Crup-ción del No-Tan-Inocente
Segunda Parte
Durante dos horas Harry trató de transformarse, y al final estaba empapado en sudor. Había sentido unos pocos cosquilleos en los miembros de su cuerpo y le estaba comenzando un dolor de cabeza. Se sentó en el pasto para recuperar el aliento, apoyándose contra el tronco de un roble, levantando la mirada y observando entre el toldo de ramas hacia el falso cielo que estaba encima. Esos días que había estado yendo a practicar al Salón de los Menesteres, no había vuelto a ver a Malfoy por las cercanías. De hecho, casi no había visto a Malfoy y punto. Éste era como un fantasma, produciendo algún ruido ocasional pero por lo demás, haciendo su mejor esfuerzo por permanecer invisible, lo que estaba bien para Harry. Así era más fácil lidiar con él y Harry se sentía mucho menos nervioso. Le parecía como si sus esfuerzos para lograr la transformación hubieran sufrido un retroceso desde la llegada de Malfoy, y era como si apenas en ese momento estuviera alcanzando de nuevo el punto en el que se había quedado. Quebró varios trozos de chocolate y los comió para recuperar fuerzas antes de ponerse de pie y realizar el último intento del día.
Con la varita a su costado, sostenida holgadamente por su mano, respiró rítmicamente en un esfuerzo por lograr una sensación de paz absoluta. En la mente visualizó su forma humana y la imaginó retorciéndose y tomando nueva forma hasta revelar el animal escondido en él. Susurró el encantamiento y sintió la aparición del ya conocido cosquilleo estimulando los dedos de sus manos y pies. Aceptó la sensación y puso atención en su progreso mientras ésta se movía hacia arriba, hacia su torso y envolvía su pecho.
En el fondo de su mente sabía que lo había logrado aún antes de que su cuerpo comenzara a cambiar. Sintió que se volvía más liviano, tan insubstancial como un soplo de aire, y mantuvo los ojos firmemente cerrados hasta que cesó el flujo de estática y pudo sentir de nuevo el suelo bajo sus pies. Cuando tensó los músculos, se quedó atónito al registrar la diferencia en su centro de gravedad y lo firmemente bien parado que estaba sobre el piso. Se sacudió y no pudo creer lo sólida y bien equilibrada que era su postura. ¡Triunfantemente, se dijo que sabía que sería un ciervo! ¡Estaba predestinado!
Sin embargo, cuando abrió los ojos supo de inmediato que algo no estaba bien. Estaba mucho más cerca del piso de lo que un animal grande como un ciervo debería estar, al menos que fuera de una raza rara nativa de Britania, lo que casi estaba seguro no era el caso.
Echando un vistazo alrededor, estuvo consciente de que tenía una gran nariz de algún tipo, pelo corto y negro y que sus patas delanteras eran caninas. No tuvo que inclinarse mucho hacia delante para que su nariz tocara el piso, y pensó Oh, mierda. ¡Soy un jodido perro salchicha! En medio de su apabullante decepción se dio cuenta que podría haber sido peor: podría haber sido un chihuahua, perro que seguramente era el más gay en la gama de todos los perros gays, de la cual él parecía ser un nuevo miembro. Por una vez, estuvo casi agradecido de que Sirius hubiera muerto.
Aceptando que enfurruñarse no tenía caso, Harry se dispuso a descubrir qué era lo que podía hacer con su nueva forma de animago. Se puso a saltar para probar lo acolchado de sus patas y se vio invadido por una sensación de simple placer mientras se movía. Podía sentir una cola meneándose furiosamente justo encima de su compacto trasero perruno, y se giró lo más lejos que pudo llegar y corrió alrededor una y otra vez en un intento de atraparla entre sus colmillos. Todo lo que su visión periférica alcanzaba a ver era solamente la punta y se dio cuenta que nunca sería capaz de cogerla, pero era tan divertido intentarlo de todas maneras que no podía dejar de hacerlo. Brincó, viró bruscamente y corrió a toda máquina, y cuando finalmente se quedó exhausto y tan jadeante que sentía que sus pequeños pulmones le reventarían, se dejó caer en el suelo.
¡Vaya carrera!
De acuerdo, tal vez un perro miniatura no era ni remotamente tan glamoroso e impresionante como un ciervo, pero al menos había podido transformarse en un animal. Y todavía mejor, ¡lo había logrado por él mismo! Se rió a carcajadas. Podría usar esa habilidad cuando por fin se convirtiera en auror, porque nadie se fijaría en un cachorrito correteando por la calle, a diferencia de un ciervo, el cual no sería de mucha utilidad en una operación urbana, aunque sería un excelente tendedero improvisado para poner la ropa a secar en esas incómodas salidas al campo nocturnas que los aurores tenían que hacer.
Habiendo pasado la mitad de la tarde con su forma de perro, regresó a la normalidad y se dirigió afuera a buscar una escoba del cobertizo para poder volar un rato. Bajó las escaleras dando brincos como si anduviera entre nubes. Cerca del cobertizo, Harry vislumbró a Malfoy caminando con la cabeza gacha. Al acercarse a él, Harry exclamó: —¡Oye, Malfoy! ¿Te apetece jugar un partido para atrapar la snitch? —Su entusiasta sugerencia fue recibida con una amarga mueca de desprecio y Malfoy se apartó rumbo otra dirección. Harry soltó un resoplido. Tomaré eso como un no, pensó, rehusándose a dejar que el desaire le bajara los ánimos. Atrapó la snitch doce veces en el espacio de una hora, una nueva marca personal. Si uno de esos reclutadores hubiera estado ahí para ver su desempeño, seguramente habrían ensuciado sus túnicas de la emoción y le habrían ofrecido un contrato al instante.
¡Soy un animago! Desearía poder decírselo a mis papás y a Sirius. Y entonces su ánimo decayó un poquito. Y a Remus y a Tonks.
Sintiéndose ligeramente más despejado, Harry se dirigió de regreso a las mazmorras para ducharse y quitarse la ropa mugrienta. La puerta del dormitorio estaba entreabierta, y cuando entró, encontró a Malfoy semidesnudo. Durante la fracción de segundo que le llevó a Malfoy coger un jersey y ponérselo, Harry tuvo una completa y memorable visión de la esbelta parte superior de su cuerpo; de su no-existente estómago con el apretado tajo que formaba su ombligo, de su pecho lampiño con sus pequeños y rosados pezones, y de sus brazos sin marca cubiertos de una fina capa de vello platinado. Malfoy parecía alterado y avergonzado ante la intrusión de Harry, así que éste fingió que no había visto nada fuera de lo ordinario a pesar del hecho de que la luminosamente rubia piel de Malfoy no podía de ninguna manera describirse como ordinaria. Tentadora, tal vez… pero, ¿ordinaria? Jamás.
Harry buscó en su baúl por sus artículos de aseo, se sacó las zapatillas, los calcetines y la camiseta empapada de sudor, depositando todo eso en el piso para que lo llevaran a lavar. Sin mirar al silencioso e inmóvil Malfoy, Harry salió del dormitorio con rumbo a las duchas. Al regresar, vio que Kreacher se había llevado su ropa y que Malfoy se había ido. Otra vez.
Al día siguiente, Harry le pidió al Salón de los Menesteres que su bosque imaginario tuviera también un espejo grande porque quería echarle un vistazo a su nuevo cuerpo perruno. Todavía continuaba un poco molesto con todo ese asunto de ser un salchicha, y había estado tratando de convencerse que existían muchas razones por la que eso era mejor que ser cualquier otro animal, como un ciervo, por ejemplo. Se transformó en su primer intento con un mínimo esfuerzo y se sintió tan natural e inolvidable como montar en escoba; una vez que lo sabías hacer, era imposible no recordar cómo.
Lo que vio cuando correteó por el prado hasta el espejo, fue la fuente de más confusión. Definitivamente sí era un perro pequeño, pero de ninguna manera era un salchicha. Colocó su compacto cuerpecillo de perfil para tener una mejor vista de su figura completa, y concluyó que en definitiva era un Terrier, seguramente un Jack Russell, exceptuando el hecho de que el color estaba mal. Su pelaje era negro azabache, menos dos enormes parches blancos alrededor de sus ojos. Se acercó al espejo y se miró la cara. Sus ojos también eran negros y extrañamente expresivos para ser los de un perro, y cuando gruñó, mostró unos miniaturizados y casi miserables dientes. Su lengua sonrosada colgó de su boca cuando empezó a jadear, y tuvo que admitir que era un Terrier singularmente bien parecido (y gay).
Se aferró a ese pensamiento durante unos treinta segundos, justo hasta el momento en que meneó la cola y pudo ver bien su… su… deformidad. ¡Eso era tan injusto! De acuerdo, ahora no tenía en su pelaje una penosa cicatriz en forma de rayo, pero, ¿por qué le tenían que cobrar por ese golpe de suerte dándole una cola bífida? ¡Se veía completamente estúpido! Igual que un patético perro diabólico o algo así. Joder; ni siquiera siendo un animago podía dejar de cargar algún estigma visible. Deprimido por su descubrimiento, se transformó de nuevo en él y salió del Salón a toda prisa.
Después de realizar unos cuatro Amagos de Wronski para reactivar su buen humor, Harry subió con rumbo a la Biblioteca para revisar si había libros sobre animales que le pudieran decir algo acerca de perros de dos colas. Pero cuando entró ahí, lo primero que vio fue a Malfoy sentado ante un escritorio, rodeado de libros y platos con comida a medias. Éste hizo una silenciosa mueca de desprecio cuando vio a Harry, y Harry, molesto ante la inconveniencia de que Malfoy estuviera sentado justo enfrente de la fila de estantes que necesitaba mirar, tuvo que salir de ahí.
Ya era tarde cuando bajó a almorzar, y la cocina estaba vacía excepto por el profesor Flitwick, quien estaba ocupado charlando tonterías con un considerable número de asustados elfos domésticos.
—Eh, ¿profesor? —lo interrumpió Harry—. ¿Usted tiene algún libro sobre perros que me pueda prestar?
—En la Biblioteca seguro lo encontrarás, Potter —le dijo el alegre profesor entre bocados de bizcocho—. Al final de la sección de Criaturas Mágicas hay docenas de libros acerca de perros. Su participación en el mundo mágico tiene una larga historia —comenzó a balbucear, pero Harry dejó de escucharlo al instante que la profesora McGonagall entró al lugar. De verdad Harry deseaba que Flitwick se callara antes de que ella escuchara algo que él prefería que no supiera.
Desgraciadamente…
—¿Estás interesado en perros, Potter? —preguntó McGonagall mientras se quitaba el sombrero y tomaba asiento frente a él.
—Eh, no especialmente —murmuró—. Sólo, ya sabe… pensé que podría leer un poco acerca del tema mientras tengo tiempo libre.
McGonagall colocó las manos juntas con gracia y precisión mientras fijaba en Harry una penetrante mirada a través de sus anteojos.
Harry esperó a que dijera algo. Hasta Flitwick se había quedado callado, pero principalmente lo había hecho porque estaba muy ocupado llenándose la boca.
—Me gustan los perros —añadió Harry lastimeramente en un intento de llenar el sofocante silencio.
—Ya veo —dijo ella al fin—. ¿Y qué tipo de perros te gustan más?
Estoy jodidamente jodido.
—Ah, ya sabe usted… las razas pequeñas…
Afortunadamente, la ensalada con queso de la profesora McGonagall apareció en ese momento. Harry concentró su poco natural atención en su propio plato de comida y confió en que la conversación hubiera finalizado. Después de un minuto o dos donde solamente el sonido de la crujiente lechuga se dejó oír, Harry pensó que estaba sano y salvo, lo que solamente iba a probar que "Harry piensa" eran palabras que, al ir juntas, no necesariamente significaban éxito.
—Esa es una descripción bastante vaga, Harry —continuó la profesora como si no hubieran transcurrido más que algunos segundos desde que había hablado por última vez. La situación con McGonagall era que Harry encontraba casi imposible decir mentiras de ningún tipo cuando era ella la que le preguntaba algo. La mujer era como un Veritaserum viviente—. Tal vez si me iluminaras un poco más con algunas características identificables de esos perros de raza pequeña, yo podría sugerirte un libro. O dos…
¡Maldita ella y sus insinuaciones de golpe-bajo acerca de lo mucho que ya lo había estado ayudando! Harry la miró fijamente, la resignación llenando su interior.
—Creo que el otro día vi un perro así y quería saber qué raza era. —Eso fue patético. Si ella no sospechaba antes, de seguro ya lo hace en este momento, se dio cuenta Harry.
La penetrante mirada de McGonagall se posó en Harry y la verdad a medias que le había dicho pareció brillar con luz fluorescente y tomar vida propia, flotando en el aire entre ellos mientras parpadeaba: ¡MENTIROSO! ¡MENTIROSO! ¡MENTIROSO!
—Era negro y pequeño —balbuceó Harry—. Eh, y tenía dos colas.
Los ojos de McGonagall se abrieron de tal manera que parecían salirse de sus órbitas, y sus anteojos se le bajaron tanto por la nariz que Harry creyó que terminarían cubiertos de mayonesa y enterrados entre los trozos de lechuga.
McGonagall se aclaró la garganta y colocó los cubiertos encima de su plato antes de tomar un sorbo de su té. —Creo que el perro que viste es un Crup, Harry —dijo explicativamente—. Los Crups son cazadores, ¿sabes? Muy leales a los magos, no muy cariñosos con los muggles. Tienen un apetito insaciable, son capaces de comer cosas que otros animales encontrarían incomestibles. —Hizo una pausa y Harry contuvo el aliento—. ¿Era negro, dices? —Le echó una ojeada a Harry y asintió como para ella misma—. Son muy raros, los Crups negros. Dicen que esa raza fue criada en el siglo XVII por familias terratenientes que tomaban parte en cacerías nocturnas, y no siempre eran animales de cuatro patas lo que salían a cazar. —Su tono insinuaba mucho más que las palabras que había dicho.
Oh, grandiosa mierda, pensó Harry. Al fin logro convertirme en animago sólo para descubrir que soy la exacta representación del snobismo de los sangre pura y, para colmo, un asesino de muggles.
McGonagall retomó su comida y por ello pareció dar por terminada la conversación con Harry. Éste estaba agradecido por el silencio y devoró su almuerzo lo más rápido que pudo. Y justo cuando empujaba su silla para levantarse, McGonagall añadió: —Existe un rumor de que alguna vez Lucius Malfoy fue un animago no registrado que se convertía en Crup. Yo tengo la sospecha que debió haber sido bastante decepcionante para él no haber podido cambiar su color natural. Crup blancos hay por montones, ¿sabes? Son tan comunes y corrientes.
Harry la miró y observó los indicios de una sonrisa maliciosa formándose en sus labios, pero ella escondió su expresión bebiéndose otro trago de té.
—Um, gracias, profesora.
Harry salió de la cocina y se preguntó cómo podría poner las manos encima de algún libro sobre Crups sin que Malfoy se diera cuenta. Los Crups sonaban tan guay, si no fuera por el asunto completo de Malfoy-soy-mejor-que-los-demás.
Esa misma noche, cuando buscaba su pijama debajo de la almohada, Harry encontró dos libros que habían aparecido como por arte de magia. Grandioso Bestiario Británico era un volumen delgado con una cubierta de cuero excesivamente cuarteada, claramente antiquísimo y muy usado, y Descifrando tu Forma Animaga: Una Exploración a los Rasgos de la Personalidad y la Transfiguración Humana, el cual parecía nuevo y que no había sido abierto ni una vez, ya que el inmaculado lomo lo demostraba. Este último libro parecía más del tipo de "las habladurías de la Nueva Era" de las que el tío Vernon tanto se quejaba, pero la ilustración de la portada de un enorme y fornido mago transformándose en un esponjado y mimoso Puffskein, llamó la atención de Harry y decidió que le daría una oportunidad.
Leyendo por encima, Harry estuvo sorprendido de todo lo que aprendió. McGonagall había estado en lo correcto: los Crups eran potencialmente unos asquerosos hijos de puta con capacidad para causar heridas y, en ocasiones, hasta la muerte a animales mucho más grandes que ellos mismos. Eran criaturas intrépidas que no se echaban para atrás a la hora de enfrentar una pelea, y era por eso que todos los magos que poseían un Crup debían tener licencia del Ministerio después de probar que podían controlar al animal. El Ministerio también hacía valer un programa para cortar las colas de todos los Crups que vivían en áreas con población muggle, esto para prevenir cualquier confusión con el común Terrier Jack Russell al cual se parecían. El libro daba a entender que algunas familias de magos se negaban a participar en la "mutilación sin objeto" del noble Crup, y por lo tanto, el único lugar donde era probable ver a un Crup sin las colas cortadas era entre las jaurías de Crups que poseían casi todas las familias sangre pura adineradas. Los Crups tenían particular debilidad por los hurones (y, oh, Harry no podía imaginarse la diversión en familia entre Malfoy y su padre cuando los dos se transformaran en sus formas animagas…) pero le daría una buena mordida a cualquier animal que se cruzara en su camino si lo provocaba lo suficiente.
Harry estuvo interesado en la página que parecía indicar que un animago que tomaba la forma de una criatura del mundo mágico, lo hacía porque se trataba de un mago de poderoso linaje, especialmente en vista de que se había dado cuenta de la conexión que tenía con los Peveralls y el peso completo de su herencia mágica. Apostaría que era por eso que McGonagall se había mostrado tan impresionada.
Antes de dormirse, estuvo acostado un rato preguntándose cuánto sabría Malfoy acerca de los Crups, y cómo demonios podría sacar información de tan indeseable idiota.
—¿Qué piensas de Morrison en su nuevo papel como guardián de los Puddlemere? —le preguntó Harry a Malfoy la mañana siguiente, haciendo señas con la cabeza al nuevo ejemplar de la Trimestral de Quidditch que descansaba abierta sobre la cama de Malfoy. Durante el silencio que siguió, Harry pensó que si Malfoy levantaba el labio superior un poco más seguramente se tocaría la punta de su afilada nariz. No hubo respuesta; en vez de eso, Malfoy cerró su revista, cogió una bolsa de deporte y caminó junto a Harry, saliendo del dormitorio.
Harry giró su cara hacia la puerta y bufó de incredulidad ante la espalda de Malfoy. Respiró profundamente por la nariz y estiró los brazos por encima de la cabeza, sólo para deshacerse del sueño. Y entonces, lo olió. Olfateó otra vez y se dio cuenta de que había heredado un atributo permanente de la habilidad de caza de su Crup. Podía captar el más leve rastro de su propio aroma, acompañado de la esencia que registró como la de Malfoy, lo que estaba bien ya que ambos compartían la habitación. Lo que no tenía mucho sentido era porqué la bolsa que Malfoy se había llevado consigo llevaba un distintivo olorcillo a Harry en ella.
Teniendo una excusa útil para espiar un poco, Harry decidió ir de cacería.
Malfoy salió del castillo, se dirigió al cobertizo de materiales por su escoba y luego fue a cambiarse de ropa al vestidor que estaba junto al estadio. Harry merodeó por los alrededores convertido en Crup, mientras Malfoy volaba a solas y perseguía la snitch un par de veces. Harry estaba apenas atendiendo la urgencia de marcar su territorio en los puntales de soporte de la torre de espectadores de Slytherin, cuando Malfoy aterrizó y se encaminó a las duchas. Sacudiendo la pata trasera un par de veces más para quitarse de encima la última gota, Harry trotó detrás de él.
La ducha ya estaba abierta, el siseo del agua golpeando los azulejos hacía eco hasta el área de los vestidores y el área comunal de la tienda. Malfoy estaba envuelto en una toalla y entrando a la zona de las duchas cuando Harry caminó sigiloso hasta el banco para alcanzar la bolsa abierta, llena de ropa y artículos de baño. La bolsa estaba demasiado alta para que Harry la cogiera, aún si tensaba las patas y trataba de saltar, pero su nariz le aseguraba que había algo en ella que apestaba a él, y ni siquiera por un minuto pudo imaginarse qué era lo que Malfoy estaría haciendo con alguna de sus cosas, al menos que el vudú fuera real y Malfoy estuviera haciendo un muñeco para torturar a Harry con él.
Cuidándose de no ser atrapado, Harry se acercó poco a poco al área de las duchas para asegurarse de que Malfoy no fuera a salir inesperadamente. Si no había moros en la costa, podría cambiarse a su forma humana e iría a revisar la bolsa para tranquilizarse. Asomó el hocico al otro lado de la puerta hasta que pudo ver dentro del brumoso lugar. Malfoy había elegido una ducha casi al final de la habitación, y no se había molestado en cerrar ninguna de las cortinas para mantenerse a resguardo.
La mandíbula perruna de Harry cayó hasta el piso y su lengua colgó de lado ante la vista que tenía ante él. Malfoy estaba desnudo y se estiraba cual largo era bajo la ancha ducha, sus manos frotando el fino pelo rubio cenizo, retirándoselo de la cara y dejándolo reposar sobre el cuero cabelludo. Harry observó aquellos dedos delgados deslizarse hacia abajo por el cuello de Malfoy y sobre el ancho de sus hombros mientras éste levantaba la cara hacia el grueso chorro del agua, con los ojos cerrados. Nada en el cuerpo de Malfoy parecía ser generoso: no tenía grasa y su piel estaba firmemente estirada sobre su alta silueta de tal manera que, en algunos lugares, los huesos eran visibles, pero eso estaba lejos de ser desagradable a la vista. Harry se embriagó con los detalles, olvidándose de la bolsa ante la desnudez privada de Malfoy y su simple placer de poder enjabonar aquella piel envidiablemente perfecta. Por una vez Harry no se preocupó de lo gay que resultaba estar observando a otro hombre bañándose, simplemente porque estaba demasiado ocupado olvidándose hasta de cómo se llamaba.
Malfoy cogió su jabón y comenzó a frotárselo sobre el pecho hasta que creó gruesas líneas de cremosa espuma. El agua cortó caminos entre las burbujas, llevándolas hacia abajo a través de su torso lampiño y sobre su estómago, atrapándolas de cualquier modo encima de su vello púbico. Harry se comió con los ojos la entrepierna de Malfoy sin atisbo de vergüenza; observó la manera en que la polla y los testículos se mecían suavemente en las manos de Malfoy, y cuando la barra de jabón finalmente viajó ahí y se frotó firmemente contra la mata de vello rizado hasta que el área quedó cubierta con una gruesa y fragante blancura, Harry creyó que estaba en peligro de tragarse la lengua. Nunca había orado tan fervientemente para que otro hombre tuviera una erección. Esperaba que cada caricia que Malfoy se prodigaba con las manos fuera el tipo de caricia que llevara a su cuerpo a excitarse, y se sentía cada vez más mareado por estar conteniendo el aliento por culpa de la anticipación. Miró el modo en que la mano de Malfoy tomaba su pene y lo lavaba cuidadosamente antes de bajar para acunar sus palmas sobre el apetitoso saco colgante que estaba entre sus piernas. Pero ninguna erección hizo acto de presencia, al menos no en Malfoy. Harry, sin embargo, sintió una distintiva opresión entre sus patas traseras y, por primera vez, se preguntó acerca de los mecanismos de masturbación usados por los Crups y cómo demonios se suponía que limpiaría su propio desastre posterior. Entonces recordó que los perros tenían la costumbre de usar la lengua para ese tipo de cosas. Aunque tampoco era que hubiera leído nada acerca de eso en los libros, y reprendió la mezquina investigación acerca del sexo de los animagos que los autores emprendían. Repentinamente, era incomprensible cómo esa área de investigación tan importante podía ser ignorada.
Malfoy se giró y dejó que el agua cayera contra su pecho y retirara todo el jabón de la parte delantera de su cuerpo. Apoyó las manos contra la pared y suspiró ruidosamente de contento, y las burbujas se encimaron unas sobre otras mientras resbalaban por sus piernas hasta el desagüe. La larga y elegantemente curvada línea que trazaba el viaje desde el inicio de la espina dorsal de Malfoy hasta el final, que rodeaba el delgado cojín de su trasero y bajaba por sus piernas, era belleza pura. Parecía grosero y desagradecido ignorar ese par de piernas a favor de lo que estaba justo encima de ellas, pero en ese momento, escondido al otro lado de la puerta en su forma animaga, Harry Potter descubrió su verdadera vocación, la sola llamada que le daría a su vida propósito y placer: definitivamente, los culos eran lo suyo. Y Malfoy poseía el tipo de culo que desafiaba el más ardiente capricho de Harry. Era un trasero mordible, apachurrable. Un trasero chupable, golpeable, follable, y de una manera u otra Harry iba a hacer realidad su lista de fantasías y ejecutar cada una de ellas en aquel estilizado y sabroso paquete, preferiblemente acompañado con la banda sonora de los jadeos de Malfoy.
Malfoy se enjuagó el cabello debajo del chorro, y levantó y estiró los brazos para masajearse el cuero cabelludo y peinar los mechones entre sus dedos, mientras el resto de su cuerpo continuaba moviéndose. La espuma del champú cubrió sus hombros antes de ser retirada por el agua, y Harry se imaginó a él mismo presionándose contra la espalda de Malfoy, trazando formas entre las burbujas y escribiendo mensajes secretos en las áreas donde tuviera cosquillas, sólo para poder escucharlo reír. Dios, Harry estaba poniéndose cada vez más caliente. El denso vapor, su propio pelo, la sofocante excitación… estaba seguro que no podría resistirlo mucho más.
Harry liberó el equivalente en un Crup a un gemido ansioso cuando la mano enjabonada de Malfoy se dirigió hacia la parte posterior de su cuerpo y recorrió lo largo de su hendidura antes de enterrar los dedos dentro y moverlos rítmicamente durante largos segundos. La imaginación de Harry se descontroló mientras visualizaba esos dedos escurridizos desapareciendo dentro del cuerpo de Malfoy en vez de estar simplemente lavando su piel y, dentro de su mente, Harry estaba suplicando, suplicando para que Malfoy en verdad lo hiciera. Y entonces, el momento pasó y Malfoy salió del agua para envolverse una toalla alrededor de la cintura.
¡Muévanse!, les dijo Harry a sus cuatro patas. ¡Que se muevan, con una mierda! Justo a tiempo consiguió escabullirse torpemente hacia atrás, meterse entre las sombras y presionarse contra la pared antes de que Malfoy pasara a su lado, como un gigante empapado en la tierra de los Crups.
Gracias a los que leen y me han dejado comentario!
El título del fic puede parecer un poco raro, pero es que es un juego de palabras entre "Crup" y "Corrupción", o sea la corrupción y transformación en Crup del no-tan-inocente Harry Potter, que como han visto en este cap, de inocente no tiene nada xD
Y sin embargo, pese a que ha hecho todo por impedirlo, se ha dado cuenta que es tan gay como mago xD
Besitos y hasta la próxima!
