Lo sé, lo sé, no tengo perdón; sin embargo, y a quien le apetezca leer aquí está la continuación. Es corto, lo sé, pero es lo que mejor me ha salido. Se podría decir que apenas empieza lo bueno… no aseguro mucho, sólo una historia con personajes diferentes y mucha intención de continuar con esta racha de seudo creatividad.

Sakura conocía cada recoveco del colegio, no por nada había pasado casi una década encerrada en dicho lugar. Por tal razón, podía esconderse y encontrar a cualquiera sin mucha dificultad. Y ese día en verdad que necesitaba todo el conocimiento de la estructura del plantel, a Rika le había dado por perderse o esconderse, según se vea el asunto. Desde la misteriosa partida del profesor Terada y la llegada repentina del "nuevo encanto" (como muchas osaban llamarle) Rika estaba irreconocible; se las gastaba de rebelde y no entraba a la clase de matemáticas, literatura, ciencias… no entraba a clases, punto. Y si eso no fuese suficiente para que los maestros repartieran reportes cual margaritas en época de primavera, la pelirroja tomó el estatuto de comportamiento del Colegio de señoritas Bodou e hizo todo lo que se marcaba con un No.

No salir de las habitaciones pasado el toque de queda, No tener contacto alguno con el género masculino a menos que sea familiar cercano, No deambular por el colegio a deshora, No usar el uniforma de manera impropia, No salir de las instalaciones…

Y hasta ahí llegaban los No, porque Rika había cumplido con el último: se había escapado. Sakura aún refugiaba una esperanza en su interior, quería creer que la pelirroja estaba escondida en algún rincón del Colegio (de ésos que únicamente cierto sector del alumnado conoce) llorando por su amado profesor y la injusticia. La castaña se aferraba a ello con ahínco, con dolor. No podía escaparse, eso los separaría más.

Esto se había vuelto como una meta personal, conseguiría que no expulsaran a Rika, descifraría el enigma de la partida de Terada y haría que terminaran juntos. Porque para Sakura eso parecía una historia de amor y ella se había adjudicado el título de celestina.

Así que ahí estaba ella, una madrugada de domingo buscando como si su vida dependiese de ello a una pelirroja muy escurridiza y cabezota.

— ¿Dónde estás, Rika? —murmuró para sí misma.

Era muy tarde y si algún profesor o prefecto la encontraba deambulando por los pasillos, ya no se tendría que preocupar por la expulsión de Rika sino por la suya. Decidió que estaba tentando mucho a su suerte y que sería mejor irse a dormir; estaba claro que su amiga se había fugado y que toda esperanza de encontrarla antes del amanecer era casi utópica.

Subió las escaleras que daban a los dormitorios, para después encaminarse al pasillo donde se encontraba el suyo. Caminó descalza para evitar hacer ruido y ser descubierta, asimismo, con todo el sigilo posible entró a su habitación.

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Sakura a duras penas había pegado el ojo en todo la noche (o lo que quedaba de ésta cuando fue a dormir), tuvo pesadillas sobre Rika y su expulsión, sobre Rika y su separación con el profesor Terada, sobre el nuevo profesor de matemáticas y su nota del último examen: un bonito y redondito cero que en el sueño se volvía gigantesco y ella tenía que cargar con él por toda la eternidad. Sudorosa y contrariada decidió no dormir por lo que restaba de la madrugada, por mucho que viese puntitos en señal del cansancio que la agobiaba.

Después de desayunar y de que Tomoyo le cubriese con maquillaje las enormes ojeras, que surcaban su rostro, corrió hasta la clase de matemáticas con la finalidad de llegar temprano y que el profesor no le tomara ojeriza como en su primer día.

—Buenos días, clase —saludó el profesor con el cinismo hecho sonrisa.

Todas mecánicamente respondieron "Buenos días, profesor Li". Bueno, todas excepto una: Rika Sasaki, que se encontraba sentaba en su lugar habitual con una mueca de disgusto enmarcando su rostro. Sakura y todas las chicas del Salón 101 se dieron cuenta de la presencia de la pelirroja. Pero la castaña más que notarla y abrir la boca en señal de asombro como el resto de sus compañeras daba pequeños saltitos en señal de felicidad contenida.

Sin embargo, aunque para las alumnas era una grata sorpresa, para un miembro de la clase no lo era tanto. El profesor Li también se dio cuenta de la presencia de su alumna menos recurrente y eso no le gustó. A él le gustaba la puntualidad, la responsabilidad, el orden y por supuesto la asistencia, y aunque hasta ahora su peor alumna era Kinomoto por no cumplir con todos sus requisitos, Sasaki se estaba ganando a pulso ese título porque ella simplemente no cumplía con nada.

—Veo que contamos con la presencia de la distinguida y afamada señorita Sasaki ¿a qué debemos el honor de su asistencia? No me diga, ha hecho uso de eso que todos los simples mortales llamamos sentido común y se ha dado cuenta que no puede repetir el curso. Pues con todo el dolor de mi corazón, le tengo que decir que se puede dar por reprobada, así que ahórrese la necesidad de levantarse temprano y ahórreme el esfuerzo (inútil he de decir) de enseñarle algo.

¡Y Troya ardió en ese preciso instante! Junto con la paciencia, la tolerancia y el mutismo de Rika Sasaki. Ésta se levantó de su asiento y con toda la fuerza de sus cuerdas vocales chilló "pues su putamadre".

Desde la dirección, la cual se encontraba al otro lado del edificio, se pudo escuchar claramente un OH como respuesta colectiva ante las palabras de la chica más refinada (hasta ahora) del plantel. Nadie podía creer que esa palabra irreverente estuviese en el vocabulario de la chica que se negaba siquiera a susurrar joder.

Syaoran Li no se inmutó ni un pelo. Esos desplantes se los sabía al derecho y al revés, no por nada había convivido con seis mujeres (todas caprichosas y testarudas) por veintiún años. Esa rabieta no era nada comparada a la que sus hermanas y prima hacían cada vez que no conseguían lo que querían.

—Cuando haya terminado con el episodio, le pido que abandone mi clase. No fui contratado para lidiar con niñas de guardería.

Antes de que siquiera Rika tomara aire para continuar con el repertorio de groserías que al parecer había adquirido no sabemos donde, Sakura se levantó de su lugar y le murmuró "Por todos los santos, Rika. Cállate".

—Usted también Kinomoto puede retirarse, que nadie la nombró defensora de las causas perdidas.

Esta vez Sakura no pronunció palabra alguna, tomó a Rika del suéter y la jaló fuera del aula.

— ¿Estás loca, Rika? ¿Has perdido el juicio? Después de esto te expulsarán. ¿Me estás escuchando? Rika…

—Sakura ¿no te has dado cuenta? Eso he querido todo este tiempo, que me expulsen. Ya nada me ata aquí, nadie. Quiero salir y buscar a Yoshiyuki.

— ¿Buscar? ¿Buscar? ¿Cómo lo buscarás? Es como tratar de encontrar una aguja en un pajar. No sería mejor esperarlo, él regresará por ti, Rika.

—No, no, no. Sakura ¿no lo ves? Ya no puedo seguir así. Tengo que hacer algo, si me quedo en estas cuatro paredes enloqueceré.

—No te has puesto a pensar que si tus padres se enteran que te han expulsado del colegio lo menos que te dirán será "sí, ve. Busca a tu amado, aquí nosotros pagamos los gastos".

—No esperaré a que mis padres vengan por mí. Me iré esta misma noche…

Sakura soltó una carcajada, seguida de otra y muchísimas más. Rika no se podía creer que su amiga estuviera compartiendo risas en el pasillo mientras ella pasaba por la situación más difícil de toda su vida.

—Tienes que estar tomándome el pelo. ¿Y cuándo salgas del colegio a dónde irás?—preguntó una incrédula Sakura.

—A Otawa, su familia es de ahí

—Rika, mi queridísima Rika, dime por lo que más quieras que me estás bromeando, que te gusta jugar con mi ingenuidad y que sólo es un paso para superar mi arraigada niñez.

—No. Lo tengo todo planeado, he utilizado la tarjeta de crédito de mi padre para comprar un boleto a Otawa y reservar mi estadía en un hotel por una semana. Sé que lo encontraré, confía en mí Sakura. Eres la única que puede ayudarme.

— ¿Ayudarte?

—Necesito salir del colegio y tú puedes ayudarme. Me descubrirían si yo hiciese esto sola, pero contigo sé que podré hacerlo sin que noten mi ausencia hasta que sea muy tarde, cuando yo ya esté a millas de aquí.

Sakura bufó exasperada, esto se salía de lo creíble, parecía la historia de Romeo y Julieta, y ella ahora la hacía de delincuente. Si las atrapaban, no necesitarían saltarse la reja para salir del Colegio, ésta se abriría de par en para después darles una patada en el culo y un "no regresen más".

— ¿Por qué no esperas a que tus padres manden a alguien por ti y te escapas?

—Sakura, mis padres mandarán a la infantería de toda Asia si fuese posible, no podré escaparme. Tiene que ser hoy en la noche, antes que sea tarde. Por favor, no te pediría este favor si no supiera que podemos lograrlo. Sé que te he metido en aprietos estos últimos días y lo lamento aunque también te lo agradezco, porque puedo ver que eres la amiga más sincera y auténtica que tengo. Por favor.

Las lágrimas hacían que el sentido común de Sakura se quedara nublado.

—Está bien, está bien, pero prométeme que te cuidarás y que tendrás mucho cuidado… y que me escribirás cuando lo hayas encontrado y le pondrás mi nombre a su primera hija.

Rika abrazó a la castaña eufóricamente y no la soltó hasta que la posición en la que se encontraban resultó un tanto incómoda. Deambularon por las áreas verdes hasta que la campana del almuerzo sonó. Se reunieron con Tomoyo y Naoko para comentar el incidente y para confesar lo que se traían entre manos. El único comentario fue por parte de Naoko que sólo refunfuñó "esto es demasiado shakesperiano para mi gusto".

(Para sorpresa de las alumnas ningún llamado por parte de la Dirección salió esa tarde, al parecer el profesor Li ni siquiera se había molestado en tomar el incidente como relevante. Rika sólo dio por sentado que el profesor era demasiado torpe para saber cómo tomar cartas en el asunto)

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Después de mucho planearlo, decidieron hacerlo a la una con diez, justo cuando el prefecto del segundo turno se tomara su taza de café en las cocinas y dejase el edificio sin vigilancia por únicamente 10 minutos. Por lo tanto, tenían que ser rápidas y precisas, un error les costaría caro. Tomoyo se quedó en la habitación de Rika para aparentar que dormía (desde hacía una semana que las prefectas pasaban para verificar que estuviese donde debería). Naoko vigilaba al prefecto para monitorear su ubicación y así no ser sorprendidas por los inconvenientes que se pudiesen presentar. Sakura y Rika corrían hasta la puerta trasera del Colegio, donde la castaña intentaba hacer pasar a Rika por la reja de metro con cincuenta.

—Tienes que subir, impúlsate. Nos quedan menos de cinco minutos para que el vigilante dé su ronda. Por el amor de Dios, brinca —desde arriba de la barandilla Sakura temblaba a causa de los nervios y el frío que se le colaba por debajo del piyama.

—Eso intento, pero yo no soy tan flexible como tú. Así que échame una mano que se me está desgarrando la virginidad —Sakura no pudo evitar soltar una carcajada y desnivelarse, logrando que Rika cayera con un golpe seco en el frío asfalto — ¡Sakura!

—Lo siento, pero creo que así no lograrás subir ni aunque te disloques los brazos por el esfuerzo. Bien, me bajaré y te subirás a mi espalda, después alcanzarás la barandilla y te subirás a la barda.

Todo iba a pedir de boca, Rika ya estaba en la barda, del otro lado había un montículo de arena y por lo tanto, sería sencillo bajar por él y llegar a la calle.

—Bien, ahora sólo pásame la maleta —Sakura la alzó y la aventó para que la pelirroja la atrapara, pero los reflejos le fallaron y la maleta cayó al suelo con estruendo.

— ¡Rika!

—Lo siento, otra vez, pero ahora con más fuerza

—Sí, con más fuerza, como si no me estuviera dejando el pellejo en levantar esto —señaló la enorme valija que llevaba en las manos —Te vas por unos días, no a vivir para siempre a Otawa ¿no pudiste viajar ligero?

La castaña iba a seguir con las represalias; sin embargo, una mano grande y fuerte la tomó por la espalda. Ella conocía esa mano, no hacía mucho la había echado de su clase de matemáticas. ¿Por qué justamente él tenía que pillarlas?

—Señorita Kinomoto, antes de que la lleve con la señora Directora le apetecería informarme qué hace a estas horas de la madrugada con una maleta en mano y con las claras intenciones de fugarse del Colegio.

¿Fugarse? Ella no quería fugarse de ningún lado, bueno sí quería huir de la mirada inquisidora del profesor de matemáticas, pero dentro de los límites del colegio. Automáticamente y como si apenas se diese cuenta de que algo faltaba, giró el rostro hasta, donde hacía unos minutos, Rika se encontraba y lo único que halló fue un espacio muy vacío.

—Esto no será bueno para su expediente —el cinismo del nuevo profesor era algo que no tomaban en cuenta las que lo llamaban "encanto", ese hombre es todo, menos encantador, pensó Sakura mientras era obligada a cargar la valija de Rika y caminar hasta lo que sería su sentencia de muerte.

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