hacía cada día más fuerte para protegerla de cualquier peligro, ahora no tenía a nadie a quien proteger.

Camino pesadamente hacia su habitación, sin importarle que todos los habitantes de la casa lo estuvieran observando, como si se tratara de alguna especie recién descubierta y estuviera en su primera aparición en sociedad.

—Ranma, ya vamos a cenar.

—Gracias por el ofrecimiento, pero no tengo hambre Kasumi

—Saotome, ¿no cree que a Ranma le pasa algo?

—Tonterías, Tendo, yo veo a mi muchacho igual que siempre

—Pues yo creo que tiene mal de amores, últimamente él y Akane han estado muy distanciados—decía Nabiki, mientras pasaba lentamente otra página de su revista.

—Nabiki, no metas a tu hermana en esto, quién iba a estar así por una marimacho como ella.

—Si, Ranma, lo que tú digas cuñadito y entonces ¿qué te pasa?

—Este bueno…hace rato vino Shampoo y volví a caer en una de sus trampas, eso es ¡estoy hechizado! y bueno ya me voy.

—Ándale Ranma, que te diviertas con tu hechizo—Nabiki no podía para de reírse ante las mentiras tan pobres que había dicho el chico.

Podía parecer fría e indiferente a la situación, pero a ella le preocupaba que estaba pasando exactamente entre esos dos, pues todas las noches escuchaba llorar a Akane, y a Ranma lo había visto como ausente, como si su mente no estuviera en el mismo lugar que su cuerpo y esta era su oportunidad para poner a prueba sus capacidades detectivescas que poseía y de pilón gratis, puesta esta vez no pensaba hacer negocio con el sufrimiento de estos dos torpes tortolitos.