Disclaimer: Los Personajes Pertenecen A Stephenie Meyer Y La Trama Es Mía.
Capítulo beteado por Flaca Paz.
¿Más Que Amigos?
1. - Comenzando el año
"—Eres la casualidad más hermosa que llego a mi vida… y que la salvó del infierno en donde se encontraba."
.
Bella POV
— ¡Pero Bella!
Yo soy Isabella Swan, aunque prefiero que me digan Bella ya que detesto mi nombre. Soy una chica normal y sencilla, aunque terca. Soy de Forks, Washington, pero actualmente vivo en Seattle. Tengo ojos y cabello color chocolate —como el de mi padre— piel blanca, casi traslúcida gracias a la sangre albina de mi madre; soy flaca, con curvas, aunque nunca he sido una atleta, me siento muy afortunada de tener cuerpo. Soy extraordinariamente torpe, me puedo caer aun cuando estoy viendo el camino. No tengo mucho estilo como mis hermanas, así que prefiero que elijan mi ropa antes de que ambas monten un escándalo. Soy la hermana del medio y tengo diecisiete años, estudio en último año en uno de los Institutos de preparatoria de Seattle más exclusivos e importantes, junto con mis dos hermanas Alice y Rosalie Swan.
—Pero nada, Alice. Ya te lo dije: no necesito esto para conquistarlo, además yo ya tengo novio y él ya tiene a la zorrista esa de Tanya.
La persona con quien estoy hablando o mejor dicho discutiendo es mi hermana menor: Alice. Es optimista, creativa, gritona, fashionista al extremo, con un gran instinto por la moda, se cree Cupido, controladora, libre, audaz, gran consejera, hermana y amiga. Podrías llegar a tenerle mucho cariño.
Su cabello de color negro intenso —como el de la abuela cuando era joven— es rebelde, con cada punta señalando a una dirección distinta; al principio mis padres no aceptaban el "nuevo look" porque de tener el largo hasta la cadera cambió completamente a un corte demasiado corto, pero al final cedieron ya que ella es su princesa. Tiene dieciséis, un año menor que yo. Estudia junto conmigo el último año de instituto, es posible porque la muy sabelotodo la ascendieron un año en la secundaria.
—Bella querida, es el primer día de clases y tienes que verte hermosa.
—Corrección: tenemos que vernos hermosas —dijo Rosalie retocándose el cabello.
Ella es Rosalie o como preferimos decirle, Rose. Es alta con una figura preciosa, su cabello es rubio —como el de mi madre cuando tenía su edad— y cae en cascada hasta la mitad de su espalda; con su aspecto le podría quitar el autoestima hasta a Naomi Campbell (1). En personalidad se parece muchísimo a Alice ya que, si te metías con ella siempre salías perdiendo; además también es una fashionista, mas no una loca como Alice.
Es una de esas que no tiene pelos en la lengua y no teme decir lo que piensa. Es buena persona y si la conocías bien, podrían llegar a ser grandes amigas. Tiene dieciocho años y es nuestra hermana mayor. La quiero mucho. La razón de que estudiase conmigo es porque se fue un año a Nueva York a estudiar actuación —gracias a papá— iba a ser tres años, pero nos extrañaba, así que volvió y siguió con sus estudios.
—Es cierto, tenemos que vernos hermosas. —Siguió con lo mismo Alice.
—Somos las hermanas Swan, hay quemarcar la diferencia.
—Alice, ya te lo dije no usaré un Gucci ni un Prada en el instituto.
— ¿Por qué no? —cuestionó con su cara de cachorrito.
—Porque esto no es un desfile de modas, Alice.
—Entonces, ¿puedes usar una Carolina Herrera?
—No —respondí en tono cortante.
— ¿Hugo Espina?
—No.
— ¿Y...?
— ¡NADA! —la interrumpí—. ¡No! ¡Nada de marcas costosas!
— ¡Isabella Marie Swan! — ¡Oh, oh! —. ¡Vas a usar este vestido y punto final!
—Pero Alice...
— ¡Pero nada, Bella! Te lo pones y listo.
—…Okay —accedí de mala gana. Es que con Alice no se podía.
Me puse mi vestido Prada color azul marino, con cinturón negro, pequeñas zapatillas de tacón bajo igualmente de Prada con un bolso negro.
Alice se vistió con un vestido de color rosado de un solo hombro "GUCCI", bolso mediano, zapatos de tacón alto y cinturón azul oscuro.
Rosalie, bueno es Rosalie. Se colocó una camisa blanca, un short corto de color violeta —que para mi gusto muestra mucho— de "CHANNEL".
Tomémis audífonos, mi iPhone, mis libros y mis cuadernos. Cuando estaba a punto de bajar recibí una llamada. Era de Edward.
Edward Cullen mi mejor amigo desde que tengo catorce años. Posee el pelo despeinado y de color cobrizo, los ojos verdes como dos esmeraldas, su cuerpo es alto, esbelto, fuerte y musculoso, pero sin exagerar.
Estuvo conmigo en una etapa muy difícil de mi vida, él me ayudó a superarlo y siento que le debo eso y más. Cuando cumplí quince años me di cuenta que mis sentimientos no eran los mismos y poco a poco me fui enamorando de él, pero él sigue siendo mi mejor amigo, solo eso, ya que él ya tiene novia: Tanya "Zorrista" Denali.
Casi todos los días me llama a la misma hora. A veces está muy ocupado, se levanta tarde, tuvo un problema con Esme o Carlisle o sus hermanos… en fin. Cuando no lo hace porque simplemente se le olvida tengo que aguantarle una hora de disculpas, más aun así lo quiero.
—Hola, ¿cómo amaneciste? —preguntó.
—Muy bien, excepto por la sesión de belleza con Alice, tú ya la conoces.
—Pues si te soy honesto, ella te hace ver más bella cada día y no creí que eso fuera posible. —Me alegraba mucho que no estuviera viendo mi sonrojo—. No te sonrojes, Bella...
— ¿Cómo supiste? —lo cuestioné sorprendida.
—Porque te conozco desde hace tres años.
— ¡Cállate! —le respondí sonrojada aún.
— ¡Bella! —me llamó mi madre
—Mierda, me tengo que ir, Renée me llama a desayunar.
—Okay, pero para que sepas te tengo una sorpresa.
—Sabes que detesto las sorpresas, mejor dime.
—Nop, tienes que esperar. Nos vemos.
—Igual, te quiero.
—Yo también.—Y colgó.
Me apresuré a bajar al comedor y ahí estaban mis hermanas, mi papá y mi madre sirviendo el desayuno —aunque seamos millonarios, ella trataba de educarnos para que no se nos suba a la cabeza— me senté al lado de mi papá y le di un sonoro beso en la mejilla.
—Bella querida, pensé que no ibas a bajar a desayuno —comentó mi mamá.
Ella es Renée, mi madre. Es alta, con el pelo rubio, ojos azules y de piel clara por su sangre albina, como dije antes. Siento que ella se parece mucho a mí, salvo por el color de cabello, su corte y las arrugas de la risa.
Es alguien con una mente suspicaz con un toque infantil, bastante olvidadiza y con un "espíritu libre", aunque a veces podría tener su carácter, pero casi nunca lo utiliza.
— ¿Cómo crees, mamá? Estaba... —No sabía si decirle o no—. Llamando a Edward, bueno, él me llamó a mí. Eso es todo, nada importante.
—Hmm... Ok. Cada mañana es así, tengo que aceptarlo son mejores amigos. Pero sé que pasa algo más —murmuró entre dientes.
—Renée, ¡no digas eso nunca! —replicó mi padre, que estaba leyendo un correo por su tableta electrónica.
Charlie o mejor dicho mi padre es una persona buena, honesta y sincera. Si tú le dabas una respuesta creíble te la aceptaba y sin decir nada más.
Es el dueño de los hoteles más importantes de Arizona, Seattle, Washington y Nueva York. Trabaja junto con mi madre, viajan mucho, pero cada vez que pueden tratan de pasar tiempo con nosotras. Su cabello es rizado, de color castaño oscuro. Sus ojos son marrón chocolate como los míos, tiene una gran sonrisa, es un poco celoso como verán.
—Lo siento, Charlie. —Sonrió Renée—. Pero no te sorprendas cuando ellos sean tus futuros yernos.
—Eso no pasará, porque ella es mi princesa —alegó Charlie.
— ¡Papá! Aunque yo tenga novio y tengo, siempre seré tu princesa. —Y le di un beso en la mejilla.
—Lo sé —respondió con una sonrisa.
— ¿Y nosotras qué somos? ¿Esclavas? —preguntó Rosalie. Alice comenzó a reírse y casi se atraganta con su jugo.
—Ustedes también son mis princesas… las tres. —dijo papá. Sonó su celular. Era un mensaje; fui a tomar unas de las tostadas de mamá que estaban en un plato y le di un mordisco. Estaban deliciosas—Bueno, me tengo que ir al hotel.
— ¿Mamá irá contigo?
—No, esta semana es para mí y la siguiente para papá —respondió Renée
—Y tal vez la que viene para los dos—murmuró papá dándole un beso de telenovela a Renée. ¡Qué asco!
— ¡Oigan! ¿No saben que los mayores de treinta no pueden besarse? Es asqueroso—dijo Alice con mueca en su rostro.
—Okay, okay, okay, ¡No me riñen! —dijo papá en tono de broma—, y antes de que me vaya les recargué las tarjetas de crédito.
— ¡Gracias, papá, te queremos! —dijimos las tres y le lanzamos un beso al aire.
—Bueno, chicas, llegarán tarde y siquieren llegar a tiempo se tienen que ir ya —dijo mamá sonriendo.
—Mamá, pareciese que nos quisieras sacar cuanto antes de la casa así que, nos vamos. ¡Te queremos! –Alice, al parecer dijo todo lo que teníamos para decir.
Tomamos nuestros bolsos, abrigos y nos fuimos a nuestros autos. Rose a su convertible, Alice a su porche y yo a mi mercedes azul.
¿Qué nos espera hoy?, me pregunté. Cuando de repente vi por el retrovisor tres autos que reconocí al instante.
—Creo que este día ya empezó bastante bien —les comenté a mis hermanas.
—Totalmente —respondieron.
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