Disclaimer: HP es de JK y TS de SM. Algunas edades y fechas alteradas, no hago mucho caso al cannon y hay algunos personajes míos. Toda la trama me pertenece.
Y, sí. Actualizo cuando se supone que estudie para una prueba de historia de Chile, y la verdad es que no me termina de entrar la materia. Miren lo que hago por ustedes, y ni me comentan... :(
¿Sobre la precuela?
II - Alysson
Cuando Hedwig no era más que un pequeño puntito casi imposible de ver, un carraspeo nos devolvió al sueño que estábamos viviendo. Parpadeamos y volteamos a mirar a los vampiros.
- ¿Podrían seguir con la historia? – pidió Edward. Le sonreí.
- No nos hicieron daño físico – apunté -. Mágicamente sí lo hicieron. Separar a mellizos de sangre mágica causa daños a mediano y largo plazo en los poderes de los hermanos y de la familia después de un tiempo.
- ¿Los separaron? – preguntó Esme.
- Teníamos una semana cuando Lucius accedió a hacerlo – contestó mi hermano -. La dieron en adopción, en un orfanato mágico, con nueve días de vida. Lamentablemente, alcanzaron a ponernos la Marca Tenebrosa. En las familias que obedecen a la Orden Tenebrosa, cada nacido es marcado inmediatamente después de ser alimentado por primera vez – me miró dudoso y asentí.
Nos levantamos la manga izquierda y enseñamos el antebrazo. Jadearon cuando vieron la calavera con la serpiente. Hicimos idénticas muecas y las tapamos rápidamente con la manga y los hechizos mentales (sin varita, por extraño que sea. Ventajas de ser gemelos mágicos).
- No es que nos gusten, de hecho las ocultamos con unos quince hechizos y mi metamorfomagia – comenté asqueada -. Por desgracia, son señales permanentes. Solo cortándote el brazo podrías eliminarla.
- ¿Ustedes…? – Esme no fue capaz de terminar la pregunta.
- Se supone que obedecemos a la Orden Tenebrosa, pero Voldy tiene más que claro que puede meterse sus órdenes por donde le quepan – bufó Draco -. Con esta marca, él convoca a sus seguidores. Es como un rastreador también, pero nosotros logramos que sea solo un tatuaje tomando una poción todos los días. Es asquerosa, pero lo vale.
- Preferimos casi vomitar cada día a sentirnos parte de esa asquerosa Orden y esclavos de Voldy-Vold – dijimos al unísono, como buenos gemelos mágicos, para luego echarnos a reír al unísono. Nos miraron entre divertidos y curiosos... Bueno, todos menos Harry y Hermione. Ellos estaban acostumbrados entre nosotros, los gemelos Weasley y las gemelas Patil.
- ¿Qué pasó en ese orfanato? – preguntó Edward receloso. Cinco meses de novios me habían enseñado a detectar la razón de su molestia, y esta vez eran mi padre y mi abuelo.
- Mis padres la adoptaron – contestó Harry –, dos días después de que llegara. Como no sabían su nombre en el orfanato, la nombraron Alysson. Cuando Voldy nos atacó y mis padres murieron, yo fui a parar con mis tíos maternos y ella, como no era de la misma sangre que mi madre, no entraba en la protección que me ofrecía no-se-qué encantamiento de sangre del año del perico y terminó en un orfanato muggle.
- ¿Muggle?
- En nuestro mundo, un muggle es una persona que no tiene magia y no es de familia de magos – contesté a la pregunta de Alice -. También hay clasificaciones para los magos. Están los sangre pura, que no tienen parientes cercanos que sean muggles, y son la elite del mundo mágico, aunque a los traidores a la sangre se los trata como si fueran basura. Otros son los sangre sucia, o hijos de muggles, y puedes considerarlos la más baja estirpe mágica. Al medio están los mestizos, que pueden ser bastantes tipos de sangre. Hay otras clasificaciones, como los mestizos puros y los impuros, pero no vienen a cuento. Todo depende de la sangre y de tu capacidad de hacer o no magia. Los de familia mágica que no pueden hacer magia son llamados squibs. Por lo demás, el racismo en el mundo mágico no es por color de piel ni nada de eso, sino por asuntos de sangre – hice una mueca –. Aunque tengo que conceder algo. En los sangre limpia hay más poder mágico que en los mestizos y los hijos de muggles, pero no implica que sea más o menos mago por eso.
- Wow, Rose, no te oía decir un discurso así de largo desde que Goyle dijo sangre sucia a Hermione en segundo año – dijo Draco pensativo.
- Me molesta ese racismo, y si no te acuerdas…
- Es la causa de esta guerra – terminamos los cuatro al mismo tiempo.
- ¿Ustedes qué son? – preguntó Jasper.
- Yo soy hija de muggles – contestó Hermione orgullosa de sus orígenes.
- Mestizo. Mi padre era sangre pura y mi madre hija de muggles – respondió Harry. Todos nos miraron interrogantes.
- Sangre pura – contestó Draco.
- Ni una gota de sangre muggle en novecientas generaciones – dije con una sonrisa orgullosa y, por qué no decirlo, algo arrogante -. Los Malfoy somos la familia más antigua y pura del mundo mágico en general, y algunos piensan que por eso somos racistas. En todo caso, las uniones en la familia no se dan por sangre, pero de todos modos…
- La magia de las antiguas familias se siente más atraída hacia otros de antigua familia, de ahí que… - continuó mi gemelo.
- Podríamos mostrarles el árbol genealógico, verían que desde los inicios de la familia somos magos relacionados con magos. En serio, el Malfoy no mágico más cercano está como a 894 generaciones, y era un squib que finalmente expresó algo de magia una hora antes de morirse como a los quince años sin dejar descendencia.
- Las demás familias se van haciendo mestizas con el paso de las generaciones, pero nosotros no. De alguna forma, siempre nos las arreglamos para relacionarnos con otros sangre pura. O lo hacíamos – apuntó mirándome fijamente. Sonreí con inocencia.
- No te preocupes. Te aseguro que solo algunos amigos no son sangre pura.
- ¿Y tu novio? – miró desafiante a Edward.
- Ni de broma – la malicia de mis ojos no le pasó desapercibida a ninguno de ellos.
- Pero, yo era… ¿muggle? – estaba confundido, toda su postura y su expresión me lo decían. Negué con la cabeza.
- Tus padres eran magos sangre pura, se vinieron a América antes de que nacieras escapando de la guerra que había en el mundo mágico. Creo estar en lo cierto cuando aseguro que rechazaron las cartas de todos los colegios de magia que te solicitaron, que serían Hogwarts, la Academia Masculina de Salem, Durmstrang y Beauxbatons, en Inglaterra, América, Escandinavia y Francia respectivamente. Y también creo que te habrán dado alguna poción o algo así para dormirte la magia.
- ¿Cómo sabes todo eso? – preguntó asombrado. Sonreí y me encogí de hombros.
- Te sorprendería lo que puedes hacer con unas cuantas monedas de oro y el apellido Malfoy – explicaba Draco riéndose a más no poder.
- Eh, ¿podemos seguir con la historia? – pidió Emmett.
- Bueno, en el orfanato muggle me adoptaron los padres de Hermione – ella sonrió.
- Fue una completa casualidad. De alguna forma, la magia que había en mí los llamó a adoptarla. Alysson llegó a casa con un año y medio, apenas tres meses después del ataque a los Potter. La primera muestra de que ella era hechicera fue que, cuando me vio, tomó mi misma apariencia. A partir de entonces nos hicimos pasar por gemelas, nadie hubiera podido dudarlo – como para confirmarlo, tomé la forma que usé durante esos años y ellos asintieron en comprensión.
- Una vez llegamos a Hogwarts, el colegio de magia inglés, Harry y Hermione quedaron en Gryffindor y Draco y yo quedamos en la casa Ravenclaw, que es por tradición la de los Malfoy. Solo Abraxas y Lucius han estado fuera de ella, y que estuvieran precisamente en Slytherin y se hicieran amigos de las familias del lado tenebroso fue lo que determinó la desgracia en la familia. ¡Un Malfoy fuera de Ravenclaw, y con relaciones oscuras! – negué con la cabeza – Decepcionante.
- Descubrimos su origen cuando, para la foto que es tradición tomar el segundo día de clases, le pidieron que tomara su verdadera identidad. No saben lo molesto que es lidiar con una metamorfomaga que adora cambiar de forma. Los profesores se desesperaban cada vez que ella fingía ser otra persona. Bueno, el punto es que… ¿Rose, lo recuerdas?
Los alumnos de primer año Ravenclaw caminaban ordenados por los pasillos de Hogwarts, sin que nadie los guiara. Se sabían el camino a la perfección a pesar de haber llegado la noche anterior. Al comienzo, una chica de ojos rojizos, cabello rosa chicle hasta los hombros y expresión hastiada caminaba junto a un rubio de ojos grises y aires de grandeza. Llegaron al Gran Comedor.
- Bien, bien. Malfoy, aquí… - el profesor Flitwick, jefe de la casa, los ordenaba con un hombre con cámara fotográfica detrás. Los ordenaron a todos y llegó el turno de las chicas – Granger… ¡Granger! Por Merlín, chica, ¿quieres dejar de hacer eso? – ella parpadeó con expresión inocente.
- Pero, profesor, sería avergonzarme de ser metamorfomaga…
- Toma tu verdadero aspecto y ubícate junto a Malfoy, Alysson.
- De acuerdo – dijo resignada ante el tono imperioso de su jefe de casa.
Caminó tranquilamente hacia su posición en la segunda fila mientras dejaba a su magia relajarse. A medida que daba los pasos, su cabello se hacía más largo y lacio, se aclaraba hasta ser de un rubio platinado, sus ojos se hacían gris plata y sus facciones y toda ella cambiaba. Junto a Draco Malfoy llegó una persona igual a él, pero en femenino. El profesor se escandalizó.
- Granger, le dije que dejara de imitar a la gente y tomara su propio aspecto – dijo exasperado.
- ¿Qué? Pero si dejé tranquila mi magia. Esta debería ser yo. Digo, sé que no soy una diosa griega, pero por favor… - una chica sentada a su derecha le dio un pequeño espejo – Merlín. ¿Soy yo?
- Fue lo más raro que haya visto nunca – dije riéndome -. Y eso que era yo misma. Nunca me imaginé que era precisamente la gemela del prepotente sangre pura de Malfoy.
Saqué la foto de mi bolsillo. Era indiscutible el parentesco. Ambos de postura orgullosa, lacio cabello rubio platinado, ojos gris plata, facciones afiladas y nobles, altos y delgados. Draco era (y sigue siendo) yo en versión masculina y viceversa. La foto pasó por cada Cullen y terminaron por devolverla atónitos. No podía distinguirse muy bien quién era quien, pues él tenía el cabello perfectamente peinado para atrás y yo llevaba una coleta baja que hacía que nos viéramos hasta con el mismo peinado. Considerando que los dos somos Ravenclaw, nuestros uniformes estaban en perfecto estado, la túnica tapando que él usaba pantalones y yo la falda escolar, además de que mi cuerpo (para nada envidiable al de una modelo muggle) todavía no se desarrollaba, parecíamos clones.
Pasamos también la de segundo, tercero, cuarto y quinto, además de algunas en que aparecíamos en diferentes lugares después de que yo asumiera mi identidad. A medida que avanzábamos en edad se iban notando los cambios. A mi hermano le brillaron los ojos y sacó otra del bolsillo de su camisa. Nosotros, de bebés, con apenas dos días de nacidos. La Marca Tenebrosa hacía contraste con la pálida piel característica de mi familia. La única diferencia que se veía era que, aunque dormíamos, mi cabello cambiaba de color cada veinte segundos casi sin pasar por mi rubio natural. Esme se enterneció con la imagen y la dio vuelta.
- Draco Scorpius y Rosalie Narcissa. Dos de agosto 1980 – leyó. Asentimos sonrientes.
- ¿Qué pasó luego de la foto? – preguntó Carlisle, evaluando aún la de todos los alumnos de quinto año.
- Bueno, el director Dumbledore envió una carta pidiendo una cita con nuestros padres. Solo fueron nuestra madre y los padres de Hermione. Lucius y Abraxas preferían tragarse un balde de pus de bubotubérculo antes de reunirse con él – mi hermano sonrió -. Hablaron todos, y madre estaba exultante. Ella nunca estuvo de acuerdo con que se la llevaran, de hecho lo hicieron a sus espaldas, y volver a verla después de once años la hizo tremendamente feliz. Los Granger se mudaron a una casa que tenemos en Londres, cerca de su trabajo, que estaba conectada a la red flu. Parece que a madre le costó convencerlos, pero terminaron por ceder.
- Yo reasumí como Rosalie Malfoy muy a pesar de Lucius y Abraxas. Ninguno de los dos tenía el título de Lord Malfoy y había una orden ministerial, así que les quedó tragarse el orgullo y aceptarme de vuelta. Claro que, en su rabia, Lucius torturó y mató a diez muggles y expuso el secreto, así que fue enviado a Azkaban con veinte años de condena. Abraxas sufrió un infarto al enterarse.
- Eso es todo – terminó Draco. Justo en ese momento entraron los demás, chorreando agua. Los sequé con un movimiento de varita.
- ¿Terminaron? – asintieron rápidamente.
- Quince kilómetros – contestó Neville orgulloso.
- Ahora voy yo…
- ¿Vamos a reunirnos aquí? – miré a los Cullen y asentí a la pregunta de Ron después de recibir su aceptación.
- ¿Cuántos quedamos?
- Según Cho y Kate, quinientos cincuenta y cinco en Inglaterra y cuatrocientos treinta y cinco fuera, sin contarnos ni a nosotros ocho ni a ellas – Luna era la de los números.
- ¿Para qué van a reunirse tantos? – preguntó Edward - ¿Y cómo van a entrar todos, siquiera?
- Herms, Ginny, amplíen los cuartos de visitas. Esme, ¿podrías…?
- Por supuesto – las guió escaleras arriba.
- Draco, explícales. Yo voy a hacer los escudos.
Salí y apunté al cielo con mi varita. Los hechizos meteorológicos se me daban lo suficientemente bien para librar de lluvia toda la cúpula creada por mis amigos y un poco más. Inmediatamente después, fui caminando por el bosque haciendo el círculo mientras ponía los escudos. Cuando estaba poniendo el último, sentí a alguien detrás de mí.
- ¿Están en guerra? – preguntó Edward.
- Eso dijimos varias veces – no quería mirarlo y ver decepción en sus ojos, decepción al saber que no había confiado en él lo suficiente para decirle mi secreto.
- ¿Por qué no me lo dijiste? – supe inmediatamente a lo que se refería. Terminé con el escudo en silencio y volteé. Estaba tranquilamente apoyado en un árbol.
- No dependía de mí, así como no dependía de ti decirme o no que eres un vampiro. Todo un mundo depende de lo que un mago pueda revelar. Si lo dije ahora, es porque la situación ya es crítica. Supongo que se las explicaron. El ministerio de magia inglés cayó, y eso quiere decir que la Orden Tenebrosa está un paso delante. La Orden del Fénix es pequeña y muchos son mayores, el ministerio es ineficaz y nosotros somos bastantes, pero jóvenes. Entrenarnos y lanzarnos a la batalla es lo menos que podemos hacer.
- No tienen que hacerlo – suspiré y agaché la cabeza mientras guardaba la varita.
- Sé que no debemos, pero queremos hacerlo. Muchos de mis compañeros sufrieron la muerte de familiares cercanos por esta guerra, Edward – lo miré desafiante. Ahora éramos casi de la misma estatura, él seguía ganándome por unos cinco centímetros.
- ¿No han pensado que pueden morir?
- No tememos a la muerte, por extraño que suene en alguien de mi edad – suspiré y cerré los ojos -. Tememos más a que la oscuridad gane y las masacres sean parte del día a día. Tememos que ya no sea seguro que las siguientes generaciones, porque no podemos estar seguros de vivir para tener descendencia, paseen por la calle sin ver cadáveres a cada lado.
- Draco me dijo lo mismo – musitó -. Bella es…
- La prima de Hermione – sonreí cuando me miró asombrado -. Charlie es su tío materno. Me hice pasar por ella para que no fuera más difícil, es una buena chica y la conozco bien. ¿Te imaginas sus caras si hubiera entrado así al instituto? Bella pasa más inadvertida – me señalé. Sonrió.
- Bueno… - repentinamente acortó los dos metros entre nosotros y me abrazó fuertemente – habría tenido que apartarte de la vida pública.
- ¿No te molesta que te hubiera ocultado esto?
- Comprendo tu posición – dijo simplemente -. No podías saber si éramos o no de esa famosa Orden Tenebrosa.
- Da igual. No dije nada porque no pensaba decirle al Círculo Interno de la Hermandad que tengo un novio vampiro. Se hubieran aparecido antes y te habrían hechizado – negué con la cabeza mientras pasaba mis manos detrás de su cuello. Él enterró su rostro en mi cabello y aspiró.
- Rosas – musitó -. Nogal, fresno, pasto recién cortado… me gusta – se separó y me besó.
Estuvimos de lo más entretenidos besándonos por varios minutos, yo acorralada entre su cuerpo y un árbol bastante viejo. Sus manos estaban apoyadas a los lados de mi cabeza, mientras las mías jugueteaban tranquilamente con su cabello. Casi no nos separábamos, mi condición física era tal que el aire no me faltaba. Ventajas de ser jugadora de quidditch.
- ¿No te estarán buscando? – murmuró él sin dejar de besarme.
- No lo creo – contesté -. Las chicas saben mantenerlos a raya cuando desaparezco. Nos ayudamos así, cuando una se va con su novio las otras distraen a ese montón de celosos – me reí echando la cabeza para atrás. Me miró con un lindo puchero y reí más.
- No es justo que me separes así – protestó como niño chiquito. Besé su nariz.
- Me han dicho que es difícil dejar de besarme – comenté medio en broma medio en serio -. ¿Tú qué crees?
- Que difícil se queda corto – volvió a besarme y correspondí de inmediato.
Él era el chico que había esperado por años y, curiosamente, su sangre era más pura que la de mis novios anteriores. La magia había hablado.
Listo, terminado, congelado (?)
63 visitas, 2 favoritos, 1 alerta y 1 comentario? En serio? Oye, que si no gusta se dice... Tsk, como sea, creo que voy a tener que ponerme pesada... cuando un capitulo nuevo reciba 3 RR, actualizo. En serio ODIO cuando la gente hace esto de condicionar, y DETESTO tener que llegar a estos extremos, pero me da la sensación de que está siendo algo... necesario? Igual no es tanto lo que pido, creo. Promedio lo que recibí en las otras historias.
Bien, me voy.
Ayla Hale Potter
PD: ¿Sobre la precuela?
