Lunes.
-Ranma, date prisa o no voy a esperarte- oyó el muchacho gritar enérgicamente a Akane desde la puerta de entrada.
Ranma suspiró y se puso la cartera a la espalda.
-Toma, la comida- le dijo Kasumi con su dulce sonrisa mientras le entregaba el pequeño paquete.
-Gracias, eres un sol. Hasta la tarde.
-Hasta la tarde, que tengas un buen día.
Ranma salió a toda prisa del gimnasio Tendo y se sorprendió al encontrarse ante la puerta a Akane esperándole. Sin decirse nada, la pareja inició el camino hacia el instituto Furinkan. Permanecieron en silencio buena parte del trayecto. Ranma se volvió un poco para ver a Akane, ya que se extrañaba que permaneciera tanto tiempo sin hablar. La vio con una mirada baja y triste.
-Akane, ¿te ocurre algo, que vas con esa cara?- preguntó con cierta preocupación- ¿Hay algo que no funciona?
-¿Eh?- exclamó ella con un sobresalto- No, todo está bien, sólo es que…
Por algún motivo Akane cortó su frase.
-¿Sí?
Akane detuvo sus pasos y se colocó frente a él.
-Verás, Ranma, yo…
-¡Ranmaaaa!
La voz chillona de Shampoo hizo que los dos se volvieran. Sin saber de dónde había salido, Ranma se vio atrapado por la joven amazona, quien, sonriente, se había abalanzado a su cuello rodeándolo con los brazos, perdiendo él el equilibrio y cayendo los dos al suelo, ella encima del joven.
-Ranma, cariño, ¿has añorado a tu chica ideal?- exclamó Shampoo con entusiasmo- Ya lo tengo todo preparado en mi habitación para…
-¡Cállate, Shampoo!- gritó Ranma.
Miró a Akane, quien los estaba contemplando con una furia contenida.
-Ah, ya entiendo, Akane no lo sabe- dijo Shampoo mirándola y con una sonrisa triunfante-. Bueno, será nuestro secreto.
-Ranma, quédate con Shampoo si quieres, que yo me voy- exclamó Akane furiosa. Y empezó a andar con paso rápido.
-Es-espera, Akane- dijo Ranma tratando de sacarse de encima a Shampoo.
-¡Shampoooo!
El grito de Mousse, quien se dirigía hacia la pareja a toda velocidad, hizo que ambos miraran en su dirección.
-El que faltaba…- murmuró Ranma.
Entonces aprovechó la distracción de Shampoo para salir de debajo de ella y saltar al muro que rodeaba la calle, para acto seguido escapar corriendo.
-Eh, Ranma, ¿adónde vas?- exclamó Shampoo- Que ya lo tengo todo listo para que rompamos nuestras maldiciones…
Se dispuso a perseguirle, pero en ese momento llegaba Mousse y la rodeaba por el vientre con los brazos.
-Pero Shampoo, ¿por qué huyes de mí?- exclamó él estrechándola con fuerza- Estamos destinados a estar juntos. ¿Por qué no dejas que te lo demuestre?
-Sí, hombre, tú sueñas. Y suéltame, que se me escapa Ranma. ¡Ranmaaa! ¡No te vayas, amor mío!
Lejos de allí, Ranma se había quedado escondido detrás de unos cubos de basura junto a un poste de teléfonos. Después de unos momentos se atrevió a asomarse. Una chica de su edad, vestida con el uniforme femenino de su instituto, cartera en las manos y una gran pala de hacer "creps" a la espalda, le sonreía divertida al otro lado de los cubos.
-Hola, Ranma, ¿juegas al escondite?- bromeó la joven.
-Hola, Ukyo- saludó el otro, aliviado y poniéndose de pie-. Sí, más o menos.
-Pues será mejor que lo dejes para luego, que si no llegarás tarde a clase.
Ranma le sonrió con amabilidad. Momentos después, continuaron juntos el camino al instituto, mientras otros alumnos se les iban uniendo. Él observó de refilón a Ukyo: le gustaba verla vestida con el uniforme de chica, más que con el traje masculino que solía llevar para las clases la mayoría de veces.
-¿Cómo es que tú y Akane no hacéis el camino juntos como todos los días?- preguntó la joven sin aparente interés- ¿Ya os habéis vuelto a pelear?
Ranma estaba seguro que si le dieran un yen cada vez que le hacían esa pregunta, a esas alturas ya sería millonario.
-Psí- dijo sin mucho entusiasmo-. Todo ha sido por culpa de un malentendido que ha habido con Shampoo.
-Esa Shampoo, ya te ha estado molestando otra vez, ¿eh?- exclamó Ukyo con un poco de enfado- Debería saber que si quiere conseguir tu amor no tiene que estar acosándote a cada momento. Que a ti más bien te gustan las chicas suaves y tranquilas.
Ranma la miró extrañado. Ella se dio cuenta y se sonrojó.
-Vaya, veo que me tienes fichado.
-Bueno, nos conocemos desde que éramos niños. ¿Quién va a saberlo mejor que yo?- Ukyo le guiñó un ojo- Akane también tendría que saber que no te van las chicas de mal carácter y violentas.
-¿Y quién crees que sería esa chica ideal para mí?- preguntó Ranma.
-Bueno… Pues… Yo creo que…
Con la mirada baja, Ukyo volvió a sonrojarse. Entonces se percató que Ranma la miraba sonriente.
-Ey, no me tomes el pelo- exclamó la joven, y le dio un cachete amistoso en la mejilla, aunque la fuerza del impacto lanzó a Ranma al suelo-. Y vamos deprisa, que llegaremos tarde.
-Eh, espera.
Ranma se levantó y se puso a correr detrás de su amiga.
Las clases se sucedieron con la rutina habitual, hasta que llegó la hora del recreo.
-Señor Saotome, queda levantado su castigo, pero otra vez…- dijo el profesor abriendo la puerta de la clase y saliendo al pasillo, pero se interrumpió al comprobar que el alumno mencionado había desaparecido y sólo quedaban los cubos tumbados y vacíos, con el agua desparramada por el piso.
En los lavabos de los chicos Ranma se secaba el pelo con una toalla.
"La próxima vez que te castiguen en el pasillo procura mantener el equilibrio de los cubos de agua", se decía para sus adentros. No tenía ropa de muda, así que pensó que lo mejor que podía hacer era salir al patio y esperar que el calor del Sol le secara la que llevaba puesta. Abrió el grifo del agua caliente: no había agua caliente. Fastidiado, luego pensó que después de todo qué más daba. Todo el mundo conocía su capacidad de transformación. Salió del lavabo y se dirigió a la salida del edificio. Entonces se acordó que no todo el mundo conocía su poder de transformación, que había alguien que le tomaba por una persona diferente cuando iba convertido en chica. Alguien que le llamaba…
-¡La chica de la trenza!
Ranma se volvió a su espalda y vio espantado como Tatewaki Kuno corría hacia él con los brazos abiertos, sonriendo expresivamente y llevando la intención de abrazarlo.
-¡Chica de la trenza!- exclamaba el recién aparecido- Has venido expresamente a verme al instituto. Qué feliz me haces.
Nada más llegar al lado de Ranma chica esta le hundió la cabeza en el suelo de un golpe rápido de puño.
-Y sigues tan vergonzosa como siempre- dijo Kuno desenterrándose y volviendo a ponerse de pie, lo que desconcertó a Ranma-. No te preocupes, yo te enseñaré a superar tu timidez.
Sacó su espada de kendo y se colocó en posición de ataque. Mientras tanto, la pareja se fue viendo rodeada por un grupo de alumnos curiosos, entre los que se encontraban Akane y Nabiki.
Ranma, sin molestarse en decirle nada ni en atacar, se fue limitando a esquivar con naturalidad el arma de Kuno, hasta que se vio atrapado contra una ventana abierta que daba fuera a su espalda. El kendoka, triunfante, fue a acometer contra su adversario, pero este esquivó saltando al exterior. Kuno, ni corto ni perezoso, fue en su persecución. Una vez en el suelo del patio la lucha continuó. Ranma, ya aburrido de aquello, dijo:
-Bueno, ya está bien por ahora, que va siendo hora de volver a las clases.
Golpeó con la suela de su zapato en la cara de Kuno tumbándolo en el suelo, y se marchó dando grandes y rápidos saltos, desapareciendo por una esquina del instituto. El grupo de alumnos que estaban siguiendo el combate, viendo que el espectáculo se había terminado, regresaron a sus clases.
Kuno se había quedado estirado sobre la arena del patio, semiconsciente.
-Kuno, ¿va todo bien?- oyó el muchacho que le decían.
Abrió los ojos y vio a Nabiki agachada a su lado.
-Sí, todo va bien- contestó con un poco de mal de cabeza. Se puso erguido, quedándose sentado en el suelo-. Esa chica de la trenza siempre se muestra vergonzosa cuando está conmigo. Cómo me gustaría que superara su timidez y se dejara llevar por su amor a mí.
Nabiki le escuchaba con los párpados entreabiertos y una gota de sudor en la sien.
-Bueno, mientras tanto, aquí tienes estas fotos- dijo, y le entregó un álbum donde había imágenes sexies de Ranma chica. Se sentó-. Ya sabes, diez fotos son mil yenes.
-Sí, sí- contestó Kuno mientras echaba un vistazo al álbum.
-Por cierto, el otro día me encontré a la chica de la trenza, y estuvimos hablando sobre tú y ella.
Kuno dejó el álbum para volcar toda su atención en Nabiki.
-¿Y qué hablasteis?- pidió con interés.
-Bueno, ella me confesó que te deseaba y que quería hacer el amor contigo, pero es tan tímida que ni siquiera se atreve a hablarte de ello.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Kuno.
-¿Estás hablando en serio?- exclamó cayéndosele la baba.
-Pues claro. ¿Te iba a mentir yo?- dijo Nabiki sonriéndole-. Me ha dado un lugar y un momento para que os encontréis y deis paso a vuestra pasión.
-Magnífico, ya sabía yo que la chica de la trenza me amaba- entonces miró de reojo a Nabiki-. ¿Y cuánto me va a costar toda esta información?
-¿Cuánto te va a costar?- la compañera de clase de Kuno puso cara pensativa- Pues no se me había ocurrido cobrarte por organizarte la cita. Bueno, ya hablaremos más tarde de eso. Ahora escucha, el encuentro será…
-Esto no te ocurriría si no te anduvieras transformando cada dos por tres- regañó Akane a Ranma mientras dejaba caer el agua caliente de una tetera sobre este.
-¿Y qué quieres que haga? Los accidentes siempre pueden suceder- se defendió el muchacho.
Akane no respondió. Sin dejar el ceño fruncido, le pasó una toalla a su prometido, con la que este se secó el pelo.
-¿Y ahora por qué estás enfadada?- preguntó él- ¿Qué he hecho de malo?
-¿Qué has hecho de malo? Todo o nada, depende- dio por respuesta Akane-. No lo sé, estoy confundida. Me voy a clase.
Dicho esto, la joven salió de la habitación de los aparatos de gimnasia, dejando a un Ranma de lo más desconcertado.
Aquella tarde Ranma volvía solo del instituto. Akane había salido antes que él sin esperarle, supuestamente con unas amigas. Al muchacho empezaba a rondarle por la cabeza que la pequeña de las Tendo por alguna razón le estaba evitando. Durante los tiempos de descanso entre clase y clase también le había ignorado, quedándose cada uno en una punta del aula. Esa actitud le parecía a Ranma muy poco normal en Akane, y le daba qué pensar. ¿Y si se hubiera enterado de la reunión que mantuvo en el restaurante de Shampoo y de lo que se habló? Allí no faltaban personas interesadas en que ella lo supiera, claro… Entonces no le extrañaba que se encontrase confusa como le había dicho. Como él, no se atrevería a salir de dudas, sobre si ellos dos estaban destinados a estar juntos. Porque, ¿qué sucedería si una vez que hubieran hecho el amor Ranma dejaba de transformarse? Y al contrario, ¿qué pasaría si continuaba convirtiéndose en chica?
-Ranma, cariño, estás muy pensativo.
La voz de Kodachi le sobresaltó. Ella estaba delante de él, casi tocándose las caras, sonriéndole. Ranma retrocedió intimidado.
-Eso que no aceptaras tomar el té conmigo estuvo muy mal- dijo la joven como si estuviera regañando a un niño pequeño-. Creo que cuando lleguemos a mi casa tendré que castigarte por ser tan malo.
-Lo siento, pero no tengo tiempo de ir ahora a tu casa- dijo Ranma quitándose la cartera y poniéndose en guardia-. Tengo cosas qué hacer.
-Como dije ayer, no hay nada más…
-¡Ranma, cariño!
Sin saber de dónde salía, Ranma se vio abrazado por una efusiva y sonriente Shampoo. Miró a su alrededor: claro, si se hallaban delante del restaurante de la joven amazona.
-Eh, Shampoo, que yo vi primero a Ranma- exclamó Kodachi poniéndose seria.
-Bueno, pero ahora Ranma y Shampoo tienen cosas de las que hablar y de las que hacer, ¿verdad, Ranma?
El muchacho se quedó sin saber qué responder.
-Entonces hagamos un combate y la que gane se lo queda- propuso Kodachi segura de sí misma.
-Con mucho gusto- contestó Shampoo no menos ufana.
-Escuchad, ¿no creéis que mi opinión cuenta para algo?- dijo Ranma.
Shampoo atacó primera, pero su ímpetu fue detenido por las palabras de Kodachi:
-Huy, ahora que lo recuerdo- dijo consultando su reloj de pulsera-, si ahora tengo entrenamiento con el club de gimnasia rítmica. Lo siento, pero tendremos que dejar esto para otro día.
Shampoo se cayó de espaldas. Kodachi desapareció, con su risa altisonante y dejando una estela de pétalos negros.
-Bien, ahora que se ha ido esa pesada- dijo Shampoo levantándose del suelo-, pasemos a cosas más serias.
Se volvió hacia Ranma.
-Ven, Ranma, tenemos que hablar.
Y Ranma se vio empujado al interior del restaurante. No había nadie, y ambos se sentaron en los taburetes de la barra.
-Escucha, ¿por qué no comprobamos si nos quitamos la maldición mutuamente, y de paso si estamos hechos el uno para el otro?- propuso Shampoo sonriendo ruborizada-. Tal vez estabas destinado a vencerme en combate para convertirme en tu esposa, siguiendo la tradición de mi pueblo.
-Pero tengo entendido que Mousse ya te había vencido antes que yo.
-Fue de casualidad. Ese combate no cuenta.
Ranma estuvo pensativo durante unos momentos. Shampoo podría tener razón en eso que decía. Según la ley de las amazonas, ella debía casarse con aquel que la derrotase en un combate, y él la venció. Quizá eso significara algo.
-Está bien, probémoslo.
Shampoo saltó de entusiasmo del taburete.
-Vamos- exclamó.
Cogió de la mano a Ranma y lo llevó en dirección a su habitación.
-Un momento, antes debemos llenar un recipiente de agua para después hacer la comprobación- dijo él.
Ante una impaciente Shampoo, Ranma llenó un cubo de agua en el cuarto de baño y marcharon a la alcoba de la joven china. Una vez allí el muchacho contempló fascinado la decoración y los objetos que había en las estanterías.
-Desnudémonos, Ranma.
Él empezó a desvestirse. Pero se detuvo de desabrocharse los botones de su camisa roja al contemplar fascinado la sensualidad de Shampoo al quitarse su ropa tradicional china. Aquel espectáculo ya fue suficiente para excitarle.
-Ranma, no me mires así, que me da corte- dijo ella con un poco de vergüenza mientras se quitaba las bragas, quedando completamente desnuda ante él. Se le acercó-. Vamos, ¿quieres que te quite yo la ropa?
Sin esperar respuesta Shampoo le sacó la camisa.
-¿Sabes? Hasta ahora sólo te había visto desnudo transformado en chica, y resultaba muy frustrante- dijo mientras pasaba con placer sus manos por los pectorales de Ranma-. Vaya, veo que eres muy musculoso.
-Y tú tienes un cuerpo precioso- contestó él con una sonrisa sugerente.
Perdida la timidez inicial, besó con pasión a Shampoo. Exploró con su lengua cada rincón de la cavidad bucal de la muchacha, a lo que ella correspondió con lo mismo. Sus manos, situadas encima de los hombros de la joven china, se deslizaron hacia abajo, acariciando lentamente la piel de ella, llegando a los pechos. Sus dedos encontraron unos pezones duros como rocas, los que pellizcó con suavidad.
-Ah… Aaahn…- exclamó Shampoo.
-Eres muy sensible.
Ranma se agachó un poco y pasó su lengua por encima del pezón izquierdo, removiéndola por la aureola y luego succionándolo. Shampoo se dejaba hacer, disfrutando del placer que le estaban proporcionando.
Al rato ella estaba tumbada en la cama y Ranma, ya desnudo del todo, tenía la cara entre sus piernas, pasando unos dedos por la vagina y jugueteando con el clítoris con el índice y el pulgar de la otra mano, tratándolo como si fuera la rueda de dial de una radio antigua.
Shampoo gemía con los párpados apretados.
-Raaanma, no lo niegues, tú ya tenías algo de experiencia en estoooh…
Él sonrió mirándola. Cogió sus muslos y empezó a usar la lengua, primero en el punto más sensible, y luego profundizando en la vagina. Las secreciones de Shampoo le parecieron de mejor sabor que las de Nabiki.
Shampoo se vino a los pocos momentos. Ranma subió dejando una línea de saliva por su cuerpo con la lengua y, encontrándose los dos cara a cara, se volvieron a besar apasionadamente.
Rodaron abrazados por la cama quedándose Shampoo encima de él, la cual se irguió poniéndose de rodillas sobre del muchacho, con el pubis de este entre sus muslos.
-Ranma, cómo he deseado este momento…- dijo ella agarrando con ambas manos el pene.
El miembro entró sin mucha dificultad en la vagina de Shampoo.
-Ooooh…- gimió esta alzando la cabeza con los ojos cerrados. Luego empezó a moverse.
Ranma veía su pene aparecer y desaparecer, empapado por el flujo vaginal y sintiendo la agradabilísima estrechez de su compañera.
-¡Shampoo se corre! ¡Shampoo se corre!- exclamó esta- ¡Aaaah!
Ranma también estaba a punto de venirse. Entonces Shampoo se lo sacó de dentro y se lo metió en la boca, absorbiendo y mientras lo masturbaba con la mano. El semen salió expulsado sobre el paladar y la garganta de la joven.
-Estás hecha una perversa- le dijo Ranma sonriendo, a la vez que ella, alzando los ojos hacia él, se sacaba el miembro de la boca con rostro satisfecho.
Aún no recuperado, el muchacho se fijó en el cubo lleno de agua. Se levantó inmediatamente de la cama.
-Eh, vamos a ver si ya no nos transformamos- exclamó. Cogió el cubo.
-Espera, espera…
Ranma lanzó parte del agua sobre Shampoo y luego el resto sobre sí. Ante sus ojos ella no había cambiado su aspecto humano.
-¡Viva, lo hemos conseguido, ya no…!- comenzó a exclamar repleto de gozo, pero se detuvo al escucharse la voz. Miró hacia abajo, y puso sus manos sobre esos pechos que conocía tan bien- Pero, ¿cómo es posible que yo me haya convertido y tú…?- dijo totalmente desorientado.
De improviso, la puerta de la habitación se abrió, apareciendo Mousse ante ellos.
-Eh, Shampoo, ¿ya habéis terminado?- preguntó sonriente.
-Sí, ya está, amor mío- le contestó la otra, acercándose a él. Se abrazaron y besaron.
-Escuchad, ¿se puede saber qué es lo que ocurre aquí?- preguntó Ranma aún más desconcertado.
-Verás, es que Mousse al final me convenció para que hiciéramos el amor, y hemos descubierto que estamos hechos el uno para el otro- explicó Shampoo con una sonrisa feliz.
-Sí, ahora ya no nos transformamos con el agua fría- continuó el otro con la misma sonrisa-. Pero Shampoo me pidió que antes de ser mía para siempre, quería ver cumplida su fantasía de hacerlo al menos una vez contigo.
-Y a mí me pareció que la excusa de que a lo mejor dejábamos de transformarnos si lo hacíamos era la mejor para convencerte.
-¿De veras…?- dijo Ranma mientras su ira, y su puño derecho, iban subiendo.
Al cabo de un instante Mousse y Shampoo estaban abrazados el uno al otro, felices y ambos con unos chichones en la cabeza.
-Como te quiero, Shampoo- decía él.
-Yo también te quiero, cariño- respondía ella-. Estaremos siempre juntos.
-Hala, que os aproveche- murmuró malhumorado Ranma, y, después de coger su ropa, salió de la habitación.
Ranma se sintió aliviado por haber descubierto que Shampoo no estaba destinada a ser su mujer. No era algo que precisamente le extrañase, después de todo. En cualquier caso él continuaba transformándose en chica, aunque, al menos, si algo había salido de positivo en ese asunto, es que la joven amazona y su novio ya no le darían más la lata.
No se encontró con ánimos de ir directamente a casa, y decidió pasear un poco hasta la hora de la cena. Caminó sin rumbo mientras por su mente pasaban las fuentes de Yushenko, su imagen femenina, los pergaminos antiguos que había traducido la abuela de Shampoo, Akane… ¡Akane!
A unos cuantos metros de él vio a la muchacha y a Ryoga salir juntos de un edificio. Se detuvo sorprendido, sin saber qué hacer, si ir a su encuentro o esconderse. En un principio ellos parecieron no fijarse en él, pero Akane giró un poco la cabeza y le vio. Puso primero cara de sorpresa y luego de algo así como culpabilidad. La pareja, tal como había aparecido, desapareció calle arriba, entre la luz de las farolas y la oscuridad del cielo.
Ranma llegó junto al edificio de donde les había visto salir. "¡No puede ser!", se dijo dándole un escalofrío. El cartel lo dejaba bien claro: era un hotel de alquiler de habitaciones por horas.
