Rose no podía dejar de mirar cómo se movía la boca de la directora McGonagall, pero ello no significaba que escuchara lo que estaba diciendo. Llevaban más de dos horas en el despacho y a Rose le había dado tiempo a que su pelo volviera a ser pelo, no serpientes, y a que sus pecas dejaran de entonar villancicos cada vez que inspiraba y espiraba. Por su parte, el pelo de Scorpius había dejado de brillar, además, hacía más o menos quince minutos que había dejado de vomitar babosas. "Algo irónico" pensó Rose, ya que su padre le había contado una anécdota similar de cuando todavía iba a Hogwarts.
Rose, al principio, no dejaba de pensar en cómo repercutiría el incidente en su expediente académico y en lo que dirían sus padres. Pensándolo bien, habría dos reacciones si se enteraban sus padres: la de su madre (que si no está bien meterse en líos señorita, que si ese no era un uso adecuado de la magia, que ellos no la habían educado así… ) y la de su padre (que si había hecho muy bien en darle su merecido a ese Malfoy, seguramente tan cretino como su padre, que no tenía de que preocuparse, que él la defendería con su madre, que tenía lo que se merecía, que había hecho bien defendiendo a su familia y su honra…) Su padre, para esos aspectos, si concernía a los Malfoy , era muy tiquismiquis con lo de la honra.
Dejando a parte lo que sus padres le dirían o dejaran de decir, al cabo de la primera hora, comenzó a pensar en maneras de matar a Scorpius, algo que solía hacer cuando lo veía por los pasillos o coincidían en las clases. "Meteré a ese estúpido, arrogante, narcisista, chulo, prepotente, hipócrita, mentiroso, cretino, en un caldero hirviendo, lo dejaré encerrado con millones y millones de duendecillos de Cornualles, o le ataré a un hipogrifo y le haré volar hasta el océano Atlántico, o le meteré la varita por…"
Mientras Rose seguía meditando, Scorpius estaba serenamente sentado, pensando en qué chica , de todas las que se lo proponían, escogería para darse el lote, y mantener su reputación de mujeriego y buen amante. Solía tener esa reputación, pero nunca había forzado a ninguna chica a hacer algo que no quisiera, insistía mucho, eso sí, pero no obligaba a nadie a hacer algo que no quisiera hacer.
Scorpius había estado varias veces en el despacho de la directora, y todas esas veces acompañado de la misma persona, Rose Weasley. No les habían expulsado ni habían tocado sus expedientes por ser hijos de quienes eran y por las buenas notas y la buena reputación que le daban al colegio. Siempre habían tenido conflictos, pero ese había sido el más gordo de todos.
Ambos estaban en sus propios mundos, cuando una frase les trajo de vuelta a la realidad.
-¡Dadme vuestras varitas!- sentenció la directora.
…
..
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-¡¿Qué?- exclamaron ambos a la vez- ¡ No puede estar hablando en serio!
-Dejad vuestras varitas sobre la mesa y marchaos a la clase que os toque.- Dejaron sus varitas con recelo mientras se miraban con odio. Si las miradas fulminaran ambos se habrían traspasado más de mil veces el cráneo desde mil perspectivas diferentes.- Creo que a ambos os toca cuidado de criaturas mágicas, id a la cabaña de Hagrid, e intentad no mataros por el camino…
