Había pasado casi un mes desde que conoció a Masuyo y todavía no le había contado nada a Nowaki. La razón por la que Hiroki no le había hablado de su pequeño vecino era que a Nowaki le encantaban los niños y se moría de ganas de ser padre. El médico nunca se lo había dicho pero Hiroki lo sabía, siempre lo había sabido. Por ese motivo Hiroki creía que lo mejor era mantener a Nowaki alejado de Masuyo, para que no le cogiera cariño al niño y para que no se le metieran ideas extrañas en la cabeza. Nowaki sabía que al profesor no le gustaban nada los niños y Hiroki sospechaba que ese era el motivo por el que el menor no le había comentado nada sobre tener hijos, pero si descubría que Hiroki se estaba encariñando de Masuyo, sacaría el tema de tener hijos y eso era lo último que el profesor quería. No podían tener hijos, era imposible, no podía ser.
Salió del trabajo y se dirigió, como hacía siempre que Nowaki trabajaba, hacia el nuevo colegio de Masuyo. Después de varios días discutiendo con el padre del niño, había conseguido que éste le matriculara en el colegio más cercano a su edificio. Cuando llegó Masuyo estaba en la puerta esperándole junto a su maestra.
- Lamento llegar tarde, se me ha acumulado el trabajo.- Dijo Hiroki a modo de saludo.
- No se preocupe, Kamijou-san, no han sido ni diez minutos.- Sonrió la maestra. Masuyo se acercó a Hiroki y le abrazó las piernas.
- ¿Cómo ha ido, renacuajo?- Preguntó Hiroki acariciando la cabeza del niño.
- Bien.- Respondió Masuyo liberando las piernas del mayor y cogiéndole la mano.
- Muchas gracias por todo. Hasta el lunes.- Se despidió Hiroki y caminó junto con el niño hacia el parque, donde Masuyo solía jugar con sus nuevos amigos.
Cuando llegaron Rina y su madre, Katsumi, ya se encontraban allí. La pequeña estaba jugando tranquilamente con la arena. Masuyo al verla se soltó de la mano del mayor y salió disparado hacia donde estaba su amiga para ponerse a jugar con ella de inmediato. Hiroki saludó cordialmente a Katsumi y se sentó junto a ella en un banco.
- ¿Hoy no vienen Shun-chan y Ken-chan?- Preguntó Hiroki para entablar una conversación.
- No, pero la madre de los niños me ha pedido que te pregunte si Masuyo puede ir mañana a merendar a su casa.- Dijo la mujer con una sonrisa.
- ¿Y eso?- Preguntó Hiroki algo sorprendido.
- De vez en cuando los niños suelen quedar para merendar, esta vez ha tocado en casa de los Hamasaki.- Explicó Katsumi.- Bueno, ¿qué me dices? ¿Traerás a Masu-chan?
- Dudo mucho que su padre pueda llevarle.- Dijo Hiroki pensativo.- Lo consultaré con mi pareja y esta noche os digo algo, ¿de acuerdo?
- Por supuesto.- Sonrió la mujer.- Crearé un grupo de whatsapp para que podamos hablar de las quedadas de los niños, ¿te parece bien?
- Claro.- Asintió Hiroki.
- Por cierto, siento si soy indiscreta pero me preguntaba a qué se dedica tu cuñado. Nunca se le ve por aquí, parece un hombre muy ocupado.
- Sí, bueno, la situación del padre de Masuyo es complicada.- Se limitó a decir con cierto nerviosismo.- No es fácil ser padre soltero…
- ¿Por eso le ayudas tanto?
- Sí, por eso. Bueno y porque me gusta pasar tiempo con Masuyo.
- Qué suerte tiene de tener un tío tan atento.- Hiroki sonrió pero no dijo nada, por lo que Katsumi continuó hablando.- ¿En qué trabaja su pareja?
- Es pediatra.
- ¡Wow!- Exclamó la mujer entusiasmada.- ¡Qué suerte! Masu-chan debe estar muy bien atendido.
- Bueno, mi pareja tiene unos horarios que no son compatibles con los de un niño, es por eso que se ven muy poco.
- ¿Y cómo se llama? Estoy muy contenta con el Dr. Yoshida pero nunca se sabe.
- Mi pareja no hace consultas. Trabaja en el hospital, por lo que atiende casos más graves y de vez en cuando urgencias.- Respondió Hiroki.- Es por eso que tiene tan mal horario.
Cuando Hiroki entró en casa después de dejar a Masuyo en la suya, Nowaki ya estaba preparando la cena. El médico le sonrió y le dio un rápido beso en los labios.
- ¿Qué tal en el hospital? Has salido antes, ¿no?
- Sí, por suerte.- Respondió Nowaki.- Sí que has salido tarde hoy, ¿no?
- En verdad no, pero he ido a dar una vuelta.
- Ah. Pues de haberlo sabido podríamos haber ido a dar la vuelta juntos.
- A la próxima.- Dijo Hiroki.- Por cierto, ¿mañana trabajas?
- Sí.- Asintió Nowaki sin apartar la vista de la sartén.
- ¿Qué turno tienes?
- Entro a las tres, ¿por qué?
- Por nada, simplemente por saberlo.- Respondió Hiroki y sacó el móvil para enviar un mensaje confirmando que Masuyo iría a la merienda.
- Hiro-san.- Le llamó Nowaki pero el profesor no apartó la vista del teléfono, que empezó a vibrar de manera constante.- Hiro-san.
- ¿Eh?
- ¿Con quién hablas?- Preguntó Nowaki y Hiroki guardó el móvil de nuevo en el bolsillo.
- Con nadie, era solo trabajo.- Respondió acercándose un poco hacia donde estaba el menor.- Qué bien huele.
- Hiro-san, ¿va todo bien?- Preguntó Nowaki con preocupación.
- ¿A qué viene eso? Claro que va todo bien.
- No sé, es que últimamente actúas de manera extraña.- Comentó Nowaki cabizbajo.- Es como si me evitaras.
- Eso es una tontería, Nowaki.
- Sí, supongo que serán imaginaciones mías...- Murmuró el médico desviando la mirada. Hiroki se sintió mal por mentirle a su pareja, pero consideraba que eso era lo mejor, la verdad sólo acabaría complicando más las cosas.
- De verdad que todo está bien.- Dijo Hiroki pasando sus brazos alrededor de la cintura del otro y apoyando su cabeza en su pecho.- Ya sé que no te lo digo mucho, pero me encanta estar contigo.
- Eres muy tierno.- Comentó Nowaki dándole un beso en la cabeza. El profesor se sonrojó un poco y se apartó del menor para que pudiera continuar cocinando.
Al día siguiente, poco después de que Nowaki se marchara a trabajar, Hiroki recogió a Masuyo y le llevó a casa de sus amigos para la merienda. La madre de los dos niños le invitó a quedarse, pero Hiroki prefirió ir a una librería a comprar unos libros que le hacían falta. Se despidió de Masuyo y le dijo que en un par de horas regresaría a por él.
Tenía planeado ir a casa de Akihiko a hacerle una visita, pero se entretuvo demasiado rato en la librería y cuando se dio cuenta de la hora tenía que ir a recoger al pequeño. Cuando llegó a la casa de los dos hermanos, Masuyo le pidió quedarse un poco más, por lo que esperó media hora tomando café con la madre de los niños. Finalmente consiguió que Masuyo se despidiera de sus amigos y volvieron a casa.
- Buenas tardes, Kamijou.- Dijo el padre de Masuyo cuando le abrió la puerta. Se le veía más amable que otras veces, cosa que no pasó desapercibida para el profesor.- ¿Se ha portado bien?
- Sí, es muy buen niño.
- Anda, pasa.- Le dijo el padre y Masuyo entró en la estancia despidiéndose de Hiroki con la manita. El profesor ya se iba a marchar cuando volvió a hablar aquel hombre.- Creo que no hemos empezado con buen pie.
- No, no hemos empezado bien.
- La primera impresión no fue buena y luego tuvimos aquella bronca por lo de matricular en el colegio a Masuyo...- Comenzó a decir cruzándose de brazos.- ¿Y si olvidamos todo eso? Masuyo te ha cogido cariño y es mejor que estemos a buenas.
- Supongo.- Se limitó a decir Hiroki. No quería llevarse mal con ese hombre, pero el discursito que le estaba soltando no le convencía para nada.
- No es fácil ser padre soltero, Kamijou. Lo intento hacer lo mejor que puedo aunque siempre la cago y Masuyo todavía es muy pequeño por lo que hay cosas que no entiende. Es por eso que me gustaría agradecerte todo lo que has hecho este mes.
- No lo he hecho por ti, lo he hecho por Masu-chan.
- Lo sé.
- Pero es un placer ayudar.- Dijo Hiroki sin relajar su semblante.- Cualquier cosa que necesi…
- Muchas gracias. Ahora que lo dices, ¿te importa que Masuyo pase la noche contigo?- Interrumpió el hombre. Hiroki resopló, aquel sujeto era un caradura.- Me ha salido un curro temporal y empiezo esta madrugada, no me gustaría dejar a un niño solo en casa a esas horas.
- Está bien.- Asintió Hiroki suspirando. Le fastidiaba mucho facilitarle la vida a ese hombre, pero lo hacía por el niño. Masuyo le necesitaba.
- Te lo llevas ya, ¿no?- El profesor le miró con cierto odio pero asintió.- Y también le darás de cenar, ¿verdad?
- Hombre, pues claro.
- ¡Masuyo, prepara tus cosas que duermes con Kamijou!- Gritó el hombre. El niño se asomó un momento sonriendo para después volver a meterse en la vivienda. No pasaron ni dos minutos cuando el pequeño salió ilusionado, cargando una pequeña mochila y un peluche algo sucio de un mono.
- ¿De verdad que me voy?- Le preguntó el niño a su padre sin borrar la sonrisa.
- Sí. No des mucho por culo.- El hombre le dio dos palmaditas en la cabeza al pequeño para seguidamente cerrar la puerta, dejando al profesor y a Masuyo en el rellano.
- Bueno, vamos a casa.- Le sonrió Hiroki sacando su llave.- Te prepararé la habitación de invitados.
El niño se quedó en el salón dibujando mientras Hiroki sacaba un futón y lo tendía en la habitación que él usaba como estudio, aunque en realidad era la de invitados. Nowaki y él planeaban decorarla un poco y hacerla más acogedora, pero como no solían tener invitados, de hecho Masuyo era el primero en estrenarla, habían decidido dejarlo para más adelante.
Mientras organizaba todo para que el pequeño se encontrara lo más a gusto posible, Hiroki no podía parar de pensar en Nowaki. En unas horas llegaría del trabajo y se encontraría con un niño durmiendo en su casa, por lo que Hiroki tendría que contarle todo. El profesor suspiró frustrado, sabía que tarde o temprano ese momento llegaría pero no esperaba que fuera tan pronto. ¿Y si Nowaki se encariñaba demasiado con Masuyo? El pequeño sólo era su vecino, existía la posibilidad de que en un momento dado el niño y su padre se mudaran a otro lado y perdieran el contacto. ¿Y si Nowaki sacaba el tema de tener hijos? Hiroki no quería, no estaba interesado y le partiría el corazón tener que decirle que no a su novio.
La vibración de su móvil le sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de Nowaki.
Tengo que hacer turno doble. Un compañero está indispuesto y no hay gente para sustituirle.
Lo siento mucho, Hiro-san. Nos vemos por la mañana.
Te amo.
Hiroki apretó el móvil en su mano, le cabreaba mucho que Nowaki tuviera tantos turnos. Estaba seguro de que era el único en hacer tantas guardias, Nowaki era demasiado buena persona y sus compañeros de trabajo se aprovechaban de él. El profesor no tenía ninguna duda de que era eso lo que pasaba. Su novio era un trozo de pan que no sabía decir que no.
Por otro lado se sentía aliviado. Si Nowaki llegaba por la mañana, podía llevarse a Masuyo a desayunar fuera y de esta forma evitar el encuentro. Le diría a Nowaki que había salido a ver a sus padres.
Pasó el resto del día con Masuyo, el niño se encontraba muy emocionado por dormir en casa del profesor, por lo que a Hiroki le costó convencerle de que ya era hora de ir a la cama. Finalmente consiguió que el pequeño se durmiera y él pudo ponerse a adelantar trabajo en el salón. Ya eran pasadas las doce de la noche, llevaba horas trabajando y ya había decidido irse a la cama cuando Masuyo apareció en el salón llorando.
- ¿Qué ocurre?- Preguntó Hiroki con gesto preocupado.
- Me duelen mucho las piernas.- Respondió el niño sin parar de llorar. El profesor le cogió y le tumbó en el sofá, intentando tranquilizarle. Pasó casi media hora y Masuyo seguía quejándose de dolor. A esas alturas Hiroki ya se encontraba muy preocupado.
- ¿No se te pasa ni un poquito?
- No.- Negó Masuyo abrazándose al mayor y con la cara roja de tanto llorar.- Duele un montón.
- Tranquilo que pronto se te pasará.- Hiroki enrolló con una manta al niño para que no pasara frío y, con el pijama puesto, salió a la calle en busca de un taxi. Le pidió al taxista que le llevara al hospital más cercano y en menos de cinco minutos ya estaban allí. Hiroki suspiró al ver que se trataba del hospital en que trabajaba Nowaki, pero decidió no darle mayor importancia, en aquel momento lo importante era que Masuyo se pusiera bien.
Entró en urgencias con el niño cargado en brazos, quien no había parado de llorar en todo el trayecto. La recepcionista le indicó que esperara sentado en una silla y que en unos minutos le atenderían.
Poco tiempo después le llamaron y Hiroki entró en la consulta con Masuyo, quien se agarraba a él con fuerza. El profesor quiso que la tierra se le tragara al ver el médico que les había tocado.
- ¡Kamijou!- Exclamó Tsumori sonriendo.- ¿Has venido porque echabas de menos a Nowaki?
- ¡Por supuesto que no!- Dijo Hiroki algo indignado.- Masuyo lleva más de dos horas quejándose de que le duelen las piernas.
- Vaya decepción, ya creía que no podías vivir sin nuestro Nowaki.- Comentó el médico mientras se acercaba a la camilla.
- ¿Nuestro?- Murmuró Hiroki con cara de odio.
- Por favor, tumba a Masuyo en la camina.- Hiroki obedeció y el pediatra comenzó a examinar las piernas del pequeño, quien estaba asustado y no se soltaba de la camisa del pijama del profesor. Hiroki le acariciaba la espalda al pequeño para darle ánimos.- Mmm… diría que son dolores de crecimiento pero voy a pedir una segunda opinión que nunca viene mal.
- ¿Cómo una segunda opinión?- Frunció el ceño el profesor. Su instinto asesino aumentaba por momentos, sabía perfectamente a quién iba a llamar aquel medicucho.- Si ya sabes que es eso no veo por qué…
- ¡Hasta ahora!- Tsumori se fue dejando a Masuyo y a él solos en la consulta. El pequeño le miraba con gesto asustado, por lo que Hiroki le sonrió para tranquilizarle y le beso la frente. Masuyo se acercó más a él, por lo que el profesor decidió cogerle en brazos hasta que volviera aquel médico al que tanto odiaba. Pasaron un par de minutos en los que Masuyo no se soltó de Hiroki y entró Tsumori seguido de Nowaki, quien se quedó muy sorprendido al ver a su pareja allí y en pijama.- Bueno, Nowaki, lo dejo en tus manos.- Tsumori salió de la consulta, dejando a la pareja y al pequeño. Se produjo un silencio en el que Nowaki miraba alternativamente a Hiroki y a Masuyo, sin saber muy bien qué estaba pasando y por qué diablos su Hiro-san se encontraba a esas horas en urgencias y cargando a un niño al que no había visto jamás.
Hola ^^
¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado el segundo capítulo.
Muchas gracias por leer! Intentaré subir el siguiente lo antes posible.
Un abrazo! :)
