Se había cumplido casi 1 semana desde que el New York Times publicó aquella noticia sobre la nueva producción musical de Rachel Berry, al igual que se había cumplido 1 semana desde que Santana se trataba de mantener lejos de todos los medios de comunicación, es decir, no sabía ni siquiera que día ni hora eran con exactitud lo único que sabía era que debía ir en busca de un nuevo empleo, no podía pasarse la vida encerrada ya que no era bueno para su salud –física y mental –y principalmente porque aquel departamento donde vivía, no se pagaba solo.
"No nos llame nosotros la llamaremos"
Esa era la frase más común a la cual los oídos de la morena se habían acostumbrado con los años. Conseguir un buen trabajo en New York no era fácil en lo absoluto.
Santana caminaba fatigada por la tumultuosa y estrecha calle de Wall Street, conocida por el mundo, como el corazón histórico de las finanzas, pero conocida por Santana, como la maldita calle donde peleaba como un perro por un puesto en alguna firma de abogados.
Estudiar leyes nunca había sido el sueño de la morena, es más, habían pasado 7 años y aún se preguntaba por qué estudió leyes en lugar de seguir sus sueños. En realidad, sí sabía el motivo principal por el cual eligió leyes por encima de sus sueños de estrellato, pero admitir que fue el miedo y el rencor lo que la hizo correr de la Escuela Julliard de artes escénicas hacia la Escuela de leyes de la Universidad de Columbia, no era algo que la hiciera sentirse muy orgullosa.
El sol estaba en su máxima expresión al igual que el malhumor de Santana. No había conseguido desenvolverse bien en las entrevistas de los diversos bufetes, era muy poco probable que alguno de esos estirados abogados la invitaran siquiera a ser su secretaria.
Frustrada, cansada y principalmente derrotada caminaba Santana intentando salir de Wall Street. Sin darse cuenta se encontraba en la avenida Broadway, mirando de manera panorámica la majestuosidad de aquel lugar que, lamentablemente, era también el sueño truncado de la morena.
Santana se llevó las manos a la cara para secarse las gotas de sudor que yacían en su frente para luego elevar su mirada.
"Última función Rent: No day but today"
La latina miró con atención y perplejidad aquel panel gigante en uno de los teatros de la gran avenida.
¿Por qué parecía que el fantasma de Rachel Berry no quisiera dejarla en paz?
La morena tragó saliva con dificultad al ver en gigantescas dimensiones a Rachel Berry y Noah Puckerman sosteniendo una vela, imitando la clásica imagen de la pareja protagónica del musical, Mimi y Roger.
Aquellos ojos marrones parecían haberse clavado en ese panel, la latina desvió su mirada de Rachel hacía su ex – novio y compañero de secundaria para soltar una pequeña risa "Y yo que me lo imaginaba en la cárcel" La voz de Santana tenía un cierto dejo de envidia "Se dejó crecer el cabello y ahora trabaja acá".
-Papi ¿me compras una paleta? -La voz de una niña pequeña calaba en los oídos de una Santana aún con la mirada fija en aquel panel de Rent –Papi, quiero una paleta por favor –Pataleaba la pequeña.
–En un momento Beth, estoy atendiendo una llamada.
En ese momento los cinco sentidos de la morena se agudizaron y sin pensarlo giró para corroborar de quién se trataba esa voz. Efectivamente, era Noah Puckerman junto a su hija Beth. Santana no sabía exactamente qué hacer, saludar no era una opción, tal vez correr era lo mejor, aunque no se sentía capaz de hacer alguna de esas dos acciones ya que sus piernas parecían haberse estancado en el suelo de concreto por la sorpresa.
Santana seguía sudando en frío sin decidir qué hacer y, sin notarlo, unos pequeños y curiosos ojos verdes se habían posado sobre ella. La morena se cruzó con aquellos ojos que la miraban sin parpadear, se sintió un poco incómoda con esos ojos entrecerrados, pero era inevitable sentirse así ya que aquella niña había sacado los mismos penetrantes ojos de su madre.
La mujer de ojos oscuros sonrió ante ese pensamiento al mismo tiempo que hacía sonreír a la pequeña rubia.
Ambas se miraron por unos minutos en los cuales la incomodidad de la latina se desvaneció totalmente. Minutos en los cuales Santana recordó las innumerables veces en las cuales ella le había cambiado los pañales sucios a Beth, las veces en las que ella tuvo que cuidar de Beth mientras Quinn presentaba sus últimos exámenes de la escuela.
-Beth, ahí viene tía Rachel – Decía Puckerman cubriendo el auricular de su celular.
Santana dejó los recuerdos al escuchar esa voz y la persona mencionada, inmediatamente se giró dándole la espalda a Beth quién empezó a patalear para llamar la atención de la morena. Santana giró nuevamente para hacerle una seña de silencio a la niña en vano, la niña gritó para tratar de atraer ahora la atención de su papá quien seguía al teléfono. Santana se desesperó al ver a los lejos una silueta a la cual ella conocía a la perfección.
"Me he escondido por 7 años, hoy no será la excepción" Decía Santana cogiendo su curriculum y cubriéndose el rostro para proseguir a correr en dirección de un grupo de gente que intentaba cruzar la calle.
-Al fin llegaste Rachel, necesitaba que alguien me echara una mano con Beth –Decía Noah aún con el teléfono en el oído mientras le entregaba la mano de Beth a Rachel.
–Papi, papi, papi hazme caso –Gritaba Beth.
-¿Qué es lo que pasa preciosa? –Preguntó Rachel arrodillándose a la altura de Beth.
–Vi a tía San, estaba ahí –Beth señaló el lugar donde vio a la morena.
El rostro de Rachel mostraba una gran consternación, hacía muchos años que no pensaba y mucho menos escuchaba el nombre de Santana. Mucho menos podía creer que Santana estuviera en viviendo en New York después de los sucesos ocurridos 7 años atrás. Y mucho más insólito aún se le hacía pensar que Santana pudo haberse escapado de tantos investigadores privados que la diva contrató en el pasado y no había podido esconderse de una pequeña de 8 años.
-¿A Santana? –Preguntó Rachel mirando fijamente a la pequeña rubia.
–Si, a tía San, estaba ahí, quise ir pero papá no me hacía caso –Rachel miró con fastidio a su compañero de reparto que seguía concentrado en su llamada telefónica.
–Eso no creo que sea posible, dudo mucho que tía San esté por estos lugares –Decía la diva tratando de convencerse –Te has de haber equivocado, además eras muy pequeña cuando ella dejó de visitarte.
–Sí, tal vez me haya confundido –Aceptó Beth después de tratar de buscar con la mirada a aquella morena de hermosa sonrisa -¿Me compras mi paleta? –Preguntó la pequeña rubia con entusiasmo.
–Por supuesto –Rachel aceptó con una sonrisa dejando de lado el tema de Santana.
La morena respiraba con dificultad después de haber caminado con rapidez entre la gente tratándose de mezclar en el tumulto. Santana abordó un taxi que tomó la ruta de Broadway, al pasar por segunda vez por aquel teatro se dio el lujo de visualizar nuevamente aquel panel gigante donde posaban Rachel y Puck.
-Rachel ni siquiera luce como Mimi –Dijo Santana con los brazos cruzados.
–Pero sí que canta mejor que cualquier otra –Comentó el anciano taxista.
–Limítese a manejar –Soltó cortantemente la morena.
Había una gran diferencia entre Rachel y Santana, la primera supo desde los 5 años que quería pasar su vida brillando en Manhattan, la segunda, por el contrario se preguntaba a diario por qué había elegido Manhattan en lugar de un lugar más tranquilo, más alejado de los malos recuerdos. Nuevamente recordó que sí sabía por qué había elegido Manhattan en primera instancia, pero no sabía porque continuaba viviendo ahí a pesar de todas las malas experiencias que le había tocado vivir en aquella ciudad.
"Costumbre" decían los padres de la latina, "Rutina" decían sus amigos pero Santana estaba casi segura que era puro masoquismo.
