Vanellope era la primera en despertarse, y la ultima en acostarse.

Su primera tarea del día era pasar al cuarto de sus hermanastras, llevarles una taza de té, recoger su ropa sucia y luego tenía que hacer lo mismo en el cuarto de su padrastro.

Después tenía que bajar y preparar el desayuno, luego tendría que poner la mesa, llevarles la comida a la mesa y luego ellos devorarían la comida, mientras ella comía en la mesa de la cocina totalmente sola, después levantaría la mesa, lavaría los platos, después lavaría lo ropa sucia, luego la tendería, prepararía la comida en lo que se secara, si le daba tiempo barrería y trapearía el piso inferior de la casa, luego serviría de comer, comería, levantaría la mesa, lavaría los platos de nuevo, descolgaría la ropa y la plancharía, haría la cena, serviría, luego tendría que ir al pozo por agua, traerla de regreso, calentarla y ponerla en la bañera, luego sus hermanastras se darían un baño, Taffyta iría primero, luego Candlehead, y al final Turbo, lo malo era que si el agua se enfriaba, Vanellope tendría que vaciarla, ir por más agua, volver a calentarla, y después de eso, podría por fin irse a dormir.

Y si tenía suerte, el fin de semana le dejaría bañarse, ni siquiera tenía una cama, dormía en una banca que estaba en el ático, y había días en las que se acostaba con toda la ceniza en el cuerpo, razón por la que, tanto sus hermanastras como su padrastro la llamaban…

-¡Cenicienta!-dijo Taffyta mientras Vanellope le servía los huevos en su plato junto con el pan tostado.

Turbo rio con muchas ganas mientras que Candlehead miro hacia otro lado, su mirada mostraba que no tenía ganas de burlarse de Vanellope, pero su hermana le dio un codazo y ella volvió la mirada.

-Oh si-dijo Candlehead con una risa muy forzada-Cenicienta es perfecto.

A Vanellope se le hizo un nudo en la garganta, por un momento quiso responderle a Taffyta, pero en vez de eso solo sonrió y al igual que Candlehead, soltó una risita forzada.

-Si Taffyta-dijo-Muy divertido.

Termino de servirles la comida y luego fue a la cocina, dejo el sartén sobre la estufa, luego se limpió el sudor de la frente, el insulto de Taffyta le seguía doliendo un poco, pero luego exhalo aire, era solo una broma inofensiva, se dijo a sí misma, además, tenía que apresurarse y tomar su desayuno, de lo contrario no comería hasta la tarde, se sirvió su plato y comenzó a comer en la mesa de la cocina, una vieja mesa de madera donde preparaba los platillos, comió rápido y cuando termino, puso sus platos en el fregadero y camino hasta la alacena, ahí, vigilo que no hubiera nadie , abrió la puerta y tomo rápidamente una tableta para chocolate caliente.

Le encantaban los dulces, eran sus cosas favoritas, además, era una pequeña "recompensa" que se daba a si misma por todo su trabajo, aunque era cuidadosa de que no se notará, puesto que a Taffyta y a Candlehead les gustaba mucho el chocolate caliente, y a Vanellope también, era una de las cosas que más le gustaban preparar, pues el olor que le llegaba a las narices era exquisito, le encantaba, y a veces, Candlehead se apiadaba de ella y le dejaba su chocolate a Vanellope, sin que Taffyta o Turbo se enteraran.

Mientras comía el chocolate, escucho un pequeño siseo, vio hacia un lado y vio que de un agujero en la pared, se asomaba un pequeño hocico gris, con una nariz rosada y bigotes, era un ratón, Vanellope sonrió, rompió la tableta y puso suavemente un pedazo en la entrada del agujero.

-No te hare daño, sal-dijo Vanellope sentándose cerca.

El ratón salió lentamente y tomo la tableta, detrás de él salieron otros tres ratones.

-Oh, toda la familia está aquí-dijo Vanellope rompiendo la tableta en más pedazos y ofreciéndoselos a los ratones-Coman, hay demasiado para todos.

Los ratones se acercaron a los pedazos y comenzaron a comerlos, Vanellope sonrió y comenzó a acariciar a los pequeños en la cabeza, y a ellos no pareció disgustarles, pronto se acercaron más a ella, su compañía comenzó a agradarles, y a Vanellope también.

-Son muy agradables-dijo Vanellope.

"Son la mejor compañía que he tenido en esta casa en años" pensó.

-¡Cenicienta!-la voz de Taffyta llego hasta la cocina.

Vanellope so volvió, no, una vez estaba bien, pero más de una no, sin embargo, suspiro, no le daría importancia, miro de nuevo a los ratones.

-Fue muy agradable estar con ustedes chicos, adiós-dijo, luego se puso de pie y camino de nuevo hasta el comedor.

Después de recoger los platos y lavarlos, Vanellope fue a los cuartos de sus hermanastras para recoger su ropa, como de costumbre, Taffyta le echo montañas de ropa apestosa.

-Y que quede bien limpia Cenicienta-dijo Taffyta mientras se peinaba frente al espejo circular en su cuarto, ni siquiera volteo a verla.

Candlehead le dio también su ropa, de manera más amable y no era tanta como la de su hermana.

-Gracias-susurro Candlehead, pero Taffyta la escucho.

-¿Qué dijiste hermana?-pregunto.

-Eh… y no la vayas a ensuciar con tu ceniza Cenicienta.

Vanellope abandono el cuarto y fue hasta el patio, donde para lavar la ropa, fue al pozo y lleno dos cubetas con agua, como casi toda la ropa de sus hermanastras era de colores, el agua que necesitaba era muy fría, pero a veces llenaba la otra con agua caliente para la ropa blanca y de colores claros (la cual lavaba primero para que al agua no se enfriara) por suerte sus manos ya se habían acostumbrado debido a todos los años que había pasado haciendo el mismo procedimiento, le puso jabón a la cubeta con agua caliente, luego mezclo el jabón con el agua con sus manos hasta que se hacían burbujas, luego colocaba la carga de ropa sucia en la cubeta. La remojaba entre diez y quince minutos, luego utilizaba sus manos y brazos para revolverla, moviéndola en círculos para que la suciedad y la mugre se aflojaran, generalmente las ropas de Candlehead estaban más sucias, puesto que ella era más "aventurera" que Taffyta, por lo que tenía que poner un poco más de empeño, quitaría el jabón y la suciedad que se enjuagó con el agua, remojaría la ropa recién lavada. Luego las movía para sacarles tanta agua sucia como sea posible en la otra cubeta.

Si todavía quedaba mucho detergente encerrado en las fibras, enjuagaba la ropa de nuevo con otro balde de agua limpia, lo que implicaba más trabajo, antes de colgarla trataba de descacharse del exceso de agua, apretándola suavemente sin retorcer o enroscarla. Finalmente colgaba la ropa, para evitar la decoloración por el sol giraba la ropa hacia adentro.

La primera tarea la dejaba agotada, al principio era muy lenta, pero se había acostumbrado y la hacía con asombrosa velocidad.

Después de eso no perdía tiempo, iba a la cocina y preparaba la comida, el fin de semana iba al pueblo para reabastecerse de alimentos, mientras que Turbo, Taffyta y Candlehead veían la ropa y más cosas, ese día prepararía tortas de navidad, una de sus recetas favoritas.

Necesitaba:

1 lata de sardinas

½ chorizo

1 cebolla

Orégano

1 lata de chiles serranos

10 teleras

Primero, tenía que picar la cebolla, muy finamente, como había leído en un libro, luego freía el chorizo a fuego muy lento, para que de esta manera quedara bien cocido, pero sin que se dorase excesivamente. En cuanto estaba listo se retiraba del fuego y se le incorporan las sardinas, (a las que anteriormente les había quitado el esqueleto) Era necesario, también rasparles con un cuchillo las manchas negras que tenían sobre la piel. Luego mezclaba las sardinas con la cebolla, los chiles picados y el orégano molido. Se dejaba reposar la preparación, antes de rellenar las tortas. Por último se calentaban en el horno antes de servirlas.

Al terminar de prepararlas, hizo la bebida, puso la mesa, sirvió de comer, y cuando estaba comiendo en la cocina, los ratones volvieron aparecer, Vanellope sonrió, ese día no tenía mucha hambre, así que corto a la mitad su torta y se la dio a los ratones.

-Hola-dijo mientras dejaba la torta con el plato en el suelo, sostuvo su mitad con la mano y así se la comió, los ratones felizmente se comieron la torta mientras ella los miraba sonriendo.

Al terminar de comer, levanto la mesa y lavo los platos, finalmente fue a ver si la ropa ya se había secado, ese día no iba a poder barrer ni trapear, así que ya seria el fin de semana o mañana.

Recogió la ropa, la plancho y miro el reloj, el corazón casi le dio un vuelco, eran casi las ocho, a Turbo le gustaba cenar a las ocho, se había entretenido bastante planchando la ropa, doblo la ropa lo más rápido que pudo, fue y la dejo al cuarto de sus hermanastras y luego fue a la cocina, preparo algo sencillo, sopa de jitomates, ya que había muchos en la alacena y si no los usaba se echarían a perder, así, hizo la sopa y la sirvió.

-Qué asco-se quejó Taffyta- Odio la sopa de jitomates.

Candlehead no dijo nada, solo tomo su cuchara y le dio un sorbo al plato, si hermana le mando una mirada asesina y ella dijo:

-Está muy salada.

-Si hija mía-Turbo-Tienes razón.

Vanellope regreso a la cocina, estaba ardiendo, siempre se esmeraba para que la comida quedase lo mejor que quisiese, y ellos la desprestigiaban, pero como siempre, se contuvo, como siempre.

Su humor se relajó cuando vio que los ratones estaban más cerca de ella, parecían perritos que le pedían comida, Vanellope no pudo evitar sonreír y en un cuenco vertió sopa y se los dio.

-Al menos alguien aprecia mi comida-dijo mientras los ratones se zambullían en la sopa, viéndolos, Vanellope no dejo de sonreír-En sus pequeños cuerpos debe haber más bondad y amor de los que otros tienen en todos sus enormes cuerpos.

Tras haber recogido la mesa por tercera vez en el día, y de haber lavado los platos, fue a traer el agua para el baño, hizo tres viaje pues, intencionalmente, Turbo y Taffyta se habían tardado demasiado, dejando a Vanellope muerta de cansancio, ir al pozo, llenar las cubetas, ir hasta la casa, subir las escaleras, verterla en la tina y poner las burbujas, tres veces en el mismo día.

Así que cuando por fin acabado, Vanellope agradeció, pues su cuerpo ya no aguantaba más, estaba exhausta, subió hasta su "cuarto" si así se le podía llamar, se sentó en su banca y luego se recostó.

Se estaba cansando, sus días estaban pasando de manera mecánica, pasaba casi todo el día en la cocina, preparando la comida, lavando trastes y sirviendo, lo mismo día tras día, y lo peor de todo, era despreciada. No quería que le hicieran un desfile en su honor ni nada por el estilo, pero tan siquiera un gracias agradecería, pero no, no obtenía nada, lo que más la molestaba eran los malos modos de su padrastro y sus hermanastras hacia ella, pero…

Vanellope tenía un corazón dulce y honorable, así que, los perdonaba, en su corazón, Vanellope no guardaba rencor.

De repente, se escucharon pequeños pasos en la habitación, Vanellope volteo para ver a los ratones caminar hacia ella, luego acostarse cerca de la banca, Vanellope sonrió, al menos no pasaría esa noche en solitario.

-Hola amigos-dijo mirándolos-¿Vienen a examinar mi lujosa mansión?

Obviamente los ratones no respondieron, solo se acostaron ahí y Vanellope sonrió, esa compañía le agradaba mucho.