Gracias a todos por vuestros comentarios!

Espero que os guste este segundo capítulo ^^

2.-

Doof cerró la carpeta llena de papeles, apunes y fotocopias y la guardó en la mochila junto a varias libretas. Cuando se giró para irse Perry estaba al otro lado del pupitre. Le saludó con una sonrisa y suspiró internamente al imaginar lo que el chico le iba a decir, "¿El sábado quedamos como siempre?" Y ya tenía la respuesta afirmativa en la punta de la lengua (porqué aunque si pensaba mucho sobre todo aquello le dolía la cabeza y el corazón se le encogía, siempre era mejor que quedarse solo), cuando su cerebro acabó de procesar la información que recibían sus oídos.

-¿Barco? —dijo tras parpadear un par de veces, sorprendido.

-Sí, Phineas y Ferb ayudaron a hacer no sé qué con el motor y les han dado invitaciones para la inauguración.

-Ahá… —Doof asintió, pensando qué implicaba aquello.

-Es un paseo inaugural, el barco dará una vuelta por la costa y después hay una cena y baile… —Perry tenía las mejillas rojas y había escondido las manos en los bolsillos— ¿Quieres venir?

-Claro… Ya me dirás cómo quedamos.

-Ok, cuando Phineas me de las invitaciones te aviso.

Por toda respuesta Doof volvió a asentir y se quitó la bata de laboratorio para colgarla en su lugar, bajo su nombre en la pared. Perry seguía allí. Doof cogió su mochila y miró expectante al chico.

-Te acompaño a casa, si quieres.

-Claro.

El camino fue algo incómodo, con silencios dispersados aquí y allí entre frases sueltas y comentarios inocentes, pero al llegar a la calle en la que vivía Doof los dos habían entrado en una acalorada discusión sobre el último CD de Love Händel. Sin ser muy conscientes del todo, los dos subieron al apartamento de Doof y se sentaron en el sofá, dejando las mochilas en la mesa y cogiendo de la nevera un batido de chocolate cada uno. La conversación daba para mucho, las letras profundas y emocionales, los videoclips coloridos y originales… Poco a poco se iban acercando más y más, sus caderas estaban pegadas la una a la otra donde los cojines se juntaban y los bordes cedían bajo su peso. Finalmente, entre alabanza y alabanza, Perry se abalanzó sobre Doof y le besó.

La sorpresa duró poco y a Doof le resultó fácil sobreponerse a ella. Alzó el brazo derecho y colocó su mano en el cuello del chico, acercándole más a él, profundizando el beso con sabor a chocolate. Puso su otro brazo en el respaldo del sofá y sintió como Perry le rodeaba la cintura y acariciaba la piel de su espalda por encima de la ropa. Se separaron, con la respiración empezando a entrecortarse, los labios y mejillas rojos, ojos brillantes de expectación, deseo y lujuria. ¿Parar ahora y hablarlo? ¡Qué estupidez! Doof se incorporó como pudo sin dejar de besar a Perry y éste, intuyendo lo que el otro se proponía, se tumbó en el sofá; con la cabeza apoyada precariamente en el reposabrazos y Doof entre sus piernas, besándole el cuello y haciéndole imposible pensar en nada que no fuera guiar sus manos hacia la piel cálida y rosada de Doof, alzarle la camiseta y sentirle estremecerse sobre él.

Doof sentía las yemas de los dedos de Perry quemarle la piel, las uñas acariciarle sin demasiada delicadeza, respirar con dificultad y su pulso empezar a latir con fuerza bajo sus labios. Mordió con suavidad y Perry dejó ir un leve gemido, Doof sonrió y repitió la acción, bajando hacia la juntura de cuello y hombro. Al encontrarse con la camiseta bufó, molesto por la interrupción en su camino, la alzó para seguir besando, lamiendo y mordiendo. Perry apretaba las palmas fuerte contra su espalda y Doof tenía las manos en sus costados, volvió a los labios del chico, que le recibió con ganas y movió las caderas para animarle a que continuara bajando. Doof dirigió sus manos al botón del pantalón, lo deshizo y bajó la cremallera. Al acercar la mano a la tela y sentir el calor que emanaba de la erección allí escondida paró en seco y se apartó. Oía a su cerebro reírse de él entre la niebla de deseo que ocupaba su sangre, le preguntaba qué sucedía, qué había esperado encontrar allí. Su corazón latía fuerte en su pecho y sus orejas, sus mejillas habían adquirido un tono rojizo que empezaba a quemar de vergüenza e indecisión. Perry le miraba confuso, tratando de estabilizar su respiración, y después de largos segundos de silencio apartó las manos de la espalda de Doof. Aquello hizo reaccionar al chico.

-Lo, lo siento… Ha sido… —tragó con dificultad y apartó la mirada esperando encontrar algo que decir. No sirvió de nada— No es que…

-No pasa nada —dijo Perry colocándose bien la camiseta y los pantalones. Doof estuvo a punto de agarrarle la muñeca y pararle, pero ¿y entonces qué? —Es hora de irme de todas formas.

-Ah, sí claro. —los dos se miraron sin decir ni hacer nada— El sábado quedamos igual ¿no?

-Sí, sí… mañana te digo algo. Puedes… Si no sales de encima mío no puedo levantarme —Doof estuvo a punto de decirle que no, que no quería dejarle ir, pero otra vez oyó aquella vocecita que decía "¿y entonces qué?" sin decir nada se levantó del sofá, cogió los dos vasos de encima de la mesa y los llevó a la cocina. Cuando regresó al comedor Perry tenía la mochila en los hombros y le esperaba para despedirse.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana… —Perry se le acercó y le besó la mejilla. Se separó, le miró por última vez y abrió la puerta para irse. El sonido que hizo al cerrarse reverberó por todo el piso, Doof respiró hondo, no sabiendo si pensar en lo sucedido o no. Mejor iba a darse una ducha. Una ducha bien fría.

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Espero que os haya gustado la escenita :3

Niea.